"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





lunes, 26 de octubre de 2020

De Halaf a Baltasar Lobo y Henry Moore: la naturaleza, la mujer, la madre, la diosa

 


Cultura Halaf. Norte de Mesopotamia y Siria. 6.000-5100 a.e.c. 



Baltasar Lobo. Zamora 1910-París 1993





Henry Moore. Castleford 1898-Perry Green 1993


Contemplando unas imágenes escultóricas que se me antojan que guardan cierta analogía, me extasío. Una escultura milenaria y dos del siglo XX. ¿Hay alguna de ellas más antigua que otra en intención? Se dirá que lo más antiguo es lo primero, o viceversa. Pero cuando las similitudes de formas nos hablan como si no hubiera pasado el tiempo, ¿qué decir?

De diosa de la fertilidad y de la maternidad, se calificará a la mujer del Próximo Oriente. ¿Cómo definir las esculturas de Lobo y de Moore? ¿Solo como naturaleza fecunda? ¿Solo como madres? ¿Solo como mujeres? ¿Habrán perdido ya su calidad de diosas? Tal vez sea cierto que lo que la humanidad ha venido llamando divino no es otra cosa más que una proyección de los límites humanos. Una necesidad de imaginar seres y mundos con una superioridad que antiguamente les estaba vedada o limitada a los hombres para hacer frente a los grandes desafíos de la naturaleza y de la vida. Los humanos han querido siempre interpretar el mundo y la vida no solo con el conocimiento limitado del que han dispuesto sino con su capacidad imaginativa tras la que se resguardaba el anhelo de ser más de lo que eran. Con el conocimiento práctico han transformado sus modos de vida día a día arduamente, pero también exitosamente. Con su imaginación han pretendido conjurar los miedos, el poder acechante y violento del entorno, incluido el desarrollado por otros humanos, las privaciones, las inseguridades, los desafíos, las dificultades. Y parte de esa especie de conjura construida a base de mitos, donde una parte de las realidades padecidas se mezclaban con las desvirtuadas al ser narradas y con las soñadas, se pobló también de admiración y reconocimiento. ¿No son las diosas más primitivas una exaltación, tal vez humilde pero próxima, donde se identificaba lo que daba la tierra y lo que daba la mujer? 

Leo en el espléndido e imprescindible libro "El mito de la diosa. Evolución de una imagen", de Anne Baring y Jules Cashford lo siguiente: 

"Nos sorprendió descubrir hasta qué punto nuestra religión o mitología (según el punto de vista) judía y cristiana había heredado las imágenes paradigmáticas de la mitología babilónica, en particular la oposición entre el espíritu creativo y la naturaleza caótica, además del hábito de construir nuestro pensamiento a partir de términos opuestos, en general. Sin ir más lejos, encontramos estos esquemas  en la creencia generalizada  de que el mundo espiritual y el físico pertenecen a especies diferentes; dicha creencia, asumida de forma irreflexiva, separa la mente de la materia, el alma del cuerpo, el pensamiento del sentimiento, el intelecto de la intuición y la razón del instinto. Si, además, el polo 'espiritual' de estas categorías duales se valora más que el polo 'físico', ambos términos caen en una oposición tal que es casi imposible volverlos a reunir sin antes disolverlos"

La escultura de la impresionante y expresiva cultura Halaf es muy anterior en milenios a la cultura babilónica más evolucionada a la que hacen referencia las autoras del libro. ¿Tenían entonces generada esa dualidad enfrentada? ¿Se nutrían intelectualmente de la disociación realmente inexistente? ¿Se confundían en un despliegue contradictorio de lo que llevaban dentro de sí? ¿Por qué se generó en un momento dado esa división interpretativa? ¿Producto y artimaña exigido por los mitos? ¿Sobredimensión de estos por mor de una determinadas castas que empezaban a cundir en base a las magias y creencias religiosas que dividían a los humanos y alimentaban la división humana? 

Me llama la atención que habiendo una separación de miles de años desde Halaf a la mentalidad moderna de un Moore o un Lobo, todos los artistas compartan una coincidencia formal. ¿Será esa elaboración de las formas lo que dota de unidad al individuo, en este caso encarnado en la mujer? Veo en las obras de los autores del siglo XX una síntesis de los procesos mentales más antiguos plasmados en arte. Solo vinculando sentidos, traspasando el tiempo, lo unifico también dentro de mí. Yo soy hijo de la antigüedad más primitiva. Soy descendiente de todas las antigüedades que encarnadas en diferentes culturas, calificadas por los historiadores del arte y por los antropólogos, han seguido reproduciendo simbólicamente los poderes de la encarnación humana. ¿Soy solo eso? Digamos que sobre todo me siento. Por eso comprendo y me embargan las mujeres de Lobo, de Moore y de muchos otros artífices seculares cuya obra representa lo más esencial en la vida: el ámbito -tierra o mujer- donde se genera la existencia en la Tierra.




* Entrada dedicada a mi prima Carmen, dedicada a enseñar durante décadas a sus alumnos Historia del Arte, a la que he tenido siempre como polemista curiosa sobre este tipo de temas.


sábado, 24 de octubre de 2020

Los curiosos de las curiosas

 


¿Has visto cómo Rika y su amiga se esconden para ver a los hombres?, dice Koichi a su compañero Ryo cuando pasan por la senda que lleva a la aldea. Son unas curiosas de tomo y lomo, pero no lo hacen mal. Donde se colocan no las ve nadie, aunque resulta que esta vez las hemos cazado. Vamos a darlas un susto. No, déjalas, sujeta Ryo al otro. Que vayan aprendiendo. ¿No dicen que la base de todo conocimiento es mirar? Si miran llegarán a ver. Si ven, distinguirán y entonces estarán capacitadas para elegir. ¿No nos ha sucedido a nosotros lo mismo? Koichi, al que le hace gracia el argumento de su amigo, se retrae. Tienes razón. Ha sido la mirada la que nos ha despertado a todos. Y nunca es tarde para diferenciar los paisajes y medir las distancias. Total, ellas no se van a ir a ninguna parte y puede que algún día nos busquen a nosotros. Koichi y Ryo, recaderos del almacén del viejo señor Masaoka aceleran el paso. No saben si porque les están esperando con urgencia en la tienda o porque no quieren sucumbir a la tentación.


Sobre las curiosas escribe Chitón en este enlace:

https://ehchiton.blogspot.com/2020/10/las-mironas.html


Grabado de Katsushika Hokusai


miércoles, 21 de octubre de 2020

Recordando a Samuel Paty, enseñante de Historia, víctima del fanatismo

 



La libertad de expresión siempre tuvo sus riesgos. Pensábamos que en la enseñanza un profesor que informara de la Historia a sus alumnos o expusiera criterios sobre las manifestaciones contrarias a la razón estaba a salvo. Pero los fanáticos -y las religiones han sido secularmente el medio ambiente donde el patógeno llamado intolerancia se cría- están ahí y no cesan en su violencia. Los del dogma islámico se han crecido dentro de la sociedad francesa. La penetración en la escuela es uno de los caminos para avanzar en la implantación de sus creencias. Buceando en las arenas movedizas de las redes sociales promueven el enfrentamiento con la sociedad laica y constitucional. Aprovechando precisamente los amplios márgenes que una democracia concede. Samuel Paty fue degollado por un joven a cuyo doctrinarismo parece ser que no es ajena parte de su familia y de la autoridad musulmana más cercana.

Siempre corrieron riesgos:

Los que indagaban en el universo y en la vida y difundían el conocimiento.

Los que promovían el análisis de los hechos históricos.

Los que generaban información y metodología crítica.

Los que alentaban el uso de la Razón y una comprensión abierta de los fenómenos del mundo.

