lunes, 17 de junio de 2019

El masoquismo de los votantes de parásitos




"...y por extraño que parezca a la política la han convertido muchos en un trueque ordinario y cutre, en un juego de trileros, en un mercadillo de ropa vieja, en una chamarilería, en un holding de mafiosos, en un tenderete de feria donde ya no se cuelgan ideas a respetar, ni proyectos a llevar a cabo, ni intereses que cundan en beneficio colectivo, ni argumentos sensatos, ni planes elaborados con inteligencia, ni criterios con perspectiva comunal, mucho menos de Estado, y así pues los viejos propietarios del territorio que, en tiempos alejados pero no olvidados, se hicieron con el país, cuyo nombre repiten tanto de manera blasfema, a base de destructivas, perversas y sangrientas artes, pactan el reparto de las tartas, sin que hayan sido los más votados que es tanto como decir los más queridos, tras decir ayer una cosa, hoy otra y al tercer día todo lo contrario, dejando entrever que igual que hoy han pactado mañana se traicionarán si a sus intereses particulares no les va la jugada, pues desconocen los principios elementales de la Ética, y desvirtúan la difícil laboriosidad de la Política, porque no son clanes coherentes con un programa del que carecen ni consecuentes con el bien común al que nombran con lengua vergonzante, por mucho que hablen del pueblo, de la ciudadanía, de la gente, del país, de la nación o de España, y ahí digo yo que los votantes deben tener una buena parte de responsabilidad, incluso de culpa, por su falta de reflexión, por no mostrarse exigentes, por carecer de un espíritu fiscalizador sobre aquellos que votaron y, entonces, ya sabemos lo que nos espera cuando los parásitos hinquen el diente en nuestra piel, y no vale luego quejarse de las picaduras, los contagios, los virus que laminarán los recursos de municipios y regiones, mientras a los depredadores parásitos se les abren perspectivas de negocios nuevos, que continuarán en la onda de los viejos, sin que haya sentido común que venga a poner orden en el caos". 


(Pseudo Robert Burton en su Pseudo anatomía de la melancolía)



(Viñeta de El Roto en El País el viernes 14 de junio)


sábado, 15 de junio de 2019

Coincidencias con Houellebecq en su Serotonina




Leyendo Serotonina, la última novela de Michel Houellebecq que, a mi modo de ver, adquiere más contundencia a medida que avanza el relato (no me atrevo a decir la trama), encuentro esta parrafada:

"Los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado,  en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada en la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas  frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento".

Coincido en la relativa felicidad de nuestros años de juventud, entendiendo tal felicidad como otra perspectiva, o acaso se trate de la ausencia de perspectiva, la vivencia al día sin grandes exigencias, o incluso soslayando y saltando por encima de esas exigencias, porque si en algo reconocemos los tiempos jóvenes, y nos reconocemos en ellos, a veces con lamentos, a veces con suspiros, es por su carácter aventurero, daba igual que fueras aprendiz o estudiante, recadero o ayudante en la tienda de tu padre, la aventura llamaba a la puerta cada día, se disimulaba, se ocultaba, se reservaba para un tiempo en que no nos controlasen, y tal aventura conducía en tantas ocasiones a transgresiones de mayor o menor calado, algunas sumamente arriesgadas, peligrosas diría yo, otras de simple confrontación y competencia entre coetáneos o echando un pulso a los plenamente maduros que se elevaban con sus rigores pontificales, sus consejos pétreos, su ordeno y mando habitual, la juventud era no solo un tiempo sino un camino, la vía de escape a dos bandas, de una infancia que se desgarraba de nosotros, o nosotros de ella, habiendo quien le costaba más, asumiendo que era necesaria su superación, y ese espacio definido por su indefinición, la juventud, era un campo abierto, al que se pretendía poner puertas, pero cuyos resortes saltaban al menor movimiento audaz, pero también era un distanciamiento respecto al futuro que se cerniría sobre cada uno de nosotros, donde se iban probando capacidades, tendencias, manías, aptitudes, valores propios de un animal humano que se va haciendo también a contrapelo, hablo de valores en su término relativo, no de virtudes ni de enviciamientos, esots antónimos permanecían larvados, o formándose, nunca te haces a la contra del todo, pero la contra, al menos la contra oculta, la reservada para el momento en que nadie nos fiscalizase, tomaba carta de naturaleza tan biológica como cultural, y se exhibiera tal oposición, digamos, de manera sistemática u ocasional, visceral o dubitativa, era un posicionamiento, un afianzamiento, ser joven era estar ahí, dándolo todo sin advertir las consecuencias, y era aquella actitud la que consolidaba la camaradería, la amistad, la aproximación, porque el trato o la relación entre iguales nunca era entre totalmente iguales, algo que tampoco se da de adulto pleno o de anciano convicto, pues si bien hay elementos homogéneos que se comparten, las reglas del juego que hay que respetar, se supone, entre todos, no todos los adultos tienen tampoco la misma disposición, y he dicho reglas de juego, y ese respeto formal, estaría por ver que fuera sincero y profundo, de las reglas admitidas no es siempre consecuente, ni verdadero, es más que nada defensivo, es demostrativo, si se quiere, pero entonces, en aquellas edades que una vez tuvimos de juventud, nadie se planteaba lo que no fuera el salto de mata, la improvisación, la influencia de lo más deslumbrante, la atracción de lo más sugerente, el morbo del peligro intuido, y aunque dejemos de ver a los amigos de juventud, a algunos forzadamente porque ya no están en la vida, a otros por la dispersión que nos fue caracterizando, si tuviéramos la ocasión de un reencuentro, porque a todos nos pasa antes o después, tal vez quisiéramos que los reencuentros fueran breves, sin dejar huella, un vernos para ver cómo hemos cambiado  en lo fisiognómico, o en las ideas, o en las aspiraciones, en lo que hemos estado haciendo en tantas décadas transcurridas desde la juventud, o mejor no, cuanto más queremos ver en los cambios más podemos entrar en choque con nosotros mismos, los otros, de tropezarnos de nuevo con ellos,  nos recordarían lo que pudimos hacer y no hicimos, a lo que pudimos llegar y no llegamos, con quienes pudimos estar y no estuvimos o, lo que es peor, nos producirían el destello deslumbrante, angustioso,  de la pérdida del tiempo. 




viernes, 14 de junio de 2019

Boboli





Fueron los últimos destellos
en aquel jardín efímero.
Habíamos hecho el recorrido del cenit al nadir
descosiendo las luces
que no supimos sostener.
¿Quién puede mantener perpetuamente
la intensidad de la llama que enciende el azar?

Probamos el ácido dulzor del paseo por el bosque imaginario.
Gozamos de sus sombras. Nos nutrimos con sus frutos.
¿No eran tan justas nuestras apetencias
como inmerecidas las traiciones?

Donde los hombres se pierden
creímos hallar un camino marcado
por huellas que nos habían precedido.
Pero eran las nuestras.

Cada cual tiene sin trazar su ruta
y el espejismo del jardín nos ofreció una imagen
aparentemente incólume
que la floresta aplastó.
¿Qué retuvimos sino el espanto de nuestras indecisiones?

Boboli, Boboli,
acogedor y deslumbrante,
conservarás siempre en tus rincones
el fulgor melancólico de lo que nosotros,
distraídos mortales,
no acertamos a encontrar en tu laberinto.




(Fotografía de Piero Moschi)


jueves, 13 de junio de 2019

The New York Times, quién te ha visto y quién te ve




Hasta ahora parecía que la censura sobre los humoristas gráficos era patrimonio de países totalitarios, teocracias, ex regímenes del realismo socialista e intolerantes metidos a sembradores del terror (eecuérdese la matanza en Charlie Hebdo) Pero cuando la ves ejecutarse en un medio del ¿eufemísticamente? denominado mundo libre tiemblas. Si se empieza censurando la crítica de las viñetas, ¿dónde se puede acabar? Súmese a la gravedad que la censura en el caso de The New York Times no proviene de un juez o un gobernador, por ejemplo, sino de la misma dirección del medio. Una viñeta crítica en que Trump lleva de la correa a un perro con la cara de Netanyahu, publicada hace más de dos meses, ha sido descalificada por el periódico mismo y las obras del autor -Antonio Moreira- así como las de otros dibujantes suspendidas en el futuro. La edición exterior del poderoso periódico no ofrecerá ya viñetas de talante satírico. 

