"Susana era muy delicada y hermosa de rostro.
Y los malvados la mandaron descubrir (porque venía cubierta) para por lo menos ansí hartarse de su hermosura".
* Libro de Daniel, XIII, 31-32. Versión de Casiodoro de Reina de 1569.
La lascivia no necesita compañía; se acompaña a sí misma. Toma al individuo y obra como ente autónomo sin esperar si el objeto de sí misma, que suele ser otro sujeto, dé su conformidad. Así que la lascivia une a aquellos que la practican fuera de un acuerdo entre iguales y puede llevarles a traspasar la frontera de lo permitido. ¿Qué es lo permitido?, me pregunta Anja. Lo permitido, en mi opinión, es el respeto. La consideración de que no debes ir físicamente hacia otro sin su consentimiento. ¿No crees que cada cual es lascivo en determinadas ocasiones si no con frecuencia?, insiste. Le doy mi opinión, aun temiendo haberme metido en una indagación delicada. La lascivia como parte de un juego consensuado es admisible. También lo es si permanece dentro de ti y solo se manifiesta a través de imágenes fantasiosas que no incumben sino a tu propio deleite, sin involucrar a nadie más. Déjame que te pregunte, ya que te veo tan catedrático. ¿Has sido alguna vez lascivo conmigo en tus soledades? Y no temas responderme, nos conocemos demasiado. No sé por qué he dudado pero me siento en el deber de responder en honor a su confianza y capacidad de entendimiento para conmigo. Debo de darle, pues, satisfacción por mi deuda contraída. Siempre me estimula tener pensamientos concupiscentes, en parte recuerdos, respecto a ti. Tu imagen me persigue en mis flaquezas íntimas. El vuelo de fantasear con tu cuerpo o imaginando tus comportamientos, incluso con otras personas, me incentiva. ¿Es malo eso? En absoluto. Además me gusta saberlo. ¿O piensas que yo no lo practico de manera análoga cuando la sed interior me reclama? Sonrío y me ha gustado escuchar esta revelación de boca de Anja. Sigo perorando sin saber hasta dónde pretendo llegar. Pero hay lascivias que no saben o no pueden permanecer dentro de un individuo y tal inclinación los desboca. Y entonces... Entonces, me interrumpe Anja, sale de ese sujeto otro ejercicio, el traspaso del límite, el ejercicio de poder que pretende obtener un beneficio avasallando, obligando, chantajeando incluso a la otra persona, sujeto de ese objeto que tú decías antes que le abrasa caprichosamente. Inadmisible e injustificable por más que luego la opinión pública se divida o los jueces no sepan valorar debidamente esa fuerza bruta del poder. Porque el poder siempre es fuerza bruta, cuando no violenta. ¿Conoces la fábula bíblica de Susana y los viejos? ¿Hasta qué punto fueron capaces de llegar dos individuos, no por viejos, sino por violentos, no por lascivos, sino por acosadores, para obtener condescendencia de una mujer que se les resistió claramente? Sí, digo, pero esa historia no acaba bien para los viejos. Anja: así es, pero porque el texto requiere una conclusión moral, digamos, con arreglo a la doctrina transmitida que se iba desarrollando en aquella cultura ancestral. Pero ¿siempre ha habido un límite de castigo para quienes ejercitan el poder impositivo y depredador sobre los cuerpos o, mejor dicho, sobre las vidas? ¿No parte todo de la idea asumida por los hombres del rol que, desde hace milenios, obligaron a cumplir a la mujer? ¿O crees que la esclavitud fue solo cosa de cautivos, vae victis!, que decían, cuando no de la misma condición femenina?
Miro a Anja con cierto complejo de culpa, como si uno heredase las culpas de todos los hombres que me antecedieron y aceptaron un estado de cosas. Ella vuelve al tema, para alivio de mis complejos. Quédate con la concupiscencia dentro de ti, proporciónate goce con tus devaneos y ficciones mentales para conmigo. Nunca traspases la cordura ni olvides el límite. Perderías la sensatez y pudrirías tu deseo.
*Juan Dò o Giovanni Dò. Susana y los viejos. Primera mitad siglo XVII. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Me quedo con el último punto y seguido.
ResponderEliminarNunca traspases la cordura ni olvides el límite. Perderias la sensatez y pudrirías tu deseo
Suena a consejo pero se queda en deseo.
EliminarEl cuadro crea la duda,familiaridad o tocamientos.En todo caso es un tema delicado, difícil de afrontar.
ResponderEliminarSaludos
Sin duda. Crea lo que también el espectador quiera ver. ¿Cuántos han oído hablar del autor del cuadro? ¿Cuántos saben de los protagonistas del relato? Misterium.
EliminarPensar y desear es libre. Lo que no es de recibo es el acoso, el hostigamiento y el baboseo. En medio hay una línea roja que no se debe traspasar.
