domingo, 9 de agosto de 2026

Mandamientos de la era atómica. Günther Anders

 



Ochenta y un años han transcurrido desde el lanzamiento de las bombas atómicas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki. El día 6 de agosto sobre la primera ciudad y el 9 de agosto para la segunda. Recordar sin más el terrible e impune suceso no sirve para mucho. Así que prefiero trasladar aquí un texto con reflexiones del filósofo alemán Günther Anders, un filósofo no muy citado en España pero cuya mirada sobre el mundo y la humanidad no tiene pérdida. Casi setenta años tiene el texto titulado Mandamientos de la era atómica y sigue en vigor. Anders es autor de la fenomenal obra La obsolescencia del hombre y mantuvo correspondencia durante años con Claude Eatherly, piloto del avión de reconocimiento climático Straight Flush que acompañó el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. La vigencia del texto de Anders, escrito cuando resonaban aún los ecos de la destrucción bélica de la Segunda Guerra Mundial y de la masacre sobre aquellas ciudades japonesas es fundamental ante la carrera armamentística actual y los conflictos sangrientos que están teniendo lugar.

Es largo y que sea leído por quien tenga interés y preocupación.


Mandamientos de la era atómica 


Tu primer pensamiento al despertar ha de ser "átomo". Pues no has de comenzar el día con la ilusión de que aquello que te rodea es un mundo estable. Lo que te rodea es más bien lo que mañana mismo puede ser pasado, algo simplemente sido; y nosotros, tú y yo y nuestros semejantes, somos aún más efímeros que todos aquellos que hasta ayer mismo habían sido considerados como seres efímeros. Pues este nuestro carácter efímero no sólo significa que somos seres mortales; ni que se nos pueda dar muerte. Esto también fue así en el pasado. Significa, más bien, que se nos puede matar totalmente, en tanto que "humanidad". Y "humanidad" no sólo significa la humanidad actual, aquella que se extiende por las regiones de nuestro mundo; sino también aquella que se extiende por las regiones de nuestro tiempo: si se da muerte a la humanidad actual, con ella desaparecerá también la que ha sido; y la futura. De ahí que el umbral ante el que nos hallamos lleve la inscripción "Nada habrá sido"; y, una vez atravesado, se lee: "El tiempo fue un episodio". Pero el tiempo puede convertirse en un episodio situado no entre dos eternidades, como nuestros antepasados esperaban, sino entre dos nadas: entre nada de lo que nadie recuerda que ha sido, como si no hubiese sido jamás; y la nada de lo que jamás será. Y puesto que no habrá nadie para distinguir entre estas dos nadas, éstas acabarán convirtiéndose en una única nada. Ésta es, pues, la forma absolutamente nueva, la forma apocalíptica, de la transitoriedad, nuestra transitoriedad, comparada con la cual todo lo que hasta hoy se había llamado "transitoriedad" se ha tornado una bagatela. Para que esto no se te pase por alto, tu primer pensamiento al despertar ha de ser: "átomo". 


 La posibilidad del apocalipsis 

Tu segundo pensamiento al despertar ha de ser: "La posibilidad del apocalipsis es obra nuestra. Pero no sabemos lo que hacemos". Verdaderamente no lo sabemos, como tampoco lo saben quienes tienen en sus manos el apocalipsis; pues también ellos son "nosotros", también ellos son absolutamente incompetentes. Evidentemente, si son incompetentes, no es por su culpa. Su incompetencia es más bien el resultado de un hecho que no es imposible imputar a ninguno de ellos ni a ninguno de nosotros: es consecuencia del abismo, creciente día a día, entre dos de nuestras facultades, a saber, entre aquello que podemos hacer y aquello que podemos representarnos. 

En el curso de la era técnica, la relación clásica entre imaginación y acción se ha invertido: si nuestros antepasados consideraron obvio que la imaginación era una facultad "desbordante", es decir, una facultad que sobrepasaba y superaba la realidad, hoy las posibilidades de nuestra imaginación (así como de nuestra capacidad de sentir y de responsabilizarnos de nuestros actos) están por debajo de las posibilidades de nuestra acción; así pues, actualmente la imaginación es incapaz de hacer frente a los efectos de nuestra acción. No sólo nuestra razón tiene sus "límites" (kantianos), no sólo ella es finita, también lo es nuestra imaginación; y en primer lugar nuestra capacidad de sentir. Sólo podemos sentir dolor por una víctima: es todo cuanto puede hacer el sentimiento; quizá podamos representarnos diez: es todo cuanto puede hacer la imaginación; pero asesinar a cientos de miles de seres humanos, esto es absolutamente imposible. Y no sólo por razones técnicas; y no sólo porque el hacer, la acción, se ha convertido en un "hacer-con-otros", en "participación", en un mero "desencadenamiento de causas" que torna invisibles sus efectos; sino fundamentalmente por una razón moral: porque el exterminio en masa excede con mucho aquello que nuestra imaginación y nuestros sentimientos podrían inhibir. Por lo tanto, tus siguientes pensamientos al despertar han de ser: Cuanto más desmesurados son los hechos, tanto menores las inhibiciones. Y: Nosotros, los hombres, somos más pequeños que nosotros mismos. Esta última afirmación expresa nuestra actual esquizofrenia, esto es, el hecho de que nuestras distintas facultades trabajan de forma independiente, cual cosas aisladas y faltas de coordinación que han perdido todo contacto entre sí. 

Pero no has de hacer estas afirmaciones para decir algo definitivo sobre nosotros, adoptando una posición derrotista; sino, al contrario, para expresar tu alarma ante nuestra pequeñez; para ver en ella un escándalo; para socavar los límites "bien establecidos" e inamovibles; para convertirlos en obstáculos que hay que salvar; para hacer retroceder nuestra esquizofrenia. Naturalmente, también puedes cruzarte de brazos, perder la esperanza y conformarte con tu esquizofrenia. Pero si te niegas a hacerlo, has de atreverte a crecer hasta volver a ser tú mismo. Y esto significa: debes -es tu tarea- salvar el abismo existente entre tu capacidad de hacer y de imaginar; reducir el desnivel existente entre ambas capacidades; o, dicho de otro modo: debes ampliar considerablemente el limitado "ámbito de acción" de tu imaginación (y de tu capacidad de sentir, todavía más limitada), hasta que imaginación y sentimiento puedan captar y comprender la magnitud de lo que eres capaz de hacer; hasta que seas capaz de aceptar lo captado, o de rechazarlo. En una palabra: tu tarea consiste en ampliar tu imaginación moral. 

