"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





domingo, 25 de septiembre de 2022

Un poema de Forugh Farrojzad que recupero para denunciar la violencia y la falsa moral de la teocracia iraní

 



Forugh Farrojzad (1935-1967) es una de las grandes poetas de Irán en el siglo XX. Sin desmerecer en absoluto respecto a otros grandes como Ahmad Shamlu o Sohrab Sepehrí. Murió mucho antes de la revolución islamista de Jomeini. Pero el huevo de la serpiente ideológico ya estaba ahí, en la sociedad iraní, tal vez desde tiempos seculares. Una vida libre, independiente y de control sobre sí misma como la de Farrojzad no podía ser bien vista por ese fundamentalismo que no solo era y es religioso y político sino desgraciadamente también de los usos y costumbres y de la moral. Aquella sociedad mayoritariamente marcada por el Islam, conservadora, intransigente y patriarcal, que venía de muy atrás, no aceptaba a una mujer rupturista y con personalidad. 

Observando estos días la protesta en las calles de las ciudades iraníes por parte de jóvenes, principalmente, como respuesta al hastío de un régimen opresivo y, por lo que se ve, criminal, me parecía mejor rescatar un poema de Forugh Farrojzad, en traducción de Clara Janés y Sahand. No es un poema político, sino más allá de la política. Un poema sobre la manera de sentir y comunicar el amor y, por lo tanto, el placer. Porque el amor y el placer, cuando son paradigmas de la vida de una mujer libre, resultan insoportables para todos los fundamentalismos. 

Con mi recuerdo a Mahsa Amini, la mujer kurda asesinada en una comisaría de policía tras ser detenida por no llevar el velo de la hipocresía bien puesto. Con mi rabia tras los treinta y cinco ciudadanos muertos en las protestas de estos días y los más de setecientos detenidos. 






Pecado


He pecado y era un pecado lleno de placer
junto a un cuerpo tembloroso y desmayado
Dios, no sé qué he hecho
en aquel lugar privado, oscuro y silencioso

En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me fijé en sus ojos llenos de secretos
En mi pecho ansiante temblaba el corazón
por la pasión de sus ansiantes ojos

En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me senté junto a él desconcertada
sus labios vertieron en los míos el deseo
me libré de la tristeza del corazón desbocado

Murmuré en su oído la historia del amor
Te deseo, oh alma mía
Te deseo abrazo que das vida
a ti, mi loco amante

El deseo estalló en llamas en sus ojos
El vino tinto bailó en la copa
Mi cuerpo en el suave lecho
sobre su pecho tembló ebrio

He pecado y era un pecado lleno de placer
en un abrazo caricioso y ardiente
He pecado entre unos brazos
cálidos, rencorosos y de hierro






(Foto superior: fotograma de un filme de Shirin Neshat. Foto posterior: la poeta Forugh Farrojzad)

jueves, 22 de septiembre de 2022

Simplemente dos mujeres asomadas. Murillo sabía

 



"Moza que se asoma a la ventana, de ser vista tiene gana; y si va de rato en rato, quiérese vender barato".

Refrán recogido en Vocabulario de refranes y frases proverbiales, de Gonzalo Correas, 1627.


La joven no se anda con remilgos. Ozú, niño, ¿dónde va vuesa mercé de esa guisa? Mira que las priesas no son buenas y una está aquí para proporcionar calma. Debes utilizar un tono más prudente, le indica la veterana. Que no te vean tan en precario, que una debe tener su clase. El arte no está tanto, si quieres reclamar su atención, en ser directa con los desconocidos como en sugerir. Ansí una muestra: el tiempo que hoy nos ha traído Dios nos va a mejorar a todos. O bien: la calle se anima al paso de tan gratos caballeros. Inténtalo con el próximo. El bisoño o el que va de paso no debe sentirse incómodo, porque acaso tampoco buscan lo vulgar. Tienes razón, hermana. Soy nueva en esto y no sé moverme con soltura. La otra sigue con sus recomendaciones. Tú déjalos que se aturdan un poco. Con los asiduos sé llana pero no exagerada. Con los chocarreros, aunque sientas por ellos algún rechazo, traga con disimulo porque pueden ser benefactores. Con los beodos, mejor les contestas que estás ya solicitada. Con los tímidos hazte la amilanada también, midiendo tus pasos, que sientan ellos que no están por debajo de ti, pues puede estar necesitándote un estudiante novato o un clérigo con su retorcida carga de conciencia. Con los ostentosos, mejor que te muestren antes las prendas de su faltriquera. Con los melancólicos no hables apenas, como mucho susurra, y ofrece tu cuerpo al gusto de su mirada. Con los ilustrados simplemente escúchalos y afirma que aprendes de ellos. Con los de origen noble, que llegan a hurtadillas, hazte la desgraciada pues ahí puede haber una mina. Con los de tropa alardea de que para patriota nadie como tú y diles que te dejas conquistar. Con los de mal matrimonio, déjalos que te lloren. Con los lascivos siempre mucho ojo, querrán recibir más de lo que ellos dan. Con los tiernos sé tierna, pero ni se te ocurra enamorarte de ninguno. La muchacha respira hondo ante tanto consejo. Ya me va conociendo, señora, y sabe que aprenderé con diligencia. Ahora voy a asomarme de nuevo y, ¿sabe qué?, hablaré al que pasa solo con mis ojos y con mi porte. Este alféizar es tan cómodo...



* Dos mujeres en la ventana. 1655/1660. Bartolomé Esteban Murillo. National Gallery of Art. Washington DC.



lunes, 19 de septiembre de 2022

Pucheros

 



Tristeza o anonadamiento. Al borde de los pucheros. Alegría ninguna, por más que le hayan dicho que tienen sublimes designios para ella. De momento los mayores le han dejado caer que ella, a diferencia de otros niños, nació sin mancha alguna. ¿Por qué yo no y otros sí?, ha preguntado. No sabemos, le han respondido, pero Aquel que está por encima de todos, también de todo, lo ha decidido así. ¿Quién es?, quiero hablar con él, ha dicho la chica valerosa. No se puede solo porque tú quieras. Casi nadie lo ha conseguido. Solo cuando Él tienen intención se muestra. La niña no se arredra. No es justo que todos los niños que nacen vengan ya sucios por no sé sabe qué clase de inmundicia y yo, eso me decís, tenga que ser una excepción. Me siento mal siendo la diferente. Ni me gusta ni me parece prudente, pues los demás me van a coger ojeriza. Los otros no se van a enterar de momento, tratan de tranquilizarla. Para ellos eres una niña más, ni mejor ni peor, ni más sabia ni más torpe, ni más cauta ni más impura. En los altos designios está previsto el disimulo y, si es preciso, la ocultación. Pero yo no puedo así tener las cosas claras. Los demás si se equivocan pueden corregir, si se manchan se limpian, si tienen mala intención también la corrigen y se vuelven generosos. Pero de esta manera que os empeñáis en meterme en una urna de cristal me voy a sentir extraña. Una niña que no es niña. Una mujer que no va a ser mujer. Y cuando deba ser mayor, ¿cómo podré ser una madre, como mi madre y todas las madres lo han sido, si no me dejáis crecer? Nosotros solo somos intermediarios de quien ha decidido tu destino, le responden entonces tajantes y secos. 

