"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





martes, 31 de marzo de 2026

Catarsis matutinas sin besos impostados






Me levanto presto a agarrar el día. Ya no a tomarlo -suena suave y frágil-, ya no a cogerlo -suena a obligación inevitable-, sino a asirlo con fuerza y tenacidad, aunque no sepa para qué, o solo por el placer de sentirme vivo. Más presente cada día que me percibo más viejo; paradojas. 

He aquí, pues, los primeros destellos del alba. A por la journée, que dice mi amiga Sandrine. Aseo, aliño, oreo del cuarto. Las respiraciones profundas que recomiendan los gurús de las técnicas al uso, à la mode en palabras de Sandrine, se me olvidan, y no hago tampoco nada por acordarme. Eso sí, procuro cierto orden al colocar en el armario las prendas que no voy a usar. Por el contrario, practico todo el desorden del mundo al tirar la ropa del día anterior o del otro al cubo de la ropa sucia. Miro siempre con lástima la camisa o la ropa interior, tan pegadas unos días a mi cuerpo y de pronto condenadas a las tinieblas exteriores. Porque, ¿no tiene algo de nosotros cada prenda mayor o menor que nos quitamos? ¿No nos roba algo de nuestra propia materia cada vez que nos cambiamos? Ingrato soy, me digo ácidamente al contemplar el rebujo de lo usado. 

Avanzo mecánicamente. Oh, el gran momento de vestirse uno, que requiere una dosis de comodidad y otra de evitar la repetición; aunque qué lo mismo dará. Vestirnos tiene mucho de protección pero también de ocultamiento. Qué impera sobre qué no lo sé. 

Cuánto hay de obsesivo ejercicio mental de purificación en esas pequeñas actitudes higiénicas. Catarsis es la palabra que me viene a la mente, porque el aderezo, el aroma a frescura, la camisa limpia, el desalojo de los propios humores corporales trazan una disposición que pretenden hacernos más próximos a los demás. Catarsis de la noche, del día, del pasado, de las conductas que repudiamos. De la costra mental, en fin, que vamos acumulando sin cesar. Catarsis de las dudas, de la confusión, de lo que hemos hecho o dejado de hacer. Catarsis para liberarnos de las obligaciones, para no sentir el yugo de la afectación de las cuitas y desasosiegos. Ya estás listo, te dices, me digo, a medida que termino de adecentarme. 

A la indumentaria y la pulcritud del amanecer le añades la buena cara que pones o intentas poner. El espejo exige una pose y toda pose es una representación malsana, aunque sea práctica según para qué y ante quién. Con un poco de suerte te sale natural. ¿Nos acercamos o nos alejamos unos humanos respecto a otros cuando damos rienda suelta al ímpetu de olores, figuraciones y gestos que exhibimos habitualmente, una vez que hemos emprendido el ritual del inicio de la journée? No sé para qué tanta demostración. Tal vez se trata de satisfacer la necesidad de que estemos presentables y, si es posible, aceptables. Una de las reglas añadidas de la convivencia y también de la aprobación. O de la farsa.

Si no me ven sacro que me vean salvo, suelo decir irónico a Sandrine cuando me acompaña. Pero Sandrine no está ahora aquí y me siento algo huérfano de la liturgia del despertar. Con ella aquí un beso no sería solo una palabra. La palabra beso es hueca, me dijo un día Sandrine. Todo el mundo da palabras beso. Por teléfono, por mensajes, en los encuentros de calle, el aire traslada besos palabra que degeneran a medida que flotan y caen. La mayor parte de ellos en barbecho o en erial; depende. Pero a la gente le gusta el beso palabra le digo a Sandrine cuando viene. Y muchos hasta se dejan impresionar, incluso se dan por compensados. Le he enviado un beso, me ha mandado un beso, sic transit el beso palabra. 

Por mucho que se pronuncie con tono aproximativo o se realice el gesto aparente la palabra no suple con efectividad al beso si no es un beso que moje los labios del otro, eso dijo Sandrine. Y cuando Sandrine está y pasa uno o dos o varios días en casa, el desperezamiento matutino no constituye un simple acto de incorporarnos. Las operaciones rituales resultan menos monótonas por su mera presencia. La humedad de los labios de Sandrine al amanecer es rocío. Pero Sandrine no es besucona. Un besucón no besa con precisión, es repetitivo, y si no hay exactitud en el beso no hay materia. Ella me dijo esto no sé si para que yo tomara nota o precisamente porque conmigo sabe que el beso queda, digamos, más ajustado, y se ha acostumbrado a él. El beso debe de ser escaso, es su criterio. Nada de un beso a la par que te aseas o te calzas o te pones los pantalones o desayunas. Nada de incorporar a la rutina doméstica lo que debe ser salvado de la rutina en general. Nada de decir un beso o llévate mi beso o bésame cuando no esté. Fantasías superfluas. Eso dice Sandrine.

