miércoles, 28 de junio de 2023

Celebración de Ariadna y Minotauro

 




- ¿Y dices, Ariadna, que has tirado el ovillo y te has deshecho de Teseo porque te parece un aburrido?

- Digo que prefiero escucharte a ti, que tienes experiencia y sabes contar las historias, a soportar los impulsos de un joven pretencioso que solo deseaba acabar contigo para hacerse el héroe y que todas se arrojaran en sus brazos.

- Me halagas, Ariadna, porque si bien soy ya viejo me está reconfortando el generoso narrador de lo vivido que llevo dentro.

- Pero se supone, por lo que van cantando por ahí los vates ciegos, que apenas has salido de este recinto. ¿Cómo puedes haber adquirido tanto conocimiento? 

- No siempre estuve aquí dentro y tuve mis correrías.

- Pero un encierro priva de seguir sabiendo más.

- Acaso no, porque parar viene bien para reflexionar, es decir, sacar conclusiones y valorar lo andado. Eso es saber más.

- ¿No corres el riesgo de pensar solo en pasado, Mino, y quedarte obsoleto?

- Por eso he absorbido cuanto me han transmitido los efebos y las doncellas que me fueron entregados a lo largo de este tiempo. La obsolescencia es un término que tiene que ver con la utilidad, y a mí ya no me preocupa lo útil sino que me entusiasma lo gratificante.

- Poco podrían saber ellos de la vida, tan jóvenes como inexpertos que serían.

- No creas, los había espabilados. Además muchos sabían contar la vida vivida por otros y yo siempre me interesaba.

- Te podían estar contando lo que les parecía, Mino. Todo fuese por quedar bien contigo y evitar tus desmanes.

- Primero, que quede claro que nunca cometí desmanes de ninguna clase y que siempre me plegué a sus deseos. ¿Que deseaban que accediera a ellos? Se lo concedía. ¿Que me tenían pavor y rogaban piedad? Les facilitaba la salida del laberinto de un modo secreto. Pero, ojo, esto no lo sabe nadie y no puedo dejar en evidencia al mito. Y segundo, ¿y qué si cuantas historias me relataban eran recreaciones o fantasiosas invenciones? ¿Acaso no es la vida de todo humano la aceptación de una narración ficticia?

- De cualquier manera, Mino, lo que más me prende de ti es tu actitud reposada y el juego de tus palabras. Sea o no verdad cuanto dices, sabes decirlo, convirtiendo lo recreado en razonable.

- Es que lo razonable siempre es aleatorio, Ariadna. Dos que se interpelan se reclaman de tener razón, cuando acaso ninguno la tiene.

- Precisamente eso es lo que más admiro de ti. Teseo era tan seguro de sí mismo, de ideas tan fijas como simples, que apenas tenía imaginación para divertirme y escasa para saber amarme. Y tú, con tu hablar cachazudo, sin vehemencia alguna, sin solicitudes gravosas, consigues atraer no solo mi atención sino abrir la llaga de mis deseos recónditos.

- ¿Debo considerar lo que dices como un brindis a los buenos ratos?

- Considéralo como quieras, Mino. No he llegado al laberinto ni para torturarme ni para huir y menos para aspirar a presuntos mundos ideales, tan inalcanzables. Algo me decía que aquí dentro también hay disfrute y goce. Y si nos cansamos, ¿no podríamos utilizar esa salida arcana que has mencionado sin que nadie lo advirtiera?

- No planeemos, Ariadna. Estemos a gusto en este corredor de las edades, pues no otra cosa es un laberinto, y dediquemos a las divinidades de la contemplación y del placer las energías, convirtiendo en fortaleza nuestras flaquezas.

- Que sea como dices, Mino. Compartamos, pues, con entusiasmo el cáliz sabroso que conjura tanto la ignorancia como la discordia y el aburrimiento. 



 

* Grabado de Pablo Picasso, perteneciente a la Suite Vollard.

lunes, 26 de junio de 2023

Y el toro se puso a pensar

 



"¡Oh blanco muro de España!
 ¡Oh negro toro de pena!"

De Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Federico García Lorca.


Si hay un animal más manipulado y sometido en la historia española es el toro. Se le adorna de casta, bravura, energía animal, símbolo por excelencia del país y no sé cuántas cosas más y el toro se lo cree todo. Se lo cree para acabar llegando al destino aciago que de él exige el consumidor medio de las tradiciones patrias. Su braveza torna en mansedumbre, su independencia en sumisión, su habilidad en torpeza, su tesón en callejón sin salida, su ansia de vida en padecimiento y fatalidad. Es su destino, claman los espectadores moderados pero también sedientos de circo. El toro existe para la muerte, gritan los más virulentos, que no sabe bien si exaltan al toro o a la muerte. Y así una y otra vez, entre el toril del pasto cotidiano y la puerta de arrastre de su sacrificio el toro es toreado con arreglo a unas normas que no entiende. ¿Habrá algún momento de nuestro acontecer en que el toro negro se plante y no siga las leyes del ruedo ibérico?¿Llegaremos a ver en él la bravura de la inteligencia que rompa su sino? 

En el cuento para niños de hasta cien años titulado Ferdinando el toro, de Munro Leaf, se habla de un toro calmo, que ya de novillo no entraba a pelearse con los demás, y que se pasaba el día contemplando la naturaleza, no manifestando nunca signo alguno de bravura, por lo que los dueños de la dehesa lo consideraban inútil para una corrida. Hasta que un día espoleado por la picadura de una abeja echó a correr dando cornadas al aire, pataleando como energúmeno de aquí para allá campo a través. Esta actitud sorprendió tanto a los ganaderos que creyeron ver en Ferdinando un toro de primera casta que podía dar mucho juego en la plaza. Y así se lo llevaron para la feria de la capital...

Pero aquí debo pararme por si alguien quiere conocer el cuento y no quiero desvelar su encanto. No tengo claro del todo cómo es el toro de España actualmente, aunque algo barrunto. No sé si va a demostrar el coraje de la inteligencia o la falsa bizarría de quien sigue al pastor que mejor le maneja. Yo quisiera que el toro español fuera el toro pensante de Josep Granyer i Giralt que parece introspeccionar desde el podio de Rambla de Catalunya. Quisiera que no se dejara arrastrar por los cantos de sirena mediáticos, las voces desmesuradas de los falsarios, la estupidez repetitiva de las redes sociales que no dejan margen a reflexionar, la ceguera del cheque en blanco. Tal vez el toro de Granyer i Giralt y el de Munro Leaf son el mismo toro. Pero mucho me temo que en las próximas elecciones generales los propietarios de toda la vida de la finca española reconduzcan a una buena parte de la sociedad al toril. Y una vez en el toril ya se sabe qué destino cabe esperar.





 

jueves, 22 de junio de 2023

La Piedad, según W. Eugene Smith


"Mis fotografías
dicen muy suavemente…

Mira, tú; mira
esto y escucha…
Mira, tú; mira
esto y piensa…
Mira, tú; mira
esto y reacciona…
Y lo haces.
No porque te haya compelido a ello,
sino porque has reaccionado.
Mis fotografías, con urgencia,
pero suavemente, te mueven a
pensar y sentir.
Eso es lo que espero de ellas".


W.Eugene Smith

 

No es iconografía cristiana, aunque recuerde obras renacentistas y barrocas. Es conducta humana, más que imagen, que cualquiera puede reproducir pero de la que nadie debe arrogarse la propiedad en exclusiva. La piedad es una virtud universal compartida por unos e ignorada por otros. ¿Está a la baja la piedad? No lo sé, pero no lo creo. Sucede que con frecuencia la piedad es secreta. No miro a la piedad como exaltación de un culto sino como ejercicio de compasión. En este sentido la piedad no puede ni debe exhibirse alegremente, sino solamente llevarse a cabo bien en la intimidad o bien como una asunción colectiva que repare y corrija las abundantes prácticas de inhumanidad. Pero sobre todo es la piedad íntima la que sin alharacas ni manifestaciones publicitarias tiene lugar de ordinario en el silencio de muchas familias. 

