domingo, 30 de octubre de 2011

estación término


yo sueño -
¿por qué sueño con tanta frecuencia con penetrar en lo imposible?
¿quizá porque mi sangre es igual al sueño o quizá
porque yo sea la muerte?

Adonis. Singulares.



muere, muérete en mí, se lo dice al oído, quedamente, mientras él evita moverse, ella abrazándose como puede a su espalda, apretada, cubiertos los dos por una manta que huele a sudores, lo hacen imperceptiblemente, hay mucha gente allí, todo su hacer es lento, disimulado, no pueden producir ruido, no deben ser descubiertos, aprovechan los movimientos de los demás cuerpos, los roces inevitables de otras ropas, cualquier arranque de una tos aguda viene bien, o los ronquidos, o algún lamento perdido en medio de la noche, cualquier sonido les favorece, sobre todo el traqueteo del tren cuando cambia de vías, entonces varían de posición, les sirve para hendir más sus cuerpos, para agarrarse a cualquier palmo de la piel, no bajan la guardia sino que afinan el cuidado, jamás ni uno ni otro se había entregado a nadie con esa mezcla de tiento e intensidad, como si interpretaran un acorde delicado que en tono bajo gana en receptividad, no se había dado la circunstancia, de vez en cuando fingen cambios de postura del sueño, no deben producirse jadeos, la mujer le tapa con los cabellos, nadie debe darse cuenta, le oculta, él ahoga sus jadeos en el cuello de ella, mientras la sujeta la cadera, mientras la levanta a hurtadillas, levemente, a la mujer le cuesta contener la palpitación que le sofoca, pone la boca sobre la cabeza del hombre, se esfuerza en resistirse al desvanecimiento, la mujer le hace desaparecer, como si le engullera con su cuerpo, como si entre ella y la manta hubiera un niño que se esconde, o un sueño, o una figura imprecisa, siente que él se disuelve, que sus contracciones contra la pelvis de ella la agitan más, teme la respuesta convulsa del hombre, y a la vez la anhela, soporta la quemazón de la boca del hombre, el afán de éste por no delatarse, ellos allí, en medio de tantos infelices, nur eine kurze Reise werden, les han dicho al partir, sólo va a ser un corto viaje, y ella no quiere que sea un viaje breve, no quiere llegar a ningún lado, ellos no quieren considerarse como los demás, su manera de amarse es también el modo en que rechazan aquello, y niegan el viaje en sí, que es también el frío, la masa de animales humanos extraídos de sus barrios, de sus aldeas, todos amontonándose en el vagón, el miasma que vuelve irrespirable un espacio, los lamentos, la inquietud, el desasosiego, las frases inconexas de los primeros enloquecidos, y el silencio terrible que a ratos les anula a todos, ellos abrazados cautamente, sin apenas saber cómo son sus rostros salvo por el tacto, sospechan del viaje lo que ignoran la mayoría, se diluyen el uno en el otro como una forma de huída, la única posibilidad de supervivencia, haciendo de sus cuerpos su propia estación término, un regate al destino

sábado, 29 de octubre de 2011

sin pérdida




la niebla, las sábanas arrojaban niebla sobre él; luego el suelo, borrando los pasos de sus pies a la intemperie; la ventana es alta, los goznes crujen, se resiste, la abre; arañazo, el perfil afilado del marco de metal en su costado; blasfemia, un desahogo común que le reconforta del impacto; piensa en el sonido contundente de la palabra, luego en el derribo del concepto, en el vacío de las divinidades inútiles; exposición, su cuerpo va perdiendo calor a medida que se entrega a la niebla exterior; se deja herir la desnudez por el frío; más boira al otro lado del arroyo, sorteando los abedules, ocultando la ladera; tos, tose fuerte, repetidamente, punzadas gélidas como bofetadas; ¿seré niebla?, se oyó preguntarse a sí mismo; soy la niebla, le dieron ganas de gritar, pero no le parecía apropiado; la bruma habría ahogado el eco; la niebla si algo tiene de caracteristico es silencio, constata; la humedad de la niebla es el desquite a la sequedad de los hombres, piensa; él se reconoce en el silencio; pero empapado en su ciénaga se constituye como niebla; levantará, pronto levantará, lo sé, se dice; ha bajado y abre el portón de la casa; la niebla le desnuda aún más; conoce la orientación; camina; no se desvía





jueves, 27 de octubre de 2011

ofertorio


correosa te revuelves, alada te escurres, vestal fugada de la crisálida del laberinto, salvas el cansancio de mis días para clavarme al destino, sabes que estoy ahí, te deslizas de puntillas sobre las brasas de mi cuerpo, tanteas cada ángulo, afilas cada perfil, olfateas cada cavidad, aspiras mi aliento, a cambio dejas el tuyo flotante entre mis sabores, te desparramas, te encoges, salpicas con la nieve de tu piel mi superficie desvalida, me ciegas, caes y me ciegas, no sé escapar, no sé pisar ninguna arena que no sea la tuya, no hay lluvia que me cubra desde que no me inundas, apuras en tu boca la fertilidad de mi oasis, dejas caer tenuemente los cristales de tus ojos traslúcidos, me pides que repte para ti, una vez más, me deslizo trazando tu contorno, engullendo cada gemido, sujetando tu textura de alma, te elevas, haces emerger el cráter para mi instinto de saurio, deslumbrándome con la luz que desprendes, enmudezco ante el oleaje de tu mirada de océano, caigo y extravío mi voz, caigo y extiendo sobre ti todo el vegetal del hombre salvaje, en el que están escritas las palabras aún no pronunciadas, las caricias demoradas, las miradas intuidas


(el hombre se levanta grave y herido por la pesadilla; se aprecia legañoso y ronco; las pesadillas desarman una parte de su resistencia; también le alimentan; la claridad cabe esperarla de la oscuridad, se dice; al mirarse en el espejo comprueba que sus escamas brillan más que otros días, los ojos saltones se repliegan y saborea con la lengua bífida la humedad pegada a su barba)



(Imagen de Michal Macku)

lunes, 24 de octubre de 2011

aprovisionamiento





A falta de calor dibujaba una hoguera. Si no corría brisa soplaba despacio sobre la palma de su mano. Condenado a no recibir una caricia recorría con sus dedos el torso y el abdomen sin prever límites en su descenso. No pudiendo partir a navegaciones lejanas construía barquitos de papel que acumulaba por los muebles de la casa o regalaba a los niños del vecindario. Impedido de ver paisajes abría las ventanas de par en par porque, decía, le llegaba el olor a tomillo. Si se sentía pobre en conocimientos soñaba ser el completo Leonardo. No sabía lenguas, pero disponía de una colección de diccionarios, incluido el de marathi y el de tongano. Al recibir el azote del agobio apagaba las luces, cerraba los cuarterones de los ventanales y se echaba en un rincón en posición uterina imaginando que nacía de nuevo. No percibiendo su oído palabras tiernas ni susurros de deseo declamaba a media y baja voz haciendo dos personajes. Ante la privación de una mirada honda recuperaba en el trastero de su memoria los ojos de un amor perdido. Cuando se quedó sin el sentido del olfato se ejercitó en recuperarlo a través del recuerdo, aunque su torpeza le deparase desagradables sorpresas. No asistiendo a películas de estreno en los cines de la ciudad se dedicaba algunos atardeceres a recrear intérpretes y escenas por medio de sombras chinescas. Aquel hombre era muy extraño según criterio de los vecinos, pero no se metía con nadie, ni nada exigía. Se abastecía imaginariamente para compensar sus privaciones. Un día lo encontraron sin vida, no se supo por qué causa, sumergido en la bañera, desnudo, afeitado el vello de todo su cuerpo y con la boca llena de sal. Alguien comentó que el fallecido le había dicho que siempre quiso convertirse en un ser de las profundidades abisales. Lo cual fue interpretado como que halló su forma de llegar al fondo del océano. Hubo quien más simple y realista pretendió que, en su afán por permanecer el hombre al margen de la más elemental de las provisiones, carecía incluso de oxígeno y no había sabido recrearlo. Pero esta última versión no prosperó. El juez se limitó a levantar acta de suicidio, más que nada por la forma de hallar el cadáver y por no haber huellas de agresiones externas, aunque no intuyera el motivo. Mas, ¿quién conoce los verdaderos móviles de un suicida? Cuando los nuevos inquilinos de la vivienda la limpiaron y tiraron los muebles se encontraron con una nota escueta: si un día me encuentran muerto no se gasten en ataúd ni en ceremonia alguna. Pero por favor, no escatimen tierra porque ya no estaré para prever la manera de enterrarme.



