Cosmopolitas de todos los países, ¡un esfuerzo más! Jacques Derrida




sábado, 29 de junio de 2019

Capitana Carola Rackete: salva a personas y sé detenida




Carola Rackete, capitana del buque de Sea Watch, ha sido detenida tras salvar a cuarenta y dos náufragos en el Mediterráneo. Una vez más se enfrentan dos conceptos de entender Europa, la Humanidad, el Individuo. Y así mismo los valores que creímos descubrir un día: la solidaridad, el acogimiento, el desarrollo, la libertad. Sé que soy ingenuo. Nunca los valores han sido de todos. Mientras unos los iban disfrutando, otros los desconocían y, encima, eran explotados por los primeros. Pero hombre, ¿no queremos ser una nueva Europa? En fin, que el Mare Nostrum -hoy en versión italiana-  se ha vuelto muy poco amable para los que no van en viaje turístico de crucero. La pregunta del millón: ¿dónde se encuentran hoy día los bárbaros? Capitana Carola Rackete, eres una mujer con dos ovarios, es decir admirable.






(Vídeo tomado de La Vanguardia)


viernes, 28 de junio de 2019

Leyendo al Arcipreste me olvido de la canícula




Sé de un otro modo de pasar los calores, las calorinas y los acaloramientos de estos días. Los del clima natural y los de la climatología política, sean peninsulares o mundiales. No propongo piscinas ni playas ni fuentes ni helados ni refrescos. Ése es un terreno que me resulta incompleto, pero allá el personal. Ese otro modo de pasar la canícula es sentarse, olvidarse de las cuitas y disputas, y leer. Percibir lo grato, que no solo es placer, sino también gratitud, que a su vez resulta ser una virtud. Así de sencillo. Luego, que cada cual lea lo que le estimule en esa dirección.

Yo hoy, por ejemplo, pero es que soy muy raro, he tomado de par de mañana un libro que lleva camino de cumplir ocho siglos, y que sigue vivo y vivaz. Aquel personaje llamado Juan Ruiz -Joan Roíz, Johan Ruiz, Johanne Roderici-, más conocido como Arcipreste de Hita, clérigo no al uso, supo escribir con ironía, cinismo, gracia y agudeza abundante sobre los bienes y los males que sacudían a los humanos de su tiempo en la España. Que en parte han cambiado de formas, que no de anhelos ni de intenciones. El Libro de buen amor no se refiere solo al amor de amar, sino al goce y placer del vivir. Que no solo es de penar ni de penitenciar. ¿Que satiriza a sus compadres clericales? Sin duda. ¿Qué se burla de las fiebres amatorias? Obviamente. ¿Que ironiza sobre cuanto obnubila la mente humana y sus pasiones? Es así. ¿Que se muestra socarrón con las costumbres y las artes mundanas de sus paisanos? Es indiscutible. ¿Que dispone de probada información sobre los comportamientos y vicios de los hombres y mujeres? Constancia deja de ello. ¿Que su lectura debía producir ya en su tiempo reacciones hilarantes, curadoras de los males de la mente? Es probable. Y hoy mismo, a quien se introduzca en ese Libro de buen amor le hará buen bien. Y miren que digo esto casi en castellano viejo. Uno de los cantares que elijo para leer y pensar en lo leído se titula Aquí fabla de cómo todo ome entre los sus cuydados se deve alegrar...Es decir: Cómo todo hombre entre sus preocupaciones se debe alegrar, diríamos hoy. Procurarse alegría, distensión, desconexión se me ocurre interpretar en clave presente. Una recomendación muy oportuna para los tiempos de incertidumbres y pesadumbres que nos tocan vivir. Y así empieza el mencionado cantar:

Palabras es del sabio é díselo Catón:
Que ome á sus cuydados, que tiene en coraçón,
Entreponga plazeres é alegre la rrazón,
Ca la mucha tristeza mucho pecado pon'.

Palabras son de sabio, y díjolo Catón,
que el hombre a los cuidados, que tiene en corazón,
entremezcle placeres y alegre la razón,
pues la mucha tristeza mucho pecado pon.

Aviso a los navegantes de las tristezas, depresiones y melancolías. Tal vez siguiendo consejos del osado y desconocido Arcipreste muchos podrían evitar el diván el terrible o algo menos terapéutico y sí mucho peor. 



martes, 25 de junio de 2019

Aforismo de la ola y de los oleajes




¿Ola de calor? Lo preocupante es la ola o, mejor dicho, el oleaje de estupidez malsana que recorre el país. No necesitamos que nos metan miedo los media de la meteorología. Ni los políticos del desacuerdo, ni los facciosos, ni los eternos inquisidores con sus movimientos telúricos inconscientes e irresponsables. Otorguémonos valor cada cual. Uno no se asusta si no se deja asustar. Lo cual no invalida el riesgo creciente de peligros, fanatismos, majaderías e imprudencias que nos rodean. Pero de todo ello también saldremos; no entremos ahora a fantasear cómo. 