Estos pensamientos me han asaltado al observar de nuevo una fotografía del reportero gráfico W.Eugene Smith. Realizada entre 1971 y 1973, una de tantas de la serie que él y su mujer Aileen tomaron sobre la tragedia de Minamata, al sur de la isla de Kyushu, Japón, en colaboración con los vecinos. A principios de los años 70 una extraña enfermedad de tipo neurológico, con diversas y graves secuelas físicas, cuando no mortales, se extendió entre la población de Minamata, principalmente entre los pescadores. Pronto aquella gente empezó a sospechar de los vertidos que la empresa química Chisso Corporation arrojaba a las aguas donde los pescadores faenaban, elevando el nivel de mercurio hasta extremos fatales. Los habitantes se movilizaron con protestas y exigencias a la empresa para que detuviera los vertidos, pero la Chisso hacía caso omiso. Y las autoridades miraron para otro lado. W. Eugene Smith, que trabajaba para Life se enteró del asunto y se presentó allí, implicándose a fondo con los pobladores. 

W. Eugene Smith fotografió muchas situaciones y muestras íntimas del padecimiento de personas, de las desdichas familiares y de la piedad humana desarrollada que, al fin y al cabo, se traduce como cuidados, atención, apoyo y en la medida de lo posible salvamento de la dignidad. No fue un camino de rosas ni para los habitantes de Minamata ni para Smith, que fue salvajemente golpeado por partidarios de la empresa química, la larga lucha contra Chisso pero la emisión de fotografías y su publicación causaron impacto y llevó a un cierto reconocimiento por parte de la empresa de la criminal práctica. Pero las indemnizaciones no tuvieron lugar en toda su extensión, mientras que las secuelas del envenenamiento no caducan nunca.

Hay una película titulada El fotógrafo de Minamata, de 2020, dirigida por Andrew Levitas y con una interpretación muy notable de Jhonny Depp y el resto de elenco. 



https://espai-marx.net/?p=9848

https://www.nippon.com/es/images/i00051/


lunes, 19 de junio de 2023

Concierto de Aranjuez, sublime cómplice y protector

 







"Qué lejos siempre entonces ya de todo,
incluso de mí mismo; 
qué solo y qué perdido yo, 
aquí o allí.”

Ángel González, de Otoños y otras luces.

Cuando yo me jugaba la juventud, que también la vida, dice Max, me refugiaba en los acordes melodiosos y sublimes del Concierto de Aranjuez, y no era ningún refugio nostálgico, de joven no sientes nostalgia de ninguna clase, era más bien como una capa protectora poner un casete a volumen elevado, para que eclipsara el rugido de una multicopista a todo trapo, y jugaba un doble papel, ahuyentaba el sonido enronquecido de las vueltas de aquel cilindro de tinta y hacía creer al vecindario que quien se alojaba en el piso era un melómano empedernido, además de un tipo normal, simpático con todos y condescendiente y amable en especial con las personas de edad, al que se le podía disculpar el sonido estruendoso porque eran las melodías de toda la vida, que a eso les sonaba a la mayor parte de los vecinos, sin tener ellos demasiado conocimiento de música, porque hoy era ese concierto del maestro Rodrigo, pero mañana podía ser un repertorio de coplas, esas cuyas letras tan bien recopiló años más tarde Vázquez Montalbán, y hasta en cierta ocasión de urgencias impresoras hubo que recurrir a las saetas sevillanas, que esas sí, ablandaban hasta los corazones más adictos al régimen, porque de este modo quién podía sospechar que un subversivo ocupase aquel piso de viviendas de empleados del Estado, a qué sedicioso, si bien pacífico, se le ocurriría poner a todo trapo saetas o coplas o a un Luis Mariano tan admirado, por ejemplo, y lo comprobé de buena tinta, pues en el edificio vivía un funcionario de gobernación que nunca sucumbió a la curiosidad morbosa, algo que jamás me expliqué, al que recogía puntualmente un coche oficial todas las mañanas, el hombre tan empeñado como estaba en escalar en los puestos de la delegación y no cayó en que lo habría tenido fácil de haberse entrometido algún día en mi ámbito, al que hubieran incluso premiado, pero mi tacto con su esposa fue siempre exquisito y prudente, y ella ponía de su parte, y tal vez lo que comentase aquella fiel, y ciertamente culta, esposa le otorgaba credibilidad, así que hoy, con los acordes iniciales del Concierto de Aranjuez en la audición de cámara a la que he asistido, no he podido por menos que dejarme embargar por una emoción olvidada, y con la memoria he revivido ciertas situaciones arriesgadas, incluso de pronto he sentido el latigazo de aquel miedo, la presura por detener todo, la máquina y el casete, y ventilar para que el espeso olor a tinta no infectara la nariz de quien llamaba inoportunamente a la puerta, y mi reacción de inquilino se demoraba temiendo lo peor, mirándome los zapatos, asegurándome de que los cordones estuvieran bien atados, por si había que salir a la carrera, y era de una lentitud gravosa aquel recorrido del pasillo hasta la puerta de entrada, escocido por el sudor evidentemente frío, la respiración agitada e imaginando lívido y ausente mi propio rostro, forzando el ascenso de la saliva, hasta gritar a distancia un voy, voy, así repetido, para llegar a la puerta y pensar que sea lo que quiera que sea, alea jacta est, que nos habían adelantado anecdóticamente al traducir la Guerra de las Galias, si bien la frasecita venía de después, de cuando lo del Rubicón, y paralizarme al ir a descorrer en última instancia el pestillo, dudando si hacerlo del todo, removidas las tripas por el pánico, fatigado por la angustia, sobrecogido por el estremecimiento, qué ridículo es el miedo, qué espantosa es la idea de estar cometiendo in extremis un error irreparable, qué cruel la convulsión ante la soledad y el abandono que se abrían bajo los pies, viéndote ya trémulo y desasistido en un futuro negro que se hacía presente, y a continuación el prodigio, un impacto emocional de otro signo, un golpe instantáneo de relajación, un suspiro sonoro al comprobar con regocijo contenido que quien llamaba se trataba sencillamente del revisor del contador de la luz o de un vecino que te pedía un favor o sencillamente un error de llamada, y luego cerrabas de nuevo, sin dar pie con bolo, silbando los acordes del Aranjuez, para proseguir la tarea resistente a medio hacer que tenía que ser entregada a una hora prefijada por razones de seguridad, y tú casi sin ganas de continuar, reblandecido por la tensión física recién padecida, pero repuesto y estimulado moralmente, una batalla ganada, de momento, te decías mientras conectabas de nuevo el concierto protector, al que nunca uno le estará suficientemente agradecido por su acción benéfica, por su arropamiento, y entonces sentarte ante la pila de folios impresos, contemplar la modestia de la edición, enardecerte con los mensajes de la misma que te parecía que también, en tu pequeña escala, hacían historia, sin darte cuenta aún de que sobre todo se hacía historia de ti mismo, y por un instante parar la mente, si es que el cerebro sabe de paradas, y dedicar una oración laica al bendito maese Rodrigo, y abandonarte al paseo por los desconocidos jardines de la localidad palaciega, sabiendo que la partitura, de apariencia neutral, había tenido mucho de beneplácito con la nueva situación del país cuando se compuso, pero sabiendo también que a la larga el arte se impone y trasciende a los bárbaros y la belleza acaba dando la espalda a estos, ¿no te parece?, dice Max, y yo: no estoy seguro.