(Ilustración de Verónica Leonetti)

domingo, 23 de octubre de 2011

la ausencia de las otras



no consigue ver tras esos hombres enarbolando fusiles a unos liberadores; en todo caso son derribadores; han contribuido a un cambio, se han armado, pero no logra emocionarse con los gestos bravíos; el acompañamiento de gritos, los disparos al aire, la captura de prisioneros; ¿se sienten fuertes o solo vengadores?; ¿buscan futuro o sólo un arreglo de cuentas?; ¿van a seguir liberando elpaís, las conductas, las costumbres, el respeto, el reconocimiento a los demás humanos?; ¿o no cabe en los cálculos de los poderes fácticos que emprendan esa labor?; es probable que ni se lo planteen; su molde mental permanecerá acaso incólume; y la vida cotidiana seguirá en los mismos planos que antes; se pregunta si estarían ahí conquistando un país sin la contribución decisiva de potencias externas; recuerda entonces lo que aconteció con el suyo hace muchos años, cuando parte de las potencias europeas de entonces, supuestamente hermanas por mor de la democracia, abandonaron a su nación y la entregaron a la barbarie; no, no se emociona con las masas en la calle; y le duele la ausencia vital; ¿quién parirá a todos esos guerreros aficionados que convierten su virilidad en violencia?; le duele la ausencia, la mitad de la población ignorada; el otro género apartado, invisible, ajeno, inexistente; sin garantía de que ellas aparezcan en la cosa pública cuando todo se normalice, salvo para dar el beneplácito y seguir el juego de las doctrinas de la esclavitud; pero sin ellas no habrá revoluciones más allá de los disparos y la sangre por la sangre...







(Fotografía de Angela Etoundi Essamba)

jueves, 20 de octubre de 2011

sin auxilio del clemente y misericordioso


ve imágenes de una televisión árabe; inclemencia con los inclementes, se le ocurre; los que invocan al grande y clemente y misericordioso aplican la ley no-ley más antigua al dictador que también invocó al grande y misericordioso y clemente; a ese ser grande y clemente y misericordioso en la sombra le debe suceder como al otro ser también umbroso que es todo grandeza y amor y en cuyo nombre se han cometido siempre tantas tropelías, se le ocurre; personajes recreados y ficticios que se desvanecen ante la ley no-ley más antigua manifestada por los hombres; las no-leyes de la venganza, del ojo por ojo, del ajuste de cuentas, de la justicia por su mano; combate de leyes no-leyes antiguas donde el derecho y la razón se extravían; a la ley no-ley de la opresión le planta cara la ley no-ley de la resistencia; cuando se desbordan todos los lenguajes y se impone el más viejo; cuando todos los pensamientos, las creencias y las normas pierden su entidad para manifestar la crudeza de la bestialidad humana; los dictadores no suelen darse cuenta de que su reinado inicia su propia cuenta atrás desde el día que se consolidan como tales; y que se precipita hacia el fin en relación directa al ejercicio de su violencia institucional que ellos desencadenan para sostenerse; lo demás es cuestión de tiempo; hay algo de gesto ejemplar en la violencia de los oprimidos, piensa cuando ve al otrora poderoso mandatario arrastrado entre sangre por los suelos; hay algo de necesidad de verle asaltado, humillado, malherido y muerto para conjurar los agravios, las humillaciones, los crímenes cometidos por él; para justificar el instinto de la sangre se vierte más sangre; la insaciabilidad humana, piensa; no, acaso un dictador linchado no sea precisamente la imagen del cordero inocente; acaso su sacrificio no servirá para nada, ni para enseñanza de los dictadores de próximas hornadas, que procurarán ser más cuidadosos; eso piensa absorto y repugnado por la conducta humana; el grande y clemente y misericordioso ser etéreo invocado no acude en su auxilio; esta vez se ha puesto del lado del otro, del maltratado por décadas; más adelante se sabrá si los ejecutores de hoy serán cuerdos o encarnarán nuevas violencias de poder; es un juego circular; es un juego sin fin




(Imagen de DGTLK)

martes, 18 de octubre de 2011

dieciocho de octubre




fue el otro día en la consulta del urólogo, mientras esperaba a ser recibido; fue en esa situación cuando hojeando el poemario le salpicó la revelación de unas letras hermosas: escribo porque un día, adolescente, / me incliné ante un espejo y no había nadie. / ¿se da cuenta? El vacío; aquella poeta mejicana lo decía con claridad y desparpajo, simulando las respuestas a las preguntas fingidas de un periodista cualquiera (ésa es la excusa del poema); piensa entonces, trata de recordar, si él también un día de su pubertad contempló un espejo vano, opaco, sin reflejo; si lo contempló, ¿reaccionó de alguna manera?; escribiendo no, desde luego; fácil que se dejó engañar, como tantos, por el espejo y sus connotaciones; se creyó la representación que le devolvía, normalizada, sumisa, siguiendo planes establecidos; pero algo se caía de la imagen; algo no cuadraba; fue así como sintió su primera y profunda perplejidad, la de la encrucijada: un camino cortado hacia el pasado y otro aún bloqueado hacia el futuro; ¿qué más vio en el espejo?; vio la pérdida; el extravío de la noción de tiempo; la rebelión contra un concepto que él creía inaceptable (aún no podía saber de la traición posterior de ese concepto sobre sus pasos); y se sintió desde entonces desenganchado del ritmo obligado, circulando a duras penas; ¿qué mas vio?; la pulpa sangrante de su corazón, no preparado acaso para los duros rituales de exigencias, que iban a ir siempre a más; es curioso contemplar la consulta atestada de hombres en una especialidad tan manifiesta; la espera hace que el libro transcurra entre sus manos; y él olvide para qué está allí y divague;





(La imagen es obra de Jorge Molder)



entrevista de prensa (poema de Rosario Castellanos)









domingo, 16 de octubre de 2011

dieciséis de octubre


siempre le impresionó este cuadro del gran Brueghel el Viejo; tanto como temor le dió; no es que lo representado sea únicamente morboso, sino que también se trata de una circunstancia terrible; un estado del que nadie está libre; ve infierno en él; ve condena; ve también avisos no escuchados; ve un destino siniestro; ve sentencia física, inapelable; por supuesto que ve en la escena a los ciegos, pero también a los incautos; cuando la metáfora supera la imagen figurativa el cuadro le parece una anécdota; cuando hoy día los acontecimientos desbordan a la metáfora se sobrecoge con la clarividencia del pintor flamenco, que es la prolongación de la parábola; no quisiera que ciertos clamores se convirtieran en meros cantos de sirenas; pero ciertas señales se van imponiendo con tozuda insistencia; qué hacer, se pregunta; qué hacer si la gente no quiere ver...

miércoles, 12 de octubre de 2011

donde no llegó Ulises





¿Qué hay debajo del suelo?, preguntaba
temeroso el niño.
Agua, un océano enorme, le respondían.
¿Y debajo del mar?
Tierra, una montaña de fuego.
¿Y más allá del fuego?
Nada.
¿Ni tú ni yo?, inquiría con angustia
al hombre de manos de hielo.
Nada, salvo tú y yo.


Aral. El mar de Aral.


y este pequeño poema, que leyó no hace mucho tiempo, le viene al recuerdo en una incierta noche y lo busca; ahora que los habitantes de una pequeña isla donde no llegó Ulises se desasosiegan; ahora que los hombres se dividen entre los cuerdos y los locos, y los estúpidos indecisos; ahora que una vez más la conciencia del vacío se muestra implacable en el cerebro humano; esa dialéctica en que han entrado los occidentales de pensar que todo es previsible, improbable y evitable; esa presuntuosidad de que la naturaleza está bajo control; esa distorsión de desvincularse del lenguaje de la tierra cercana, del océano omnipotente, de las especies que les comparten y les soportan, de la materia oculta siempre revelándose; esa parálisis de los viejos regímenes de los hombres y el coletazo del dragón que lo salpica todo; no, su preocupación no es temor ni huída hacia delante ni mudez ni ceguera; la infancia no quedaba tan lejos y ahora se da cuenta; la infancia no era un tiempo, sino una conciencia; la infancia no se trataba de un tránsito, sino que era él mismo; como el poeta, aún se pregunta: ¿quedaremos, al menos, tú y yo?