No seas tan cobarde que temas tener miedo 

Tu siguiente tarea es: "Amplía tu sentido del tiempo". Pues lo decisivo de nuestra situación actual no es solamente -y esto es un secreto a voces- que nuestro mundo se haya encogido desde un punto de vista espacial, que todos los lugares entre los que hasta ayer mismo mediaba una distancia, hoy se han convertido en lugares vecinos; sino también que nuestro mundo se ha encogido desde un punto de vista temporal; que los futuros que ayer todavía se tenían por inalcanzables, hoy se han convertido en ámbitos próximos a nuestro presente; que nosotros los hemos convertido en tales. Esto vale tanto para Este como para el mundo occidental. Para el Este, porque en esos países el futuro se planifica de una forma nunca antes imaginada; pero un futuro planificado ya no es un futuro “por venir”, sino más bien un producto in the making; algo que, en tanto que “previsto”, se vive ya como parte del tiempo en que se está. Dicho de otro modo: puesto que aquello que se hace, se hace pensando en el futuro, éste proyecta su sombra sobre el presente. Pero lo mismo cabe decir -y éste es el caso que nos incumbe- de los hombres del mundo occidental, pues este mundo, aunque no planifica, repercute directamente en los futuros más remotos; así, por ejemplo, decide sobre la salud o la degeneración, y hasta puede que sobre el ser o el no ser de sus descendientes. El que este mundo, o mejor dicho: el que nosotros nos lo propongamos o no, es indiferente, pues este hecho es lo único importante desde un punto de vista moral. Y como este hecho nos es conocido, como somos sabedores de los “efectos no previstos sobre el futuro”, cuando seguimos actuando como si desconociésemos este hecho, incurrimos en una “negligente violación de los límites”. 

Así pues, al despertar te dirás: ¡No seas tan cobarde que temas tener miedo! ¡Oblígate a tener el miedo que corresponde sentir ante la magnitud de la amenaza de apocalipsis! También el miedo, y especialmente él, es un sentimiento para el que no estamos capacitados, o que rechazamos; y la afirmación de que siempre tenemos miedo, demasiado miedo, de que incluso vivimos en la “época del miedo”, no es más que una frase hecha que, cuando no se difunde de forma engañosa, resulta al menos ideal para impedir que nos invada un miedo verdaderamente adecuado a la magnitud de la amenaza y para hacernos insensibles a ella. La verdad es más bien lo contrario, a saber: que vivimos en una “época incapaz de tener miedo”, por eso presenciamos pasivamente los acontecimientos. Esto se explica por la “limitación de nuestra capacidad de sentir”, pero también por toda una serie de razones que aquí no es posible enumerar. No obstante, una de estas razones merece ser mencionada por la actualidad y la enorme importancia que ha cobrado, a raíz de acontecimientos muy recientes: nuestra obsesión por asignar competencias, esto es, nuestra convicción, fruto de la división del trabajo, de que cada cuestión cae dentro de un determinado ámbito de competencias en que no debemos inmiscuirnos. Así, por ejemplo, se cree que la cuestión nuclear es competencia exclusiva de los políticos y del ejército. Naturalmente, este “No-deber (No-deber-inmiscuirse)” se convierte automáticamente en un “No-ser-necesario”, en un “No-tener-necesidad-de”. Es decir, aquellas cuestiones sobra las que no debo preocuparme, son cuestiones sobre las que no necesito preocuparme. Y de este modo me evito el miedo, pues este asunto es “despachado” en otro ámbito de competencia. Así pues, al despertar has de decirte: “Nostra res agitur”. Esto significa dos cosas: 1) que nos atañe porque nos puede afectar; y 2) que la pretensión de monopolizar competencias es injustificada, pues todos nosotros, en tanto que seres humanos, somos igual de incompetentes. Estando en juego el fin del mundo, es sumamente estúpido pensar que en esta cuestión existen distintos niveles de competencia y que a aquellos que, en virtud de una azarosa división del trabajo, de las tareas y de las responsabilidades, ejercen como políticos o como militares, este problema les incumbe más directamente que a nosotros en cuanto a su fabricación o “utilización”. Quienes intentar persuadirnos de esto (sean personas supuestamente más competentes o no), lo único que demuestran es su falta de competencia moral. Pero nuestra situación moral se torna absolutamente insoportable cuando esos individuos supuestamente más competentes que nosotros (y que sólo son capaces de abordar los problemas desde un punto de vista táctico) quieren hacernos creer que ni siquiera tenemos derecho a tener miedo, y todavía menos a tener conciencia del problema; pues, en efecto, conciencia implicaría responsabilidad, y ésta sería únicamente asunto suyo, asunto de los responsables de determinado ámbito de competencia; tener miedo, tener conciencia del problema, equivaldría en última instancia a usurpar unas competencias que no son las nuestras. No aceptes ningún “clero del apocalipsis”; ningún grupo que monopolice las competencias sobre el fin del mundo, que sería el fin de todos nosotros. Variando la fórmula de Ranke “igual de próximos a Dios”, podemos decir: “Todos nosotros estamos igual de próximos al posible final”. De ahí que todos tengamos el mismo derecho y el mismo deber de elevar nuestra voz de advertencia. También tú. 

Contra las discusiones en términos de táctica 

No es sólo que no podamos representarnos, ni sentir, ni aceptar la “cosa”; tampoco podemos ni siquiera pensarla. Pues sea cual fuera la categoría en la que subsumiésemos, la pensaríamos incorrectamente, puesto que la incluiríamos en una clase determinada de objetos, la convertiríamos en “una cosa entre otras”, y de este modo la tornaríamos trivial. Aunque pueda existir en muchos ejemplares, esa “cosa” es única en su especia, no pertenece a ningún género: es un monstruo. Y como sólo podemos decir qué no es, hemos de hacer nuestras las cautelas de la “teología negativa”. Para nuestra desgracia, es precisamente esta su (“monstruosa”) no pertenencia a nada, lo que hace que la descuidemos o que simplemente nos olvidemos de ella. Aquello que no podemos clasificar, lo consideramos inexistente. Pero cuando se habla de ella (algo que, ciertamente, todavía no ocurre en nuestras conversaciones cotidianas), se la suele clasificar, pues es lo más cómodo y tranquilizador, incluyéndola en la categoría de “arma”, o de forma más general, en la categoría de “medio”. Pero no es un medio, pues la definición misma de “medio” implica su desaparición una vez alcanzado el fin, del mismo modo que el camino acaba y desaparece en la meta. Pero en este caso no es así. Muy al contrario, en este caso el efecto es inevitable, si no deliberadamente, mayor que cualquier fin concebible: éste desaparece necesariamente en el efecto. Y lo hace en el mundo en el que aún había “medios y fines”. Es evidente que algo que por definición destruye el esquema medios-fines no puede ser medio alguno. De ahí que tu siguiente máxima sea: “No lograrán persuadirme de que la bomba es un medio”. Puesto que no es un medio más de entre los millones de medios que pueblan nuestro mundo, tampoco debes permitir que se fabrique, como si se tratase de un frigorífico, un dentífrico o una pistola, medios que se fabrican sin consultarnos. Así como no has de creer a quienes la llaman un “medio”, tampoco debes dejarte engañar por aquellos embaucadores que, con más astucia, intentan hacerte creer que el único fin de esa cosa es la intimidación, y que por lo tanto se fabrica simplemente para no utilizarse. Jamás ha habido objetos cuya utilidad se redujese a su no utilidad; a lo sumo, objetos que no se utilizaron cuando bastó la amenaza (con frecuencia ya cumplida) de su utilización. Por otra parte, no hemos de olvidar que esta cosa ya ha sido utilizada (y sin apenas justificación): en Hiroshima y Nagasaki. Finalmente, en marge, no debes permitir que esta cosa de efectos inimaginables sea designada con nombres ideados para hacerla respetable o para restarle importancia. Llamar a la explosión de una bomba H “Acción abuelito” no fue simplemente una absurda extravagancia, sino un engaño deliberado. 