La niña, anonadada, confusa, recibe la orden del pintor de que baje del estrado donde ha posado, porque subida allí él tiene mejor visión. Te has portado hoy, le dice. No te has reído, apenas has hecho movimientos bruscos, aunque creo que has hablado demasiado y con cierta vehemencia, si bien no ha perjudicado mi trabajo. Es que me estaban contando tal cuento que no sabía cómo interpretarlo y me inquietaba, dice mientras se quita precipitada el vestido sedoso. El pintor no puede ocultar una risa traviesa. La chica no está por callar. Todo eso que me han estado diciendo es porque querían hacerme rabiar, ¿verdad?, pregunta sorteando la ingenuidad. El mostacho del pintor se ha encrespado. Se queda pensativo. Los mitos son los mitos y los dogmas son los dogmas. Suelen ir de la mano. O los tomas o los dejas, concluye. Pero la niña no le entiende  y se pone a jugar con los demás chicos del barrio que han venido a buscarla.




* Diego Velázquez. Retrato de Niña o Joven Inmaculada.


jueves, 15 de septiembre de 2022

Crepúsculo en la ciudad blanca

 



"¿Habrá para los días sin memoria
otro nombre que no sea muerte?"

Eugénio de Andrade. El otro nombre de la tierra.


Bruno estaba esperando a Alain y al encontrarse finalmente con él le recibió con su lengua de mil idiomas: tardabas demasiado; pero eso no quiere decir que desease que llegaras. Alain rio con la risa apocada que un hombre provecto como él puede ofrecer. A quien no debemos esperar nunca es a Paul, se le ocurrió al recién llegado. Se quedó en la ciudad blanca donde no puede morir. ¿Crees, Alain, que los marineros son eternos? Son eternos en sus navegaciones, respondió el otro. Entonces, ambos se echaron una mano al hombro y entraron al bar de Rosa. El reloj sigue igual que siempre, el segundero va al revés, se atropellaron entre sí jocosos al advertirlo. Este es el destino imposible que persiguen los hombres, Bruno. Quieren ir hacia atrás como si fueran relojes rotos. Bruno miró al amigo con cierta melancolía. Ni la inmensidad del océano ni la extensión de una mujer detienen nunca para siempre nuestros pasos, dijo. Me lo enseñó una vez aquel marinero que fui antes de encallar en la costa.





martes, 13 de septiembre de 2022

Extravío

 


Me gusta permanecer abstraída. A veces es una postura natural. Otras finjo. Nadie distingue. Él se pregunta en qué estaré pensando. No me dice nada. Permanece a la expectativa, aunque sabe que puedo pasarme así bastante tiempo. Me observa porque le inspiro. En realidad no le interesa lo que haya dentro de mi mente. Solo quiere examinar mis posturas o mis gestos. Si muevo mecánicamente la mano. Si bostezo. Si permanezco rígida o me agito de pronto. Con exquisita discreción me otea desde su rincón, sosteniendo un cartapacio sobre el que dibuja bocetos. Pequeños detalles que no se le escaparán. Mi peinado aún rebelde. Las ojeras. El color mortecino del rostro tras el sueño. El escote. La negrura del vestido. ¿Le servirá mi larga mirada a ninguna parte como sugerencia para sus esbozos? No le miro a él. No miro a ningún lado. En todo caso contemplo una zona del paisaje interior en el que me voy extraviando. No solo lo miro, más bien lo habito. ¿Serán mis brumas como las que pinta el artista? Sin embargo me deslumbra la luz tenue que él sabe dominar como si conociera mi alma. Mis penumbras. Mis amaneceres tibios. Los quehaceres a medias de los que frecuentemente me escabullo. Los desaliños o los aseos. Las largas noches encogidas. Si para algo sirve la indolencia de ciertos momentos es para que una se aparte de los compromisos. Pero incluso en mi dejadez ocasional él ve motivo para su obra. Salvo en los sueños. Quisiera entrar en tus sueños, me dice. Por muy observador que seas no los captarías, le respondo. No me preocupa la imperfección, replica. Me río y callo. Como si soñar fuera un mundo de defectos. De pronto se levanta. No habla nada. Ha mirado la transparencia del día que avanza y hace una mueca. Entiendo que se siente confuso. No le miro. Creo que él ha dejado de mirarme. Abandona los dibujos y sale.




* Retrato de Ida Ilsted. Vilhelm Hammershøi. 

domingo, 11 de septiembre de 2022

Adiós a Javier Marías

 


Te encontrarás con Tristram Shandy, mientras Laurence Sterne, apeándose de un carruaje, te saludará con su fino y peculiar humor: Welcome forever to the fiction club, sir.


Javier Marías se ha despedido de la vida y nosotros lo lamentamos con rabia y estupor. Sabemos también que nos despedimos de un autor consistente. Nos despedimos de lo que deberían haber sido futuras novelas. Y por supuesto, de esa página crítica y sarcástica de El País Semanal, donde vamos a echar de menos al cascarrabias fustigador y necesario, pero enormemente racionalizador, que ha venido escribiendo esa sección desde hace años.

Creo que esta noche voy a releer aquel sermón de Mr. Yorick, a propósito de las observaciones de Job sobre la brevedad de la vida. Y que tan bien tradujo Javier Marías del genial Sterne.


(El escritor Javier Marías ha muerto hoy a los casi 71 años)

jueves, 8 de septiembre de 2022

Hipnosis

 


El hombre maduro sucumbe al hechizo de la máscara. La curvatura de todas aquellas facciones le apresan. Nada hay que no sea curvo en los cuerpos y en la vida. Incluso la mirada fija no es nunca directa, medita. Cuando miramos a alguien, aunque no nos cueste sostener la mirada, nos parapetamos tras una recta falsa. La otra persona piensa por qué le miro. Yo pienso qué pensará cuando no aparto los ojos de los suyos. Incluso el discurso de las palabras, que no se detiene, se extravía y nuestra mente desdobla el pensamiento. Hay un pensamiento que pugna por verbalizarse y otro pensamiento que deambula por el misterio. Así se siente el hombre ante aquel rostro antiguo que en nada difiere de uno de nuestro tiempo. No es verdad que ella no le compense y no haya intercambio. Él lo sabe. Percibe cómo ella se va apoderando de sus ojos, ya turbios por la edad, pero cálidos por la pasión que emana aún de ellos. Ven a mis ojos ocultos, escucha decir a la figura. Rejuveneceré los tuyos y cuando me contemples será como si te vieras a ti mismo. Al hombre aquella propuesta le hace temblar. Siempre fue más cómodo y apetecible mirar los ojos de una mujer común, dice. También eran las puertas de un misterio. También se veía algo de uno mismo, si bien se elegía un camino de cierta sumisión. La máscara le tranquiliza. No es mi intención apoderarme de tu personalidad, le dice. Al contemplar cómo tus ojos ocupan mis oquedades estarás viendo tu pasado. No solo el que fue efectivo, sino también el que deseaste y no pudo ser. El que soñaste y no lo tradujiste en hechos. El que te confundió y el que la fortuna te obsequió. Nunca sabéis los humanos cuándo y cuánto sois lo que os creéis ser y qué parte de los otros se hace carne de vuestra carne. Entonces el hombre desiste de sus temores. Esta imagen, piensa, puede ponerme en el sitio en el que nunca he sabido permanecer. Le habla nervioso pero con dulzura. ¿Por qué amo en tu rostro severo toda la belleza? ¿Por qué me enajeno ante las líneas equilibradas de tu cara eterna? ¿Qué hay en este diálogo sugerente que me lleva a prosternarme ante ti? ¿Cuánto cedo de mí y en qué me transformo?

Embarullado en sus preguntas caóticas, el hombre maduro se mira a sí mismo. Al distanciarse la máscara siente la congoja de quien está condenado a seguir intentando saber quién es. 

 



* Escultura sumeria denominada la Dama de Uruk o también Dama de Warka. Museo Nacional de Irak, Bagdad. Fue saqueada cuando la invasión de Irak por los Estados Unidos de América en 2003 y posteriormente recuperada intacta.