* Lo siento, el vértigo por el recuerdo de aquel tiempo me ha llevado a expresarme con el vértigo de las palabras. Escribo esta ocurrencia pensando en aquellos que alguna vez supieron del paciente valor de la resistencia voluntariosa por mantener en la brújula, a pesar de todos los vientos y todos los oleajes, la orientación del Norte. Es necesario evitar la deriva hacia las rocas, porque rota la embarcación el naufragio puede arrancarnos la vida. 


(Fotografía tomada de la Memoria del Archivo de la Universidad Complutense de Madrid)

viernes, 16 de junio de 2023

Escribir para que haya alguien al otro lado

 




"Me durmieron con un cuento…
Y me he despertado con un sueño.”

León Felipe, de Llamadme publicano.



"Escribo porque yo, un día, de adolescente, me incliné ante el espejo y no había nadie. ¿Se da cuenta? El vacío". Dicen que esto le respondió la escritora mexicana Rosario Castellanos a un periodista ante la estereotipada pregunta de por qué escribe usted. La respuesta, nada convencional, sobrecoge. ¿Confesaba así la poeta una circunstancia de carencia de identidad en la adolescencia o ya hacía relato de sus primeras pulsiones literarias porque no podía admitir el vacío y la inacción? 

Tal vez escribir sea situarse ante el vacío. No tanto el literal de quien apenas tiene experiencias de vida cuanto el del que siente la necesidad de enfrentarse, a cualquier edad, con la mentira y la vaciedad de todos los cuentos que le han ido contando. Sin embargo, cómo nos han nutrido todos los mitos e historias hasta metamorfosear nuestra identidad. Ignorándonos y obligándonos a preguntarnos si no habremos sido, o somos, otros.

Ya me lo dice con sarcasmo Max. Mirémonos en el espejo, antes de que el desgaste o el óxido lo enturbie del todo y no nos deje reconocernos en él. Quién sabe si nunca será tarde para hallar la imagen perdida.



miércoles, 14 de junio de 2023

Guten morgen, gute nacht

 




"...deja que al fin yo por siempre en tu fondo el silencio recuerde".

Der Archipelagus. Friedrich Hölderlin



Alguna vez fue. Y se quedó en la bruma. El saludo, antes que el alba, llegaba atravesando el continente a través del teléfono. Guten morgen, mein mann. La voz acogedora sostenía la suavidad de la madrugada apenas iluminada por las farolas del parque. El chapoteo de unos pies sobre la nieve llegaba a los oídos del hombre desnudo. ¿Entendió alguna vez ella que el hombre, en los riesgos de la pasión, era la desnudez rotunda que se acercaba al abismo? Cómo se cubría de calor la piel del hombre en la llamada desde la lejanía. Ella: Ich werde arbeiten, voy a trabajar, y están cayendo sobre mí los copos como si fueran tus palabras. Enardecido sobrecogimiento a este lado de la otra voz. Él: yo estoy ahí, mi nombre es nieve. Alguna vez pudo ser. Pudieron retenerse las madrugadas. Pudieron encontrarse los alientos. Pero la bruma ocultó las voces y diluyó las presencias. Y sepultó el anhelo entre las hojas de un cartapacio con los retratos que la mujer dibujó de sí misma.





lunes, 12 de junio de 2023

Ensimismamiento

 



"Si atrapas el instante antes de que madure,
conocerás el llanto del arrepentimiento;
mas si alguna vez dejas escapar el instante,
jamás podrás librarte del llanto del dolor".

Poemas manuscritos. William Blake.


Ensimismamiento. Ese estado breve en que se impone una ausencia sobre lo inmediato. En que nos abduce un recuerdo pretérito, de satisfacción o de rechazo, o nos imaginamos un acontecimiento, anhelado o temido, que aún no ha llegado. En ese instante la mente abandona nuestra presencia, relega los quehaceres, aplaza las intenciones. Hay algo de mística en esa fuga que nos hace navegar a través de un oleaje desordenado.  Mirando abstraídos hacia el cielo o concentrados en el horizonte o absortos en el ángulo de una habitación, ¿percibimos imágenes reveladoras que escapan a nuestro discurrir? Ese punto embelesado no nos devuelve lo perdido y no nos consigue lo que pretendemos. Ni siquiera, probablemente, nos aporte una dirección clara. Esperamos sin esperanza. Intentamos recuperar lo que no es ya retentivo. Nos entregamos, endulzados por la perplejidad, a la vacuidad del momento. Hay una sustancia de la Sibila perdida en cada uno de nosotros, que nos concede el don de interpretar el pasado pero nos niega la claridad del porvenir. Jamás saldremos de la incertidumbre.


 


(Sibila, obra de Alonso Berruguete. Museo Nacional de Escultura de Valladolid)

sábado, 10 de junio de 2023

Aproximación a un poema geométrico del todo

 



"GALILEO.-(Lavándose el torso con alegres resoplidos) Pon la leche en la mesa, pero no cierres ningún libro.
ANDREA.- Mi madre dice que tenemos que pagar al lechero. Si no, pronto empezará a dar vueltas alrededor de nuestra casa, señor Galilei.
GALILEO.- Di mejor que describirá un círculo, Andrea.
ANDREA.- Lo que usted diga. Si no le pagamos, describirá un círculo alrededor de nosotros, señor Galilei.
GALILEO.- Mientras que el alguacil del juzgado, el señor Cambione, vendrá hacia nosotros derecho, ¿y qué linea eligirá entre dos puntos?
ANDREA.-(Haciendo una mueca) La más corta." 


Vida de Galileo. Drama de Bertolt Brecht.




Aproximación a un poema geométrico del todo


De lo particular a lo general. 
De lo diminuto a lo crecido. 
De lo baladí a lo considerable. 
Del detalle a la totalidad. 
De lo sectorial a lo global. 
De lo lineal a lo transverso. 
De lo singular a lo plural. 
De lo figurativo a la abstracción. 
Del trazo a la línea. 
Del renglón al discurso. 
De lo horizontal a lo erecto. 
De lo personal a lo colectivo. 
De lo desmenuzado a lo integrado. 
Del significante al significado. 
Del balbuceo al lenguaje. 
De la secuencia a la serie. 
Del desorden a la armonía. 
De una arista al volumen.
De una cara al conjunto. 
Del ángulo a la extensión. 
De lo paralelo a lo convergente. 
Del segmento a la unidad. 
De la tangente a la secante.
De la dispersión a la proporción.
De la parcela al territorio. 
De la aldea al mundo. 
Del área local a la dimensión universal. 
Del recogimiento a la expansión. 
Del destello a la plenitud. 
Del silencio a la voz.
Del griterío al silencio.
De la imaginación a la representación.
De lo representado a la duda.
Del azar a la voluntad. 
Del error conceptual a la claridad provisional. 
De la escasez al aprovisionamiento.
De lo perentorio a lo acomodaticio.
De lo absoluto a lo relativo.
De lo ideal a lo comprobable.
De la impericia a la aptitud.
De la ignorancia a lo razonable.
De la vaciedad al esfuerzo.
De lo naciente a su ocaso.





miércoles, 7 de junio de 2023

Del escondite al esconderite



"Uni, doni, treni, catoni, quini, quineta, estaba la reina sentá en su silleta, picandola, el que no se ha escondido que se esconda..."

