jueves, 5 de junio de 2014

Imaginario, 76.




El abrigo rocoso bajo el que me refugio tiene signos que arañan la caliza. Paso los dedos sobre ellos y siento el generoso calor de su grafía. Me hablan.





Soy un tonto, pero también un estafado















Soy un ciudadano del Estado español, por inercia y en caída libre. Puesto que respiro, como, trabajo, consumo y pago impuestos en todas sus variantes cuantitativas y cualitativas, me considero de pleno derecho para ser respetado por el Estado español. Pero debo ser un ingenuo. Cuando leo que cada jugador de la selección española de fútbol va a cobrar 720.000 euros (¡setecientos veinte mil euros!) si ganan el campeonato ése de Brasil me siento engañado, o mejor dicho, estafado por el Estado español. Siguiendo por un instante la dialéctica tonta del fútbol, que no me interesa mayormente, parece ser que cada jugador de la selección brasileña cobrará ante la misma tesitura 330.000 euros y los de la alemana 300.000. (Por cierto, sin ganar la copa, ¿cuánto cobrarán los elegidos para la gloria?) Pero los que mandan en España deciden por todos los tontos de nosotros que tenemos que ser de los primeros en el ránking en premiar lo secundario, lo trivial, lo improductivo, el ocio, en definitiva. No quiero proyectar más el tema. Concluyamos que lo que pasa en este país no tiene nombre. Si a otros ciudadanos, a esa inmensa mayoría que se va a colgar del negocio futbolero durante las próximas fechas, no les importa es cosa suya. A mí, sí. Pero que cuando luego tengan que soportar los que ahora tragan la bola de la inmundicia más recortes, más subidas impositivas, más despidos, más bajo precio como carne trabajadora (eso llamado salario) y menos derechos de toda clase, que vayan a reclamar al maestro armero.




Imaginario, 75.




Al avanzar a través de las profundidades del santuario de los hombres antiguos los murciélagos se agitan en desbandada sobre mi cabeza y los percibo como un presentimiento.






miércoles, 4 de junio de 2014

Imaginario, 74.




Las hierbas del ribazo me engañaban y caía por el desnivel sintiendo las hieles confusas del abismo. Allá abajo, la mujer del sueño se acercaba a mí, ignoraba mis heridas y me besaba. Mientras, yo me desangraba lentamente.



Imaginario, 73.



El frescor de la arboleda me proporciona calma. De pronto sale a mi encuentro una voz delicada pero solicitante: no te alejes, dice. Yo miro a todos lados, una sola senda.



martes, 3 de junio de 2014

Imaginario, 72.




La arena se convertía en fuego, el agua en sustancia coagulada y el aire en decenas de falcatas afiladas. No había parte de mi cuerpo a salvo y buscaba refugio junto a las alimañas.



Imaginario, 71.




Al templo se le habían venido abajo las bóvedas, los muros estaban parcialmente derruidos y las puertas se hallaban desvencijadas. Y sin embargo el recinto permanecía a oscuras. 



lunes, 2 de junio de 2014

Tú, súbdito: recuerda quién eres




















El llamado Diccionario de Autoridades, el primer Diccionario emitido por la Real Academia de la Lengua en el año 1737, está dedicado a Nuestro Señor Don Phelipe V. Consulto la acepción Súbdito:

Subdito, ta. adj. El que está sujeto a la disposición de algún Superior, con obligación de obedecer sus mandatos y órdenes.

Significado, como vemos, muy de actualidad todavía. Y que quieren perpetuar. Me llama la atención que el Diccionario añada una coletilla como ejemplo. Un texto de la obra Empresas políticas, de Diego de Saavedra Fajardo, que dice:

"No nacieron los súbditos para el Rey, sino el Rey para los súbditos", que en su día tendría posiblemente su intención, pero que a estas alturas de los fracasos políticos no nos sirve. Simplemente: nadie debe nacer para ser de nadie. Que cada paisano elija qué quiere sentirse.



Imaginario, 70.




Hojeo periódicos muy viejos, cuya pátina del tiempo corroe mi olfato. Sin saber si es por la tinta, las noticias o mi sensibilidad.



Imaginario, 69.



Volvía de la guerra y no reconocía a su propia mujer por la calle cuando ésta salía a su encuentro. Ella le daba pistas, le hablaba con solicitud comprensiva al principio, le apremiaba después. Me confunde con otro, no sé quién es usted, respondía el hombre sin memoria para desfallecimiento de la esposa.



domingo, 1 de junio de 2014

Imaginario, 68.




Pasar largos días en el desván, donde todo ruido se aleja. Como si se tratara de la mente en reposo de la casa.



Imaginario, 67.




Estoy en el mercado al aire libre de una plaza irregular donde hay una torre de libros. Al separar uno de ellos toda la vertical se derrumba, produciéndose un estruendo de vidrios rotos. Cojo el libro que buscaba y me hago un corte en los dedos, manchando de sangre abundante las páginas.



sábado, 31 de mayo de 2014

Imaginario, 66.




Un hombre repulsivo se me planta delante, pretendiendo convencerme de la malignidad del ángel caído. Dice -es su manera retórica de hablar-  que para probar la bondad infinita del Gran Demiurgo. Yo le contesto que, aunque soy partidario de las fantasías, me gusta elegirlas. Y a ser posible, inventarlas.



Imaginario, 65.




Un tropel de abigarrados guerreros, cuya ferocidad me parece ridícula, se precipita hacia mí. El grito unísono, ronco y ensordecedor, me da risa. Me despierto sudando, absolutamente aliviado.








viernes, 30 de mayo de 2014

Imaginario, 64.




Era acercarme a la mujer desde atrás, poner con cautela mis manos sobre sus hombros y hacerse el silencio. Ella giraba su rostro despacio y esbozaba una sonrisa, como si no fuera una desconocida.



Imaginario, 63.




Encontraba un puente enterrado y buscaba afanosamente el río.



jueves, 29 de mayo de 2014

Imaginario, 62.




Todas las habitaciones de la casa grande se vinculan unas con otras. Vanos altos de jambas y dinteles decorados con estucos, carentes de puertas, dan paso a nuevas estancias. Creo ver un conjunto escultórico al fondo, representando un ágape. Trato de llegar hasta él, pero se aleja. Yo corro pero los muros se van cargando de ramaje y de pronto me encuentro a la intemperie.







Imaginario, 61.



La emoción de sentir el roce de aquella piel cesaba de improviso cuando la dulce sonrisa ofrecía su máscara desnuda.



miércoles, 28 de mayo de 2014

Imaginario, 60.