(La ola del pintor japonés de ukiyo-e Katsushika Hokusai -otros dicen que es un tsunami lo que pretende reflejar- es la excusa para la reflexión. Recomiendo para los ratos de decaimiento hostil ir pasando las Treinta y seis vistas del Monte Fuji. Rebaja la tensión y relativiza el mal humor)







domingo, 23 de junio de 2019

De la Fonte do araño a la Noite de San Xoan. Vinilo de Emilio Cao




Advierto, hoy la entrada va de nostalgia. Pero la nostalgia tiene dos caras: lamento por lo perdido (si ha sido bueno) y reflexión sobre el pasado (haya sido bueno o malo)

Es de suponer que habrá cientos de canciones en toda España que canten el motivo de la Noche de San Juan, se salten o no hogueras, se tiren o no petardos (Por cierto, una vez me tiraron uno debajo del coche en Mollet del Vallés, cuando conducía por sus calles, y eran los años de plomo; simple susto) Busco una entre mis polvorientos vinilos. Pero, oh sorpresa, la canción agitadora del disco que localizo no es la de San Xoan, sino otra con fuerte carga de saudade pero también de metáfora, la de la Fonte do araño. Cantado por Emilio Cao y con acompañamiento de su gente, el disco está editado en 1977, en pleno y conflictivo fragor por el cambio democrático en el país. Era un disco que alimentaba más la hoguera de los cantores del momento. Además venía, viene, con una breve presentación de Allan Stivell, el bretón. 

Ya seguía por entonces a parte de los nuevos cantores y modernos juglares de otras regiones, pero desconocía bastante a los gallegos. Así que fue un tiempo de descubrimiento sorprendente y grato. Voces Ceibes, grupo del cual había sabido unos años antes, Xerardo Moscoso, Suso Vaamonde, Fuxan os ventos, Jei Noguerol, Taranis, Emilio Cao, Milladoiro...Pero aquellos hallazgos se compartían entonces, bien escuchando entre amigos los discos, bien prestándolos o asistiendo a recitales. La primera vez que escuchamos y  cantamos composiciones de Voces Ceibes, por ejemplo, fue en asambleas de facultad, aquí en mi ciudad castellana. Asambleas que acababan con desalojo de la fuerza pública en diversas ocasiones. Asómbrense si quieren. O cómo a algunos cantores del movimiento catalán de Els Setze Jutges les hemos llegado a escuchar en directo, también aquí, en locales de parroquias obreras (dejemos de lado la discusión sobre estos términos antitéticos, pero nos entendemos) Sigan asombrándose.

Muchos de los que ahora se miran a sus ombligos respectivos, ignorando que las mutaciones que traen los tiempos son producto del intercambio y de la influencia, de la concesión y de la tolerancia, de la adaptación de lo otro y de la acogida a los otros, no parecen recordar lo que nos unió hace tan solo unas décadas. Ni que el avance y la convivencia vienen por las aportaciones y el arrimar el brazo, seas de donde seas. Y ahí la música y las voces cumplieron su papel, lo cumplen siempre, llevando sus aires y sus mensajes más allá de las tradiciones del San Juan.

Sí, reconozco que ponerme a escuchar Fonte do araño me sigue conmoviendo. Y es que tiene un no sé qué...¿Será el viento de fondo? ¿Será por los caminos que dan vueltas sin parar? ¿O que aún apremia aquella antigua sed que no puede o no sabe hallar el hontanar?

Adjunto la canción y arriesgo la traducción.



(In memoriam de los compañeros que me iniciaron y han desaparecido)




Xan Piñón, Emilio Cao, Bernardo Martínez, Anton Seoane y Xosé Ferreiros, artífices del disco, fotografiados en los Estudios Audiofilm en Abril de 1977.







Fonte do araño
onde eu de rapaz
a teu carón xogaba no verán.

Auga da freixa
camiño do meu fogar
baixando pola veiga e polo val.

Onde vai o teu rego, onde vai,
que eu teño sede e non o podo atopar.


Fonte do araño
o tempo pintou no chan
camiños que dan voltas sen parar.

Onde vai o teu rego, onde vai,
que eu teño sede e non o podo atopar.



