viernes, 16 de agosto de 2019

Naida. Las marcas de la ciudad




Naida no me ha traído a esta calle a propósito. Además hay muchas calles cuyas paredes hablan y no olvidan. Es parte del paseo por el barrio de su niñez. Los impactos en los muros desaparecerán algún día, dice, pero me pregunto si lo harán las marcas profundas y dolorosas de los hombres. Las obras de construcción pueden eliminar vestigios antiguos e inservibles, pero para que en el corazón de los habitantes de la ciudad se eliminen estas huellas funestas hará falta más tiempo. No solo tiempo, sino también superar viejos recelos, converger intereses, ceder en las mentalidades obtusas en las que muchos creen protegerse. Ojalá todos pensaran como tú, la apoyo. Ella me ignora, se siente inspirada, motivada por la memoria. Junto a esta pared jugábamos de niños. Uno de nosotros se apoyaba ahí, se tapaba los ojos y tenía que contar diez o veinte, según, mientras los demás corrían a esconderse. Qué ironía, al que le tocaba solíamos decirle que era el muerto. Te toca ser el muerto. Yo creo que la frase hería a todos, y solo se reducía su afección cuando todos habíamos pasado por muertos. Mi amigo Edin era de los más torpes, repetía con más frecuencia que otros. Aunque yo tenía la impresión de que lo hacía a propósito para ir a buscarme al callejón trasero o tras los álamos y decirme algo en secreto antes de descubrirme a los ojos de los demás. Supe hace poco que un día quedó para siempre atrapado en el escondite tramposo y cruel que tendieron los que asediaron la ciudad. Su madre se echa a llorar cuando me ve. Naida suspira. Dos obreros en bicicleta que venían en nuestra dirección se apartan del muro, como un reflejo de espanto. Uno de ellos la reconoce y la saluda a distancia. Naida, apártate, es un lugar maldito, la grita. Los malos recuerdo siempre son malditos, murmura la mujer para mí.  



(Fotografía de Inés González)

martes, 13 de agosto de 2019

Naida y el cementerio inexistente




¿Crees en los misterios?, me pregunta Naida con intención. Creo que hay mucho conocimiento pendiente sobre muchas manifestaciones aún ocultas, o simplemente no explicadas, pero eso no me lleva a ningún acto de fe, la respondo. Naida sonríe malévola. ¿Recuerdas el cementerio que vimos hace unos días subiendo esta misma cuesta? No entiendo muy bien la pregunta, me parece demasiado simple para que no tenga trampa. Sí, claro, estará por aquí, y dirijo mi vista en varias direcciones. Avanzamos por una calle paralela a la Titova, subiendo desde el Memorial de los Niños. Un recorrido prácticamente idéntico al paseo que ya habíamos hecho antes, cuando vimos aquellas tumbas reposadas y antiguas. Cruzamos varias calles pero ni rastro del cementerio. De la supuesta confusión paso a la perplejidad y poco a poco al desasosiego. Naida, o nos hemos equivocado de camino o el cementerio no existe por ninguna parte o simplemente nos ha parecido verlo en otro lugar que ahora creemos que es este. No sé cómo argumentarlo y pienso, por ejemplo, en aquella ocasión en que aparqué el coche en un subterráneo y al ir a recogerlo no lo encontraba. Simplemente porque me había equivocado de planta. Se lo hago saber. Pero tú lo has visto el otro día como lo vi yo, ¿no?, insiste. Hemos vuelto sobre nuestros pasos, atravesado las mismas calles desde distintas direcciones, remontado una elevación. Naida advierte mi inquietud. Me observa con aire burlón. Se reserva algo. ¿Sigues sin creer en lo enigmático, en apariciones o visiones, como quieras llamarlo, que no se revelan a cualquier persona, que parecen elegir a los individuos adecuados? Me asombra que Naida haya entrado en una cápsula metafísica. Siento el azote desapacible de una ventolera fría que va descendiendo hacia la parte baja de la ciudad. No sé qué creer, digo con apesadumbrado escepticismo. Pero no quiero ni pensar que se trata de una de esas venganzas que una ciudad de muertos se guarda en la manga para propios y ajenos. ¿Te había pasado a ti antes? Naida mira para otro lado, se ha adelantado, ha chistado a un perro viejo y vagabundo que merodea como si tratara también de otear paisajes desaparecidos. Háblale a mi amigo de las visiones que él no quiere aceptar, dice con voz melosa al animal mientras rasca su cuello.