Por otra parte, debes protestar contra el hecho de que esa cosa cuya mera existencia es ya una forma de utilizarla, sea objeto de una discusión en términos puramente prácticos. Este tipo de discusiones es absolutamente inapropiado, pues la idea de que las armas nucleares puedan utilizarse de una u otra forma presupone el concepto de una situación política -la expresión “era atómica” está totalmente justificada- definida por la existencia de las armas nucleares. Éstas no “se suman” a una situación política previa; son más bien los distintos acontecimientos políticos los que tienen lugar en el seno de la situación atómica. Los intentos de utilizar la posibilidad del fin del mundo como una pieza más en el tablero de la política son signos de ofuscación, independientemente de cuál sea su grado de astucia. La época de la astucia política pertenece ya al pasado. De ahí que tu principio haya de ser: sabotea todas aquellas discusiones en que tus contemporáneos pretendan abordar la realidad de la amenaza nuclear desde un punto de vista exclusivamente táctico; exige que esta discusión se centre en lo fundamental, a saber: la amenaza de apocalipsis que se cierne sobre la humanidad y de la que solamente ella es responsable; y hazlo aunque corras el riesgo de que se te ridiculice como una persona “poco realista desde un punto de vista político”. En verdad, los faltos de realismo son justamente quienes abordan el problema desde un punto de vista exclusivamente táctico, pues consideran las armas nucleares como simples medios y no alcanzan a entender que la utilización efectiva, y hasta la virtual utilización de estos medios, priva de todo su sentido a los fines que persiguen o dicen perseguir. 

La decisión ya ha sido tomada 

No te dejes engañar por la afirmación de que nos hallamos (y quizá nos hallemos siempre) en una fase de pruebas, en una fase de experimentación. Esto no es más que palabrería. No sólo porque (como muchos parecen olvidar) ya hemos arrojado bombas atómicas, es decir, porque éstas son una realidad desde hace más de diez años, sino porque -lo cual es todavía más importante- en este caso no tiene sentido hablar de “experimentación”. Tu axioma ha de ser: Por más éxito que tengan los experimentos, la experimentación es un fracaso. Y lo es porque sólo cabe hablar de experimento si éste no trasciende o no hace estallar la situación experimental; y en este caso no se cumple esta condición. Lejos de ello, el verdadero sentido y el auténtico objetivo de la mayor parte de experimentos nucleares es aumentar en lo posible la potencia y el radio de acción de estas armas; y en consecuencia tantear, por más paradójico que esto pueda parecer, la posibilidad de rebasar toda condición experimental. Así pues, los efectos de los (supuestos) experimentos ya no tienen nada que ver con lo que habitualmente llamamos resultados experimentales, sino que son parte de la realidad, de la historia -de la que forman parte, por ejemplo, los pescadores japoneses contaminados por la radioactividad-, y hasta de la historia futura, pues es el futuro (la salud de las futuras generaciones, por ejemplo) el que se ha visto ya afectado por ellas; un “futuro” que, como reza el título de la obra de Jungk, “ya ha comenzado”. Por lo tanto, es completamente falso afirmar que no hay nada decidido respecto a la utilización de las armas nucleares. La verdad es más bien que las llamadas “pruebas” han decidido ya la cuestión. Consecuentemente, es tu deber compartir la apariencia de que seguimos viviendo en una “era pre atómica”; y llamar a la realidad por su nombre. 

Somos manejados por aparatos 

Pero todos estos postulados y prohibiciones pueden resumirse en un solo mandamiento: Acepta únicamente aquellas cosas cuyas máximas puedan ser las tuyas y, de este modo, las de todos los demás

Este postulado puede resultar extraño; la expresión “máximas de las cosas” parece ser una provocación. Pero sólo porque el hecho al que se refiere esta expresión es extraño y provocador. Lo que con ello queremos decir es únicamente que este mundo de aparatos en que vivimos es un mundo gobernado por aparatos; y en concreto por las formas de uso de estos aparatos. Pero como también somos sus usuarios, como nos relacionamos con nuestros semejantes de acuerdo con los principios de estos aparatos, los tratamos conforme a las máximas de éstos. Lo que este postulado exige es que entendamos claramente estas máximas como si fueran nuestras, pues lo son desde un punto de vista práctico; que el objeto de nuestra conciencia moral no sea nuestra propia interioridad (la cual se ha convertido en un lujo superfluo), sino los “impulsos secretos” y los “principios” de nuestros aparatos. Probablemente, ningún político defensor del uso de armas nucleares encontrará nada malo en sí mismo cuando haga examen de conciencia en sentido tradicional; pero si examina la “vida interior” de sus aparatos, reparará en el “erostratismo” de estos, un erostratismo de dimensiones cósmicas; pues este es precisamente el modo en que las armas nucleares tratan a la humanidad. 

Nosotros, que podemos decidir sobre nuestro ser o no ser, solamente podremos albergar la esperanza de seguir siendo dueños de nuestro ser, si nos acostumbramos a esta nueva forma de acción moral consistente en mirar en el corazón de los aparatos (en su interior). 

No podemos no poder 

Tu otro principio será: no creas que el peligro ha de esfumarse en cuanto se haya dado el primer paso, es decir, una vez se hayan detenido los llamados “experimentos”, y que entonces podremos dormirnos sobre los laureles. El cese de los “experimentos” no significa ni el fin de la fabricación de nuevas bombas ni la destrucción de aquellas bombas y aquellos tipos de bombas que ya han sido experimentadas y que están preparadas para su posible utilización. El cese de los experimentos puede deberse a distintas razones: así, por ejemplo, un país puede decidir ponerles fin por juzgar superfluo seguir realizando pruebas nucleares, esto es, por considerar que le basta con fabricar los tipos de bombas ya probados o que las ya fabricadas lo cubren ante cualquier eventualidad; en una palabra: por juzgar que sería absurdo y poco rentable matar dos veces a la humanidad. 

Tampoco creas que podríamos despreocuparnos si lográsemos dar el segundo paso: detener la fabricación de bombas atómicas y bombas de hidrógeno; o que podríamos quedarnos de brazos cruzados si lográsemos dar el tercer paso, esto es, destruir los arsenales nucleares. Incluso en un mundo “limpio” (es decir, en un mundo donde no hubiese ninguna bomba atómica ni ninguna bomba de hidrógeno, y en el que por lo tanto nos pareciese que no “tenemos” ninguna bomba), seguiríamos teniéndolas, pues sabríamos cómo fabricarlas. En esta época de reproducción mecánica, no cabe hablar de la no existencia de determinado producto si éste es posible, pues lo que cuenta no son los objetos materialmente existentes, sino sus tipos, es decir, sus blueprints. Aunque se destruyera todo lo relacionado con la fabricación de bombas, la humanidad seguiría estando bajo la amenaza de los blueprints. “Entonces -cabría concluir-, lo que habría que hacer sería destruir los blueprints.” Pero esto es imposible, pues éstos son tan indestructibles como las ideas platónicas; en cierto modo representan su materialización más diabólica. En una palabra: aunque lográsemos salvar nuestras vidas destruyendo los nefastos aparatos y sus blueprints, esta destrucción no sería más que un aplazamiento o una dilación de la amenaza. La fabricación de la bomba podría reanudarse en cualquier momento, el horror seguiría ahí, por lo que habrías de seguir teniendo miedo. La humanidad está condenada a vivir eternamente bajo la oscura amenaza de lo monstruoso. La amenaza del apocalipsis no puede eliminarse de una vez por todas, mediante una sola acción, sino únicamente a través de acciones repetidas diariamente. Lo que significa: hemos de comprender -y esto expresa claramente cuán desesperada es nuestra situación- que nuestra lucha contra la existencia de bombas, contra su fabricación, contra los arsenales y contra las pruebas nucleares, es sencillamente insuficiente. Pues, en efecto, nuestro objetivo ya no puede consistir en no tener esa “cosa”, sino sólo en no utilizarla jamás, aunque no podamos hacer nada contra el hecho de tenerla; no utilizarla jamás, pese a que siempre existirá el día en que podríamos utilizarla. 