Era el juego de la guerra, y uno de mis amigos se moría como si recibiera un golpe seco con un mandoble, otro a causa de un disparo certero de rifle, otro por una flecha cartaginesa. Yo elegía, ignoro por qué, la metralla de una bomba arrojada en un raid enemigo y me dejaba caer lentamente. Gemma acudía a prestarnos los primeros auxilios sin saber por quién empezar. Entonces yo dejaba escapar un ay, en un gesto de dolor inacabable, extendiendo una mano hacia ella. Gemma dejaba de lado a los otros, que se hacían los muertos tan bien que no despertaban.



Imaginario, 59.




Los pechos de la diosa estaban gélidos, pero yo, ciego, expelía sobre ellos el vaho de mi boca, hasta apagarme.




martes, 27 de mayo de 2014

Imaginario, 58.




Extraño sueño en el que mi amigo desaparecido me pedía con insistencia que escribiera sobre su vida, aun no habiendo terminado de vivirla.



lunes, 26 de mayo de 2014

Las cabezas perdidas




Han sido vistas, flotando por el mar de los ensueños, las cabezas que se le habían perdido al amigo Loam ( http://arrezafe.blogspot.com.es/2014/05/el-dia-despues.html)  No fiarse de los rostros. Las que muestran muecas de disgusto de media cara ocultan lo que se han llevado antes. Las que esbozan sonrisa disimulada andan ya frotándose las manos (no se las vemos pero se sabe de buena fuente) por el chollo que viene. El perfil adusto y severo es el de quien debe dar fe de que su mujer debe ser como la del César, aparentona en su improbable honradez. Una que abre la boca como un pasmado está que no se lo cree. La del fondo podría ser la de la vache que rit pero sin cuernos, sin pintas y sin esquilón. La que cierra los ojos, comprime las facciones y contiene la carcajada no es el más listo que se ríe de todos, sino un estreñido que pasaba por allí y no podía aguantar más. La que da la espalda olímpicamente no quiere que le reconozcan los paparazzi por si le relacionan con algo turbio. Y luego está la del primer plano que no se sabe si es el buzón de Correos para recoger las cartas a los Magos de los ciudadanos niños europeos o la que emite con bonhomía las órdenes que llegan de las alturas. Todos los rostros aparentan y ninguno es lo que parece. Lo raro es que volvieran a los cuerpos de los que procedan.




(Fotografía tomada del quotidiano italiano Il Manifesto)


Imaginario, 57.




Subo fatigado las escaleras helicoidales de un edificio cuya zona más alta parece confluir en un vértice. De pronto la torre se muestra inconclusa y desmesuradamente abierta al cielo, el aire sopla con intensidad y la noche se precipita. Me dispongo a bajar, pero los peldaños ya no están y una voz me grita: No te muevas, no hay más allá.  




Imaginario, 56.




Sujetaba la calavera por la mandíbula con una mano y pasaba los dedos de la otra sobre el desierto del cráneo, cuyo nombre era plural. Pero su voz era ausencia.




domingo, 25 de mayo de 2014

Meyerhold vuelve a la calle





"La nieve cae
como si me lavara la cabeza de todos mis pensamientos.
Desgraciadamente el teatro no puede escapar a sus tormentas.
Nieva, una hermosa nieve
que me proporciona el color del reencuentro entre el hombre,
una generación de artistas precursores y su historia.

Eso comienza allí.
Con las mismas revoluciones,
hasta la llegada de un teatro a un estado dictatorial.
La propaganda y su derrota.

Hoy quiero hablar de Vsevolod Meyerhold.
De su vida que une a varias guerras y varias revoluciones,
las de la vida del hombre y las del teatro.
¿Dónde está la libertad?
Todavía me lo pregunto.

¿Dónde está su triste debilidad?
Toda la poesía está allí.

Y todo ello dividido entre un teatro físico
y un teatro de la memoria emocional.

Meyerhold, creador de un teatro nuevo desde 1900.
A la búsqueda de un teatro que reúna a todas las artes: Teatro, Circo, Cabaret,
Teatro de calle, Mimo, Música.
A la búsqueda de un teatro que cambie la vida del hombre.

Todo era posible para este artista
que fue hecho preso, torturado, condenado y fusilado bajo el régimen de Stalin.
Comienzo esta aventura, que me trastorna y me revuelve.
Misterio del teatro, Misterio de la vida."


Mauricio Celedon, 2012.



La Compañía Teatro del Silencio, dirigida por el chileno Mauricio Celedón. ha ganado la edición de este año del Teatro de calle de Valladolid, con una representación en dos actos en homenaje al renovador del teatro ruso Vesevolod Meyerhold, que fue ejecutado por el estalinismo.  He aquí algunas fotografías sobre una parte del trabajo titulado Doctor Dapertutto, y como homenaje a su vez a la alta calidad de la puesta en escena y del esfuerzo realizado.

















Imaginario, 55.




No logro saber porqué aquel bumerán lanzado en campo abierto y con viento favorable no ha vuelto todavía a mis manos.



sábado, 24 de mayo de 2014

Imaginario, 54.




Una muchedumbre venía corriendo en dirección opuesta a la mía y según se aproximaba se iba reduciendo en número. Hasta que al llegar a mi altura todos desaparecían, dejándome la vía expedita.



Imaginario, 53.




Una mujer púber sentada a la puerta de su casa me ofrece moras desde el delantal. Tiene los labios ennegrecidos y hay picardía en su mirada. Ahora mismo voy hasta las zarzas y te traeré más, se me ocurre decir. Voy contigo, y se levanta. Pero no encontramos el camino y nos desconcertamos.




viernes, 23 de mayo de 2014

Imaginario, 52.




Me veo pasando las hojas de la partitura de las Variaciones G. que el solista tiene sobre el piano. De pronto el pianista se sacude las manos, abandona su posición encorvada, y me cede el desastrado taburete. ¿Por qué yo?, le pregunto; pero él se aleja tecleando con sus dedos ágiles sobre el aire.



jueves, 22 de mayo de 2014

Imaginario, 51.




En aquella visión yo sermoneaba a los viandantes. Demasiado largo el tiempo de quien no ha sabido vivir casi nada, les decía. Demasiado corta la vida para quien apenas logra vivir lo deseado.



Vindicación del ladrillo




Vindicar.