Los que adoptaban y defendían actitudes éticas del libre pensamiento frente a los dogmas, el silencio o la pasividad. 

Los que procuraban el bien colectivo y pugnaban por alcanzar, utópicos ellos, tal vez, una sociedad equilibrada y que facilitara satisfacción a las necesidades de todos los hombres.

Etcétera.

No pensemos que el fanatismo es solo propiedad de las corrientes islamistas más viscerales. En España lo hemos vivido de manera virulenta de mano del dogma nacionalista vasco y lo vemos agitándose en otras aguas nacionalistas, no solo periféricas como la catalana, sino en el nacionalismo extremista español. A veces son pequeños detalles, aunque simbólicos y expresivos. El Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, destruyendo hace unos días lápidas de personajes públicos demócratas de la historia del siglo XX. Cuando un organismo público decide tomar una decisión de esa clase es más preocupante.  Mañana, ¿qué se les  puede ocurrir? Esto viene a propósito de un artículo que he leído del reconocido historiador Ángel Viñas en su blog. Me ha proporcionado información y reflexión. Y una conclusión: ¿Quiénes son los que tratan de volver al pasado?

https://www.angelvinas.es/?p=2308



sábado, 17 de octubre de 2020

La caída de los cuerpos

 


Sueño que mi cuerpo caía sobre sí mismo, y que en la caída reproducía otro cuerpo idéntico. Yo lo contemplaba. Él contemplaba el mío. Su identidad de volúmenes, sus rasgos curvilíneos exactos, el juego de sombras análogo que trazaban al revolverse en el espacio los confundía. Ninguno de ambos cuerpos sabía quién era el anterior. Se abigarraban en la noción de correspondencia, sin que se sintieran afectados por ese sentido de propiedad innato que poseen todos los cuerpos terrestres. Al atraerse y rechazarse, pues en aquel espacio no había gravedad sino flujo móvil en todas las direcciones, los cuerpos se rozaban tratando de evitarse, pero un golpe de azar los empujó a una colisión apenas perceptible. De ella se generó un tercer cuerpo, al principio impreciso, más tarde equivalente a los que estaban formados. El movimiento imparable, aliado con las dimensiones de los cuerpos, borraba  cualquier origen y no daba lugar a que entre ellos se estableciera ninguna clase de diferencias. Somos cuerpos singulares, no moléculas, dijeron los tres al unísono con la alegría cantarina que proporciona la juventud y la belleza de los cuerpos. Pero escucharon una voz cavernosa, de ubicación indescifrable. Sois producto de la suma que nosotras contabilizamos. Vuestro baile en el vacío es el que hemos propiciado. Del mismo modo que hoy sois cuerpos podéis dejar de serlo si nos place. Si nosotras nos descomponemos volveréis a ser no ya invisibles sino inexistentes de nuevo. Pero la jactancia tan propia de la jovialidad de los cuerpos recién encarnados suele despreciar las palabras que no quieren ser oídas. Y se rebelan contra el ordenamiento de los espacios. Y desafían la imprecisión de los tiempos. Nuestro destino perseverante va a ser deambular por el ámbito de una eterna juventud, clamaron con musicalidad aquellos cuerpos flotantes e inefables. He soñado que soy tres cuerpos que se garantizaban el relevo entre sí. Tres cuerpos sin edad, sin desgaste, sin carencias, sin necesidades. Insólitos y confiados. Al despertar, encogido y tenso por los movimientos convulsos de la noche, traté de palpar mi cuerpo ordinario. Pero no lo encontré.


Fotografía de Pierre Boucher

miércoles, 14 de octubre de 2020

Sucia ciudad vieja. Un cuento y dos interpretaciones: Ewan MacColl & Peggy Seeger y The Pogues




Oh, Bill, dime que sigues echando de menos tu viejo barrio. Ellie se lo decía mientras acariciaba un vaso de Bourbon. Bill tecleó su barba, miró a la mujer del pasado con ojos tristes. Echo de menos lo bien que vivimos en aquella parte de la ciudad, dentro de lo poco que tuvimos. Y aunque nos pareciera sucia no estaba abandonada, había vecinos por todas partes y cuando alguno necesitaba ayuda todos nos partíamos el pecho por socorrerle. Me emociona recordar la energía que se apoderaba de nosotros y que despilfarrábamos como solo los jóvenes pueden hacerlo. Después, ya sabes, tener el oficio de estibador cuando aún no habían llegado los tiempos de que la maquinaria supliera nuestro esfuerzo agota mucho. ¿Me dejaste porque no sabía satisfacerte? Ellie lo miró piadosa, como sabe hacerlo una mujer sabia. ¿Todavía piensas...? Oh, no Bill, siempre me satisfacías, o mejor dicho, siempre tenía satisfacción contigo, que eso de esperar todo del otro siempre me pareció un absurdo. Bill rio. Aún podría..., dijo. ¿Qué, intentarlo?, saltó ella. Con el recuerdo de aquel tiempo tengo bastante para procurarme mis fantasías solitarias. ¿Sabes?, terció Bill. Creo que nunca he superado del todo que me abandonases, y sería ridículo si pensara que aquello se debió a una cuestión de cama. No, evidentemente no fue cosa de cama, y Ellie hizo una mueca, fue como siempre es y les pasa a todos, aunque algunos no lo admitan. Bill se levantó y echó una moneda en una gramola superviviente de otra época. Pesa mucho la setentena avanzada que vamos copando, ¿verdad?, dijo. Solo la música alivia la tortura de pensar en lo que hemos perdido. Era un barrio sucio pero entrañable, nos llevábamos bien con todos, y Ellie expulsó una bocanada del cigarrillo. Pero ¿qué podíamos esperar? La ciudad se degrada y es una tentación para los que quieren negociar con ella. Como nuestros cuerpos. Tú engordaste de tanta cerveza y hastío, y te ajaste más de mente que de cuerpo. Entiendo que era jodido ser descargador en muelles y a la vez un sindicalista que se daba de cabezazos con todo. Te dolieron mucho los fracasos, será por eso que engordaste, una reacción que los utópicos como tú recogen. Bill asintió con tristeza. Tú tuviste mejor suerte de cajera en el market, al menos tu cuerpo ha seguido siendo fino, piropeó a la mujer. ¿Sabes, Bill? No sé por qué hoy nos estamos viendo aquí, y que conste que me gusta. Ya sé que hablando recuperamos algo de la compasión que habíamos perdido cuando llegaron los malos tiempos. Bill sacó de muy dentro de sí una voz turbia. Solo te he citado para que escuchemos aquella otra música. Si nos encontramos en ella habrá merecido la pena. Ellie alzó el vaso y él juntó los labios y se los ofreció a distancia.




