lunes, 29 de febrero de 2016

Reconciliación













Se suele hablar, harto tópico, de conciliar el sueño. Pero, ¿y si el sueño no fuera otra cosa sino la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos? El acto efímero, recurrente, que nos desconcierta. Donde nos enfrentamos cara a cara como amigos y sobre todo como enemigos. Los demás personajes que aparecen en él son secundarios. Las escenas, simples tramoyas. La acción argumental, un guión de serie B para justificar el tema principal: la necesidad de nuestro reencuentro profundo y, en la medida de lo posible, verdadero.



(Imagen del film Sunrise de Mornau)

sábado, 27 de febrero de 2016

El valor de los gestos humildes




Oigo y leo por ahí que en Reino Unido se está empezando a celebrar a lo grande la efeméride de los cuatrocientos años del fallecimiento de William Shakespeare. Que tienen preparados variados actos y difusiones por aquello de que se le considera el autor nacional por excelencia y la ciudadanía y sus representantes saben ser generosos con la memoria y agradecidos con lo que vale. Oigo y leo que se cumplen también los cuatrocientos años del óbito del otro grande, Miguel de Cervantes, pero la pobreza de los actos previstos, la cicatería organizativa, la dudosa visión sobre el valor de la cultura y la falta de interés campan en las administraciones del Reino de España. De reinos va la cosa, más que de autores, y siguiendo a Hamlet, algo huele a podrido en ambos territorios coronados, si bien por diferentes motivos. Pero al menos el tufo es menos si se incide en lo que salva y dignifica. Las obras del dramaturgo por una parte y las del del novelista por otra. Sin entrar en competencias, ¿quién habrá sido más leído dentro del recinto de sus reinos respectivos? No me atrevo a apostar porque seguro que ganaría. Pero si las autoridades patrias que tanto han cacareado siempre y con escasa convicción sobre la lengua castellana no son capaces de estar a la altura de un homenaje y promoción del legado cervantino, apaga y vámonos. En realidad, tampoco se trata de celebrar a Cervantes solamente cuando hay efemérides de por medio, y me daría con un canto en los dientes si se promocionaran de manera estimulante y continuada las obras de nuestros clásicos que, dicho sea de paso, son en muchos casos bastante más modernas, originales, enjundiosas y divertidas que lo que se escribe en estos tiempos. 

Siempre nos quedará el valor de los gestos humildes, por cierto. Como la instalación de ese mural en la ventana de un céntrico colegio público de mi ciudad recordando el aniversario del escritor. No sé si los viandantes serán receptivos al mensaje. Yo, en las próximas y nada lejanas elecciones a las que desgraciadamente parece que estamos abocados, votaré al candidato de las novelas ejemplares y de la historia del hidalgo. Lo tengo claro. Me pongo ya a hacer campaña.





viernes, 26 de febrero de 2016

De ayer a hoy




¿Quién dijo que la decrepitud es la antesala de la muerte? Hay algo de resistencia opositora a los tiempos presentes por esas calles cotidianas. Por el contrario, la bonanza de un invierno menos invernal que otras veces ha traído ya floraciones insospechadas. Debo ser de los escasos transeúntes que se detienen a dedicar una mirada de asombro y perplejidad a lo feo y a lo bello casi por igual. El trastero de la memoria es inagotable. La capacidad diaria de sorprendernos aporta algo de optimismo. No todo es banalidad ni engaño.  





miércoles, 24 de febrero de 2016

Palomas y kirikas



En estos tiempos de halcones de casi todo, por no hablar de otras clases de depredadores humanos, es un alivio saber que existen otras especies de low cost. No hago más que pensar en ello desde que hice ayer la fotografía.

NB. Me hiere la sensibilidad la canallesca y cainita actitud de los buitres humanos que cunden en el ruedo ibérico:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/02/24/madrid/1456302927_277250.html





martes, 23 de febrero de 2016

Recordándote, Emilio




Por supuesto, por entonces no ibas con sombrero ni barba. Pero sí ya de clérigo protestón y desacorde con aquella sociedad de élites corruptas. Con ese por entonces quiero decir que yo era casi un chiquilín, un novato de la vida adulta. Que no sé por qué desembuchabas conmigo tus iras en los cafés del Pepillo, en el Grande de Ávila. Tal vez necesitabas un neófito que empezara a tener fe en una vida más amplia que la que ofrecía aquel tiempo, aquel régimen, aquella sociedad provinciana y caciquil, aquellas doctrinas cerradas. Para desahogarte y tener un interlocutor que recogiera el mensaje de tus propios hallazgos. Yo necesitaba escucharte para saber de otra vida que no me contaban. Cuando me empezaba a gustar la historia de eso tan complejo y discutible llamado Arte y te enfadabas por las aberraciones que empezaban a cometerse con las falsas restauraciones de los monumentos. Aquel rosetón de cemento que suplantó al original en San Pedro te irritaba tanto...Lo tendrá algún cacique en su finca de recreo, me decías. Ejemplos tan reducidos  -hoy abundan y agobian los que hablan de la corrupción-  eran para mí un dato a tener en cuenta. De alguna manera me hiciste díscolo. Aportaste tu grano de arena para que yo no me creyera los cuentos que León Felipe denunciaba. Luego, todos nos hicimos mayores, no supe de ti, siempre teniendo pendiente una toma de contacto que no ha podido ser. Ávila sigue ahí, pero nosotros no; todo ha cambiado.  Salud y levedad, Emilio. No como deseo solamente, sino como satisfacción de haberte conocido una vez, un tiempo, una necesidad de hacerse el hombre que más o menos onerosamente va conmigo.



En memoria de Emilio Rodríguez Almeida, que dejó de estar el domingo 21.