3. tr. Der. Dicho de una persona: Recuperar lo que le pertenece.
(Diccionario de la RAE)


Podría ser el exterior de una gruta, el caparazón de un molusco, la masa de una montaña, el arbolado de un bosque, el tejido que protege un útero, el armazón de un cuerpo. Probablemente sea todo eso de modo implícito. Y revista cualquiera de esas formas. Porque hay dos clases de formas: la de la intención y la de la figuración. No se disocian tanto como a veces se piensa. En este caso, aunque el efecto de la búsqueda se encuentre dentro del templo (un templo cristiano que podría tratarse acaso de un palacio babilónico menor o de unas termas romanas o de una sinagoga o de una mezquita o de un depósito de agua de la época industrial) yo la percibo desde fuera. Como una revelación, el trazado total, integral, me derriba del caballo de la monotonía. Justo esta pieza que parece monocorde, insulsa, lineal, pero que es todo lo contrario. ¿No habrá en esta fábrica algo de zigurat reconvertido? Constante búsqueda humana de las estrellas. Nunca la aparente ceguera de unos muros hablaron tanto. Nunca la opacidad cedió de modo tan contundente y bello a la estética de la sencillez. Pero ojo, nada es elemental o, mejor dicho, rudimentario. La técnica tiene su desarrollo y el resultado borda la precisión. El ajuste del alineamiento de los ladrillos, el encuadramiento de los arcos de medio punto, la esbeltez conseguida al prolongar las arquerías elevan el edificio más allá de sus propias medidas. Yo diría que logra otra dimensión. Imagino entonces el templo recién levantado, allá en épocas duras de esta tierra. Me recreo en mi propia reconstrucción visual: un caserío urbano mucho más chico, un espacio abierto sin la proximidad inmediata de otros edificios, un disfrute de la perspectiva. Cuántos siglos contemplarían el alzado de esta construcción. Cuánto sabían los arquitectos, los ladrilleros, los albañiles. Cuánto pretendían y de qué modo lograban hacer arte por encima de las ideas, allá avanzado el siglo XII.

Las fotografías están realizadas sobre la iglesia de San Lorenzo, en Toro (Zamora) El templo se hallaba cerrado por lo que me pide una segunda vuelta por si logro ver el interior.  









miércoles, 21 de mayo de 2014

Imaginario, 50.




La desconocida y yo jugábamos a poner nuestros puños cerrados uno encima del otro, de forma alterna, ahora tú ahora yo, en escala hasta alcanzar el cielo. Cuando se nos venía abajo la arquitectura nos sentíamos felices. Agradecidos a nuestra fragilidad.



Imaginario, 49.




Soñaba que al atravesar un bosque alguien se ocultaba de mi presencia. Acto seguido, yo obraba de manera semejante y, por precaución, me escondía de mi mismo.



martes, 20 de mayo de 2014

Imaginario, 48.




Aquel diluvio de piedras era el último coletazo de la gran convulsión de la tierra. Mucho tiempo después les vendría bien a nuestros abuelos para levantar un cerco amurallado con el que protegerse de la naturaleza humana. Siendo ésta, como es, tan advenediza. 



Imaginario, 47.




Me paraba delante de un campo nevado. Sobre la capa blanca escupía abundante sangre y con los dedos corazón e índice trazaba un nombre en rojo. Luego la nieve lo cubría, como a mi deseo.



lunes, 19 de mayo de 2014

Imaginario, 46.




Un mendigo y una mendiga se increpaban mutuamente por la ocupación de un espacio callejero. Yo me alejaba asqueado por aquella escena de competencia entre miserables.



Imaginario, 45.




Me quedo preocupado cuando se me cae al suelo todo el mazo del tarot. Me quedo más tranquilo cuando veo que todas las cartas están bocabajo. Cierro la puerta y salgo sin recoger la baraja desperdigada.



domingo, 18 de mayo de 2014

Imaginario, 44.




La noche era ciega. Llovía a cántaros. Por el canalón roto vertía alocadamente el agua. Yo abría el balcón de par en par y ponía las manos para sentir la lluvia en estado puro. Mis padres me llamaban alarmados y me metían a la fuerza porque, tal como parecía escuchar que decían, estaba y no estaba allí. 



Imaginario, 43.



Traspasando la cal del muro reaparecía en lenguaje ugarítico una frase enigmática: si estás, no estás. Yo hurgaba entonces con las uñas las infinitas cuñas que formaban la cita para intentar borrarla, pero volvía a aparecer casi la misma: si no estás, estás. Mis yemas sangraban más de rabia que de herida por no lograr desvelar su significado.  



sábado, 17 de mayo de 2014

Imaginario, 42.




Una mujer vestida con un chiton ceñido está pintando una cabeza de porcelana de amarillo y azul.  Al verme me llama: acércate y ata mi cíngulo. Cuando me dispongo a ello compruebo que su cuerpo no tiene calor, que las facciones de la cara se han paralizado y que las manos sostienen sin energía la negra testa de un toro.




viernes, 16 de mayo de 2014

Imaginario, 41.




Al asomarme al abismo para comprobar su inquietante belleza me daba de bruces con mi apacible maldad. A la extensión de mi mirada seguía un movimiento corto e inmediatamente después un grito que seguía resonando hasta que la sangre se quedaba fría.



Imaginario, 40.




Extasiado ante la pared blanca veo el ir y venir de lo intangible. El transcurso casual de las sombras, los cambios caprichosos de tonalidad por efecto de la luz que hace su relevo, el silencio no violado por ocupación superflua de objetos. Nunca había imaginado que el lienzo desnudo de una pared fuera tan horizontal e inabarcable.



jueves, 15 de mayo de 2014

Imaginario, 39.




Estaba en una biblioteca. Al abrir cierto libro de poesía aparecía entre sus páginas  una carta del tarot. La que representa al loco. Me inquietaba y automáticamente me llevaba el libro para casa. No sé si temía más un oculto significado que de momento no me era revelado o la presunción de mi rostro en ese arcano mayor.



Imaginario, 38.




Recibo una caja hexagonal y dentro hay una cabeza de mármol. Aunque la frialdad estética es superior a la de la textura del material la llevo hasta una estantería. Cuando estoy a punto de dejarla me quema los dedos.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Imaginario, 37.




Presencia implacable de una raya inequívoca, trazada a carboncillo, que se extiende y permanece en el sueño. De pronto, desde los extremos la línea es tensada y sus vibraciones me hacen perder pie. Me deja al borde, sin que yo sepa muy bien en qué lado de su viscosa horizontalidad estoy. 




Soma





¿Soma? ¿Qué es Soma? ¿En qué parte del planeta, dices?





martes, 13 de mayo de 2014

Imaginario, 36.




El río se abría violentamente en dos. Longitudinal, desproporcionado y a diferente ras. La navegación se interrumpía, los campos se anegaban, los meandros extraviaban sus contornos y el nivel de las aguas se elevaba incesante y precipitadamente. Mirándolo desde aquella altura yo tenía la sensación de que el tiempo volvía hacia atrás. Y que aquel afluente orgulloso pero humilde se vengaba de la erosión que lo había dejado convertido en mudo  -y menudo-  testigo.



Imaginario, 35.