La tradición satírica es tan antigua como eficiente y necesaria, además de constituir un derecho expresivo. Una imagen dice tanto donde las palabras a veces solo transmiten vacío...En el asunto de la censura en cuestión resulta vergonzoso que cualquier crítica a dirigentes o a su política sea considerada enseguida como ataque a un Estado, a un pueblo o a una tradición. El sionismo sabe enseguida relacionarlo y tachar de antisemitismo cualquier denuncia, crítica o divergencia. Algo no cuadra ni en la democracia israelí ni en la norteamericana. Por mal camino vamos.    

En la fotografía Antonio Moreira Gomes con su viñeta descalificada. 


https://elpais.com/sociedad/2019/06/11/actualidad/1560271902_318005.html

https://elpais.com/cultura/2019/06/12/television/1560340884_749543.html#?ref=rss&format=simple&link=guid





martes, 11 de junio de 2019

Contradicho de Sylvain Maréchal (con apostilla de Séneca)




En el peculiar Diccionario de ateos antiguos y modernos, publicado en 1799, de Sylvain Maréchal (1750-1803) hay una voz que me salta con palpitación a la vista:

"Españoles. 'Hay entre los españoles una enorme multitud de ateos que no creen en nada, absolutamente en nada, y que proclaman en voz alta que la existencia de Dios es un perjuicio´(Jean-Marie-Jérôme Fleuriot, marqués de Langle, Voyage en Espagne -1785-)

Tienen un refrán que podría servir de axioma a los materialistas: 'Dios es todo y lo demás es nada'."

Dos opiniones que no son opuestas. No obstante me cuesta creer bastante la del marqués de Langle -¿Cómo? ¿Los españoles ateos? ¿Y abundan?- y por ello me he precipitado a ver si encontraba algún ejemplar en español de su Voyage. Sin éxito. Pero podría ser que no anduviera el marqués descaminado en su recorrido. Tantos siglos de reinstalación trentina forzó con renovado brío el catolicismo de los ibéricos. Pero acaso a su vez este forzamiento, o mejor, este acatamiento, les volviera incrédulos y escépticos en su fuero interior. Aunque lo ocultaran, salvo a la hora de la blasfemia, en que lo despacharían a gusto. De ahí que Maréchal tampoco anduviera desacertado en su ironía. Sabía bien que el monoteísmo es mucho más panteísta de lo que normalmente se piensa. Es a lo que se presta la elucubración dogmática y abstracta, lista siempre a adecuarse a los tiempos y a las costumbres. 

Y es que Séneca, aunque practicó en Roma, dejó honda huella entre los cives de la Hispania en cuanto a un método para saber vivir, y sobre todo sobrevivir. Carta a Lucilo: "La naturaleza no es nada sin Dios. Dios no es nada sin la naturaleza. Naturaleza y Dios son lo mismo". Acabemos.



Diccionario de ateos está editado en Ediciones Laetoli, colección Los ilustrados)


domingo, 9 de junio de 2019

Desayuno con Ngũgĩ wa Thiong'o





Leo que dice el escritor keniano Ngügï wa Thiong'o en la revista Mundo negro:

"La imaginación es lo esencial del ser humano. La posibilidad de imaginar puede darle la vida a una persona". 

Un lujo la imaginación. ¿La otra cara, no necesariamente enemiga, de la conciencia? Sí, al menos de la turbia realidad.

Cuando oigo la palabra imaginación siento el latigazo de la locura. Locura del aislamiento voluntario, locura de la separación de lo anodino, locura de situarme en un plano donde no se sienta uno tocado. La imaginación como recurso de la no aceptación (excesivas normas que nos obligan) De una iconoclastia necesaria (demasiadas imágenes que se nos imponen) De una llamada al desprendimiento (tantos objetos que nos reducen) De una recuperación de lo inútil (agobio de los aprendizajes que nos hicieron saber tan poco) De un rechazo de las palabras vanas (abuso del ruido mediático) La imaginación como cura que nos salve del hastío, como vía de escape de cualquier fuerza coercitiva.  

Vuelvo a Ngügï: "¿Qué es lo que nutre la imaginación? El arte, las novelas, la poesía..." No lo dice cualquiera. Lo dice un africano, que como tal sabe de imaginar y de narrar. No lo dice por decir. Él, como muchos otros escritores africanos que conocieron la cárcel, sobrevivió gracias a la imaginación, que incluía en su caso escribir relatos en rollos de papel higiénico.

Un lujo ejercitar cada día, imponiendo sus márgenes, la imaginación. La hora del desayuno es una buena hora para empezar.




viernes, 7 de junio de 2019

El destino llamó a la puerta, Verlaine incluido, aquel Día D




Ahora que se cumplen 75 años de la exitosa (y sangrienta) invasión de Normandía por los aliados, me ha venido a la mente la película El día más largo. Me llevó mi padre a verla, en parte porque el tema le atraía, también porque el acontecimiento de la invasión seducía a la mentalidad provinciana y autárquica dominante en España.

Y eso que mi padre no era ningún belicista, ni tampoco un partidario del régimen, sino un hombre corriente. Simplemente él también había hecho la guerra (era la expresión al uso, y es para pensar en ella: hacer la guerra, que tanto deshace), y en su caso la desventurada guerra española, y además en infantería. La infantería era el cuerpo donde bregaban los llamados a filas, esos reclutados forzosos que solo sabían de caminatas larguísimas, desplazamientos sorpresivos, trincheras hacinadas, piojos a mansalva, tiroteos, muertos por cualquier parte y bombardeos varios. De hecho mi padre cosechó su precio en uno de ellos. Nunca fantaseó ni sublimó ni mucho menos sacralizó, como hacían los que no arriesgaron apenas y se colgaron medallas o se adjudicaron cargos inmerecidos, el paso por los frentes de batalla. Ni siquiera odió jamás al enemigo. ¿Cómo podía odiar al de en frente que era como yo?, solía decir. 

Para mi padre hacer la guerra había sido una experiencia de juventud avanzada, de la cual relataba anécdotas, que eran muchas y sabrosas, pero nunca supuso una toma de posición política. Eso sí, la guerra y sus consecuencias fueron una presencia a lo largo de su vida, que marcó a él y a su familia, como a todos, una experiencia perturbadora. No le cabía el odio, sí la resignación. Además, como los españoles supieron, la posguerra no fue mejor. Hambre, miseria, dictadura y necesidades múltiples y extremas prolongaron los padecimientos anteriores. ¿Por qué querría él ver la película El día más largo? ¿Por simple entretenimiento? No le podía engañar la ficción de un film, pues sabía de sobra que la realidad supera a lo imaginado (no siempre)  Tal vez quería revivir a su manera y guardando las distancias episodios bélicos, o acaso por el mensaje liberador sobre la ocupación nazi, o por comentar luego conmigo. O bien procuraba un exorcismo en la distancia, identificarse con los figurantes de la película para conjurar demonios interiores. Comparar lo fingido con lo vivido y reírse a su modo. Pero eso son conclusiones mías, arbitrarias seguramente.

Si me preguntasen ahora qué recuerdo de El día más largo poco puedo decir. De hecho creo que las fotografías de Robert Capa o de David Seymour se me han impuesto siempre sobre los fotogramas del film. Pero sí hay algo, aparentemente menor, que se me quedó grabado, y que no puedo olvidar. El destino llama a la puerta. Los compases iniciales de la Quinta de Beethoven y aquellos versos de la Canción de otoño, de Paul Verlaine, que se emitieron desde la BBC como clave para la activación coordinada de la Resistencia: 

"Los sollozos más hondos
de los violines
del otoño
hieren mi corazón
con monótona
languidez"

Adjunto una versión original de la BBC, que no de la película, como documento que no conocía. Al fin y al cabo, Historia (O sangre, sudor y lágrimas que decía el épico) 





jueves, 6 de junio de 2019

Desayuno con Nietszche





Friedrich Nietzsche en el desayuno:

"Conócete a ti mismo. A esto se reduce toda la ciencia.- Solo cuando el hombre haya alcanzado el conocimiento de todas las cosas, podrá reconocerse a sí mismo, pues las cosas son únicamente los límites del hombre".