 

La letra de la canción Sucia ciudad vieja:


Conocí a mi amor en la pared de la fábrica de gas

Soñé un sueño junto al viejo canal
Besé a mi chica junto a la pared de la fábrica
Sucia ciudad vieja
Sucia ciudad vieja

Las nubes se deslizan por la luna.
Los gatos merodean a su ritmo
La primavera es una chica de las calles por la noche.
Sucia ciudad vieja
Sucia ciudad vieja

Escuché una sirena de los muelles
Vi un tren incendiar la noche.
Olí la primavera en el viento humeante.
Sucia ciudad vieja
Sucia ciudad vieja

Voy a hacerme con un buen hacha afilada
Acero brillante templado al fuego
Te derribaré como a un viejo árbol muerto.
Sucia ciudad vieja
Sucia ciudad vieja

Conocí a mi amor en la pared de la fábrica de gas
Soñé un sueño junto al viejo canal
Besé a mi chica  junto a la pared de la fábrica
Sucia ciudad vieja
Sucia ciudad vieja

Sucia ciudad vieja
Sucia ciudad vieja











lunes, 12 de octubre de 2020

El samurái de Hokusai y el artista

 



Al cruzarse el samurái y su pequeño pero aguerrido séquito con el joven pintor de los caminos se detuvieron. ¿Sabes quién soy?, preguntó aquel. El aspecto fiero del jefe no pareció inquietar al joven. Un señor de la guerra pero también de la paz. Un señor de lealtad al shogun pero también un amante del arte, contestó con tono sumiso Fumiyo. Déjate de lisonjas, se impuso el guerrero. ¿Cómo sabes que amo la belleza de la pintura? El artista no vaciló. Señor, si no te interesara la belleza no te habrías parado a ver mi trabajo. Hubieras pasado de largo a todo galope para impresionar a los aldeanos. El samurái rio. ¿Y si no hubiéramos parado y te hubiésemos cegado con la polvareda? Te reconocería igualmente como poderoso y me habría doblado a tu paso, pero me habrías proporcionado la satisfacción de poder dibujaros en la galopada y con polvareda. Eres listo, joven artista, dijo el guerrero. Tengo prisa y debo llegar a Edo lo antes posible. Pero ganas me dan de llevarte con nosotros. En la corte tendrás oportunidad de que tu arte prospere y seas conocido. El joven se sintió tentado. Señor, cuenta con mi agradecimiento, pero entre la ruta y la corte hay un tiempo y un espacio donde mi pintura puede crecer. ¿No crees que los más humildes también se merecen que se sepa de su vida? El samurái alzó la mano para indicar a su cortejo la reanudación de la marcha. Eres agudo y sabes lo que quieres, contestó al muchacho. Prosigue lo que te indique el instinto, aguza la mirada y haz lo que debas. Tal vez nos volvamos a encontrar.  


En Chitón hay una historia relacionada.

https://ehchiton.blogspot.com/2020/10/pintar-los-oficios.html



Dibujo de Katsushika Hokusai


viernes, 9 de octubre de 2020

Orson Welles, el gigante

 



Aquella mañana bajé a desayunar al habitual café del Boulevard Saint-Michel, pues yo vivía entonces en una pensión de la Rue Saint-Severin, que queda al lado, y como cada jornada compré el diario en el quiosco de Jean-Pierre, hombre afable y diligente. Jean-Pierre Duclós había sido un antiguo boxeador de savate, ese boxeo francés en el que se usan puños y pies, ejercicio de cuyas competiciones había salido algo tocado del ala, no tanto por el esfuerzo en sí como porque se sentía un fracasado. Creo que me equivoqué de arte, me dijo una vez, pero se me pasó el tiempo de intentar otro. Jean-Pierre había engordado y prefería la tranquilidad de su oficio y las tertulias vespertinas. ¿Se ha enterado?, me dijo cuando le compré el Libé. Se ha muerto un monstruo del cine. Me quedé de piedra al contemplar la portada. El periódico lo calificaba de gigante, que es diferente a monstruo, pero que en nuestro acervo actual suele ser análogo para determinadas actitudes a reconocer y ensalzar. He visto todas sus películas, siguió comentando Jean-Pierre. Yo también, le repliqué, aunque en ambos casos era una manera de generalizar. ¿Te quedas con alguna de sus películas en especial?, le pregunté. Con la titulada Toque del diablo, pero que conste que todas me han gustado. Ya sé que la célebre por excelencia, la más citada, Ciudadano Kane, es una catedral del arte de la pantalla. De arte, de historia, de conductas humanas, de ideología, incluso, precisé yo. Y Pierre: sí, todo eso, pero las tramas oscuras con personajes oscuros me apasionan, y encima ese comienzo vertiginoso que hay en Toque del diablo, con la música perturbadora de Henry Mancini in crescendo coloca al espectador desde el minuto uno. Pobre del que entre tarde a la sesión, perderse el comienzo es quedarse sin una buena sustancia de la película. Añada el personaje grueso y enérgico que recrea Welles en un film  en blanco y negro y el arte está servido.  Me asombraba lo puesto que estaba Jean-Pierre en materia cinematográfica, así que aquella mañana nos sentíamos ambos con el sentimiento gravemente herido. De esto de morirse la gente importante del mundo lo vamos a ver cada vez más, dijo consolándose. Naturalmente también de los no tan importantes. La portada del Libé me parece de lo más acertada, un homenaje, dijo al despedirme. Cuando horas más tarde me encontré con el arqueólogo bagdadí al que había conocido unos días antes, y que daba un curso en Nanterre, le comenté el fallecimiento de Welles. Brindamos por el cineasta con un rico e intenso Calvados. Luego me confesó con su chapurreo de francés: He visto pocas películas de ese director, pero aprovecharé París para ponerme más al día en alguna cinemateca. Un tema lleva a otro dentro del laberinto de nuestros pensamientos. Y ahora recuerdo al entrañable y abierto amigo mesopotámico, de nariz deformada por el viento del desierto, con el que hablé de lo divino y lo humano con una libertad, una curiosidad y un ansia de saber que no he superado. Entonces yo era joven. Pero ese es otro capítulo.

A veces ciertas fechas desatan episodios del pasado. He sacado del cajón de los recuerdos de casa la portada del Libération del día siguiente a la muerte del gigante. Justo cuando mañana se cumplen treinta y cinco años. Ah, a la película favorita de Jean-Pierre Duclós se la conoce en España como Sed de mal


 

miércoles, 7 de octubre de 2020

El dibujante y el pastor

 


Iba yo camino de la capital de la corte cuando hice un alto en un paraje insólito. La presencia omnipresente de la montaña única. Los ríos generosos. Las tierras fecundas. La presencia bienhechora de las modestas aldeas. La algarabía de los niños que me rodeaban cuando vieron que sacaba mis útiles de dibujo. Los campesinos en sus labores sin asueto. Aquellas adolescentes que reían y me hacían guiños. Y el pastor risueño que parecía consolarse de su tarea ejercitando coloquios con la imaginación. ¿Para quién declamaba hermosas palabras? La visión de las grullas en aquel territorio pantanoso me pareció digno no solo de contemplación sino también de poner a prueba mi habilidad de aprendiz. Un buen dibujante es aquel que primero hace trazos con la mirada, me había dicho el viejo Nobukata que orientó mis primeros esbozos. El pastor se interesó por lo que yo me disponía a hacer. Envidio su oficio, me dijo. El mío se repite todos los días, aunque procuro entretenerme con la ayuda de las palabras que se me ocurren. Entonces me contó cómo escribía mensajes y poesías para quien se lo solicitase, sin cobrar por ello. Es el acicate que uno tiene, afirmó. Yo le comenté que además, o sobre todo, era un don, y que hacía bien en abrir su corazón y su mente para interpretar lo que otras personas deseaban. Se sintió halagado y fue cuando me obsequió con un poema para que se lo hiciera llegar a mi amada. Como yo le aclarase que la mujer de mi vida anterior había quedado en un lugar a donde no regresaría jamás él fue contundente. Guárdalo de todos modos. Nunca se sabe si volverás a buscarla o acaso te sea útil para la mujer que el nuevo camino te depare. Un poema sentido tiene vida propia y sabe, como cualquier hombre, adaptarse a las circunstancias. Me pareció razonable su argumento. Luego callé y empecé a dibujar la realeza de aquellas grullas y el despliegue de su vuelo sutil.