Dificultad de entender cómo, si estoy subido a la terraza, no veo el paisaje. Lo lejano se difumina y lo próximo está tapado por más terrazas, mientras me llega el olor húmedo del heno.



lunes, 12 de mayo de 2014

Imaginario, 34.




Aquella mujer que encontraron muerta en las vías del tren cuando yo era niño aparece en alguna ocasión en mis sueños. Se empeña en que la escuche. Me compensa diciéndome que puedo comer cuantas manzanas quiera de su huerto.



(Paréntesis: panfleto sobre la siesta)















Mientras permanecemos de esa guisa, los innombrables no cesan. Roban propiedades, las inmatriculan a su nombre (el caso de la Mezquita de Córdoba es el más flagrante de entre los últimos), piden más percepciones estatales. Roban derechos cívicos a través de la imposición de leyes. Lo que requisan por medio de recortes contra las necesidades humanas lo despilfarran en sobrecostes de obras (la misma política son y hacen los que todos sabemos) o en corruptelas millonarias (más agudizada la práctica en unos que en otros) o en obras faraónicas inservibles. Las prácticas ilegales de la competencia se perdonan (el mercado, ese dios sobre todas las cosas) Etcétera. ¿Cómo va a sanearse la economía de un país sino estrujando a los que nos echamos la siesta? ¿Cómo va a haber reformas históricas que hagan un país nuevo si se lo apropian los mismos de siempre? 

La historia de España es la historia de una perpetua contrarreforma. No se deja crecer al país nunca. No se le permite el asentamiento de una convivencia basada en la justicia (oh, ya toqué un absoluto impoderable) No se deja que se estabilice para beneficio de la colectividad. Como dice Rafael Argullol en un artículo aparecido el sábado en El País, quedan demasiadas cuentas pendientes y las criaturas del subsuelo han vuelto a resurgir: el desprecio por la libertad y la crítica, el fanatismo, los populismos de todo tipo. Y la más dañina: la ignorancia autosatisfecha que contempla apáticamente la destrucción de la cultura y la dispersión del talento.

Sigamos, pues, de siesta toda la bendita vida. Puede que ya nos estemos encontrando sin banco donde reposar, ni catre donde dormir, ni suelo que pisar sin pagar por ello. Al final no he escrito panfleto alguno sobre la siesta, ¿o sí? 




domingo, 11 de mayo de 2014

Imaginario, 33.




A veces acecha un fantoche chulesco. Atraviesa a vuelo mi cuarto de punta a punta con una espada de fuego. O eso dice él.



Imaginario, 32.



La cama refugio se convertía en cama desierto, pero donde no había luz ni estrellas ni oasis ni brisa. 


sábado, 10 de mayo de 2014

Imaginario, 31.




En aquel sueño me volvía loco tratando de encontrar un disfraz adecuado. Rebuscaba entre el amplio surtido de miradas, canciones, voceríos, discursos, exhibiciones, gemidos. El que había elegido debía pasar desapercibido porque todos me preguntaban si no quería disfrazarme de nada.



Imaginario, 30.




Es un bosque, un bosque de pupitres, me dice un hombre mayor, desaliñado, cuando entro en aquella escuela. No le entiendo. Hay al principio unas pocas filas ocupadas por escolares y, según avanzamos, las mesas se amontonan en varios pisos, de modo desorganizado. Cuando retrocedo hasta la salida los niños ya no están y, para mi desconcierto, el hombre trata de contener aquella abigarrada escultura con su débil corporeidad. Salgo yo solo y la voz del anciano se torna lejana: recuerda, se trata de un bosque



viernes, 9 de mayo de 2014

Imaginario, 29.



Contemplo absorto un árbol de la vida, sorprendido por cómo el ramaje de piedra esparce sus frutos. Bufones y profetas vienen a mi encuentro, me extienden una mano y con la otra sujetan serpientes.



Imaginario, 28.




Era en Borobudur y se hacía de noche. Las figuras bajaban de sus relieves mientras nosotros nos queríamos. Nos hacían la ronda, proponiéndonos que nos incorporáramos a sus lienzos y nos quedáramos allí.




jueves, 8 de mayo de 2014

Imaginario, 27.



El castillo está situado en lo alto de un extenso otero. Cuando llego descubro que hay otro castillo ruinoso incrustado en él. Más alto, más inaccesible. Las almenas están desmochadas, el adarve resulta peligroso, los matacanes agujereados. El viento sopla impetuoso y un águila se posa cerca de mí. Nos miramos fijamente, nos hipnotizamos.




miércoles, 7 de mayo de 2014

Imaginario, 26.



¿Quieres venir conmigo? me pregunta la mujer que hay apostada ante un forjado portalón. Depende quien seas, la respondo. Mientras atraviesa un zaguán con olor rancio, ella sigue explicándose, pero no la escucho porque no sé dónde me encuentro y la sigo a ciegas.



Imaginario, 25.



Subía por una rampa que acababa convergiendo con un techo de roca. Según avanzaba hacia el vértice me empequeñecía más y más. A los lados una tierra oscura y en ella la impronta de pisadas antiguas. Sobrecogimiento por hallarme en un templo cuya construcción me era regalada. Me quedaba en cuclillas, atónito.




martes, 6 de mayo de 2014

Imaginario, 24.




En la madrugada de nieve una muchacha entra en una cabina de teléfonos y llama. Al otro lado, en guardia, hay un hombre esperando. Ach! und säumest du noch? masculla para su insomnio.



lunes, 5 de mayo de 2014

Imaginario, 23.



¿Cuántos éramos? ¿Cuatro, seis? Iba cayendo la tarde y aún había que atravesar un campo de ortigas. A uno se le ocurre decir que si no respiras no te pican. Contenemos la respiración entre risas, pero las ortigas no se acaban nunca y los pulmones no dan más de sí. En la desbandada, caigo por el ribazo que da al río. Una voz que no sé de dónde sale clama: ¡las aguas son negras!




Imaginario, 22.




Doy vueltas al perímetro de las murallas y su circunvalación se hace cada vez más agotadora. Cuando pretendo entrar en la ciudad los postigos han desaparecido, las murallas se han hecho más altas y las piedras muestran una grisura sucia. Por más que busco una rendija en la defensa no la encuentro. Me quedo pensando, inquieto, si será una ciudad de vivos.



domingo, 4 de mayo de 2014

Imaginario, 21.




Mi amigo muerto y yo paseábamos juntos. Al mostrarle un paisaje él me respondía sin aspavientos que no podía sentir nada. Entonces le proponía: sentirás a través de mi mano, verás con mis ojos, olerás por mi nariz, escucharás haciendo tuyos mis oídos, etcétera. En ese momento el rostro de mi amigo denotaba satisfacción y seguíamos caminando.



sábado, 3 de mayo de 2014

Imaginario, 20.