(Punto 48 de Aurora, Pensamientos sobre los prejuicios morales)


Misión imposible, por lo tanto. O como poco un objetivo que exige un esfuerzo ímprobo. Pero ¿acaso no se han esforzado los hombres en ello desde que fueron comprobando, una vez asentados en su posición erecta, la utilidad de las primeras herramientas? ¿No han ido viendo a lo largo del tiempo y de la historia lo que pueden conseguir con las cosas que se han fabricado? ¿Hay que esperar a un final improbable para reconocerse el hombre? A cada paso, en cada creación de un objeto, por cada uso y desarrollo de ese objeto hay un cierto grado de conocernos. También una motivación que habla de la capacidad y de los límites. Mas es la conciencia del movimiento y el hacer cotidianos lo que nos debe decir de lo que humildemente somos capaces. La tentación de lo absoluto mata el conocimiento del hombre. En la comprobación ordinaria de lo que hacemos está el único y posible reconocimiento de nosotros mismos. ¿Para qué más?




martes, 4 de junio de 2019

La antorcha de Tiananmen que cayó





Sigue en vigor el viejo conflicto entre desarrollo y libertad en muchas partes del mundo. China, en la vorágine de tener que mantener un modelo de desarrollo que procure satisfacción a las necesidades de su abundante población eligió hace mucho su versión de desarrollo a cualquier precio -recuerden aquello de gato blanco o gato negro, lo que importa es que cace ratones- en detrimento de las libertades cívicas. El totalitarismo maoísta había hecho antes una buena parte de la tarea. Ahora, imbuidos de esa mezcla de capitalismo y pseudo comunismo, los gobernantes chinos se muestran igualmente férreos. 

Aquella primavera frustrada de 1989 sigue siendo invierno a efectos de derechos humanos. La democracia. una quimera. Las televisiones occidentales sacan por un día las imágenes de aquel individuo intrépido que salió al paso de los tanques en la plaza de Tiananmen. Algunos simpatizantes de la causa perdida me dieron entonces en París esa chapa. Reproduce una estatua de la libertad que los estudiantes habían levantado en la plaza pequinesa. Era de poliestireno y papel maché, obra de los estudiantes de Bellas Artes. Las concentraciones estudiantiles fueron aplastadas. Los símbolos, derribados. El de la escultura de mujer de diez metros empuñando una antorcha fue lo primero. Después, las cargas, la violencia institucional, el aplastamiento de las reivindicaciones.

¿Será posible alguna vez el desarrollo que proporcione satisfacción a la sociedad china, sin menoscabo del reconocimiento a los derechos y libertades de sus individuos? La situación internacional y el enfrentamiento entre bloques no pinta un panorama halagüeño. Tal vez somos nosotros los que vivimos en un espejismo, acaso también sentenciado.




(Fotografía de Jeff Widener, de AP, tomada de DW.com)


domingo, 2 de junio de 2019

Contradicho de Günther Anders sobre la democracia





"El término democracia hace referencia a una situación en que el individuo no solo se hace responsable de sus propios actos o de su trabajo, sino también de las consecuencias de sus propios actos, que afectan al resto de ciudadanos y a los seres humanos en general. La misma definición de democracia se contradice con la especialización y la división del trabajo, que hoy se ha transformado en una estricta división de responsabilidades. Antiguamente, el sastre, el panadero o el leñador de una comunidad norteamericana tenían derecho a intervenir en los concejos municipales y a decidir juntos si, por ejemplo, era conveniente o no construir un puente sobre tal o cual río. Cuando así lo hacían, no hablaban del puente del sastre, del panadero o del leñador, sino del puente del pueblo para el pueblo. Cuando hoy, después de deliberar, varias personas deciden que no hay que destruir el puente hacia el futuro, solo hacen lo que ya hicieron sus antepasados: ejercer sus derechos democráticos. Y es antiamericano cuestionar esos derechos".

Me hace pensar esta cita de Günther Anders que, aunque haga referencia a la sociedad estadounidense, vale para cualquier otra. La nuestra incluida, por supuesto. Figura en el epílogo del libro Más allá de los límites de la conciencia, en que se reproduce la correspondencia entre Claude Eatherly, el piloto que arrojó la bomba sobre Hiroshima, y el filósofo alemán Günther Anders. Epílogo de 1962, por cierto. 

Esa idea de que la democracia hace consecuente al individuo con su propia realidad social debería revitalizarse. Por el contrario, hoy día en Occidente parece que todo consiste en delegar formalmente a través de elecciones formales para los distintos estamentos e instituciones de la sociedad. Pocos se comprometen a un seguimiento algo más democrático y directo, digamos, aunque suene paradójico, a través de instrumentos vivos y permanentes que fomenten la gestión, la controlen,  pongan pegas cuando la autoridad elegida quiera imponer sus criterios por libre y proporcionen sugerencias que los gobernantes de cualquier plano deberían tener en consideración.

Pero sí que hay gente, más allá de los partidos, que son entes bastante burocratizados, que hace lo posible desde otros marcos no profesionales, y sí sumamente voluntarios y abiertamente democráticos. Tales como asociaciones de vecinos, grupos medioambientales, cívicos, en defensa del patrimonio, de la enseñanza, de mujeres, etcétera. ¿Basta eso? Probablemente no, pues la gran mayoría de la población va a su aire. Tiene, tenemos, metida esa idea de que voto a los que me gustan o me parecen menos malos y a vivir que son dos días. Los problemas que los resuelvan los elegidos, nos decimos. Qué mal nos han enseñado.

El filósofo Anders siempre hace pensar. ¿Hay algo más importante -y ahí ética y política confluyen- que ser responsable de los propios actos y no tirar pelotas fuera? Cuando la situación mundial se complica día a día, con un sheriff de pueblo pretendiendo regir la aldea global y que los demás le rindamos vasallaje, y otros conductores de masas de otras regiones del mundo siguiendo conductas análogas en sus ámbitos de influencia es para reflexionar sobre la propuesta, ya antigua, de Anders. 




jueves, 30 de mayo de 2019

Jorge Molder y su escritura gestual




Es uno de los fotógrafos de este tiempo que más admiro. Jorge Molder traza con sus poses gestuales un mundo emocional ordinario, callado, secreto. Fieramente humano, pero no de aspavientos. No en balde algunas fotografías suyas me han proporcionado reflexiones y escrituras varias desde hace años. Recuerdo que incluso los últimos días de mi padre hice meditaciones al respecto por la luz que ciertas fotografías de Molder me aportaban. Fue hace mucho tiempo, por el blog andan. Parece ser que a Chitón le sucede algo parecido. Así que traigo por aquí el último escrito suyo, El hombre que leía periódicos en blanco. Se confirma que los procesos de expresión -textos, imágenes, invenciones, llámese hache- constituyen una cadena en la cultura humana. Unas creaciones o simplemente unas indagaciones (no tan simples) se han nutrido de otras anteriores, en su diversidad de formas, y se siguen reproduciendo sin fin para que esa red trófica cunda. ¿No es esa la llamada de la otra herencia humana, tan biológica como la exclusivamente biológica?

 


lunes, 27 de mayo de 2019

Guido Morselli y la desaparición del género humano





"La humanidad no tiene la menor responsabilidad, no es culpable, sufre un destino: amamos la muerte. La muerte de los demás y, más aún, en estos tiempos frenéticos, sin saberlo, nuestra propia muerte. Sin embargo, no se trata de un furor suicida, no es el instinto de muerte supuesto por la psicología. El hombre en realidad es pasivo. Es la Muerte la que actúa y lo reclama para sí. Y la suya es una llamada a la que no se resiste. Satisfecha por nuestro consentimiento, tácito pero unánime, esta noche Ella vendrá a tomarnos sin agonía para nosotros, sin angustia. Y este epílogo, para muchísimos o para todos, será la solución de problemas insolubles, el remedio inesperado de males insufribles". 

Si en la Metamorfosis de Franz Kafka, el protagonista Gregorio Samsa desaparece físicamente como hombre, trasmutado su cuerpo en insecto que, no obstante, mantiene el cerebro de un hombre, en Dissipatio humani generis el protagonista narrador permanece humano, vivo, sin ninguna alteración propia...porque el cambio, lo que él llama el acontecimiento, viene de su entorno. Los habitantes de la ciudad, de las poblaciones de los valles o de las aldeas de montaña, o simplemente el matrimonio que cuida la casa del hombre, han desparecido de pronto sin dejar rastro. No se han ido con sus enseres a otra parte, no consta mudanza alguna -cada hogar permanece ocupado en cierto modo por las sombras de la ausencia de sus propietarios-, no existen cadáveres, no hay falta alguna de objetos. Solo sobreviven los animales, abandonados a su suerte, que no han seguido a sus amos al enigmático destino.  