 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Las puertas caligráficas de Jaume Plensa

 



Una alegría las puertas instaladas en el Liceu de Barcelona . Y es que uno no sabe hablar de obras de arte si no expresa los sentimientos y emociones que le producen. Qué idea tan justa como hermosa llevar alfabetos a una puertas de acero.

Dichosos vosotros, paseantes de unas Ramblas que han perdido la identidad tradicional que conocí en mis años mozos, que podéis disfrutar de esas Constelaciones -este nombre ha puesto el artista a su obra- que son un verdadero monumento a los alfabetos y sus caligrafías tan diversas. Parece que hay letras de nueve alfabetos diferentes. Ignoro si también están incluidas notas musicales, hubiera sido también muy apropiado y complementario en un espacio tan devoto de la ópera como el Liceu.

Se ve que las tres vallas han respetado las arquerías de la fachada y esa misma concepción recortada y abierta da un carácter aéreo, transparente y a mí se me antoja onírico. ¿Quién no se descubre ante la belleza de las tipografías que, con mayores o menores variantes, han generado todos los alfabetos? Pues de alguna manera yo las veo ahí, y lo que parece caos no es sino un Babel de hermanamiento, una fusión de emotividad y expresión sensible. Porque el lenguaje y su traslación escrita han generado no solo practicidad y comunicación desde el principio de las civilizaciones urbanas, sino sentimiento, aproximación y sin duda poesía.   

Jaume Plensa aporta su punto de vista y de intención sobre las puertas: "Estas puertas son pues un canto a la esperanza de la globalidad positiva. No es la uniformización de los abecedarios, sino la belleza de ver culturas muy diversas mezcladas, pero manteniendo su identidad. Constelaciones es la representación de la Rambla como lugar de encuentro, donde el Liceu no mira ni orígenes ni procedencias, siendo la música un elemento que iguala a todos los ciudadanos y ciudadanas a través de su idioma universal." No sé si esta explicación gustará a todos, pero el artista lo concibe así.

Ya no tendré en cuenta solo la grandiosa obra de Cristina Iglesias al admirar puertas. Esta vez Jaume Plensa ha realizado un trabajo magnífico, a mi modo de ver y disfrutar.






(Fotografías tomadas de la web el Liceu de Barcelona)

martes, 6 de septiembre de 2022

Enterramos bajo la tierra y bajo las aguas

 



La sequía, que está dejando a los pantanos en mínimos cuando no secándolos del todo revela bellezas e inteligencias pretéritas pero también propicia nuestra vergüenza presente.

Que en España se hayan enterrado ciudades de culturas antiguas bajo el crecimiento de las nuevas ha sido una constante histórica. Ha sido así por el proceso urbanístico en general y nos queda la esperanza, en ocasiones, de hallar vestigios de las anteriores. En las últimas décadas se tiene más cuidado y las autoridades toman cartas en el asunto ante las apariciones de restos del pasado. Sirven de información, de reconstrucción de aquellas culturas y formas de vida, también de consolación.

Que hayan quedado bajo las aguas de pantanos pueblos, puentes, iglesias, dólmenes o monumentos de diverso cariz ya es algo más reciente. La política hidrográfica se impuso -no sé si en todos los casos los pantanos se justificaban- trazando demarcaciones de los grandes contenedores de agua que obviaban edificios, obras públicas anteriores o necrópolis.

La sorpresa de muchos españoles al ver las fotografías del importante conjunto megalítico de Guadalperal, en Guadalajara, datado de hace entre cinco y seis mil años, y que ha aflorado con la sequía ha sido mayúsculo. Aunque cada vez se confirma más la importancia de las culturas megalíticas en la península, este conjunto, que algunos comparan con Stonehenge, permanece habitualmente oculto a la mirada y el conocimiento. Pero llegó la sequía pertinaz, que decían en otros tiempos para justificar la política de pantanos a diestro y siniestro. 

Hasta Doñana se seca, aunque ahí hay otros temas: falta de intervención a tiempo y con decisión de las autoridades y delincuencia por el uso de los acuíferos a lo bestia para el regadío clandestino. Dicen.

¿Qué pensarían aquellos pobladores que vivieron en la península hace milenios si vieran que sus obras funerarias, de tamaña envergadura, se hallan habitualmente bajo el agua? 

Así pasa la gloria del mundo, que diría el clásico. Un capítulo más para la reflexión.




lunes, 5 de septiembre de 2022

Mijaíl Serguéyevich, usted hizo lo que pudo o creyó poder hacer

 



El otro día vi un documental diferente sobre Mijaíl Serguéyevich Gorbachov a sus casi noventa años. Adjunto enlace al documental. Estará en vigor en la red hasta el 31 de septiembre. Quien no lo haya visto que lo tenga en cuenta. 

Me ha parecido interesante, aunque Gorbachov no haga grandes revelaciones explícitas ni sobre su tarea como mandatario ni sobre la actualidad de Rusia, aunque siempre hay claves. Ese seguimiento de los realizadores de la película al personaje, en unas jornadas en su casa hace dos años y pico, me parece una idea muy lograda. Gorbachov, siendo un apacible anciano, en parte se comporta como otro viejecito aunque no fuera un viejecito cualquiera. Y es curioso verle en su ámbito, al borde prácticamente del fin de su existencia. 

Este hombre, del que casi no nos acordábamos ya, me ha suscitado una empatía y una ternura que me llevan a pensar y también a emocionarme. Sobre todo cuando se conoce la deriva de la Rusia actual y cómo cunden los desagradecidos, los miserables y los ingratos. Hay un calor especial que solo un hombre de vuelta de la vida y con tanta experiencia a sus espaldas puede transmitir. Es un perdedor que suscitó enemigos irreconciliables. En fin, que cada cual vea el documental y saque sus conclusiones como le plazca. 


https://www.rtve.es/play/videos/documentos-tv/gorbachov/6254803/



viernes, 2 de septiembre de 2022

Potencia

 



Protegido, y acaso purificado, por milenios oceánicos el guerrero no había perdido un ápice de su potencia simbólica. Es Poseidón quien ha velado por él, dijeron los creyentes del mito. Son las oquedades de allá abajo, que saben cuidar a quienes consideran hijos del cielo y de la tierra, comentaron ciertos esotéricos. Es el material broncíneo tan puro de que está hecho, apreciaron los que solo se reconocen en la ciencia y valoran el conocimiento. Cuando una voz proclamó tenuemente que había sido cosa del azar todos los demás asintieron, sin que por ello cesaran en sus particulares interpretaciones. Al despojar al guerrero de la pátina del tiempo sumergido se mostró en su majestuosidad total. Fue entonces cuando comenzaron las discrepancias sobre el significado de la estatua. ¿Se trataba de un guerrero realmente? ¿Acaso de una divinidad? ¿Un héroe? ¿Un atleta? Ah el misterio seductor de las viejas obras que no documentan claramente por sí mismas ni su origen ni su destino. ¿Para evocar qué había sido fabricado este barbado tan detallado como exuberante en su virilidad? ¿Qué espacio público había ocupado o iba a ocupar? La inmersión bajo las aguas, ¿había sido motivada por un naufragio? ¿Fue expulsado de tierra firme por una cultura monoteísta posterior? Los antiguos enigmas se proyectan en el tiempo.

Al escuchar la estatua la polémica latente entre los modernos no pudo por menos que sonreír. Ni siquiera su exposición en un museo revelaba más de lo que habían avanzado, con sus diferencias, los investigadores. Fue aquella niña que deambulaba a su aire por la sala la que sospechó que el hombre de bronce tenía vida. 

La niña, en su juego circundante, advirtió primero que la cabeza del personaje se movía pausadamente. Después, que esbozaba una mueca afectuosa. Más tarde que aquel pulcro tocado de cabellera y barba barba emitía un aroma que no era percibido en el resto de la sala. Incluso tuvo la sensación de que el pecho musculoso y armónico se contraía y se expandía en un ejercicio moderado de respiración. 