 


lunes, 22 de febrero de 2016

77 años después




Mirad. Solo hay uno que no mira de frente. Que dibuja garabatos imposibles con un bastón. Los demás, recluidos en sus rostros severos, mantienen el tipo, que no la esperanza. El hombre caído, geómetra de escrituras y filosofías de la vida, no tiene ya ganas de alzar la cabeza. Todos son perdedores. Él, esos días, el que más. ¿Acaso en ese instante recuerda aquellos versos que escribiera veintitantos años antes?

El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero...

Pero él sabe que no, que no tiene mañana, y es ahí cuando se siente más ligero que nunca de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar.



* El 22 de Febrero de 1939 fallecía exiliado en Collioure, Francia, Antonio Machado Ruiz.



domingo, 21 de febrero de 2016

Diario apócrifo, y 7













"...Que las palabras terminan donde termina todo lo demás deberíamos saberlo, me tenía dicho quien sabía de ello. Hasta entonces nos sentimos fértiles, aunque tal vez fue una añagaza para persistir en el día a día. Hoy siento que se van desenganchado de mí. Que ellas, el pensamiento, las emociones y los sentimientos, desde la ternura hasta el odio, llegan hasta aquí. Se diluyen porque yo me voy..."


sábado, 20 de febrero de 2016

Diario apócrifo, 6















"...Al principio pensé que lo más importante para mí era ser poeta. Yo me empeñaba en la máscara y nunca sabía con claridad si la poesía era el aprendiz a tientas que llevaba dentro, primero para distraerme, luego para conocer a otros, más tarde para reconocerme en esa especie de círculos concéntricos de la expresión escrita. Hasta que mi maestro me lo aclaró: lo importante es ser hombre antes que poeta y sentir en ti antes que nada; todo lo demás vendrá por añadidura. La que tú pongas de tu parte, que no la caída del cielo, añadía jocoso..."


(Caricatura de Torres)

viernes, 19 de febrero de 2016

Diario apócrifo, 5















"...Ahora tengo más conciencia que nunca de que ni he sido único ni todos los demás que he pretendido. De estar aquí el maestro me corregiría: eres el que has sido, nunca el que pretendías ser, me diría. Me conformo con haber sido el hombre que se complementó a sí mismo, o que lo intentó, cuando no le satisfacía una de sus dos mitades. Nunca me gustó el hombre que se tuvo por suficiente y mucho menos el engreído que fanfarroneaba como total. Ambos no sabían lo que se estaban perdiendo de sí mismos por elegir un camino cerrado..."




jueves, 18 de febrero de 2016

Diario apócrifo, 4












"...Nada me dolió jamás de tal manera como aquel Duelo a garrotazos que pintó Goya. No es el mero garrote como arma sino el brazo armado que la esgrime lo que me crea honda desazón. Dicen que dirimir las diferencias de esa guisa es algo que llevamos en la sangre. Demasiado abandono a la ignorancia, excesiva exhibición de la baladronada, desconsoladora manera de discrepar. El culto a la sangre y a quienes la propagan, incluso sacralizándola, me produjo siempre un asco profundo y un horror hiriente. Tanta ausencia de letras se paga. Tanta falta de atención a lo que dice el otro dificulta el entendimiento. Y luego la mala voluntad, hija de la soberbia, de la envidia y de la ira..."



miércoles, 17 de febrero de 2016

Diario apócrifo, 3















"...No me ha abandonado mi maestro y son sus enseñanzas las que aún me sostienen. Pero ¿quién iba a decir que tanto ingenio, tanta cordura y tanta cautela razonada como la suya iban a acabar de esta manera? La sinrazón triunfa hoy por mor de la fuerza más bruta de los hombres. Pero si las palabras del maestro quedan como simiente, pequeña y lenta acaso, mas eficaz, otro gallo cantará algún día..."



martes, 16 de febrero de 2016

Diario apócrifo, 2















"...Yo, que me he acompañado de la duda toda la vida, veo que me va llegando ahora la única certeza. Una vez que lo irremediable tomó la forma del despojo entre los míos y sabiendo que allí todo está perdido, siento que este cuerpo no sabe resistir y no encuentra cada día que pasa el pequeño hueco necesario donde seguir siendo..."



lunes, 15 de febrero de 2016

Diario apócrifo




"...No me encuentro muy bien, pero me asomo a la terraza. Allá abajo, muchos otros se encuentran peor, si es que se encuentran. Solo me queda buscar el dudoso sol de febrero, aquí février a secas, allá el loco. Como si el clima, siempre tan fiel a sus ciclos, cometiera más locuras que los hombres..."



sábado, 13 de febrero de 2016

Paradoja




Tal vez no se puedan poner puertas al campo, pero sí alambradas.

(El derecho sacrosanto de propiedad versus los signos de la primavera que pretende destellar poco a poco)

viernes, 12 de febrero de 2016

Desnudeces. Efímeros

















Una voz, la de Píndaro, que nos avisa, aunque muchos no quieren enterarse, de nuestras vanidades. "Efímeros somos, ¿qué es uno? ¿qué no es? Sueño de una sombra, el hombre". Entre ese ser o no ser que no se desenmaraña de la pregunta, el transcurso. Los acontecimientos transitan y nos empapan. Con ellos el lenguaje, el pensamiento y el diálogo. Pero ¿por qué a veces estas herramientas, que nos hacen y que de hecho habitamos en ellas, nos parecen insuficientes y casi agotadas? Tal vez el ruido excesivo o el ritmo oneroso de lo superfluo o simplemente la inhibición de su uso. Los habitantes "entre la ciudad sí y la ciudad no" (Evtuchenko) no podemos extendernos más allá de unos confines, por mucho que deseemos prolongarlos. El árabe Ibn al-Mu'tazz debió beber la filosofía del griego cuando tan poéticamente, y menos mayestático que Píndaro, escribió aquello: "¿Acaso el mundo no es sino la sombra de una nube que, no bien el hambriento de sombra la anhela, se disuelve?"




