viernes, 2 de octubre de 2026

De desnudeces

 


Cuántas veces se viste de modernidad y cuántas otras se divierte ofreciendo su desnudez. En estos diálogos sordos, aunque a veces estruendosos, se lo he dicho. El argumento me lo ha devuelto. Suele tener una actitud de desquite cuando habla a la contra. A ti también te pasa y tengo que aceptarte, ha dicho claramente. No siempre vistes para mi gusto y tampoco siempre te desnudas cuando yo quisiera. ¿Qué nos impide ponernos de acuerdo? Tal vez que nuestras vidas son disonantes, digo, si bien sospecho que como las de todo el mundo. Pero, ¿no son precisamente nuestras discordancias las que nos atraen mutuamente? El problema es que cuando pesan más las atracciones que nos asemejan no asumimos los rechazos que llevan implícitas. Los ignoramos. Cualquier manifestación mínima de repulsión, siquiera instantánea y pasajera, la consideramos una mota de polvo, una incidencia. Los roces nos parecen meros desajustes que se limarán con el conocimiento mutuo y seguimos avanzando, ávidos de nuestros deseos pero inconscientes de nuestro propio conocimiento personal. Ella calla desde la opacidad de su resistencia. Luego dice: progresamos, aunque el verbo progresar suele ser dudoso, a base de mantener una lucha interior complicada y dañina, ¿no crees? Solo hay avance verdadero si se desbroza dentro de nosotros o si se sabe ocupar el desierto en que nos sentimos huérfanos y aislados. De todo hay dentro de un individuo. Demasiada espesura que nos oculta lo que hay más allá, excesiva hojarasca, a veces hasta basureros enteros no sé si orgánicos o inorgánicos. Pero también demasiada extensión vacía que no hemos sabido poblar con lo que merece la pena. ¿Dónde el equilibrio?, preguntarás por lo tanto. Siento reseca la garganta, es lo que tienen los amaneceres. Supongo que hay un ejercicio de equilibristas, sí, la replico. Inestable, engañoso, continuamente al borde de una caída. Y sin embargo, la insisto, siempre he visto en la caída la posibilidad de retomar no solo el impulso momentáneo que me eleve sino abrir otra etapa donde sentirme más firme. Y volverá a repetirse una y mil veces la situación, no te engañes, dice. Es la constante vital, como dirían los gurús de eso que llaman alma. Por derivar el tema a algo menos riguroso la pregunto: ¿cómo quieres que me vista hoy? Mi sombra dibuja una oscura sonrisa. Preferiría sentirte desnudo, responde. Solo en ese estado sabremos llegar más el uno al otro.



*Fotografía de René Groebli.  

martes, 29 de septiembre de 2026

Aquellos higos en la boca de mi memoria

 



Te los regalan y los aceptas. No estás para subirte ni siquiera a una higuera, aunque tentado te quedas. Abrir el higo, pelarlo con más o menos arte, te depara una pulpa tan carnosa como dulce. Lo degustas, ¿y qué vives? Vives los recuerdos. Como un relámpago del pasado que te activa. Las papilas te producen un doble placer, el del gusto y el ejercicio de la memoria, igual de gustoso o más. Y como una catarata fluyen recuerdos. El clima de verano del barrio apartado, aún rural, de aquella ciudad del Norte. El olor de la era y su trilla. Los cierzos del amanecer; ¿o eran al caer la tarde? Las tormentas estivales con su sobrecogedor aparato. Las higueras, y otros frutales, en su punto parturiente. Y revives la agilidad de moverte entre las ramas y sentarte en ellas a dar buena cuenta del fruto. Las morreras que salían en los labios. Tu madre y tus tías te lo decían: ay, mutil, cuántos te has comido pues; verás luego la tripa. Pero tú estabas satisfecho por la hazaña. Subir a la frondosa higuera te producía tanto agrado como comer. Nunca fuiste comilón en la infancia, pero la fruta al alcance, ay, te volvía primitivo. Y evocas el crío revoltoso que eras, actitud que te incentivaba para subir a los nogales o a los manzanos o a los cerezos. A asumir los riesgos sin mayores miedos ni conciencia. Tus señas de identidad corporal entonces eran los abundantes arañazos en piernas o brazos, o los chichones ocasionales, o el corte de digestión por comer malamente a deshoras. ¿Te viene a la mente ahora aquella vez que te clavaste un clavo roñoso en el pie? Empezó a dolerte cuando un primo te lo sacó a cuajo, pero te compensaron con mimos y te repusiste sin mayores aspavientos. Tu cuerpo, quiero decir su biología, era puro. Su capacidad de supervivencia era de buena pasta celular y te hacía creer que ibas a ser, o mejor dicho, estar, así para siempre. Los higos que te han obsequiado hablan, reflexionan, estimulan el lado placentero tan necesitado en tu edad provecta. Ya me dirás si te han sabido los higos que te han dado igual de exquisitos que aquellos que tú mismo cogías. Estás en el tiempo de la comparación por excelencia, esa propiedad no sé si beneficiosa o nefasta que te han proporcionado los años. Con otros amigos tan añosos como tú soléis comentar, juzgando sobre los productos del presente y los de atrás. Que si este pan o esta fruta o esta carne no es como aquella que conocimos en la niñez, por ejemplo. La vida de cada individuo es un puente entre edades. Sigue existiendo la otra orilla en la mente pero tienes que permanecer forzosamente en la que estás ahora. Podría haber sido peor.




sábado, 26 de septiembre de 2026

Así me habló ella

 



No he sentido nunca otro cuerpo como he sentido el tuyo. Se lo dijo a bocarrajo. Cuando menos se lo esperaba él, en un intento de desarmar su pasividad, de cuestionar su indolencia, de frenar su entrega a la decrepitud. El hombre hizo una mueca de duda. ¿Lo dices porque me percibes ahora más débil? Ella no se aguantó. Lo digo porque creo que nunca te he fallado, dijo con aplomo. Han pasado más cuerpos que el mío por el tuyo, le replicó el otro. Pero ninguno se quedó y tú seguiste y yo permanecí. El hombre se revuelve. ¿Qué viste en los otros que no te diera yo si también te lo daba todo? No preguntes qué viste, dice ella exigente, sino qué sentí, qué lozanía me aportaban, qué ideales me sugerían, qué llamas sabían encender para que yo prendiera y no me agotara, qué deslumbramientos sostenían mi esperanza de que nada transcurriera definitivamente. Yo también aporté todo eso, dice él con tono apocado. Tu cuerpo era el mío. Le sorprende una reacción enérgica, implacable. Todos los cuerpos pasan siempre por uno mismo, ¿no te das cuenta o estás ciego? Cada hombre que fuiste, cada edad en la que me acompañaste, cada ternura con la que me envolviste, cada situación crítica de la que me hiciste cómplice, cada desdén ocasional también, dibujan a través del tiempo de la memoria un cuerpo único todavía, al que ya no sé alcanzar y me cuesta reconocer. Sigues siendo el cuerpo que necesito pero tú no sabes llegar a mí con la seducción de cada una de aquellas edades en las que me acogiste. La vida no es una fotografía fija. El hombre ha agachado la cabeza. La sombra ha callado.  