Sé quién eres, dijo la niña al barbado. ¿Quién te parece que soy?, replicó él divertido. Eres un hombre de carne y hueso pero para los que te salvaron y te colocaron aquí eres una copia de algo que no saben.

El interlocutor emitió una carcajada recóndita que, no obstante, llegó a la chica. No vas descaminada, niña. Te diré algo que no pienso revelar a los demás. Yo soy el artista que ha hecho esta copia de sí mismo, pero me oculto tras uno de tantos personajes que puedo ser. Porque cualquier persona ansía siempre ser otra persona de la que es. Incluso más perfecta, que sienta más de lo que siente, que disfrute más allá de sus límites.

La niña le escuchaba boquiabierta, sin entender del todo, pero no le interrumpió. Pero ser otro solo es posible a través del juego o del arte o de los relatos que, para el caso, todo es lo mismo. Si yo quiero ser atleta o héroe o dios fabrico un atleta, un héroe, un dios. 

La niña no acababa de comprenderle, porque ignoraba no solo gran parte del mundo de los adultos sino también el de los escultores, y más de los artífices antiguos, pero algo captó. ¿Quieres decir que yo también puedo llegar a ser alguna vez no solo una mujer viva sino cualquier otro personaje de la historia y llegar a convertirme alguna vez en una estatua? Me gustaría. Podría ser, replicó el hombre de bronce, pero para llegar a ser estatua como yo hay que haber vivido mucho y haber sentido las ganas y el placer de la vida. Y haber sabido expresarlo. 

Aprovechando un descuido del vigilante de la sala la niña pellizcó un pie de la estatua. Solo ella percibió una pequeña convulsión en el tobillo del guerrero. Y se asustó.

  



* Bronce de Riace. Expuesto en el Museo Nacional de la Magna Grecia, de Reggio Calabria. 

martes, 30 de agosto de 2022

Sentimental

 



Las circunvoluciones de mi cerebro necesitan en ocasiones desplazarse por los caminos de otros territorios. Regiones que no son solo paisajes. Se activa entonces un diálogo íntimo donde me doy consejos y arriesgo propuestas. Un camino lo conforman las ideas modernas que solo el viajar proporciona. Otro, la aventura de los amores circunstanciales. Cualquiera de ellos te propones recorrer sin presuras pero también atento, pues sabes que en esta actitud reside el deleite del viaje. Todas las rutas te conducen a conocer gentes diversas pero las imprevistas te permiten advertir más de cerca los quehaceres y los días de los pobladores. Hay desviaciones que te permiten cultivar el humor, el cual consideras tu mejor arma, sea bajo forma irónica o a carcajeo. Llegar a una ciudad y detenerte en una posada te aporta no solo un refugio o el diálogo con los paisanos sino las expresiones coloquiales en otras lenguas, que tanto gustas de practicar. Del mismo modo que aprecias percibir los gestos y las intenciones que guarda y pretende el interlocutor. Que una de las doncellas te mira con interés especial, tú la respondes con otra mirada que puede llevar a un acogimiento placentero. Te invitan a una celebración los señores de una mansión, pues tú vas y escuchas las ideas pero también las ensoñaciones de los asistentes. Te muestras fraternal y con sumo interés por las costumbres civilizadas, incluso manifestándoles que tomas como modelo las suyas, aunque muchos de ellos son aparentes y toscos. Si la esposa del Conde de J. se admira de tu ponderación pero se abre al desparpajo y hace apartes contigo, no debes rechazarla. Ella siempre saldrá airosa al justificar su ausencias, pues ¿quién puede rechazar la visita a unos jardines o la contemplación de los alrededores del palacio? Admitir invitaciones de pudientes no es para ti más atractivo que tratar con cocheros, chicas de servicio o artesanos. Una sencilla modistilla puede descubrirte mundos que no hubieras imaginado sin que exijan desplazamientos de tu parte. Alguien te relata un sueño y tú le manifiestas que es tuyo también. Otro te expone sus cuitas y le escuchas con interés. A los clérigos los conoces de sobra y, aunque les encuentras menos interesantes, gustas de echar un pulso en sus visiones de la vida, que son más intensas y soberanas que las religiosas. ¿Encuentras tropiezos al atravesar aldeas? La generosidad siempre saldrá en tu ayuda. ¿Tienes aversión al mal trato de los hombres con sus subordinados? Puedes ejercer de Salomón y ganarte el aprecio de los contendientes. ¿Compiten dos damas por tu atención? Haz como si ninguna de ellas te interesa y negocia por separado. ¿Vienen los funcionarios a reclamar tu identidad? Busca quien elevado en su dignidad sea capaz de imponerse y proporcionarte la cédula para salir del paso. 

Si en alguna ocasión un pintor de cámara retrata tu porte e ilumina tu cara para que no todos te olviden, déjate aconsejar. ¿La quiere de despacho o recorriendo mundo?, te preguntará. Y tú le responderás que haga lo posible por exponerte en amable conversación con tus propios recuerdos e imaginaciones. Y en esa pose te ves a ti mismo sentado en un angosto coche de punto sintiendo la proximidad de Madame X y el roce de su mano sobre tus muñecas, veladas por la puntilla de la camisa. 




* Laurence Sterne en un retrato de Sir Joshua Reynolds


sábado, 27 de agosto de 2022

Perversión

 




Sí, tengo dos rostros. Y qué. Se corresponden con el mismo ciclo de sucesión de la noche y el día. Salvo un ligero matiz. En mi cara las horas diurnas son oscuras y las nocturnas se brindan luminosas. 

Es por la noche cuando concibo las venganzas más crueles. Es por el día cuando sucumbo a los ardides que me son tendidos o cedo a las solicitudes a las que no puedo renunciar. Si peco de falsa ingenuidad por unas horas me entrego durante las más calladas a la sabiduría del mal para desquitarme.

Porque en el mal hay saber. Requiere tanto del pensamiento como de la voluntad. Del cálculo sobre los resultados como de la asunción del acto consciente. De la medida de una cierta y peculiar especie de virtud encauzada para cometerlo y del sentido de que lo virtuoso no es solamente lo que se califica como bondad.

Parecerá ridículo lo que digo o, mejor dicho, en contra de todo lo estipulado. Pero si el mal abunda y es practicado con tantas artes arteras, permítaseme la iteración, algo tendrán que ver en el mismo cuantos lo practican. Y los conceptos pueden dar un vuelco. El mal y sus practicantes requiere de una inversión de valores. 

El malvado persigue a su vez el reconocimiento. Del individuo apocado y temeroso se ha pasado a un modelo de personaje masa que hace ostentación y que apenas revela complejos. Ciertamente se sabe apoyado, encuentra su refugio en los que son o se manifiestan como él, traslada su personalidad a un ente global que justifique su abyección.

Pero yo no practico el mal de los otros. El de ellos es un mal despersonalizado, que se apodera de cada cual y lo repiten por inercia, sin que sepan del placer que proporciona elaborarlo desde las entrañas. Mis noches, por el contrario, son fructíferas. Organizo la reacción ante la posesión irredenta de mis amantes. Preveo cómo actuar ante las presiones laborales que me agobian. Dibujo máscaras que me permitan corresponder al entorno presumido con superior cinismo. Planeo mensajes que confundan a los que hacen de las modernas redes un sumidero de falacias y supercherías. 

Entro en el mal mismo para provocar sus propias contradicciones. ¿Que soy una especie de demiurgo y a su vez acólito del mismo? Y qué. Nadie podrá decir de mí que practico el mal por ser boba y dejarme manipular. Asumo el mal con decisión. Lo saboreo, lo amargo, extiendo su calidad allá donde alcanzo. 