jueves, 11 de febrero de 2016

El conocimiento es la esperanza




La gran noticia del día es esperanzadora. en medio de tanta ruindad y conflicto entre humanos. Y proviene de la naturaleza inmensa que nos supera. Veo en ella esperanza porque está relacionada con el conocimiento. La confirmación de que las ondas gravitacionales, de las que se había hablado e investigado desde hace muchos años, existen. De ello comenta la prensa y la investigación astrofísica seguramente dará más pasos de gigante en nuestra aproximación al saber sobre el universo. Todo conocimiento es un paso positivo y más si se hace del mismo un uso constructivo en la historia humana. Casual y paradójicamente leía hoy también estos versos del poeta español del siglo XVII Gabriel Bocángel:

"Lo que pasó ya falta; lo futuro
aún no se vive; lo que está presente
no está, porque es su esencia el movimiento.

Lo que se ignora es sólo lo seguro.
Este mundo, república de viento, 
que tiene por monarca un accidente."





miércoles, 10 de febrero de 2016

Desnudeces. Los muertos



















Sustancialmente nada diferencia a los muertos registrados, luego reconocidos, de los muertos ignotos, de los que no se quiere saber. Solo nombres en lápidas y ubicaciones de tumbas, en unos casos, o cunetas, montes o solares vergonzantes que los acogen entre sus venas en otros. Estos son los muertos de la vergüenza, de la injusticia y de la incuria españolas. Esas plagas específicamente nuestras que no solo se ceban con los vivos, sino que en un canto siniestro de ingratitud no se quieren erradicar de una vez para siempre. Desprecio a la memoria, a la tolerancia, a la hermandad. Pervive un cainismo supersticioso y secular, que muchos reducen al dicho más vale no meneallo. Cuando paseo por los Montes Torozos me cosquillean los pies en algunas zonas, recordando viejos testimonios familiares. Cuando visito el cementerio antiguo de la ciudad me hierve la sangre cuando piso una zona devastada que acoge tumbas de librepensadores, masones, católicos rebeldes, no católicos o republicanos fallecidos en la noche de los tiempos. Después de un rato, aquel espacio sin apenas nombres, sin cuidados, sin reconocimiento me produce una cierta placidez. Es un espacio de libertad. Ellos, los diferentes en un país dogmático tradicionalmente, están tal vez mejor así. Su tierra les es tan leve como a los muertos de los sepulcros lujosos o simplemente rotulados. Bajo tierra, la clase social y el pensamiento son solo materia ajena.





martes, 9 de febrero de 2016




- Pues nosotros no nos metemos en la caja, hala. Que se escondan bajo las piedras los que tienen mucho que esconder.

- Más bien que devuelvan lo que tienen que devolver.





lunes, 8 de febrero de 2016




- Oye, Verde, qué país más hipócrita, ¿no?

- Oye, Amarillo, mejor nos metemos de nuevo en la caja, ¿sí?


Desnudeces. Náufragos
















Náufragos. A los lapiceros se les perdonaba la vida cuando al pulgar y al índice al unísono ya les costaba cogerlos. Un indulto de vejez. La juventud faber castell apretaba y nuestros dedos deseaban palpar la nueva sangre. Eso fue en otro siglo, antes de la era informática. Pero el tacto y los labios recuerdan. Nuestros sentidos deben tanto a los lápices. Y aquella inmersión en pensamientos perdidos cuando teníamos una vida por delante.


domingo, 7 de febrero de 2016

Desnudeces. Azar















Cuando me viene a la cabeza la palabra azar no razono. Me pongo a ciegas en sus manos y contemplo el trébol que llegó un día, no se sabe cómo, y se ubicó en una maceta huérfana.


jueves, 4 de febrero de 2016

Desnudeces. Materia prima















Que la naturaleza sea inclemente se entiende. Lo ha sido desde el principio y aun ahora lo es para unos más que para otros. Pero ¿por qué las relaciones humanas son también rudas y ásperas? Max Maxius me escucha con gesto de sorna y salta certero: por eso mismo, porque el hombre es lo que se sigue haciendo. No su reflejo ni su proyección ni su desdoblamiento ni su forma. Es sustancialmente totalidad bruta. Y, aunque a través de los siglos, ha refinado parcialmente su condición, la mena es mucha y obra magnética sobre él. Desnuda al hombre y hallarás en su cuerpo la materia acogedora de los árboles, la astucia de las serpientes, la fluidez del liquen, el deslizamiento inadvertido de los peces y, cómo no, la ira del cielo.

