sábado, 29 de noviembre de 2014

De pronto, me viene...



















Dos años ya de tu partida. A estas alturas es un ejercicio inútil recordar lo que hicimos en cada momento de nuestra larga amistad, pero recordar es necesario para valorar cuanto nos aportamos mutuamente y dimos a otros. Suficiente para no dudar de los significados estimulantes que hay en esto del vivir. Estéril también hacer cábalas sobre lo que no llegamos a hablar, a leer, a escribir, a compartir en los últimos tiempos. Encuentro esta foto (cuánto ha llovido y escampado desde entonces) en que tu seriedad habitual caía por su peso al sostener la niña. Me niego a celebrar las muertes, aunque como dijo nuestro admirado Canetti: "Mi odio contra la muerte presupone una permanente conciencia de ella; me maravillo de poder vivir así". Y no quiero decir más, porque lo que pudiera recordar ambos nos lo sabemos (y tú con desventaja) No conviene decir mucho para no caer en la melancolía. También de Elias Canetti es esta cita: "Gratitud por la melancolía compartida. Hemos hablado de la vida como de un muerto..." Por eso, por si acaso, porque no quiero que la memoria de los buenos tiempos, que además fueron muy emocionantes, tenga tierra encima, me callo.



viernes, 28 de noviembre de 2014

Aquella macla de Oteiza



¿Tendrán las piedras un haz y un envés como las plantas? ¿Permanecen al emerger bajo las mismas formas que tuvieran antes en las profundidades? Si cambian, ¿qué las altera? Si se desgastan ¿qué ha hecho mella en ellas? ¿Las rasga la luz del sol de manera análoga a como las coloreaban las corrientes de otros minerales en el útero de la tierra? Sus geometrías, ¿para qué arquitecturas están pensadas? Sus apariencias ¿qué secretos compactos preservan interiormente? Sus volúmenes, ¿qué visión del mundo pretenden sostener? Sus vetas, ¿qué lenguaje de petroglifos espontáneos despliegan? Su abstracción, ¿qué mundos inconcretos sugieren? Y cuando evocan, ¿no traen sino el aroma de la humedad y el cálido ovillo de lo que existe bajo nuestros pies?



(Gracias a Francesc Cornadó por recordarme la piedra que tengo cerca
http://francesccornado.blogspot.com.es/2014/11/el-solido-indeformable-y-el-cuerpo.html )




martes, 25 de noviembre de 2014

Aforismo de mi hartazgo de los profetas




Si algo me harta en esta vida  -y mira que hay motivos para el hartazgo-  es la permanente exhibición de los profetas. De los antiguos y de los nuevos. De los que tienen consolidado su poder desde hace siglos y de los emergentes que parece que se van a comer el mundo. De los que predican paraísos ultrafísicos y de los que prometen cambios que nunca tienen lugar. De los que señalan la mota en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio. De los que hacen política con la religión y de los que quisieran convertir en eje religioso a la política. De los que no creen en la libertad de pensamiento y de los que desearían convertir el pensamiento en doctrina.Me llegan noticias de que hoy han coincidido en el Parlamento Europeo profetas diversos y se han jaleado mutuamente. Debo compensar mi hartazgo con un saludable y agradecido escepticismo. Ahora solo me falta llegar a ser lo suficientemente estoico como para no padecer por la intolerancia de los profetas. De momento invoco aquel gesto de desdén enérgico de nuestros nunca suficientemente apreciados Fernando Fernán Gómez y Antonio Labordeta. Su ¡a la mierda! era una verdadera declaración de principios contra los aprendices de brujo, lleven dos mil años incordiando, presidan los grandes organismos de control social y económico del planeta o pretendan con operaciones mediáticas asaltos a no sé qué improbables cielos.





sábado, 22 de noviembre de 2014

Carta del otro





Querido Fackel. Estos días he estado fuera de España. Lo cual no significa que haya estado en otro territorio aparente, es decir, alguna de esas rimbombancias nombradas Estado, reino o república. Tus hojas rojas me han venido muy bien. Han sido como una guía que me ha permitido descubrir los mundos pequeñitos pero hondos. En ellos reposo  de todo lo que acontece en el entorno. Una manera también de evitar envenenamientos innecesarios que, antes o después, arriesgan una septicemia. Sigue ofreciéndonos hojas o guijarros o riachuelos subterráneos que ayuden sobrevivir a lo necio. Visto el panorama no descarto que siga tomando como referencia tus botones de muestra y persiga dimensiones que apacigüen mi temperamento. Ya hace tiempo que me refugiaba de vez en cuando en las palabras de hombres clarividentes de este país que han escrito con sensatez  -escribir es avisar o no vale para nada- sobre sus hombres y sus quehaceres y sus días. Hay más autores avisados de los que se piensa la gente, pero pocos los siguen leyendo y todavía menos los hacen caso. Me estimulan sus opiniones emitidas en otros tiempos pero vigorosas, es decir que permanecen. Por supuesto, no siempre un texto basta para atemperar la inquietud y el desasosiego. Por eso me gusta también mirar lo elemental. Lo que es elemento en sí mismo. Por ejemplo tus hojas rojas, las ramas que se van cubriendo de orfandad, las corrientes de aire que anuncian otro clima, las piedras que, aun desgastadas, tienen entidad, las sonrisas de bondad que algunos paisanos aún esbozan y con que me obsequian. Te agradezco esas tus búsquedas menores y, si bien con ello no evito que la estupidez del entorno se aligere, ya veo que no, al menos me permite tomarme las cosas con una levedad que no me desgaste. Te paso un enlace que he pillado hoy porque en él se habla también de algo bastante de atrás, y que uno no desearía que fuera eterno. Un día de estos nos paseamos entre majuelos y catamos lo último de lo último. 




(Ilustración de El Roto hoy en El País)




jueves, 20 de noviembre de 2014

Sotobosque: la anciana ávida



Matemáticas aparte, dicen que el cálculo de probabilidades es sorprendente. Yo digo que además es admirable. Por ejemplo (un ejemplo práctico, vivido) ¿qué posibilidades había de que un día después de coger yo aquella hoja, en el mismo lugar, sobre la misma calzada, a la misma hora, otra persona se inclinara para recoger una hoja roja? Y de pronto, aquella anciana la vio en el suelo, vio la llamarada que emitía, vio la dimensión perfecta de una hoja de libro de naturalista, y yo miré a la mujer. Se me adelantó. Fue un gesto rápido. Por un momento me sentí tentado a disputar con ella la hoja; podía haber dado un brinco, haberla desplazado, incluso haber vociferado: ¡señora, esa hoja es mía!, y me hubiera importado un bledo su susto. Si no lo hice no fue por mostrarme amable y mucho menos generoso sino, debo reconocerlo, porque me ganó la mano. Fue más hábil y, me avergüenza admitirlo, hasta más ágil. La veo aún doblándose sobre su cintura menuda, arqueando con levedad su espalda, extendiendo la mano como una prestidigitadora. Sus ojos rezumaban avidez y no dudó. Yo sí. Me pareció emocionada, consciente de que conquistaba un tesoro o acaso de que hacía una obra caritativa salvando a la hoja de ser pisoteada por el desdén de los paseantes. La hoja era perfecta, intensa en su rojez, mostraba todas las puntas enteras. Me pareció incluso lozana, si es que una hoja marchita acaso puede comunicar algún eco de frescura. Yo miré de nuevo a la anciana y debí esbozar un gesto de fastidio, porque se giró, como si la pillara en un acto ilícito. Ella, como una furtiva, tomó la hoja en su mano y la hizo desaparecer con presteza en alguna parte de su abrigo. No, no se me dan las estadísticas. Un lenguaje tan al uso que ha tomado el relevo a los acontecimientos palpables. Pero lo presenciado hoy me dice que no debo desdeñar el margen en que los acontecimientos pueden tener lugar de manera coincidente. Naturalmente, basta que te pongas a calcular para que nada se produzca. Porque lo interesante no es tanto confiar en la previsión, sino arriesgar con los dados del azar. Mañana volveré a pasar por el mismo lugar y aunque el cálculo diga que prácticamente es imposible que vuelva a aparecer una viejecita para recoger ante mis narices una hoja roja, quién sabe. Por si acaso iré preparado para tomar la iniciativa. Y es que la hoja que me he perdido hoy no me la puedo quitar de la cabeza.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