Esta es, pues, tu misión: enseñar a la humanidad que ninguna medida que tomemos, ninguna destrucción material de estas cosas, constituirá jamás una garantía absoluta; que nuestra tarea es más bien renunciar decididamente a dar el paso, aunque siempre será posible darlo. Si no lo logras, si tú y yo no logramos que la humanidad comprenda esto, entonces estamos perdidos. 



Frankfurter Allgemeine Zeitung. 13.7.1957





* Mapa histórico detallando rutas de vuelo y objetivos del bombardeo atómico de Japón por parte de Estados Unidos en agosto de 1945. Tomado de Publicación de Cartografía Digital.

* Günther Anders, probablemente de la época en que estuvo casado con Hannah Arendt.




viernes, 7 de agosto de 2026

La broma

 


"Nadie nos ha dicho la verdad, la verdad ya no tiene defensores sobre la Tierra, es demasiado difícil de concebir, y aquellos que penetran en ella serán cada vez menos numerosos".

Albert Caraco. Breviario del caos.


La sombra me habla. Me dice: la vida es una broma. No te sorprendas que vaya yo a mi aire. La miro de soslayo, luego la encaro. Desde cuándo eres filósofa, pregunto. Desde cuándo tratas tú de explicarte a ti mismo, pregunta. Porque lo tuyo ha sido siempre buscar significados en los comportamientos de cada etapa de tu vida. Tienes razón ahí, sombra, pues si no trato de conocer mis propios porqués, que pocas veces lo logro, cómo podría entender algo de los demás. Acaso deberías plantearlo a la inversa, replica la oscura. Intenta aproximarte a un conocimiento del otro y, en general, del mundo exterior y puede que de ese modo sepas de tus propios pasos. Mi sombra es rebelde. Polemizo y ella se vuelve más guerrera. Pero siempre hay un espacio interior donde lo que hay fuera de nosotros, insisto, no penetra, bien porque nos resistamos a ceder algo de nuestra naturaleza más primitiva o por soberbia. Un territorio que permanece sin ponerse a prueba, sin entrar en acción. Elemental y turbio, pero que lo percibimos inaccesible y nos hace sentir dueños y resistentes. Los últimos refugios pueden ser un lastre, no una salvación, me argumenta la sombra. Nadie está hecho de nada, nadie puede esconderse en la nada. ¿O crees que yo he salido de lo inexistente? Me he nutrido de ti, he crecido contigo, y no me he cruzado en tu camino para ser tu esclava sino para demostrarte que una sombra no es exactamente el reflejo de la masa que la proyecta. Que aparenta, sí, porque debe sobrevivir, pero que te mira de frente mucho más que tú a mí. Yo no te ignoro ni te desprecio, me justifico ante sus revelaciones. Ella adquiere entonces un tono bravucón, defensivo. Pero tampoco me tomas en serio. He sido para ti una mera imagen colateral. Bien, dirás que vivir es un sistema de representaciones. Unas con cuerpo tangible, otras con cuerpo imaginario. Tal vez el imaginario se imponga cada día más en nuestro cuerpo total. Tal vez tantas manifestaciones que damos como consolidadas y firmes, como producto de nuestro hacer, como fecundidad de nuestras relaciones humanas no sean sino ficciones. Acaso vivamos entregados a un conjunto de fantasías a las que concedemos carta de autenticidad y por las que nos regimos sin pausa. Sería entonces una broma, digo. Está siendo una gran broma, con frecuencia de tintes negros, y me cuesta ser cómplice de ello, dice la sombra.



*Galería de copias de Arte Clásico del Museo Nacional de Escultura de Valladolid en la Casa del Sol.  


lunes, 3 de agosto de 2026

El Ku Klux Klan judío. Artículo de la periodista israelí Amira Hass

 



Adjunto un artículo de Amira Hass, periodista israelí de Haaretz, publicado en Internazionale, y tomado de M'Sur. Ojalá hubiera más ciudadanos israelíes como ella.
 

"Sepa que por cada artículo que lee usted en la prensa sobre un acto de terror de los colonos israelíes, el Ku Klux Klan judío lleva a cabo docenas de otros asaltos, actos de acoso y hostigamiento, mientras que el Ejército ataca a palestinos y los maltrata en docenas de barrios y cruces de carreteras para proteger al Ku Klux Klan y su misión. 

Sepa también que estos excesos, como los llaman, son parte de un plan calculado y con varios frentes. Su objetivo último es una tierra «limpia» de palestinos (en alemán, este término recuerda una frase hecha). Hay una línea directa entre lo que está sucediendo hoy y las apropiaciones violentas de terrenos y fuentes palestinos por parte de colonos en la década de 1990 y a principios de la de 2000. De igual manera hay una conexión entre la apatía de entonces y el fatalismo de hoy día, como si los revoltosos fueran una plaga bíblica de langostas ante la que somos impotentes. Tal vez el fatalismo demuestre al menos que algunos, más que admiración, sienten repulsa por nuestros tenaces pioneros, que tanto nos recuerdan al bisabuelo de una biografía de Anita Shapira. 

Recuerdo que tras cada hombre con una máscara, arma y capa de rezar hay una sociedad normativa que lo acoge y adora. Se compone de los consejos locales de colonos, rabinos, trabajadores sociales y sinagogas. Su cálido abrazo se manifiesta en forma de donaciones, entrega de rebaños, agua y apoyo logístico, capacitando a las manzanas podridas, que así los llaman, a deleitarse acosando a los ancianos, los jóvenes y los niños, ocupar sus tierras e infestar los hogares de los propietarios a los que han echado. 

No olvide que tras cada ataque, acto de destrucción y robo de ovejas hay agentes de la policía que no se molestan en responder a las llamadas de ayuda, así como soldados que acuden al lugar para arrestar a los atacados y participar en las palizas, o directamente en el homicidio. Y detrás de todo hay un glorioso sistema legal, compuesto por fiscales y jueces que nunca supieron nada, vieron nada ni oyeron nada de lo que ocurría a su alrededor, mientras legalizan la abominación llamada asentamiento. Están sentados en casa y lamentan (o no) el fin de la democracia israelí, satisfechos con su parte judía, con sus nietos, promociones y jubilaciones. 