Fuente de la araña
donde de niño
yo jugaba a tu lado en verano

Agua de la freixa 
camino de mi hogar
que baja por la vega y por el valle

Dónde va tu riego, dónde va,
que tengo sed y no lo puedo encontrar

Fuente de la araña
el tiempo pintó en el suelo
caminos que dan vueltas sin parar

Dónde va tu riego, dónde va,
que tengo sed y no lo puedo encontrar


'




sábado, 22 de junio de 2019

Aforismo efímero




Ayer se acostó de esa guisa. Hoy se levanta con actitud análoga. No es que no quiera ver las cosas. Es que hay cosas que no se dejan mirar. O no se deben mirar. O a las que no hay que hacerlas aprecio, ni considerarlas, ni concederlas la importancia que no tienen. O que tienen pero no hay llave maestra para solucionarlas. O no se encuentra. Lo efímero es mejor ignorarlo. Incluidos los rostros patéticos que haya detrás, las palabras que se emitan, los comportamientos que se vislumbren. Mejor taparse los ojos para evitar la repugnancia visual. Aunque haya tanto olor a podrido. Ah, pero eso depende de otro sentido. ¿Habrá que taparlo también? Claro que a ese paso se cortará todo suministro de oxígeno al cerebro. Y por ahí él no pasa.



(Fotografía de Jorge Molder)


miércoles, 19 de junio de 2019

Naxos. Tertulia en el ágora
















"Algunos atribuyen a los dioses cuanto
sueñan como hombres".

Jorge de Sena, To be or not to be, de la antología Serena ciencia.



Cuéntanos, Naxos, qué has visto en tus periplos. Cuéntanos si ciudades tan inexpugnables como creímos que era la nuestra fueron también saqueadas. Es la caída de la tarde, el sol afloja, las tareas se rinden. En las gradas que forman los sillares desmontados de lo que fueron soberbios edificios se juntan gentes diversas. Quieren informarse, que se les consuele, buscando reverdecer esperanzas. Naxos habla y saca conclusiones. Pocas ciudades, a esta parte o a la otra del océano,  se han librado a lo largo del tiempo de las ansias de sus vecinos o de la envidia de otros invasores llegados de más allá de lo conocido. Tras cada ciudad devastada se alzaba siempre una nueva más fortificada, más segura, más costosa. Pero antes o después también era asaltada, porque siempre hay alguien más fuerte. Alguien que quiere ser más que otros. Ha habido urbes que han sufrido tan grave destrucción que han sido abandonadas. Los supervivientes se integraban en otras ciudades, fueran o no extrañas, en ocasiones arriesgando su libertad, o fundaron aldeas en territorios que antes no se habían ocupado. Lo que al principio era desarraigo acabó siendo, principalmente para nuevas generaciones, una tierra natural, un espacio propio. Cuanto resulta desgracia puede enderezarse hacia la fortuna, a poco que se tenga voluntad y esfuerzo. No busquéis nunca consolaros con los males ajenos. Tampoco sería justo por mi parte que solo os hablara de la vileza humana. Porque también he visto colaboración entre ciudades, y no poca. Y cómo aquella ayuda beneficiaba a todos. He visto cómo el intercambio de bienes era útil. Cómo los conocimientos se compartían, y en algunos casos sin pedir nada a cambio. Cómo los moradores de unas urbes se desplazaban a otras para trabar amistad o afectos entre ellos. Los que antes hablaban una sola lengua han llegado a hablar dos. Quienes tenían unas costumbres que limitaban la calidad de sus vidas han aceptado otras que les han aportado más satisfacción. ¿Quién podría decir ahora que de aquellos tránsitos pudieran salir consecuencias negativas para nadie? El que es más rico ha podido beneficiarse del trabajo del más humilde. El más necesitado ha mejorado su condición al acceder a ciudades mejor atendidas y a actividades más consideradas. Los artistas han enriquecido con sus obras no solo las urbes, sino nuestro mundo de sueños. Los edificios que se derrumbaron se pueden erigir con nuevas soluciones. Las esculturas que perdisteis pueden ser repuestas, más modernas si cabe, pues los artífices no tienen límites. Todos los artistas beben de unos y otros, y no solo los artistas sino los inventores, los que bregan en cualquier oficio, los que observan el firmamento, quienes indagan en la tierra y en las plantas, hasta quienes rigen la ciudad y dictan sus normas quieren saber cómo funcionan en otras partes y ver de aplicar lo aprendido. Y a través de esas influencias se genera lo nuevo, lo más imaginativo que, ni permanece eternamente ni muta cada día. Las ideas pueden discutirse y, puesto que nunca se pierden, se transforman y avanzan a partir de la experiencia y el razonamiento. Antes hubierais dicho que todo eso era regalo de los dioses, pero os aseguro que es el esfuerzo y el saber humanos lo que construye. Yo lo he visto en muchos lugares. Y lo estoy viendo aquí, en vuestra superación.