*Forografía de René Groebli.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Pequeña fábula del ratón y el gato, por Franz Kafka

 



"¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio parecía tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y, por cierto, me alegraba ver a lo lejos esas paredes a diestra y siniestra. Pero las paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.

-Tienes que correr en otra dirección -dijo el gato-, y se lo comió".


Comentario: ¿Quién dijo que Kafka era sinuoso y oscuro? Apliquémonos el cuento.


* Max Klinger. Opus III.


lunes, 21 de septiembre de 2026

La sombra del angelus novus

 



"Camino con mi sombra
Hablo con mi eco  
Pero, ¿dónde está la persona que amo?" 

Canción We Three (My Echo, My Shadow, and Me) de Nelson Cogane, Sammy Mysels y Dick Robertson.


Tarareo la vieja canción de par de mañana. Aunque reconozco que estoy muy lejos de dar la entonación que daban los trajeados aquellos de The ink spots. Fue en un mercadillo de segunda mano donde encontré un single, algo rayado por cierto, interpretado por aquel grupo. No descifres al pie de la letra la vieja sonata, se apresura a advertirme la sombra. Puede ser equívoco y, como sucede con todo, tiene más de un rostro. Las canciones son también representaciones, dice, puedes acogerte a lo que aparentan, al primer lenguaje directo que muestran y conformarte. Pero puedes ir más allá y buscar una revelación que tal vez los autores de la letra ni procuraron ni se les ocurrió hacer. ¿Algo así como si yo mismo hiciese una adaptación, o una recreación, para acomodar la canción a mis vivencias?, le digo. Algo sí, dice. El mundo se nutre de metáforas, algunas muy sibilinas. Se interpreta a través de imágenes y a fuerza de proyectarlas las adultera, las recrea. Es un hecho. No es exactamente que solo sustituya lo real, sino que lo irreal, cuando no lo aparente, es potenciado. Se sublima, se exagera, se idealiza, se transforma en lo inalcanzable y sin embargo todos buscamos cobijo en esos mundos fantásticos. ¿Nos incentiva la curiosidad, la atracción por universos que pensamos mejores, o es el miedo y la búsqueda de una explicación simplista lo que nuestras modestas mentes persiguen? Toda la historia de la expresión humana es así. Y así también la mirada artística. No solo en música. Cualquiera de las artes plásticas ¿qué te muestra? ¿Lo austero real o lo magnificente idealizado? Y la literatura, ¿qué te describe? Los universos personales de otros individuos y su combate con el mundo. Dirás que la representación artística es capaz de todo. No solo en la forma, sino en exponer los entresijos de la mente humana. ¿Qué son, si no, los tantos y variados estilos que a lo largo de la historia se han desarrollado? Llega un momento en que el viviente piensa más con metáforas y visiones oníricas, con la obsesión del anhelo, que como escarbador de la realidad. Porque escarbar implica subvertir. Debes plantearte si tus pensamientos, muchos llegados desde la cuna, y tantos criterios que habías dado por seguros e inconmovibles, que te habían enseñado intencionadamente, son tuyos de verdad. Ay, pero temes la prueba de fuego, te asusta tu propia sedición, algo que no tiene edad ni se concluye nunca. Para ello, dice mi sombra, no tienes que sentirte grey ni dejarte marcar el paso. Sombra, eco, tú. Tal vez si empiezas por ahí encuentres la clave de responderte dónde está y cómo es la persona que deseas amar dentro de ti mismo.




viernes, 18 de septiembre de 2026

El vino en el Poema de la Medicina del sabio Avicena

 



Del vino y de lo que se parece



841 Para beber, no abuses del vino, conténtate con una pequeña cantidad

842 y nunca todos los días ni en ayunas

843 ni tampoco después de de un alimento ligero o ácido.

844 No te embriagues continuamente; si te ocurre eso, que sea una vez al mes.

845 El vino en poca cantidad es útil; en mucha cantidad, es peligroso.

846 A quien se aturde fácilmente, se sofoca y embriaga,

847 dáselo aromatizado y que coma al mismo tiempo granadas ácidas,

848 membrillos, pepinos; corta su vino con agua.

849 Dáselo puro a quien sufre de flatulencias.

850 El mejor vino es el de color amarillo fuerte, conviene tomarlo con cosas saladas.

851 Durante el verano, va mejor beber vino blanco, ligero y sutil;

852 Mézclalo con agua, come cosas ácidas y a continuación, cosas astringentes. 






Recorriendo el otro día los exuberantes majuelos de uvas que la temporada otorga a los infelices humanos recordé que Avicena ya hablaba sobre el vino. No me he resistido a la tentación de reproducir esa parte del poema relacionada con el vino. En su tan sabio como hermoso Poema de la Medicina, el tal Al´Husayn Ibn Abd Allah Ibn Sina, conocido por nosotros como Avicena, divide el tratado en varias partes. Por un lado la Medicina teórica: Fisiología, Patología, Semiótica. Por otro: Terapéutica a través de las drogas y la dieta. Por otro más: Práctica manual (quirúrgica)  Piénsese que esta obra, una de las 250 que se atribuyen al erudito persa, está desarrollada a principios del siglo XI. 