Los paseos con Max son siempre estimulantes.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Desnudeces. Aprehender






















He paseado con Max Maxius por la ribera en neblina. La inquietud que late en el hombre es signo de búsqueda, me ha dejado caer. El hombre sigue haciéndose hasta el mismo momento en que se deshace del todo. Qué olvidados tiene sus orígenes, tanto los de la historia de su género como la procedencia individual. ¿Crees que paralela a la trayectoria de conocimiento hay una satisfacción por lo comprendido en cada etapa de la vida?, le pregunto. Max Maxius es tajante: No. El hombre da por hecho que conocer es un mecanismo reflejo y no siempre es consciente del don que conlleva. Ni siquiera del ciclo último de la vida puede decirse que no podamos ni sepamos aprender. Eso me recuerda algo, le digo. ¿Sabes que en nuestra lengua hay otro verbo análogo que casi se confunde, aprehender? Max: Se parece en la forma, aunque no tanto en el concepto así a primera vista. Pero ¿acaso al aprender no poseemos y por lo tanto no aprehendemos algo de lo que nos rodea y que antes desconocíamos? Llegar es ocupar. Tocar es sentir. Escuchar es entrar. Ir hacia la oscuridad última es aprehensión de la vida. Hasta el último latido lo es. 


martes, 2 de febrero de 2016

Examen de ciencia infusa





Tema a interpretar. Una derivación filtrada de los caucus de Iowa asegura que en España va a volver a salir de presidente del gobierno el mismo presidente de gobierno último y actualmente en funciones ni se sabe de qué (leo que la diplomacia española está por los suelos o en el limbo y que el cubano Castro lo primero que hace es irse a Francia y pasar olímpicamente de la madre patria, por algo será) 

Comentario de texto. Debido a la inteligencia, generosidad, altura de miras y sentido de Estado de los partidos políticos nuevas elecciones se ciernen sobre la ciudadanía. Habrá que agradecer a aquellos que no se mojan el look y ni saben dónde están, a los inflexibles y soberbios que quieren conquistar no sé qué cielo, a los que están más marcados por sus barones que por los votos recibidos, a los taifas que quieren poder más de lo que pueden, a todos ellos habrá que darles las gracias cuando el ínclito último inquilino de La Moncloa vuelva a quedarse en su palacete, ad maiorem Dei gloriam de sus fieles, que estos no fallan nunca. 

Consideración moral final. (Aquí que cada uno ponga la suya) Tanta ciencia infusa ¿para qué?



(Ilustración de cachondo de jahvé)



(Ilustración de Guerra en último cero)



lunes, 1 de febrero de 2016

Desnudeces. Lenguaje






















Leo en un blog una cita de Emilio Lledó que me hace pensar. "Porque el lenguaje tiene luz, y no es una metáfora". Tiene o es luz, llave, palanca. No logro entender que los hombres se enreden tanto en la oscuridad y la confusión cuando tienen al alcance la mejor herramienta jamás inventada. Las palabras no se niegan nunca a quien desea utilizarlas apropiadamente. Pero la voluntad es otro dominio del hombre que, egoísta, siente celos de uno de sus hijos.



(Fotografía de una exposición de Benardí Roig tomada del blog el ojo heterotópico)

sábado, 30 de enero de 2016

Desnudeces. Esfuerzo
















Entre el esfuerzo y la derrota no es tiempo lo que hay. Es sangre. Sangre que bulle y rebulle o sangre que rebaja su ritmo o se seca y nos hace palidecer. No debemos de conceder una importancia decisiva a cómo nos vean otros en cualquiera de esos estados. El otro siempre nos ve en función de su mirada y de su comparación. Pero está bien ponernos sobre aviso al advertir que alguien nos admira o nos compadece. Todo esfuerzo nos hace morir un poco más, pero si de inmediato comprobamos que hemos generado un acierto catamos éste como si se tratara del fruto más gustoso. Un sabor que dura lo que transita pero que justifica estar aquí.


viernes, 29 de enero de 2016

El cesto entero





Adalid en productos hortofrutícolas, nuestro gran país ofrece también una variedad de manzanas podridas que se están convirtiendo en cestos completos podridos. Qué bien lo interpreta Guerra en último cero, periódico digital sin red. Uno quisiera que Valencia, y por extensión, todo el territorio español, fuera solamente lo que canta el topicazo de la canción: Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amor...Aunque con la podredumbre que sale a relucir algún vate rebelde podría cambiar la letra. ¿Llegará a buen puerto tanta investigación? Por el bien de las gentes honestas, de la convivencia, de la fruta y de la política que así sea.



jueves, 28 de enero de 2016

Desnudeces. Defensa de la desnudez




Quien oculta la belleza de la desnudez de las esculturas de sus clásicos ignora y renuncia a su propia belleza.



(Fotografía de Toni Catany)


miércoles, 27 de enero de 2016

Defensa de gallinero




Cuando yo era joven y díscolo e iba al cine me gustaba subir con la tropa a gallinero. Era el espacio donde se tomaba la iniciativa para protestar si la película se hallaba en mal estado, si se producían cortes o si se censuraban los besos de los protagonistas. Sin aquel espacio libérrimo de gallinero, donde accedíamos cuarenta y la madre, no lo hubiéramos pasado tan bien. ¿Que la película era mala? El cachondeo general que montábamos nos sacaba del hastío. ¿Que los diálogos no había oído que los captase? Poníamos sonido colectivo en do mayor. ¿Que el morreo entre el chico y la chica del film nos parecía logrado? Aplausos y pitadas entusiastas. ¿Que el argumento se alteraba cuando llegaban escenas de amor que se nos hurtaban? Pataleo general, poco comprendido por las gentes de bien que se sentaban en butaca de patio. ¿Que nos reconcomía la ansiedad del film? Nos poníamos las botas a pipas. Ya mayorcitos gallinero fue también un lugar idóneo para dejar caer octavillas, pero tenía sus riesgos, por supuesto, aunque la emoción purificadora bien valía la aventura. Así que reivindico el noble gallinero. Ese ámbito que rezumó siempre olor a proletariado. Claro, eso era en otros tiempos; hoy no se habla ya de clase obrera, solo se menciona a la gente difusa, y a este paso ni vamos a saber de qué materia humana laboriosa se compone la sociedad. Se ve que nadie quiere estar hoy en gallinero, y de ahí a que la película sea repe y ya la hayamos visto y que además la dirijan los de siempre solo hay un paso. De seguir así volveremos a tragar el NO-DO.