(La imagen es del pintor Kuzmá Petrov-Vodkin. El poema aparece en http://elmardearal.blogspot.com)





martes, 11 de octubre de 2011

La burbuja


A veces se pregunta qué platillo se inclina más en la balanza de las tolerancias y de las persecuciones. No es un hombre que se conforme con vivir en la burbuja. Ni siquiera cree al cien por cien en ella. Sabe que la tolerancia occidental para con sus territorios y pobladores implica una contrapartida. La cesión de una parte del libre albedrío de los ciudadanos, la conformidad, la aceptación de una reglas de juego que nunca son fijas ni estáticas. Que oscilan, se interpretan y se inclinan hacia un lado. Según la presión de esa parte en fricción permanente con la otra. Porque todo está sometido a un pulso de poderes. Si el ciudadano cede, los poderes efectivos se la cuelan. Y entonces el camino de las restricciones, limitaciones y prohibiciones se amplía. Sospecha que la actual crisis puede traer una merma de derechos y reconocimientos cívicos. Que la crisis es un eufemismo que está ocultando -cada vez menos- una recomposición de los poderes, una emergencia de unos poderes sobre otros, el afianzamiento de unos propietarios sobre los demás. El control más absoluto de la vida y la organización social. Esas urgencias a recapitalizar la banca con dinero público lo deja todo claro. ¿Cómo va a derivar todo eso en la ciudadanía? Teme que se traducirá en pérdidas. No sólo de coste público, condiciones económicas familiares, formas de contratación laboral u obligaciones abusivas como usuarios y consumidores, sino también que serán heridos los derechos y la representación públicos. Pérdidas de dignidad, de libertad, de creatividad. No le gusta el cariz de los acontecimientos, pero los ve imparables. La democracia será cada vez más formal y se exigirá a los miembros de la comunidad unos cumplimientos cada vez más estrictos de las nuevas formas de funcionamiento. El viejo instrumento de coerción, el Estado, seguirá siendo utilizado y adaptado por los poderes triunfantes en su hegemonía. Probablemente modificado. Hace tiempo que la política es subsidiaria de la concentración de poder económico y financiero. Que no se acepta la intervención cívica más allá del corsé de una ley electoral hecha a imagen y semejanza partidista de las dos caras de la misma moneda. ¿Quedará cada vez más ajustada y relegada a los designios de este poder? Le gustaría oír el rescate de lenguajes antiguos, no menos reales. Por ejemplo, que el pulso y la tensión es de intereses de clases, aunque sabe que las clases no son estables y que también se están reconfigurando. Que ya de por sí se encuentran muy diezmadas y que habrá sectores que colaborarán servilmente con el poder establecido y otras que se resistirán a la mengua de sus derechos. Tal vez estos comportamientos se están instalando ya. Una burbuja en la que se vive. Donde el ser humano parece que prefiere definirse -triste ceguera- por un estado de consumo, que pretende apoteosis de bienestar y seguridad. antes que por una organización más equitativa y participativa de la sociedad. La respuesta: un sálvese quien pueda. Donde los valores que alguna vez significaron algo no existen; ya se sabe, aquellos conceptos y palabras tan idealistas como solidaridad, apoyo mutuo, justicia. ¿Existieron ampliamente alguna vez o sólo en la conducta de los idealistas? Aceptación cotidiana de la burbuja, hasta que ésta se diluya o pinche.

Entonces una noticia de última hora le hace pensar en que hay burbujas peores o no las hay. Piensa en la actriz iraní Marzie Vafamehrha, chivo expiatorio del fundamentalismo que es tanto como decir de la intolerancia y la represión más necias. Una condena a un año de cárcel y noventa latigazos por interpretar una película que no es del agrado del gobierno y de la autoridad religiosa. ¿Por qué ella es la condenada y no la productora o el director o el guionista o cualquier otro miembro del equipo? No hace falta mucha sagacidad para obtener respuesta.

domingo, 9 de octubre de 2011

la noche que (no) vio a las dracónidas


Los hombres se pierden cada vez más los acontecimientos extraordinarios. Sobre todo aquellos que están fuera de su control. Los que precisamente por no haber intervenido nuestra especie sobre ellos deberían convocarnos a todos. Si un fenómeno como el de la noche pasada -no es realmente una lluvia de estrellas pero el encantamiento y atracción que los astros producen sobre nosotros nos hace llamarlos así- se da cada equis años, ¿no es para despertar la curiosidad, el instinto natural, el sentido de la belleza y la capacidad de asombro de los seres humanos?

Siempre queda la opción personal de apartarse de una urbe y subir a un cerro. Pero él imagina por un momento que podrían haberse producido otras actitudes. Si no fuera porque los humanos viven encerrados en sus rediles minúsculos, mirándose al ombligo sin obtener respuestas en lugar de contemplar las estrellas, que sí las dan. ¿Por qué ha dejarnos de convocarnos la naturaleza?, se pregunta. Y sin embargo los hombres la siguen temiendo. A las sociedades desarrolladas, que han puesto abundantes medios en práctica, tanto de prevención como paliativos, les alarma como les espanta a los que no pueden ponerse a salvo cuando se producen las furias naturales. Pero estos últimos perecen más. ¿Por qué ese extravío del vínculo con lo natural, ese desinterés, ese volver la espalda a lo que es superior a los hombres?

Se apena por la ocasión perdida. Imagina que la noche pasada todo el mundo se ha parado para contemplar el cielo. Que las luces de las ciudades se han apagado, que los automóviles no circularon, que las televisiones detuvieron sus emisiones. Que la gente subía a las terrazas o se concentraba en la calle para admirar lo real y tangible, no lo virtual. Para ponerse los hombres contentos, para admirarse, para sentirse más llenos de verdad. Pero el animismo no cunde en estos tiempos de olvido de los orígenes. En estos tiempos en que el hombre teme al hombre y piensa que siendo todos de la misma hornada se van a quemar menos. Él no quiere dejar de soñar con que son estrellas, aunque no lo sean. Se tendió sobre la cama, desnudo, mirando el techo, derivando sobre las sombras como si las estrellas cayeran sobre él para fecundarle. Y aun deslumbrándole la interpretación científica él necesita elegir la onírica también. Para humanizarse dos veces. En tiempos de desolación, pensó, mejor mirar el firmamento. Aun el soñado.



(Imagen de Presencia de espíritu)

viernes, 7 de octubre de 2011

el alma del caminante





“Atravesándolo a pie, el hombre transforma el espacio geográfico en morada dominada por él.”

Iván Illich. Energía y equidad.