Leer a estas alturas este Poema o Tratado suscita sorpresas varias en el lector. Por una parte hay que salvar la distancia y la evolución del conocimiento del cuerpo, de las enfermedades y de las técnicas desarrolladas desde su tiempo, pues no considerando esto bastantes cosas que se dicen nos suscitarían solo sonrisas. Ciertamente, muchas de las concepciones médicas que aseveraba Avicena hoy están descartadas por la ciencia actual. Pero por otra parte muchas otras reflexiones, recomendaciones o sugerencias comprobamos que siguen en vigor. Que Avicena conocía bastante bien los cuerpos humanos, las costumbres y hábitos alimenticios, los estados anímicos humanos, la relación entre emociones y estado psicológico, los procesos de la enfermedad y las formas de vida en general que influyen en los hombres no nos cabe duda alguna. Podéis reíros de mí, pero cuando siento algún desajuste corporal preocupante tengo por sana costumbre consultar lo que Avicena dice sobre esos síntomas o ese trastorno. Y cuántas veces me sorprendo de que no va descaminado.

El Poema de la Medicina que tengo es una publicación impecable de la Junta de Castilla y León de hace unos años. La edición corrió a cargo de un médico de mi ciudad, Najaty S. Jabary, y la escritora y traductora Pilar Salamanca. En su documentado y enjundioso prólogo se arriesgan a decir:

"Cada  época tiene sus propios intereses y es un error pensar que los antiguos estaban equivocados o eran malos o inútiles. Cierto, puede que sus métodos estén pasados de moda pero las calificaciones 'bueno', 'malo' no son aceptables. Y es que, cuanto más profundamente se observan los avances de la ciencia moderna, más cuenta nos damos de que lo que verdaderamente ha cambiado es su terminología: ahora las cosas se ven desde nuevos ángulos, se explican de diferente manera, pero en el fondo siguen siendo las mismas. Por esta razón pensamos que, en aquellos lugares donde no se dispone de laboratorios y demás adelantos de la medicina moderna, algunas de las aportaciones de Avicena siguen siendo, todavía hoy, interesantes y, sobre todo, útiles". 

Nota. La imagen que coloco de Avicena es una reconstrucción moderna en función del estudio que se hizo hace tiempo del cráneo de Avicena. Teniendo en cuenta que las demás imágenes que existen son imaginarias totalmente esta de una reconstrucción investigadora me parecía más aproximada. Lo que le hubiera gustado saber al gran Avicena de lo que es capaz de hacer hoy la ciencia y la técnica aplicada.  






martes, 15 de septiembre de 2026

Manos que se juntan y edifican tras lo destruido

 



Manos y brazos. Cuerpos que se adaptan al movimiento preciso de trabajar el barro. Brazos que impulsan con fuerza las palas y baten la mezcla húmeda que ha dejado ya atrás su condición de materia prima reseca. No hay parada. Ni tampoco demora. Hay que remover la masa hasta que cuaje. No es solo arcilla. No es solo agua. El sudor fatigoso del esfuerzo unge como una sustancia más. Los hombres se mueven sin conversar ni quejarse. Hay en ellos un pulso al cansancio pero también una doble apuesta para mitigar la desesperanza. La cuadrilla coordina los ejercicios. ¿Cuántas veces han realizado la operación? ¿En cuántas ocasiones han emprendido la misma labor antes de que la violencia de los saqueadores derribara sus edificaciones anteriores? La tierra vuelve a la tierra generando otras formas, recreando volúmenes, trasformando su propio paisaje. La tierra siempre es generosa. Los otros hombres, no. Es la historia de la destrucción de las vidas. Se encarna en devastar casas, ciudades y el mismo presente. Los hombres resisten a la acometida genocida y a los bandidos respaldados por las autoridades ocupantes. Los hombres creen en la supervivencia. No les pidáis sonrisas. Aquí no existe el glamour de los hipócritas medios publicitarios de la parte del mundo en que estamos instalados confortablemente. La suya es la prueba de evitar el desaliento y no rendirse ante una de las ignominias más crueles que la Tierra ha conocido: la expulsión por la destrucción. En el encuentro entre la materia tierra y el hombre solo se invoca un verbo: reconstruir. La casa es el hombre.


(Adjunto: fotografías de palestinos reconstruyendo casas destruidas por el ejército israelí y/o por sus colonos. Tomadas del medio periodístico Al-Jazeera) 
















domingo, 13 de septiembre de 2026

Las manos que obran

 



Mano obrera. De operarius -a -um, pero de mucho antes de esta etimología del adjetivo. De lejanos y milenarios tiempos anteriores a su declinación por parte de una cultura avanzada e influyente para nosotros. Donde no había nada esa mano ha edificado. Donde la naturaleza, inmisericorde, devastó los humildes hogares, esas manos retomaron la obra. Donde otros humanos, impunes y agresivos, han destruido esa mano comienza de nuevo a construir. La Historia también podría ser definida y calificada por las manos que han obrado. Que han erigido o fabricado. Que han desarrollado la mente.

¿Cómo se habrían podido alzar las primeras ciudades de no ser por tantas manos que elaboraron un material y lo colocaron certeramente para generar el hábitat familiar o urbano? Se dirá que las manos ya venían ejercitadas. Cierto, primero las manos aprendieron a asir. Después otros hombres más ancestrales ya habían construido herramientas con ellas, las habían utilizado para procurarse alimento o abrigo, para enfrentarse a animales o a otros humanos, para producir hogueras y aprender elaboraciones alimentarias sucesivas. Para señalar entre sí rutas que les permitieran acceder a nuevos paisajes y climas más benévolos. Para implorar piedad a los elementos naturales.

¿Trazarían aquellas manos gestos y señales antes de tener lugar cualquier modalidad de habla? ¿Se estrecharían en tiempos tan remotos unas manos con otras? ¿Auparían entre varias manos los objetos que les superaban por tamaño o peso? ¿Acariciarían unas manos a otros cuerpos? ¿Obrarían con ellas también el afecto, ejercitarían la consolación de la tristeza, paliarían la sed del deseo, palparían, torpes o exquisitas, el conocimiento de los cuerpos? ¿Serían observadas las manos interpretando cada movimiento? ¿Dibujarían las manos el rumbo de las estrellas y el agitado o plácido deambular de las nubes? ¿Aprenderían a jugar potenciando la imaginación infantil?

Donde no hubo antes edificación las manos construyeron. Cuando las ciudades eran destruidas: o bien se abandonaban y se levantaban en otra parte o bien se reedificaba sobre ellas. Una y otra vez las manos estaban ahí para colmar, primero, las necesidades de la gente. Para deleitar con la belleza que generaban, después. ¿Es agua pasada aquello? Es corriente presente. Mira las manos que hoy todavía fabrican un adobe o un ladrillo para reponer lo devastado por los fanáticos salteadores de territorios y de vidas. Está ocurriendo hoy mismo. Solo basta mirar y querer enterarse. 