El protagonista de Dissipatio, perplejo al principio, indaga superficialmente sobre la desaparición de los habitantes. No le interesa tanto lo que les haya podido pasar como comprobar que está solo en el mundo. Una soledad nada inquietante, percibida incluso como purificadora. Y esta comprobación le lleva a hacer recorridos entre poblaciones, a penetrar en casas y comercios, en fábricas y organismos públicos. No halla vida, pero sí huellas de ella: coches abiertos y disponibles, camas con la marca de cuerpos en las sábanas, mesas puestas para la cena, hoteles con sus habitaciones que exponen una ocupación invisible o con sus cocinas bien nutridas. Estas huellas ordinarias, casi infinitas, reflejo de la cotidianidad de comportamientos y relaciones, tienen un carácter de fosilización a los ojos del protagonista superviviente. El protagonista, que al comienzo de la novela, nos cuenta de su intento de suicidio, del que había desistido, vive la paradoja de ser el superviviente único. 

¿Es Dissipatio humani generis un relato sobre la muerte o sobre el tiempo? Al protagonista la desaparición de las otras vidas, que se toma con calma, ironía y serenidad -no en vano se siente dominante en medio de un mundo inmóvil- no le genera angustia. "Es igualmente seguro que estoy fuera del tiempo. Tengo de ello una confirmación perentoria: no se me presenta el problema, que preveía y temía, del tiempo libre. Problema tan viejo como la humanidad y verdaderamente su pecado original es preguntarse: Y después, ¿qué haré? Yo no me lo pregunto. Estoy descubriendo que lo eterno, para mí que lo miro desde una óptica de transición, es la permanencia de la provisionalidad. La dilatación extrema del instante, y en términos empíricos esto quiere decir: estado de postergación absoluta. Actúo pero no puedo prever la duración de la acción, solo sé que es incalculable; estoy cargando la pipa, pero ¿cuándo estaré preparado para coger una cerilla y encenderla? ¿Y lo estaré alguna vez?". Tal vez la muerte sea la revelación de otro tiempo, que ya no se nos da ocupar. Acaso el tiempo desocupado sea la señal de una muerte.

Un libro muy kafkiano que encandila. No sabía nada de Guido Morselli. Este libro, que se publicó cuatro años después del suicidio del escritor en 1973, probablemente guarde las claves de los límites vitales de Morselli. 




Nota  de referencia. Guido Morselli, Dissipatio humani generis. Traducción de Elena del Amo. Editorial Laetoli, 2009.

 




domingo, 26 de mayo de 2019

Mi voto por él (en su recuerdo)




Hoy dedico mi ejercicio del voto a mi abuelo. Porque se murió sin haber podido votar después de 1936. Maldición eterna para quienes lo impidieron.





sábado, 25 de mayo de 2019

Lavabandera patriota Irene Mohedano, ayer en el Teatro de Calle





Curioso performance de esta mujer, dicha Irene Mohedano, en el transcurso ayer del Teatro de Calle (TAC) de Valladolid. Yo diría que, además, se trata de un humilde pero convincente espectáculo, realizado tanto con la mejor intención como con el mayor acierto. Porque si la bandera es símbolo lo cierto es que hay que interpretar el lavado de la bandera como un gesto simbólico. Antes de reaccionar ante la actitud de la joven piénsese en lo que está diciendo con su tarea. Solo las mentes infelices e insalubres pueden captar el show en otra onda. Allá ellas, las tales mentes, digo. 






viernes, 24 de mayo de 2019

Contradicho del salvaje





"Nuestros bárbaros
aman la retórica del poder evaporado
que debe legitimarse.
Cae la noche
y aquí están de nuevo nuestros bárbaros
vestidos como antes, como siempre, sin ser reconocidos
por la multitud que puebla las calles
gritando contra las barbaridades de los otros bárbaros
imaginarios
que no llegaron nunca".

Francisco Fernández Buey, Esperando a los bárbaros llegaron los nuestros.


No llegaron de fuera. Los salvajes estaban entre nosotros. Unos, creyéndose ilustrados. Otros, sabiéndose patanes de toda la vida. De su instinto natural y primigenio hacen fuerza de hecho, desvirtuando, si no rechazando, el de iure. Se miran al ombligo y pretenden que les miremos como si fueran el centro del universo. Meten ruido, desviando la energía moral y práctica del argumento. Vocean en nombre de la totalidad, cuando solo son unos cuantos. Se apropian de los conceptos y prostituyen los términos para alimentar sus ideologías carroñeras. Creen descubrir las bases de la arquitectura humana cuando no pasan de pensar como frágil cieno. Pretenden gobernar cuando en su esencia ellos son ingobernables. No, estos salvajes no tienen que ver con aquellos que, en otro tiempo, podrían traer algo de luz. Estos son los que se aferran a lo tenebroso, los que siempre han habitado los márgenes de nuestra cueva. Ni el marketing ni la confusión de los pobladores ni su cultura obsoleta ni sus territorios imaginarios ni su historia fantaseada los convierte en nuevos.




(Foto: esculturas de salvajes en la fachada del Colegio de San Gregorio de Valladolid)


jueves, 23 de mayo de 2019

Cagüen la muerte (por Mambrino)




Entre las expresiones rudas escuchadas durante mi infancia estival en la ciudad del Norte las había tales como: cagüen tu sombra o bien cagüen tu pena negra o la de cagüen tu alma mala o una que entendí menos todavía: cagüen la muerte. El cagüen no es entendible al pie de la letra si no se bucea en la intención del desahogo y el ajuste de cuentas con la suerte. No la suerte de jugar sino la suerte de la existencia. Aquellas palabrotas lo eran todo: una queja, una blasfemia, un puñetazo en el hígado de la vida. Expresiones arquetípicas entre personajes comunes del entorno, humildes y jodidos al cien por cien, que las repetían por sistema o con especial indignación, en medio de una rencilla entre vecinos o jugando la partida vespertina de mus o inmersos en su borrachera de desquite. Y que tenían su miga. El objeto de la maldición iba directo al mundo emocional del individuo. Nada menos que conceptos como la sombra, la pena, el alma o la muerte se invocaban sin remilgos ni contemplaciones -¿misterios del exorcismo de los hombres de a pie?- para dar un tono elevado al instante de enfado, de cabreo o de desamparo. Los chicos repetíamos a veces las expresiones a lo tonto, sin intención, sin el contenido visceral -justamente visceral- de los mayores. Pero yo siempre me preguntaba: ¿por qué tirar contra la sombra, la pena o el alma? ¿Y contra la muerte? ¿No era del género bobo maldecir contra lo inevitable? Empecé a entender el cagüen la muerte cuando un año mi prima perdió a su hijo de poca edad. O cuando al siguiente año un conductor del otro lado de la muga atropelló y mató a la lechera del barrio y a su hija adolescente. Cuando unos meses después se mató con la moto Serapio. Cuando al otro se ahogó su pelirrojo hermano Manolo, que además era de mi panda. Cuando en otra ocasión estuvo a punto de acabar con su familia el vecino de la venta de allá arriba, junto al Hospital. Cuando etcétera. Al cabo del tiempo entendí que si había una actitud expresiva más noble, justiciera y precisa, si bien inútil, era soltar un cagüen la muerte

Y hoy reivindico el exabrupto porque Mambrino, el de los crucigramas, nos ha dejado huérfano a sus seguidores fieles de cada día. ¿Y cree la muerte que por eso voy a dejar de hacer crucigramas? Ah, no, ahí le daré a la bicha. 





(Fotografía de José Luis Herencia Robles Mambrino tomada de El País)



martes, 21 de mayo de 2019

Contradicho del perro de Goya




Hay días en que asomo la cabeza atraído por una tenue y distraída espiral de luz. Pero al contemplar la ingratitud y la miseria moral de ciertos paisanos advierto enseguida la infinita distancia de la cuesta que, una vez más, no se sabe a dónde conduce, y no me apetece alzarme desde mi hoyo. Cuestión de espacios.




sábado, 18 de mayo de 2019

Mi transparente columna jónica




¿Quién dijo que el tiempo es opaco? Tal vez la destrucción a que someten los hombres -no solo el clima, no solo el transcurso, no solo los cataclismos naturales- a sus propias obras conviertan al pasado en oscuridad. Pero en la medida en que te acercas a cualquier huella heredada -y la ciencia, las técnicas y las visiones modernas de la vida y de la historia colaboran- percibes transparencia. La oscuridad se abre y, si bien no se nos repone todo tal como fue, al menos se nos proporcionan aproximaciones. Alabada sea la ciencia, benditas las técnicas de investigación, admirables los esfuerzos de los que se dedican a descubrir, interpretar y restaurar de alguna manera la memoria de lo que fue y hubo.