La hoja roja





Me sale al paso. Solitaria, triste, desubicada. No en el parque otoñal ni bajo los árboles de una plaza amena ni en los jardines de un viejo palacio. Yace sobre el asfalto. Está pisoteada y polvorienta. Amputada y rugosa. Sus nervios tiritan y las aristas se encogen. Su envés es mortecino, pero el haz destella todavía tanta luz. La salva el rojo. Y su color me habla.




lunes, 17 de noviembre de 2014

El árbol de Lucien Clergue



























En homenaje al fotógrafo Lucien Clergue, muerto el sábado en Nîmes.



Fue una raíz
                  que se erizó en el humus
luego tallo creciente
                             ondulación desigual náufraga
entre la arboleda

Fue un rayo seco recorriendo a la inversa
su caída
            sacudía el aire
y lo enhebraba con puntadas de sangre

Fue tronco incontenible
                                     desafiante elevación
que rasgaba la mirada de mil hombres
hasta dejarlos ciegos
                            sin permitir su acceso al paraíso

Fue al fin la cúpula del bosque
                                       donde encallaba el sol
y en el clima de los días húmedos desprendía
                                                                   sus destellos de nácar

Cuando los feroces guerreros incendiaron el suelo
donde se había alzado
                                 se hizo columna de material profundo

Y en una noche sin luna ni cánticos
                                                       levantó su templo
para que los paganos cayeran a sus pies
rendidos
             desarmados





(Fotografía de Lucien Clergue)




domingo, 16 de noviembre de 2014

Trébol


















No sé cómo fue que un día brotó de un tallo inadvertido. Luego han venido bastantes más, con la misma procedencia desconocida. Me abstraigo en ellos. Esbelta, delicada, con una inconsistencia que engaña. Y el resultado fina de unas hojas que parecen iguales pero no lo son. Los dedos se aproximan y absorben de la planta sensibilidad. Quién lo iba a decir. Muchas veces, si no siempre, es un enigma el por qué de las cosas. De otros seres, de otras existencias, de otras manifestaciones. Pero, aunque no lo sepamos interpretar, la vida es. Estar. Uno no acaba de asombrarse de la capacidad de reposición del reino vegetal. Hay tanto que aprender de las plantas. Siquiera observarlas y dejarnos sorprender por ellas. Gozar su aparente quietud. 




sábado, 15 de noviembre de 2014


















Cuando se acomete contra españoles y no españoles para proteger, por ejemplo, los intereses de las multinacionales de las fuentes de energía, ¿cómo hay que llamarlo? ¿Siempre va a ser lo mismo? ¿Siempre las instituciones tradicionales van a usar su fuerza bruta contra la protesta pacífica de quienes disienten? ¿Siempre va a triunfar el poder de las minorías enriquecidas contra los intereses de los pobladores y los defensores de la conciencia colectiva? Estas son imágenes en que la Armada española (aquí el verbo da miedo ponerlo) esta mañana a/con los peligrosos activistas de Greenpeace en aguas de Canarias. Para defender, ¿qué y a quiénes? ¿Es que se trataba de un acto de guerra o de una agresión territorial para enviar a la Armada? Huy lo que se está equivocando este gobierno. O no, simplemente muestra el rostro que tiene, y otro no cabe en sus presupuestos antidemocráticos. Ya está dando demasiado asco todo. Muchas cortinas de humo hay levantadas últimamente para ocultar los problemas fundamentales relegados, maltratados y despreciados de las clases sociales -las clases, sí, no la gente en abstracto-  más precarias. Mientras, la oligarquía  -no las castas en general- campa a sus anchas y usa los medios tradicionales que le proporciona el Estado para sus fines totalmente privados. Mucho huele mal en este país...que nos puede intoxicar a todos. Y uno no quiere, en absoluto, que prenda el guerracivilismo que han desatado los de siempre cuando no controlan la situación. Aunque, pensándolo desde otro ángulo, probablemente casi todo lo tengan atado y bien atado.  





jueves, 13 de noviembre de 2014

Diálogo entre 67P/Churyumov-Gerasimenko y Philae



















67P/Churyumov-Gerasimenko es un cometa que en un momento determinado pero sin tiempo han pillado a mano los habitantes de un planeta lejano. Philae es una exploradora que ha sido enviado por gente de este planeta para ver de qué va el cometa. Acaban de tomar contacto y tiene lugar este diálogo cordial.  