Un hombre camina. Es el alba, todavía velado, y anda pegado a la pared. Utiliza calles secundarias, a ser posible oscuras. Trata de permanecer al margen del control de las cámaras de vigilancia. Cuando percibe la luz de algún vehículo se pega más a los muros o se introduce en algún portal ocasionalmente abierto. Luego continúa su ruta con prudencia. Se desplaza siempre en guardia. Teme ser observado. Tras una ventana ha visto una sombra que se retira con urgencia. Advierte una figura que dispara un flash. Enseguida se presenta un coche de la policía antipeatonal y le da el tiempo justo de ocultarse. Los agentes de la policía antipeatonal son rigurosos e inflexibles. Fichan enseguida a los caminantes osados. Las leyes han convertido de facto al paseante en una especie a extinguir. Y el Estado ha proporcionado los elementos coercitivos precisos para que la ley se cumpla. Ya no legislan diputados sino el Gran Consejo de Fabricantes, en el seno del cual el sector del Motor y Transporte se manifiesta como uno de los holding más influyentes. Han hecho leyes y normas de circulación dirigidas íntegramente a favorecer la circulación rodada. Sólo se permite caminar a los ciudadanos en un radio pequeño, justo en recorridos a través de los cuales la gente alcance pronto un supermercado cercano. A los niños se deja que se acerquen acompañados si el parque está próximo a su domicilio. En el parque el mobiliario de los juegos simula automóviles, aviones, trenes de alta velocidad. Si es la primera vez que cogen a un ciudadano caminando le aplican sanción meramente administrativa, pero económicamente onerosa. Si la acción es repetida se le aplica la ley penal. Decidir la aplicación de la ley penal provocó discrepancias al principio. Pero en nombre de la creación de los puestos de trabajo, del consumo de carburantes y del combate de la inflación se resolvió que tenía que ser más implacable. También se persigue de modo muy punible a cuantos ciudadanos extiendan rumores sobre los niveles de contaminación. El hombre sabe que va a tener difícil el recorrido. Que conseguir salir de la ciudad por su propio pie puede ser dificultoso y sumamente arriesgado. Pero no menos que intentar cubrir los escasos cuarenta kilómetros que le separan de la ciudad vecina e intentar entrar en ella. Hace años que las ciudades están blindadas al acceso peatonal debido a la tupida red de rondas y autopistas que imposibilitan ser cruzadas a pie. Hay bandas organizadas para ayudar, a cambio de ciertas cantidades de dinero, a los viandantes que han desafiado las leyes a entrar o salir de las ciudades, pero muchas de ellas son señuelos de la policía para atrapar, incluso en los límites, al individuo arrojado que se ha lanzado desesperadamente a la aventura. El hombre se lo ha estado pensando durante bastante tiempo y no ha querido renunciar. Bípedo se ha sentido toda la vida y no desea pertenecer a la nueva condición de la especie, que renuncia a sus extremidades. Ser bípedo le ha permitido sentirse siempre libre. No podría entender la libertad de otra manera, aunque los fabricantes de medios de transporte hayan instaurado su nuevo y supuesto reino de la libertad a través de la biblia de la publicidad dogmática. No puede entender la contemplación del paisaje sin practicar lo que le enseñaron desde niño: a caminar, a parar cuando deseara y a contemplar la naturaleza o las ciudades históricas cuando le complaciera. Recuerda con nostalgia los largos paseos con su padre primero, con los otros chicos de la escuela después. Para él, renunciar a sus pies es renunciar a su pasado. También a su libertad. También a su alma. ¿El alma de un niño? El alma de un ser que dice no.



(Para Stalker)

jueves, 6 de octubre de 2011

aversiones




incorporarse de la enajenación de la noche con un fuerte dolor en las cervicales; contractura le dirá el médico, si persiste la molestia; sin ser paciente se imagina el ritual que siguen los dependientes habituales; siente aversión a ser carne de despacho de recetas; ¿por qué habrá tanta gente que guste de acudir a los consultorios?; la mera imagen de la espera le retrae; el flujo de gente le resulta poco atractivo; alguna vez en que ha acudido por necesidad se ha quedado con los ojos cerrados; para no ver, para permanecer mudo, para hacer como que no oye; una vez se quedó dormido de verdad; cuando pronunciaron su nombre por el altavoz no se enteró y perdió la vez; se consoló de la adversidad pensando que había sido un sueño breve pero excelente; no pidió nueva cita ni volvió a la consulta, y el presunto mal se le pasó; hasta hace poco siempre había creído que mucha gente padece presuntas enfermedades; que se obsesiona con los primeros síntomas; que no tiene paciencia para observarse; óyete a ti mismo, se dice parodiando la máxima socrática; claro que hay ocasiones en que uno no se oye, o se escucha mal, o no quiere aceptar lo que percibe; el estado de alarma sobre el cuerpo recorre una línea que no siempre aparece marcada con claridad; será algo o no será nada; dilema que no sabe resolver, pero que teme que tampoco un especialista se lo resuelva; siempre le preocupó que los titulados le diagnosticaran mal; sobre todo desde aquella situación excepcional en que le extirparon el apéndice sin padecerlo; no es el recuerdo de un sufrimiento pasajero lo que más le irrita, sino que intervinieran sobre su cuerpo tan impunemente, y cerraran el caso con una simple explicación, falseada posiblemente, y sin reconocimiento del error;



(Fotografía de Jorge Molder)

el súcubo




la otra noche se hundió en la cama con una pesadez y un cansancio que prometían un sueño reparador; no haberse despertado durante la noche le hace sospechar; presiente que algún súcubo le ha tentado; pacto improvisado y secreto: se ha dejado tomar a cambio de que le alejara de la realidad; un súcubo sibilino y dulce que le ha permitido el descanso de la mente consciente por el precio de convertirse en su propia persona; un súcubo apasionado que ha agitado despiadadamente su cuerpo; le decía: te tomo para que conozcas otro mundo; te arrastro para que sientas los placeres que no sientes; te alejo provisionalmente del dolor aun cuando no podrás evitar que te vuelva el dolor cuando me marche; me sentirás y me verás y desgranarás tus apetitos, le dijo el súcubo, incluso cuando te sientas saciado; aun cuando al escaparme de ti se engendre de nuevo en tus entrañas la privación; y el súcubo poseyó al hombre hasta la extenuación, y al despertarse se encontró que había sido abandonado en el olvido; tales son los usos de un súcubo; y mientras el hombre se palpa la tensión y la tortura de sus vértebras superiores, una idea avanza en su interior; un objetivo onírico se empeña en abrirse paso: traer a esta orilla de su ser al súcubo rebelde; se frota el cuello con ambas manos, mientras un ligero mareo le acosa;



(Fotografía de Jorge Molder)

lunes, 3 de octubre de 2011

demasiado tarde


Demasiado tarde para leer los libros no leídos. Por supuesto, no piensa tanto en la cantidad como en el interés de algunas obras de cuya existencia se enteró cuando su vida iba de vuelta. Demasiado tarde para llegar a las buenas letras que han convertido su vida en una vorágine más intrincada de lo que ya es de por sí sin leer. Ahora que puede acercarse a ciertas claves, reconocerse en determinadas situaciones narradas, captar las tramas noveladas como si fueran reflejos de las existencias humanas, ahora es cuando no da abasto. No es que su pasión merme, ni que el placer que obtiene rebaje la atracción, ni que pierda interés por la arquitectura de las formas y el engranaje de los argumentos. Es una sensación de desasosiego ante tanta belleza. Una incapacidad de aprehender géneros tan diversos como enriquecidos por las manos que moldean sobre los barros exquisitos con los que se hace la materia narrativa. Ve en toda obra un relato de los sentimientos. Piensa que si no existe expresión de los sentimientos en un poema o en una novela o en un texto inclasificable las letras nacen muertas. Cata en cada libro el descubrimiento de las sensaciones, las que van a servir de vehículo de la afectación interior. Sin sentimientos y sensaciones no hay paisaje que se perciba en todas sus dimensiones. Teme que ese toma y daca entre él y sus lecturas puedan tener los días contados. Muchas noches se queda encendida la lámpara de la mesilla mientras cae rendido. Casi a propósito, como un guiño a su pasión y un desafío a sus limitaciones. Si alguien leyera en sus sueños…




(Fotografía de Gilbert Garcin)

domingo, 2 de octubre de 2011

lo que fue



revolviendo cajones ha dado con una foto rancia; tiene setenta y cinco años de existencia justamente; no reconoce a nadie porque este tipo de fotos, si no hay quien señale y diga éste es mengano y aquél es zutano, parecen fotos de cartón piedra; fotos de ficción, como si los personajes no hubieran existido; y tal es la sensación que tiene cuando recorre con su mirada a cada uno de los personajes de ese tablado de la muerte, que no está seguro si es parte de una obra de teatro o fue una situación real; que se exhiben, no cabe duda; pero el fotógrafo no logra arrancar a ninguno de los presentes ni la más leve sonrisa; teatro no debe ser, puesto que tampoco se trasluce ese gesto relajado que los actores saben poner para que siempre quede claro que la obra es una cosa y los individuos que la escenifican es otra; y esa gravedad de cada jeta, esa severidad conspicua que delata que algo criminal deben estar tramando, esas mandíbulas prietas con las que sujetan sus temores y también sus odios, esas miradas inciertas y escasamente felices predispone a la peor de las interpretaciones; la aparición de armas, de cascos y de uniformes siniestros dan fe de la aventura despiadada y cruel en la que se hallaban embarcados contra otros españoles; ¿qué organizaban? ¿la batida nocturna? ¿una saca y su consiguiente paseo? ¿un ajusticiamiento sumario? ¿el reparto de bienes de los asesinados?; se queda estupefacto; nunca había visto tanta expresividad inexpresiva en una imagen de seres afeados por su opción abyecta; no quiere ni pensar en las aberrantes invocaciones que salieran de sus gargantas para justificar la barbarie; y aún hay gente hoy día a la que no le gusta que se abran las fosas de quienes perdieron la vida por la actitud visceral e inclemente de personajes como los que posan; decide no seguir registrando cajones; ya no hay nada que hacer