martes, 26 de enero de 2016

Los nobles de la Política





Sí, hubo alguna vez nobleza de la Política. Y nobleza en quienes se comprometían con ella. Incluso -¿o sobre todo?- en los tiempos oscuros en que el riesgo era doble. Por un lado, porque era perseguida la expresión del pensamiento y la asociación de personas para defender la Política y las opciones políticas. Por otra parte, porque el mismo concepto Política estaba demonizado por el régimen político de los corruptos. ¿Ironías del destino? No, simple imposición a sangre y fuego. Solo se permitía hacer política, monolítica y dirigida, eso sí, a las gentes de un palo. Los fieles del régimen se limitaban a corear a la camarilla que guardaba el rebaño. Cualquier otra política del disidente no es que fuera solamente perseguida por los actos subversivos de los mismos, sino que estaba devaluado el concepto. Ese fue el gran triunfo del nacionalcatolicismo. La sociedad -familiares, amigos de tus padres, profesores, curas- hablaba generalmente mal de la Política. En cuanto expresabas una simple idea que se saliera del beeee borreguil te espetaban: estás haciendo política. Y te enfurecías o callabas, según de dónde vinieran los tiros, por el riesgo, la necedad ambiental y la ignominia.  

Pues bien, creo que la gente más consecuente que he conocido respecto a defender el derecho a la Política fue quienes se opusieron al Poder. Esos fueron los nobles  -no aristócratas- de la Política. Asumiendo riesgos, penas, castigos y desprecios. Después...no digo que no haya habido y haya mucha gente, de base, que es honesta, consecuente y, no obstante la confusión generalizada, que trata de limpiar el buen nombre de la Política, incluso reivindicándola como virtud, pero es eso, gente de abajo que confía aún en ideas. Los instalados, y también habría que distinguir los que se aprovechan de los que tratan de empujar la sociedad civil por buen camino, serían objeto de otra consideración.  

Vamos, que me quedé un poco mal con mis afirmaciones excesivas de la entrada anterior. 



domingo, 24 de enero de 2016

Kafkiana, no. Chapucera





¿Hubo alguna vez nobleza en la política? Aunque las bellas palabras de los clásicos la ensalcen como arte del entendimiento, creo que no. Al menos en España, no. Pero, ¿no podría ser menos infame? ¿No podría dejar de estar tomada por canallas, arribistas y maliciosos? ¿No podría obrar como revulsivo de sí misma? Creo que tampoco. Calificar de kafkiana la situación sería un lujo. Simplemente es una muestra más de la tradicional chapuza.

Este es mi grado de desazón, de desconfianza y de desesperanza tras lo que veo estos días en la ridícula lid del ruedo ibérico.


sábado, 23 de enero de 2016

Simbología. Exégesis varias: dando la vuelta y retorciendo lo inverosímil




Si yo fuera partidario de las teorías conspiratorias vería una historia de ovnis en el grafiti o bien la mano de antiguos habitantes del planeta. Daría la vuelta al dibujo eh voilà! obtendría una representación digna de los indios de las praderas o un ídolo propio de las culturas megalíticas.

Hipótesis:

1. Veo un cuerpo que es agua. Surge de los océanos y es, en sí, océano.

2. Siento un ser emocional que es risa pero también llanto. 

3. Ese ojo único, heterotópico, al decir de Juan Eduardo Cirlot, predomina en la altura rigiendo tanto el mundo interior como el exterior.

4. Ojo que llora en todas las direcciones (aquí, si yo fuera teólogo cristiano fantasearía conque llora por el pecado del mundo)

5. El ojo es el que ahorita mismo, según yo escribo y vosotros leéis, nos controla hasta el tuétano, según predijo hace décadas George Orwell, después de la hermosa historia narrada, no exenta de frustraciones, en su Homenaje a Cataluña (a la de entonces, que nada tiene que ver con la de estos tiempos)  

6. La figura esquematizada está formada por un eje vertical que, o bien es un mero elemento axial por el que sujeta a sí mismo y al medio circundante o bien es una lágrima densa que desciende hasta formar el sexo y/o enlazar con él.

7. En este último caso, si se afina la mirada, puede verse el falo, que ratificaría la tesis anterior, pero también una oquedad que sugiere la gran y hermosa concha de la hembra.

8. Siguiendo el hilo de este último acontecimiento podríamos derivar que una lágrima seminal fecunda la fuente de la vida, también denominado por algún que otro pintor el origen del mundo (Courbet dixit) 

9. En torno al cuerpo, es decir, alrededor de la generación de la vida mamífera, se encontrarían los valles, las montañas, las costas, en fin, todos los elementos geofísicos que condicionan la vida animal sobre el planeta.

10. O bien ese entorno sea un simbolismo muy esquemático y simple del refugio primitivo, la caverna.

11. Si bien podría representar acaso el espacio amurallado, artificial, erigido para la protección de las vidas humanas, los negocios y las mentiras.

12. Más allá de los límites, el desierto tartárico (lo nombraría así Dino Buzzati), pero a mí se me antojan ver reflejadas las otras dimensiones del universo, donde la Tierra y nosotros somos un apéndice minúsculo.

13. ¿Más allá el vacío? No, solo nuestro vacío.