La voz de aquel chaval con deje andaluz se volvía estruendosa al cantar el comienzo del juego. Todos los demás corríamos a escondernos. Quien tras una tapia, otro bajo un carro, el de más allá entre los juncos, aquel tras el brocal del pozo, y la niña avezada se me pegaba obstinada y por más que intentase apartarla me seguía en busca del mismo escondite que yo. No sé si por indecisión, porque yo tenía ascendencia sobre ella o porque se sentía indefensa; nunca lo supe, pero cuidado que era pegajosa. Y mi lugar elegido siempre era un espacio intrincado, calculado al albur para que los demás no me encontrasen fácilmente ni a la hora de la merienda. ¡Cielos!, ahora que lo pienso creo que aún mantengo en secreto mis escondites y rehabilito con el pensamiento aquellos rincones recónditos cuando quiero esconderme a mi edad. 

El escondite era mi juego preferido entre todos los juegos infantiles. Porque me llevaba al límite de la tensión y a la emocionante alerta. Porque se adaptaba a mis posibilidades, o yo a las suyas. Porque casi nunca me encontraban y salía y libraba yo antes. Porque aprendía, en los minutos que permanecía oculto, a abstraerme y a encontrarme con alguno de mis otros yo. Porque me gustaba en ocasiones impacientar a la tribu hasta que se olvidaban de mí y me dejaban por imposible. 

Resuena en los oídos de mi memoria una melodía inocente. Esconderite lerite lerón, cien guripas y un ladrón...Lo de tres gallinas y un capón era demasiado suave y lo traducíamos a algo más emocionante, la persecución del delincuente por los del orden. Me pregunto ahora, en que ya no distingo si soy el ladrón o el guripa: ¿Sigo jugando todavía al escondite?. Y esconderme, ¿de qué? ¿De quiénes? ¿Probablemente de mí mismo? No es infrecuente que uno busque esconderse ante situaciones adversas, lo cual resulta de necios, y rechazar o demorar la realidad suele agravar la resolución de un problema. Pero la tentación lúdica nos persigue, aun sabiendo que tenemos que salir a campo abierto. De momento y mientras me lo pienso voy a buscar un grato y discreto rincón donde ponerme a salvo.


 

martes, 6 de junio de 2023

Sobrevivir

 


"-¡Ay! -respondió Sancho llorando-. No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía."

Y esta vez el hombre no murió. Si bien cada día todos seguimos muriendo un poco más, y no solo es eufemismo pues la biología nos va explicando el proceso del cuerpo. Pero mientras tanto recorremos el camino, queriendo tener, saber y disfrutar. Verbos que no dudan en entrar en colisión si cada una de las aspiraciones es frenada por otra. Vivir es sobrevivir, porque la intensidad es siempre circunstancial y alterna. Y la supervivencia un imperativo y una constante. Hemos creado términos ceremoniosos para sublimar la existencia. Plenitud. Salud. Posesión. Aceptación. Reconocimiento. Satisfacción. Etcétera. Piezas del ajedrez, unas veces arriesgando alocadamente, otras dudando la elección, a veces enrocándonos sin una clara salida. Y ya sabemos quién es el contrincante siempre. Sancho lo tenía claro, seguramente Alonso Quijano también pero estaba en las últimas. Sigamos con la partida. No adelantar el acontecimiento fatídico. No dejarse agotar, que es como decir vencer, por la impaciencia melancólica. Al menos no antes de tiempo, factor este avasallante al que no lograremos reducir jamás.


domingo, 4 de junio de 2023

No solo es cuestión de cabeza dura

 



"Aunque me tiren el puente/ y también la pasarela/ me verás pasar el Ebro/ en un barquito de vela.
 
Diez mil veces que lo tiren,/ diez mil veces lo pondremos,/ tenemos cabeza dura/ los del cuerpo de ingenieros."

Al recordar, por la lectura en otro blog, estas estrofas de una canción de la guerra civil española, aquella tan hermosa como melancólica de Si me quieres escribir, he sentido cierta conmoción. Utópica, supongo, porque uno ya no se presta con facilidad al mero sentimiento como guía de conducta y menos de intervención. Puede ser metafórica en las actuales circunstancias históricas. Las metáforas obran en ocasiones como estimulantes, pero tienen efectos secundarios y con frecuencia adversos. Bueno, tal vez muchos necesiten la terapia. Sabiendo la deriva de la historia y de la vida uno concluye que no basta la cabeza dura. Porque el mal que se padece no se cura con canciones. Y la ceguera de pensamiento, menos. Y si no, pregunten a Tiresias.




(Foto: Tiresias, en modo atlante, en el claustro de las Dueñas, de Salamanca)

viernes, 2 de junio de 2023

El maniquí articulado a la solana

 



Caminamos siempre sobre el filo de la navaja. O por el perfil del acantilado. O junto al límite. Lo sospechamos pero preferimos ignorarlo. Elegimos imaginar que el cuchillo afilado no corta, que los bordes rocosos son seguros, que el límite es ilimitado. Pero de vez en cuando una interferencia en la vida nos recuerda que somos frágiles y que nuestra extrema ignorancia aumenta la debilidad. Y esa interferencia que puede llegar desde el exterior, en alguna de sus innumerables formas, incluidas las del cuerpo social, o desde el interior del cuerpo físico del que dispone cada cual, pone en la balanza por un escaso margen de tiempo si se nos permite la continuidad o se nos concede el acabamiento. Somos necios con nosotros mismos y harto estúpidos en la trabazón colectiva. Claro, que siempre quedará un heraldo negro que vocee: sálvese quien pueda. ¡Al estiércol con él! Voy a ponerme a la solana. Como elegante maniquí.




domingo, 28 de mayo de 2023

Agitata da due venti, Vivaldi por Cecilia Bartoli

 




Cuando la agitación convierte a una mujer en viento. En un instrumento polifacético que parece dirigir a todos los demás. Incluso cuando detiene la letra la mezzosoprano sigue emitiendo su canto. Con sus gestos faciales, el ondulante movimiento del cuerpo, los labios entregados al silencio pero activos, mascullando entre dientes palabras que no escucharemos pero que ella disfruta y anticipa. Naturaleza compleja, enérgica, lúdica. Porque la naturaleza en estado puro no existe y juega con todos nosotros. El homo ludens, encarnado por Cecilia Bartoli como médium del gran Vivaldi, nos transmite la zozobra de las pasiones. Frágiles navegantes los humanos en el mar proceloso de la vida.



Sacudida por dos vientos 
tiembla la ola en un mar agitado 
y el timonel asustado 
ya espera naufragar 

Entre deber y amor está
peleando este corazón
Ya parece que no pueda más
y que empiece a desesperar



NB. Para un día electoral como hoy también podríamos buscar doble lectura. Suerte, claridad e inteligencia.


jueves, 25 de mayo de 2023

Diario de Egon. Malas caras

 



Malas caras a mi retorno. Vera y Anja han dado por hecho lo que no he comprometido. Puedes hacer lo que quieras, eres el jefe, me espetó esta de modo turbulento, pero ¿no te bastamos nosotras? Vera, más templada, pero no con menos ceño, se dejó caer sibilina. Ya sé que no tienes por qué consultarnos, pero una deferencia con nosotras no habría estado de más. ¿O acaso no valoras nuestro esfuerzo? Anja, ya salvaje del todo: ¿Siempre carne más joven para tus lápices afilados, Egon? ¿Has visto en esa de Praga una flexibilidad superior a la nuestra? ¿O es que te apasionan últimamente los cuerpos a medio hacer? Silencio por mi parte. El artista es él, Anja, dijo Vera sin ánimo de zanjar aquella muestra de agresividad a dúo. Pero no el amo, y si prescinde de nosotras o nos deja en segundo plano ya pagará las consecuencias. Las chicas de última generación muerden más y aceptan menos, dijo con una mirada afilada, mientras sujetaba por la cintura a su compañera.  