(Fotografía de Inés González)


lunes, 12 de agosto de 2019

Aforismo de la dignidad de los objetos





Cuánto aprecio la dignidad manifestada no solo en algunas personas sino sobre todo en serviciales y fieles objetos que nos rodean. Estos nunca nos defraudan, hagamos un uso prudente o desmedido de ellos. Digamos que están provistos de un virtuoso sentido de la fidelidad y del compañerismo que no siempre percibes en el género al que perteneces.




viernes, 9 de agosto de 2019

Caravaggio, la fabulosa recreación de Milo Manara




Nada que ver con el clic que conocíamos de Milo Manara, esa obra erótica impresionante y difícil de superar. Este otro clic es el de la Historia y el del Arte. El rescate de un personaje controvertido, el pintor Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio, hace doblete sobre los trabajos anteriores y a la vez sobre la transmisión de episodios de la vida y obra del artista barroco. Dejemos a los historiadores del Arte que nos expliquen la influencia de Caravaggio sobre el Barroco en ciernes, la perfección de la anatomía de los personajes de sus cuadros, el estilo tenebrista, magistral, que desarrolló el pintor o la manera de concebir las escenas y la intención que concedió en sus representaciones. De estas unas fueron discutidas y objeto de escándalo -farisaico la mayoría de las veces- y otras reconocidas incluso por la alta clerecía que le proponía los encargos, aun a pesar de no estar siempre muy acorde con la doctrina de la Iglesia o con la manera como esta entendía que debían representarse los martirios, las vidas de los santos o las grandes figuras del entorno de Cristo. 

¿Dejamos solamente a los historiadores o nos entregamos a Milo Manara? Porque Manara se ha documentado extensivamente y nos habla de todo ello. Los dos álbumes, uno titulado El pincel y la espada y el segundo La gracia, ofrecen una síntesis del tiempo italiano del siglo XVI, del trabajo del pintor, de las vicisitudes tanto artísticas como emocionales padecidas por una personalidad tan enérgica y espontánea como la de Caravaggio. Qué bien reproduce Milo Manara en su cómic el carácter impetuoso del pintor, las reacciones de este ante el trato injusto de unos hombres sobre otros, el abuso y maltrato de los señoritos nobles respecto a la mujer. Cómo incide una y otra vez en los lances del personaje irascible y también bondadoso que era Caravaggio, aunque vivía en un sin vivir, como si estuviera reñido con el mundo. Qué bien muestra el aprecio por el arte que manifestaban los mandamases de la Iglesia, Papa incluido, y sus órdenes caballerescas. Cómo desarrolla la obsesión del pintor Merisi por hacer evidente la sangre de la violencia, sea del martirio, de la venganza. Con qué fidelidad nos cuenta la manera de trabajar rápida del pintor, la búsqueda de modelos, el estudio de los cuerpos y la observación de las posiciones del natural. Las escenas del cómic que reproducen paisajes, ciudades en la distancia, castillos o zonas de mercado callejero son insuperables. El tratamiento de la perspectiva aérea y el detallismo con que ejecuta sus viñetas hace que te pares delante del lugar que dibuja y te sientas poseído por el paraje. La reproducción de las ruinas de Roma que tan detalladamente fueron reproducidas durante siglos están logradísimas en el plumín de Manara, que parece tener como modelo al Piranesi de sus grabados apasionantes y precisos.  Los primeros planos -especialmente del propio Caravaggio- están cargados del realismo del personaje, hombre torturado por su angustia, en una eterna búsqueda de la gracia que es algo más que el concepto doctrinal al uso, que en la obsesión de Caravaggio va más allá que el necesitado perdón. Ah, y un detalle importante. Las mujeres del cómic de Milo Manara tienen los rostros típicos y los cuerpos cautivadores de sus otras obras, pero más impregnadas del realismo naturalista acorde con lo que pintaba Merisi. ¿Qué más se puede pedir?

