viernes, 2 de octubre de 2026

De desnudeces

 


Cuántas veces se viste de modernidad y cuántas otras se divierte ofreciendo su desnudez. En estos diálogos sordos, aunque a veces estruendosos, se lo he dicho. El argumento me lo ha devuelto. Suele tener una actitud de desquite cuando habla a la contra. A ti también te pasa y tengo que aceptarte, ha dicho claramente. No siempre vistes para mi gusto y tampoco siempre te desnudas cuando yo quisiera. ¿Qué nos impide ponernos de acuerdo? Tal vez que nuestras vidas son disonantes, digo, si bien sospecho que como las de todo el mundo. Pero, ¿no son precisamente nuestras discordancias las que nos atraen mutuamente? El problema es que cuando pesan más las atracciones que nos asemejan no asumimos los rechazos que llevan implícitas. Los ignoramos. Cualquier manifestación mínima de repulsión, siquiera instantánea y pasajera, la consideramos una mota de polvo, una incidencia. Los roces nos parecen meros desajustes que se limarán con el conocimiento mutuo y seguimos avanzando, ávidos de nuestros deseos pero inconscientes de nuestro propio conocimiento personal. Ella calla desde la opacidad de su resistencia. Luego dice: progresamos, aunque el verbo progresar suele ser dudoso, a base de mantener una lucha interior complicada y dañina, ¿no crees? Solo hay avance verdadero si se desbroza dentro de nosotros o si se sabe ocupar el desierto en que nos sentimos huérfanos y aislados. De todo hay dentro de un individuo. Demasiada espesura que nos oculta lo que hay más allá, excesiva hojarasca, a veces hasta basureros enteros no sé si orgánicos o inorgánicos. Pero también demasiada extensión vacía que no hemos sabido poblar con lo que merece la pena. ¿Dónde el equilibrio?, preguntarás por lo tanto. Siento reseca la garganta, es lo que tienen los amaneceres. Supongo que hay un ejercicio de equilibristas, sí, la replico. Inestable, engañoso, continuamente al borde de una caída. Y sin embargo, la insisto, siempre he visto en la caída la posibilidad de retomar no solo el impulso momentáneo que me eleve sino abrir otra etapa donde sentirme más firme. Y volverá a repetirse una y mil veces la situación, no te engañes, dice. Es la constante vital, como dirían los gurús de eso que llaman alma. Por derivar el tema a algo menos riguroso la pregunto: ¿cómo quieres que me vista hoy? Mi sombra dibuja una oscura sonrisa. Preferiría sentirte desnudo, responde. Solo en ese estado sabremos llegar más el uno al otro.



*Fotografía de René Groebli.  

12 comentarios:

  1. Llegados a una edad,esto de los desnudos y luces apagadas o encendidas,mejor no tocarlo .Sale más a cuenta discutir de fútbol, ante el partido televisado.
    Saludos

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    1. ¿Incluso en nuestro propio interior y con nosotros mismos? Aviados estamos entonces. A mí el fútbol nunca me dio respuesta alguna.

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    2. A mi tampoco,demasiado,pero ahora si.Si hay que discutir,que no se puede evitar, mejor de fútbol delante del televisor.Te evitas hacerlo de desnudos y de que ya nada es igual.
      Claro que cada uno utiliza su método propio.Pero que reine la paz

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    3. No hablo de cualquier desnudez, como habrás observado. Pero en lo de cada cual con su método estoy de acuerdo, si le funciona...sin herir a otros, claro.

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  2. Incluso desnudos mantenemos debajo de la piel sucesivas capas de impostura con sus respectivas máscaras. ¿Quiénes somos realmente?
    Cada persona somos un misterio incluso para nosotros mismos.
    Saludos.

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    1. Hay falsas desnudeces y las imposturas las tenemos como sistema de autodefensa, pero a la larga quiebran. Será divertido hacernos la pregunta de quiénes somos cuando estemos en las últimas. Quién he sido, particularmente a mí me dará una maldita risa en esos momentos.

      Misterio es lo desconocido, no hay que proyectarlo mucho más.

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  3. Para mi la desnudez bajo el sol y al lado del mar significa una de las expresiones más elevadas de la felicidad y la paz.

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    1. Pero esa solo es la desnudez aparente, y puede conllevar una aparente paz y una no menos ilusa felicidad.

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    2. Así és. Hay quien está sin ropa en una playa nudista, pero está tremendamente vestido aunque esté desnudo. En todas partes hay de todo.

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  4. No es el desnudo, el vestido es impúdico.

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    1. Ya sabes, las causas están en el libro judaico llamado Génesis.

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  5. Fáckel:
    ¿serían pues las discordancias lo que nos atrae de otra persona?
    En la desnudez puede haber tanto engaño como en la vestimenta.
    Salu2.
    (Estoy muy atareado últimamente y no puedo leer vuestro(s) blog(s) con la asiduidad que tanto me gustaría).

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