Contemplaba tranquilamente hoy mi columna de cristal, lejano regalo de una vieja amiga que sabe de mis manías icónicas, y repasaba los elementos del orden. El ábaco sobre el capitel, rematado este por dos elegantes volutas laterales. La caída del fuste, con sus acanaladuras redondeadas. Y abajo, sosteniendo la verticalidad, los todopoderosos toro y escocia, formando una basa responsable. ¿He pasado con nota mi autoexamen? Más o menos creo que no se me han olvidado del todo aquellos principios de Historia del Arte que nos impartieron cuando ardía el mayo de París pero a su vez descubríamos las cuevas, los poblados y el valor de reconstrucción de las sociedades que poseen cada objeto salido de la mano del hombre.

Mi columna jónica no tiene mayor valor que haber sido un recipiente moderno -¿continente de un licor, de una mermelada, de mistela?- de alguna industria española del siglo pasado. No es precisamente la belleza grácil del Erecteón -en mi columna de cristal su tamaño acortado reduce el armonioso estilo de una columna jónica de verdad-  pero me trae un eco del mundo de dioses y diosas de la gran cultura clásica que algunos hoy quieren postergar. Pero, ¿a que está muy lograda la botella? La contribución a enseñarnos los órdenes de la arquitectura griega por parte del fabricante que fuera es digna de reconocimiento. Si Erecteo, uno de esos autóctonos que Homero, Herodoto o Eurípides mencionan como rey de Atenas viera, desde su palacio invisible, el eco transparente del orden jónico representado por una botella de un tiempo que no podría ni imaginar, seguramente disfrutaría como este humilde siervo de aquella cultura aún en vigor.


PD. Hoy se celebra el Día Internacional de los Museos, con su Noche también transparente.



miércoles, 15 de mayo de 2019

Naxos. Diálogo de sensibilidades en la playa
















¿A quién tenemos aquí?, interpela el joven remero al niño Pélagos, que contempla el oleaje desde la orilla. Nada menos que al hijo del océano frente a sí mismo. ¿Lo echas de menos? En su ironía Naxos busca acercarse a aquel niño misterioso que calla y sonríe. Ya sé que eres de pocas palabras, insiste el joven. Yo también hablaba lo justo, en parte porque no me dejaban hablar. Los navegantes son gente muy charlatana, además de ruda y mal hablada. ¿Sabes que aprendí de mis compañeros? A inventar historias. Ellos no las contaban muy bien, pero eran tan reales que nos embargaban a todos. Yo sabía que mucho de lo que relataban era imaginado. Y lo que habían vivido lo exageraban hasta límites extraordinarios. Competían por hacerse valer ante otros, por parecer más osados o dárselas de hombres con experiencia. Como no podía estar por debajo de ellos tomé ejemplo. Pero creo que nunca se creyeron demasiado mis narraciones fantásticas. El niño, arrodillado sobre la playa cubierta de guijarros, monta un dibujo con ellos. Coge las piedras y las ordena en espiral, haciendo esculturas de caracoles gigantes. Antes toma cada guijarro y lo somete a una ceremonia. Los escudriña por todas sus partes irregulares, los separa, los palpa, los lame incluso. A los porosos se los lleva al oído. A los más lisos los habla. A los puntiagudos los lanza de nuevo a las aguas. Naxos está perplejo. Estas piedras me dicen mucho de los hombres errantes que se han arriesgado a la travesía del océano. Me cuentan de aquellos que llegaron a puerto seguro. Me dan noticias tristes sobre los que perecieron.  Dime, Pélagos, ¿es verdad que procedes del mar, como se comenta?, le interrumpe el remero. El niño responde con calma, con cierta ausencia. No hay otra madre para mí. Los de la ciudad no lo saben, y tú no lo digas, pero muchas noches, cuando me despierto inquieto, bajo hasta aquí y me meto en el agua, y me alejo. ¿Aunque haya un fuerte olaje?, le replica el otro. Oh, eso no me frena. Al contrario, me siento estimulado, como si el océano me dijera que soy bienvenido de nuevo, que estoy donde una vez y desde siempre estuve. Te preguntarás si soy un gran nadador. Naxos, yo soy como las olas. ¿Qué hacen ellas? ¿Nadan? ¿Flotan? ¿Caminan? ¿Levitan? Su espacio no tiene nada que ver con la tierra firme y los hombres no han encontrado palabras adecuadas para nombrar su mundo. Los hombres tendrían que ser mar para entender el mar. Naxos, admirado, entra al juego. Ahí te doy la razón. Yo, que no he sido mar, como tú dices, pero tampoco he sido del todo tierra, he comprobado las dificultades que tenemos para interpretar al océano. Nos conformamos con buscar la manera de sortearlo, ávidos como estamos de navegar, de traer y llevar mercaderías, de utilizar sus especies, de ganar con nuestras travesías los retos de los pobladores de todas las costas. A Pélagos se le alumbra el rostro. Se siente comprendido porque ambos, el niño y el joven, comparten sensibilidades. Los hombres están ciegos por utilizar el océano, dice con impropia pesadumbre, no por comprender sus energías, ni por ponerse en el lugar de sus criaturas, ni por ahondar en las profundidades maravillosas. ¿Tú conoces bien las profundidades?, salta Naxos. Solo algunas, responde el chico. Y eso era antes, cuando no me habían acogido en la ciudad. Aunque no creo que sea un caso único. En las noches iluminadas me parece ver que otros niños llegan a la playa traídos por las mareas. Me da alegría. Pero cuando voy a su encuentro solo abrazo la espuma.





(Fotografía de Herbert List)

lunes, 13 de mayo de 2019

Adiós, Doris Day, bye




¿Por qué me impactaría tanto El hombre que sabía demasiado, de Hitchcock, cuando la vi de niño? ¿Por la trama de misterio? ¿Por la ambientación en Marrakech? ¿Por el secuestro del hijo de los protagonistas? ¿Porque un niño siempre se identifica con otro niño? ¿Por la interpretación dramática de James Stewart y Doris Day? ¿Por el crimen espectacular del principio de la película? ¿Por el final feliz, no obstante lo mal que don Alfredo nos lo hizo pasar a los espectadores? ¿O acaso y sobre todo por la canción Qué será será con que Doris Day impregnó nuestro subconsciente? Por cierto, ahora que me acuerdo: lo que sigue siendo un enigma para mí es por qué iríamos mi padre y yo solos al cine, en una tarde de jornada laboral. 

Doris Day, que aún vivía, acaba de fallecer. 97 años la contemplaban y supongo que tan rubia como siempre. Y nosotros la admiramos en una buena retahíla de películas. Ah, tengo pendiente de ver el primer film de El hombre que sabía demasiado, también de Hitchcock, de 1934. La que yo vi en mi tierna infancia era un remake, si bien de los buenos.
  






viernes, 10 de mayo de 2019

Haiku de la feracidad




Abro la mano.
Avidez de silencio.
Honda la lluvia.



Comentario de texto:

La sequedad en superficie oculta liquidez. Los bosquimanos buscan bajo el terreno árido un fruto acuoso que rajan y aprietan hasta extraer su agua y deslizarla a la boca. El explorador no debe rendirse a la apariencia del paisaje. Su misión no es tanto llegar a una tierra prometida, más o menos fantaseada, como descubrir el bosque y el sotobosque, el suelo y el subsuelo, la montaña y el llano, los riscos y las cuevas, los cielos y el magma. Palpar lo superficial y lo oculto y medir la intensidad de lo que se mueve. Registrar las formas y observar los comportamientos. Disfrutar de la mirada propia y asombrarse ante la diversidad múltiple que le rodea. Estar receptivo, concentrarse en el escudriñamiento, sentir la corriente profunda de la tierra. El humano es parte, pero no todo. Si comprende su parte, si reconoce su delimitación, la búsqueda habrá merecido la pena. Con cada partícula de materia incesante se elabora lo que, no sé si presuntuosamente, él llama su conciencia. Y esta tampoco es estéril. 