La línea entre noche y día se diluye y yo misma no me reconozco ni a favor de una ni del otro. Soy como la jornada completa, pura esencia. Naturalmente, del mal.




martes, 23 de agosto de 2022

Flexiones y reflexiones

 


El actor me ha hecho pensar en la flexibilidad que tuve. Algún eco me queda. Pero antes el movimiento era reflejo. Ahora tengo que pensármelo. ¿Cómo? ¿Pensar un movimiento que debería ser meramente natural, esto es, automático e inconsciente?

Recordando: cuando al impulso sucedía la acción refleja. El impulso se medía por sí mismo y pocas veces se equivocaba en el resultado de la ejercitación. ¿Errores de cálculo? Eso es otra cosa; siempre los hubo. Creías que ibas a poder pero tu capacidad de esfuerzo quedaba por debajo de lo que exigía la prueba. Que el desastre fuera grave o leve ya se vería; pero se corregía fácilmente. El poder de la reposición. La armonía de la agilidad. Aprendizaje.

Cualquier paso en los movimientos del cuerpo proporcionaba experiencia. ¿Hay un tipo de experiencia más fiel que comprobar lo que da de sí tu cuerpo persiguiendo el movimiento?

Saltos. Retorcimiento. Escalada. Carrera. Giros. No había voltereta que no fueras capaz de realizar grácilmente. Ni subida a árboles o tapias que no lograras. Aguantabas el tirón de la velocidad (aquel corredor de fondo que eras quiere hacerse valer aún en otras coordenadas) Te colabas por hendiduras y rendijas. Cogías peso sin que ninguna articulación o músculo se quejase. 

Sensación, entonces, de que la energía generaba más energía. Dabas por hecho que fluía como regalo de tu propia naturaleza. Que eras así. Que eras eso. Otros lo llamaban nervio.

Ingenuidad: pensar que siempre te mantendrías como una factoría de actividad que generaba actividad. Te creías una especie de cinta de Möbius. ¿Creías que no iba a haber principio ni fin? ¿Que te componías de una sola cara que se regeneraba sobre sí misma? 

Sorpresa: aquel vecino se rompía un brazo, tal amigo una pierna, el otro con un hombro dislocado. Tú te asombrabas al compararte. Eres de goma, te decían. ¿Dónde queda aquel material del que te pensabas que estabas hecho? Algo debe quedar, te consuelas.

Misterio: tú no parabas; ellas, las chicas, casi no se movían. Poco podías enseñarlas, salvo tu exhibición ostentosa. De ellas podrías haber aprendido antes y a tiempo. Alguna trataba de emularte y te seguía. Qué épico.

Desasosiego: cuando descubriste que otros individuos, sin ser agitados como tú, obtenían respuestas sobre preguntas que tú no te hacías.

Confusión: la deriva del movimiento por el movimiento ocultaba la capacidad de tu mente. Y el consiguiente retraso en motivarla.

Has dicho que antes eras corredor de fondo. Ahora intuyes o, mejor dicho, vas concluyendo que hay un fondo contra el que no puedes ni debes correr porque tras él no hay luz alguna. ¿Habrá merecido la pena el recorrido?

 


(Fotografía: Actor de teatro Butoh)

sábado, 20 de agosto de 2022

Marchitos, febriles, errantes, pero ¿volver?

 



Que veinte o cincuenta años no son nada son imaginaciones del tango. No soy tanguero, aunque lo fui algo por influencia de mi madre que se sabía todos los tangos de su tiempo. Además escuchar ahora un tango de los célebres me remite a lo perdido y para qué. Pero eso de que veinte años no son nada siempre me llamó la atención. ¿Que no son nada? Que se lo digan a un preso o a un enfermo persistente. El tiempo parece poco o nada cuando ha transcurrido. Y eso si lo ha hecho bien. Pero el tiempo con penurias es larguísimo siempre. Claro, Gardel hablaba del amor, muy propio de un tango. Ya se sabe: rienda suelta a la melancolía. Pero incluso en el asunto amoreux ¿significa algo el tiempo? No me hagan caso, para qué teorizar en vano.

Podemos ir estando marchitos, febriles y errantes. Pero no hay vuelta alguna posible. En lugar de ir en busca de lo inexistente y perdido brindemos -apostemos- por mantener vivas ciertas dotes. La perplejidad. La admiración. La sorpresa. La curiosidad. Hay fines y motivos suficientes sobre los cuales podemos ensayar, a medida que pasa el tiempo, un cierto sentido de la vida que nos complazca. 

No hay más.


* Dedicado a Noxeus.

jueves, 18 de agosto de 2022

Quejido. A Federico y sus compañeros de infortunio

 



Ay de la noche turbia. 
Ay de la noche callada.
Ay de la noche noche. 
Ay de la noche sin luna.

No hay estrellas que te nombren. 
Ni jazmines que tú huelas. 
No hay chicharras que te canten. 
Ni voces de niñas buenas.

Solo la tierra resuena 
bajo los pasos siniestros.
Solo improperios y burlas
de la ebriedad de los ciegos.

Murmullos de dos toreros.
Los silencios del maestro.
La oscuridad del poeta
que le roba el sentimiento. 

Ay palabra que enmudece.
Ay de los gritos que acallan.
Ay del tiempo que se niega.
Ay la memoria olvidada.

Y la muerte en su lamento
a un gran vacío ofrendada.





* Retrato de Federico García Lorca, por Gregorio Prieto.

(Recuerdo humilde al poeta, asesinado un 19 de agosto de hace 86 años)

lunes, 15 de agosto de 2022

Malditos fanáticos

 


"Ven, dijo a su lado la voz de Zeeny Vakil. Al parecer, a pesar de sus tropiezos, su debilidad, sus culpas -a pesar de su humanidad-, iba a tener otra oportunidad. A veces la suerte de uno era increíble, desde luego. Aquí estaba, agarrándole por el codo. A mi casa -propuso Zeeny-. Larguémonos de aquí.

Vamos, respondió él, y volvió la espalda al panorama".

Salman Rushdie, Los versos satánicos.  


El ataque a las palabras es una práctica antigua. Define a los intolerantes, a los que no respetan la discrepancia. Pero no es un ataque abstracto a las palabras y sus significados. Las manos visibles e invisibles del crimen creen que destruyendo a los que las utilizan también las hacen desaparecer.

En todas las culturas ha habido sectores que han ejercido violencia contra los que usaban la palabra verbal o escrita. Los judíos la practicaron, los cristianos no la evitaron, los musulmanes han recorrido análogo camino, los supuestos laicos pero totalitarios la ejercieron hasta el límite. Cuando el ataque se ejecuta con una inteligencia tenebrosa detrás -no creo que tras el atentado a Salman Rushdie del otro día haya solo un mero fanático casual- revela que el fanatismo está bien asentado. Y que es un medio e intercambio -como la moneda- para lograr largos fines.

Qué puede decirse a estas alturas que no se haya dicho de la intolerancia, esa lacra permanente ejercida desde diversas instancias y que es alimentada con oscuras intenciones. Qué se puede descubrir sobre los crímenes en nombre de iconos abstractos e inexistentes. Qué de las desdichas que el poder de unos hombres generan sobre otros utilizando la mano de obra de la violencia. Qué honda y vertiginosa propiedad tienen las palabras que algunos, hipócritamente, no pueden soportarlas.