Me pareció fuera de lugar este acoso verbal y salí impetuoso del taller. No he vuelto a pisarlo en todo el día. Lo que más me molesta es que vuelen las noticias falsas y que los incautos las tomen como verdaderas.




(Dibujo de Egon Schiele)

martes, 23 de mayo de 2023

Diario de Egon. Dimes y diretes

 


Nada he escuchado en Praga que no hubiera oído antes en mi ciudad. Opiniones divergentes, controvertidas, sobre mi obra. Como en cualquier otra parte. No me cabe duda que la asistencia más numerosa se ha sentido atraída por ver a mis mujeres desnudas. Más que las formas de sus mujeres, que son perfectas y exultantes, me comentó un crítico, resultan sumamente interesantes y seductores los movimientos de que las dota. Eso resalta el potencial erótico. ¿No ve nada más?, le repliqué un tanto hastiado de que solo llamase la atención el retrato de las modelos. ¿No le interesa indagar en cómo los perfiles de un cuerpo pueden ser compatibles con colores, por ejemplo? ¿Y tampoco ve sentido en mis autorretratos? ¿No le interesa saber cómo un hombre se está descomponiendo permanentemente ya sea mostrando sus movimientos o adelgazando sus extremidades o simplemente incidiendo en miradas perturbadoras? El crítico me dio la espalda y volvió hacia la zona donde los cuadros de mis modelos recababan, como un espectáculo de feria, el entusiasmo general. Aquella conversión en mirada pornográfica de lo que solo pretende ser por mi parte una exaltación de la sana desnudez de los cuerpos, y por lo tanto de la justa verdad de estos, me abatió un poco. Aunque no cabe esperar otra cosa de las mentes tradicionales y obsesas. Por supuesto, ha habido excepciones que han sabido prospectar con más inteligencia en mis intentos. Usted parece torturarse cuando se representa a sí mismo, me comentó un joven estudiante de arte y oficios. Pero creo que dibujar a la mujer le redime. Le sonreí, presa de cierto asombro. Usted, joven, le contesté afable, no puede saber aún cuán larga mano tiene la tortura que nos inflige la visión del mundo y de los individuos. Pero aun cuando uno no puede escapar de ese destino sí debe buscar paliar los sufrimientos más íntimos. El joven estaba por el debate. ¿Quiere decir que un artista debe sufrir para lograr una obra meritoria? Me quedé pensando pero abrevié. Quiero decir que si el artista al dibujar tiene que bajar a los infiernos no debe dudar. Los abismos están dentro de nosotros y entregarse a la ejecución de la obra si no salva al menos hace la vida llevadera. Solo cabe esperar redención de uno mismo.



(Dibujo de Egon Schiele)

sábado, 20 de mayo de 2023

Loa de la duda. Bertolt Brecht

 



Loa de la duda


¡Loada sea la duda! Os aconsejo que saludéis
serenamente y con respeto
a aquel que pesa vuestra palabra como una moneda falsa.
Quisiera que fueseis avisados y no dierais
vuestra palabra demasiado confiadamente.

Leed la historia. Ved
a ejércitos invencibles en fuga enloquecida.
Por todas partes
se derrumban fortalezas indestructibles,
y de aquella Armada innumerable al zarpar
podían contarse
las naves que volvieron.

Así fue como un hombre ascendió un día a la cima inaccesible,
y un barco logró llegar
al confín del mar infinito.
¡Oh hermoso gesto de sacudir la cabeza
ante la indiscutible verdad!
¡Oh valeroso médico que cura
al enfermo ya desahuciado!

Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores.

¡Cuánto esfuerzo hasta alcanzar el principio!
¡Cuántas víctimas costó!
¡Qué difícil fue ver
que aquello era así y no de otra forma!
Suspirando de alivio, un hombre lo escribió un día en el libro del saber.

Quizá siga escrito en él mucho tiempo y generación tras generación
de él se alimenten juzgándolo eterna verdad.
Quizá los sabios desprecien a quien no lo conozca.
Pero puede ocurrir que surja una sospecha, que nuevas experiencias
hagan conmoverse al principio. Que la duda se despierte.

Y que, otro día, un hombre, gravemente,
tache el principio del libro del saber.


Asediado por un rugir de órdenes, inspeccionado
en su virtud, examinado por barbiluengos doctores,
conminado por seres radiantes munidos de áureos distintivos,
intimidado por solemnes Papas a golpe de libro escrito por el propio Dios,
instruido
por impacientes maestros, el pobre oye
que es éste el mejor de los mundos, y que la gotera
del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona.
Verdaderamente, le es difícil
dudar de este mundo.
Bañado en sudor, se curva el hombre construyendo la casa en que no ha de vivir.

Pero también suda a mares el hombre que construye su propia casa.


Son los irreflexivos los que nunca dudan.
Su digestión es espléndida, su juicio infalible.
No creen en los hechos, sólo creen en sí mismos. Si llega el caso,
son los hechos los que tienen que creer en ellos. Tienen
ilimitada paciencia consigo mismos. Los argumentos
los escuchan con oídos de espía.

Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
están los reflexivos, que nunca actúan.
No dudan para llegar a la decisión, sino

para eludir la decisión. Las cabezas
sólo las utilizan para sacudirlas. Con aire grave
advierten contra el agua a los pasajeros de naves hundiéndose.

Bajo el hacha del asesino,
se preguntan si acaso el asesino no es un hombre también.
Tras observar, refunfuñando,
que el asunto no está del todo claro, se van a la cama.
Su actividad consiste en vacilar.
Su frase favorita es: «No está listo para sentencia.»
Por eso, si alabáis la duda,
no alabéis, naturalmente,
la duda que es desesperación.

¿De qué le sirve poder dudar
a quien no puede decidirse?
Puede actuar equivocadamente
quien se contente con razones demasiado escasas,
pero quedará inactivo ante el peligro
quien necesite demasiadas.


Tú, que eres un dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto, a los dirigidos
dudar.




*Fotografía tomada de la web de LEMO, Lebendiges Museum Online

jueves, 18 de mayo de 2023

Diario de Egon. Alena o el desasosiego

 



Noche desasosegada. Los rostros, las miradas y las palabras del día se cruzan en mi cerebro impidiendo el descanso. Jan y Emil, mi galerista, la ciudad nueva y la vieja, los símbolos de la fecundidad y del triunfo en las fachadas y en los vestíbulos de los edificios, las Pilsen con los artistas, la ironía filosófica de Jaroslav...Y por si fuera poco la aparecida Alena. Revoltosos mis pensamientos, agitados los escasos sueños, no sé poner orden en medio de la noche. 

Alena, Alena. Castigo de mi duermevela, boceto del arte nuevo, trazo de mis carencias, color ausente de mis retratos a los que tú desafías. Alena, dónde vas decidida y sarcástica; qué pretendes, desafiante púber; a qué incitas, inquieta criatura que amplía la perspectiva de mi visión; grácil movimiento que giras como derviche alrededor de mí, al borde del desvarío. Buscas tu imagen más allá de tus estrenados contornos, insatisfecha con la que te devuelve el espejo, retando al tiempo que aún debe fructificar. Y quieres que yo sea tu demiurgo. Tientas el oficio del artista para que rompa los tabúes y acepte la mirada sobre tu cuerpo núbil. Quiebras mis elecciones cromáticas, porque tú no puedes ser dibujada con los mismos colores que otras modelos. 