En Chitón se cuenta la historia del pastor y hacedor de poemas Mori que escribía para quien se lo pidiera:

https://ehchiton.blogspot.com/2020/10/el-hacedor-de-poemas.html



(Pintura de Katsushika Hokusai)


sábado, 3 de octubre de 2020

Algunas cosas que leo hoy y que me levantan el ánimo

 


"...Echarse a un lado, resistir, seguir escribiendo (o componiendo, o dibujando, o fotografiando, o bailando), con la mirada puesta no en el centro marcado por la actualidad inmediata, no en aquello de lo que todo el mundo habla, sino en ese otro lugar infinitamente más atrayente y sugestivo: ese es el reto. ¿Hace falta para ello concentración? Hace falta seguir creyendo en lo que se creía". Escritora Sara Mesa, coincidiendo con lo que yo mismo pienso que hay que hacer para no ser devorado por la presión mediática acerca del coronavirus. O por las angustias más o menos gratuitas, o por el complejo de desamparo, o por el hastío que causan ciertos malos gestores públicos, o por la confusión de muchos individuos que no saben hacer frente a la situación. ¿Dónde se encuentra ese lugar más atrayente y sugestivo? Mira hacia adentro, me digo a mí mismo, en el fondo si antes soñabas, si antes imaginabas, si antes hacías nada ha cambiado. Permaneces incólume. El artículo de fondo de Sara Mesa viene en El País de hoy.




“La escuela es el corazón del espacio de la laicidad, el lugar donde forjamos las conciencias para que los niños se conviertan en ciudadanos libres y racionales para determinar su vida...La República resistirá en la escuela.” Emmanuel Macron en una localidad cercana a París. Viene a cuenta de lo que él llama enfrentarse al separatismo islamista, esa labor de zapa de la ideología islamista para no cumplir con las leyes de un Estado constitucionalmente laico. Siempre he pensado que si la derecha española tuviera una pizca de claridad y creencia democráticas de la que tiene la francesa, no obstante los claroscuros en esta, otro gallo cantaría en Iberia. Me admiro de cómo suena contundente y acendrada la frase: La República resistirá en la escuela...¿Podríamos decir aquí algo parecido que reivindicara con su carta de naturaleza la defensa de un Estado civil y laico?





"Si no existieran
ni el 'ay' ni el suspiro
¿con qué  cuerdas
se sujetarían 
las locuras del querer?"

Me viene esta imagen. Un columpio, la energía reservada que se pone en movimiento, el cuerpo oscilante adelante y atrás, el impulso que se desencadena veloz, la pérdida precipitada de la consciencia, el ritmo vertiginoso que enajena y libra de lo que eres para ser lo que no preveías. Locuras sujetas por las emociones, donde un suspiro o un ay apenas eran puntas de iceberg, sujetando lo efímero. Sin el ay ni el suspiro solo quedaría decir con Luis Cernuda en Ocnos: Una vez más guardabas tu emoción para ti; ¿para quién otro, que no seas tú, puede tener valor una emoción tuya? 

Este poema de autor desconocido está recogido en el Kokinshu, una colección de poemas japoneses del siglo X, y me ha parecido divertido y más hondo de lo que aparenta. El lector se queda pensativo, rascándose las barbas. ¿Dónde quedan aquellas cuerdas que sujetaban el columpio de tamañas locuras?




Colofón de sábado. Todo lo que lee es relativo, cuanto escribe a la carrera resulta de paso, la reflexión apenas es un fogonazo, pero de la mezcla de todo ese ejercicio queda algo que alivia las horas, que da un sentido íntimo que solo él puede percibir, que si bien no es un cheque en blanco para tener esperanzas sí que es un avituallamiento para la supervivencia cotidiana, porque sabe, cuanto mayor es, que vivir es habitar el día a día cada vez más dentro de sí mismo, no dejando que su morada sea pasto de invasores sutiles, desarrollando el olfato para los aromas apetecibles, expulsando las ridículas tentaciones que quisieran hurtarle lo más sacro que es la disponibilidad de su tiempo, y en este espacio no medible encuentra el valor de las pequeñas satisfacciones, las que solo las sensaciones y las emociones, provenientes ordinariamente de la imaginación y de la fantasía, le garantizan tener la relativa certeza de que ha vivido.


 
  

viernes, 2 de octubre de 2020

Noticia de penúltima hora sobre el contagio por covid de un ilustre

 



Oigan, que la noticia no la doy yo, más bien me desayuno con ella y, aunque no me da ni frío ni calor, me produce uno más de mis pensamientos fugaces, como casi todos los míos, y así que lo único que se me ocurre es aquello de por la boca muere el pez, ejemplo de refrán, que habrá otros muchos, para calificar el contagio del ínclito de la Casa Blanca y su dama, y encima leo que ha sido por una asesora que lo tenía dentro del avión Air Force One, ya saben, la nave presidencial que aparece en las películas de catástrofes mundiales sobrevolando el cielo, no sé si solo el de ellos o el del mundo, bueno, qué bobada, como si el mundo no fuese de ellos, como arca de Noé sobreviviendo a un cataclismo, ya nuclear, ya sísmico, ya de convulsión de un aerolito, que da lo mismo para el caso, pero eso siempre me hizo gracia, el ufano presidente y su equipo a salvo en un avión que parece libre de toda desgracia, aunque esa clase de películas nunca nos aclaran cómo quedaría el género humano si solo sobreviviesen los viajeros de la nave y tuvieran que reproducirse para la salvación de la especie, y de pronto mira que la realidad es siempre obcecada y da una pista de que ni siquiera el Air Force One está libre de enemigos, y cómo el enemigo lo tenían en casa, porque tal personaje patógeno no entiende de buenos y malos, de rojos y azules, de ricos y pobres, de chinos o tejanos, de bocazas y prudentes, y lo irónico del caso, lo paradójico, lo que causa risa desternillante es que ese personaje, no por más alto en el escalafón de gobierno menos mediocre ni torpe, es aquel que retrasó las medidas preventivas para millones de ciudadanos de los EEUU, que negó el efecto del virus, si no la propia existencia, que culpaba a otros, en este caso a los chinos principalmente, que no se ponía mascarilla ni mantenía distancias, y el patógeno, al que ni la CIA ni el FBI ni la DIA ni la NGA saben dar caza, al que aún no le han puesto en la lista de terrorista más buscado, sigue causando estragos, y me pregunto, ya digo que soy de pensamientos efímeros, qué pensarán ahora sus millones de seguidores, los de las religiones, los creyentes en las armas, los granjeros, toda esa base social que dice amén cuando no mú a lo que vocea estentóreamente el inquilino de la White House que puede no seguir siéndolo tras las elecciones de noviembre o...¿no será esto del contagio una estratagema para dar pena a los suyos y que le sigan concediendo la confianza?, o acaso algo peor, pues podemos esperar de todo de aquí a las urnas del Imperio.
  



Nota. Acabo de leer un artículo de Salvador Macip que me parece importante divulgar.



jueves, 1 de octubre de 2020

Reflexión urgente y alarmada sobre quienes desprecian la vida

 



Alarma ver el poco respeto a la vida humana que tienen ciertos políticos mediocres. Los mismos que se oponen a la eutanasia para los enfermos terminales o vegetativos o en extremas condiciones de incapacidad se oponen ahora a que en la capital del reino se apliquen medidas contundentes para frenar el avance, y por lo tanto la muerte para muchos, del coronavirus. Su obsesivo concepto de propiedad de la política les lleva a olvidarse de las necesidades más elementales de supervivencia ciudadana. Su ambición, que ha generado muchos corruptos, les conduce a desmarcarse de una acción conjunta y necesaria con el Estado.  ¿Llegarán a la rebelión insolidaria  -algunos ya llaman a lo de Madrid el procès madrileño- simplemente por no ser ellos quienes controlan la situación debido a su incapacidad y a los intereses de partido?  Se han sumado al carro de los del cuanto peor, mejor, como aquellos otros. Y suceda lo que suceda, siempre querrán apuntarse ellos solos los triunfos y si hay fracasos que tengan la culpa los otros. Su estrecho y despreciativo concepto de la política -no digo ya de sus estrategias y tácticas- les desacredita. Pero, mientras, los riesgos de salud individual y de salubridad pública están ahí, sin resolverse. Agravándose, como dicen especialistas y médicos. Quienes gobiernan en dicha Comunidad están al borde de pasar de mediocres a malvados.  