Refresque su memoria, por favor: toda comunidad de pastores de ovejas que estas fuerzas oscuras ultrarreligiosas consiguen expulsar ha estado bregando durante décadas con la prohibición «legal» de vivir con dignidad instaurada por los Gobiernos israelíes. Son funcionarios de la administración civil quienes preparaban las órdenes de demolición de cada vivienda cavernaria renovada, la retirada de cada tienda, cada conexión a fuentes de agua o electricidad, cada instalación de paneles solares. Ellos firmaban las multas por el delito de transportar agua potable en un camión cisterna, por utilizar un tractor, por llevar a pastar los rebaños. Ahora, estos exfuncionarios están sentados en casa, lamentando (o no) el fin de la democracia israelí, pero están orgullosos de sus hijos, que acuden al servicio militar, «basado en valores», que se traduce en matar a un gran número de palestinos y libaneses. 

Y respecto a los grupos de Whatsapp de esa «juventud de las colinas», los colonos más jóvenes y más radicales, que ponen el grito en el cielo por los pocos que acaban siendo arrestados por la policía, o por una esquina de uno de sus puestos de avanzadilla, destruida por octava vez, y presta a ser reconstruida mañana: tras cada persona de cuyo arresto nos enteramos hay decenas de bandidos que reparten palizas y siempre se quedan en la categoría de «no se encontraron sospechosos». 

Mientras usted bebe cerveza, trabaja en una investigación que examina el impacto del calentamiento global en el color de las alas de mariposa, planifica un viaje a Roma, elige una sandía en la tienda, recarga la tarjeta de transportes o se enfada en silencio con su jefe en la oficina… sigue pasando lo que usted no quiere saber. Paso a paso, mientras nuestra prensa se abstiene de informar y mientras el mundo está ocupado con otras cosas, Israel continúa su guerra de aniquilación en Gaza. O más bien en aproximadamente un tercio de los 365 kilómetros cuadrados de la Francia en la que el Estado que representa a las víctimas del holocausto y sus supervivientes permite quedarse a dos millones de muertos vivientes, en una densidad que solo el diablo pudo crear. 




Los muertos vivientes caminan kilómetros entre montañas crecientes de basura y charcos malolientes de inmundicia para llevar agua a casa. Caminan con muletas y una pierna para conseguir un cupón del Programa Mundial de Alimentos que mantenga con vida a sus familia, para llevar a sus hijas a una clínica rudimentaria, donde quizás sepan qué hacer contra las pulgas, las garrapatas, las mordeduras de ratas. Mientras tocan música, escriben poesía o plantan hierbabuena o habas entre las tiendas, docenas de sus seres queridos, muertos, lloran bajo la tierra. Y en medio, a ratos, a los vivos los masacra otra bomba israelí. 

Finja sorpresa: el Ku Klux Klan judío desea que los palestinos reaccionen a la violencia que sufren para así poder avanzar hacia su objetivo: una campaña de masacres de palestinos en Cisjordania y luego una campaña de deportaciones de los supervivientes a Jordania, Siria y Líbano. El KKK Blanquiazul sabe perfectamente que los palestinos están asustados, aturdidos y enfadados. Tienen las manos atadas y están solos. Las dos cúpulas de liderazgo, nunca elegidos, se preocupan solo de su propia supervivencia. Ningún país a puesto a Israel el ultimátum correcto: ponga fin a los pogromos y arreste a los perpetradores, ahora mismo, o denegamos la entrada a los israelíes y suspendemos todo comercio y colaboración científica. 

El KKK está esperando que algunos palestinos, que hayan sido personalmente víctimas de ataques o hayan presenciado ataques a sus familiares, jóvenes que ya no aguanten la impotencia ante tanta maldad, consigan armas, dinero y consejos de Irán para organizarse y vengarse de los israelíes. Las «malas hierbas», que es como los demás colonos llaman a los más violentos entre ellos, solo esperan una piedra que haga despeñarse a un autobús lleno de niños. 

Y entonces, la mayoría del pueblo de Israel estará unido con los héroes del Ku Klux Klan y el Ejército, que se encargará de la mayor parte de las matanzas y deportaciones, porque no están atacando, al fin y al cabo. Somos las víctimas".


Enlace de interés sobre el tema:




viernes, 31 de julio de 2026

Soy la sombra de mi sombra

 



Desde hace unos días me persigue una sombra que no reconozco como mía. No es ni buena ni mala, es diferente. Tengo la impresión de que sortea mi cuerpo. De que va a su aire. Que se mueve en dirección contraria a mis movimientos y exagera mis formas. Sé que es la mía porque no se ve otra en el entorno. Y porque mantiene un estilo y un aire que son los que me caracterizan. No es exactamente distorsión lo suyo, pero trata de hacerme creer que soy yo el desubicado. La contemplo divertido porque trae rupturismo a mi existencia. Aunque ella no sepa que uno ha vivido en permanente ruptura desde que le parieron. Encuentros y desencuentros conmigo mismo, podría ser la enunciación que explique una vida más. Una cualquiera. ¿Les sucederá a otros? Intuyo la respuesta y no me inquieta demasiado obtenerla. A estas alturas la sombra de mi sombra ha superado casi todos los complejos. Esa sombra no es reflejo de mí, soy yo reflejo de ella. La luz intensa que trae el alba del estío proyecta una imagen más opaca pero no menos auténtica. Obsesión por una claridad que nunca acaba de mostrar con suficiente transparencia lo que hay. A veces esta sombra finge o se oculta. Adquiere sobredimensión y agita sus extremidades para despistarme. Como si dijera ¿ves? no eres tú, tengo vida propia. O de pronto giro la cabeza y ella no está, aun sabiendo que el espacio en el que permanezco debería proyectarla. Una sombra juguetona, me digo. Pero a la vez me desasosiego. ¿Y si ella soy yo y yo su sombra?, discurro de nuevo. Al doblar la esquina me he encontrado con Peter Schlemihl, dando grandes zancadas, turbado y alarmado. ¿También tú la buscas?, le he preguntado. Pero no he preguntado en la lengua de Goethe y no me ha entendido. O ha disimulado. Por preocupación o por vergüenza.




domingo, 26 de julio de 2026

Cuando el sexo no debía ser cosa de mujeres sino del diablo

 






"Igualmente he cometido un pecado de fornicación y de lujuria porque experimenté en mi interior el placer y el pensamiento de gula y lujuria por la polución del cuerpo, tuve trato carnal deshonestamente con mujeres y las amé, profiriendo palabras lujuriosas, tocándolas, abrazándolas, besándolas y, algunas veces, cometiendo actos deshonestos; y si no de hecho, sí de pensamiento, deseé hacer y practicar adulterio, incesto, rapto y otros pecados contra natura".

Andrés de Escobar o también conocido como Andrés el Hispano. Modus confitendi. Manual para la confesión. De la edición del impresor Juan Párix de Heidelberg, en Segovia 1473.