Muchos brazos agitándose a los que me aproximo por curiosidad. Cuando me doy cuenta estoy siendo rodeado por ellos y me convierto en uno más. En ese momento aparece a toda velocidad una bola de fuego por la calle que baja de la montaña. Me hago a un lado y en el portal de una casa hay una mujer asustada a la que consuelo. Tirita y me hinca las uñas en la ropa.




viernes, 2 de mayo de 2014

Imaginario, 19.




El paso era angosto y las paredes de perfiles desiguales. A la perfecta planitud de un tramo le sucedían salientes de aristas puntiagudas que raspaban mis brazos y se clavaban en mis sienes. Cuando aquel pasaje se estrechaba de manera que parecía insalvable salir de él mi cuerpo decidía convertirse en una culebra. En ese momento me encontraba a gusto y quería permanecer allí; hasta el punto de que desaparecía la angustia.



jueves, 1 de mayo de 2014

Imaginario, 18.




Mientras yo contemplaba aquellos dedos largos, ni frágiles ni toscos, de piel tersa y algo atezada, el sello dorado de su dedo anular me deslumbraba con los destellos. No alcanzaba a ver con claridad en qué parada se bajaba la joven de mirada triste.



miércoles, 30 de abril de 2014

Imaginario, 17.




Debía tratarse de un sueño. Intentaba hablar y solo me salían balbuceos. Enfrente, los labios sonrientes de mi madre emitían un aire que dibujaba sonidos. Yo no lograba entender aquel milagro y movía mis labios atropelladamente. No sabía tampoco si ella hablaba por mí. Si me desasosegaba, mi madre me calmaba diciéndome que era un juego. De pronto provocaba un grito desmesurado y mi madre me dejaba caer de sus sus brazos.




martes, 29 de abril de 2014

Imaginario, 16.



Me veía subiendo por las terrazas de unos jardines antiguos. Entre la floresta laberíntica surgían estatuas deterioradas y cargadas de verdín. A una le faltaba un brazo, otra tenía la nariz rota, la que llevaba el perro al lado carecía de medio animal. Pero ninguna estaba desprovista de un atractivo orgullo de resistencia. Al tomar lo que se asemejaba a un paseo central me pareció escuchar la voz de una de las estatuas que decía: llévame contigo. Y luego de otras más que elevaban el tono y me creaban angustia. Yo echaba a correr hasta que caía por la bóveda de un mausoleo subterráneo donde yacían estatuas enteras, pero muertas.



lunes, 28 de abril de 2014

Imaginario, 15.




No sé cómo he llegado hasta un callejón que no tiene salida. Tampoco puedo volver atrás porque parece haberse borrado el camino desde el que provenía. Escucho voces y risas, aunque no veo a nadie. De pronto aparece un hombre anciano y me pregunta si tengo sed. Me da agua y me dice que a él le pasó lo mismo. Eso me calma, y cuando quiero preguntarle más el hombre ha desaparecido.


     



domingo, 27 de abril de 2014

Imaginario, 14.



El animal se arrastraba a duras penas. Yo sentía la amargura de sus llagas lanceoladas como si me las hubieran causado a mí. Él se desprendía de su incisión en la piedra de basalto y se acercaba a lamerme las heridas.



sábado, 26 de abril de 2014

Imaginario, 13.



Me veo bajando en la minúscula bicicleta por el camino de la fuente vieja. Los girasoles que hay a un lado y otro están en su punto pero nadie llega para recoger la cosecha. Los girasoles siguen creciendo y se entrelazan robándome el cielo. Me pongo a pedalear muy deprisa para salir del túnel, hasta que la bici hace un quiebro y pierdo la conciencia.



viernes, 25 de abril de 2014

Imaginario, 12.



En un claro de aquel hayedo se presenta una mujer joven ante mí y me espeta: soy la hija de un amor anterior tuyo. En mi perplejidad yo le respondo ingenuamente: ¿cómo puedes saberlo? Ella me dice que había visto cómo me entregaba a su madre muchos años atrás.



jueves, 24 de abril de 2014

Imaginario, 11.




El lecho del río estaba repleto de caballos muertos. Decidíamos ir a bañarnos a otro río en el que no hubiera tanta muerte.



miércoles, 23 de abril de 2014

Imaginario, 10.




Aquella desconocida ponía la mano sobre la mía cuando yo iba sujetándome a la barra de un vagón del metro. Solo por la intensidad de su apretón y por la constancia en mantenerla supe que necesitaba mi calor y que yo aceptaba el suyo. Al llegar el tren a la séptima estación me ordenó firme: bájate aquí. Arrancó el tren y al sobrepasarme vi que tenía puesta su mano sobre la mano de otro hombre. Sentí mucho frío.



martes, 22 de abril de 2014

Imaginario, 9.



Al tirar el zapato de la niña al pozo caía yo detrás. En lugar de pedir socorro gritaba sin cesar el nombre de la niña. Aquella risa infantil de la superficie se perdía cada vez más. Luego sentí su mano tirar de mí y los dos nos poníamos a jugar con las monedas barrosas que había en el fondo.



lunes, 21 de abril de 2014

Imaginario, 8.



En la habitación en penumbra hay un hombre desnudo que se parece a mí. Pero solo está desnuda la mitad de su cuerpo. La otra mitad la cubre el rayo de añicos en que ha quedado destrozado el espejo. Son amargos los cortes que detecto sobre un lado de mi abdomen. Cuando paso la mano por el borde de las heridas me salpico.





domingo, 20 de abril de 2014

Imaginario, 7.




El umbral de la cueva me transmitía una humedad antigua. Los ojos empezaban a ver a través del olor de la profundidad. Allí dentro se derramaban por la piedra de leche chorros de toda clase de coloraciones. Sentí mucha alegría y creo que la roca también. El silencio de los humanos no es el silencio de toda la naturaleza, y llegaban voces muy apagadas de minúsculos seres. Arrodillado ante las charcas inmóviles de la caliza les imploraba que se me revelasen. 



sábado, 19 de abril de 2014

Imaginario, 6.




Hundía la boca en la herida blanca de aquel cuerpo. Veía entre sus cristales salinos cómo el sol se domesticaba. Los escorpiones se detenían a comer de mi mano. La arena era fértil. La línea lejana del horizonte se combaba. Al beber de aquella incandescencia percibía la llamada del mineral. Había estado esperando mi llegada desde una dimensión que los hombres llaman tiempo. Dejé que la forja configurara mi máscara insaciable.



viernes, 18 de abril de 2014

Imaginario, 5.