Nota. Por cierto, esos políticos mediocres ¿lo son porque sus votantes son igual de mediocres cuando no ignorantes? Por cierto más, ojalá yo esté equivocado sobre todo esto y no me dolerán prendas en rectificar.



(Fotografía de una actuación de la compañía francesa Jolie Môme)

domingo, 27 de septiembre de 2020

Cuentos indómitos. El lenguaje de las manos

 



"Un hombre hay que se escapa, por milagro,

                 de tantas agonías".


Pedro Salinas, El contemplado, Variación XII.


Quédese a comer, escuchó decir a Jacinta un juez medio estupefacto. Creo que usted necesita contarme de su pasado y yo necesito oír hablar de un pasado que no tuve. ¿No le preocupa que los vecinos piensen mal, ahora que está usted sola y no se ha resuelto la desaparición de su esposo?, le preguntó Ordóñez. Ella esquivó la pregunta y el juez no esperó tampoco respuesta. Es como si yo estuviera haciendo unas diligencias de un caso o aportándole información a usted, ¿verdad?, dijo para reducir supuestos temores. Ambos se sorprendieron un poco de aquel argumento que parecía responder más a una ocultación clandestina que a una entrevista entre adultos y echaron a reír. 

El juez economizaba siempre sus risas pero una sensación sincera de bienestar sacaba de él unos reflejos contenidos en otras situaciones. Tiene usted unas manos prudentes, dijo de pronto Ordóñez, y ella se las miró. ¿Por qué prudentes?, dijo. Las manos son grandes o pequeñas, con dedos cortos o largos, flacos o regordetes, lozanos o ajados. No necesito describir mis manos puesto que usted las ve. ¿Qué más observa usted en mis manos que yo no vea? El juez buscó justificar su calificación. Veo los gestos. Estamos siempre más pendientes de nuestras palabras y hacemos complicidad de los gestos, pero estos tienen vida propia. Y de las manos cabe esperar un lenguaje paralelo, una expresión cargada de vida, aunque al ejercicio de su propiedad nos limitemos a llamar tacto. Jacinta le miró con la actitud de quien está hablando con un individuo diferente al que había conocido antes. Le sorprendía su labia sincera. Ah, ¿quiere decir entonces que lo que es cauto es mi tacto? Lo intuyo, replicó el juez. Su modo de elevar y girar las palmas, de medir los pequeños espacios que acompañan a sus palabras, la dirección ponderada de los dedos, los roces que se traen entre sí, el modo pausado que tienen de tocar los objetos. Dedos que ni acusan ni señalan ni se retraen. Manos que emiten sonrisas y dedos que acarician con mimo incluso el aire. Usted, Jacinta, habla y siente más con ellas que con su boca. 

La mujer trató de ocultar cierto rubor con una sonrisa torpe, lanzándose a fecundar la conversación. Pecaré de indiscreta, pero me gustaría saber si usted escudriña tanto a las personas afectadas en los casos judiciales como lo está haciendo ahora conmigo. Mire, y el juez agitó un respingo controlado, son observaciones diferentes. En mis casos profesionales se trata de examinar. Ahora solo pretendía aprender. Hay una diferencia de conocimiento. En lo judicial uno se encuentra mediatizado por las leyes y escéptico ante acusadores y acusados. Cada cual va buscando su propia salvación. Es una mecánica que, naturalmente, hay que llevar a cabo con escrupulosidad. A eso llamamos impartir justicia. Claro, usted podría ahora objetar: pero impartir justicia según una mecánica de pruebas no es necesariamente hacer justicia. Y no iría descaminada. Pero no es el tema a dilucidar ahora mismo. Mientras que en estos momentos, en que no nos une ningún asunto más que una conversación entre amigos, mi visión no depende de normas ni de criterios de leguleyo. Ella estuvo a punto de saltar: ¿Cómo que no nos pone en contacto la desaparición de mi marido?, pero se mordió la lengua, pues sabía de sobra que no había ninguna búsqueda oficial, a diferencia de lo acontecido en el caso del agrimensor, lo cual apaciguaba su inquietud. 

El olor de un asado llegó hasta Ordóñez y este se hizo más mundano. Le acepto la invitación, dijo, pero no me obligue a hablarle de mi oficio. Ni yo quiero, precisó la mujer. Ya le he dicho que prefiero que me hable de su pasado. Yo, al fin y al cabo, apenas he salido de San Joaquín y escucharé con placer cuanto me informe del mundo, aunque se lo invente. ¿Y si mi pasado es oscuro, señora?, planteó el juez. Ella sonrió pícaramente. Más a mi favor, siempre es más interesante oír hablar de los demonios que de los ángeles.





viernes, 25 de septiembre de 2020

Aforismo de las actuales circunstancias



 

Creo que a los que habitamos en este país nos sobra crispación y nos falta bondad para con nosotros mismos.



miércoles, 23 de septiembre de 2020

Otra hoja roja que se lleva el viento. Entre Prévert y Juliette Gréco

 




Me telefonea a hora intempestiva una voz casi olvidada. Allo, Héctor, dice. ¿Recuerdas cuando escuchamos por primera vez Las hojas muertas? Era otoño, como ahora, y justo ahora cae otra hoja de nuestro pasado. ¿Siempre llamas a tus viejos amigos, respondo, cuando un personaje olvidado pasa a ser olvidado del todo? Mi tono entre incómodo y escéptico no parece alterar a la mujer de la llamada nocturna. Yo sí recuerdo, insiste. Fue un día a la salida del liceo nuevo de Montrouge. Tú parecías tan enternecido por aquella canción que ya había cantado Montand y que acababas de descubrir de voz de la Gréco. Me llevaste al bistró de tu abuelo y pusiste la gramola a todo pasto para mí. No pegaba allí, en medio de los humos y las voces de carreteros y taxistas, aquella melancolía hecha poesía y hecha mujer. Pero tú estabas emocionado. Sandrine, me dijiste, estoy leyendo a Prévert, y abriste aquel libro, Palabras, y recitaste un poema titulado El otoño, que entonces me pareció cursi y tú decías que era surrealista. No me acuerdo de tanto, replico algo desaborido. Pues yo no lo he olvidado, dice la voz al otro lado del teléfono, y lo recita a su vez:


Un caballo se desploma en medio de una avenida

Las hojas caen sobre él

Nuestro amor tirita

Y el sol también.  


Héctor, ¿por qué nos atraían las voces melancólicas  cuando apenas estábamos descubriendo la atracción de la vida? ¿Porque nos gustaban los poemas de Prévert o porque ambos éramos unos corazones frágiles? No lo sé, respondo a Sandrine. También yo podría preguntarte: ¿Me llamas por la muerte de Juliette Greco o porque la canción te vuelve más frágil? Sandrine: A estas alturas no podemos ser más frágiles de lo que fuimos, o acaso lo somos de otro modo, con otra naturaleza. No, no te voy a recitar los dos primeros versos del poema, ya sabes, Me gustaría tanto que recordaras / aquellos años en que tú y yo éramos amigos...Pero lo acabas de hacer, Sandrine. Y si te pones así, yo podría acabar con otros versos del final del poema, aquellos que dicen: Pero la vida aleja a los que se aman / muy dulcemente, sin ruido...Silencio al otro lado. ¿Estás ahí, Sandrine?, digo. Sí, brindemos por otra hoja caída de nuestra memoria, dice una lenta y pesada voz que apenas reconozco.








lunes, 21 de septiembre de 2020

El silencio hablado de las sibilas

 


Cuando paso por el museo me coloco en un ángulo discreto de la sala y las contemplo. Estas sibilas musculosas y abstraídas no miran al cielo, aunque su cabeza en altura diagonal lo parezca. Tampoco escudriñan el futuro, pues bien saben ellas, como cualquier humano, que el futuro es vana invención.