Para mí ha sido un placer seguir ambas entregas del cómic Caravaggio. Cuando se tiene un cómic -como antaño sosteníamos los tebeos- entre las manos ¿qué se hace realmente? ¿Leer, visionar, escuchar, ambientarnos en otro espacio y tiempo? ¿Entregarnos al ensueño, a la aventura, al amor? ¿Todo ello o algo más? Solo sé que hacía tiempo que no me leía dos volúmenes de un cómic de cabo a rabo y con la atracción a la que me he abandonado. ¿Era por el personaje, la época histórica, el interés del arte o la calidad de Milo Manara? Creo que ha sido un cóctel que me ha embriagado, de cuya resaca no acabo de recuperarme.

Nota. No he podido resistirme a extraer de la red -que cada uno de sus procedencias me disculpe- diversas viñetas del cómic, unas en español, otras en italiano. Caravaggio bien vale un disfrute vía Manara. Con felicitaciones a la editorial Norma por la impecable edición. Aquí habría que decir aquello de Finis coronat opus.


















martes, 6 de agosto de 2019

Retorno a la inocencia con Naida




De niña jugaba por aquí, pero todo ha cambiado. Había calor en las relaciones entre las familias del barrio, no importaban los credos ni las ideas laicas que se tuvieran. También funcionaba la cooperación, dejando de lado ciertos asuntos difíciles sobre los que se podía discrepar pero que nadie pensaba en utilizar para enfrentarse.  Después, cuando todo aquello sobrevino, muchos vecinos abandonaron el lugar forzosamente. Otros, como yo, venimos de vez en cuando a recordar las edades de inocencia. Naida se esfuerza en hablarme del lugar o de otro tiempo, y procura hacerlo con distanciamiento emocional. Como si no la afectara. Como si se esforzase en una clase de comprensión que le permitiera ser equidistante, que le otorgara esa calidad superadora del sobreviviente.  Cualquier día, dice, derribarán las casas que quedan aún en pie. Por eso aprovecho para rescatar lo que se tuvo pero luego se detuvo, actualizando de ese modo mis recuerdos. Lo que se para se pierde. La memoria que guardo no es solo de personajes conocidos o de momentos que vivimos juntos, es algo más propio, más ¿cómo diría?, más íntimo y difícil de racionalizar para mí. Facultades de los sentidos. Y los sentidos no se pueden racionalizar así como así. ¿Ves, por ejemplo, aquellas moreras? Si nos acercamos cogeremos sus frutos, nos mancharemos, pero el tinte no será percibido de la misma manera por ti que por mí. A mí esas manchas me hablan, no te digo el gusto dulce o la forma apiñada de sus granos, y mientras nos concentramos en arrancarlas y comerlas tú lo verás como un gesto gastronómico, se podría decir, o como la actitud de acompañarme a cogerlas, pero yo lo siento como un ejercicio devoto de lo vivido. Cualquier detalle, la inclinación de la carretera, la angulosidad de las casas, el arbolado, el rumor de una acequia próxima tienen un sentido múltiple para mí. Sé que el día que venga y esto se haya transformado o acaso desaparecido del todo me parecerá una brutalidad. Aun aceptando que las obras pudieran ser necesarias para la ciudad, algo que habría que ver, yo lo percibiría como ataque a una ley no escrita, pero sí individualizada, de mi pasado. Me tocarían mis vivencias.

Naida calla, se adelanta unos pasos, mira en direcciones diversas. Nadie asoma. El silencio del lugar solo es rasgado por los ladridos estentóreos de perros callejeros que se buscan unos a otros. Naida indica con el dedo en dirección a su oreja. ¿Oyes los perros? Mucha gente los tiene miedo, corretean por estos barrios como viejos resistentes, pero cuando me ven aparecer se acercan, callan, se dejan acariciar, me acompañan. ¿Son ellos también parte de tus recuerdos?, digo. Naida se pone grave. Son la propia carnalidad de la memoria. Memoria perro, memoria voces, memoria juegos, memoria camaradería. Memoria inocencia. Ellos transportan en su orfandad el pasado. Como yo misma.