67P.      ¿Qué haces tú aquí?
Philae.  Exploro.
67P.      ¿Eso qué es?
Philae.  No lo sé muy bien. Algo que deciden los que me han fabricado.
67P.      ¿Quieres decir que no has venido por tu propio pie?
Philae.  Huy, qué va. Si supieras lo que tardaron en hacerme y los años que me ha costado llegar.
67P.      ¿Qué son los años? 
Philae.   Una medida que se gastan en el planeta de donde vengo.
67P.      ¿Vienes de un planeta? ¡Qué importante!
Philae.   No estoy segura. Aquello es muy complicado. Tan pronto te hacen creer que eres alguien como te deshacen y solo te llamas chatarra.
67P.      Me cuesta entenderte, pero me esfuerzo. Eso de chatarra, ¿es acaso el nombre de los seres que pueblan ese planeta del que vienes?
Philae.  No de todos ni en cualquier momento. Pero a casi todos les toca antes o después convertirse en chatarra.
67P.      ¿Es de lo que están formados esos personajes?
Philae.  No. En principio todos son lozanos, vitales y hasta están contentos. Pero suceden muchas cosas allí, al menos hace diez años, cuando partí, ocurrían cosas muy graves.
67P.      ¿Tan graves como para que se conviertan en chatarra, según tú?
Philae.  Y en huesos, y en ceniza, y polvo.
67P.      Uf, cuesta verlo con claridad, pero eso del polvo lo entiendo. ¿Sabes que también yo contengo eso?
Philae.  Algo me barruntaba. Pero ¿de qué mas te compones?
67P.      Anda, guapa, eso lo tienes que descubrir tú, que eres la exploradora. 
Philae.  Sí, pero te pediré ayudita. Con tu permiso tocaré todas tus partes posibles para ver qué contienes.
67P.      Bueno, me lo pensaré. Acaso te deje un poco. Pero a cambio, cuéntame. ¿De qué más están fabricados los que te han fabricado a ti?
Philae.   No se lo cuentes a nadie, pero las materias más importantes de ellos son la memoria y el olvido.
67P.      ¡Hala! ¿Son elementos resistentes?
Philae.   Lo son, pero depende. Suelen convivir, pero a su vez se desplazan mutuamente. A veces triunfa uno a costa del otro.
67P.      ¿Y qué pasa?
Philae.  Pasa que si la memoria se impone todo el mundo se comprende mejor y hay armonía y transcurren mejor los tiempos. Pero si el olvido extiende su poder entonces suceden cosas terribles.
67P.      ¿Que se convierten los de ese planeta en chatarra?
Philae.  En cierto modo, porque entonces las gentes no se entienden y se destruyen, y a veces con todos los recursos a su alcance.
67P.      ¿Recursos?
Philae.  Sí, hay muchos: manipulaciones, engaños, propagandas, leyes, invasiones...incluso disponen de algo muy terrorífico llamado armamento.
67P.      Pues no acabo de verlo. Si son capaces de ser felices, ¿cómo pueden tirar por los suelos lo que les hace estar bien?
Philae.  Acaso es que no son nunca felices y se alimentan de espejismos. ¿Sabes? Se creen los reyes del universo y no son siquiera dueños de su planeta.
67P.      Pero eso es pura vanidad, ¿no?
Philae.  Y ceguera, querida amiga, y necedad principalmente. Todo es parte de la misma bola en la que se envuelven y ruedan incesantemente en su confusión.
67P.      No sabes lo que lo siento. Y tú, ¿tienes que volver a ese lugar inhóspito y contradictorio?
Philae.  Seguramente me habrán programado para eso. Aunque según venía para acá pensaba que si no les vale mi gestión es probable que me dejen flotando inútilmente para toda la eternidad sideral. Son así de desconsiderados. Ya les ha pasado a otras.
67P.      Vaya. Aunque mira, qué bien por otra parte. Podrías quedarte conmigo.
Philae.  No lo había pensado, pero dame tiempo.
67P.      Ya verás cómo no te arrepientes.


Philae sufre un movimiento brusco que interrumpe la conversación y se aleja un palmo de 67P/Churyumov-Gerasimenko. Ésta extiende una mano y Philae la hace un guiño.




(Imagen de Friedrich Wilhelm Murnau)



martes, 11 de noviembre de 2014

Copiando y pegando a Jordi Savall




Me vais a perdonar que insista en el tema de la renuncia de Jordi Savall al Premio Nacional de Música que establece el Estado. El sábado apareció en Babelia un artículo extenso suyo con razonamientos. Seguramente algunos ya lo habréis leído, siquiera en su versión reducida, pero para los que no lo conozcan corto y pego por el alto interés que me parece que contiene. Cada párrafo del mismo es una fuente de conocimiento, invita a la reflexión y nos propone sacar conclusiones. Como cantidad de cuestiones de nuestra historia, de las creaciones del pasado y de nuestro acervo, el arte, en concreto el musical y sobre todo el antiguo, puede estar herido de muerte. El desinterés y la ignorancia de los gobernantes lo están propiciando de manera determinante. Con el agravante que ello repercute en el nivel educativo y cultural de los españoles. Careciendo del conocimiento, del disfrute y de la capacidad de transmisión de la música a las generaciones del futuro se abriría una situación incierta en la calidad de nuestra sociedad. 




"Renunciar a una distinción importante como es el Premio Nacional de Música, otorgado por el Ministerio de Cultura, como reconocimiento a más de cuarenta años de dedicación apasionada y exigente a la difusión de la música como fuerza y lenguaje de civilización y de convivencia, ha sido un gran sacrificio, pero una decisión al fin y al cabo relativamente clara de tomar. Aunque concedido por un jurado compuesto en parte por músicos y personalidades independientes, ¿cómo podía aceptarlo viniendo de la mano de una institución que desde tiempos inmemoriales ha dado la espalda a los músicos y especialmente al Patrimonio musical histórico del país? ¿cómo podía callarme y beneficiarme de los 30.000 euros que lo acompañan, sin pensar en las voces cada día más numerosas y más desesperadas de tantos músicos que piden ayuda y oportunidades, y que se han quedado sin trabajo ante la rápida desaparición de festivales y reducción de programaciones de conciertos en auditorios de resultas de la drástica supresión de las modestas ayudas? 

La cultura, el arte, y especialmente la música, son la base de la educación que nos permite realizarnos personalmente y, al mismo tiempo, estar presentes como entidad cultural en un mundo cada vez más globalizado. Estoy profundamente convencido que el arte es útil a la sociedad, contribuyendo a la educación de los jóvenes, y a elevar y a fortalecer la dimensión humana y espiritual del ser humano. Durante siglos y hasta la Revolución Francesa, fueron la mayoritariamente la nobleza y la Iglesia las que financiaron la cultura y el arte. En tiempos modernos es la filantropía de algunos ricos negociantes y burgueses que, por amor a sus ciudades o países, hace posibles la construcción de museos, hospitales, estaciones, iglesias, teatros de ópera, auditorios. En pleno siglo XXI el mundo económico y las grandes fortunas están totalmente globalizados, y en nuestro país hay que añadir que no ha existido la tradición filantrópica de los países anglosajones y, para mayor desgracia, no tenemos ni una ley de mecenazgo correcta. Pero lo más grave es que, a pesar de un extraordinario y creciente interés en todo el mundo por las músicas barrocas, renacentistas y medievales, no existe en España un pleno reconocimiento institucional de la gran importancia de nuestro patrimonio musical histórico. Ello se debe, en gran parte, a la trágica pérdida de memoria de la conciencia musical europea que había perdurado hasta los años cincuenta, y que todavía continua vigente en nuestro país, ya que nuestro repertorio musical anterior al 1800 permanece sepultado bajo las sucesivas capas culturales que el romanticismo y el modernismo han añadido sobre él. El resultado de esta gravísima desatención de la que no existe tan siquiera clara conciencia, es una imagen incompleta y distorsionada de nuestra tradición e identidad culturales, a las que ha sido cercenado uno de sus aspectos más vitales, brillantes y originales. 




No olvidemos que nuestras orquestas sinfónicas, nuestros grandes coros, nuestros grandes teatros de ópera, que también padecen de los recortes, responden a un modelo cultural centroeuropeo especializado en los repertorios del siglo XIX, mientras que nuestro patrimonio más universal –desde las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio hasta las ensaladas de Mateo Flecha, desde las misas de Cristóbal de Morales y de Tomás Luis de Victoria hasta los villancicos de Sebastián Durón, desde las églogas de Juan del Enzina hasta las óperas de Vicente Martín y Soler–, dependen exclusivamente del buen hacer de la iniciativa privada. España necesita un proyecto cultural apoyado por una clara voluntad política que le permita recuperar sus principales músicas históricas, ya que representan uno de los patrimonios intangibles de la humanidad más importantes y más significativos por su especial relación histórica con las culturas musicales del Mediterráneo y del Nuevo Mundo. 