Celebraré la recuperación del escritor Salman Rushdie, cuya ejecución ya estaban celebrando los más fanáticos. Tal vez no solo los del bando de la teocracia iraní sino algunos de cualquier sesgo intolerante de los que tenemos en nuestro entorno. 


jueves, 11 de agosto de 2022

Gesticulaciones

 


Observen, señores visitantes, dice el pretencioso cicerone, que lo más expresivo de esta doble escultura no son los rostros, ni siquiera la disposición de celebrar un ágape con sus cuerpos extensos, ese estilo que heredaron los romanos. Aun cuando sus caras reflejan un estado de bienestar y alegría idílicas, ajenas a este mundo, resultan demasiado alejadas para el mortal que las contempla. 

No se puede negar que la actitud de arropamiento mutuo ya refleja algo más calor, y pretende trasladarnos la fuerza de la complicidad aparente de una pareja. Ya entonces se daba un instinto de protección sublimado que ha llegado hasta nuestros días. Otros dirían que anuncia un carácter de compenetración, que vaya usted a saber. Tal vez la posición social pudiente de ambos permitiera esta exhibición enaltecedora, tan ignorada o recóndita, por otro lado, entre los pobres. 

Pero lo que realmente denota viveza, vida comunicativa, dinámica de existencia dotada de proyectos como si vivir fuera algo inacabable, es la gesticulación que ambos esposos practican. A quién se dirigen, que señalan, qué plantean o resuelven, qué pensamientos intercambian y debaten, qué intenciones se traen entre manos, nunca mejor dicho. 

Ah, señores visitantes, admiren este conjunto de quienes aun muertos nos quieren decir que están vivos. Recréense en el misterio arcaico de sus rostros angulares de orientales procedencias, valoren lo bien trabajados que están los miembros de sus cuerpos robustos, reconózcanse en sus propios atributos femeninos y masculinos, aprecien sus peinados y aderezos. Pero, eso sí, pero déjense arrobar sobre todo por el movimiento de sus manos. Cuánto hablan sus dedos afilados y móviles. ¿Hacen un repaso de lo que fue su vida? ¿Conciben nuevas ideas con las que prolongar lo improrrogable? ¿Dialogan y razonan? ¿Contemplan lo pasado o imaginan nuevas vivencias? 

Nada denota en esta pareja, señores visitantes, preocupación, ni inquietud, ni resignación, ni abandono. Niente da abbandonare es la consigna que marcan esas manos que se saben ahítas de conocer el cuerpo del otro, o de firmar contratos, o de ordenar acatamientos, pero que también quieren dejar constancia de una mutua esperanza. 

Particularmente pienso, estimados oyentes, que se trata de una soberbia y magistral intervención teatral. Aunque se me enfaden los especialistas. Porque ya se sabe que las comedias y los dramas tienen lugar en cada unidad familiar y cara al exterior pueden traducirse de las formas más imaginarias. Con voces, con desplantes, con gestos, con movimientos. Con su consiguiente ocultación, incluso. Por supuesto, no les quiero condicionar la visión sobre estos ficticios inmortales. Extraigan ustedes mismos sus conclusiones. Pero gocen de la contemplación. Añoren y envidien una vida eterna si su ilusión se lo comunica y les place. 

Y, ahora, señores visitantes, pasemos a otra sala.




* Sepulcro de los esposos, obra etrusca hallada en Cerveteri y expuesta en Villa Giulia, Roma.


lunes, 8 de agosto de 2022

Sumisión

 


Vas a llevar la corona a tu reina. La que salvas. La que respetas. La que reconoces. No te arredra saber el precio que pagarás. Lo que ella me pida se lo concederé, piensas, anhelas. Acataré sus preceptos. Pero no es lo que parece, voy más allá, insistes. Bien sabes diferenciarte de los necios. Lejos de su babosería tú al menos crees conocer dónde estás. Es tu arte. En el ejercicio del culto a tu soberana te elevas. Te elevas incluso cuando te hundes para satisfacer sus caprichos. Jamás la alcanzarás del todo. Pero ella disfrutará no solo con sus mandatos sino incluso con sus desplantes, su altanería, sus humillaciones. Todo ello lo aceptas porque consideras que son los dones que ella pone en ti para percibir el goce. Te unas o no a la procesión de adoradores mandas mensajes ocultos a tu reina, que ella distingue. Te cuelas a veces entre los acólitos más viles y depravados para simular que eres uno más, pero ella sabe que no eres un cualquiera sino un selecto. Me ha elegido, piensas, te entusiasmas. Dispuesto como estás a descubrir tus pulsiones sin fondo ella te pone a prueba. No hay espacio extremo de la diosa que no desees idolatrar. Si te extiende sus manos las humedeces en tu boca. Si te ofrece su torso te estremeces en un impulso de lactante solícito. Si descubre su abdomen te arrodillas convulso ante el templo. Si prolonga sus pies perezosos lames cada palmo de sus dedos. Madre consoladora, canta tu plegaria, pero apenas has entrado en su reino. Porque ella será la que ordene, la que proponga, la que te hiera, la que te divida. La que saque de ti lo que tú mismo desconoces. ¿A qué estás dispuesto?




* Dibujo con autorretrato en Dedicatoria, de El libro idólatra. Bruno Schulz.


viernes, 5 de agosto de 2022

Inmortalidad

 



Aquí estoy. He venido con mis amigas. ¿No queríais inspiraros todos vosotros en nuestra juventud? Herr Kirchner, ¿cómo me coloco hoy? Quiero que ellas aprendan también a posar. ¿Quién nos iba a decir a nosotras que íbamos a ser modelos de pintores en boga? Para mis amigas prima el dinero. Para mí es necesario también, pero he descubierto que hay algo más que vender la propia imagen. Me lo has enseñado tú, Ludwig, y perdona el tuteo, sé que lo prefieres. No me importa el resultado de lo que pintes, eso es cosa tuya. Yo estoy a este lado de tu trabajo y me brindo a cuanto precises y a lo que mis movimiento te sugieran. Tu mirada a mi cuerpo es ya para mí un valor. Me reconoce. No aspiro sino a estos instantes en que soy una fuente de ideas para ti. Ya me lo dijiste el primer día. Voy a hacer tu retrato, Marcella, a mi manera, a lo que el instinto nuevo me exija. No me importa lo que acabes pintando, te respondí. Para mí la obra está en este tiempo en que me pides que me ponga de este lado o eleve mi torso o me recoja cruzando las piernas o desenmarañe mis cabellos. La obra finalizada de la joven Marcella ya está aquí, posando ante ti. Me gusta tu sinceridad, Ludwig. No busco reproducir lo que pareces, me has dicho, sino lo que hay detrás y va a inmortalizar tu tiempo presente de otra manera que pocos ejecutan. Hasta con tu lenguaje de artista estoy aprendiendo. Creceré, me haré adulta, si la vida no me ha maltratado antes demasiado, pero esa inmortalidad de la que hablas es como poesía. Un cuadro es también poesía, sueles afirmar. Y entonces yo te sonrío porque me haces sentir musa no solo de artes sino incluso de nuestra mutua amistad. 