*Fotografía tomada de la web del medio Al-Jazeera.

viernes, 11 de septiembre de 2026

La penumbra del aprendizaje

 



Quien diga que no se aprende de la sombra, miente. O simplemente no lo percibe porque no la escucha. Ella es hermana y maestra de la vida. Lo que no captamos ella lo coge al vuelo. Lo que no comprendemos, lo procesa. Lo que consideramos válido y hacemos axioma de nuestro limitado conocimiento, se encarga de ponerlo patas arriba para que lo consideremos de nuevo. Cuanta información recóndita revolotee en nuestra cercanía la sombra lo cataliza para que aprendamos. Cuanto instinto siniestro azuce en nosotros ella sugiere el antídoto. Nos adscribamos o bien rechacemos los mensajes que nos llegan ella nos permite la elección. Por supuesto el camino, equivocado o acertado, lo elegimos, tantas veces intuitivamente, nosotros. Tal vez casi siempre sea así por más información que creamos tener sobre lo que nos acontece y las opciones que se  nos brindan. El acierto puede desvanecerse porque a un paso sigue otro paso y el anterior acaso ya no sirve. El error no tiene por qué durar más que el tiempo en que nos haya producido el descalabro. En ese sentido, nuestra sombra, ¿podría definirse, por lo tanto, demoníaca o angélica? Yo prefiero huir de calificaciones tradicionales y tratar de comprenderla porque lleva implícito entender mi propia personalidad. La veo como ese mundo paralelo en el que nos movemos, con inconsciencia gran parte de las veces, y que nos invita siempre a medir cada acto y a valorar cada incitación. Ni la claridad ni la penumbra nos envuelven siempre. Ni el saber nos está garantizado de manera definitiva ni la decisión queda asegurada como verdad. ¿No es en ese juego de tensión donde vamos a aprender a conocer y sobre todo a decidir? Escucho a mi sombra: no te sientas hundido cuando se acumulan desdichas; no te creas salvado cuando coincida la suerte favorable.  


*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

¡Oíd, humanos!, nos grita Nima Yushij

 















¡Oíd, humanos! 


¡Oíd, humanos, sentados en la orilla, riendo alborozados!
Alguien en el agua está perdiendo la vida,
alguien incesantemente bracea
en este iracundo y oscuro y pesado mar que conocéis.
Mientras embriagados estáis
con el deseo de someter al contrario,
mientras en vano imagináis
haber tendido una mano al desvalido
para amasar fortaleza,
mientras apretáis la correa
alrededor de vuestras cinturas,
¿cuándo os puedo yo hablar?
¡Alguien dentro del agua en vano está siendo sacrificado!

Oíd, humanos, reclinados gozosamente en la orilla,
pan en el mantel, ropa sobre vuestros cuerpos;
alguien desde el agua os llama.
Con sus manos cansadas golpea el pesado oleaje;
abierta la boca, con los ojos arrasados de pánico
ha visto vuestras sombras desde la lejanía,
traga agua del profundo azul cobalto y a cada momento su angustia crece.

Saca de las aguas
a veces la cabeza, a veces un pie.
¡Oíd, humanos!
Sus ojos desde la distancia aún atisban este mundo envejecido,
grita y confía en el auxilio.
¡Oíd, humanos, en contemplación sobre la plácida orilla!

Las olas golpean la orilla silenciosa,
rompen como un borracho que inconsciente se desploma,
rugiendo retroceden; y de nuevo este clamor llega desde la lejanía:
“¡Oíd, humanos!”,
y el rumor del viento resuena cada vez más descorazonado,
y su voz, en el rumor del viento, más se desvanece.
Entre las aguas distantes y cercanas
siguen resonando estas voces:
“¡Oíd, humanos!…”.


Nima Yushij. Poema ¡Oíd, humanos! 27 azar 1320 HS / 11 diciembre 1941





"Nima Yushij es a un tiempo una de las más altas cumbres de la milenaria literatura persa y el umbral que une y permite el tránsito desde los grandes poetas clásicos (Ferdousí, Rumí, Saadí, Jayam, Hafez) a la extraordinaria poesía moderna (Shamlú, Ajavan-Sales, Farrojzad, Sepehrí). Diríase que su vida y su escritura estaban destinadas a habitar una falla donde poderosas placas tectónicas se enzarzan en una labor constante de creación y destrucción. La suya fue una existencia en permanente conflicto, a caballo entre sus bosques natales y el mundo urbano al que jamás se acostumbró, entre la tradición autocrática de los dirigentes de Irán y el deseo de apertura y democracia de su generación, y entre el estuario caudaloso de las formas poéticas heredadas y el manantial crecido por las aguas de distantes fuentes literarias. Cuando es tanta la tensión la hebilla salta por los aires".  

Gonzalo Sánchez-Terán. De la edición de la antología de poemas de Nima Yushij titulada ¡Oíd, humanos!, editada por Ediciones  del Oriente y del Mediterráneo. Traducción del farsi por Shirin Salehi, Saeideh Gashemi y Gonzalo Sánchez-Terán. 





lunes, 7 de septiembre de 2026

El zarandeo de mi sombra pensante




"...no sabiendo lo que está escrito allá arriba, uno no sabe ni lo que quiere ni lo que hace, y uno sigue su fantasía llamada razón o su razón que, a menudo, no es más que una peligrosa fantasía que a veces resulta bien, y a veces, mal".

Denis Diderot, Jacques el fatalista.