“La riqueza cultural de un país depende no sólo de la importancia de su patrimonio, sino más bien de su capacidad de valorarlo, lo que implica un proyecto, el cual supone una voluntad...” Estas palabras, que le recordaba hace exactamente 10 años (en una carta del 25 de noviembre 2004) a Carmen Calvo, ministra de Cultura del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, continúan definiendo las causas esenciales de una grave situación de desinterés e ineficacia por nuestra cultura y sus creadores, y en especial por la música histórica y los músicos que la mantienen viva. Tres palabras clave en toda política cultural: valor, proyecto y voluntad. Todas cualidades que desde tiempos remotos no forman parte del quehacer cotidiano de nuestros máximos responsables al programar una política cultural que tendría que ser digna y generosa, y siempre velando que todas las clases sociales puedan acceder a ella. ¿Las causas de tal desinterés? Primero por ignorancia, ya que no se puede valorar lo que no se conoce. Segundo por falta de proyecto, ya que ninguna política cultural de interés general puede afianzarse sin un proyecto serio. Y, finalmente, por falta de voluntad: sin un mínimo apoyo institucional estable es imposible consolidar la recuperación y la difusión de un patrimonio musical milenario. 


¿Cuántos españoles han podido alguna vez en sus vidas, escuchar en vivo las sublimes músicas de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero o Tomás Luis de Victoria? Quizás algunos miles de privilegiados hayan podido asistir a algún concierto de los poquísimos festivales que programan este tipo de música. Pero la inmensa mayoría, nunca podrá beneficiarse de la fabulosa energía espiritual que transmiten la divina belleza de estas músicas. ¿Podríamos imaginar un Museo del Prado en el cual todo el patrimonio antiguo no fuera accesible? Pues esto es lo que sucede con la música, ya que la música viva solo existe cuando un cantante la canta o un músico la toca. Los músicos son los verdaderos museos vivientes del arte musical. Es gracias a ellos que podemos escuchar las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, los villancicos y motetes de los siglos de Oro, los tonos humanos y divinos del barroco… Por ello, es indispensable idear los mecanismos institucionales para dar a los mejores músicos un mínimo de apoyo institucional estable, ya que sin ellos nuestro patrimonio musical continuaría durmiendo el triste sueño del olvido y de la ignorancia. 

La ignorancia y la amnesia son el fin de toda civilización, ya que sin educación no hay arte y sin memoria no hay justicia. No podemos permitir que la ignorancia y la falta de consciencia del valor de la cultura de los responsables de las más altas instancias del gobierno de España, erosionen impunemente el arduo trabajo de tantos músicos, actores, bailarines, cineastas, escritores y artistas plásticos que detentan el verdadero estandarte de la cultura y que no merecen sin duda alguna el trato que padecen, pues son los verdaderos protagonistas de la identidad cultural de este país. 




Mi profundo desacuerdo con esta actitud y situación, son la única razón de mi renuncia al Premio Nacional de la Música 2014, y no, como algunos han querido dar a entender, por otras razones relacionadas con la actual situación política en Cataluña y por asociarlo a mi claro apoyo al derecho de los catalanes de votar el próximo 9 de noviembre. Llevo medio siglo de mi vida viajando con mi viola de gamba y mis músicos de Armenia, Turquía, Israel, Marruecos, Siria, Bulgaria, Bosnia, Serbia, del viejo y del nuevo mundo, y mi hogar es donde se venera a la música y la amistad. Pero en un mundo cada vez más globalizado, no puedo olvidarme de mis orígenes, de mi lengua ni de mi cultura, pero esto nunca me ha impedido sentirme en casa tanto en Sevilla como en Paris, en Basilea o en Nueva York, en Toledo o en Florencia. Con la música no se puede mentir, y el oficio de músico nos enseña y obliga a escuchar, a compartir, a respetar, a dialogar, a buscar la armonía y, gracias a todo ello, podemos establecer nuevos puentes entre las culturas y las creencias más diversas y alejadas.

Vivimos en una época de gravísimas crisis; política, económica, ética, social y cultural, a consecuencia de la cual una cuarta parte de los españoles está en situación de gran precariedad y más de la mitad de nuestros jóvenes no tiene, ni tendrá quizás, posibilidad alguna de conseguir un trabajo que les asegure una vida mínimamente digna. Una crisis que anunciaba ya Tomás Moro en 1516, cuando decía “allí donde todo se mida por el dinero, no se logrará jamás organizar la justicia y la prosperidad social, a menos que consideres justa una sociedad en la que las mejores prebendas vayan a manos de los peores y que creas perfectamente feliz el Estado donde la fortuna pública sea la presa de un grupo de individuos insaciables de placeres, mientras la mayoría es devorada por la miseria” (Utopía: "Sobre la Justicia y la prosperidad social"). La prensa nos da a conocer cada día nuevos casos de corrupción de políticos y hombres de negocios, y al mismo tiempo se dan a conocer la lista de las 100 grandes fortunas de España, desvelando que aglutinan 164.424 millones de euros, y mencionando que sus fortunas habían aumentado en un año un 9’2%, mientras que el umbral de pobreza de la población aumenta día a día (¡solamente en una ciudad como Barcelona se ejecutan una media de 22 desahucios diarios de familias que no llegan a poder pagar su vivienda!). Esto nos hace recordar que vivimos en un mundo cruel y profundamente injusto, en el cual el 1% de la población posee lo que necesita el 99%: mejores viviendas, mejor educación, mejores médicos y mejores formas de vida. Ahora bien, como señala Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía en el 2001, a esa minoría le falta algo "que, al parecer, el dinero no ha comprado: la conciencia de que su destino está vinculado al modo en que vive el otro 99 por ciento. A lo largo de la historia, es algo que ese 1 por ciento superior acaba aprendiendo... demasiado tarde". 




Actualmente como observa con extraordinaria lucidez Tony Judt (1948-2010) "Nuestro culto contemporáneo a la libertad económica ilimitada, combinado con la intensificada sensación de miedo e inseguridad, conducen a la reducción de las prestaciones sociales y a una regulación económica mínima… El miedo resurge como un ingrediente activo de la vida política de la democracias occidentales. El miedo al terrorismo, por supuesto; pero también, y quizá de un modo más insidioso aun, el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, el miedo a la pérdida del empleo, el miedo a perder terreno frente a otros en una distribución cada vez más desigual de los recursos, el miedo a perder el control de las circunstancias y las rutinas de la propia vida cotidiana. Y, quizá por encima de todo, el miedo a que ya no sólo no podamos dirigir nuestra vida, sino a que también hayan perdido el control quienes detentan la autoridad en provecho de fuerzas situadas más allá de su alcance". Judt concluye defendiendo el lugar de la historia reciente en una época de olvido: "Creemos haber aprendido lo suficiente del pasado para saber que muchas de las viejas respuestas no funcionan, y puede que sea cierto; pero en lo que el pasado puede ayudarnos es a comprender la eterna complejidad de las preguntas». 

Nos dice Elias Canetti “Cuanto más la población terrestre va volviéndose más densa, cuanto más la vida se vuelve más maquinal, menos podremos pasar de la música. No está lejos el día donde ella sola podrá salvarnos de la ceñida red de lo funcional, y es el primer deber de la inteligencia futura preservar de toda influencia esta formidable reserva de libertad. Ella es la historia viviente de la humanidad pues, sin ella, solamente poseeríamos parcelas muertas”. Son todos los músicos actuales los que mantienen viva esta historia de la humanidad, pues con sus cantos y sus sonidos, con su talento y su sensibilidad, nos transmiten día a día, toda la belleza creada por todos los grandes compositores del pasado. Sin ellos, sin la emoción de este eterno renacer, que es el milagro del arte, dormirían el triste sueño del olvido. Todo ello explica mi renuncia al Premio Nacional de Música 2014, convencido que este sacrificio será comprendido como un acto revulsivo en defensa de la dignidad de los artistas y pueda, quizás, servir de reflexión para imaginar y construir un futuro más esperanzador para nuestros jóvenes. 