* Retrato de Marcella, de Ludwig Kirchner

lunes, 1 de agosto de 2022

Confusión

 


Pintarse a uno mismo es lo más difícil que existe. Cada día lo intento pero cada día tengo una expresión diferente. ¿Que eso lo hace más interesante? Sin duda. Pero me arrebata la incertidumbre por saber quién soy realmente. Sería más sencillo mirarme al espejo. Este me devolvería la imagen sin mayores altibajos entre un día y otro. Me parecería que soy yo, aunque no estuviera seguro si solo se trata de un burlón el que tengo enfrente. Pero disponer el espejo de un lienzo para reflejarme, ay, eso es otra cosa. Inestabilidad. Desasosiego. Inseguridad. Todo acaba deviniendo en confusión. ¿Cuántas veces he empezado y he alterado las pinceladas? Un color me deprime, lo cambio. Una disposición me resulta inquietante, la modifico. Observo que falta expresión, me invento alguna. Y ese no saber quién soy da la medida de mis dudas. ¿Debo pintar mi apariencia o recrear un personaje? Al fin y al cabo cada individuo se ofrece aparente de día en día y en ocasiones resulta irreconocible para los próximos. Acaso de ahí que me tiente imaginar lo que soy, aun no siendo lo que otros me ven. Pinto para mí como otros escriben solo para ellos. Me expongo a extraer mis propias turbulencias, a derivar en gestos poco atractivos, a exponerme en posiciones escasamente edificantes. Y qué. Un cuadro es flor de un día, aunque si permanece para la posteridad muchos vean al retratado de un modo fijo. Allá lo que piensen y la idea que se hagan de mí. No deberían verme como quien ve una fotografía, que también las fotografías son de un instante, sino como un individuo en tránsito con su propia obra. Tampoco soy lo que pinto, siquiera en sus desequilibradas posturas o miradas aviesas. En realidad soy mis eructos, mis movimientos intestinales, mis cansancios, mis voces aguardentosas, mis desplantes, mis inquietudes. ¿Cómo dejar constancia de todo eso y más en un lienzo? En el pasado muchos artistas han retratado a personajes de modo exquisito y retórico. Como si solo fueran tipos de cuadro. Como si no tuvieran vida, sino solo un rol. Cuadros para una galería, un salón o una dependencia sinodal. ¿Reflejaban esos retratos lo que eran realmente los personajes o pretendían trasladarnos su estatus de poder? Ciertamente, siempre se ha pintado también de otra manera. Ignorando a los pudientes y reconociendo a los débiles. Ni uno ni otro es mi caso, ni lo intentaría. Yo me veo así: soy en cuanto hago. Me desplazo hacia un espacio inescrutable.  Giro sobre mí mismo hasta convertirme en ángulos. Proyecto la mirada buscando el momento que no volveré a disponer. Ahí quedo. Móvil y tratando de evitar una permanencia imposible. Fecundando una confusión que me aporte íntima claridad.


  


* Autorretrato de Max Beckman.


viernes, 29 de julio de 2022

Frustración

 


Ahora eres tú quien te debes mirar a ti misma, si puedes y lo logras. ¿A cuántos hechizaste y destruiste con tus ojos homicidas?  Sé víctima de tu frustración para que comprendas, impelida por un instante de pavor que precede a tu muerte, lo que otros sintieron cuando los petrificabas. 

Di. ¿Qué experimentas en este instante letal en que la harpé del héroe venga a los desdichados? ¿Qué sensaciones te acometen cuando ni siquiera tienes un tiempo de redención? ¿Cuánto te aflige saber que ya no habrá pensamiento ni anhelo ni goce como los que tu turbia condición hicieron presa en ti? ¿Cómo interpretar el espanto que tu rostro sangra? Lacerada por la separación y la pérdida del resto del cuerpo los cabellos se te rebelan generando coléricas culebras. ¿Es el movimiento reptante e inquieto de la maraña ensortijada lo que te asusta? ¿Temes que tu antiguo rostro soberbio sea carcomido por las mensajeras del fin de tus días? ¿O es la memoria de tus actos funestos que no te perdona? De nada te vale ya el temor imprevisto al héroe que llegó para vengar a cuantos convertiste en roca. Su espada ha sido fatal, pero no menos que la mirada de acero con que sentenciabas a los más débiles. 

Pero yo te comprendo. Comprendo que también tú, única mortal entre tus hermanas, pagaras un precio por tu belleza. Comprendo que la frescura y el color de tus cabellos, tan exuberantes y altivos, desatasen los celos de la omnipotente diosa. Los dioses son coléricos y se muestran a veces tan mortales como los humanos. Ni siquiera ellos pueden admitir que un mortal posea tanta sabiduría o belleza o capacidad amatoria como las suyas. No admiten competidores, ni juegos entre humanos y dioses si no les son favorables, ni enseñanzas que les cuestionen dejándoles en entredicho si no en ridículo. Nunca estaré de acuerdo con que la diosa ejecutara tu condena haciendo de tu cabellera un nido de reptantes. Si antes otro dios soberano y oceánico te violó, como cuentan algunos, o al que te entregaste condescendiente y apasionada, como dicen otros, desatando bien tu propia ira, bien la ira de la diosa, también puedo entender tu posterior reacción. Pero, ¿por qué han pagado cuantos seducidos te han mirado con fijeza, atraídos por tu hermosura y por tus ojos indescifrables, tu afán vengativo? 

Volverás a habitar el inframundo, demediada eternamente y trastocado tu rostro en la imagen del horror que te produces tú misma. Yo siempre evité contemplarte de frente y ahora la sigo evitando porque el rostro del espanto también mata. Y no hay égida donde te reflejes que me dé total seguridad.  




* Medusa, por Michelangelo Merisi da Caravaggio.

martes, 26 de julio de 2022

Kafka está en todas partes, pregúntenselo si no a Sebastian Haffner

 


Si alguna vez había leído el cuento de Kafka Ante la ley no había visto en él más que una de las críticas que con claridad o veladamente hace el escritor de Praga al funcionamiento rígido de las sociedades, a la esclerosis de la administración y a sus sistemas de control y anulación del individuo. Pero repasando un tema espinoso de la historia contemporánea, el fracaso de la revolución alemana de 1918/1919 y el desarrollo de la República de Weimar hacia el abismo, me he topado con los estupendos textos de que el berlinés Sebastian Haffner -Alemania: Jekyll y Hyde. 1939, el nazismo visto desde dentro o el espléndido Historia de un alemán, además de La revolución alemana de 1918/1919- hace gala por su conocimiento sobre aquellos períodos turbios y turbulentos, antes de su exilio en 1938.

Es precisamente en su obra La revolución alemana de 1918/1919 donde el prólogo nos ofrece una interpretación peculiar del escrito de Kafka, que acaso no tiene que ver con la intención del checo, pero que Haffner saca su jugo adaptado a las circunstancias. Adjunto lo que Haffner escribe:


"Franz Kafka en su relato Vor dem Gesetz (Ante la ley) narra la historia de un hombre que solicita entrar a un implacable guardián y que pasa toda su vida esperando ante la puerta, siendo rechazado una y otra vez, pero sin perder la esperanza, intentando vanamente persuadirlo. Finalmente, en la hora de su muerte, el guardián le grita al oído que ya va perdiendo: Esta entrada estaba especialmente reservada para ti. Ahora me voy y la cierro.

La historia del Imperio (Reich) y de la socialdemocracia alemanes recuerda este relato kafkiano. Al surgir casi simultáneamente parecían estar hechos el uno para la otra: Bismarck trazó un marco estatal en el que podría desarrollarse la socialdemocracia y esta esperaba que algún día podría dotarlo de un verdadero contenido político de forma duradera. Si lo hubiese logrado, tal vez existiría hoy el Reich alemán.

Pero ya sabemos que no lo consiguió. El Reich cayó en las manos equivocadas y se hundió. La socialdemocracia, que desde el primer momento se sintió llamada a dirigirlo y que quizá hubiese podido salvarlo, nunca reunió en los 74 años de existencia del Imperio ni el valor ni el vigor suficientes para hacerse con él. Como el personaje del relato de Kafka, la socialdemocracia se había instalado cómodamente ante la puerta. Y también a ella la Historia le podía haber gritado al oído en 1945: Esta entrada estaba especialmente reservada para ti. Ahora me voy y la cierro

Pero al contrario que en la historia de Kafka, en esta hay un instante dramático en el que todo parece cambiar. En 1918, ante la derrota inminente, los guardianes del Reich abrieron a los propios dirigentes socialistas la puerta de entrada, cerrada durante tantos años, y los dejaron pasar voluntariamente a las antecámaras del poder, no sin segundas intenciones; y entonces las masas socialdemócratas se precipitaron hacia el interior, empujando a sus dirigentes y arrastrándoles hacia la última puerta, hasta el mismo poder. Tras medio siglo de espera, parecía que por fin la socialdemocracia alemana había alcanzado su objetivo.