La marquesina cubre una acera larga de puestos de verduras. La mujer vestida de punta en blanco pregunta a unos y otros y compra algunas hortalizas. Mientras, yo juego con una niña a escondernos entre cajas vacías que forman una pila que alcanza el techo. Una voz, dos voces, varias voces pronuncian de modo inquieto nuestros nombres. La niña y yo viajamos en un compartimento de tren y las ciudades pasan ante la ventanilla. En una estación en la que hemos parado me pide que le compre un helado. Toda la agitada algarabía del mercado cae sobre nuestras cabezas.




jueves, 17 de abril de 2014

Imaginario, 4.




El rostro de la mujer pegado al cristal era bello. Pero el reflejo lo era más. Cuando arrancó el autobús yo permanecí inmóvil en la parada. Le dije adiós con la mano. No sé si a su cara o al reflejo. Aquello fue un doble abandono.



Imaginario, 3.



Al penetrar en el osario de aquel pueblo todas las miradas se concentraban en mí. Ni siquiera en su actitud descarnada las calaveras eran iguales. En algunas percibí risas mudas, en otras un rictus de desprecio, unas pocas manifestaban cierta envidia contenida, bastantes de ellas se iluminaban con un gesto de asombro. Debo decir también que la mayoría ignoraban mi presencia. Supongo que, como sucede en general en la vida, había calaveras sumisas y calaveras díscolas. Me pareció escuchar un mensaje subterráneo, algo así como: todo es cuestión de tiempo, la galería sigue abierta. Fui saliendo a la luz lentamente.



miércoles, 16 de abril de 2014

Imaginario, 2.



Desde la cama contemplo la bombilla que a veces hace guiños. En la habitación hay también una mesilla, una butaca pequeña y baja y una cómoda de perfiles redondeados. Sobre ésta, el calzador del padre. Entra un ladrón y se pone a tirar de los cajones. Hurga atropelladamente en su contenido. Me tapo con las sábanas y escucho mis propios latidos con una tensión enervante. El ladrón se asusta también y huye precipitadamente. No se ha llevado siquiera el calzador.



martes, 15 de abril de 2014

Imaginario



He visto asomar en un sueño un arma homicida. Su filo no era peligroso por la hoja en sí misma, sino por la descarga de ira de quien la portaba. Nadie advertía la sangre que se estaba derramando. Yo me palpaba una y otra vez el pecho, el costado, la cabeza. Avisaba a cuantos pasaban a mi lado. Iban sangrando pero la incidencia no parecía importunarles. Un orate pasó veloz junto a mí y exclamó: ¡sangre redentora! Con el escalofrío que me produjo aquel grito contuve mi herida.




lunes, 14 de abril de 2014

Tránsito de las palabras (sustancia y sazón)
















Desenvainad los días para extraer el fruto, dice una voz. No dejéis que se pudra lo que hay dentro, aquello que alimenta. Pues tras la apariencia que solo engalana se oculta, sabrosa y exuberante, una riqueza mayor. No os conforméis con la ornamentación de esta época y sus circunstancias, más bien buscad su fecundidad. Aquella puede distraer vuestra intención de probar la sustancia, sin que oséis jamás catarla. Lo fecundo: ese tránsito lento y arraigado en las entrañas del conocimiento. Esa ofrenda que os pone a prueba pero que también os deja despejado el camino del encuentro. El fruto está ahí. Es savia y es sabio. Su punto de sazón solamente responderá al instante en que aceptéis vuestra propia madurez, hermanos. Pero, cuidado, no esperéis mucho tiempo más. No vaya a pasar que cuando desgajéis la cáscara os encontréis vacío el espacio de vuestras esperanzas.




viernes, 11 de abril de 2014

Transcurso de las palabras (al encuentro del universo)

















...dispersión, choque, compacidad, absorción, gravitación, flotamiento, características que no las hace a ellas, a las palabras, diferentes a otras manifestaciones de los universos, y tal como hacen estos también se encuentran y desalojan, y no sé de qué manera instintiva aprendí a escucharlas incluso antes de ser sonidos articulados, no sé cómo advertí sus mensajes, acaso cuando mi mano tocaba otro cuerpo o era tocada por otras manos, o se deslizaba por mi propia piel, en ese largo y siempre atrayente recorrido por descubrir lo insustituible, el propio cuerpo, y desde entonces me parece que las palabras conservan en su esencia lo táctil, y donde hallo piedra me encuentro también palabras, y sus énfasis correspondientes, y si estoy solo en medio de unas ruinas reconstruyo con las palabras que me llegan la vida de lo que fue el lugar antes que ruinas, y si caigo en el desierto las palabras se escabullen como los alacranes para utilizar el lenguaje más recóndito, y si es el oleaje del océano el que me acuna cuando me siento a su merced en el camarote salgo a cubierta y me dejo cubrir por la espuma, que susurra con un peligro semejante al de cualquier otra caricia, y al saberme parte de todo esos universos que no solo me rodean sino que penetran en el mío, es justo cuando me siento musgo o pecio o partícula o fósil o bocanada, y el diálogo es fecundo y bien con reproche o con ternura o con corrección o con alegría las palabras adquieren la tonalidad de mi sangre, sea apacible o brutal su empeño por seguir circulando dentro de mí.




(Dibujo de Inés González)


jueves, 10 de abril de 2014

Transcurso de las palabras (lapidarias)















...son como minerales, ellas, las palabras, lapidarias porque son arrojadas, porque los hombres se las echan unos contra otros, y nadie se libra de ser unas veces el que las arroja ni nadie se va incólume sin haber recibido la pedrada, y eso ya lo percibimos algunos cuando éramos niños, por una parte a través de los refranes, los pétreos, los duros, los que más que advertir sentenciaban, eran tiempos aquellos de refranero, sabio no obstante su uso, que yo llegué a odiar y que ahora valoro de otro modo, aunque no soy usuario frecuente del mismo, porque mi mirada ha aprendido, porque los acontecimientos hay que analizarlos y no sentenciarlos a priori, ni condicionarlos por nuestra propia incapacidad para captarlos, que no lograremos hacerles variar por eso, lo que es siempre es, por lo que sea, aunque tengamos en mente la riqueza empírica de los refranes, y por otro lado a través del reproche, ese contenido infame que con refrán o sin refrán trataba de abrir una brecha sangrienta en la conciencia de un niño y que, por lo que voy viendo, no ha cesado del todo, ayer escuché aún una frase estereotipada que no se lleva mucho, que no sale hasta que la situación o la pobreza mental de un individuo no lo requiere, o a veces la mera observación, seas o no un deplorable ser que no quiere reconducir el pensamiento hacia el entendimiento, aún escuché la gente quiere mano de hierro y por primera vez no dije que no, por primera vez tampoco callé, por primera vez me pareció que debía ocultar mi horror y dije, sí, algunos la quieren, aunque les lleve al infierno...hay detalles cada vez más frecuentes en que esa negra mano de hierro se revela, y como si se quisiera aceptar, qué tendrá esa actitud, las palabras como mineral, y uno modestamente desea que no sean manos de hierro, aunque hoy ya son tiempos de nuevas materias, palabras radiactividad, láser, palabras fibras ópticas, etcétera, y que tampoco se privan de su malvada y oscura propuesta contra los individuos.  