(Fotografía de Inés González)


lunes, 5 de agosto de 2019

Quien siembra odio recoge odio





Nuestro refranero, sabio, práctico, en ocasiones demasiado moralista, es además muy metafórico. Quien siembra vientos recoge tempestades, dice. Pero hoy día en que la realidad virtual no aclara muy bien si es la metáfora o el efecto real lo que impera en las vidas humanas no es muy usado el refrán por las nuevas generaciones. Traducido al lenguaje duro se podría decir: Quien siembra odio, recoge odio. Con todas sus consecuencias. Pero más allá de esta idea elemental no sabe uno qué pensar. En un caso y otro ¿se entiende que quien difunde ideas supremacistas, racistas o simplemente envenenadas contra otras personas y colectivos va a generar violencia entre espontáneos? Los que están en los púlpitos -me da igual que desde los gobiernos o desde la oposición- tiran la piedra, y cada vez dan pedradas más contundentes, y esconden la mano. Bueno, algunos ya no la esconden, porque se ha extendido -con ese ejemplo preclaro del presidente de los EEUU- entre mandatarios y opositores, en muchos casos, de unos países y otros. Ya no ocultan su vergüenza, se convierten en modelos de generar odio y sus consecuencias, se imponen como práctica común. Salvo que se les corte. ¿Sorprende, por lo tanto, a estas alturas la violencia larvada -ah la oscura sombra de la guerra civil en permanente acecho- que está teniendo lugar en la nación más rica y poderosa del planeta? Una violencia tanto centrípeta -esas matanzas cada vez más cotidianas dentro de la sociedad USA- como centrífuga -su proyección en la política internacional, de amenazas y medidas contra países competidores- que está destruyendo todo sentido ético en la Política y sentenciando la Democracia hasta ahora al uso. 

Tiempos vivimos de desentendimientos peligrosos. Las demagogias se mantienen, la animadversión contra el diferente se acrecienta, la visceralidad de palabras da paso a acciones de violencia, tanto de solitarios como de organizaciones o poderes de Estado. Las lecciones de las guerras -paradigma máximo de la violencia y el caos- se desaprenden. Acaso porque no se transmite de unas generaciones a otras una comprensión de los errores. Acaso también, o sobre todo, porque las viejas y constantes ambiciones humanas se siguen levantando por parte de unos hombres a costa de y sobre otros hombres y sociedades. Todo el mundo -principalmente los que están en mejores posiciones competitivas-  pretende controlar a su favor las leyes de los mercados. Si para ello se acompaña una desafortunada agitación de las ideas reaccionarias portadoras de odio el refrán triunfa.


Nota:




desentendimiento
1. m. p. us. Desaciertodespropósitoignorancia.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados




domingo, 4 de agosto de 2019

Las moras ¿agraces? de Carmen Jodra Davó






Ayer, removiendo libros -los libros se mueven y remueven antes de acabar en ceniza- apareció. Carmen Jodra Davó, con su poemario Las moras agraces había ganado el premio de poesía Hiperión de 1999. Tenía ella diecinueve años y su aprendizaje de Clásicas la condujo al estilo de los poemas premiados. Releyendo ahora Las moras agraces uno respira -no solo lee- de autores griegos y latinos, pero también de sonetos gongorinos. ¿Cómo decirlo? Simplemente que esa inspiración es maravillosa y su ejecución, aunque no podría Carmen Jodra Davó entonces renunciar a sus diecinueve primaveras, y eso también se nota algo aunque no como inmadurez infantil, es clara, contundente, transmite la sensación de la experiencia y el consejo poético de aquellos grandes maestros. No se ve lo agraz en sus poemas sino un sabio proceso de maduración, cuando no madurez total, en muchas de sus conclusiones. Y un instinto de recreación de quien ha sabido beber en buenos manantiales. 

No llega ni a dos semanas que Carmen Jodra Davó ha fallecido, ¡dios!, con apenas treinta y ocho años. ¿Qué decir? Que es una barbaridad -de la vida, de la naturaleza, del azar- que una mujer, una joven y una poeta muera.