Epílogo (provisional o definitivo, ya se verá): Se me ocurre que la mano que pintó el grafiti estaba leyendo la Odisea y quiso representar a Polifemo saliendo feroz al encuentro de Ulises.





viernes, 22 de enero de 2016

Desnudeces. Petroglifo















El mundo simbólico es infinito. Al fin y al cabo es la traslación de significados humanos a través de lenguajes no verbales que pueden incidir tanto o más que los verbales. También las palabras son simbología. Me gusta del simbolismo el lado imaginativo y abierto. No me gusta la parte manipuladora: su uso para adscribir las conciencias de los individuos a ideas fijas y cerrar la libertad de pensamiento. Iba yo en el autobús, lugar donde con frecuencia algunos chicos dibujan monos, estampan rúbricas sinuosas, escriben invocaciones (te amo Laura) o lanzan proclamas estúpidas cuando no escatológicas (come mierda) Y, de pronto, en el respaldo del asiento que había delante mía, aquella representación, cual mapa antiguo. ¿Representaba algo? No lo sé. Perímetros amurallados de trazo quebradizo, líneas horizontales paralelas, una vertical perpendicular a las otras. La horizontal más superior se prolongaba a ambos lados de su cruz como si finalizaran en manos oferentes. Al sur de la línea vertical colgaba un misterioso ojo heterotópico. Probablemente fuera solo un dibujo que a su autor solo le sirviera para ratificar un ego pequeñito que sus amigos y él mismo necesitaban reconocer y rendir pleitesía. Acaso únicamente se trató de un acto solitario e intransferible, una proyección de una sexualidad aún imprecisa. ¿Quería decir algo más? Yo, viajero circunstancial y retorcido, quería ver una especie de petroglifo sobre el plástico del respaldo. Quería interpretar una figura erigiéndose sobre el cosmos terrenal. Ni más elevada ni más insignificante, sólo un reflejo del humano indeciso. Una actitud de temblor en medio del ámbito inseguro. Un ojo que nos ofrece la virtud de pre-ver, pero que apenas sabemos utilizar, o de ser permanentemente observados, algo que cada vez acecha más a nuestra supuesta libre intimidad. Pude quedarme con el significado de que se trataba de la conducta gamberra de un joven que mancha un bien público que también ha sido pagado por sus padres, pero preferí soñar. Si el chaval supiera lo que yo pretendo ver aunque, como a él, no no nos lleve a ninguna parte, alucinaría. Miento. A él le sirve para ratificar un ego minúsculo y a mí para hacer esta entrada en el blog.




jueves, 21 de enero de 2016

Desnudeces. Cuerpo



Hay algo de rostro olvidado en todas las huellas residuales. Donde parece una mancha de herrumbre en realidad es sangre. Donde la madera se quiebra hay arrugas, Donde cada tablón se divide hay carne lacerada. Pero los agujeros, ay. Esas cavidades que taladran el cuerpo íntegro del hombre. Qué habrán sostenido, qué habrán dejado penetrar, qué oquedades al aire abiertas a otros mundos. Cuánta vida ajena que se hizo propia. Cuánto dolor y cuánto goce repartidos de manera desigual. Cuánta huida. . 



(Fotografía robada a Pedro Ojeda, pero que me ha impresionado, gracias)


martes, 19 de enero de 2016

Desnudeces. Escribiente






















Me encuentro con mi amigo Max. Cuando no tengo ganas de escribir, escribo, dice. Eso es paradójico, ¿no?, le digo. Pero él añade bromista: Siquiera para decir que cuando no tengo ganas de escribir es cuando lo hago. Le miro perplejo y él lo advierte: No, es verdad, hay algo en el ejercicio que se salta el ritmo. Quiero decir que es como si se escindiera tu parte racional o como si la otra parte, la espontánea, se tirara al monte por su cuenta. Sin exigencias, sin saber dónde llegar, sin la disciplina del escribiente sesudo. Por simple placer. Eso está bien, le animo. No sé si basta, aunque tampoco es importante saberlo ni medirlo, pero es sano. Naturalmente todo está función de qué quiere uno hacer u obtener con las palabras. Max quiere ir más allá: Hay un momento en que el hombre debe asumir su desnudez con franqueza. Escribir es una excusa para vivificarse a uno mismo. Para rasgar las telarañas, o desalojar el hastío, o ir contra la corriente que impera. O acaso solamente para sentir desalojada de sus carnes la hediondez con la que se ha impregnado en el barreño social. La desnudez consecuente es, entonces, el apartamiento.



domingo, 17 de enero de 2016

Vacilante soy




¿Por qué lo subtitularía el autor como el libro de la lectura vacilante? Me gusta. Las primeras lecturas eran entonces titubeantes, sí. Hoy no sé. Hoy todo el mundo cree saberlo todo desde el principio, se afirma sin dudar y se confirma incluso desde la oscuridad de los conceptos. Si se yerra, se le resta importancia y, como mucho, formalmente, se piden disculpas superficiales por aquello de no comprometer la imagen, luego el negocio. El pudor por la equivocación y el esfuerzo por la corrección se valoran cada vez menos. Así que me alegro haber sido un hombre titubeante desde mis primeras letras. Los titubeos iniciales implicaron asombro, confusión y más adelante perplejidad. A mí me costó mucho situar a sujetos y objetos de este mundo y desvelar las contradictorias relaciones que unos y otros establecían. Había tanto de laberinto, cuyos caminos relacionaban lecturas con la vida ordinaria, vidas ajenas con la propia, órdenes superiores con necesidades inferiores... ¿Quién dijo que hay más ficción en lo literario, por ejemplo, que en el acontecer cotidiano? El debate aún subsiste. Probablemente aquel método de la lectura vacilante se mantuvo con los años. Un paso adelante, otro u otros dos atrás. Un salto, una parada. Un avance, un quiebro. Un plano que se eleva, un piso que se viene abajo. Seguimos siendo vacilantes. Reconocerlo no es ser frágil. La fragilidad consiste en acometer sin claridad empresas que ya intuimos prestas a fracasar. Vacilar, dudar, barajar posibilidades. Cuantas veces haga falta antes que despeñarnos. No sé si hoy se lleva esto. Hoy muchos no se pierden en los titubeos sino en las presuntuosidades. Tal vez la promesa que yo percibí era aquella: la no vanidad.