El discurso de Sandrine sobre el aprendizaje de los afectos, así lo llama ella, es inagotable. Cada vez que vuelve de un viaje incrementa sus sentencias. He ido aprendiendo de este tipo de sugerencias suyas. Para ser aceptado, no lo negaré. Y a veces, cuando está, y no suele estar en demasiadas ocasiones, nos limitamos a mirarnos severos o irónicos el uno al otro, a corta distancia o a través del espacio diagonal de una habitación, sin tocarnos, sin hablarnos, porque dice que en la mirada hay más entendimiento que en un beso. Y yo le digo: pero el entendimiento, ¿dónde  reside? Con el simple entendimiento cómplice, ¿qué se siente? Entonces ella deja de mirarme porque piensa que no quiero entender. Y si no quiero entender no quiero llegar a ella. Eso cree. Pero es entonces cuando quedan aplazadas las discordias. ¿No hay acaso un margen de felicidad en el aplazamiento de las discordias? La felicidad del tiempo neutral, donde se está y no se está. Y no se sabe si se seguirá estando.





* Kuzmá Petrov-Vodkin. En el samovar. 1926. Galería Tretiakov. Moscú.

20 comentarios:

  1. “Una mirada profunda al despertar, al cuerpo y a los afectos. Quien tuviera un despertar asi. Qué manera tan poética de narrar lo mínimo.
    Saludos

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    1. La primera hora de la mañana y sus circunstancias suelen brindar puntos de reflexión y consideración interesantes. No sé si es efecto benefactor de los sueños de la noche o de la conciencia que sabe dotarse a sí misma de una pizca ética de supervivencia.

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  2. Más presente cada día que me percibo más viejo...
    Ya somos dos.

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    1. Aunque esas presencias que nos invaden hablen lenguajes inquietantes, ya sabes las goteras.

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  3. Ya el título, que más parece verso alejandrino con su acento en la sexta sílaba, como dios manda, anuncia que lo que viene no es baladí aunque pudiera parecerlo para un lector despistado que se quedara en lo externo aparente y no buceara en su interior.
    Estamos ante un ritual, el ritual de lo cotidiano, a través de ceremonias repetitivas y recurrentes como el aseo personal, la mirada o el beso. O cuando los pequeños actos diarios, como el desvestirse y ponerse ropa limpia se convierten en algo extraordinario, gracias sin duda a la presencia de una mujer que da consistencia y luminosidad a lo que se hace.
    Sobre los besos dados por cualquier cosa como cumplido viene bien lo que dijo Quevedo al respecto: que no había gusto en el mundo como el cagar si tuviera besos.
    Saludos.

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    1. Jaaaaa, no recordaba o no sabía ese verso de Quevedo, tan genial. Amanecer es siempre punto de inflexión cotidiano. Un abrazo.

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  4. El café mañaneo, en este caso el té, no es el mejor momento para los amantes. Delante de cada uno la realidad, los pelos mal apañados, las diferentes toses, el mal aliento y los gases de la borrachera pasada. Para colmo, todo cuelga, tanto en el hombre como en la mujer. Mejor vestirse, como se pueda, salir corriendo, con la excusa del trabajo.
    Saludos

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    1. Eres hiperrealista, Car, no te puedo contradecir. Ciertamente en familia -no te digo solo mujer o marido, sino también hijos o suegros- nada resulta ni tan reflexivo ni tan poético. Y a veces sí patético.

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  5. A veces exploro , con la ayuda de la IA, sé que se da una serie de reacciones bioquímicas, tipicas por la mañana, que afectan a los seres
    La pregunta que he hecho:"el despertar, la mañana, no es el mejor momento para los amantes". Me ha contestado,:Exacto. Me ha dado una serie de explicaciones, de lo que ocurre.
    La escenas de amor, en el cine, mentira, los cuerpos se repelen.
    El cine, las escenas de cama, en las novelas, tendrán que cambiar. La IA, nos dará una formación real, que ahora nos falsean, porque cualquiera tiene acceso

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    1. Pues para mantener el negocio cinematográfico los guiones cambiarán. ¿Cuántas gente no cambiará el amor cara a cara por las películas de amor, por ejemplo? Naturalmente, amar no es obligatorio. Lo dejo, que este terreno es sinuoso, impreciso, equívoco,imaginario y frustrante incluso.

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  6. Asir el día... es un estupendo despertar, con bien de energía... y más si es con convencimiento. Ya me gustaría...

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    1. Los días nacen con expectativas casi siempre; a partir de ahí pon los apellidos que quieras.

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  7. Tal como lo planteas, no sé si tomar en consideración cambiarme de vestimenta para la cena, aunque no será un smoking.

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    1. La mejor vestimenta para la cena -o para la comida o para el desayuno o para el aperitivo- es el plato y el vaso.

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  8. Fáckel:
    por más empeño que pongo, tampoco consigo que el comienzo de mi jornada sea como dicen los gurús que debe ser.
    Salu2.

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    1. No hagas caso a los gurús y tira por donde el cuerpo te sugiera.

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  9. Yo también prefiero verme salvo que no sacro; lo primero es más vital que lo segundo.

    Ander

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    1. Claro, totalmente de acuerdo, lo de sacro es un añadido discutible.

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  10. los rituales son importantes porque nos anclan a la realidad, pero es mejor no darles muchas vueltas porque podemos descubrir su falsedad.. sí, mejor creer sin pensar

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    1. Más cómodo, querrás decir, eso de creer sin pensar. Tal vez esa sea la clave de que haya tanto seguidores de religiones, ideologías radicales, partidos extremistas, gurús e influencers.

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