Creo, como decía Dostoyevski, que la Belleza salvará al mundo, pero para ello es necesario poder vivir con dignidad y tener acceso a la educación y a la cultura".







domingo, 9 de noviembre de 2014

Mi experiencia con los flautistas


















¿Por qué hace ya mucho tiempo que odio al flautista? ¿Realmente toca la composición que la gente quiere escuchar? ¿O ambos, flautista y sociedad, constituyen una simbiosis? ¿Es tan dulce y melodiosa la música que emite el flautista para que se le siga? ¿No le importa a nadie saber a dónde lleva el tañedor? 

Mi experiencia infantil con el célebre flautista en la versión cuento: 

Primero, mi asombro por llevarse las ratas fuera de la ciudad y con ellas alejar la peste.
Segundo, mi apacibilidad al sentirme seguro. 
Tercero, mi extrañeza por no cumplir la municipalidad del lugar lo pactado con el músico.
Cuarto, inquietud por conducir a todos los niños tras de sí. Yo podía ser uno de ellos, es lo que tiene un cuento o un relato, que te identificas con personajes y situaciones.
Quinto, desasosiego y pánico porque los niños desaparecían.

Mi experiencia adulta con el célebre flautista en la versión cotidiana:

Primero, mi entusiasmo por creerme que las ratas se las había llevado definitivamente de la sociedad.
Segundo, mi engañosa tranquilidad ante la música estridente que ocultaba la letra.
Tercero, mi desconcierto por comprobar que las ratas no habían desaparecido y que además volvían muchas viejas con hocicos y bigotes nuevos.
Cuarto, mi pasmo por no saber si uno vive en civilización o en una hura de depredadores.
Quinto, hastío e indignación por comprobar que el flautista era un falso, sí, pero sabía a lo que iba. 
Y sexto, decepción y desconfianza hacia los que aceptan sin más al flautista, su música y los mundos imposibles que se proponen una y otra vez.

Conclusión: no sé si es el flautista el que me repugna especialmente o quienes lo corean, le permiten dirigir a la tribu y le siguen festivamente hacia el lodazal.


Aclarando que es gerundio: hay diversas manifestaciones de flautistas, las ha habido siempre, te venden de todo y te dejan en pelota si te descuidas. Del mismo modo que hay diferentes músicas que atraen y abducen irremisiblemente. Cada cual que ponga los nombres de los flautistas que ha habido en su vida. Naturalmente, de flautistas y de situaciones peligrosas. Sospecho que se otean en el horizonte nuevos flautistas. Sólo me suscitan dudas y desconfianza. Debe ser la vejez.



(Ilustración de Darstellung von Alexander Zick)


sábado, 8 de noviembre de 2014

Permanencia del ingenuo
















Vive el país como sufrimiento. Desde su pubertad el hombre lo soporta porque se mantiene sobre el territorio de los afectos, y no de las traidoras entelequias. Sin embargo hay tanta gente que se identifica con mitos o se entrega a una religión... Son las salidas más simples a través de las cuales creen que se les garantiza la seguridad. La nación, un Estado, una creencia metafísica. O simplemente la tribu. Y en la actualidad, el consumo de objetos como fin en sí mismo. Siempre la delegación por la vía de los cantos de las sirenas. Él vive el país como tensión. En eso se aproxima con más conciencia a la realidad. La tensión existe por doquier. En las capas tectónicas, en los espacios siderales, en las relaciones humanas. Si se ha dejado afectar demasiado por la tensión y ha recurrido a las pulsiones para sobrevivir ha sido como recurso, pero cansa. El país cansa. Hacerse eco de cuantos desaguisados y desmesuras tienen lugar agota. Oír el vocerío mediático trastorna. No quiere ser anulado por la impotencia como efecto de la hipótesis de que cuanto tiene lugar es inevitable. No es un tipo de huir, territorialmente hablando. Últimamente va conociendo muchos casos de jóvenes y no tan jóvenes que emigran o lo intentan. La necesidad perentoria de buscar la vida. Últimamente escucha también expresiones tipo: si tuviera treinta años menos me iría. La gravedad del hastío. Él tampoco es de rehuir. Rehuir es ignorar y, sobre todo, vender el derecho de primogenitura que considera que cada cual lleva en sus genes. Tiene muy metido, además, que eso es peligroso. Pero a él su educación sentimental le puede. Le compensa, no tanto como mecanismo anímico sino racional. Puede y debe comprender el país, no obstante el maltrato. Es muy probable que la vorágine aparentemente autodestructiva del país no sea tal, y no piensa tanto en su vertiente política como en las conductas éticas. Entonces piensa o sueña o desea. Por ejemplo que en la sociedad se esté fraguando un magma que se manifestará con una orientación constructiva, no obstante la modalidad explosiva que tenga lugar. Si la energía transforma, piensa el hombre, hay que situarse en la órbita del cambio. Tantas veces se ha anhelado el cambio impreciso...Tantas veces se ha sucumbido a la frustración...Él debe desdramatizar. No ceder al lamento. Si no hay más que queja, todo es inútil. La peor manera de estar en esta vida.



(Escultura de Pablo Reinoso)


viernes, 7 de noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

La vieja cultura de Manitas de Plata






















¿Francés? ¿Español? ¿Gitano? ¡Flamenco! (Y no de Flandes) Ayer murió el guitarrista Manitas de Plata, Ricardo Baliardo para la ley, en Montpellier donde había nacido hace 93 años.  En el vídeo de 1967 aparece con Dalí en lo que hoy día se llamaría una perfomance o algo así. Me ha gustado el brío de su guitarra. Y los revoltosos arpegios que parecen recoger toda la lluvia secular del instrumento y de las gargantas de los sin patria. Otro de los vídeos me obliga a una reflexión de pasada sobre la gente sin territorio, sin Estado, sin nación, sin reconocimiento. ¿O acaso todo eso es sustituido a la fuerza por la subsistencia del clan y el poder de la canción?  La vieja cultura nunca muere.






lunes, 3 de noviembre de 2014

La carta de Jordi Savall al ministro del ramo
















Hace unos días Jordi Savall dirigió un carta oportuna y sesuda al ministro del Gobierno que dijo en su día que iba a salvar al país, exponiendo las razones por las que rechazaba el Premio Nacional de la Música. Os la participo.


Que cada cual saque sus conclusiones. 




domingo, 2 de noviembre de 2014

Diario de otoño



Hoy me ha parecido oler, por fin, a otoño. Todo se afinaba en esa dirección. No era solo cuestión de olfato. Ha sido, sobre todo, de luces. Todas las alternancias posibles han trazado un arco desde antes de amanecer: los aguaceros sucesivos que escuchaba desde la cama, la aurora nublada que reprimía mis estiramientos, el pulso de sol y nubes al mediodía, el ceño que ha ido cubriendo la ciudad según ha caído la tarde. Hace un rato una brisa fría cabalgaba como heraldo contra mi rostro. De pronto, el crepúsculo ha sido un guiño y el sol se ha alejado veloz. Se ha replegado sobre sí mismo y yo percibía en su fuga una carcajada irónica, no obstante su discreción.