(Fotografía de Eikoh Hosoe)



miércoles, 9 de abril de 2014

Transcurso de las palabras (la gatera)















...nuestra arraigada costumbre, no sé si manía, de encontrar palabras hasta en sonidos que no son palabras propiamente dicho, a eso lo llamamos onomatopeyas, aullidos o ladridos, rumor del viento, ruido de una máquina, el traqueteo de un tren, el despegue de un avión, el chapoteo, son onomatopeyas, otras maneras de enunciar palabras, y hasta el vocablo onomatopeya suena lindo, estructurado y a la vez oriental, rimbombante y académico, y entonces me digo ¿cómo representar el paso de las páginas de un periódico o de una pantalla táctil?, ese paso que apenas nos permite fijarnos en una noticia, menos reclamar una atención, aún menos reflexionar un instante, no te digo analizar en alguna medida una argumentación, carezco de onomatopeyas precisas para muchos gestos de desinterés, de desconfianza o de duda, y mira, caigo ahora en que debería inventármelas, y mientras me vienen o no me vienen visualizo posibilidades con los ojos interiores hasta caer en que si merecerá la pena, como uno se resiste a la desconfianza absoluta, uno no cree ni no cree respecto a lo que lee en un diario o en libro o en la letra pequeña de un seguro, visualizo, carezco de onomatopeyas para mantener un diálogo con situaciones o prácticas difícilmente nombrables, pero dejo una gatera en la puerta de mi casa cuerpo, de mi casa mente, de mi casa anhelo o de mi casa expectación, para que entren y salgan los seres fantásticos que aún me den sentido o que lo representen para que yo me lo crea y, si es posible, me divierta, pues para entristecerme no quiero ni busco onomatopeyas (que podría) 



lunes, 7 de abril de 2014

Anja Niedringhaus y su última foto















Nadie sabe cuándo va a hacer su última foto. Ni cuándo su última comida, su último viaje, su último encuentro amoroso, su última lectura o su última sonrisa. Anja Niedringhaus no lo sabía, aunque había jugado muchas veces con la posibilidad de que fuera la última fotografía, el último desplazamiento, la última guerra. Pero para esta fotoperiodista de Associated Press ha sido la última mirada a este mundo, desgraciadamente. Ya había estado en riesgo otras veces. Suele pasar. Hay corresponsales que no se resignan a que la información dirigida se la pasen los servicios de información del gobierno de turno -entonces, ¿qué son? ¿periodistas o mercenarios?- y quieren ver, constatar y reflejar lo que hay. Están allí, vuelven allí, donde habitan los indígenas. El rosario de sacrificados del periodismo auténtico de guerra -o zonas de conflicto, estúpido eufemismo de nuestros días- es largo, continuo, incesante. El periodista auténtico es un combatiente más para tirios y troyanos. Un combatiente de la aproximación a la verdad, si la hay, del testimonio y, por qué no, de la curiosidad personal. ¿Un aventurero mejor o peor pagado? Puede ser también. ¿Un temerario? En muchos casos sin duda alguna. No sé si el gobierno alemán o la agencia AP estarán más interesados en clarificar la muerte de Anja que lo estuvo el gobierno español cuando asesinaron los norteamericanos al periodista Couso en Irak. Supongo que lo tienen más fácil para lavarse las manos: ha sido una víctima del terrorismo talibán, pueden decir. Y en el caso del español José Couso, ¿qué terrorismo despiadado nunca considerado terrorista lo abatió innecesariamente?





domingo, 6 de abril de 2014

Transcurso de las palabras (su pérdida)













...las palabras se pierden, ¿por qué sufrir por ello?, tantas veces se pierden, unas se pierden y vuelven otras, o no vuelven y queda cierta melancolía, o se impone el silencio, que es la forma más secreta que poseen las palabras, ¿acaso no se pierde cuanto hay detrás de las palabras?, pienso en algo de todo aquello que puede perderse, que seguramente se extravía o se despide cada día que pasa: pequeños objetos, besos, salud, conocimientos, recuerdos, lozanía, cariños, confidencias, paseos, energías, generosidades, inventivas, personas cercanas, personas lejanas, caricias, para qué insistir en una lista, todos esos ámbitos vivos llegan y se van, se fugan y reaparecen otros, y las palabras, como arquitecturas efímeras, porque son pasajeras, por mucho que algunos las consagren en exceso, las palabras no saben quedarse, pienso a veces si no será mejor así, cuando se quedan quieren arraigar y las palabras son peligrosas si no quieren partir, a veces se quedan y hay que matarlas, iros a otras partes, palabras, las chillo, y cuando no quiero o cuando acabo de quererlas se me escapan porque es su propia condición, ay, palabras, os deseo para ser habitadas un tiempo, para ser tomadas un instante, para certificar que sigo respirando, así que si habéis decidido desaparecer tal como habíais configurado una tienda del desierto donde íbamos a estar los tres, vosotras, las siguientes y yo mismo, nada que objetar, sois el eterno retorno.



(Fotografía adaptada de Leopoldo Pomés)


sábado, 5 de abril de 2014

ACLARACIÓN SOBRE DOS ENTRADAS



Aclaración a todos los que pasáis por aquí y en especial a los que habéis comentado. Al hacer el paso de un sistema operativo obsoleto a otro diferente se me han alterado sustancialmente dos entradas. Las tituladas TRANSCURSO DE LAS PALABRAS (TERNURA) y TRANSCURSO DE LAS PALABRAS (INDIGNANTE, INDIGNA) Por lo cual he decidido dejarlas como inexistentes. 

Ruego vuestra comprensión y disculpa. El primer molesto soy yo.



jueves, 3 de abril de 2014

Transcurso de las palabras (al otro lado)















...no porque las palabras transiten por el sueño son más calladas, más bien dan rienda suelta a su manifestación de griterío o bien se adaptan a las circunstancias de una conversación normal o si tienen que comportarse pausadas lo hacen, pues se propagan con la misma intensidad que en el exterior del sueño, y nunca sabemos al despertar si se han impuesto las imágenes o lo han hecho las palabras, sabiendo que éstas unas veces no son sino imágenes complementarias de aquellas y otras veces imágenes tan visuales que pueden recrear los paisajes que el hombre recorre, desplazando la visión ordinaria, pero en las más de las ocasiones se tiene la sensación de que las palabras paseantes del sueño y las imágenes corretonas del sueño alcanzan una fusión especial, donde la imaginación pugna por dominar, sin control de palabras y visiones, desbocadas por escapar a la tiranía de la conciencia de los que sueñan, reinventando los guiones de nuestro vivir.