¿Será ella quien aparte las moscas que nos rondan mientras roncamos en las tardes estivales al aire libre? ¿No habrá pactado a mis espaldas con el sueño sudoroso que prende en las horas más cálidas? Si no muere conmigo ¿sentirá nostalgia de mi? Por eso debo morir contigo, parece ella adivinar mis fugaces pensamientos. Y prosigue justificándose. No sabría vivir sin tu presencia. No podría trasladarme a otro organismo porque tampoco es mi sino y, como tú, soy una e indivisible para ti. Pero ea, parece seguir hablándome, ¿por qué anticipar en este juego de fantasías, no sé si de iluminaciones, una situación que ninguno de los dos deseamos plantear ahora mismo? Tras tu desaparición no me imagino en un monólogo conmigo misma porque me faltaría la referencia,  el caldo de cultivo, el territorio donde crecer y decrecer como ahora. ¿Hay algo para ti más fiel que mi infidelidad con tu lado razonable y sensato? Mira que te brindo la posibilidad no tanto de defenderte como de que hurgues en tus razonamientos, modifiques tus conductas y te adaptes lo más sabiamente posible a cuanta circunstancia cambiante te turbe. Quién te iba a decir que yo, la sombra, te iba a permitir si no ordenar cabalmente tus pensamientos al menos hacerlos más fértiles. ¿Es que los pensamientos solo pueden ser reconocidos como tales si responden a la razón? ¿No hay en lo imaginado, incluso en aquello más fabulado, una ocupación de tu mente que supera a cualquiera argumentación sólida? Cuánto razonamiento es lesivo, extremadamente dañino inclusive, que se ofrece como panacea de la sensatez y lógica. Por el contrario cuánta ensoñación puede sanar una mente enfebrecida. Y sin embargo...Hay un punto de convergencia entre lo razonado y lo ilusionado. Lo que parece realista y lo que se percibe aéreo.  Cuántas ilusiones se alimentan de la oscuridad y se apropian de la razón. Cuántos planteamientos sensatos no son sino dinamitados por vanas utopías. En el pacto conyugal de los intereses humanos más irracionales prende la ignorancia. Entonces se alza un monstruo que alguien sabio denominó la masa. ¿Qué fuerza la llevará tras de sí hacia el abismo? ¿Qué renuncia no habrán llevado a cabo los individuos para convertirse en antítesis de sí mismos?¿Qué tensión centrífuga no aparta entonces al hombre de su cordura? ¿Eso es, se preguntarán entonces algunos, ser hombre?

Hoy se ha levantado mi sombra parlanchina y anárquica. Pero ¿no es en ese desorden de su discurso donde también encuentro una incitación a mi propia introspección? ¿Donde ventilo mis dudas y sacudo mi pereza cognitiva? Me dejo zarandear, olvidados ya los fantasmas nocturnos. 



*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.


sábado, 5 de septiembre de 2026

Los celos de la sombra

 


No he logrado saber nunca qué hace mi sombra mientras duermo. Me ponga boca arriba o fetal de cualquier lado ignoro dónde se habrá ido. No la oigo, ni la siento, ni parece revolotear por el cuarto. Ni una exhalación, ni un roce. Nada. Una vez me dio una pista. Aborrezco tus sueños, dijo. Pero entonces no le di importancia. Ahora pienso que probablemente desaparece por celos. Puede soportar los avatares y caprichos de mi conciencia. Incluso entrar en colisión con ellos. Tiene fuelle para casi todo. Pero acaso no tiene mucho que hacer con el mundo onírico en que mi conciencia no juega otro papel que el de espectadora retrospectiva al despertarme. Mi conciencia mientras sueño también se ha fugado. ¿Andarán conciencia y sombra a la búsqueda la una de la otra en ese tiempo de ausencia? Dicen que en esa fuga es cuando los individuos nos recuperamos del desgaste neuronal. Que al día siguiente uno se encuentre inestable e incluso confuso al resucitar del sueño es pasajero, hasta que la turbulencia cesa en su eco y la mente se asienta. Me he sentido tan embaucado o, mejor dicho, tan secuestrado y maniatado durante esas horas por infinidad de situaciones y personas que llegan no solo de la lejanía sino incluso de la muerte, que me cuesta al principio ordenar la conciencia. Entonces sí, cuando logro el equilibrio mínimo la sombra regresa conmigo, sin dar explicaciones de su huida, y se embrolla como es habitual en alguna de sus zarabandas oscuras. Deduzco, por lo tanto, que los sueños son una competencia excesiva para mi sombra. Obviamente, de alguna manera, los sueños se constituyen como una especie de otra sombra para mí mismo. ¿O serán los sueños el verdadero mundo de las sombras? Como pertenecen en todo caso a otro ámbito donde yo no cuento sino como soporte pasivo, no los considero. Porque ¿podría mantener con mis sueños un diálogo, de modo más o menos inteligible, como lo sostengo con mi sombra? 



*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Mientras tanto, nada de naufragar

 


Mientras tanto, mientras Blogger no nos permite navegar en toda su amplitud -comentando en otros blogs- me embarco en otra navegación más graciosa. Un invento del British Museum que juega con el tapiz de Bayeux, prestado para casi un año por Francia para su exhibición -y recaudación de fondos- del museo del reino de Su Graciosa Majestad.

Si os mareáis, aguantad. Nada de naufragar. La batalla de Hastings os espera. O cualquier otra que sirva para entreteneros.

Enlazo una información para quien no conozca el tapiz:

https://theconversation.com/volver-a-1066-el-tapiz-de-bayeux-llega-al-british-museum-289658



martes, 1 de septiembre de 2026

La vida por delante hasta que no la haya

 


Impertinente pero no ciega. ¿Piensas vivir muchos años más?, me pregunta. En la opacidad de su rostro se adivina un rictus sardónico. Sabe que es una cuestión que suele perseguirnos al común de los mortales a medida que la cifra se nos va engrosando. La medida del tiempo. Si lo que quieres saber es si pienso en el futuro, le digo, te respondo que el futuro se me nubla cada día más. Antes el futuro era prever. Hoy se ha convertido en prevenir. Antes era lo que nos movía en cada acto del presente. Ahora es lo que nos paraliza, aunque por inercia sigamos ciertos movimientos. En otra época lo veíamos como proyección. En estos momentos nos conformamos con asegurarnos que no estamos peor de lo que podríamos estar. Te escabulles de mi pregunta, dice la insolente. Con ilusiones reducidas o con esperanzas escasas, la inercia ha encontrado matrimonio con tu bagaje, y te mantiene. La sombra aborta un conato de risa, porque aunque incordia me quiere paciente. Faltaría más, salto. ¿Para qué voy a negar que en parte me nutro de la recreación del tiempo de atrás? ¿Te parece poco dedicar una porción de las horas a interpretar lo vivido? Pero eso, ¿de qué te sirve?, replica ya zahiriendo. Me sirve, digo. Veo el valor de las cosas de otra manera que no pude ver entonces. Entiendo mejor los conceptos básicos que ahora adquieren dimensión honda. El buen y el mal obrar, por ejemplo. El esfuerzo o la indolencia. La generosidad o el egoísmo. La compasión o la impiedad. La voluntad o el abandono. Aprendimos una vez a escribir gracias a una cierta caligrafía, ¿no? Pero también a base de tropiezos, de mala letra, de emborronar papeles, de fallar abruptamente en ortografías. Pues de manera semejante hemos ido recorriendo los años. Unas veces corrigiendo y en la mayoría de ocasiones errando nuevamente. Quién sabe si mi error actual es dar demasiadas vueltas a un repaso de las vivencias y, sobre todo, de los comportamientos que me involucraron. De lo desacertado salía a continuación en muchas ocasiones una oportunidad constructiva. Lo que pareció fácil produjo otras veces una falsa visión que me hacía tumbarme a la bartola. La comodidad pasaba factura y el interés por las cosas abría nuevas posibilidades. Simples ejemplos, nada simples por cierto. Todo ha sido así. Sigues sin darme una respuesta válida, insiste la muy procaz. Pero, a ver, ¿a ti qué lo mismo te da saber si me planteo vivir mucho tiempo más? ¿Es que uno se puede plantear algo sobre lo que desconoce? Además, si te vas a ir detrás cuando yo me vaya. Y solo pensar que una vez muerto acaso no me haya librado de ti me revuelve las vísceras. De pronto la sombra se entristece. No había caído en ello. Estoy tan acostumbrada como tú a la vida que no me hago a la idea.