En lo que respecta al mundo de los hombres, no he podido quitarme de la cabeza en todo el día el pensamiento obsesivo de que habito en un país onírico. ¿Estaré destinado a vivir siempre en un sueño inquieto?




sábado, 1 de noviembre de 2014

AR12192






















AR12192 se ha escondido, pero sigue ahí, dicen. AR12192 es una mancha del sol, que suena lejana y ajena pero que sobrecoge cuando te enteras de que tiene un diámetro de 125.000 kilómetros. Cuando además te cuentan que provoca una eyección poderosa de energía en forma de una tormenta de radiaciones, capaz de interferir si no chamuscar la punta de los dedos de Prometeo, te invade una vaga sensación de inseguridad taxativa. Los hijos de Prometeo, que siguen jugando a demiurgos en una partida de dados con los dioses, de imprevisible resultado final, ven el sol más como parte de la historia humana que del acontecimiento universal. El sol está en la literatura, en la poesía, en la danza, en la música, en la plástica y en los atardeceres fotográficos. Por supuesto, permanece en la memoria de los ancianos que conocieron su onerosa labor de sol a sol, ora en los campos, ora en las carreteras, ora en los pesqueros. Los místicos lo acogen en sus silencios y los enamorados lo representan con su sonrisa. Pero el sol es más y, acaso, otra cosa diferente a la que nos hemos inventado y que nos gusta que nos parezca. La estrella amable y cercana contiene por ejemplo esa AR12192, que se manifiesta cíclicamente, sin que nada indique que no va a seguir potenciándose sin fin. Llegado a este punto caigo de bruces (mi animismo impenitente) y reflexiono sobre los límites de los actuales Prometeos, aunque también me admiro de su audacia. AR12192 descargando llamaradas difíciles de ser emuladas por los mejores pinceles de la humanidad y nosotros aquí, en este rincón que, por qué no, tanto tiene de Edén. Empeñados en los trabajos y los días, sorteando los goces y los dolores, intercambiando calmas y desasosiegos, disputando miserias y riquezas, alternando puñaladas y abrazos. AR12192 y su acción parece lo inconcebible para los humanos. Del poder del sol imaginábamos tanto...pero lo desconocíamos casi todo. Por cierto, ¿será casualidad que AR sea el vesrre de RA? (Alabanza a ti, oh, Ra, poder supremo...etcétera de aquella Letanía egipcia)




(Inspirations, de Alexander Rodchenko)


jueves, 30 de octubre de 2014

Jordi Savall o la dignidad





¿Podrá la dignidad del individuo con el abyecto estado de cosas en que estamos sumergidos? ¿Y si todo consiste en poner en marcha uno, dos, tres o mil gestos de dignidad hasta que se que consiga tumbar a los infames? 



miércoles, 29 de octubre de 2014

Aforismo del fracaso del lenguaje




Es probable que en el combate por la posesión del lenguaje volvamos a ser los perdedores. Y, sin embargo, la materia será la materia por más que los santos padres la disfracen. Somos nosotros quienes debemos decidir hasta qué punto estamos dispuestos a que falsifiquen una vez más el lenguaje para sus siniestros propósitos. Pues son incansables en su cruzada contra lo que existe. En su desvarío por no poder ser dueños de la naturaleza crearon un discurso paralelo falso, que no se cansan de alimentar con necedad. Seguiremos contemplando cómo la difaman. Seguiremos recitando e pur si muove...




martes, 28 de octubre de 2014

Aforismos de la pancarta




La pancarta es un ser vivo. De escasa duración casi siempre: como las moscas, por ejemplo. Con frecuencia expresa la vergüenza de otros seres vivos como yo que también duran el tiempo de la sombra de una nube.

La pancarta no es solamente lenguaje: es sobre todo actitud.

La pancarta nunca se queda vieja por sí misma, si lo que dice sigue sin resolverse.

La pancarta no es mera queja; es sobre todo razón y sentido: indica el camino.

Probablemente este país es hoy día, más que nunca, una pancarta viva que solo los innombrables, que con frecuencia son los impresentables, tratan de desconocer.

Conclusión: a pancarta deshecha, pancarta puesta.




lunes, 27 de octubre de 2014

Aforismo del lenguaje



El lenguaje es un ser vivo. Y siente tanta vergüenza de lo que se dice en su nombre o deja de decirse en su ausencia...



miércoles, 22 de octubre de 2014

Aforismo no apto para risueños






















A veces piensa si no llegará algún día, acaso más pronto que tarde, en que no tendrá interés por seguir los acontecimientos que se precipitan en su entorno. Los acontecimientos siempre mediatizados  -y la expresión se desdobla en su sentido más que nunca, por mor de los tiempos vividos-  de los que escaparán apenas aquellos pocos que funcionan como el rayo. Es decir, los que llegan desde la naturaleza no controlada. Los que se descargan violentos e ineludibles por el pasillo estrecho existente entre la naturaleza exterior y la materia propia. Sin querer saber del episodio contradictorio y complejo de la historia. Ignorando el voluntarismo atroz y frustrante de las relaciones humanas que se trenzan y se desatan sin tiempo para digerir las ricas experiencias. Desoyendo la voz del conocimiento que se nos ofrece y marginando la capacidad de aprendizaje de la que estamos dotados. Del estar en manos de los otros pasaremos, antes o después, a la agonía más auténtica: la lucha con nuestro cuerpo, el dolor, el descreimiento, las pérdidas, la soledad, tal vez el abandono. 



(Fotografía de Paul Wolff)



domingo, 19 de octubre de 2014

Sotobosque: el aprensivo




El aprensivo vuelve locos a los que viven con él. A cada molestia que le dura más de un día, responde con una queja que transmite a los demás. Si sus familiares le dicen con bondad que no será nada él parece enrabietarse y se ve en la necesidad de agravar la dimensión de su dolor. Si los amigos le recomiendan que vaya al médico responde que se está observando, que siempre hay tiempo de acudir. Si en la fábrica arriesgan opiniones sobre su mal, les contesta con desdén que su cuerpo es suyo. Si algún malévolo le dice, al escuchar sus síntomas, que otro amigo sintió eso mismo y que por ahí andan ahora la viuda y los huérfanos, se estremece, humillado, hundido. El aprensivo cree verse más delgado por la noche que por la mañana. Y más agotado tras haber dormido que tras la actividad cotidiana. El aprensivo ha soñado la otra noche con el tiempo de la infancia, donde no había dolor ni angustia ni incomprensión. Al despertar se resiste a abandonar el sueño y se queda en la cama, tratando de dormir de nuevo para sujetar todavía el hilo de las últimas fantasías y prolongarlas. Acuden los íntimos a decirle que es de día, que tiene que ir a trabajar, pero él se tapa con las sábanas. Me duele todo, responde con voz de ultratumba. No puedo levantarme, pronuncia entre sofocos. Nadie le hace caso y le devuelven no solo palabras de enfado, sino incluso amenazas. El aprensivo, desconsolado, se deja caer en un bucle retorcido y fiero hacia dentro de sí mismo. Siente amargura y pánico. Luego se golpea como si se diese una puñalada a la altura del hígado y emite una queja auténtica. Se palpa. Para su asombro comprueba que tiene la mano pringada de sangre. Ahora se lo voy a demostrar de una vez a todos esos, piensa mientras se incorpora en la cama. Pero cae de bruces y nadie se acuerda de él durante el resto del día.