Alena, Alena, por qué cuando hablé contigo esta tarde sustituiste tu naturalidad por la pose. Acaso porque alguien te dijera que los artistas buscan lo oculto del objeto tú lo interpretaras con un forzamiento sutil pero excesivo que, no obstante, a mí me ha trastornado. O tal vez es más sencillo. Tu propio Narciso te ha entregado a la corriente que en ese momento era yo y no has podido evitar abandonarte a los reflejos, que siempre son de ida y vuelta, y que terminan diluyéndose. Me haces pensar en tu propuesta y tiemblo. Me invitas a representar los dones de una belleza primitiva pero presiento que los lápices titubearían entre mis dedos. ¿Qué quieres de mí? ¿Que el artista rebase su propio límite para caer en el riesgo cuando no en la locura? Pierdo el sueño y no quiero perder la razón. 





(Dibujo de Egon Schiele)


lunes, 15 de mayo de 2023

Diario de Egon. Las afinidades electivas

 


Praga, entre brumas y silencios. El clima y mi estado crítico se compenetran, pero eso no quiere decir que me consuele. Más bien se duplican mis inquietudes. De momento el contacto con algunos artistas locales me proporciona satisfacción. Y lo más sorprendente es que ellos admiten mi carácter y mis reservas. Aunque he recorrido la zona de las nuevas construcciones, muy al gusto y a la moda de los arquitectos de esta época, no me han apasionado en exceso. Sin embargo veo que no van a la zaga de Viena, y que se dan un baño de simbolismo extraordinario. 

Mi galerista y algunos artistas de la bohéme me han llevado por los antros y tabernas de la ciudad vieja. Cuando observo las edificaciones decrépitas me pregunto si no será la propia naturaleza del tiempo la que traerá  la justa deconstrucción, no solo de los elementos físicos sino de las ideas y los valores. No sé si esa nueva modernidad, más formal que cambiante, que se empeñan en hacer perdurable resistirá tanto como muchos edificios de siglos, pero la vanidad, como el empeño, no tiene límites. 

Hoy he conocido a Jaroslav, un escritor local, que no provinciano, bastante peculiar. Él no sabía de mi obra, del mismo modo que yo no he leído nada de lo que ha escrito. Es un personaje cuya mente bulle literaria e inconformista, diría que incluso harto satírica. Su vida ha sido variada y turbulenta. La experiencia acumulada es la verdadera musa, Egon, me ha dicho, no hay nada más. Eso y el esfuerzo al recrear otras vidas en la literatura. Aunque cometas errores, no te arrepientas jamás. Los deslices y las incomprensiones también sirven. Sobre todo para traducir las fantasías y las ensoñaciones en una obra. Yo lo intento con mis escritos y por lo que parece tú lo procuras con tus cuadros. Es increíble cómo las sucesivas y espumosas Pilsen han propiciado una conversación tan estimulante.

Estos días no echo de menos a mis modelos. Las distancias relajan las tensiones. Espero que esté viniendo bien a ambas partes.

También me han presentado a Alena S., sobrina de Emil, uno de los artistas más activistas de la ciudad. No sé qué le dirían o qué conclusión habría sacado de mis obras expuestas que se me ofreció como modelo. Te veo demasiado joven para el oficio, le comenté. Respondió con desparpajo la chica. ¿Acaso un retratista tan sagaz como usted puede ignorar que todas las edades tienen su punto? Por un momento me desarmó. Luego pensé que probablemente sacaría buen partido de su belleza orientalizante. Pero esa juventud aún demasiado tierna, si bien tan atractiva, me confunde. Podría resultar imprudente aceptar la propuesta. Además no tengo pensado permanecer más tiempo del previsto en esta ciudad. 



(Autorretrato de Egon Schiele)

viernes, 12 de mayo de 2023

Así que esto era morirse

 



Había tensado la mirada, sin estar convencido de que fuera la última vez. La última experiencia, que es la más nueva de todas, esto de morir, no da pistas exactas. No le dolía nada pero una  desazón no conocida le convertía en un extraño de sí mismo. Soy el de siempre pero me cuesta reconocerme, pensó atrapado por aquella ambigua debilidad. ¿Será ahora cuando se atenúen todos mis sentidos hasta alcanzar su atrofia definitiva?, se preguntaba por preguntar. Por tender la cuerda que le permitiera asirse todavía al lado de los vivos. 

Escuchaba sorprendido, y con una claridad que nadie hubiera sospechado, las conversaciones compasivas del entorno. Por qué estarán aquí quienes no me han visto en tanto tiempo, razonó más por inercia que por interés. Quienes me han ignorado y rehuido porque, según les he oído decir, no soportaban mi carácter severo, acostumbrados como han estado a que sus poderes e influencias solo recibieran condescendencias y plácemes. Algo por lo que yo jamás pasé. Por qué me observan y me arropan al borde de la felicidad postrera, tan opuesta a aquella de la que carecí. Alguien de los asistentes dijo algo sobre el extremo agotamiento de él, palabras que otros consideraron imprudentes. Si no nos oye ya, se justificó el insensato, este hombre está desahuciado, es cuestión de horas. Una voz medió bondadosa y susurrante: dicen que los agónicos lo oyen todo. 

Él, inmóvil, mermado de movimientos, cansino en su respiración, había cerrado los ojos. El color había abandonado la piel. Los párpados ocultaban una mirada que no sabía dirigirse a ninguna parte. Las mandíbulas, acusadamente marcadas, encogían el rostro y lo desarmaban. El vello crecía desordenado por las orejas puntiagudas. Los labios, resecos y babosos, habían perdido la memoria de los besos que tantos placeres proporcionaron. Qué sabrán estos qué es morirse; al menos a mí no se me puede negar tener conocimiento de causa, pensó con sarcasmo ante la retahíla de vulgaridades que le llegaban de los presentes. 

En su perplejidad cada vez más apagada se entregó a un estado de calma como no había disfrutado jamás antes. Así que esto es la muerte, se repitió, no sin regocijo, como quien se siente protagonista de una hazaña intransferible que nadie le puede regatear. Una experiencia por la que todos pasaréis y a la que teméis, cuyo mero enunciado os aturde, discurrió caóticamente pero con cierto tono jocoso. La resistencia, que al fin y al cabo no es otra cosa lo que llamamos vida, llegó hasta aquí. No tener fuerzas ni ganas de seguir ni apreciar estímulo alguno deben ser los signos del fin. Nos han hablado tanto de la muerte sin precisión, han pronunciado tal infinidad de discursos y sermones baldíos sobre el acontecimiento, se la ha puesto rostro ajeno cuando no tiene otro sino el propio de cada uno, que no nos parecía real nunca. Solo hemos construído miedo y exhibido fragilidad, tibias defensas ante lo ineludible. Pero esto por lo que paso ahora, caviló con menos vigor, es lo auténtico. Estos momentos de estertor son también testigos de mi identidad. 

El hombre empequeñecía y cada vez se distanciaba más de las presencias. Uno de los acompañantes dijo: no cerréis las contraventanas; mientras sea de día que entre la luz. Él tiene derecho a la luz hasta que la niegue. El hombre tendido lo captó. Así que en esto consistía el adiós. En negar la luz, en rechazar el aire, en extraviar los sentidos Acaso también en inhabilitar el pensamiento y ceder al olvido. 

El moribundo apenas sentía interés por los que le rodeaban. Aún era consciente de ello. Toda la gente con la que he vivido, de manera sincera o convencional, me resulta ahora ajena. No digo que les rechace, sino que van dejando de estar para mí, pues sus imágenes se han ido apagando y las voces no concuerdan con sus presencias. He vivido la vida como si fuera una eternidad. Activo, enérgico, incluso implacable. Una carrera contra el tiempo y contra lo que llamamos ridículamente destino y que no sabemos cualificar. Años de levedad o años de afectación, sentía el cuerpo en crisis y me recuperaba. Concluía eufórico: siempre puedo con la adversidad. ¿Cuándo empecé a pensar en la muerte? Porque la muerte, cuando eres niño es algo que solo se da en los relatos o en el cine, y de tal manera que aquella ficción la trasladas a tu existencia y el acontecimiento, la muerte, la consideras a tu vez ficción. Salvo cuando un compañero escolar se iba por una meningitis o tus abuelos la palmaban sin saber por qué, y tú mismo te decías: por ser viejos. 