sábado, 1 de octubre de 2011

la persiana


al levantar la persiana tiene una corazonada siniestra; imagina que no ha soñado; imagina que ha perdido la curiosidad; imagina que no tiene recuerdos; imagina que desconoce el deseo; imagina que se ha quedado sin imaginación; palpa la superficie de su piel y la halla helada; trata de alcanzar sus cabellos y no los encuentra; intenta olerse y el sudor no le devuelve identidad alguna; provoca una bocanada de aliento y el espejo no se empaña; al ir a mirar sus facciones el cristal no le devuelve ninguna imagen; intenta tragar saliva y siente bloqueada su garganta; emite una retahíla breve de palabras inconexas y no se escucha; sin embargo, percibe otros ruidos; oye el tráfico que llega de la calle; oye los pasos ágiles de gentes que se dirigen a trabajar; le llegan otras voces y la convulsión de una carreras nerviosas que suben la escalera; hay golpes en la puerta, su nombre repetido con insistencia, la manilla que se mueve agitadamente; hay una energía contenida de personas que requiere algo de él y que no logra traspasar el umbral de su habitación; luego, silencio, una especie de abandono, la difusión de los sonidos; más frío; la luz mutante del día que no es como la de todos los días; la noche descolorida que se precipita antes de ser noche; todo se ha convertido en privación y un ligero hilo de pensamiento le devuelve por un instante un nombre; tal vez un aroma, tal vez una sensación, acaso un sentimiento, puede que un estremecimiento; ¿deberá volver a levantar la persiana?




(Imagen de Giorgia Napoletano)





jueves, 29 de septiembre de 2011

la crisis de los axiomas


Desde que se levantó temprano hasta el tardío anochecer estuvo pensando en los neutrinos y en los fotones. No sabe casi nada de física, y menos de física de altura, pero las pequeñas comprobaciones siempre le deslumbraron. No cree fácilmente en cualquier suceso que se relate, pero a veces se queda como un niño, boquiabierto ante los hechos sorprendentes que narran los vendedores de noticias. Sabe que los medios ofrecen con frecuencia la piel del oso antes de cazarla, pero todo descubrimiento que tiene el marchamo de revolucionario le atrae al abismo de la curiosidad. Es harta costumbre ya que las noticias duren brevísimas horas y escasísimos días. Lo que salta hoy multicolor caerá mañana en la opacidad de las tinieblas. Pero esa especie de juego divertido entre mensajeros del tiempo le hace mirar con entusiasmo de miope la carga poderosa de la materia y de la luz. Esa carrera que los hombres provocan en la búsqueda de una ligera comprensión de las cosas, de la que seguramente la naturaleza permanece al margen con pleno desdén, le reconforta a su manera. No tanto por los presuntos descubrimientos, pendientes de verificarse una y otra vez. Sino por lo que tienen de cuestionamiento permanente de los conocimientos que la humanidad ha ido obteniendo. Y piensa en la relatividad de cada paso. En que los axiomas nunca son definitivos, entran en crisis y se aferran al caos. En que se sepa o no más y en la mejor dirección posible sobre lo que los hombres han dado en llamar las leyes naturales, todo resulta siempre limitado. La prudencia debería erigirse en norma y la humildad en herramienta paralelas a la investigación. No obstante, los hombres siguen siendo eternos buscadores del fuego. Constantes apropiadores de las energías, a su modo y manera, y conociéndolas aún muy parcialmente. Por un día, las teorías de Einstein y las nuevas revelaciones que corregirían o afirmarían aquellas han desplazado algo de su melancolía. A veces hay que levantarse y acostarse creyéndose un Prometeo que se libera de las cadenas. Aunque al día siguiente no tenga nuevas opciones ni ganas de levantarse de la cama.




(Fotografía de Jorge Molder)

domingo, 25 de septiembre de 2011

metamorfosis de La metamorfosis


¿Leeríais alguna vez un libro en que las letras tomaran carta de naturaleza independiente del resto del texto? ¿Os imagináis que, en su entusiasmo, las vocales y consonantes se declararan soberanas en un territorio con texto paralelo? ¿Seríais capaces de someteros a su audaz golpe de mano? ¿Os perderíais por la reconstrucción formal de párrafos enteros de una narración? ¿Os dejaríais sucumbir por su atracción fantástica? ¿O más bien utilizaríais su arquitectura para introduciros en el conjunto del texto? Hasta ahora había visto diversas ediciones de La metamorfosis de Kafka iluminadas por extraordinarios dibujantes. Pero nunca una en que la ilustración sean los tipos de imprenta, generando espectaculares proyecciones. Cuando la caligrafía se erige en avanzadilla del mensaje, sin renunciar a la integridad corporal del texto, se duplica la belleza. A diferencia de los libros ilustrados, en que los ilustradores ponen rostro a los personajes y ubicación a los paisajes, con riesgo de invadir la capacidad inventiva del lector, en este libro la abstracción lineal de la tipografía no desvía la imaginación. No obliga al lector a ver los personajes como recreaciones que el ilustrador quiere. El lector sigue imaginando a su aire. Las letras que saltan del texto juegan, acompañan y sugieren. Una edición genial de la editorial Nórdica. Me limito a colgar algunas imágenes relacionadas con el libro de Kafka. Los textos de Borges son para otro momento.












viernes, 23 de septiembre de 2011

sin estrellas



El smog y la contaminación de la luz eléctrica, que se desparrama por todas las zonas de la urbe, le aparta de la terraza y le conduce a su rincón abúlico y reconcentrado. Recuerda entonces haber leído algo en el libro Las medidas imposibles, del olvidado Tadeo K. Johan, y lo busca.

"(…) En las grandes ciudades ya no se contemplan fácilmente las estrellas. Una desventaja para los soñadores. Pero, ¿quién sueña más con ese mundo hasta ahora inalcanzable? ¿Los que las miran o quienes pasan sus noches sin tener la oportunidad de verlas? Las estrellas siempre fueron una referencia para la curiosidad infantil o para el adulto que trata de liberarse de las cuitas y los agobios mediante su observación. Sus destellos han fascinado siempre a los hombres. Probablemente también a los animales, a las plantas, al curso de los ríos, a las mareas de los océanos. Y ese dinamismo de las estrellas, esas emisiones radiales pergeñadas por intensidades variables de luz, compuestas de aproximaciones y alejamientos, manifestándose continuamente en un juego de apariciones y ocultaciones, ha cautivado desde los primeros tiempos de la humanidad. Desde el pastor más sencillo hasta el príncipe elevado, desde la criatura más inocente hasta el guerrero más feroz, desde el hombre más indolente hasta el más activo, el cielo estrellado ha sido para ellos objeto de admiración y de temor reverencial. Basta con quedarse absorto ante un firmamento poblado de planetas de distancia más o menos imprecisa para sentirse empequeñecidos. Tanto las gentes más bondadosas como las más soberbias dedican al menos un instante de reflexión y de reconocimiento. Qué poco somos, suelen decir, ante esa inmensidad. Pero los hombres van a lo suyo, la reflexión es efímera y vuelven a comportarse como propietarios y ombligo del universo. Vuelven a imponerse las leyes del dominio, de la sumisión y de la competencia agresiva. No deja de ser sorprendente la simplificación exagerada de las formas de las estrellas por parte de algunos artistas. Una tradición muy antigua, no exenta de invención, que nutre el imaginario simbólico. No discuto que ese tratamiento reduccionista sirve para generar nuevos caracteres que en su abreviación se instalan también como iconos de culto, de respeto o de obligado cumplimiento. Pero admitamos, a su vez, que esa conversión en símbolos humanos ha hecho que el cielo estrellado pierda la referencia primigenia, sublimemente animista, sacrificándose a la parafernalia de los signos y las representaciones que hablan de los intereses sociales. Estrellas rígidas y desfiguradas a los pies de una virgen, estrellas manipuladas por las religiones del Libro, estrellas jerárquicas de cinco o más puntas que recuerdan el acero, la disciplina y la muerte, estrellas de revoluciones fallidas, estrellas alentadas por la publicidad, estrellas para designar calidades de los frigoríficos y de los hoteles…¿Cuántos humanos oprimidos y maltratados por otros humanos que enarbolaron estrellas no tendrán una idea odiosa del firmamento? Acaso no; éste es demasiado bello y protector como para que los hombres pierdan su sentido y dejen de admirarlo. Una representación simbólica que ha acabado siendo adulterada y prostituida por el negocio y por algunas ideas no puede sustituir jamás lo inmenso, a lo cual aún recurrimos siquiera como invocación. También hay elementos que se salvan y que van vinculados a la lengua coloquial. La simbología del lenguaje, que puede ser también suave o igualmente agresiva, proporciona imágenes como tener buena estrella, que suele decirse de los favorecidos por la vida. (…)"