Un par de poemas de la obra citada.


DEFINITIVAMENTE PESIMISTA

La vida es desengaño y desengaño,
uno detrás de otro, nada más,
sin más consuelos que la cama tibia
y chispas de Belleza inmaterial.
Y detrás de eso siempre estará el mundo
con su hedor cadavérico y su faz
de horribles cicatrices, y este agónico
e implacable terror al más allá...


De EL CICLO SATÁNICO, IV

¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido
vivir sin vida todos estos años?
Por evitarme daños, tuve daños, y huyendo penas,
penas me han venido.

¡Cuánto tiempo, cuánto placer, perdido
en virtud, muerte, ritos tan extraños
como inflexibles, místicos engaños,
humillaciones, Dios! ¡Qué buena he sido!

Me arrepiento del tiempo en que fui buena,
viviendo sin gozar el prodigioso
fulgor del mal, quebrando mi destino.

Y ahora que su goce me envenena,
¿cómo negarse, si es tan delicioso,
o cómo retornar al buen camino?



Nota. Adjunto un artículo que he encontrado de la Revista Letras Libres:

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/carmen-jodra-madrid-1980-2019-memoriam

Y también:

https://www.youtube.com/watch?time_continue=384&v=R3II0UUT_nE



jueves, 1 de agosto de 2019

La Vijećnica y Naida




He soñado tantas veces con el incendio de este edificio, me confiesa Naida mientras atravesamos las salas de lectura reconstruidas. ¿Sabes que jugaba aquí de niña? Uno de los conserjes era tío mío. Pereció cuando lo bombardearon. Pero no por efecto directo de las bombas, sino porque el corazón le falló. No era toda su vida la que se le venía abajo al destruirse la Vijecnica, sino todos los saberes del mundo que, por un instante, él vio perdidos. Mi tío no era un conserje cualquiera. A lo largo de los años había adquirido conocimientos de restauración. Si se hubiera dedicado a la conservación le hubieran pagado más, pero él decía que eso no le importaba, que prefería tener una perspectiva variada. Que en uno de sus trabajos era el empleado y en el otro el sanador. Así llamaba a quienes recuperaban manuscritos y los mantenían a salvo de la incuria. La biblioteca era prácticamente su casa. Cuando algunos de la familia le decían: tienes abandonada a la tía Lamija, él respondía que su mujer era depositaria de los conocimientos a través suyo. Que él era intermediario no solo con el amor sino con el aprendizaje de la humanidad. Y dejaba enmudecidos a todos. En mi país dirían de la destrucción de la Biblioteca que es uno de los horrores de la guerra, le corto imprudente a Naida. ¿De la guerra?, dice ella con energía. Yo diría que de la ignorancia. No solo de la ambición o de la eterna obsesión de los poderes. Las guerras no surgen de un día para otro. Se incuban, germinan, todos colaboran a que tengan lugar antes o después. Por defecto o por exceso. Pero no te he traído aquí para hablar solo de las desgracias. Deleitémonos en la contemplación de la resurrección del edificio. ¿Otra vida tras la muerte?, digo con ironía. Por supuesto, otra vida nueva, porque nunca es como la vida anterior. Ni siquiera la de los libros.     




(Fotografía de Inés González)