*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.



sábado, 29 de agosto de 2026

El bagaje acumulado que se va desfigurando

 



Cuando se pone filípica la dejo hablar. Luego me quedo pensando en sus admoniciones. La haga caso o no, siempre doy vueltas a lo que me dice. Pero solo porque adquiera ese tono sentencioso ¿debo creerla? Más: ¿tengo que cambiar conductas o ver las cosas de otra manera solo porque ella, mi sombra, se erija en ojo crítico sobre mí? Analizar sus advertencias no es difícil. Corregir aquello en lo que puede tener razón es harina de otro costal. Mi sombra no es un mero interlocutor externo, ni alguien que pasa por ahí. Ni es mi maestra ni mi alumna. Podría parecer que su crecimiento va a la par del mío, pero muchas veces tengo la sensación de que soy yo quien copia su dimensión. Mi sombra es también mi bagaje. Lo que he hecho, lo que he sacado en conclusión,  lo que he pretendido y no he logrado. Todo lo que uno lleva a cuestas. Y lo que se ha quitado. Y lo que hubiera querido tener y permanece como carencia. Mi sombra se desdibuja a medida que va pasando el tiempo. Vuelve a tener la figura de unos trazos. ¿Es un empeño por pergeñarse de nuevo a pesar de que no será posible una nueva vida? Dicen ciertos místicos que la vida no termina. Acaso la sombra me esté enseñando a vivir en una constante transfiguración, y a eso algunos lo llaman infinitud. No sé, parecen palabras que intentan dotar a las ideas volátiles de una sustancia que ni unas ni otras poseen. Si el pasado está perdido yo también estaré perdido del todo para siempre alguna vez. Miro mi bagaje y pregunto entonces a mi sombra si he aprendido algo duradero. ¿Sería capaz a estas alturas de poner en baile a una peonza? ¿O de dibujar de nuevo, como entonces, al niño que la hace girar? ¿O de entregarme al gozo inenarrable de cada intento por probar una experiencia nueva, casi siempre incierta en la infancia? Mi sombra sonríe burlona y calla. Nuestra sombra es nuestro trazo. El intento de llegar a algo. A una concreción. A un significado firme. A una imagen madura perdurable. Pero la sombra sabe mejor que nadie que la línea del dibujo de la vida siempre es quebradiza, cada vez más débil. ¿Puede alguna clase de deseo enderezarla? Lo dudo, pero ¿por qué, entonces, insistimos tanto en ilusionarnos con lo inaprensible?



*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana. 

viernes, 28 de agosto de 2026

Apunte sobre el robo de un tesoro cultural, el de Villena.

 


Me duele mucho cuando se producen sucesos de este tipo. Cuando se roba un bien público de un museo me duele extraordinariamente. Los ladrones no tienen inconveniente en arramplar lo que sea con tal de obtener su beneficio. Beneficio cuyo hurto será por encargo y por lo tanto para otros. Para los ricos. Para los que comercian con bienes colectivos. Ya sabemos que los ladrones siempre acechan por doquier. Pero me duele también que no estén protegidos suficientemente por parte de una administración. La que corresponda. Es una herencia cultural. No es tanto el valor del oro. Es el significado de que fue obra de una cultura existente en el territorio peninsular que hay que reconocer y proteger. Y de la que hay que aprender mucho. Hay robo pero acaso no hay suficiente interés y preocupación en la ciudadanía que exija a tiempo a las administraciones un riguroso celo. Por cierto, no me vale decir que también algo parecido y nada menos que a un Louvre le pasó hace no mucho tiempo algo semejante. A ver si los españolitos despertamos de una santa vez interesándonos por la cultura heredada. Eso sería también hacer politica cívica. Nuestra verdadera bandera es la herencia de los siglos y las culturas que nos precedieron.



martes, 25 de agosto de 2026

La sombra me asombra

 


No te equivoques conmigo. (Viene tajante mi sombra hoy) No soy la guardiana de tu lado oculto. No solo el que escondas ante los ojos ajenos, algo sobre lo que tienes derecho, por supuesto, sino el que escaquees a tu capacidad de razonamiento. O a la expresión libre y generosa de tus emociones. ¿No te has dado cuenta todavía de que te sientes más creativo y descubridor cuanto más dejas que el caos entre dentro de ti? No un caos devorador que llega para anularte -ese ya llegó antes con la mitología tradicional repleta de fantasías alienantes- o el que llegará de mano de las últimas invenciones tecnológicas humanas -las que parecen querer suplantar al hombre a pesar del hombre-, sino la porción del universo que se te ofrece para que entiendas más allá de los pensamientos normativos. Porque es universo lo que está en todas partes. En cada célula y en cada transmisión nerviosa y eléctrica que propicia espacios tan constitutivos del individuo como la memoria, el raciocinio, la voluntad y esas vaguedades que se pretenden concreciones y se denominan ideas. Tampoco soy la censora de las informaciones que te lleguen de otras partes. Aprende tú mismo a distinguir. Primero relativizando cada una de ellas. Deteniéndolas a la puerta de tu casa mente. Después, decidiendo qué información -me refiero a todo lo que llega a uno desde los otros, no solo a lo mediático, que apenas es una parte- merece ser considerada para tenerla en cuenta o acaso sea mejor dejar que lo que llega por un oído salga cuanto antes por el otro. Más adelante vendrá lo más dificultoso. Valorar lo que llega de fuera y se instala en tu interior. Tienes sobrada, aunque no siempre afortunada, experiencia y siempre la duda te ha conducido a las preguntas. ¿Valoro eso o lo otro en sí mismo? ¿Lo aprecio en cuanto me sirve? ¿Lo hago mío porque me interesa y me resulta grato? ¿Hago de ello norma de conducta apropiada y axial o simplemente lo adopto como moda pasajera? Me paro. El juego siempre permanece abierto. No pretendo sustituir la acción de tu cerebro consciente, solo me convertía con esta refriega de palabras en tu compañera de acicate, nada virtuosa por cierto. (No he dicho ni mú a esta plática matutina. Ni siquiera tengo claro que haya sido ella, mi sombra, la que haya parloteado tanto. Al fin y al cabo las horas del sueño están todavía cerca) 