(Fotografía de http://joachimmalikverlag.blogspot.com/)

jueves, 22 de septiembre de 2011

extravío o desvarío




Hay noches en que no tiene ganas de escribir y escribe. O prueba a intentarlo. Le preocupa, por cuanto tiene de osado caminar sobre la rigurosa línea entre la vaciedad y lo perogrullesco. Forzar lo que no debe no es la mejor manera de decir algo cabal y útil. Ocupar el espacio de la red tecnológica tal vez constituya un despilfarro. Golpear el teclado a una hora intempestiva en que la vecindad puede sentirse molesta suena a incívico. Garabatea para sentir la dosis letal -él cree vital- de las palabras. No sabiendo si éstas entran o salen o simplemente deambulan por los rincones de su cuerpo inquieto. En esos resquicios donde habitan como inquilinos adoptados, las palabras se retuercen cuestionando los conceptos. O simplemente patinan y se hacen añicos o se evaporan antes de tocar el suelo. Enigma de las palabras rotas; misterio de las voces nonatas. ¿Extravío o desvarío? Hay algo de rizoma en él que le lleva a pensar que crece desde cualquiera de sus estancias y se fecunda en cada uno de sus brotes, que él considera hallazgos. Puede ser error de noctámbulo irredento. ¿No sería mejor abrir la ventana y contemplar las estrellas? Ah, ya, el smog (como el que en ocasiones flota en su mente)



(Fotografía de Sara Saudková)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

homenaje a los enseñantes





El movimiento de protesta y huelga razonadas de los maestros y profesores de Madrid y Galicia durante estos días nos devuelve un poco la esperanza. La esperanza de que todavía es posible la resistencia frente al avasallamiento. De que aún hay gentes que no se dejan amedrentar por burócratas partidistas actuando de políticos. De que vamos hacia una nueva etapa donde los ciudadanos nos jugamos no solo las ideas o el lenguaje, no solo el modo y la manera de vivir y el esfuerzo a realizar, sino sobre todo los conceptos mismos de las cosas. Los políticos de la derecha empiezan a descubrir sin pudor, aunque con sumo cuidado para no arriesgar el triunfo electoral cómodo, algunos de sus puntos de vista tradicionales. Como, por ejemplo, propugnar una privatización descarada de bienes y servicios, y mira por dónde justo sería ahí donde la enseñanza pública se vería más afectada.

Como homenaje a la resistencia de los enseñantes recupero una cita de Juan José Coy, autor del espléndido libro biográfico titulado Antonio Machado. Fragmentos de biografía espiritual. En ese párrafo está la clave y secreto del fundamento de cualquier pedagogía que se precie.

“Sed modestos: yo os aconsejo la modestia, o, por mejor decir: yo os aconsejo un orgullo modesto, que es lo español y lo cristiano. Recordad el proverbio de Castilla: «Nadie es más que nadie». Esto quiere decir cuánto es difícil aventajarse a todos, porque, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre. Así hablaba Mairena a sus discípulos. Y añadía: ¿Comprendéis ahora por qué los grandes hombres solemos ser modestos?” Y es que este dicho castellano, que Machado repite una y otra vez a lo largo de su prosa, es la verdadera raíz de toda pedagogía. La autoestima con la estima a los demás: ésta es exactamente la raíz misma de la que surge una de las virtudes cívicas que en tantas ocasiones falta, la tolerancia. Porque la tolerancia no está hecha de dejación de las propias convicciones, sino de un ahondar en esas mimas convicciones personales. Y cuanto más se ahonda en ellas, más y mejor se comprenderá el derecho que cualquier otra persona tiene para ahondar, igualmente, en las suyas. Nadie es más que nadie: pero tampoco menos, en consecuencia.”

martes, 20 de septiembre de 2011

huele el otoño




El calor del final del verano es pegajoso. También ambivalente. Tumbarse sobre la hierba de la arboleda enfría la espalda. El rumor del río es constante, no cesa. Nunca ha entendido por qué llaman río a un arroyo sencillo y de poca profundidad. Simplemente porque los del lugar, a toda corriente de agua que fluye y acaba en otra, le otorgan el título genérico. Sus lejanos amigos de verano que vienen cada año a no perder las raíces de sus orígenes se ríen. Nada que ver con aquel río que desciende atravesando el norte de la Pampa húmeda buscando el océano. Donde las orillas, le cuentan, no se distinguen. Él se asombra, pero prefiere su río. Por su río se puede caminar, algo que no se puede decir de todos los ríos. A los grandes ríos se les nombra navegables, pero él, que ha visto muchas películas, no acaba de hacerse a la idea. Ese tipo de río de envergadura puede estar al lado o sentirse debajo si se navega en barcaza, pero no se puede caminar por él. A él le gusta pisar el fondo de cantos rodados y resbaladizos, sentir el filo refrescante de la corriente en sus muslos, caminar en dirección opuesta a la leve y acariciante fuerza del agua. En los tramos mansos ensaya sus lanzamientos de piedrecitas planas, que recorren la húmeda planicie de cristal y la salvan hasta el otro lado. ¿Será una metáfora de la existencia? El arroyo de su infancia ya no es lo que era. Recoge deshechos de algunas industrias que descaradamente vierten en sus humildes aguas. Pero hay días y zonas en las que el agua no es opaca y da gusto verla pasar. También hay pozas en su río. Lugares oscuros que todo el mundo procura evitar. Diámetros que hacen sospechar que preservan bajo su turbia superficie no sólo trampas, sino antiguos secretos. ¿O será lo mismo? Nadie ha sabido nunca la profundidad de esas pozas. El cieno impide sumergirse y bucear, y no se contiene la respiración con seguridad. Cuando ve pasar lo que los chicos llaman la patada, esa hilera de patos que se deslizan sin aspavientos, que se desplazan corriente abajo y corriente arriba, sin premuras ni ruido alguno, sabe que el agua aún es aceptable. Él se sienta con la chica junto a la ribera de juncos. Se miran, se callan. Ambos sienten dos paisajes. Pero al atardecer, el rumor de los chopos y el anochecer más temprano trasladan un escalofrío a los cuerpos. Los suyos se resienten. Sin el calendario delante sabe lo que llega. Pero él no puede desasirse de los dones que ha recibido. Se ha quedado para siempre en lo más impenetrable y protegido de la cella que su corazón puede brindar a la vida. Y ella, él, no pueden ignorarlo.



(Fotografía de Sara Saudková)

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿clamor o silencio?





"Señor, pensad que no nos entendemos nosotros mismos y que no sabemos lo que queremos, que nos alejamos infinitamente de lo que deseamos".