Pero dinos, Naxos, le interrumpen. ¿Qué pesa más en las decisiones de los hombres? ¿Las ansias de posesión a cualquier precio o la conformidad con lo logrado? ¿Las ganas de ser más grandes que otros o el afán de ser prudentes y conservar lo que se tiene? ¿La transgresión de las antiguas creencias o el respeto a las leyes heredadas?  ¿El enfrentamiento o la confrontación? ¿Las fechorías o los sueños? Responderos vosotros, dice Naxos con bonhomía, en un alarde de madurez que sorprende. Yo os cuento, vosotros mascullad primero, argumentad después, razonad siempre. Elegid al compás de vuestros actos. 

El ágora o, mejor dicho, lo que queda en pie de ella, ha sido ocupada gradualmente. No es solo que, ávidos, inquieran respuestas de Naxos. Es la misma actitud de querer saber. La voluntad por recuperar la palabra. La necesidad de estimular el argumento. Naxos, cuyos principio fueron rudos, aprende  de ellos.



(Fotografía de Toni Catany)

lunes, 17 de junio de 2019

El masoquismo de los votantes de parásitos




"...y por extraño que parezca a la política la han convertido muchos en un trueque ordinario y cutre, en un juego de trileros, en un mercadillo de ropa vieja, en una chamarilería, en un holding de mafiosos, en un tenderete de feria donde ya no se cuelgan ideas a respetar, ni proyectos a llevar a cabo, ni intereses que cundan en beneficio colectivo, ni argumentos sensatos, ni planes elaborados con inteligencia, ni criterios con perspectiva comunal, mucho menos de Estado, y así pues los viejos propietarios del territorio que, en tiempos alejados pero no olvidados, se hicieron con el país, cuyo nombre repiten tanto de manera blasfema, a base de destructivas, perversas y sangrientas artes, pactan el reparto de las tartas, sin que hayan sido los más votados que es tanto como decir los más queridos, tras decir ayer una cosa, hoy otra y al tercer día todo lo contrario, dejando entrever que igual que hoy han pactado mañana se traicionarán si a sus intereses particulares no les va la jugada, pues desconocen los principios elementales de la Ética, y desvirtúan la difícil laboriosidad de la Política, porque no son clanes coherentes con un programa del que carecen ni consecuentes con el bien común al que nombran con lengua vergonzante, por mucho que hablen del pueblo, de la ciudadanía, de la gente, del país, de la nación o de España, y ahí digo yo que los votantes deben tener una buena parte de responsabilidad, incluso de culpa, por su falta de reflexión, por no mostrarse exigentes, por carecer de un espíritu fiscalizador sobre aquellos que votaron y, entonces, ya sabemos lo que nos espera cuando los parásitos hinquen el diente en nuestra piel, y no vale luego quejarse de las picaduras, los contagios, los virus que laminarán los recursos de municipios y regiones, mientras a los depredadores parásitos se les abren perspectivas de negocios nuevos, que continuarán en la onda de los viejos, sin que haya sentido común que venga a poner orden en el caos". 


(Pseudo Robert Burton en su Pseudo anatomía de la melancolía)



(Viñeta de El Roto en El País el viernes 14 de junio)


sábado, 15 de junio de 2019

Coincidencias con Houellebecq en su Serotonina




Leyendo Serotonina, la última novela de Michel Houellebecq que, a mi modo de ver, adquiere más contundencia a medida que avanza el relato (no me atrevo a decir la trama), encuentro esta parrafada:

"Los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado,  en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada en la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas  frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento".

