sábado, 26 de septiembre de 2026

Así me habló ella

 



No he sentido nunca otro cuerpo como he sentido el tuyo. Se lo dijo a bocarrajo. Cuando menos se lo esperaba él, en un intento de desarmar su pasividad, de cuestionar su indolencia, de frenar su entrega a la decrepitud. El hombre hizo una mueca de duda. ¿Lo dices porque me percibes ahora más débil? Ella no se aguantó. Lo digo porque creo que nunca te he fallado, dijo con aplomo. Han pasado más cuerpos que el mío por el tuyo, le replicó el otro. Pero ninguno se quedó y tú seguiste y yo permanecí. El hombre se revuelve. ¿Qué viste en los otros que no te diera yo si también te lo daba todo? No preguntes qué viste, dice ella exigente, sino qué sentí, qué lozanía me aportaban, qué ideales me sugerían, qué llamas sabían encender para que yo prendiera y no me agotara, qué deslumbramientos sostenían mi esperanza de que nada transcurriera definitivamente. Yo también aporté todo eso, dice él con tono apocado. Tu cuerpo era el mío. Le sorprende una reacción enérgica, implacable. Todos los cuerpos pasan siempre por uno mismo, ¿no te das cuenta o estás ciego? Cada hombre que fuiste, cada edad en la que me acompañaste, cada ternura con la que me envolviste, cada situación crítica de la que me hiciste cómplice, cada desdén ocasional también, dibujan a través del tiempo de la memoria un cuerpo único todavía, al que ya no sé alcanzar y me cuesta reconocer. Sigues siendo el cuerpo que necesito pero tú no sabes llegar a mí con la seducción de cada una de aquellas edades en las que me acogiste. La vida no es una fotografía fija. El hombre ha agachado la cabeza. La sombra ha callado.  



*Forografía de René Groebli.


6 comentarios:

  1. Mientras la mujer enumera llamas, ideales, deslumbramientos y esperanzas, el hombre va reduciéndose hasta acabar con la cabeza agachada y el silencio. Ese final, con «La sombra ha callado», resulta hermoso y desolador a la vez: no sabemos si calla la muerte, la memoria o simplemente la parte de nosotros que ya ha renunciado a seguir seduciendo a la vida.

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  2. Para bien o para mal hay dos cosas que siempre nos acompañan: la propia sombra y la memoria.
    Saludos.

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  3. Nunca sintió otro cuerpo igual, sería de papel, cartón o latón, cualquiera sabe. La carne, carne es.
    Saludos

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