Y entonces sucedió algo increíble. Sus líderes, que habían alcanzado a regañadientes el trono vacante conquistado por las masas socialdemócratas, movilizaron inmediatamente a los antiguos guardias de palacio, ahora sin señor, y mandaron echar de nuevo a sus seguidores. Un año después, los mismos líderes volvían a encontrarse fuera, ante la cerrada puerta, y para siempre.

La Revolución alemana de 1918 fue una revolución socialdemócrata sofocada por los dirigentes socialdemócratas: un suceso sin par en la Historia".


Esto lo escribió Sebastian Haffner en Berlín en enero de 1979. Se puede discutir lo que interpreta desde el punto de vista de la historia, pero no el uso metafórico de un texto de Kafka, que demuestra que Franz está por todas partes.





domingo, 24 de julio de 2022

Ante la ley. Cuento de Franz Kafka

 


Ante la ley 

Franz Kafka 




Ante las puertas de la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. 

El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar. 

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora. 

La puerta que da a la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice: 

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera. 

El campesino no había previsto estas dificultades; la ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta. 

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice: 

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo. 

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino. 

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable. 

-Todos se esfuerzan por llegar a la ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar? 

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora: 

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla. 





* Óleo de José Hernández.






viernes, 22 de julio de 2022

Gravedad

 


¿Será ya esto la muerte, Karl? Pesa la vida presenciando pérdidas. Los días son onerosos cuando tienes la sensación de que los caminos se cierran. Pero ¿acaso podíamos elegir? No quisimos pasar por la puerta cuando podríamos haberlo hecho. Y cuando intentamos optar ya no se nos permitía acertar. ¿Qué cuenta el individuo ante la oleada de un tiempo que conduce a la masa hacia un mundo donde habita la sinrazón? Karl me decía que siempre hay que invocar la resistencia personal. Aunque dé la impresión de que es inservible. A pesar de que no sea reconocida por otros, sino más bien denigrada. Todos han elegido seguir como ciegos al hombre providencial. ¿Por qué la gente no despierta y deja de creer en la patraña de una providencia que no es tal? Encerrada en mi visión pesimista de la vida sé que no gusto a nadie. Te gustas a ti misma, no es poco, me decía Karl. Mis conciudadanos se entregaron hace tiempo como autómatas a las falsas promesas. Se confundieron de Prometeo y respaldaron uno que, lejos de romper sus cadenas sujetó sus vidas con dobles eslabones. ¿Tanto pueden influir las palabras que se venden como bellas y que miman los oídos de los que no saben o no quieren distinguir? Palabras que no valdrían más de no ser porque están respaldadas por fuerzas siniestras, la mano dura, el control social. ¿Será ya esto el perecer, Karl? Aún tengo que escuchar con frecuencia, a pesar de cuanto está sucediendo, que él o ellos, y lo dicen con entonación de letras mayúsculas, nos lo han dado todo. Si yo les replico que somos nosotros, cada paisano, cada alma, quienes hemos dado hasta el sacrificio vacilan, pero no acaban de reconocerlo. Pesa sobremanera la tozudez insana y despersonalizada de quienes se niegan a la vida. Grava la obscena ambición sobre nuestras cabezas. ¿Cómo acabaremos?



* Autorretrato de Käthe Kollwitz

miércoles, 20 de julio de 2022

En reconocimiento a José Antonio González, barrendero muerto al pie de una tarde de más de 40 grados

 


Un barrendero que cae muerto en pleno trabajo en una tarde de plomo  de cuarenta y pico grados ¿qué es? ¿Un héroe o un antihéroe? ¿En qué nómina de reconocimiento se inscriben los albañiles que mueren en una obra, los conductores profesionales que se estrellan, los brigadistas apagando un incendio o los barrenderos limpiando las calles? Por citar casos recientes. Siempre me ha ha hecho gracia aquella expresión: muerto en acto de servicio, que se aplicaba a  ciertos sectores de actividad pública en señal de reconocimiento formal. ¿Se aplica acaso a alguno de los anónimos caídos por la actividad cotidiana que beneficia a toda la sociedad? No lo sé. Pienso que el mejor reconocimiento es corregir lo que está mal. Los horarios, los medios de trabajo, la percepción salarial, la organización laboral, en definitiva. José Antonio González, sesenta años, caía muerto por un golpe de calor limpiando las calles. Otros, y pienso con especial ironía en autoridades y beneficiarios de la plusvalía generada por un empleado, estarían tan ricamente a la misma hora refrescándose en sus piscinas particulares. Ya digo: ironías de la historia cotidiana, la de los muertos anónimos en verdadero acto de servicio.



(Fotografía tomada de internet)

domingo, 17 de julio de 2022

Curiosidad

 





Ogni pensiero vola
(Cada pensamiento vuela)

Inscripción en la boca de Orco, Sacro Bosco de Bomarzo.


Acaso de haber conocido el florentino esta boca del Orco hubiera aplicado también a ella: perded toda esperanza los que aquí entráis. Pero aún faltaban tres siglos para que uno de los principales de los Orsini levantara su laberinto fantástico. Y las ideas habían evolucionado mucho en ese tiempo transcurrido. De ahí ese lema que hoy figura como recepción: Cada pensamiento vuela

Vuela la manera de pensar de cada época, pero también la asunción de pensar por parte del individuo. A pensamiento efímero, pensamiento nuevo. A cada pensamiento intrascendente, pensamiento consolidado. A pensamiento vencido, pensamiento conquistado. Son voces que resuenan en el interior de la arquitectura del hombre devenido en morada infernal. 

Una morada que es de este mundo. ¿Qué otra cosa son los infiernos sino las aflicciones, los desatinos y las pérdidas? Si algo te aflige, cierra la herida. Si persistes en el error, revisa sus causas. Si duelen las pérdidas y las carencias, compadécete a ti mismo por no comprender los límites de la naturaleza humana

Descenso a la intimidad. Solo los espíritus débiles pueden sentir temor o rechazo ante un retrato en piedra. Parece oírse una voz ajena que se acerca. No soy yo quien engullo, sino la curiosidad que los mortales sienten. No soy un desmesurado rostro, soy una estancia de paso. Quien advierta pavor pero no manifieste asombro se pierde lo interesante que hay detrás

Retrato en piedra de la entrada a las tinieblas. Pero la oscuridad no es un fin sino solamente un trayecto a través del cual buscamos a trancas y barrancas la luz. No temáis las entrañas tenebrosas, porque no son vuestro destino. No os rindáis a las pruebas que encontréis ahí dentro. No os dobleguéis ante los seres monstruosos que aparezcan, pues no pueden ser la excusa para el abandono. No cedáis a las propuestas tentadoras, pues os desviarán de vuestro propio objetivo de purificación

El rostro de la boca del Orco simula la fealdad. Como la que cada uno de nosotros lleva pegada a su piel. Porque, ¿acaso hay mayor fealdad que la ignorancia? Traspasa las fauces del monstruo. Es el horror de no entender nada lo que debe darte miedo. Es tu mente obnubilada por la persecución de bienes la que te priva del bien de la belleza interior. Es la oportunidad que se te brinda de ser curioso la que te redime del desasosiego que causan las turbulencias. Orco te habla. Variedad de voces. Tú debes responderte a ti mismo.




*Boca de Orcus en el Sacro Bosco de Bomarzo. Fotografía de Herbert List.