Coincido en la relativa felicidad de nuestros años de juventud, entendiendo tal felicidad como otra perspectiva, o acaso se trate de la ausencia de perspectiva, la vivencia al día sin grandes exigencias, o incluso soslayando y saltando por encima de esas exigencias, porque si en algo reconocemos los tiempos jóvenes, y nos reconocemos en ellos, a veces con lamentos, a veces con suspiros, es por su carácter aventurero, daba igual que fueras aprendiz o estudiante, recadero o ayudante en la tienda de tu padre, la aventura llamaba a la puerta cada día, se disimulaba, se ocultaba, se reservaba para un tiempo en que no nos controlasen, y tal aventura conducía en tantas ocasiones a transgresiones de mayor o menor calado, algunas sumamente arriesgadas, peligrosas diría yo, otras de simple confrontación y competencia entre coetáneos o echando un pulso a los plenamente maduros que se elevaban con sus rigores pontificales, sus consejos pétreos, su ordeno y mando habitual, la juventud era no solo un tiempo sino un camino, la vía de escape a dos bandas, de una infancia que se desgarraba de nosotros, o nosotros de ella, habiendo quien le costaba más, asumiendo que era necesaria su superación, y ese espacio definido por su indefinición, la juventud, era un campo abierto, al que se pretendía poner puertas, pero cuyos resortes saltaban al menor movimiento audaz, pero también era un distanciamiento respecto al futuro que se cerniría sobre cada uno de nosotros, donde se iban probando capacidades, tendencias, manías, aptitudes, valores propios de un animal humano que se va haciendo también a contrapelo, hablo de valores en su término relativo, no de virtudes ni de enviciamientos, esots antónimos permanecían larvados, o formándose, nunca te haces a la contra del todo, pero la contra, al menos la contra oculta, la reservada para el momento en que nadie nos fiscalizase, tomaba carta de naturaleza tan biológica como cultural, y se exhibiera tal oposición, digamos, de manera sistemática u ocasional, visceral o dubitativa, era un posicionamiento, un afianzamiento, ser joven era estar ahí, dándolo todo sin advertir las consecuencias, y era aquella actitud la que consolidaba la camaradería, la amistad, la aproximación, porque el trato o la relación entre iguales nunca era entre totalmente iguales, algo que tampoco se da de adulto pleno o de anciano convicto, pues si bien hay elementos homogéneos que se comparten, las reglas del juego que hay que respetar, se supone, entre todos, no todos los adultos tienen tampoco la misma disposición, y he dicho reglas de juego, y ese respeto formal, estaría por ver que fuera sincero y profundo, de las reglas admitidas no es siempre consecuente, ni verdadero, es más que nada defensivo, es demostrativo, si se quiere, pero entonces, en aquellas edades que una vez tuvimos de juventud, nadie se planteaba lo que no fuera el salto de mata, la improvisación, la influencia de lo más deslumbrante, la atracción de lo más sugerente, el morbo del peligro intuido, y aunque dejemos de ver a los amigos de juventud, a algunos forzadamente porque ya no están en la vida, a otros por la dispersión que nos fue caracterizando, si tuviéramos la ocasión de un reencuentro, porque a todos nos pasa antes o después, tal vez quisiéramos que los reencuentros fueran breves, sin dejar huella, un vernos para ver cómo hemos cambiado  en lo fisiognómico, o en las ideas, o en las aspiraciones, en lo que hemos estado haciendo en tantas décadas transcurridas desde la juventud, o mejor no, cuanto más queremos ver en los cambios más podemos entrar en choque con nosotros mismos, los otros, de tropezarnos de nuevo con ellos,  nos recordarían lo que pudimos hacer y no hicimos, a lo que pudimos llegar y no llegamos, con quienes pudimos estar y no estuvimos o, lo que es peor, nos producirían el destello deslumbrante, angustioso,  de la pérdida del tiempo. 




viernes, 14 de junio de 2019

Boboli





Fueron los últimos destellos
en aquel jardín efímero.
Habíamos hecho el recorrido del cenit al nadir
descosiendo las luces
que no supimos sostener.
¿Quién puede mantener perpetuamente
la intensidad de la llama que enciende el azar?

Probamos el ácido dulzor del paseo por el bosque imaginario.
Gozamos de sus sombras. Nos nutrimos con sus frutos.
¿No eran tan justas nuestras apetencias
como inmerecidas las traiciones?

Donde los hombres se pierden
creímos hallar un camino marcado
por huellas que nos habían precedido.
Pero eran las nuestras.

Cada cual tiene sin trazar su ruta
y el espejismo del jardín nos ofreció una imagen
aparentemente incólume
que la floresta aplastó.
¿Qué retuvimos sino el espanto de nuestras indecisiones?

Boboli, Boboli,
acogedor y deslumbrante,
conservarás siempre en tus rincones
el fulgor melancólico de lo que nosotros,
distraídos mortales,
no acertamos a encontrar en tu laberinto.




(Fotografía de Piero Moschi)


jueves, 13 de junio de 2019

The New York Times, quién te ha visto y quién te ve




Hasta ahora parecía que la censura sobre los humoristas gráficos era patrimonio de países totalitarios, teocracias, ex regímenes del realismo socialista e intolerantes metidos a sembradores del terror (eecuérdese la matanza en Charlie Hebdo) Pero cuando la ves ejecutarse en un medio del ¿eufemísticamente? denominado mundo libre tiemblas. Si se empieza censurando la crítica de las viñetas, ¿dónde se puede acabar? Súmese a la gravedad que la censura en el caso de The New York Times no proviene de un juez o un gobernador, por ejemplo, sino de la misma dirección del medio. Una viñeta crítica en que Trump lleva de la correa a un perro con la cara de Netanyahu, publicada hace más de dos meses, ha sido descalificada por el periódico mismo y las obras del autor -Antonio Moreira- así como las de otros dibujantes suspendidas en el futuro. La edición exterior del poderoso periódico no ofrecerá ya viñetas de talante satírico. 