ResponderEliminarSaludos.
Obviamente. Pero cada mujer ha tenido que parar una o varias veces a quien parecía llegar con buen tono pero insistía a veces agresivamente. Pregunta por ahí.
EliminarLa concupiscencia tiene quien le escriba, y no es facil de controlar ni mesurar. Ante la duda, la abstinencia es lo mejor.
ResponderEliminarO simplemente el control. Lo que queda en casa corporal de cada cual bien queda y que obtenga dentro de ella sus beneficios. Involucrar aparte a otras personas...solo consentidamente y si es posible sin artimañas.
EliminarEn el cuadro una Susana, con apariencia adolescente, parece mirar a los espectádores: Creanme, no lo hago por mi propia voluntad. Me estoy resistiendo.
ResponderEliminarUn tema para analizar. La lascivia es aceptable, incluso es una fuerza vital. Consensuada es de los grandes placeres.
Es también lícita en el pensamiento, con las fantasías.
Anja ha sabido manipular al narrador para que le revelara los pensamientos ocultos sobre ella. Y le dio permiso como le recordó ciertos límites.
Saludos.
Está bien y aceptable la interpretación de la muchacha del cuadro, aunque acaso no se dirige al espectador sino a su destino si no se opone. Y ya sabes que en el relato literario de Daniel optó por salvar su honor al precio del chantaje y la calumnia. Pero al final, con su carga moralista, todo acaba como la películas de Hollywood que tienen que acabar bien para perpetuar sus mensajes moralistas que la tradición judeo cristiana impone.
EliminarLa fuerza vital la llevamos dentro en nuestro adn, lo lascivo es una expresión más obsesiva si quieres y cada uno debe medir si la rige o se deja regir por ella. Las consideraciones de conducta debe cada cual clarificarlas en función de su actitud para sí mismo o si tiende a intervenir con personas externas.
Uno sabe que las culpas no son hereditarias (tampoco su expiación), pero hay discursos que insisten en esa dirección.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Si los pecados (es un decir, me refiero a los comportamientos) de otros no son hereditarios en apariencia sí pueden ser las culpas, según los progenitores hayan actuado sobre sus hijos. Incluso una masa de un determinado momento histórico, con su comportamiento nefasto, puede estar incidiendo sobre nuevas generaciones sin que estas hayan tenido ni pena ni culpa. Leáse las brutalidades de los regímenes criminales antiguos y actuales. No hace falta que cite ejemplos.
EliminarCreo que la lascivia es parte del ser humano,el juicio moral es una cosa y el sentir otra.ToDOS podemos tener limites,lo malo esta segun el ojo con que se mire Saludos!
ResponderEliminarPor supuesto. Del ser humano es parte mayor o menor cualquier actitud. Todos somos capaces de todo. De hecho potencialmente nuestro odio personal nos puede arrojar a pensamientos criminales, lo cual no quiere decir que vayamos a cometer actos criminales. Análogamente nuestras pulsiones sexuales. Pero es importante que el otro nos ponga los límites, o la línea roja que se dice ahora. Claro que algunos sufren las consecuencias terribles de quien no acepta parar..
EliminarSi no hay respeto y acuerdo, el juego no funciona.
ResponderEliminarSalu2.
Eso en la práctica de la relación, de acuerdo. En la puramente expresión individual todo funciona con imaginación y pulsión interior que no perjudica a nadie y produce beneficio al propio.
EliminarNo fue hace mucho que volví a leer el Libro de Daniel y piqué un poco la Guía Asimov, creo que volveré a ellos con mayor atención luego de esta entrada, algunos detalles se me escaparon con respecto a la lascivia -me hace gracia pensar en aquel chiste de Les Luthiers sobre La Silvia-.
ResponderEliminarhttp://frodorock.blogspot.com/2025/10/daniel-en-la-fosa-de-los-leones.html
Un gusto haber vuelto por aquí.
Abrazos
Ese relato de Daniel y los leones me encandilaba cuando era niño. Ese y otros. Al fin y al cabo los libros de la Biblia son narraciones de extracción oral que han sido dirigidas para distintas intenciones.
EliminarSusana y los viejos es una historia apasionante que ha cautivado mucho a los pintores a lo largo de todas las épocas.
Saludos, Frodo. Voy a ver tu entrada del enlace,
El que esté libre de lascivia que tire la primera piedra o lo que sea.
ResponderEliminarAnder
Pues de tal modo podría decirse, sí.
EliminarO respeito deve estar sempre presente...
ResponderEliminarBeijos e abraços
Marta
Aunque no siempre lo está. Tienes razón. Obrigado.
EliminarSin deseos ni anhelos, los que sean, la vida n o tiene sentido...
ResponderEliminarSon muy biológicos, aunque a veces nos frustren tanto.
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