Así que esto está siendo morir. Recordar, repasar, reparar en los detalles que se van diluyendo. Hasta para morir hay que hacer intención y un esfuerzo. Porque abandonarse para siempre exige un último esfuerzo. El de no querer ni poder seguir. Sin elección.





(Hombre moribundo. Gustave Courbet. Musée d'Orsay, Paris)

miércoles, 10 de mayo de 2023

Diario de Egon. Viaje a Praga

 


Ausente unos días para una exposición en Praga. El viaje me debe servir para reposar el ánimo. Abandonarme a pensamientos contradictorios es menos oneroso si se realiza en la distancia. Pienso en proyectos, en las obras realizadas, en el estímulo de mis modelos. Si vendo o no vendo no me obsesiona. Más bien me preocupa si lo que dibujo permite avance o procura retroceso. Inevitablemente me asaltan mis recurrentes pulsiones con nombres de mujer. Con la excusa de Praga intentaré relajar mis agobios. Últimamente todo me desborda menos mi mano que permanece fiel. Que sabe trazar esbozos allí por donde va conmigo. Aún recuerdo la mirada turbadora, ¿o debería decir perturbadora?, de Anja cuando se lo dije. Se levantó del diván, se vistió con desdén, dándome la espalda, traicionando el último boceto. No sé con quién irás, comentó con simulada ira, pero al volver acaso no me encuentres. Tengo propuestas de otros artistas que me valoran. No me esperaba este arranque colérico, y aunque fingí que no me afectaba me mostré áspero con ella. ¿Y quién ha hecho que te valoren? ¿A causa de qué te reconocen? Además tampoco tengo inconveniente en que sirvas de modelo para otros. Pero seguro que desde unos lápices o unos pinceles diferentes a los míos no serás ya la misma. 

Se presentó a escondidas en la Estación Central cuando ya partía el tren. Nos observamos con un silencio castigador. Pude ver claramente la mirada iracunda de Anja. Oscura, pero también demasiado húmeda.



(Dibujo de Egon Schiele)

lunes, 8 de mayo de 2023

Postales simpáticas o/y antipáticas, según, de los últimos días

 



Estos chicos salen de un anuncio. Un anuncio del digital Ukrainian Pravda ofreciendo camisetas con el logo del periódico, que es Don Quijote, nada menos. Don Quijote es nuestra personificación de la fe en la justicia y defensa de la verdad, dice el medio ucranio. Un pensamiento sesudo que parece que los españoles ignoramos, vista la majadería reinante a tenor de las encuestas. Un significado que en la tierra donde fue engendrado el Caballero de la Triste Figura se da la espalda a su dimensión. Este quijote estilizado de Ukrainian Pravda es obra del artista ucranio Sergyi Maidukov. 






No sé si los cartelistas yellow serán de los que canten Rule, Britannia! Britannia, rule the waves. / Britons never, never, never will be slaves, pero al menos no lo cantan bajo advocación monárquica. Salieron a la calle contra la coronación del nuevo king para decir eso, que not my king. Me cabe una duda. ¿No es su rey porque no quieren ninguno o porque desearían otro? Se me disipan las dudas al ver otra fotografía con carteles de 'King Parasite o Abolish the Monarchy. ¿Podrán las minorías de hoy llevar a buen término sus intenciones republicanas para el mañana?



Esta foto es muy ilustrativa. La masa que desfila en la manifestación sindical del Primero de Mayo en Madrid pasa ante una terraza donde dos marroquíes, ajenos al espectáculo, toman, no sé si apacibles pero sí silenciosos, el café. También me asalta una interrogación. ¿Son dos clases obreras diferentes? Claro que eso me lleva a preguntarme: ¿existe hoy día una sola clase trabajadora?




Me gusta ver las imágenes con más de una visión y hacer por lo tanto más de una lectura. París, hace unos días, no sé si también en la fiesta del obrero o en una manifestación callejera versus Macron. El hombre que enarbola la bandera rojinegra rescata memoria cenetista española, pero se trata de un sindicato ácrata francés cuya procedencia debe estar en los exiliados republicanos españoles de la CNT. ¿A qué sector de clase pertenecerá esta persona? ¿Al mismo que la mujer que anuncia un perfume en el afiche del fondo? Tal vez no haya tantas distancias entre ambos, aunque uno invoque la solidaridad y la otra promocione Coco de Chanel.




Todo por aquí...




...Nada por allá. El mago del todo era Manolo Sierra, que pintó hace unos días en Medina del Campo un mural recordando a los españoles que hay todavía en fosas, cavernas y cunetas desde hace ochenta y muchos años. Por un malentendido, por presiones al dueño del local o porque el miedo y el resentimiento aún laten, el mural desapareció en un plis plas. Así transcurre la ceguera  y la cobardía del mundo.




Qué bonitas las terracitas donde quedamos a tomar una cervecita o un vinito fresquitos con el perrito y el carrito del bebito y colgados del telefonito. Disculpen ustedes mi abuso de los diminutivos convertidos en habitual gilipollez que hasta algún anuncio televisivo los reproduce. Pero entre terrazas, bicis, patines, patinetes, runners, mascotas (que no perros, los pobres animales son otra cosa) y sus dueños/dueñas (aquí he creído conveniente recalcar ambos géneros gramaticales) con las correas que se estiran y encogen, pues conclusión: que el peatón indefenso lo tiene duro y peligroso. 

Las aceras han desaparecido prácticamente. La vigilancia municipal hace bastante caso omiso. Las ordenanzas municipales se relajan. Reducidas a su mínima expresión las aceras de calles y plazas ya no son seguras, ni amables, ni solaz del paseo relajante. ¿Socialización? La socialización del presente consiste en que los que ejercen más fuerza -hostelería, artilugios mecánicos, animales de exhibición más que de compañía, etc.- se imponen al resto de vecinos. ¿De verdad creemos que aquí cabemos todos? Me parece que aquello de paseante no hay paseo, se hace paseo al andar se ha vuelto muy complicado. (Voz en off acusadora: eres un tiquismiquis)





(Fotografías tomadas de Ukrainian Pravda, de El País, del blog Una temporada en el infierno, de Juan Pedro Quiñonero, de Diario.es de Castilla y León y la última de no sé dónde)

sábado, 6 de mayo de 2023

Diario de Egon. Fetichismo

 


Se me ocurrió decírselo el otro día: me gustan los fetiches. Vera me tomó la palabra y hoy llegó interponiendo entre su piel y mi mirada sus iconos favoritos. Si algo tiene la ropa íntima, es que pone de acuerdo tanto a hombres como a mujeres, dijo exhibiéndose. ¿Crees que esa segunda piel es un intermediario?, pregunté. Apenas pensó la respuesta. De alguna manera lo es, no solo respecto al cuerpo de una sino con relación a la mirada ajena, en este caso la tuya. Me dio por la ironía. Entonces, si es intermediario, ¿también puede ser un puente? Depende de qué orilla se pretenda alcanzar, respondió aguda. Porque la que tú llamas segunda piel también es la mujer que llevo dentro. No supe qué decir y ella advirtió que yo estaba turbado. Rompió mi embelesamiento con dulzura. Aprovecha la visión y retrátame como tu fetiche, provocó adoptando su papel de modelo.