La tradición satírica es tan antigua como eficiente y necesaria, además de constituir un derecho expresivo. Una imagen dice tanto donde las palabras a veces solo transmiten vacío...En el asunto de la censura en cuestión resulta vergonzoso que cualquier crítica a dirigentes o a su política sea considerada enseguida como ataque a un Estado, a un pueblo o a una tradición. El sionismo sabe enseguida relacionarlo y tachar de antisemitismo cualquier denuncia, crítica o divergencia. Algo no cuadra ni en la democracia israelí ni en la norteamericana. Por mal camino vamos.    

En la fotografía Antonio Moreira Gomes con su viñeta descalificada. 


https://elpais.com/sociedad/2019/06/11/actualidad/1560271902_318005.html

https://elpais.com/cultura/2019/06/12/television/1560340884_749543.html#?ref=rss&format=simple&link=guid





martes, 11 de junio de 2019

Contradicho de Sylvain Maréchal (con apostilla de Séneca)




En el peculiar Diccionario de ateos antiguos y modernos, publicado en 1799, de Sylvain Maréchal (1750-1803) hay una voz que me salta con palpitación a la vista:

"Españoles. 'Hay entre los españoles una enorme multitud de ateos que no creen en nada, absolutamente en nada, y que proclaman en voz alta que la existencia de Dios es un perjuicio´(Jean-Marie-Jérôme Fleuriot, marqués de Langle, Voyage en Espagne -1785-)

Tienen un refrán que podría servir de axioma a los materialistas: 'Dios es todo y lo demás es nada'."

Dos opiniones que no son opuestas. No obstante me cuesta creer bastante la del marqués de Langle -¿Cómo? ¿Los españoles ateos? ¿Y abundan?- y por ello me he precipitado a ver si encontraba algún ejemplar en español de su Voyage. Sin éxito. Pero podría ser que no anduviera el marqués descaminado en su recorrido. Tantos siglos de reinstalación trentina forzó con renovado brío el catolicismo de los ibéricos. Pero acaso a su vez este forzamiento, o mejor, este acatamiento, les volviera incrédulos y escépticos en su fuero interior. Aunque lo ocultaran, salvo a la hora de la blasfemia, en que lo despacharían a gusto. De ahí que Maréchal tampoco anduviera desacertado en su ironía. Sabía bien que el monoteísmo es mucho más panteísta de lo que normalmente se piensa. Es a lo que se presta la elucubración dogmática y abstracta, lista siempre a adecuarse a los tiempos y a las costumbres. 

Y es que Séneca, aunque practicó en Roma, dejó honda huella entre los cives de la Hispania en cuanto a un método para saber vivir, y sobre todo sobrevivir. Carta a Lucilo: "La naturaleza no es nada sin Dios. Dios no es nada sin la naturaleza. Naturaleza y Dios son lo mismo". Acabemos.



Diccionario de ateos está editado en Ediciones Laetoli, colección Los ilustrados)


domingo, 9 de junio de 2019

Desayuno con Ngũgĩ wa Thiong'o





Leo que dice el escritor keniano Ngügï wa Thiong'o en la revista Mundo negro:

"La imaginación es lo esencial del ser humano. La posibilidad de imaginar puede darle la vida a una persona". 

Un lujo la imaginación. ¿La otra cara, no necesariamente enemiga, de la conciencia? Sí, al menos de la turbia realidad.

Cuando oigo la palabra imaginación siento el latigazo de la locura. Locura del aislamiento voluntario, locura de la separación de lo anodino, locura de situarme en un plano donde no se sienta uno tocado. La imaginación como recurso de la no aceptación (excesivas normas que nos obligan) De una iconoclastia necesaria (demasiadas imágenes que se nos imponen) De una llamada al desprendimiento (tantos objetos que nos reducen) De una recuperación de lo inútil (agobio de los aprendizajes que nos hicieron saber tan poco) De un rechazo de las palabras vanas (abuso del ruido mediático) La imaginación como cura que nos salve del hastío, como vía de escape de cualquier fuerza coercitiva.  

Vuelvo a Ngügï: "¿Qué es lo que nutre la imaginación? El arte, las novelas, la poesía..." No lo dice cualquiera. Lo dice un africano, que como tal sabe de imaginar y de narrar. No lo dice por decir. Él, como muchos otros escritores africanos que conocieron la cárcel, sobrevivió gracias a la imaginación, que incluía en su caso escribir relatos en rollos de papel higiénico.

Un lujo ejercitar cada día, imponiendo sus márgenes, la imaginación. La hora del desayuno es una buena hora para empezar.




viernes, 7 de junio de 2019

El destino llamó a la puerta, Verlaine incluido, aquel Día D




Ahora que se cumplen 75 años de la exitosa (y sangrienta) invasión de Normandía por los aliados, me ha venido a la mente la película El día más largo. Me llevó mi padre a verla, en parte porque el tema le atraía, también porque el acontecimiento de la invasión seducía a la mentalidad provinciana y autárquica dominante en España.