sábado, 16 de enero de 2016

Desnudeces. Microplanta






















Mi plantita callejera seguía hoy ahí. Me acerqué y le pregunté: ¿eres una especie salvaje? Ella me miró extrañada. Simplemente vivo. Más allá no sé qué soy, me respondió. Yo insistí: ¿No te importa no saber nada más, por qué estás aquí, por qué eres tan menuda, si vas a crecer, cuánto vas a durar...? La plantita: No. Pero en cualquier momento puede venir alguien de mi especie y arrancarte de cuajo o ser ahogada por los gases de los coches, traté de hacerla razonar. Pero ella me dijo con calma y dulzura: No me preocupa nada de lo que parece preocuparte a ti. Y yo: ¿Por qué te muestras tan insensible? Me dio la impresión de que la planta se erguía levemente: Precisamente porque no soy insensible, porque resisto en mi insignificancia y porque conozco mis limitaciones puedo afirmar que ni soy ingenua ni perversa. Eso me aporta felicidad, algo que difícilmente debéis conocer los de vuestra especie, me contestó con humilde altivez. No supe qué más decir a la plantita  y continué mi camino.



(Sugiero leer este artículo de Jordi Soler aparecido hoy en El País:



 

viernes, 15 de enero de 2016

Desnudeces. Ajenación



En medio -o delante o detrás o a través- de tanta decrepitud y abandono, cunde el renacimiento. Aunque sea en las vidas ajenas. Con diferente rostro y lenguaje, con otro dolor y superación, con distinta resistencia. Zanjadas unas funciones, crecen las nuevas a sus pies. 



jueves, 14 de enero de 2016

Desnudeces. Incertidumbre
















Somos lo que creemos ser. Hay tanto de ilusión en el reflejo, al modo de la metáfora platónica, que no advertimos con claridad en qué lado de la raya vivimos. Cuando cae la lluvia, ¿en qué lado cae? Cuando crece la fronda, ¿es hacia arriba o hacia abajo? Cuando atisbamos un hilo de luz, ¿desde dónde nos llega? Cuando las voces nos invaden, ¿cómo calculamos la distancia de sus sonidos desiguales? Somos la incertidumbre.



miércoles, 13 de enero de 2016

Desnudeces. Cañaveral



















Somos el entorno. El cañaveral. Nos adornamos con la esbeltez ajena. Nos desgastamos con el influjo adocenado que nos llega. Pasan los días sin fecha. Nos refugiamos en lo hondo de la cavidad. Dejamos que penetre la luz mínima pero selecta. La imprescindible. Somos una permanencia a la intemperie.



martes, 12 de enero de 2016

Si-la-bea-mos




Nunca es tarde para fijar la mirada sobre viejas miradas. Mi primera cartilla tenía un nombre precioso. Silabario. ¿Por qué percibo hoy el término con un cierto grado de sensualidad y no como mera técnica de aprendizaje de las palabras por medio de su partición en sílabas? Creo que el silabario, en sentido extenso, lo aplicamos a lo largo de la vida en muchas otras conductas y aprendizajes. Silabeamos  -otros dirían tanteamos-  la aproximación a una persona, a un proyecto, a una intención, a un sueño, a un vínculo en ciernes, a la estética o a los sentidos. Dotamos de palabras, a veces previamente silabeadas, a cada de uno de nuestros actos y pensamientos, sin saber cuántos de estos surgen de aquellas por inercia o si aplicamos las palabras a algo que concretamos o al menos determinamos. Me gusta también que la portada del libro añada el calificativo moderno porque según van cayendo los años uno teme que haya perdido la presuntuosa modernidad. No es que me importe. Me desagrada una cierta clase de modernidad superficial que en la actualidad lo invade todo sin que nos impregne de nada, como no sea de banalidad, tontería y pérdida de tiempo, esfuerzo y recursos. Lo moderno es un término tan relativo para mí como, en otro sentido, pudiera ser el de lo clásico. Y, sin embargo, cuánto admiro ahora lo consolidado, lo que se dota de algunas certezas, lo que se aseveró hace años o siglos sin pérdida de significado y de sentido. Y que en uso desde tiempos antiguos se sigue considerando en pleno valor (no valor de precio) para ratificar nuestros comportamientos presentes, simplemente porque se reveló, además, útil, luminoso, prácticamente indiscutible. Mi silabario moderno siempre fue complementario de mis padres silabarios, si puedo llamar así a mis progenitores con quienes, dedo sobre sílaba a sílaba en el papel, fui domesticando las palabras que llegaban desde ignotos y salvajes territorios a mi cuerpo. Dedo sobre sílaba a sílaba. ¿No era ya sensual entonces aquel aprendizaje? ¿No lo sigue siendo ahora mismo sobre cada descubrimiento al que aplicamos la partición para que llegue mejor a nosotros o nosotros podamos adentrarnos en el paisaje novedoso que es infinito? 