viernes, 17 de octubre de 2014

Variante de nudo Windsor





















Que no digan que vuelven las corbatas porque siempre estuvieron ahí. Símbolo fálico inconfundible, siempre uniforme, nunca veraz. Colegiales, empleados, ejecutivos o militares lucieron las prendas como signo de ir bien, aunque por dentro se fuera fatal. Entrañables aquellas corbatas de niño que venían con el nudo hecho y una goma que solo exigían estirar y meter la cabeza, y que propiciaba la broma de tirar de la del otro y soltarla con brutalidad de tirabeque. Los políticos del sistema y los altos cargos consiguieron que los paletas, peones y otros asalariados de mal vivir las odiasen. Aunque posteriormente, alguna redención debieron proporcionar, pues los descamisados de otros tiempos se trucaron en mods y decentes a la hora de aparentar y pedir trabajo. Los curas, por cierto, siempre las portaron de manera desastrosa, aun cuando fueran útiles para simular su condición sacra al ir a saciar, previo pronto pago, sus apetitos carnales en los lugares de perdición.  Nudo italiano, nudo americano, nudo Windsor, no sé cuántos nudos más existen en el repertorio de las corbatas. A mí me enseñaron éste último y se me dio de miedo, aunque las prisas al levantarme del catre por las mañanas me incentivaran a dejarlo hecho de un día para otro. De los tejidos, texturas y otras sedosidades tengo poca experiencia, pues abandoné tempranamente el arte de exhibir mi condición de macho de manera simbólica. Ya tenía bastante con mi propia cruz. Ahora vuelve un modelo nada nuevo pero sí adaptado a los tiempos. El nudo es más complejo y rebuscado, pues se persigue mejor representación estética, aunque ésta sea breve y muy privada, y sobre todo mayor efectividad final. No es necesario que se busque en internet dónde se venden. Basta echar un vistazo a los espacios de abrumador hastío y extrema descomposición de cada interesado a la hora de elegir el modelo. Yo no lo recomiendo en absoluto. Eso sí, que cada cual se lo piense antes de adquirir la prenda. Por dos razones. Porque previamente nadie va a admirar el modelo, y porque no se tendrá segunda oportunidad para rehacer el nudo o bien arrojar la corbata de cáñamo o sintética a hacer puñetas. Esta corbata, en definitiva, no es de quita y pon. Y derriba de un solo golpe y para siempre al macho que uno lleva dentro y, sobre todo, al hombre que pudo ser. Desgraciadamente, dicen que vuelve a estar en alza.



(Viñeta de Manel Vizoso)


martes, 14 de octubre de 2014

Más allá de las patrias


























Creo que fue en mi infancia avanzada cuando escuché aquella expresión: "El buey no es de donde nace sino de donde pace".  Tuve que dar muchas vueltas a la frasecita y cumplir algunos años más para asimilar una idea que al principio me resultaba ininteligible. En mi infancia uno tenía una patria, decían que, si bien se llamaba España, decían, de hecho adquiría varios rostros, como la trinidad santísima aquella del mito. Tenía a Dios, al Caudillo, a la familia. ¿Todo eso era la patria? ¿Todo eso era lo que uno era? Perdidos en su propio galimatías, los mayores no sabían responder nunca a las preguntas ingenuas del niño que acaso no se caracterizaban tan inocentes. Y no eran inocentes porque todos aquellos personajes más o menos reales, de obligado acatamiento, producían desasosiego en mi proceso de lenta racionalidad incipiente. Ah, se me olvidaba. La patria era también la Historia, es decir, el relato inventado, adulterado y ficcionado de siglos de acontecimientos épicos inexplicados que habían tenido lugar en la península, y que había que asumir por cachavas. Aunque fuera mentira.

Estos ya vagos recuerdos  -el tiempo produce vapores sobre la propia memoria personal-  me han venido a la mente al leer un párrafo de Antonio Machado, escrito en un artículo de prensa hace más de cien años, y que Miguel Ángel Aguilar trae a colación con acierto: "Nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce, que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos. Que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo, que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra”. Oportuno recordatorio de un Machado siempre claro y de larga mirada. No es solamente una frase olvidada la que me lleva a pensar a contrapelo sobre el resbaladizo tema de las patrias. Lo es también la corrupción generalizada entre las clases dominantes españolas  -sean económicas, administrativas o políticas, es decir, poderes de facto o poderes de iure-  y el proceso catalán hacia no se sabe dónde. En tiempos cambiantes, de cambios mucho más profundos de lo que nos pensamos, en que las relaciones sociales y productivas van a tomar unos vericuetos poco democráticos y el individuo puede ser deficientemente respetado, conviene pensar en lo que queremos ser como colectivo. ¿Puede ser el territorio donde pacemos un lugar de encuentro y convivencia más participado por la ciudadanía? ¿Puede aún dotarse de una estructura que no sea ya más la finca ni el cortijo tradicional desde el que se nos ha usado y tirado tradicionalmente? ¿Puede reconciliarse el individuo con la política, de la que no creo que haya estado disociado del todo?  ¿Puede avanzarse hacia una mentalidad supranacional, pues los desafíos del momento están todos internacionalizados? No sé más que hacer preguntas y no perder aún los anhelos.




(Por supuesto, la imagen es obra de El Roto)


lunes, 13 de octubre de 2014

Mitoraj: el hombre que derribó las estatuas




Si esto fuera un relato podría titularse el escultor que derribaba las estatuas. O que las dejaba a medias o que las quebraba o que las dejaba sin ojos o que cerraba sus bocas...Tal parecía que las hubiese echado abajo tras haberlas terminado antes en la mejor tradición de una belleza clásica. Pero el escultor las erigía, porque así lo había concebido, ya deconstruidas, ya afectadas por el accidente, en mayor o menor medida. El escultor sabía que las estatuas nacieron para ser efímeras, por mucho que los imperios que han sido quisieran hacerlas perfectas e imperecederas. Los avatares de ese tiempo humano al que llamamos historia se encargaron, con la complicidad climática, de que siguieran, probablemente sin tardar demasiado cuando no acto seguido, el curso de la caída de los reinados. ¿Cómo verían los pobladores asirios, persas, egipcios, griegos o romanos aquellas remedos de las divinidades y de los reyes que se levantaban para presidir un espacio urbano? Me figuro a los hombres  -probablemente no todos los hombres, sino solamente los de las clases y castas elegidas-  contemplando las estatuas exentas o los relieves monumentales, desde los que se hacía pedagogía del poder que es tanto como decir de la sumisión. ¿Las salvaba la estética o acaso, mejor dicho, el guiño de los artífices? Andando el tiempo, el significado determinante de las estatuas fue mermando, y en Occidente esa desvirtuación de su sentido se ha acelerado ya desde hace siglos. Hoy la estatuaria, en general, no sienta precedente ni hace catequesis ni dicta obligados sometimientos ni sugiere arrobamiento alguno. Las ciudades han escondido las esculturas, por más que las nefastas políticas municipales sigan metiendo en rincones obras en serie inexpresivas en su mayor parte y sin capacidad de comunicar algo al vecino de la ciudad. Cierto que hay excepciones. Cuando hace años vi en Palma una exposición temporal y callejera de lo que creaba el polaco Mitoraj, fallecido hace una semana, me pareció que la vieja idea de la estatuaria renacía. Pero no renacía para exaltar personajes ni evocar imperios ni cantar las realizaciones de los regímenes del pasado. Volvían a estar ahí para la reflexión personal. Porque, ¿hay meditación más honda sobre la existencia que la que viene sugerida por la caída? 