Y eso que mi padre no era ningún belicista, ni tampoco un partidario del régimen, sino un hombre corriente. Simplemente él también había hecho la guerra (era la expresión al uso, y es para pensar en ella: hacer la guerra, que tanto deshace), y en su caso la desventurada guerra española, y además en infantería. La infantería era el cuerpo donde bregaban los llamados a filas, esos reclutados forzosos que solo sabían de caminatas larguísimas, desplazamientos sorpresivos, trincheras hacinadas, piojos a mansalva, tiroteos, muertos por cualquier parte y bombardeos varios. De hecho mi padre cosechó su precio en uno de ellos. Nunca fantaseó ni sublimó ni mucho menos sacralizó, como hacían los que no arriesgaron apenas y se colgaron medallas o se adjudicaron cargos inmerecidos, el paso por los frentes de batalla. Ni siquiera odió jamás al enemigo. ¿Cómo podía odiar al de en frente que era como yo?, solía decir. 

Para mi padre hacer la guerra había sido una experiencia de juventud avanzada, de la cual relataba anécdotas, que eran muchas y sabrosas, pero nunca supuso una toma de posición política. Eso sí, la guerra y sus consecuencias fueron una presencia a lo largo de su vida, que marcó a él y a su familia, como a todos, una experiencia perturbadora. No le cabía el odio, sí la resignación. Además, como los españoles supieron, la posguerra no fue mejor. Hambre, miseria, dictadura y necesidades múltiples y extremas prolongaron los padecimientos anteriores. ¿Por qué querría él ver la película El día más largo? ¿Por simple entretenimiento? No le podía engañar la ficción de un film, pues sabía de sobra que la realidad supera a lo imaginado (no siempre)  Tal vez quería revivir a su manera y guardando las distancias episodios bélicos, o acaso por el mensaje liberador sobre la ocupación nazi, o por comentar luego conmigo. O bien procuraba un exorcismo en la distancia, identificarse con los figurantes de la película para conjurar demonios interiores. Comparar lo fingido con lo vivido y reírse a su modo. Pero eso son conclusiones mías, arbitrarias seguramente.

Si me preguntasen ahora qué recuerdo de El día más largo poco puedo decir. De hecho creo que las fotografías de Robert Capa o de David Seymour se me han impuesto siempre sobre los fotogramas del film. Pero sí hay algo, aparentemente menor, que se me quedó grabado, y que no puedo olvidar. El destino llama a la puerta. Los compases iniciales de la Quinta de Beethoven y aquellos versos de la Canción de otoño, de Paul Verlaine, que se emitieron desde la BBC como clave para la activación coordinada de la Resistencia: 

"Los sollozos más hondos
de los violines
del otoño
hieren mi corazón
con monótona
languidez"

Adjunto una versión original de la BBC, que no de la película, como documento que no conocía. Al fin y al cabo, Historia (O sangre, sudor y lágrimas que decía el épico) 





jueves, 6 de junio de 2019

Desayuno con Nietszche





Friedrich Nietzsche en el desayuno:

"Conócete a ti mismo. A esto se reduce toda la ciencia.- Solo cuando el hombre haya alcanzado el conocimiento de todas las cosas, podrá reconocerse a sí mismo, pues las cosas son únicamente los límites del hombre".

(Punto 48 de Aurora, Pensamientos sobre los prejuicios morales)


Misión imposible, por lo tanto. O como poco un objetivo que exige un esfuerzo ímprobo. Pero ¿acaso no se han esforzado los hombres en ello desde que fueron comprobando, una vez asentados en su posición erecta, la utilidad de las primeras herramientas? ¿No han ido viendo a lo largo del tiempo y de la historia lo que pueden conseguir con las cosas que se han fabricado? ¿Hay que esperar a un final improbable para reconocerse el hombre? A cada paso, en cada creación de un objeto, por cada uso y desarrollo de ese objeto hay un cierto grado de conocernos. También una motivación que habla de la capacidad y de los límites. Mas es la conciencia del movimiento y el hacer cotidianos lo que nos debe decir de lo que humildemente somos capaces. La tentación de lo absoluto mata el conocimiento del hombre. En la comprobación ordinaria de lo que hacemos está el único y posible reconocimiento de nosotros mismos. ¿Para qué más?




martes, 4 de junio de 2019

La antorcha de Tiananmen que cayó





Sigue en vigor el viejo conflicto entre desarrollo y libertad en muchas partes del mundo. China, en la vorágine de tener que mantener un modelo de desarrollo que procure satisfacción a las necesidades de su abundante población eligió hace mucho su versión de desarrollo a cualquier precio -recuerden aquello de gato blanco o gato negro, lo que importa es que cace ratones- en detrimento de las libertades cívicas. El totalitarismo maoísta había hecho antes una buena parte de la tarea. Ahora, imbuidos de esa mezcla de capitalismo y pseudo comunismo, los gobernantes chinos se muestran igualmente férreos. 