(Fotografía de Toni Catany)


miércoles, 8 de mayo de 2019

Aquella piedra escondida





Una vez sentí el hálito de una piedra. Su alargada redondez era un capricho. Su porosidad una llamada a lo profundo. Su tersa suavidad una caricia. Su bruñido aspecto encendía luz en mi obscuridad. También era más que calor. No era mi mano la que desprendía aquel fuego recóndito. No la había dejado a mi alcance un meteoro que se hubiera dividido en pedazos. Fue un soplo en cuyo renacimiento yo me confortaba. Una brizna única en el jardín de los anhelos. Yo alimentaba aquella piedra día a día. La hablaba, me elevaba con ella, me sumergía en lo ignoto. Su hechizo me desarmaba y me construía. Obraba como curación y me envenenaba como el áspid. Pero en mi mano la piedra temblaba y yo, con ella, temblaba. Un día su presencia se hizo oculta. ¿Qué fue de aquel guijarro, mitad océano, mitad volcán? ¿A qué extensión huyó? Su textura se alejó de mi mano. La busqué entre las oquedades de mis sueños. A veces, en alguna de las ensoñaciones me parece percibir aún su vitalidad. Oír su peculiar voz. Hasta que el desgarro del alba la aleja de mi piel.




lunes, 6 de mayo de 2019

Mauthausen era internacionalista




"No respondas al necio con su necedad,
no sea que tú mismo te iguales a él.
Responde al necio por su necedad,
no sea que se tenga por sabio".

Proverbios, 26, 4-5


Con esta cita inicia George Orwell su testimonial y magnífico relato Homenaje a Cataluña. Este homenaje a Cataluña lo es principalmente a la clase trabajadora -catalana, española e internacionalista- que trató de resistir al golpe militar de 1936 y la guerra desatada. Muchos de aquellos combatientes acabaron muertos o en cárceles y campos de concentración del vencedor o en el exilio. Más tarde muchos de los exiliados acabaron en Mauthausen o en otros campos de exterminio nazis. Los perseguidos de verdad, los presos políticos de verdad, no lo fueron por seguir a ningún procés. Así que dejo para la reflexión la cita de Proverbios, y ya se ve que lo que les gusta a algunos es que se hable a todas horas de ellos. Les gusta utilizar cualquier acto, por muy de todos que sea, para hacerse notar y hacer su política sectaria. Yo les recomendaría que tuvieran algo más de pudor, pundonor, respeto y sentido común. Siquiera por considerar el sufrimiento, la enfermedad y la muerte que padecieron millones de humanos de mano del ultra nacionalismo supremacista y cruel de los nazis. El padecimiento no tuvo patria, era de todas las patrias y hasta de los sin patria. La repugnancia que me producen los oportunismos me los guardo y remito, de nuevo, a la cita de Orwell.



https://elpais.com/politica/2019/05/05/actualidad/1557047661_315113.html

https://elpais.com/politica/2019/05/05/actualidad/1557066304_979935.html

https://elpais.com/politica/2019/05/05/actualidad/1557062841_756754.html



jueves, 2 de mayo de 2019

La hetaira y Naxos hablan sobre el amor compartido















"Y otros amantes, alcanzados por su dulce propagación
pensarán que ese hálito es suyo, y bello otra vez será el engaño".

Javier Lostalé, Los amantes, de Jimmy, Jimmy.


He oído que la alfarera te ha regalado una hermosa copa, salida de sus propias manos, dice la hetaira a Naxos.  ¿Es para beber entre los dos o daréis a probar a más invitados? Naxos, que entiende la indirecta, le responde con tono amable y divertido. Ya sabes, Therasia, que el que ama es siempre bienvenido. Ah, ¿crees entonces que es posible, más aún, factible compartir el amor?, replica ella arteramente. Pero el joven no se achica. Eso depende de lo que pueda y quiera dar cada cual. La hetaira: Y dirás que uno da según lo que siente y que desea recibir lo que solicita, ¿no?  Naxos: si uno no siente, mejor que no dé, incluso que no se ofrezca, pues es preferible no arriesgarse a la insatisfacción y dejar a otros descontentos. Therasia se sorprende. Me admira tu saber, muchacho, y sobre todo tu prudencia. ¿Has sido siempre así? Él no se amilana. ¿Pensabas que por ser joven y un zafio remero iba a ser menos insensible? Además llevo suficiente tiempo entre vosotros como para valorar lo que hay de aventura y lo que aporta de reposo la vida apacible de cada día. Aquí no me ha faltado ternura y he conocido el amor tranquilo. Los tiempos de la urgencia y el desahogo quedaron atrás. Y la pasión puede ir más allá de la posesión pasajera de un cuerpo. También de la disposición exclusiva entre dos cuerpos. Pero creo que si no encuentras en los otros un poco de ti el calor queda en una sensación tibia y la aproximación es insuficiente. Si en la entrega admites al ajeno y te reconoces de alguna manera en él, ¿cómo negar al que lo pide que calme su sed entre nuestros brazos? No debemos ser propietarios de otras vidas ni permitir que otros pretendan esclavizar la nuestra. Therasia ni afirma ni desmiente, pero le gusta escuchar al remero. Ríe. Therasia es culta, refinada, capaz de ahondar en el pensamiento de los hombres. No solo está dotada de conocimientos, sino que estila sus recursos oratorios y principalmente cautiva por el trato. Nada es tan sencillo, nada es nunca definitivo, dice al joven. Pero lo que tú descubras es lo que te va a guiar, añade con la sabiduría de la mujer madura y en extremo experimentada. Lo que tú obtengas te consolidará en el carácter. Aprenderás a distinguir entre lo que anhelas ciegamente y lo que aporta beneficio a tu temperamento. Por cierto, Naxos, dime, ¿esperas mucho del amor? Sinceramente, de lo que espero sobre todo es del placer, afirma él contundente. Después, de un cierto grado de entendimiento. Y poco a poco de una contemplación donde la belleza, por más humilde que esta sea, nos habite entre el asombro y la atracción. ¿Qué otra cosa puede ser para nosotros el amor si no ponemos en juego nuestros instintos, intercambiamos sensaciones y ejercitamos las habilidades que el saber del cuerpo, el nuestro y el de los demás, nos ha ido enseñando? La hetaira le mira con sonrisa complacida. También comprensiva. Pero todo tiene desgaste, precisa. La edad dispone de otros rostros y reduce las energías. Y entonces ¿qué queda de las antiguas afinidades, de las pulsiones que ahora, en tu plena juventud, te agitan y a través de las cuales te sientes poderoso? Pero no me hagas caso, no pienses ahora en ello. Vive el día a día. Exorciza los males. Conjura la muerte. A todo esto, Naxos. ¿Para qué has venido a verme?





(Fotografía de Toni Catany)


domingo, 28 de abril de 2019

Quien no ha no es. La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine





"En un relato autobiográfico, Vincenzo Padula -un clérigo revolucionario que vivió en un pueblo de Calabria entre 1819 y 1893- recuerda la primera lección de vida aprendida en familia, cuando todavía era un joven estudiante. Tras dar una respuesta insatisfactoria a una insidiosa pregunta de su padre ('¿Cómo es que en el alfabeto de cualquier lengua la A va antes y la E después?') el seminarista escucha con viva curiosidad la explicación que le ofrece su progenitor: 'En este mundo miserable el que ha es, y el que no ha no es'; por eso la letra a precede siempre a la letra e. Pero hay algo más: quienes no tienen constituyen en la 'sociedad civil' la masa de las consonantes, 'porque consuenan con la voz del rico y se conforman a sus actos, y el rico es la vocal, y sin ella no creo que la consonante pueda sonar'.

A casi dos siglos de distancia, la imagen de una sociedad dicotómica rígidamente diferenciada en amos y siervos, en ricos explotadores y pobres degradados a la condición de animales, tal como la había descrito Padula, no corresponde ya, o apenas, al retrato del mundo en que vivimos. Persiste sin embargo, en formas muy distintas y más sofisticadas, una supremacía del tener sobre el ser, una dictadura del beneficio y la posesión que domina cualquier ámbito del saber y todos nuestros comportamientos cotidianos. El aparentar cuenta más que el ser: lo que se muestra -un automóvil de lujo o un reloj de marca, un cargo prestigioso o una posición de poder- es mucho más valioso que la cultura o el grado de instrucción."