(Fotografía de Martine Franck)

miércoles, 2 de abril de 2014

Transcurso de las palabras (viscerales y calladas)

















...no emitir palabra, no poder hacerla pública, no significa que no se haya construido dentro de la mente, y en el interior de cada individuo y en cada circunstancia más adversa la palabra conserva su calor, se soterra, se aferra a las células más protegidas, y aunque pugna por galopar se debate entre el razonamiento prudente que la sujeta y el clamor visceral que el odio procura, y solo la conciencia de un riesgo superior tira hacia las profundidades y la aletarga, sumiéndola en el espanto, porque lo primero es salvar la piel, o intentarlo. 



(...en su abyección, los victoriosos, donde no pudieron hacer correr la sangre de sus hermanos, porque no les pareciera que aquellos otros menos comprometidos fueran acreedores del mayor castigo, pero sí que estaban muy próximos a haber merecido su derramamiento, o porque apenas había motivo, o porque una simple simpatía o familiaridad no justificara el acto más cruel, o porque se trataba de aplicar castigos ejemplares porque sí, decidieron adoptar también medidas simbólicas, y una de ellas rapar a las mujeres, pues humillar a las mujeres siempre ha sido más fácil para los energúmenos y cobardes, y que asumieran así ellas un gesto de la ignominia en su propia carne, y que tal aplicación figurase para el resto de sus días como un baldón para ellas mismas, mas los victoriosos especializados en el oprobio, cegados por la violencia y por el triunfo de la ignorancia una vez más, no podían comprender que en realidad las ensalzaban, reconocían su dignidad, si bien de poco les sirviera en aquel momento a las mujeres aterrorizadas, pero todo no acababa ahí, y no conviene fiarse de la supuesta benevolencia que puede parecer este acto menor, pues para muchas de aquellas mujeres afeitadas no fue sino el principio de la discriminación, un paso que dio paso a otras barbaridades y penurias, incluso sin seguridad de que no podrían recibir el golpe de la muerte en cualquier momento, y al contemplar la imagen de sumisión forzosa, al advertir el afeitado que parecía desposeerlas de derechos e identidades, las mujeres solo se rendían en su fuero más profundo al silencio y a la cautela, y privadas como estaban de decir siquiera esta boca es mía, porque la boca y las manos y el cuerpo y el destino pertenecían ya a los vencedores, les quedaba el flujo más recóndito de su pensamiento, que se manifestaba con palabras que pesaban pero que no podían emitirse, y si uno se fija en la fotografía de las cuatro mujeres de la entrada anterior, los ojos hablaban por ellas, los ojos caídos en el pozo de la injusticia atroz que se cometía con ellas, el hundimiento de unas miradas sin esperanza y la carencia de rictus alguno ya no de sonrisa sino de levedad o relajación en sus labios, y la fuerza que se consolidaba en las manos que se sujetaban una a otra para no perder el sentido del contacto consigo mismas, aunque el vencedor solo viera el gesto del sometimiento y de la resignación...)


(Paréntesis bis. Curiosamente viene hoy en El País esta información que tiene que ver con la oscura victoria y los victoriosos:

http://politica.elpais.com/politica/2014/04/01/actualidad/1396380702_183531.html, por si quedaban dudas de las barbaries, con testimonio de alguien no sospechoso de veleidades rojas)




lunes, 31 de marzo de 2014

Transcurso de las palabras

















...las palabras transcurren a través de parte de los canales que también se ofrecen al alimento o al amor...¿será porque, sean migajas o banquete, las palabras acuden siempre al rescate del hambre de los hombres?


En recuerdo de los cien años del nacimiento de Octavio Paz.



miércoles, 26 de marzo de 2014

Piedra y agua




















...reivindico la dignidad de las cunetas frente a la vanidad de las catedrales.

Eso he dicho en la entrada anterior. Imbuido por el espíritu de León Felipe siempre he adorado más el guijarro pequeño que la montaña pétrea incomensurable. Pero ese sentimiento es anterior a saber del poeta zamorano. Tal vez la culpa haya sido de mis pasos no prolongados pero sí frecuentes por Ávila en la infancia. Allí percibí por primera vez las dos dimensiones. La de las piedras pequeñas y la de las grandes rocas arraigadas en el subsuelo y que emergen como icebergs de granito. Luego hay una tercera dimensión, la de sus construcciones históricas. La abundancia de piedra fue utilizada por las instituciones de las diversas formas de poder (nobleza, Iglesia, monarquía) para alzar sus símbolos de grandeza. Llámense murallas, calles, templos, palacios todo ello era, es, una prolongación de la piedra y del oficio. Me gustaba admirar y sorprenderme con cada edificio, por fuera y por dentro. Mirar de manera absorbente los ángulos de las arquitecturas y los detalles de las decoraciones. Pero lo inevitable era, y lo sigue siendo, tocar siempre la piedra. Sin palpar muros y columnas es como si mi visión estuviera incompleta. La piedra fría me impregnaba de calor. La piedra, ¿médium u objeto en sí misma? Las leyendas me condicionaban y me atraían. La humedad latente en el subsuelo de aquella catedral, que se hacía notar en las losas del pavimento, nos conducía a soñar. Es una extensión de la laguna de Gredos, me decían los mistéricos. Y fantaseábamos con reinos poderosos del submundo, con enigmas sin resolver, con demiurgos más allá de los mortales artífices, demorando siempre la explicación. Pero la piedra y el agua me parecían no tanto recursos para generar imaginación como elementos para vincularme a la tierra. Así descubrí que en aquello también había raíces.





martes, 25 de marzo de 2014

¿Ellos no fueron artífices de una democracia?






...ellos no fueron artífices de la transición...fueron víctimas dos veces...una de sus asesinos y otra de una transición y de una democracia que poco han hecho por reconocerles y sacarles de su olvido...

...para ellos no hay catedrales; ni siquiera cementerios donde yacer; sólo existen cunetas

...invoco la dignidad de las cunetas frente a la vanidad de las catedrales

...¿cómo olvidar que fueron artífices de un cambio social que intentó dar el salto de la ignorancia, el atraso y la injusticia desde la plena legitimidad y legalidad republicana hacia una nueva España sin analfabetos, sin caciques y sin tiranos?

...pero no les dejaron; su memoria sigue pesando

...pesándonos