Me admira la pose soberbia y firme con que tratan de alejarse de un humano cualquiera. A este le limita el presente, que tantea unas veces teniendo en cuenta el pasado, otras arriesgando alocadamente. Pero si un hombre, reflexionando sobre sus actos, trata de articular lo acontecido atrás y cuanto le involucra en su actual situación su mirada se extravía hacia el espacio horizontal cuando no hacia el subsuelo. Más de un artífice labró a su hombre pensante en actitud de caída. 

A mí me gusta más escuchar a las adivinas que contemplarlas. Y pienso por un momento si la manera de mirar no será a su vez un modo de escuchar por mi parte. No deja de fascinarme esa lograda postura de misión premonitoria con que les ha dotado el artista. ¿Qué esperáis?, les pregunto. Me parece oír su repuesta: ¿Qué esperáis vosotros? Pero ellas, sin girar su rostro, sin osar inclinar la cabeza hacia el paseante mediocre, se limitan a tamborilear tenuemente sobre sus carrillos. Porque las sibilas no responden por las buenas a cualquier mortal, sabedoras de que ellas no están para sacarnos las castañas del fuego. Cuántas veces fracasarían en sus intentos de consejo durante los lejanos tiempos en que eran utilizadas por los hombres de gobierno. Cuando estos acudían hipócritamente a ellas para justificar después sus desatinos y malas decisiones. Una duda tonta me asalta: ¿desearán en nuestros días recurrir a ellas los dirigentes de las élites de poder? Confiados en sus equipos directivos, seguros de sus asesores, atenidos a las cifras, aferrados a una telaraña de mecanismos y delegaciones, haciendo que hacen y diciendo no más de lo que dicen, los gobernantes se equivocan una y otra vez. Y la enorme masa de población que fiamos nuestro destino a quienes controlan y dirigen la sociedad somos tan ciegos de dirigirnos mendicantes a ellos como si fueran adivinos. 

Miro a las profetisas con la intriga de niño crecido, y me susurran que ellas no se responsabilizan de las acciones humanas ni se hacen eco de nuestros fallos. Su imagen quedó postergada para siempre en los viejos relatos épicos. Pero las tallas del artista me transmiten sus mensajes ocultos. Creed más en cada uno de vosotros mismos, me llega en su dialecto de la Fócida. Mientras no lo hagáis y luego os pongáis de acuerdo no superaréis vuestras incertidumbres y desasosiegos.




Conjunto de sibilas, obra de Alonso Berruguete (Paredes de Nava, 1490 -Toledo, 1561) del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


jueves, 17 de septiembre de 2020

La excursión por el lago Yamanaka

 




Se las veía contentas. Todo el empeño hacendoso que ponían cada día en sus trabajos y atenciones con los demás lo dejaban fluir al empujar la barca. El día se había despejado, las aguas amansaban las orillas, el lago atraía el vuelo de aves tenaces a la captura de los peces saltarines. Podría decirse que todo emanaba complicidad con las mujeres. El aire suave que mecía los juncos, la luz que protegía la quietud del lago, el paisaje extenso que proponía a la mirada una huida sin fin. Incluso el Fuji parecía más regio que nunca, desplegando su amplio kimono de plata. Iban agitadas, como adolescentes. Sus vestidos no eran impedimento para poner en acción los remos. Me provocaron entre risas y gestos. Adiós, abuelo Tsurumatsu, ¿no quiere venir? Anímese, donde caben cuatro caben cinco, y la embarcación puede con todos. Yo les respondí: divertíos, ya he navegado lo mío. Pero ellas insistían en provocarme. Nuestros remos son los más sólidos que usted haya podido manejar. Seguí el juego: No lo dudo, pero siempre me tuve por mejor timonel que remero, así que no podríais conmigo. Insistían tanto que casi me hicieron creer que me lo proponían en serio. De pronto pusieron un tono de confidencia. ¿Sabe una cosa, abuelo Tsurumatsu? Nos fugamos, no vamos a volver, véngase con nosotras hasta el otro lado del lago y quien sabe si de la prefectura. Usted ya ha vivido mucho tiempo en el pueblo. No volváis si no queréis les dije, pero el pueblo perderá su sustancia, aunque probablemente vosotras ganéis más. Por cierto, si cuando se os eche en falta me preguntan si os he visto, ¿qué digo? Dígales que vio cómo nos secuestraba el pájaro Yatagarasu y nos llevaba a todas por los aires, pero que esta vez en lugar de tener el ave tres garras tenía cuatro.



Chitón cuenta de la excursión de las mujeres en el enlace:

https://ehchiton.blogspot.com/2020/09/las-mujeres-de-la-naturaleza.html


(Ilustración de Katsushika Hokusai)


martes, 15 de septiembre de 2020

El día que conocí a la mujer libre

 Laura Vicente


El día que hice esta fotografía la conocí. Si dijera que es la que miraba al fotógrafo con atención no aclaro mucho, pues todas estaban expectantes, circunspectas y pendientes del flash. No se encontraba ella entre las más escondidas ni tampoco entre las que esbozaban sonrisa. Tampoco era de las de rostro más grave y menos todavía de las de apariencia ausente. Ninguna de las presentes podía ausentarse ante la eternidad de una fotografía. No voy a entrar en características anatómicas ni en formas de vestir, muy similares tanto en unas como en otras. De las alturas de aquellas mujeres ¿qué podría decir para dar pistas? Las de las primeras filas, dominantes en el grupo, no se llevaban mucho entre sí. Y la que daba más alta se debía a un sencillo calzado pequeño burgués que decía más de su desclasamiento que de su talla. Me niego a señalar que se trataba de la joven situada en tal posición a contar desde la izquierda o desde la derecha. Ni de si se colocaba junto a la de rizos o tras la de busto generoso. Y tampoco me parece oportuno indicar si llevaba un uniforme de oficio o un vestido a la moda. Aquel día todas estaban galanas y, no obstante la aglomeración, se respiraba flagrante. En resumen, que decoro y buena presencia no les faltaba a ninguna de nuestras obreras. Si diré que ella, y debo revelar ahora que fue con la que conviví un tiempo después, hasta la separación de sangre y fuego a que nos condujeron las circunstancias no deseadas, mostraba doble mirada. O triple, o cuádruple. Con aquellos ojos que procedían de un campo abierto y extenso, un espacio que sugería algo así como que nunca hubiera tenido origen y no revelase poseer destino, me observó mientras colocaba el trípode, a la vez que ordenaba el agrupamiento para que pudieran salir todas, misión imposible, en la imagen. No fue fácil hablar con ella al final de aquella sesión  pasajera. Todas las demás la reclamaban como si su opinión fuera decisiva. Yo tenía que volver al periódico y ella se veía obligada a atender a muchas de las asistentes, precisadas de consignas y ahítas de resoluciones que debían dar a conocer entre las mujeres de la ciudad. Estaba ya a punto de recoger la cámara para irme cuando, sorprendiéndome, interrumpió su tarea, se acercó y me dijo: ¿Cuándo va a salir el reportaje? Yo le respondí, aun no sabiéndolo con seguridad: mañana mismo si no tiene inconveniente el redactor jefe. ¿Puedo hablar contigo después de la publicación si no me ha gustado algo? Yo pensé: y si te ha gustado también, pero omití decirlo. Le respondí que naturalmente, que era una persona que corrige errores y deshace entuertos. Ella rio, yo me confundí, y entonces vi con claridad lo que había en el fondo de su retina. Fue aquello que observé lo que tiró de mí con fuerza incontrolable y lo que interrumpió para siempre mis días indolentes.