Magnífico primer capítulo del libro La utilidad de lo inútil. Manifiesto, de Nuccio Ordine, profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria. Un librito que es una apasionada defensa de las humanidades, una reivindicación del saber clásico, una descripción de la útil inutilidad de la literatura, como él mismo dice, una revalorización de la cultura no mercantilizada. En él aparecen citados varios autores -filósofos, narradores, poetas- que merecen la pena, aquellos a través de los cuales uno se siente confortado. Un libro de apenas ciento setenta páginas que es lo que yo llamo un libro puente. Porque las consideraciones que se hacen en él, los autores nombrados, te remiten inmediatamente a conocer sus obras si no lo has hecho ya. Aquellas personas que se llenan la boca con ansias de espiritualidad -anhelos tras los que muchas veces se escudan oscurantismos y confusiones varias- bien deberían leer un libro vivo como este, material, tangible. Donde las ideas son carne. Amigos que pasáis por este blog, os lo recomiendo. Es pura y contundente sabiduría. Un fruto a paladear.





sábado, 27 de abril de 2019

Mimbres para reflexionar





En víspera electoral puedo hacer varias cosas. Una, sencillamente no pensar en nada de lo que nos ha acechado estas últimas semanas. Otra, leer poesía, como propone el escritor Julio Llamazares, pero como soy de comunión diaria con la peligrosa secta poética, no me significa nada diferente. Otra, mirar el paisaje no circunscrito por los hombres, pero qué difícil. Sin embargo, reflexiono, casi por inercia, y no porque sea de rigor hacerlo en este día. Reflexiono al leer la noticia de que España vuelve a ser el país de la Unión Europea con mayor abandono de la escuela. 

Léase https://elpais.com/sociedad/2019/04/26/actualidad/1556287218_097551.html

Con los mimbres de muchos compatriotas adultos que no han concedido importancia a su formación y al conocimiento, y con estos otros mimbres de novísimas generaciones, ¿qué cesto nos espera para los próximos tiempos? Y luego nos extrañamos de que la ignorancia presente y la racionalidad ausente concedan el voto a los políticos más aberrantes y reaccionarios. Ahí, ahí está el meollo.

Es una propuesta de reflexión.



(En las fotos, esculturas del leonés Morla)

miércoles, 24 de abril de 2019

El loco advierte a Naxos sobre las fuerzas ocultas



"Dicen que las voces divinas han enmudecido
Yo digo que los oráculos callan por su propia voluntad".

Gunnar Ekelöf, de Guía para el Averno, de la trilogía Diwan.



Samos, la que cuida lo que queda del templo, dice que tenemos desatendidos a los dioses. Que apenas ofrendamos y recurrimos a solicitar sus favores, y opina que aunque el templo sea ruina quedan en pie el espíritu y la intercesión de las divinidades. También pregona por ahí que apenas se consulta al oráculo, y que todo ello sucede desde que tu presencia entre nosotros, Naxos, ha hecho confiar más a los supervivientes en sí mismos y les ha apartado de otras mediaciones, para mí improbables. Alónnisos, el loco, habla con estas palabras cuerdas al joven remero. Hay una complicidad entre ellos, incentivada porque además el hombre siente la necesidad de proteger a Naxos. Te prevengo contra las provocaciones de los creyentes más enfervorizados, avisa al joven. Naxos, cuyo temple reposado y ecuánime es cada vez más valorado en la ciudad, agradece las palabras del orate. Imaginaba que las fuerzas oscuras podrían acechar, pero todos sabéis que nunca me he inmiscuido en los temas que no están en la propia naturaleza. Es obvio también que desde que me he implicado más con vosotros no me interesa dejarme asesorar por la pitonisa. ¿A quién puede interesar acudir a ella cuando hay tanto que hacer aquí y podemos llevar a cabo con nuestras manos la obra de la reconstrucción? Pero cuidado, le sugiere Alónnisos, que los que siguen a Samos, la perenne vigilante del templo, insisten en que no es posible una reconstrucción si hay olvido de los hacedores eternos y de los inmortales. No estar a bien con las divinidades, va diciendo ella, puede procurarnos males mayores. Y que romper con la tradición de recurrir a la adivina es también una actitud peligrosa, pues priva a los hombres de la sabiduría de una mujer que intermedia entre ámbitos diferentes y en tensión. ¿Tú crees eso?, le responde Naxos. Mi mundo, como bien sabes, le interrumpe Alónnisos, nada tiene que ver con el de quienes se erigen en rectores de las vidas ajenas. Los mitos están bien donde han estado siempre, en la narración que nos han transmitido, y la adivinación puede ser un cuidado que se procuran los indecisos, pero nunca una ciencia. Samos no tiene otro mérito que haber mantenido en orden el lugar donde muchos hombres y mujeres depositaban sus esperanzas, tras las que había búsqueda, entregada e impersonal, de protección y seguridad. Samos ha vivido cómodamente años atrás atendiendo los cultos y las dedicaciones sagradas, y en absoluto ha participado nunca en los servicios prácticos a la comunidad. Cree que tus maneras de incentivar el resurgimiento de la ciudad, uniendo las fuerzas de unos y otros vecinos aleja a estos de las ancestrales creencias. En fin, Naxos, que esa mujer tiene celos de ti y teme que disputes su influencia. Si lo ve de esa manera, no es culpa mía, le replica con cierta euforia el remero. Levantar una ciudad de nuevo no es posible pensando únicamente en el ultramundo y en los acertijos. ¿Qué proponer? Las estatuas fueron mutiladas. Pues bien, ya se esculpirán otras nuevas. Los edificios, arrasados. Ya se alzarán sobre nuevos planos nuestras viviendas. Las sedes de las instituciones acabaron demolidas. Nuevas leyes y nuevos proyectos decidirán más que la piedra erecta. Las flotas mercantes venidas a pique se pondrán a flote bajo técnicas más útiles y modernas. Todo esto debe saberlo la tal Samos. Y si no lo aprueba encontrará enfrente a los habitantes de la ciudad. Alónnisos se sorprende del tono enérgico del joven. Está bien este ánimo, le dice, pero las cosas nunca son tan sencillas ni el proceso de realización un camino de rosas. Largos planes no siempre son correspondidos con recursos sencillos. Grandes ideas pueden perecer en su falta de concreción.  Y el esfuerzo colectivo se verá sometido a altibajos cuando las circunstancias no sean siempre favorables. Sé prudente, Naxos. No dejes que tus intenciones se pueblen exclusivamente de sueños.  




(Fotografía de Herbert List)

martes, 23 de abril de 2019

Feliz y placentero Día de los libros





Pues sencillamente eso, que el Día de los libros -quiero decirlo en plural, la singularidad siempre es equívoca- os aporte satisfacción. Mi deseo os lo hago acompañar con un poema titulado Tis'a, de aquella agrupación de poemas que titulé La sombra de la nube.



Tis' a


Libro abierto son mis manos

y sé que hay cien ojos clavados en sus páginas.

Pero cien ojos no leen lo mismo aunque sigan el mismo texto.
No interpretan la vida porque quieran conocerla.
No leen para aprender
ni para creer en el significado de las palabras
ni para ser más abiertos que el propio libro.

Pocos aprecian su manifestación aparente y su sentido oculto.
Porque leer es traer lo que se muestra fuera de nosotros
y sacar afuera lo que llevamos dentro.

Mi libro no se ha escrito para deslumbrar ni para obligar
ni para que todos tengan que entender como yo entiendo
el corazón y los márgenes de la vida.

Mi libro se escribe desde el tiempo que no vuelve
desde el paisaje que no se ve
desde el aire que ya no huele a jazmín.

Pero cuando lo repaso te miro a ti y observo tu perfil
insinuante que presta atención a mi lectura:

en ti contemplo también cómo gira mi mundo.



domingo, 21 de abril de 2019

Vade retro, Satanás




El libro, conseguido en su día en el barcelonés Mercat dels Encants, me ha hecho reflexionar de pasada. ¿Quién osaría en 1901 editar en la católica y ultramontana España un libro del herético y denostado Voltaire? Nada menos que Zadig o el destino, Cándido y Micromegas se recogen en un tomito de apenas trescientas páginas, esperando al lector ilustrado y sin prejuicios, ávido de saber y disfrutar en aquel recién comenzado siglo que devendría convulso y cruel. Díce el medallón de la portadilla (en mi deteriorado ejemplar falta la portada) que lo edita Lezcano y Compañía Editores, Barcelona. Para quien quiera saber más, la tirada se haría en Tipografía y Litografía de Pertierra, Bartolí y Ureña, calle Provenza, 61 y 63.