Oh, el sexo. Oh, el pecado. Cuánta insistencia en culpabilizarnos. Cuánto afán en denigrar lo hermoso y placentero. Qué obsesión por dirigir nuestras mentes y empequeñecerlas. ¿Cómo podría una moral de la represión facilitar una ética de la libre conciencia personal? Dices que a la carne hay que educarla. ¿Con castigos y tormentos? ¿Con condenas y expulsiones a las tinieblas externas? ¿Quién es quién para decir a otros cómo debe sentir sus emociones, cultivar sus afectos, percibir sus sensaciones y dirimir qué clase de contacto quiere tener con otro individuo? Uno, que apenas ha recibido enseñanza, ha visto aparearse a toda clase animales. ¿Iban a ir los animales humanos a la zaga de otras especies? No sabremos nunca del deleite de los animales en sus contactos. En cambio, ¿no hay un punto de satisfacción deseable en cuanto nosotros establecemos y llevamos a cabo en soledad o coyunda? Cuando los inductores de la moral malsana nos amenazan, una de dos: o ellos renuncian a ser humanos en plenitud o simplemente son unos falsos. ¿Es la consecuencia de las propias contenciones de quienes instigan contra nuestra naturaleza la que intenta disfrutar con las inhibiciones de los demás? Dicen que nos abstengamos pero ellos se recrean en los relatos secretos de la gente sencilla. Y así, caro amigo, ha llegado a mis manos uno de esos manuales de los que se creen elegidos para la salvación, y que escriben y dictan conductas por doquier como si estuviesen por encima del bien y del mal. Parecen estar dirigidos solo a una parte de la humanidad. ¿Dónde la mujer? Todas las recomendaciones van dirigidas al varón. Al rebuscar en él las causas de su supuesta perdición se nos muestra a la mujer como la causante tentadora. Y ella, ¿acaso no existe por sí misma y por sus necesidades íntimas? Al enfocar del modo que plantean sus pontificaciones, como si solo el hombre fuera el sujeto víctima, ¿no está ignorando a la otra persona? Dicen: el demonio te acecha con el rostro que más le conviene y en este caso elige el de la mujer que busca pervertirte. ¿Nunca es tentada ella?  Dicen: no os pongáis en brazos de la infidelidad, ni siquiera con vuestra imaginación y vuestras ensoñaciones. ¿Ellas siempre objeto? Su presencia palidece o se oculta ante el designio que el mandato que dicen divino ha reservado para el varón. Al leer el manual ¿no se tiene la sensación de que se busca de manera indirecta y sibilina un oscuro deleite lascivo a través de los comportamientos del prójimo? Por qué tanta obsesión sobre la llamada de la naturaleza. Por qué la distinción cruel entre los cuerpos. Por qué...


(Aquí se corta esta insólita epístola anónima medieval de fecha incierta titulada en su comienzo como Rebellionis contra praedicationem insalubrem) 




*Imagen de un canecillo de la iglesia románica de San Miguel de Fuentidueña, Segovia.

martes, 21 de julio de 2026

La vuelta al tiempo

 



"Hay que dar vuelta el tiempo como la taba,
el que no cambia todo no cambia nada".

Alfredo Zitarrosa. Canción Triunfo agrario. 1978


¿Y si todo hubiera sido como en la canción del uruguayo? ¿Y si aquellos intentos no fueron vanos? ¿Y si del error provienen algunas correcciones que luego no se han sabido o podido mantener? Mirando el devenir de los acontecimientos se interpreta lo que llamamos historia. Mirando la intención que congeló aquello tan al uso verbal y manoseado que dice el fin justifica los medios se interpreta la narrativa vivida. Pero esta es también historia, dirás. Sí. Una historia realizada pero a la vez frustrada. Una historia vivida pero apagada. Los objetivos partían de intensas pero frágiles ilusiones. El esfuerzo nacía de la necesidad. Pero las posibilidades se nutrían de errores de cálculo. Y todo resultaba la expresión de la rabia, de la no aceptación de lo existente, de la fe en lugar de la razón. Del equívoco entre probabilidad y posibilidad. Pero ahora lo piensas en la distancia, en lo cambiante que ha sido todo, y te preguntas que si no se hubiera intentado precisamente un todo, ¿se habría logrado algo? No quieres obtener una respuesta que te deje tranquilo, que te haga creer que mereció la pena el riesgo, el desatino, las pérdidas. El atisbo de una incierta luz. Fue así, sin más, te dices, te justificas. Te consuelas. Nadie de cuantos hicieron el intento desde puntos de vista diferentes, si bien convergentes, puede asegurarse el acierto. Ni la salida estaba en nuestras manos, ni había respuestas realistas a la situación de un mundo más complicado que no podíamos intuir en todo su verismo. Pero cada paso propio fue también, no sé si consecuencia o casualidad, un paso ajeno. Y un paso sobre todo obligado, para bien o para mal, en quienes siempre sujetan el tiempo de todos. Puede que el fallo venga de ese espejismo de creer que podemos controlar los tiempos. Porque el tiempo siempre es plural. Y no necesariamente, o mejor dicho, casi nunca, acaso sea el nuestro el que marcan desde otro ámbito los personajes de la oscuridad. ¿Aparecimos entonces y aparecerán otros en otro momento, cuestionando los personajes y la trama de esa oscuridad?  


La foto está raída, no solo desgastada. Alguien, acaso el trasiego de los días, tal vez una mano negra, ha querido ir borrando desde su torso a la mujer joven. Pero el rostro permanece con la plenitud de su edad.  Hacia quién dirige la sonrisa el arco de esos labios. Con qué luz se alumbra el inferior de sus pómulos. Qué extraño rictus ensaya inconscientemente. En qué objeto deposita la mirada como un intento entre distraído y expectante. Por qué el enmascaramiento en torno a sus ojos los hace más luminosos. La raya de sus abundantes cabellos ¿es horizontal o vertical? Separa su melena como si fuese el reflejo de los dos hemisferios que dividen su cerebro oculto. ¿Qué preservará su mente que aparenta encontrarse en otra parte? Hay todo un mundo en su pose en ebullición y ella quiere disimularlo. ¿Será el instante captado un esbozo del porvenir o una puerta cerrada que ha obviado al pasado? 'Cuando todo pasa / surges silenciosa y abierta como un río', tomo estas palabras cantadas por el poeta que conociste. 



*Fotografía familiar hallada en un baúl de los recuerdos.

domingo, 19 de julio de 2026

Algunos libros sobre cierto episodio sangriento

 




A raíz de la entrada anterior alguno me ha sugerido si podría indicar algún libro que trate la guerra civil española con rigor y competencia. Por supuesto, yo soy el que soy y por lo tanto subjetivo. Quiero decir que puedo citar algunos textos que a mí me parecen necesarios, interesantes y rigurosos, de historiadores que no se prestan a demagogia ni populismo. Y a ello me he puesto. No quiero decir con esto que conozca todos y cada uno de sus contenidos. Pero en este sentido cada cual, si está interesado, puede aproximarse -vía biblioteca pública o librería- al que elija. También por internet se pueden encontrar referencias sobre los mismos. 