Aquella primavera frustrada de 1989 sigue siendo invierno a efectos de derechos humanos. La democracia. una quimera. Las televisiones occidentales sacan por un día las imágenes de aquel individuo intrépido que salió al paso de los tanques en la plaza de Tiananmen. Algunos simpatizantes de la causa perdida me dieron entonces en París esa chapa. Reproduce una estatua de la libertad que los estudiantes habían levantado en la plaza pequinesa. Era de poliestireno y papel maché, obra de los estudiantes de Bellas Artes. Las concentraciones estudiantiles fueron aplastadas. Los símbolos, derribados. El de la escultura de mujer de diez metros empuñando una antorcha fue lo primero. Después, las cargas, la violencia institucional, el aplastamiento de las reivindicaciones.

¿Será posible alguna vez el desarrollo que proporcione satisfacción a la sociedad china, sin menoscabo del reconocimiento a los derechos y libertades de sus individuos? La situación internacional y el enfrentamiento entre bloques no pinta un panorama halagüeño. Tal vez somos nosotros los que vivimos en un espejismo, acaso también sentenciado.




(Fotografía de Jeff Widener, de AP, tomada de DW.com)


domingo, 2 de junio de 2019

Contradicho de Günther Anders sobre la democracia





"El término democracia hace referencia a una situación en que el individuo no solo se hace responsable de sus propios actos o de su trabajo, sino también de las consecuencias de sus propios actos, que afectan al resto de ciudadanos y a los seres humanos en general. La misma definición de democracia se contradice con la especialización y la división del trabajo, que hoy se ha transformado en una estricta división de responsabilidades. Antiguamente, el sastre, el panadero o el leñador de una comunidad norteamericana tenían derecho a intervenir en los concejos municipales y a decidir juntos si, por ejemplo, era conveniente o no construir un puente sobre tal o cual río. Cuando así lo hacían, no hablaban del puente del sastre, del panadero o del leñador, sino del puente del pueblo para el pueblo. Cuando hoy, después de deliberar, varias personas deciden que no hay que destruir el puente hacia el futuro, solo hacen lo que ya hicieron sus antepasados: ejercer sus derechos democráticos. Y es antiamericano cuestionar esos derechos".

Me hace pensar esta cita de Günther Anders que, aunque haga referencia a la sociedad estadounidense, vale para cualquier otra. La nuestra incluida, por supuesto. Figura en el epílogo del libro Más allá de los límites de la conciencia, en que se reproduce la correspondencia entre Claude Eatherly, el piloto que arrojó la bomba sobre Hiroshima, y el filósofo alemán Günther Anders. Epílogo de 1962, por cierto. 

Esa idea de que la democracia hace consecuente al individuo con su propia realidad social debería revitalizarse. Por el contrario, hoy día en Occidente parece que todo consiste en delegar formalmente a través de elecciones formales para los distintos estamentos e instituciones de la sociedad. Pocos se comprometen a un seguimiento algo más democrático y directo, digamos, aunque suene paradójico, a través de instrumentos vivos y permanentes que fomenten la gestión, la controlen,  pongan pegas cuando la autoridad elegida quiera imponer sus criterios por libre y proporcionen sugerencias que los gobernantes de cualquier plano deberían tener en consideración.

Pero sí que hay gente, más allá de los partidos, que son entes bastante burocratizados, que hace lo posible desde otros marcos no profesionales, y sí sumamente voluntarios y abiertamente democráticos. Tales como asociaciones de vecinos, grupos medioambientales, cívicos, en defensa del patrimonio, de la enseñanza, de mujeres, etcétera. ¿Basta eso? Probablemente no, pues la gran mayoría de la población va a su aire. Tiene, tenemos, metida esa idea de que voto a los que me gustan o me parecen menos malos y a vivir que son dos días. Los problemas que los resuelvan los elegidos, nos decimos. Qué mal nos han enseñado.

El filósofo Anders siempre hace pensar. ¿Hay algo más importante -y ahí ética y política confluyen- que ser responsable de los propios actos y no tirar pelotas fuera? Cuando la situación mundial se complica día a día, con un sheriff de pueblo pretendiendo regir la aldea global y que los demás le rindamos vasallaje, y otros conductores de masas de otras regiones del mundo siguiendo conductas análogas en sus ámbitos de influencia es para reflexionar sobre la propuesta, ya antigua, de Anders.