La mano editora catalana viene de muy antiguo. Leo por alguna parte de internet que la editorial estaba especializada en narrativa erótica. No lo sé, pero en este libro que traigo a colación publicita al final otras obras. Algunos títulos: Esclavas del oro (La trata de blancas), de Ramón Sempau; Aventuras galantes, de Casanova; El trabajo, del conde León Tolstoi; Vida de las damas galantes, de Brantome. Sí, realmente no era un catálogo ni para analfabetos ni para beatos. Ah, me llama la atención que figura como residencia del director literario, un tal Enrique Gómez Carrillo, la ciudad de París. El subdirector, Tomás Orts-Ramos, figura por el contrario en Barcelona. Quiero pensar que el director literario adoptara la residencia parisiense por aquello de estar más cerca de las fuentes literarias modernas o de tradición avanzada y ver la manera de verter los textos al español. Imagino que publicar en España en 1901 nada menos que a Voltaire, para escándalo de jesuitas y el resto del poliedro clerical, era de una osadía y un valor encomiables. Cuántos clérigos no invocarían su nombre con aquel acompañamiento: vade retro, Satanás. No hablo por hablar. Yo he conocido en tiempos mucho más recientes esa misma actitud ante el pensador ilustrado francés.

   


miércoles, 17 de abril de 2019

Naxos y el cáliz obsequioso















"...y ya, antes que yo llegue a alguna meta,
aún no desengañado
me ligas a otro sueño".

Giuseppe Ungaretti, Sirenas, de Sentimiento del tiempo.


¿Dónde aprendiste a remar? La pintora de cálices, que no es de meterse en la vida de los demás, interroga a Naxos. De niño, responde él, mi padre me llevaba en su humilde barca a la pesca de cada día. Mientras remaba me decía: te enseñaré este oficio, tal vez algún día te sea útil y no solo recuerdo de la infancia. Ya ves en qué acabé, no solo en pescador, sino en un hambriento de aventuras, y ríe con mesura. Thera conduce al joven hasta un vasar donde se secan las últimas obras que han salido de sus manos. He terminado un kylix para ti, dice con voz tímida. El cáliz es esbelto, las dos asas producen un vuelo proporcionado, los colores son vivos y se compensan y las imágenes, estilizadas y pletóricas de movimiento, casi saltan de sus paredes. Es muy bello, no sé si me merezco un trabajo así, dice el joven emocionado. En el fondo de la pieza una mujer de pie sostiene la cabeza de un joven que la mira arrobado y que ha dejado a su lado un remo. He pintado otras veces a hombres con una lanza o un escudo, o brindando en una fiesta, o participando de una orgía. Hubieran estado o no en alguna clase de gesta me lo pedían. Ya ves, las obras son de encargo y no todo lo que se reproduce en ellas es auténtico. Pero muchos clientes se sienten poseídos por la apariencia. El tema guerrero es lo que más piden. Combates con enemigos imaginarios o con personajes mitológicos, como si ellos quisieran formar parte de la cosmogonía de los dioses y de los héroes. Pero tú eres hombre de paz y sé que no te agradaría ni lo sublime ni lo bélico. Podría haberte dibujado solo, y créeme que dudé, pero sé que también eres un hombre de amor. Thera baja la mirada, luego hace girar a Naxos para que contemple el exterior circular de la copa. En ella se ve que un hombre maduro es conducido en una barca; dos remeros, una mujer y un hombre, le acompañan. Naxos cree interpretar la escena. Está reciente la muerte del anciano ciego, has estado muy oportuna, dice el remero. Oh, no, Naxos, no se trata del ciego, no se trata de nadie, o bien somos cualquiera de nosotros. No veas ahí una escena de muerte, sino algo más valioso y esperanzador, la imagen de navegación por la vida. Pues el destino más valioso no es llegar a donde nadie habita, sino soportar el oleaje de cada día, la aventura de vadear lo ingrato y la felicidad de acoplarnos al placer pasajero. Te regalo el cáliz con una condición: que solamente lo utilices cuando tengas la sensación de haber obrado bien. O de haber llevado a buen término un trabajo laborioso y constante, por ejemplo. De haber aportado con sinceridad, poco o mucho, a los tuyos, y no olvides que ahora nosotros somos los tuyos, el esfuerzo y la mirada nueva sobre las cosas. Cuando bebas de esta copa beberás de la vida sencilla. Libarás la sustancia que merece la pena. Naxos le corta audaz. ¿Está incluido en esa condición el poder beber de ti? Eso depende de lo que busques en mi copa obsequiosa, contesta Thera sin rubor.

Ambos se han quedado mirando el cáliz, oliendo los últimos barnices, disfrutando con ligera perturbación las representaciones imaginarias.



(Fotografía de Ata Kandó)

lunes, 15 de abril de 2019

Los libros huérfanos o desvalidos




Me costó tres euros el otro día. Está impecable, parece un libro riguroso y abundante en información. Derroche de planos, dibujos, fotografías y textos que interpretaré con deficiencia, seguro, por mis limitados conocimientos de urbanismo y arquitectura. Pero siempre quise saber de esa planificación cuadricular, digamos, que tanto me recuerda a las ciudades romanas (como si uno hubiera vivido en ellas, vaya) y que es espectacular en nuestra ibérica Barcelona. Claro, que es fácil que el libro solo suponga para mí un recurso a una especie de paseos -recordados unos, imaginarios, otros- por esa Barcelona de aventuras más juveniles o menos provectas, tratando de identificar lo que pateé y sorprendiéndome con lo que desconozco todavía. Viajar sobre mapas y planos nunca se me dio mal. Y ha paliado muchas veces mis sedentarismos.

Naturalmente, lo mismo que me ha ocurrido con este libro especializado me pasa con los de otras materias cuando entro en una librería de lance, o de segunda mano. O de viejo, que dicen algunos. Caza y captura. O rescate, según lo oriente. Esa sensación como si entrara en un asilo de papel y de pronto me viniese el impulso de convertirme en protector de todos aquellos volúmenes -cada vez hay más en esos antros- o de recuperar su uso. De vez en cuando compro alguno que ya he leído, pero que si el título es interesante, no digo ya importante, lo regalo. Los libros no se merecen permanecer abandonados. ¿Cómo dejar olvidados allí las Vidas imaginarias de Marcel Schwob, por ejemplo, o un Camus o un Machado o una compilación de cuentos de terror de Machen, o El búho ciego, del persa Hedayat? Esos libros, me digo cual cruzado de la causa, deben ser liberados de la cautividad y hay que ponerlos en circulación para que puedan ejercer el rol y la libertad de ser leídos.

Cada vez más pisos de gente mayor que muere o va a una residencia son vendidos por sus herederos -¡hay que repartirse cuanto antes el valor del inmueble!- y los libros son lo primero que se expurga. Aquí quienes juegan el papel del cura, el barbero, la ama y la sobrina de Alonso Quijano son los herederos buscando la guita, que no la selección y calidad de la biblioteca. A los libros cada vez los quiere menos gente. Cierto que ocupan espacio -también la explicación puede ser excusa-, cierto que no todos los libros de que se disponen en un piso son de interés, pero también ¿no pasa que se dedica cada vez menos tiempo y ocasión a la lectura? Leer libros ya no constituye para gran parte de la sociedad una fuente de conocimiento, de placer, de recreación. De ilustración.

Cuando entro en una librería de viejo y veo cajas enteras recién llegadas trato de imaginar el lugar del que han sido erradicados más o menos violentamente. Pero me entra angustia. Las prisas por vender son siempre un mal vender, y además en este caso son cuatro pelas las que da el librero por una pila de libros. Hay saturación de ediciones, y de los libros que merecen la pena y tienen valor porque están descatalogados no creo que el dueño de la tienda informe a sus coyunturales proveedores. Y allí yace el ingente material, propicio a producir alergias por el polvo y los ácidos de las ediciones. Libros que se amontonan en esos establecimientos en vertical, en horizontal, en diagonal, por los suelos y los altillos, y cuya localización resulta cada vez más complicada.