domingo, 13 de septiembre de 2020

Un poema recuperado, no sé por qué

 



Llegada


Vino a mí: el padre 
mirando sus manos de escribiente 
pensó en sí mismo y dijo: 
he aquí que llegas 
y ella la mujer de la otra tierra me ha concedido 
el don de que seas parte de este suelo maculado 

eso dijo y cuando tomó entre sus dedos mi levedad pensó: 
serás mi obra y te conduciré más allá de las adversidades 
eso afirmó y necesitó creer 
para sostenerse a sí mismo 
para apartar de su memoria los tiempos difíciles 
para probar que ser padre y hombre 
es ser una y otra vez hombre 

el padre empezó de nuevo a sentir a través de mí 
orígenes que nunca había olvidado del todo
y también a renunciar 
porque un padre debe creer en lo que transforma 
y compartir cuanto ofrece 
y aunque se rodee de incertidumbres es firme: 
no hay un camino seguro pensó 
pero lo labraré para ti 
deseó 

pues un hombre que llega con otro hombre
desde su misma sangre 
ya no sabría hacer otra cosa sino esperar al hijo 
toda su vida
y temer por él


(Las noches desasosegadas no sé qué tienen que se libran combates en ellas. Combates con la imagen, combates con fantasmas, combates con la oscuridad, combates con el propio desorden. Y cuando en un golpe de sueño, cuando no eres tú pero sigues siendo tú, cierta fuerza interrumpe la vigilia de temores y algo de ti se recupera. Y al despertar nuevamente, mientras la red de los espectros sigue tendida y tú eres un insecto inane atrapado sin apenas resistencia, te aferras a una pista emanada de aquel sueño, y antes de que se desprenda de nuevo de tus manos intentas seguirla. Tratas entonces de pergeñar un leve apunte en la libreta de la mesilla, o intentas un esfuerzo vano de memoria, pero la mente está pesada y cruje y oscila a punto de rendirse una vez más. Escuchas la sangre y temes que se apelmace en algún espacio recóndito de tu cuerpo. Te esfuerzas en visualizar tus tejidos celulares con un afán imposible y los ves rebeldes. Te acucia una pretensión obsesiva de adivinar el futuro de tus días y el pavor te acorrala. Piensas en los que te precedieron y pasaron por cuanto tú pasas ahora. Te concentras en lo que no comprendías cuando ellos vivían. Para darte ejemplo de entereza callaban. El desasosiego de la noche, que ya ha quedado atrás, te pone sobre la huella de un poema que escribiste hace tiempo con objeto de curar tus propias heridas. Y hoy, ahora, lo rescatas. Y ahora lo recitas. Somos hijos de otra permanencia, mientras se desgasta la que nos califica día a día)  




viernes, 11 de septiembre de 2020

Tentadora Diana Rigg, no ibas a ser vengadora eterna

 

Emma Peel - Adarve Granadino


No convenía ponerse delante de esta peligrosa dama. Pero no éramos delincuentes, sino críos, y aquella creación televisiva rezumaba demasiada woman's appeal como para no ceder a los riesgos. Así que nos colgábamos todas las tardes ante la pantalla para ver la serie en que dos actores británicos, Diana Rigg y Patrick Mcnee, encarnaban a Emma Peel y a John Steed: Los Vengadores. Ella. envuelta en sus trajes de cuero negro, ágil como un jaguar, resultaba colaboradora inequívoca de su compañero John Steed para defender al Imperio y el Orden frente al mal. El personaje Peel encarnaba valores propios de los 60, los de mujer liberal, independiente, capaz de valerse por sí misma y de demostrar tanto carácter o más que el patrón masculino al uso. Características representadas por los trajes simbólicos, ya fuera el ajustado combinado chaquetilla o jersey y pantalón de cuero, o el de trajes de diseño minifalda que empezaban a ser rompedores en la moda de los felices sesenta. Mary Quant estaba ahí.

Recuerdo que a la hora vespertina, sentados el grupo de amigos en un banco para nuestras entretenidas confidencias ya rebeldes, era inevitable comentar la serie. También incidir en las ironías de corte británico, ese humor especial que a veces disimula que lo sea, con que siempre se remataba cada capítulo. También captar las sugerencias y tentaciones de una complicidad de pareja que parecía ser solamente de trabajo pero que traspasaba el guión para que los chicos díésemos un paso al frente y releváramos al actor. Al fin y al cabo aquel woman's appeal que emanaba la mujer de negro, en una serie rodada en negro, ¿no estaba diseñado para complacer el sentido íntimo del espectador? Mi amigo M. se enamoró perdidamente de Diana Rigg y no hubo manera de quitársela de la cabeza hasta que conoció a una chica de carne y hueso, también intangible y efímera por entonces, pero al menos de visibilidad de este mundo. 


(Diana Rigg ha dejado la vida con 82 años. Los espectadores de las últimas generaciones la habrán visto actuar en Juego de tronos. Pero esta Diana, por su papel y por su edad, ya no cumplía el rol de vengadora de la serie. Y se han perdido a la apasionante detective)


Femina | Que sont-elles devenues? Diana Rigg, d'Emma Peel à Game of…

Agora de Ideas: Los Vengadores, el estilo británico de los 60


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Tener menos que nada en Lesbos

 

Un segundo incendio ha sido declarado este miércoles en el campo de refugiados de Moria, afectando a zonas que no habían sido alcanzadas por las llamas hasta ahora. En la imagen, varios refugiados abandonan el campo de Moria con algunas pertenencias. A sus espaldas, una gran columna de humo.

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"Acampados estamos muy lejos de la tierra patria, en el mar apoyados".

Homero, Ilíada, XV 740


Hay días en que uno siente la vaciedad y la vergüenza. Los que ya nada tenían tienen menos. ¿Qué clase de matemática aplica el orden del mundo humano?

Incendios en los campos de refugiados de Lesbos. Un campo levantado para albergar a 2.800 personas, pero donde estaban recluidas casi 13.000. Grecia. Unión Europea. Mare nostrum. ¿Nostrum?

Y en mi ciudad hay gente se queja de que el covid 19 les haya dejado sin las fiestas tradicionales. Para tradición la de la miseria humana. Ay.


(Fotografía tomada de El País/ Fotografía tomada de Deutschland Welt)


lunes, 7 de septiembre de 2020

El orden de las cosas en un cuento japonés




"¡Oh mentes desdichadas de los hombres, oh espíritus ciegos! ¡En qué tinieblas de vida, en cuán grandes peligros se consume lo poco que hay de tiempo! ¡No ver que la naturaleza no reclama para sí otra cosa, si no es que el dolor esté lejos retirado del cuerpo y, apartada de inquietud y temor, gozar de una sensación de bienestar en el espíritu!".

Lo dice Lucrecio en el Libro II de La naturaleza de las cosas, y uno, en estos tiempos de aflicción, confusión y dudas en que vivimos se queda pensando con reservas, expectante pero se quisiera también esperanzado. Y como nunca hasta ahora ha anhelado que el dolor esté alejado, clamando porque la inquietud vaya perdiendo peso, que el temor se rebaje, que lo oscuro se torne transparente y que el goce más íntimo supla sabiamente al desconsuelo.

Chitón, en su serie sobre los ukiyo-e de Katsushika Hokusai, nos ofrece hoy un cuento.