Mi homenaje hoy a Igor Mitoraj, a ese artista que hizo nacer las estatuas ya caídas, que no muertas.


http://laantorchadekraus.blogspot.com.es/2006/08/dioses-y-hroes-cados-de-mitoraj.html




viernes, 10 de octubre de 2014

Sotobosque: el guardián del tiempo



A veces pasa las hojas del calendario hacia atrás. Sin arrancarlas. Hace que reconstruye fechas. Describe situaciones vividas o que nunca tuvieron lugar. Pone personajes. Los que conoció los reconstruye. Hace nacer los que no existieron. En ocasiones genera un vacío para que todos sean inexistentes y de este modo sentir cualquier sonido menos voces. Así pasa las noches, retrocediendo en la historia que se inventa. Aquel relieve en que un todopoderoso y colérico personaje se alza en la cima de un monte le sobrecoge. Una vieja estampa en que cierto demiurgo sopla y hace le obsesiona. La otra imagen en que otro misterioso ser levanta de la arcilla un gigante le fascina. Él moja con su saliva los dedos antes de pasar cada página del tiempo y se refunda. Cada día es un otro individuo. Ha conseguido que los vecinos se olviden pronto de él. Duró poco, dicen algunos, cuando ya han dejado de ver al que conocían del día anterior.



jueves, 9 de octubre de 2014

Terribles crueldades















Es una tontería decir que son los olvidados de Dios. Se lleva mucho ese tipo de expresiones frívolas. Mientras se dicen cosas así no se dicen las verdades, las bárbaras y terribles crueldades, vaya, que diría el poeta. Por ejemplo, que los enfermos africanos de ébola desearían morir como ciertos perros hispanos. Y que parte del género humano de allí está un punto por debajo de los perros. Decir que, no obstante, su dignidad no la pierden estos desahuciados es otra alegría propia de teólogos y sofistas. Miren. Si no hay vida, ni esperanza de tenerla en condiciones, ¿de qué dignidad hablan? Ellos mueren por un virus que se nutre de la miseria y el subdesarrollo, y acaso de oscuras intenciones de los poderosos de la tierra. Mientras, en España, el virus de la inmoralidad y de la hipocresía nos corroe las entrañas, amigos tuiteros.  


Plegaria animista





















Oigo en la madrugada caer la lluvia con una placidez rabiosa. No puedo evitar que mi subconsciente animista  -todos llevamos ese componente, más profundo y auténtico que la otra ideología que nos obligaron a mamar-  me pida un gesto de bondad. ¿Con la lluvia? No, con las circunstancias. La lluvia disfruta cuando agradecemos su presencia, pero no necesita nada de nosotros. El entorno de hombres y cosas, sí. Y rezo. Rezo desde mi animismo: invocación dichosa, deseo furibundo, emoción transformadora. Tal digo desde la hondura de lo breve:

Lluvia. No ceses. Cae con contundencia natural, expurga las conductas, barre los detritos malolientes, aligera la gravedad del mal, purifica nuestros ámbitos, líbranos de los hombres patógenos, elimina el marasmo que nos rodea, desaloja la confusión, disuelve nuestros temores, recupera el oxígeno de la razón perdida, aleja los fantasmas que se presentan como salvadores, danos conocimiento y capacidad para avanzar de modo adecuado con el conocimiento, revitalízanos. 

No sé si es suficiente. No sé si me siento mejor. Sí más generoso.



(Fotografía de Louviere+Vanessa)



miércoles, 8 de octubre de 2014

martes, 7 de octubre de 2014

El ébola que ronda: lo que dice Josep Pamies



Como información dejo el vídeo adjunto. No sé si las razones de Josep Pamies son sólidas, pero su contundencia es admirable. Como ciudadano común me siento tan descorazonado por la ineptitud de la ministra de Sanidad y la inseguridad que en general fomentan las autoridades gubernamentales que deseo informarme cómo y donde sea.







lunes, 6 de octubre de 2014

Copiando al Brumario






Todos los supuestos acontecimientos, que no novedades, aunque lo parezcan, que acarrean la historia del país me hacen pensar de un modo un tanto lateral. Esa fragua aparentemente anodina de sucesos en ciernes, que no novedades, coloca sobre el tapete el viejo juego de máscaras. Personalmente no espero demasiado, ni creo que las rupturas, del signo que sean, vayan a ser profundas y no sé hasta qué punto renovadoras. Acaso ni siquiera reales. Tal vez por ello, por esa condición subjetiva que me invade de hastío, repugnancia y conciencia de la dificultad de acabar con la cizaña presente, que establece un nexo con la mala hierba del pasado, es por lo que me acuerdo de pronto de una parrafada leída allá por los sesenta del siglo pasado, cuando los arriesgados ingenuos del momento creíamos que el cambio de las relaciones sociales y políticas eran como las cristianas: cuestión de fe.

"Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa... Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y del Imperio romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789 y allá la tradición revolucionaria de 1793 a 1795. Es como el principiante que ha aprendido un idioma nuevo: lo traduce siempre a su idioma nativo, pero sólo se asimila el espíritu del nuevo idioma y sólo es capaz de expresarse libremente en él cuando se mueve dentro de él sin reminiscencias y olvida en él su lenguaje natal".

Dejando de lado la mención a las crisis revolucionarias, que hoy día ni están claras ni se sabe hasta qué punto la sociedad las desea, esa operación de disfraz histórico parece seguir en activo más allá de lo descrito por Karl Marx en su El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Y no hago más que preguntarme de qué se disfraza o está a punto de hacerlo cada político del momento. ¿A qué juega el ínclito presidente del Gobierno? ¿De qué ropaje se cubre el no menos ínclito honorable a un nuevo Estado fuera del Estado? ¿Qué vestimenta va a ponerse la nueva promesa marketing del partido de la alternancia capitalista de oposición? ¿Qué papel cree que va a poder cumplir el joven mediático del irresistible ascenso en las encuestas? ¿Van a seguir disfrazándose de lo mismo los barones de todas la baronías paniaguadas? ¿Qué cruz están preparándose para cargar lo que queda de la izquierda honrada? Mientras, los poderes de verdad, los suprapoderes, los que están por encima de los que juegan la partida de ajedrez del momento, no necesitan disfrazarse de nada. Ellos tienen claro su papel, correcciones menores aparte, porque ya ganaron la partida hace tiempo. Su estatus de control y propiedad no se discute. ¿Otras instituciones? La más veterana y maniquea, la que te unge cuando naces y bendice a la nada cuando te mueres, en el mismo lado que ha estado toda la vida. A caballo ganador, que siempre es el mismo. La industria de disfraces, los roles del drama o de la comedia y las caretas para engañar a incautos, sea cual sea el territorio del país, van a manifestarse a todo trapo en los próximos meses. No creo que superen en imaginación a los carnavales.

  

(Imagen: mes Brumario, del Calendrier républicaine)