 *Fotografía de Leonard Nimoy.
 

viernes, 21 de agosto de 2026

La flecha del tiempo

 



"...Vivo como una sombra entre las otras sombras, todo pasa con pasos de algodón por el medio de las piedras de la fiebre".

Paul Nizan. Aden Arabia.


¿Alguna vez piensas en mí? ¿Sin sentir que yo te apremie? ¿Sin dejarte influir por mi presión? Mi sombra madruga hoy sarcástica. ¿Qué buscará? No pienso en ti, digo, no eres objeto de mis pensamientos y menos de mis anhelos, la respondo para zaherirla. Ni yo lo pretendo, me replica con desdén medido. Soy dadivosa. Me ofrezco, tanto para avisarte como para corregirte. Me creas o no, te protejo. Y no debes temer nunca mis planteamientos, en ocasiones desvaídos, o eso te parecerán a ti, pues solo lo hago para que te ayude a interpretarte a ti mismo. Y eso que a veces me hablas del tiempo que transcurre como si yo tuviese la culpa. Te quejas del flujo presuroso como nunca antes. Te sobrecoges porque se te escapan de las manos las posibilidades. Te perturbas ante la merma de las energías de las que siempre habías dispuesto. Entonces te cuento lo de la flecha del tiempo. Que unos arqueros la dispararon, ha ido recorriendo el aire, tú estás en algún momento impreciso, o que no sabes precisar, de su recorrido, hasta que llegue algún momento en que pierda su fuerza y caiga por la inercia del agotamiento. Pero lo importante, amigo mío, es ese vuelo. Pues el vuelo de la flecha está en ti mismo. No sé si la sombra es sabia o simplemente me sentencia a saber la verdad. Entonces me quedo imaginándome a mí mismo como una saeta voladora. Un dardo de colores, compuesto de retazos; un mosaico de vivencias mas también de experiencias truncadas; un silbido que ha atravesado los días en una sucesión vertiginosa que no se acaba uno de creer que pueda tener fin. Siempre tan moralista conmigo, sombra, le digo. No seas desagradecido, me corta. Estoy fuera de vuestro esquema de conductas y apremios, así que no me apliques calificativos que serán de vuestro mundo pero no del mío. ¿O no sabes todavía que en el mundo de las sombras lo que acaece no tiene vuestra corporeidad ni vuestro intelecto ni vuestros apetitos?  Pienso entonces en los versos de un poeta abasí que decía que el mundo era como la sombra de una nube, que se disuelve en cuanto es anhelada por el hombre.



*Ferrán García Sevilla. Mosaico sobre tabla. 1988. Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español de Valladolid.


martes, 18 de agosto de 2026

Así que pasaron noventa años, Federico García Lorca







El Sueño va sobre el Tiempo

flotando como un velero.

Nadie puede abrir semillas

en el corazón del Sueño.

  

¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

  

El Tiempo va sobre el Sueño

hundido hasta los cabellos.

Ayer y mañana comen

oscuras flores de duelo.

 

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!

¡Qué espesura de anémonas levanta!

 

Sobre la misma columna,

abrazados Sueño y Tiempo,

cruza el gemido del niño,

la lengua rota del viejo.

  

¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta! 

¡Qué espesura de anémonas levanta!

 

Y si el Sueño finge muros

en la llanura del Tiempo,

el Tiempo le hace creer

que nace en aquel momento.

 

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!



Federico García Lorca (5.6.1898 - 18.8.1936). Obra Así que pasen cinco años. Leyenda del Tiempo. Acto III. Cuadro primero.


* Antonio Saura. Cartel para el Festival Español de Aubervilliers 1967.


(Así que pasaron noventa años del asesinato de Federico a manos de insurrectos contra el orden constitucional español)




domingo, 16 de agosto de 2026

Contra lo alevoso

 



"Soy eco de algo.
Lo estrechan mis brazos siendo aire, 
Lo miran mis ojos siendo sombra, 
Lo besan mis labios siendo sueño". 

Luis Cernuda. Donde habite el olvido.