(Ilustración de Balbi López Santos)

viernes, 4 de septiembre de 2020

Somos lo que la Taxonomía quiere que seamos

 


Nunca hubiera imaginado que yo -y tú y tú y tú, todos los que leéis esto- fuera, fuéramos, cuanto describe la Taxonomía. Estábamos hiper clasificados por los criterios de la ciencia biológica y yo no me había enterado. ¿Dónde encajará la siguiente especie, la que nos suceda cuando la nuestra flaquee o simplemente mute? ¿Cómo será denominada? ¿Quiénes se encargarán de modificar la Taxonomía? Pero bien pensado, los sucesores ¿se entregarán a la misma obsesión clasificatoria o resolverán el control con otro lenguaje más simplificado? Merece la pena leer de corrido la tabla de lo que somos, ya digo que según la Taxonomía. Con tanta nomenclatura ¿no se supera toda discusión ontológica, señores filósofos?


Taxonomía
Dominio:Eukaryota
Reino:Animalia
Subreino:Eumetazoa
(sin rango)Bilateria
Superfilo:Deuterostomia
Filo:Chordata
Subfilo:Vertebrata
Infrafilo:Gnathostomata
Superclase:Tetrapoda
Clase:Mammalia
Subclase:Theria
Infraclase:Placentalia
Superorden:Euarchontoglires
Granorden:Euarchonta
Orden:Primates
Suborden:Haplorrhini
Infraorden:Simiiformes
Parvorden:Catarrhini
Superfamilia:Hominoidea
Familia:Hominidae
Subfamilia:Homininae
Tribu:Hominini
Subtribu:Hominina
Género:Homo
Especie:H. sapiens


La fotografía es de una obra del escultor Bernardí Roig. La tabla está tomada de Wikipedia.


martes, 1 de septiembre de 2020

Göbekli Tepe, doce mil años nos contemplan (unas imágenes y una ficción caprichosa)




Gobekli Tepe (9500 a.C.), el Stonehenge de Turquía | Terrae Antiqvae


Me llamo Oguzcan y soy un ignorante. Quiero decir que si me sacan de mis labores agrícolas tradicionales y del cumplimiento rutinario de mi fe apenas sé del mundo. A veces leo en  el periódico de la provincia sucesos de otros países de los que desconozco dónde están. Ahí sí debo agradecer que me enseñaran en la madrasa no solo lo elemental de escritura y cálculo sino a distinguir el bien del mal. Aunque bien pensado ha sido la vida la que me ha seguido enseñando la diferencia entre el bien y el mal, sin que no siempre tenga claro cuándo elige uno con moral correcta o lo hace conforme a sus intereses o bien a lo que otros le obligan. 

Vida sin mayores aspiraciones, una guerra casi olvidada que me dejó cojo, varios hijos, algunas desgracias y este maldito y doloroso mal de la piedra que me ataca de vez en cuando. y al que agradezco no obstante que no me mate. Ese es el balance de los años que mi edad provecta tiene cada vez más dificultad en contar. Si no fuera por aquel acontecimiento donde lo antiguo y oculto  me ofreció su rostro podría decir que mi experiencia no ha sido diferente a la de otros individuos de mi generación. Pero el día en que, trabajando en la cuadrilla de obreros sobre un montículo, al que conocíamos de siempre como el monte panzudo, y al que subíamos corriendo de niños, rescatamos aquellos extraños y monumentales pilares casi me vuelvo loco. Había otro mundo bajo tierra. Había habido otras gentes mucho tiempo antes. Todo aquello, ¿tenía algo que ver con el país en donde vivo hoy?

Los que dirigían la excavación, profesores de universidades extranjeras casi todos, estaban tan perplejos  y excitados como nosotros. La diferencia es que ellos parecía que sabían algo y para los obreros y los primeros visitantes de aldeas cercanas todo aquello que surgía era un misterio total. ¿Cómo interpretar aquel espacio circular de dónde extrajimos tanta tierra? ¿Qué querían decir las figuras de animales labradas en la piedra? Los bloques donde aparecían brazos y manos, ¿eran gigantes? A las gentes del lugar solo nos habían hablado de nuestra cultura y religión, o de la república que se había formado a principios del siglo, pero todo esto que vomitaba el subsuelo ¿de qué tiempo y qué vidas se trataba? Los supersticiosos lanzaron el rumor de que podría ser cosa de seres de otros mundos, y en cierto modo no iban descaminados, y los arqueólogos enseguida precisaron que sí, que eran de otros mundos pero de los que habían existido antes en el mismo planeta en que habitamos, y cuya memoria se ignoraba y su existencia era desconocida.

Creo que cuando despejamos la tierra de los relieves, cada figura era una aparición que nos echaba para atrás. ¿Por qué observábamos con temor aquellas imágenes? Unas, porque eran de animales reconocidos por nosotros a los que temíamos. Otras porque eran extrañas y no se sabía de qué clase de seres se trataba. ¿O eran inventados? ¿O animales que habían existido y estaban desaparecidos desde hacía siglos?  Y ¿qué decir de aquella piedras monumentales, todas tan iguales, cuya parte superior sobresalía como si fueran cabezas? En los pueblos de la zona todo eran comentarios y habladurías. Que si cosa de diablos, que si procedía de gentes huidas por persecuciones, que si habían adorado a dioses que nuestra fe no podía reconocer jamás. En el café de Ümit no se hablaba de otra cosa al atardecer y hasta los niños se acercaban y ponían oído a nuestros chismorreos. Tengo que admitir que si bien nuestra religión no admite las imágenes aquellas esculturas nos entusiasmaron. Incluso hubo quien se hizo preguntas con mucha discreción. ¿Por qué nos hemos privado de esculpir en nuestras mezquitas o ciudades a otras especies o a la nuestra misma cuando civilizaciones antiquísimas ya sabían hacerlo tan bien? ¿Qué mal hay en hacernos acompañar nuestras aleyas con imágenes de la naturaleza? Que no me oiga, y Alá tenga misericordia de mí, ni el imán y mucho menos el muftí, pues nada hay más lejos de mi intención que ser un hereje. 

Pienso que unas ruinas no son un desecho. Que de ellas se puede aprender mucho. Que la existencia de culturas antiguas, con sus creencias pero también con sus formas de vida, nos pueden revelar muchas zonas oscuras de nuestra alma. Y, tal vez, cuando sepamos más de aquellas gentes que levantaron las edificaciones de la colina panzuda nos sirva su obra para entender la nuestra. O modificarla.




Nota. Este texto es una mera y caprichosa ficción inspirada en las imágenes del lugar arqueológico llamado Göbekli Tepe, en Sanliurfa, antigua Edesa, en Turquía. En principio se piensa que lo descubierto puede ser un santuario de gentes cazadoras y recolectoras de hace más de 11.000 años. De la época que denominamos Neolítico, anterior a las sociedades agrícolas y urbanas. Los interrogantes son muchos y variados. Pero parece ser un descubrimiento -y aún se ha excavado una pequeña parte- de primera magnitud que puede estar revolucionando los conocimientos que se tenían sobre aquel tiempo de la prehistoria. En la red hay una variada información. Las fotografías están tomadas de internet sin otra intención más que la ilustrativa.



Los misterios de Göbekli Tepe | Ancient Origins España y Latinoamérica

3. Gobekli Tepe: a flock of dodos in relief at the base of a central... |  Download Scientific Diagram

File:Göbekli Tepe Pillar.JPG - Wikimedia Commons

Gobekli Tepe-13 | Göbekli tepe, Prehistoric art, Ancient

Arqueólogos de Israel encuentran un patrón geométrico oculto en Göbekli Tepe  (Turquía), el “Templo más antiguo del mundo” – Arqueologia, Historia  Antigua y Medieval - Terrae Antiqvae


Tour de día completo de Gobekli Tepe y piscinas de Abraham desde Sanlıurfa  | Anatolia suroriental | 2020 | Viator

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