Teresa de Jesús



La naturaleza nunca se pregunta
y sin embargo actúa

somos ella también
una especie de afinamiento complejo
¿más o menos intrincado que otras formaciones?

una pregunta para no perder de vista
no solucionada no concluida e inagotable
para responderla tendrían que hablar otras especies
otras manifestaciones otros comportamientos
posiblemente hablan lo hacen sin parar
pero no entendemos sus lenguajes que nos parecen desbocados
y hay infinidad de ellos en el llamado universo

incluso la palabra universo
tan asépticamente humana
se queda coja e insuficiente cuando se utiliza para mirar
en una dirección única
porque eso que llamamos universo es el poliedro con más caras que cabe imaginar
desbordando nuestra imaginación y nuestros cálculos
son rostros ocultos rostros a media luz rostros aparentemente visibles
superficies sobre las que se acumulan planos y planos
entre los que crecen nuevas vidas

cuantificar simplemente sus dimensiones y límites
no pasa de resultar un acertijo
ejercicios para noches insomnes o tertulias
de ociosos que se creen ilustrados

unas preguntas generarán siempre otras
porque la naturaleza nunca permanece
su quietud es sinónimo de muerte
premonición de muerte
prueba a arrancar una flor y observa
e incluso en su desarraigo letal será otra cosa

es la condición humana preguntarse
pero ¿por qué hacerlo encumbrándonos?
para obtener partículas de respuesta de la naturaleza
nuestra herramienta efectiva debe ser la modestia
nuestra actitud tiene que consistir en ir hacia ella y sentirnos dentro de ella
sé que predico en el desierto y vamos cuenta atrás

pocos parecen darse cuenta
¿o no son pocos pero tampoco suficientes?

cuestionamos según nuestra percepción y es inevitable
pero hasta nuestra percepción debe cambiar
percibir es el vestíbulo de nuestros primeros pasos de supervivencia
a veces no pasamos de los primeros pasos
siempre estamos dando primeros pasos
y cuando realmente hay un atisbo de avanzar dentro de la naturaleza
aliados con la naturaleza reconociéndonos en nuestra filiación constante con ella
lo paramos

a los hombres nos guía la torpe inclinación a preservar la ignorancia
la incomprensión la disociación con el mundo del que procedemos
y que no identificamos

reconozcamos que no podemos independizarnos de él
porque cualquier apartamiento de ese mundo
de la Tierra de nuestros espacios interiores de las circunstancias siderales
cualquier hacer y cualquier visión dándole la espalda
profetiza nuestro fin

la naturaleza nos ignora
y no obstante actúa

los objetos que consideramos tales son en realidad sujetos

debemos entender que aquello que creemos que existe para nuestro beneficio
existe sobre todo por sí mismo y en simbiosis con otras instancias

debemos aceptar que los comportamientos dispares, los paisajes, la luz,
los elementos, los individuos de todas las especies, incluso
las que tiene menor volumen y habitan en las profundidades de todo
en cada uno de los agujeros y de las pieles con su forma y su ámbito acogedor
viven sin que sepan que vivimos
y no permanecen jamás repetidamente

dos luces no son iguales
dos colores no son iguales
dos semillas
dos estrellas
dos manos
dos amantes
dos caricias
dos instantes
dos miradas
no se repiten

se impone recuperar el pacto roto con los otros mundos
y corregir el ultraje
o nuestras vidas serán solamente espejismos
y un fatigoso y cada vez más enredado bucle que nos acabará estrangulando

¿veis? al final pienso como un humano más
de la sociedad perdida de nuestro tiempo
como si uno fuera el corazón de la vida
torpe y necio de mí

el clamor se parte contra el silencio
demasiado vívido.

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿dónde estás, Jung?




Despertar con la intriga del sueño. Se encuentra en la parte vieja de una ciudad portuguesa. Se ha bajado de un tranvía y pasea por las calles. Ve que una chica se sienta cansada bajo un soportal. Se recoge sobre sus piernas. Un hombre de edad se acerca a ella y le habla. Estás mal, le dice. El hombre se distancia de ella y va a buscar algo. Trae un vaso. Lo pone debajo de la chica. Ella sonríe como agradecida. El hombre vuelve a apartarse. Entonces la chica se levanta para buscar también otra cosa, acaso pañuelos de papel. Mientras, el hombre aprovecha y coge el vaso en cuyo fondo hay sangre oscura. Lo eleva con las dos manos como si se tratara de un cáliz y bebe el contenido. Lo apura, lo deja y se va. Él, que lleva un rato contemplando la escena de la chica y el viejo se asombra pero no reacciona con asco. La chica ha vuelto y ve el vaso vacío; no dice nada pero le mira como diciendo: me han hurtado algo. Vuelve a sentarse, recogida sobre sus rodillas, encogida sobre su vientre. Él se dice a sí mismo, pero en voz alta: debo interpretarlo simbólicamente; tiene que significar algo. La chica le ha oído. ¿No lo entiendes?, le pregunta. Y él: no. ¿No entiendes lo que buscaba? Y él: no. Se queda un poco aturdido y la chica le pide que se marche, que necesita estar sola. Pasa un tranvía y se sube en él. Sigue contemplándola, con emoción contenida, según se aleja, hasta perderla de vista. ¿Qué buscaría el viejo?, piensa.




(Fotografía de Anders Petersen)

sábado, 17 de septiembre de 2011

reflexión ambarina


El milagro del ámbar. O cómo llamamos milagro tontamente a todo aquello que aún no conocemos y nos supera y nos sorprende. El ámbar es la Tierra dentro de la Tierra. El abrigo, la preservación, el registro de la memoria de los seres vivos. ¿Quién que aprecie las piedras y los fósiles no ha tenido alguna vez un trozo de ámbar con mosca dentro? Si los fósiles ya suponen toda una fuente de información, en ocasiones riquísima y nada alterada, ¿qué maravillas no nos proporcionará el ámbar? Lee que han encontrado un trozo con plumas de alguna especie de dinosaurio. ¿Quién dijo que la fragilidad aparente es débil? Aunque lleva meditando sobre ello desde que ha leído la información, no está convencido. Se debate fuertemente por asumir su condición. Trata de tapar los agujeros por donde se le va la vida. Pero él no quiere instalarse en el ámbar.

viernes, 16 de septiembre de 2011

día de botín (que no saqueo)


A veces hay que salvar libros. Salvarlos es liberarlos. Rescatarlos de estanterías donde llevan décadas sin que el público los haya pedido. Libros casi vírgenes. La vida como paradoja. Muchos de esos libros pasaron por sus manos hace tiempo. Llegaron de su elección a ciertas bibliotecas a la par que se estrenaba eso que llamamos democracia y no lo es (más que formalmente) o sí lo es porque no puede ser de otra manera, limitada. Uno de esos azares de ida y vuelta ha hecho que se los encontrara en liquidación, no sabe por qué. Ni lo pregunta. Si nadie los quiere, él sí. No va a permitir que se pudran. No lo ha pensado y ha seleccionado algunos títulos que no le parecían nada mal. Se los ha llevado a su casa. Los ha repasado. Dice que están en condiciones óptimas. El canto de sus páginas tiene una leve pátina amarillenta. Dentro están impolutos.

Piensa en Gutenberg o en Juan Párix. En qué dirían si supieran que se liquidan relatos interesantes por una cantidad simbólica. En el desmerecimiento que algunas gentes manifiestan acerca del trabajo de escritura y de edición. Es curioso y traicionero este país. Si alguien dice que se regala algo (un sindicato agrario, con las patatas, por ejemplo) se forman colas y la gente se mata por conseguirlas aunque no las necesite. Si se pone un precio siquiera representativo, mínimo, a algo de valor la gente no se acerca. Salvo los entusiastas de los libros, como él. Ha cogido incluso alguna obra que ya tenía. No podía permitir que Blas de Otero o León Nikoláyevich Tolstói o Machen o Gide se murieran de asco en anaqueles olvidados. Está triste y alegre. Alegre por el botín obtenido, por haber estado en el momento justo y en el lugar oportuno. Triste por el sacrificio alevoso a que someten algunos a la obra escrita. La historia no absuelve nada. La literatura sirve para que te golpees con ella hasta hacerte sangre.








jueves, 15 de septiembre de 2011

el rumor al oído




Son tan hermosas estas palabras de Adonis que le permiten abstraerse de la calidez rigurosa y extrema de la noche.

Él se vierte, como el agua de las alturas
múltiple, incapaz de unificarse
ardiente, incapaz de apagarse
alegre, incapaz de tensarse
como tú, él se pregunta: ¿Cómo podré recoger mi desorden?


¿Abstraerse? Tentado a analizar cada verso como si fueran parámetros, siente que se desparrama dentro de sí, y nadie lo advierte. Arrojado a disgregarse más todavía sabe que sólo esa condición le convierte en uno, no obstante el riesgo. Sospecha que el fuego sólo se extinguirá cuando sea ceniza, ya consumido por su propia ignición. Le duele que la alegría primigenia, la que le explicaba naturalmente desde los años sencillos, se haya rendido a la tensión. El desorden no se recoge fácilmente. Persigue su recorrido sin renunciar al hermoso viaje. Acerca una caracola al oído y espera una señal. Mientras, sueña con la espuma.