Venimos de la nada, iremos a la nada, ¿y mientras qué? La sombra enuncia categórica, siempre ahí tan implacable en sus juicios. La sombra que no cesa de soltar su retahíla, de contestarse a sí misma. Y mientras esto. Un algo, un señuelo, una aparición. Actos de una obra. Escenas de un celuloide de carne. Episodios de oralidades. Y os lo creéis todo. Siento que en ocasiones ella me abruma. Si no la tengo en consideración se venga. Si la doy pábulo se aprovecha y me pontifica. Mientras tanto, digo, la supervivencia. No es poco, si se sabe utilizar con cierta imaginación. Sobrevivir es un abanico que se despliega desde la resignación hasta la rebeldía. Las más de las veces no se mueve, no airea. Se limita a aceptar lo inerte. Mientras, siempre mientras, todo se va arrugando. Los recuerdos, los individuos, las palabras, las intenciones. En ocasiones tengo la sensación de que hubiera una vuelta al principio del tiempo vivido, pero sin las mismas fuerzas, sin el lozano rostro, sin el vigor de aquel hálito temprano. Sobrevivir nunca fue precisamente un ejercicio paradisíaco. Avances y resistencias, pulsos y rendiciones, pasos en falso y terrenos ganados al azar. Pero de edén, nada. Ni lo hubo, ni lo habrá. ¿Por qué los humanos, a través de todos sus mitos, han necesitado expresar que una vez se dispuso de un origen feliz? La sombra, que me ha escuchado, sonríe traidora. Me aprieta las tuercas con su patético lógos. Los hombres quieren lo que no tienen. Lo que tienen es siempre esfuerzo, lucha, padecimientos, choque. Dolor, en fin. ¿El placer, el disfrute, la bondad, la satisfacción? Flores de un día que cuando creen que más lucen se ajan. A veces me dan ganas de insultar a mi sombra. Esa persistencia en recordarme la condición humana es cabal pero tiene cierta alevosía. Cuando me pilla frágil se me impone. Cuando tengo humor llevadero me indigna. ¿Sabes qué hago cuando repaso lo vivido?, le digo no sin increpación. Y con ganas me quedo de decirle que entonces la ignoro, pero temo su reacción. Lo que hago es recrear las imágenes de contento y de deleite que he disfrutado. Revisar los momentos de contemplación o de pensamiento o de encuentro. Recuperar los sentidos de la memoria que, con una fidelidad puesta a prueba, me hagan revivir. Un paisaje, un texto, una piel, un cuerpo, otra persona. ¿No tenemos derecho a mantener en la lid contra la vejez una apariencia de los viejos amadores de la vida? 



*Fotografía de Picasso con Silvette.

jueves, 13 de agosto de 2026

E pur si muove (tras el eclipse)

 



Ayer vivimos la magnitud del universo cercano y por fin me he apeado del burro. No es Sol quien gira en torno a Tierra. ¡Gracias, Galileo! Por fin me descubro del todo ante ti. Tantos siglos condenado a las tinieblas exteriores, obligado a doblar la cerviz, padeciendo la persecución inquisitorial de los necios. Y tú: E pur si muove. ¡Honesto genial! Te salvaste a ti mismo ante el futuro. Te salvó Sol, sin duda. Todos mirando, qué mirábamos. Luna metiendo discordia entre dos planetas. De antiguas adoraciones y temores hemos pasado al conocimiento, de acuerdo. ¿A la liberación por el saber? Ah, esa es otra historia. Pero los tiempos nos llevan más allá. Ayer todo era un show. Reconozco que no ignoré el fenómeno (hay que llamarlo de algún modo, ¿no?) y que subí con otras personas a la azotea. Diabólica Luna que nos proporcionó el efecto efímero, glorioso. Ese instante de apagón total, del que no tuvo la culpa la autoridad a la que se culpa de todo; esa oscuridad repentina, veloz, brutal; esa recuperación vertiginosa de la luz, un tanto pausada al principio. Hubo un ¡oh! prolongado en su brevedad. Hubo un silencio corto pero intenso entre nosotros. Ahí quedé sobrecogido en mi interior (cuando estás con otros no tienes apenas tiempo de reflexionar interiormente, y menos de expresarte como desearías) Cierto, todo es espectáculo. No me cabe duda de que en épocas pretéritas habría ya una mezcla de curiosidad, de temores y de expectación. Pero en estos días todo es una pasada, como se dice ahora. Quien más o quien menos andaba pendiente de hacer sus propias fotos. Sol estrella, Luna estrella, Tierra rendida. Entonces me vino a la cabeza la otra cita ¿Muerte, dónde está tu victoria? Me vino, no porque el autor que dicen de cierta carta a los Corintios, perteneciente a una secta, me lleve al huerto, sino porque es una de esa frases aplicables a la consideración de los límites. La trascendencia está aquí, entre los límites de lo ilimitado. Ese Universo que a pesar de nosotros, ignorándonos, nos concede el precio de vivir con la condición efímera, afortunadamente. Y uno quiere darle la vuelta. La victoria mortal es el éxito de haber vivido. Algún día, dentro de millones de años, Sol desaparecerá también, dicen los astrofísicos. Dudo de que exista para entonces Tierra (y otros planetas) 

Sí, hubo tortilla de patatas, salchichón, jamón, queso y vino verdejo de primera, y anécdotas, y risas tras la visión. Celebramos, porque e pur si muove.

PD. Antonioni dirigió aquella película. La vi hace tantos años que no recuerdo la trama. ¿Dónde está el eclipse en aquella obra de Antonioni? ¿Alguien que se metió por el medio? Particularmente la Vitti siempre me afectó emocionalmente y me apetece saber si yo juego algún papel en aquel eclipse. Ante la imagen tan expresiva del cartel quiero pensar, aviso a navegantes del tiempo presente, que la escena era consentida. Voy a buscar si alguna plataforma mantiene el filme.  


miércoles, 12 de agosto de 2026

Los incas no eran nada tontos, mal que le pese al Tintín de Hergé

 


Hergé llevó a Tintín al Templo del Sol. Allí aparece Tintín el occidental listo y ocurrente frente a los nativos tontos, crueles y asustadizos. Visión colonialista de un belga, sin duda. Los incas, como otras culturas anteriores a la llegada de los españoles, tendrían conocimientos amplios sobre astronomía. La Intihuatana era la piedra solar de los incas, de la que solo debe quedar la de Machu Pichu, porque las demás se destruyeron por orden del virrey, que desconocía la existencia de la ciudad escondida. Se piensa que la intihuatana juega el papel de una especie de reloj solar, marcando las estaciones, las labores de siembra y recogida. Mas podría ser que jugara perfectamente un papel de cálculos astronómicos mucho más amplio. Y además, si fue solamente esto o tuvo otras proyecciones simbólicas e incluso rituales, tocantes a creencias y mentalidad de aquellos pueblos sobre el universo, es algo que se sigue debatiendo. Adjunto un enlace que dice algo sobre el intihuatana:

https://www.sisawu.org/index.php/312-el-intihuatana

Tintín no debía ser tan ingenioso; yo no le veo proteger su mirada del eclipse en ciernes. Y tampoco muy sabio, pues no conviene despreciar a las culturas antiguas de las que procedemos a lo largo del tiempo. Pero el pensamiento occidental tan engreído no deja siempre ver las cosas como son. Por cierto, voy a localizar el ejemplar del Templo del Sol en el trastero donde lo habrá abandonado mi progenie, ya por mera curiosidad. Lo leeré a la luz de la lámpara mientras dura el eclipse de esta tarde y mientras cesan los cantos de las aves y el cricri de los grillos o el croar de las ranas.