Casi todos los libros mencionados se centran en el desgraciado enfrentamiento de 1936 a 1939. Algunos proyectan su tiempo de consideración más allá de la fecha. Algún otro escarba ya desde el siglo XIX. Todos ellos tienen un carácter de manual porque luego hay infinidad de libros publicados sobre temas concretos. La España de la Guerra Civil fue como un estallido en todos los planos de vida social y además en un contexto internacional que no favoreció a la República constitucionalmente elegida. Por lo que hay obras editadas sobre los líderes políticos, los partidos, los sindicatos, el papel de la Iglesia, la situación económica, la lucha de clases en las ciudades y el campo, la cultura, los maestros, las instituciones, la ayuda militar exterior, la intervención extranjera, las armas y el oro, la intervención de los nazis y los fascistas italianos, las Brigadas Internacionales, las ideologías en vigor, el dictador, etcétera, es decir, un inmenso campo más concreto y detallado para quien esté interesado en conocer más a fondo. Se ha dicho muchas veces que la Guerra Civil española es el tema sobre el que más se ha escrito en el mundo. No lo sé. Por supuesto, ni todo lo escrito es meritorios ni verdadero estudio que aporten con rigor y honestidad. Ciertamente también hay editados muchos libros de tipo testimonio, de gente que vivió aquel conflicto, bien española o foránea y que vino aquí. Unos ejemplos. ¿Cómo olvidar un libro tan entrañable como Homenaje a Cataluña, de George Orwell, o bien sus escritos sobre la guerra? ¿Cómo no leer a Manuel Chaves Nogales en sus crónicas o novelas? Ciertas obras de testimonios o novelas con base y conocimiento de situaciones pueden aportar también mucho conocimiento.

Si alguien saca provecho de esa relación que expongo abajo, pues bien. Por mi parte sigo abierto al conocimiento de un suceso colectivo, fundamental y decisivo en la historia de nuestro país, que incluso a los que hemos nacido mucho después nos ha obligado siempre -¡noventa años más tarde!- a cuestionarnos el pasado y el presente. Y enfrentarnos a las falacias, deshacer los mitos y desentrañar lo oculto. Eso sí, uno ya es muy mayor para dejarse embaucar por el revisionismo engañoso que algunos practican e intenta separar el grano de la paja en sus lecturas.



* Foto superior. Alfonso Sánchez Portela. La boda de los milicianos.


Ángel Viñas. En el combate por la historia. La República, la Guerra Civil, el franquismo. Editorial Imperdibles,

Ángel Viñas. ¿Quién quiso la guerra civil? Editorial Crítica.












 Santos Juliá. República y guerra en España. Espasa.











   Santos Juliá y otros. La guerra civil española. Shackleton ediciones.










Antony Beevor. La guerra civil española. Editorial Crítica.










Julián Casanova. España partida en dos. Editorial Booket.










 Bartolomé Bennassar. El infierno fuimos nosotros. Editorial Taurus.










Enrique Moradiellos. La guerra civil española. Editorial Catarata.










Nigel Townson. La República que no pudo ser. Editorial Taurus.










Ángel Viñas. El gran error de la República. Editorial Crítica.










Gutmaro Gómez Bravo. Cómo terminó la guerra civil. Editorial Crítica.










Joseph Pérez. Historia de España. Editorial Crítica.










Paul Preston. Un pueblo traicionado. Editorial Debate.




  José Álvarez Junco. Mater dolorosa. Editorial Taurus.











Paul Preston. La guerra civil española. Editorial Debate.

José Álvarez Junco y Adrian Shubert. Nueva historia de la España contemporánea.
Ediorial Galaxia Gutenberg.









Nicolás Sesma. Ni una ni grande ni libre. La dictadura franquista.Editorial Crítica.










   Ricardo García Cárcel. La herencia del pasado. Editorial Galaxia Gutenberg.









Eduardo Manzano Moreno. España diversa. Claves de una historia plural. Editorial Crítica.










Jesús Izquierdo Martín. Pablo Sánchez León. La guerra que nos han contado. Alianza editorial.









José Álvarez Junco. Qué hacer con un pasado sucio. Editorial Galaxia Gutenberg.


















sábado, 18 de julio de 2026

Una fecha nonagenaria

 


"Traen inquietud las primeras luces del día. No he dormido bien. Oscuros presentimientos. Abro la agenda. No tengo previsto nada para hoy. Medio país anda de vacaciones. Debería salir yo también a pasear. Tal vez acercarme a la librería de lance por si encuentro algo interesante. Se prevé calor". 



"Los renglones esperan en blanco. He tomado un café. No me pide el cuerpo nada más. Me asomo al balcón. No hay el bullicio callejero de otros días. De las escaleras me llega el sonido de pisadas apresuradas. Ahora que lo pienso, en uno de mis sueños intranquilos aparecía gente que se precipitaba desordenadamente en direcciones opuestas cuando no encontradas bruscamente". 



 

"El café me ha entonado. He repetido la taza. Voy espabilando. Escribiré algo antes de que se levanten los demás. Un vehículo ha pasado por la calle a gran velocidad. No es normal. Me he asomado nuevamente por la extrañeza que me ha producido. Otro se dirige acelerado en la misma dirección que el anterior. Tal vez se trate de vividores que empalman la noche con el alba. Quiero concentrarme y aprovechar. Se advierte un calor inusual. Los cuarterones de las ventanas están de par en par. Apenas entra frescor. La atmósfera llega densa". 



"Han llamado con tibieza a la puerta. Un vecino me pregunta si sé algo de ciertos rumores inquietantes. Le digo que no. Me dice que llame a algún amigo o familiar. Le digo que a esa hora no voy a despertar a nadie. Que los rumores pueden ser solo bulos. Él me dice: ¿y si no lo son? Trato de calmarle. Habrá que esperar noticias fiables, le digo. Usted tiene radio, me dice. Le miento. Está averiada desde ayer, alguna bujía. Luego la llevaré a un técnico. Le despido. Si sé algo se lo comentaré más tarde. Me da las gracias. Me ha vuelto el mal cuerpo. No tengo ganas de escribir. Ni sé si salir o no a la calle. Cierro la agenda"


 

(Nota. Dejo de lado estas anotaciones de mi abuelo. Curiosamente hoy es sábado como en aquella fecha fatídica de hace noventa años. Ojalá no cunda nunca hasta aquel extremo la insensatez cainita que, paradójicamente, parece estar larvada en un sector irredento de nuestro paisanaje)


  

miércoles, 15 de julio de 2026

Obscenitas et alia

 