(Dibujo de Egon Schiele)

jueves, 4 de mayo de 2023

Diario de Egon. Diálogo con Anja

 


Hemos tenido una jornada intensa y difícil. Anja me lo hizo saber. Estoy para complacerte, pero o se te ocurre algo y agilizas tu mano o mi cuerpo se va a resentir de estas posiciones insólitas a que me sometes, me dijo al cabo de varias horas en que yo no encontraba la postura en la que quería inspirarme. Tras emborronar algunos pliegos al final no la encontré. Ella descansó y dimos rienda suelta a conversar, al fin y al cabo se trataba de alejar la tensión y las malas caras. Salió el recurrente tema de la exposición y Anja fue directa. ¿Te molesta que mucha gente tenga una opinión diferente y, sobre todo, controvertida sobre tus trabajos? Porque se te notaba a distancia que rehuías con desdén cada crítica. No escapaba de una opinión, dije, sino de una falta de atención y de una inmovilidad en la mente de ciertos individuos. Un cuadro es una visión subjetiva del mundo o, si prefieres, de la vida que uno percibe. Guste o no, es mi mirada y, aunque puedo entender que no todos los espectadores participen de ella, no pretende ser la interpretación correcta de lo que nos rodea y envuelve. ¿Acaso hay una mirada única que explique y proporcione gusto a todos? Lo real no existe como perfección sino como distorsión. Pero la gente no quiere admitir que nada está hecho definitivamente. Y que mi arte ofrece la posibilidad de entender que todo está por hacer, o si prefieres, haciéndose. Al menos en la materia plástica. Anja permaneció mirándome un buen rato, sin decir nada. No era por cansancio ni por abulia. Aunque le solicité su opinión, renunció a dármela. No sé qué decir, pero te entiendo, se limitó a comentar. Estas conversaciones nuestras me llenan siempre de curiosidad, Egon. Y de paso me relajan. Sabes hacer también mía tu manera de pensar. Me sublevé. No es mi intención que tengas que pensar como yo pienso, dije. Ni yo me siento obligada a hacerlo, me espetó, pero si no habláramos no entendería tanto tus exigencias cuando poso para ti. Y sobre todo cuando veo los resultados, porque compruebo que tu pensamiento es acción. Acaso entre la Anja a la que dibujas y te escucha y tú, dejó caer apaciblemente, se ha tendido un puente de ideas. O tal vez no sé si solo de ideas, y me clavó su mirada escrutadora. Se echó de espaldas sobre el diván. Me pareció percibir su torso con una blanca agitación.




(Dibujo de Egon Schiele)

martes, 2 de mayo de 2023

Voces del silencio oriundas de Tarteso

 


Quién eres tú. De dónde procedes. La arqueóloga interroga con un clamor silencioso a la escultura. La imagen calla. Le devuelve la mirada amable.

Qué manos te hicieron. Con qué intención. A la especialista le tiemblan los dedos. Raspa cuidadosamente una capa terrosa que oculta aquel rostro. El lodo se le introduce entre las uñas. Luego acaricia aquella superficie como si con el calor humano quisiera devolverle la vida.

A quién representas. ¿A una divinidad ante la que todos se postraban? ¿A un príncipe al que se rendían los pobladores de tu ciudad? ¿Al anhelo de belleza donde todos desearían verse encarnados? ¿Al viajero del tiempo que llega para enseñar y se va para difundir? ¿A una idea que resumía otras ideas anteriores? La imagen permanece en silencio, pero sonríe.

Para qué mirada se esculpieron esos ojos almendrados. Para qué boca se dibujaron esos labios exquisitos. Qué viento se detenía ante la delicada labor del cabello. Qué contemplación esperaba el alarde de tanto ornato. Qué extensión  de emociones y afectos pretendía ser bendecida con tanta dulzura. Qué paisaje se conmovía ante tal presencia. La arqueóloga aprieta la escultura y recorre con la palma el sinuoso perfil donde termina el rostro abruptamente. En ese instante la arqueóloga cree percibir una convulsión de la piedra tallada. 

Y una voz que llega desde la lejanía le sugiere: libérate de ideas preconcebidas, deja de lado los prejuicios, rompe los esquemas que tenéis sobre los que llegamos aquí antes que vosotros. De ese modo tal vez llegues a saber quién soy y cómo y para qué llegué a vivir.

Luego la imagen tornó a la mudez. Pero la arqueóloga entendió su silencio.





* Reconocimiento y admiración a Sebastián Celestino Pérez, Esther Rodríguez González y demás miembros del equipo de investigadores, ante el descubrimiento de unas esculturas en el yacimiento tartésico de Casas de Turuñuelo, en Guareña, Badajoz.


*  


lunes, 1 de mayo de 2023

Devaneo sentimental

 


Hoy me siento inspirado por lo cromático más que por lo geométrico. Y aunque el color siempre suele adaptarse a unas formas y a unos volúmenes hoy quiero percibir, a través de una caprichosa memoria sentimental, que los colores también existen fuera de las geometrías. Aunque no siempre puedan escapar de ellas.



(Imagen de Kazimir Malévich)

sábado, 29 de abril de 2023

Diario de Egon. Invisibilidad

 


Hoy Karl, el amigo galerista rebelde, ha abierto una exposición muy particular con algunas obras mías. La denomina exposición demediada. Apuntes, bocetos, retratos a medio hacer, cuadros inconclusos. Es parte de tu personalidad, me dijo para convencerme de que los exhibiera. Los visitantes se extrañaron y ponían caras irónicas. Esa extrañeza, cargada de opinión disidente, me satisfacía. Apenas se retrata usted, me dijo uno. Da la impresión de que incluso se expulsa de sí mismo, arriesgó un pedante. A mí me parece que hasta le da miedo completar el trabajo, ¿tan inseguro se siente?, soltó un gacetillero que no tenía mucha idea y, sobre todo, nulo interés. Devolverles a todos una sonrisa me resultaba un sacrificio. Pero de esas cortesías se encargó Karl. Esa gente que no se esfuerza en comprender los caminos actuales de una representación libertaria de la vida ignoran que no hay retrato completo. Por muchas aproximaciones aparentes que se busquen, por muchos abalorios y vestimenta con que se adorne una figura, por más caracterizaciones psicológicas que se intenten plasmar en un personaje, por tanto detalle de época que se registre para situar la escena, nunca jamás está completo un retrato. A mí ese concepto de la pintura no me ha interesado. Además un retrato es siempre una ficción, al gusto del retratado que paga. Incluso de los aduladores que elogian y gustan de los realismos tan falsos y decadentes. 

Vera y Anja estuvieron cerca, coqueteando entre sí. En un momento dado las he pillado completando con cuchicheos algunos de mis trabajos incompletos. Amigas mías, las he interrumpido, me gusta verme de ese modo, camino de la invisibilidad. ¿Como si fueras por ahí perdiendo el cuerpo y sus facultades?, dijo Vera descaradamente. Anja no se quedó atrás. Si te partes, ¿cómo van a responder los sentidos y practicar las habilidades para que nos puedas seguir dibujando? A ambas les dio la risa. Tanta complicidad me aturdió un poco, pero la ignoré. Mirad, os sacaré de dudas, les dije. Hoy hemos venido aquí a ver al hombre invisible que dispone de la propiedad de reencarnarse cuando le place. Nunca será un individuo completo y menos un hombre total. No quiero decepcionaros. Oh, no te lo tomes a mal, Egon. También nosotras nos queremos incompletas, maestro, han dicho con esa espontaneidad que ambas mujeres manifiestan cuando salen alocadamente del cartapacio.





(Imagen de Egon Schiele)