(Por cierto, cuánta intención en la imagen del niño que exhibe el libro abierto. Doble página donde una niña juega con una muñeca y un niño se postra ante la Virgen. Donde el niño alegre casi parece de sexo indefinido, con ese rostro de maniquí de tienda de géneros de punto, esos labios de carmín y esas manos femeninas, de mayor...) 





lunes, 11 de enero de 2016

Yo fui un niño bien educado




Por qué saqué sobresaliente en la asignatura de Disciplina y Urbanidad, no lo sé. Sí, pásmense, en mis tiempos y en aquel colegio existía una asignatura llamada de esa guisa. No recordaba ya la portada del libro que presentaba tal ciencia. Un padre que mira con satisfacción a su hijo; un hijo que permanece receptivo a los consejos de su padre. Un padre de traje y corbata (en tiempos de monos grasientos y ropa raída de albañil) que lee un periódico, sentado cómodamente en un sillón. Una primera plana de periódico de formato Financial Times que saca una fotografía de un tipo que recuerda al padrecito de los españoles de entonces. Un hijo que alza un libro de Historia con la imagen de algún rey de los muchos y muy nobles que este solar patrio ha producido. Una relación cordial y de entendimiento y complacencia mutua entre padre e hijo, vamos. Una imagen de hombres, como debe ser. De machotes, equilicuá. ¿Y la madre? ¿Y las hermanas? Pertenecerían a otro libro, supongo, porque mujeres en mi infancia sí que las hubo. Subordinadas, segregadas, eso sí, pero se las veía en algunas funciones, si bien no en lo que la religión y el régimen consideraban lo más esencial. Mujeres en la cocina, mujeres en la compra, mujeres a la fuente, mujeres lavanderas, mujeres en las procesiones, mujeres sirvientas, mujeres del brazo del marido, mujeres diciendo sí hasta en la estricta intimidad. Bueno, en la estricta estricta habría muchas que dirían no, pero que no se sepa. Estaban, claro que estaban, pero, ya digo, pertenecerían a otro libro de texto. ¡Ni siquiera en clase había chicas! Yo mismo me intrigo tanto ahora...¿Por qué aquel sobresaliente? ¿Porque el libro complementaba las enseñanzas de casa? ¿Porque era fácil de aprender la materia? ¿Porque el niño obseso por el orden que llevaba dentro resultaba propicio a absorber las recomendaciones del medio? ¿Por sus imágenes pedagógicas? ¿Porque me enseñaban las importantes prácticas de la higiene y la cortesía, que me iban a servir de mayor, sobre todo la segunda una vez el niño se convirtiera en hombre hipócrita? Yo fui un niño pero que muy bien educado, matrícula, ya he dicho, en Disciplina y Urbanidad, nada menos. Hasta que la asignatura se hizo trizas en el fuero interno del niño.







domingo, 10 de enero de 2016

Desnudeces. Raíces del cielo





Acostumbrados tenemos a los humanos a ver nuestra fronda. Pero en el invierno nos niegan la mirada. No saben admirar nuestra armoniosa escualidez. ¿Por qué nos ven solamente como adorno o como protección del calor? Aquí está nuestra arquitectura esbelta. Aquí nuestro ramaje ahíto de interrogaciones. Aquí el crecimiento silencioso de nuestra proyección. Aquí el símil y la verdad que los hombres no podrán repetir porque solo tienen una ocasión. Aquí nuestra metamorfosis rumorosa. Aquí la belleza de nuestra desnudez.   




viernes, 8 de enero de 2016

Desnudeces. Catarsis



















Somos signos expulsados y azarosos. Se nos teme pero se nos ignora. Refrenamos la luz y se nos percibe como perturbación. Revitalizamos la tierra pero también la anegamos. Unos nos alaban y otros nos maldicen. Nuestros orígenes están en el cielo pero también en la fragilidad de los humanos. En ocasiones no nos distinguimos, salvo al rozar los labios de los individuos, en cuya labilidad descubrimos la alegría entusiasta o la angustia aflictiva. Traviesas o salvíficas las gotas nos brindamos para purificar el vórtice de emociones que los elementos y el hombre comparten.


   

jueves, 7 de enero de 2016

Desnudeces. Destino






















Somos hojas caducas y flotantes. Nos pisotearán de modo insultante y también inadvertido. Nos ignorarán. Ni siquiera nos apartarán para ver el reflejo del mundo de donde provenimos. Nos desalojarán de la caída. El charco quedará seco y pocos sabrán si una vez las ramas nos parieron y si la lluvia nos mantuvo en el límite de la vida, antes del fin.



miércoles, 6 de enero de 2016

Omnipotencia / Omni-impotencia





Nacimos de las mentiras. Para la ideología nacionalcatólica las gónadas, los espermatozoides, el semen, los óvulos y el apareamiento placentero de nuestros padres  -cosa de bestias todo ello-  no contaba apenas. Era un paso inmundo y forzado para estar en esta vida, donde lo importante era Dios y el Caudillo. Al fin y al cabo las castas tradicionales (el término casta no me lo han descubierto los politólogos emergentes, oigan) y su clientela sumisa necesitaban reinventarse todo para vivir del cuento que a su vez pasaba por el robo y el reparto del país, y antes por el derramamiento de sangre y la exclusión de media España, o más. Todo fue oscuridad y cementerio durante décadas (aún permanecen huellas por doquier) Yo creí una vez en todas aquellas mentiras, en el misterio insondable de la divinidad y en la omnipotencia del Salvador humano que competía con el Salvador divino. Me hicieron aprender el texto (entonces todos los textos eran catecismos) y henchir mi corazón de devoto sometimiento al hombre providencial, reflejo del Dios Uno y Trino (invento éste que nunca entendí, si bien no se trataba de entender porque las metáforas de las farsas no se racionalizan jamás)

Nacemos de las mentiras. Los jóvenes de ahora no podrían entenderme, pero que no se fíen. Ellos están mamando grandes y pequeñas mentiras, y tengo la sensación de que no van a apostatar ni renegar de ellas como hemos hecho otros con las de nuestro tiempo viejo. 

(Ya que uno ha empezado de retro el año no he podido resistirme a otra imagen de mi primer libro de "enseñanza" escolar que, si bien nauseabundo entonces, hoy me parece kistch)