Catulo dice que tu tendencia a la obscenidad viene de embriagarte tanto. ¿Eso dice?, replica Tulio. ¿Precisamente él que no da tregua ni a sus sátiras ni a sus obscenidades? Caro Tercio, viendo que el otro se siente afectado, insiste con actitud  malévola. Lo que parece impropio a ojos ajenos es verdadero saber en boca de Catulo. Pues entiende, Caro, que ese personaje no tiene límites en su procacidad ni cuando bebe agua ni cuando está seco. De acuerdo, amigo, pero considerarás que lo que suelta, aun con intención viperina, lo hace con gracia y con una calidad de lenguaje elevado. Tulio ríe con desdén. ¿Hablar con impudicia y a la ligera es calidad?, dice. Por supuesto, puede tenerla, insiste Caro Tercio. Los vocablos valen por sí mismos si son oportunos en su uso. Aunque resulten insultantes en la apariencia dejan de serlo si el objeto del mismo se lo merece. Y Catulo sabe dirigir sus dardos a los de cualquier clase, sin ir descaminado en sus juicios de valor. ¿Desconsiderado? Probablemente. ¿Equivocado en sus calificativos? Pocas veces. Conocerás, aunque sea de oídas, que César ha tenido que soportar sus impertinentes palabras, mientras que los amigos y las amantes no se han visto libres tampoco. Ni que decir tiene que sus enemigos, que tantos se ha granjeado, son los que más cargan con los improperios e invectivas de Catulo. Y sin embargo no cae mal a todos, más bien muchos admiran su capacidad retórica y su pasión por defender la lengua incluso en los términos más procaces. Aunque haya quien se merezca una descalificación no es el insulto sino el razonamiento lo que hay que oponer, dice Tulio. Sería deseable, remarca Tercio, pero te recuerdo que Catulo no es ajeno a hablar con propiedad y utilizar argumentos. No en vano se le reclama su asistencia a tanto cenáculo o festín. Peores procederes hay en el Senado o entre los comerciantes y jurisconsultos más reconocidos de la urbe que sin aportar nada y razonando escasamente lanzan a lo loco sus invectivas para dañar al contrario. Tulio, al que se le ha quedado un gesto grave, ve que el diálogo no lleva a parte alguna. Amigo Tercio, en todo caso mi obscenidad queda dentro de mí, no voy haciendo ostentación, y si alguien debe quejarse debería ser la persona sobre la que me haya manifestado o a la que haya perjudicado con mi comportamiento. ¿Qué podéis saber Catulo u otros o tú mismo de mis pasiones, si además siempre he sido recatado y respetuoso? Todo esto me huele a calumnias, que tal vez ni siquiera provengan de Catulo, sino que buscan lacerar mi reputación honesta o intervenir en mis negocios. Te diré más. ¿Acaso no son las mayores obscenidades difamar, mentir y hundir la honra de la gente cabal? ¿Solo la lujuria amorosa es obscena? ¿No hay mayor impudor que el de quien preconiza una moral para los demás mientras incumple la propia? ¿No muestra más inmundicia el político que dedica su puesto y su voto a la descalificación despiadada del adversario? ¿No es más larga la deshonestidad del que hace y deshace las leyes o bien las interpreta a su antojo? La verdadera indecencia tiene innumerables rostros, Caro Tercio. No caigas tú en los mismos defectos.




* Representación báquica de mármol. Museo Arqueológico Nacional.

domingo, 12 de julio de 2026

De tú a tú

 




"Algunos atribuyen a los dioses cuanto 
sueñan como hombres".

Jorge de Sena. Poema To be or not to be.

¿De qué sacas tú, Proteo, eso de que todos los hombres nacen iguales? ¿Quién te ha  sugerido una opinión tan osada que además va contra la razón imperante desde el principio de los tiempos? ¿De qué sueño o vana ilusión vives si sabes que has nacido como has nacido y morirás en el olvido? Nadie elige sus días. Nadie decide su naturaleza. Nadie es dueño de su voluntad. Nadie tiene garantizada su subsistencia por el mero esfuerzo. Los días son una senda incierta. La naturaleza es la tutora caprichosa que nos sigue poseyendo. La voluntad es un recurso limitado. El esfuerzo está condicionado. ¿Crees tener libre disposición para obrar? Alguien te ha dicho que es así y que se ofrece a enseñarte cómo hacerlo. ¿Te fiarás? ¿Te pondrás en sus manos? Siempre han proliferado maestros, dirigentes, sacerdotes, tribunos y profetas cuyas recetas han ido dirigidas a reducir al individuo a la mínima expresión aunque invocaran su desarrollo. O, mejor dicho, a la expresión que ellos quisieran que fuese asumida por cada cual. Si hay dentro de ti un espacio que permanece interrogativo no entres al quite. Si tu inquietud posee todavía una porción de energía no concedas carta de creencia a las voces que dicen pretender salvarte. Si hay en tu interior una cierta intención de buscar más allá de las palabras falaces no concedas margen alguno de tu personalidad a los embaucadores. Sal al encuentro del que esté como tú. De quien humildemente te mire porque se halla reflejado en ti. De quien al hablarle te escuche y tú seas capaz de atender sus cuitas. ¿Cómo confías en disponer de la libertad cuando esta ya viene con las cartas marcadas? Cuestiona la apariencia de las cosas y desdeña la moda que resuene en cada momento. Tal vez en tu persistente NO estés descubriendo tu íntima e irrenunciable dignidad.  



*Crátera del Museo Arqueológico Nacional. Madrid. 


miércoles, 8 de julio de 2026

Invitación a la danza, de Miquel Martí i Pol




"A duras penas mantengo intacto
un viejo reducto que al correr del tiempo 
se ha convertido en una fortaleza. 
Parapetado detrás de lo perdido, 
con lucidez defiendo el privilegio
de ser quien soy, de escribir como escribo
y de vivir como vivo, siempre que el cuerpo
se me conserve dentro de unos mínimos aceptables.
Ahora que agosto bate sus metales 
con una escandalosa desmesura, 
yo me refugio en la solemnidad
que se ha integrado en mí y me representa. 
Después, los dioses dirán por qué camino 
y con qué gente debo seguir la ruta; 
dócil y grave alargaré las manos 
para aprender el nuevo ritmo de la lluvia".


Qué bueno es el poema Invitación a la danza, de Miquel Martí i Pol, del poemario Después de todo, que le hace a uno meditar. 

Quien no mantenga incólume un rincón del viejo reducto -¿acaso un residuo de la inocencia?- no se sentirá protegido del todo. Hay que dar lo perdido por perdido. Hay que saber ser incluso con lo que no se tiene ya. Amistades, familias, reconocimientos, ilusiones, capacidades, salud...se han ido fugando de nuestro entorno y de nuestro imaginario. Es el tiempo de pugnar por aguantar el tirón en los márgenes secretos, que paulatinamente se van reduciendo. Impugnar lo no realizado o el fracaso de lo que hicimos es ineficaz. Húyase, pues, de los lamentos. Ha ido llegando un nuevo mundo en el que nos cuesta reajustarnos. Un mundo que no nos admite como fuimos y con dificultad nos soporta. Un mundo con el que engarzamos dificultosamente y a contrapié. Los viejos espacios no nos pertenecen. La luz es más tibia y el ruido ensordecedor que nos rodea pretende empequeñecernos. Hay quien reivindica antiguos conceptos. Tales como dignidad, saber, bondad, apoyo, libertad interior. Si son actitudes conquistadas en la personalidad del individuo, bienvenidas sean y alabadas que se mantengan. Sirvan, pues, para la supervivencia. La solemnidad del poeta es un arcano. ¿Cada cual tendrá su propia solemnidad o se trata de otra ficción más que se empeña en concedernos una tímida esperanza? Basta tal vez con que nos valoremos en un afán de persistir en una resistencia, por otra parte cada día más menguada. Frágil ya nuestra renuencia ante el desgaste solo queda confiar en que este no duela. Porque dolor es recordar. Dolor es pensar en lo que una vez fuimos o creímos ser. Dolor es saber que no nos bastaron las fantasías y los placeres efímeros. Dolor es evocar compañías desaparecidas. Dolor es ser conscientes de lo poco que aprendimos y ve a saber cuánto metabolizamos. ¿Andar el camino? ¿Qué camino hay por delante que pueda ser mejor de lo que nos parece que fue? No me cabe duda de que imploraremos la lluvia ante una purificación imposible. 






* Estatua romana de mármol, siglo II. Villa de Algorós. Elche. Museo Arqueológico Nacional.
* Fotografía de Miquel Martí i Pol.