(Versos del poeta sirio Adonis en su libro Singulares)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

meditación sobre la vergüenza ( y su antítesis)



En un pueblo de la Castilla profunda persiguen y matan todos los años a un toro a garrochazos. Es un pueblo que vive -es un decir- de las pobres rentas renombradas de la historia, que no de rentas económicas producto de industrializaciones modernas. En esa villa las oligarquías de su tiempo de España y Portugal (hace más de cinco siglos del evento) firmaron un importante tratado por el que se repartían los territorios americanos. En ese lugar mencionan con frecuencia también la prisión de una reina que no se avenía a la política del momento y de la que dijeron que estaba trastornada (ignoro si de paso también lo estuvo o fue parte de la ignominia), puesto que dentro de la denominada industria del turismo interior cualquier reclamo y leyenda con olor a pasado vende. Las verdades no venden pero las leyendas sí, aunque no se beneficien del asunto más que los hosteleros.

Las gentes de ese pueblo no mencionan otros acontecimientos importantes de su pasado como la revolución de los comuneros de Castilla, un pulso, no sé si aclarado del todo, entre los burgos de pueblos y ciudades castellanas y el Emperador por excelencia que llegaba de Flandes con dos coronas hegemónicas de la Europa de aquel tiempo. Algunos historiadores ven también algo del enfrentamiento entre los residuos del poder feudal y el recién fundado Estado español. Probablemente hubiera algo de todo. Un capítulo donde es posible que se jugaran para siempre los castellanos su futuro, perdiéndolo: su organización, su sistema fiscal, sus fueros y los reconocimientos de sus ciudades de villa y tierra adquiridos frente a la prepotencia de los monarcas de la Baja Edad Media. No, de ese tema otrora crucial los actuales pobladores de esa villa no saben , no contestan, no se interesan. Por el contrario, lo suyo es otra cosa y alegan que perseguir con caballos a un toro por el campo, estresarlo a tope, clavarle lanzas una y otra vez, y ponerle la puntilla es una tradición. Sublime palabra para ellos, sagrado concepto que seguramente al tenerlo tan sacro como etéreo ignoran su significado amplio y civilizado. Bien de interés cultural, tienen denominada también a esa fiesta de sangre, pero ahí en nada los diferencia de todos los rituales taurinos que tienen lugar en España bajo la denominación de corridas.

Refugiados en una costumbre cuya dudosa autoridad reside en el propio consenso que la gente del pueblo y alrededores concede, no deja de ser sino un show, un espectáculo de pan y circo más, un entretenimiento en el que la bestia no es el toro sino los perseguidores de la especie humana. La razón está ausente, el carácter salvaje de la práctica se ignora. Pero atención, lo que realmente se persigue por el campo, se sangra y se extermina no es sólo un animal. No es sólo el animal simbólico por excelencia del mito antiguo. Animal que no nació y se crió para padecer escarnios y padecimientos y cuyo símbolo no puede perecer en el acto de una corrida u otras barbaridades. Lo que se persigue y se asesina es la cultura en sí, el propio concepto de cultura. Porque cultura no es tanto lo antiguo ni lo tradicional ni el espectáculo ni el comercio de lo viejo, y mucho menos lo selvático y criminal, sino sobre todo la evolución de las ideas, el avance en el conocimiento, la invención permanente de la estética y el fortalecimiento de la representación democrática. ¿Qué el concepto de cultura está en crisis? Probablemente. Pero desde luego, fiestas como las de esa villa donde masacran a un toro no son precisamente representativas de un concepto moral y superviviente de la cultura. Porque si la cultura es lo que emana de ese tipo de comportamiento habría que decir aquellos versos de César Vallejo...más vale que se lo coman todo y acabemos.

Especial mención para el heroico y solemnemente engreído ganador del rabo del toro. El valiente especimen que derribó a muerte al toro fue felicitado, homenajeado y reconocido como objeto de admiración por todos los que corearon el espectáculo y las autoridades pertinentes. Expresó su emoción y su gesta de manera muy gráfica: se sentía como un Cristianoronaldo. Efímera y débil comparación, pues el personaje, en su embriaguez tonta, no pensaba en los millones que gana ese cristianoronaldo por amplias ventas de su propio producto, lo cual le distancia kilométricamente. Para reafirmarse más llegó a decir también que se sentía como un dios. Y esa expresión, ¡voto a Odín!, me gustó. Me gustó ese idealismo desorbitado, ese coraje celestial, ese misticismo arrebatador. No andaba descaminado, aunque no tuviera ni idea de lo que sienten los dioses. Los dioses eran feroces, terribles, capaces de hacer la vida imposible a otros dioses y a los humanos. ¡Pero cuánta prepotencia compararse con un dios! ¿Lo permitirán los dioses obsoletos o le pasarán factura? Desde luego, sospecho que el dios monoteísta de la cultura de su pueblo, tan obsoleto o más que los otros, hará la vista gorda. Por eso mismo, porque es parte de esa cultura y la bendice.




(Pintura del argentino Daniel Merlin)

puesta en pie





Sus espectros dijeron:
Tú dormías con la última estrella

te despertabas con el primer pájaro

Adonis.



Es probable que al levantarse hayan pasado cosas. Cosas que no quedan reflejadas, debido a su aislamiento. Se levanta con la idea de que nada se mueve, posiblemente bloqueado por el ruido. El ruido que menciona al movimiento, a las cosas, a los individuos. Las palabras se convirtieron hace tiempo en ruido. Y los pensamientos en silencios. Y el movimiento tiene una doble faz, donde la parálisis acecha a la vuelta de cada ejercicio. Propende a imaginar lo irreal, lo que ya no se da en su vida. El alba de la expectación y el sueño de la ilusión. Adonis se lo explica de modo muy preciso y acertado. Hace una excepción y se rinde a la evidencia de sus versos.



(Fotografía de Jorge Molder)

martes, 13 de septiembre de 2011

tardío


Hoy quisiera anotar algo que caracterizase al día transcurrido. Una noticia, un encuentro, una conversación, una sonrisa, una lectura grata, una llamada, un paseo sereno, un factor amable. Pero de pronto se da cuenta de que está en blanco. Él. Su día.

(Imagen fotográfica de Jorge Molder)

lunes, 12 de septiembre de 2011

el día siguiente a la noche



…tirarte de la cama somnoliento y pesado, sentarte al borde, sin tener claro si ese borde es físico o el mismo en el que te contemplabas en el sueño, permanecer absorto e indeciso, entre dos fuegos, la lasitud que te agarrota y la urgencia del quehacer, debatirte entre el cuerpo reclamándote que lo atiendas y el horario que te sujeta de nuevo a una obligación pasajera, no tienes fe ni ganas, ni te seduce la indolencia ni te motiva la disciplina, eres equidistante en una situación donde no hay punto medio, y ése es tu error, pero sabes que si dudas estás muerto, y acaso no te importe esa sensación de vivir al margen definitivamente, vivir te dices, esa ubicación nebulosa que no sabes si es efecto de tu puesta en pie o de tu disolución, así que asfixias tus pulmones y sonríes al destino, volcado como estás en la pura consecución de un gusto menor e inmediato no te interesa nada que no sea abstraerte de lo que tienes al alcance, el tabaco, el vino, unos textos cuyo hermetismo buscas como un aliento extraño, como un salvavidas que te abduzca, y en cada recuerdo te destrozas un poco más, por eso intentas aniquilar el proceso no sólo lógico sino instintivo y reflejo de la memoria, tratas de aislarla, y cada fogonzazo que proyecta en el vestíbulo de tu cerebro, porque se resiste a rendirse, lo esquivas, que no permanezca un segundo más, alzas la voz interiormente, pues la duración te perjudica, que no me roce, te defiendes con frenesí ciego, pero no consigues evitar su recurrencia obsesiva y vengadora, y tu mirada se vuelve más cínica, y prepararás el café, se te ha caído una parte del contenido de la cafetera porque tus manos se agitan, desearías haber permanecido un rato más en la cama, no hubieras dormido, así que la necesidad de tener que partir inmediatamente a cumplir tus días de condicional impide que seas pasto de la turbulencia, debes tomar ya el café, lo más cargado posible, la lengua, ya de por sí agria tras el insomnio se reviste de un tapiz más amargo, pero buscas el estímulo fácil, echas mano al bolsillo para sentir la pastilla por si la ocasión lo requiere, qué bajo, eh, te oyes a ti mismo criticarte, y la mañana no ha hecho sino empezar…



(Fotografía de Michael Ackerman)