martes, 30 de julio de 2019

Naida habla con los muertos




¿De qué te sirve hablar con los muertos? No me cabe duda de que es una imagen muy literaria propia de ti, porque tú de esotérica no tienes nada, digo a Naida. Ella se encara conmigo. Ah, no, no se trata  de una imagen literaria y por supuesto tampoco hago de médium de falsedades. Realmente hablo con varios de los que murieron, aquellos que conocí y que quedaron tiesos de modo infame, según me han contado, en la cola del pan, o atravesando la Mese Selimovica o en el cruce de la Titova para dirigirse al trabajo. A algunos los había conocido de niña, no se merecían desplomarse en medio de la avenida. Todavía cuando veo las imágenes que grabaron las agencias internacionales me estremezco. No es ninguna película. No puedes perder de vista cada paso, cada secuencia, no hay nada de cine en ellas, me siento trasladada al lugar, a la fechoría. No es ningún frente de batalla, ni son profesionales de las armas los que transcurren por las calles. Es el vecino ordinario quien paga el precio de la sinrazón de otros. Y en ese momento me estremezco, y en ese instante hablo a las víctimas. En una de ellas se ve caer y ser conducido agónico en un coche al señor Zlatan. No era de ninguna religión, ni había sido partidario de ninguna casta ni facción política. Para él vivir era hacer favores y cumplir con su trabajo, le daba igual quién se relacionara con él. Nunca hizo diferencias ni trato especial por orígenes o ideas. Naida calla, luego deja flotando un suspiro. Te veo muy marcada por el pasado, le comento. Es inevitable, afirma, creo que todo el mundo lo está, en primera o segunda generación. No sé si todos perdieron en aquella contienda organizada, pero creo que unos perdieron más que otros. Oigo con frecuencia la palabra revancha. Desde distintos ángulos. Me repugna. Sería como no haber aprendido nada. La gente no olvida. Los más aplastados olvidan menos. Si hubiera un gesto colectivo, auspiciado, que reconociera lo que aconteció, y cómo y por qué, sería un alivio. Ya ves, y me mira con cierto desconsuelo, hoy no es el fantasma del derviche entre las brumas o las cornejas pacíficas del Miljacka lo que me hace transmitir bienestar. Hoy mis vibraciones son otras, confiesa con un tono apagado. Más negras. ¿Qué podría responderla?



(Fotografía de Inés González)


domingo, 28 de julio de 2019

Las cornejas del Miljacka




Mira qué juguetonas están las cornejas, exclama Naida tirando de mí. Hay testigos que aseguran que nunca se fueron ni en los peores trances vividos en este valle. El oscuro Miljacka se tiñe hoy a plateado. Estas aves tan curiosas como domésticas son más de aquí que nosotros. No te fíes, la contesto con irónica intención, tal vez las trajeron los vecinos del sur. Qué importa con quiénes llegaran, salta Naida con carácter, y además ¿por qué no iban a venir solas? ¿Quién te dice que no estaban ya antes de fundarse la ciudad? Podrían perfectamente ser ellas las que sugirieron el lugar a los primeros pobladores, ríe Naida. Además, que hubieran acompañado a turcos o a eslavos, ¿importa mucho? A mí me transmiten la paz que nunca hubo de modo definitivo entre nosotros. Cuando pienso en lo padecido en esta ciudad hace unos años me siento en un banco y las contemplo. Te lo creerás o no, pero hablo con ellas. Naida siempre me sorprende y he llegado a la conclusión de que no solo son metáforas lo que revela. Hablo con ellas, prosigue, como a veces hablo con los muertos. Es una manera de no olvidar pero también una exigencia de evitar el odio. ¿Sabes por qué? Ni idea, le respondo. Porque tanto los muertos como las cornejas son intermediarios entre los hombres y las familias de unas y otras creencias. Si todos escuchasen lo que tienen que decir guiarían sus reflexiones por otro camino más constructivo. Y acaso la calma aparente de hoy podría llegar a ser definitiva. Es inevitable dejarse seducir por ese lenguaje literario de Naida. Yo insisto en traerla al lado racional de la realidad. No es fácil lograr una paz fiable y definitiva, la memoria sigue siendo onerosa y los intereses en juego se han vuelto ambiciosos y divide a todos de manera desigual, matizo. Naida habla absorta y lenta en su mirada sobre el río. Sin duda, eso es lo que me lleva a considerar que si volvieran los malos tiempos optaría por convertirme en corneja. 



(Fotografía de Inés González)


viernes, 26 de julio de 2019

¿Nos devolverán los vales?





Te los daban por disciplina y urbanidad. Por buen comportamiento y atención en clase. Por puntualidad y colaboración. Por rigor piadoso y ferviente. Los vales los guardabas en una hucha siempre ubicada dentro del pupitre, cual bitcoins de la infancia escolar. Cuando se tenía un número determinado -el valor y la cifra siempre han sido una característica del mercado más primario- se nos concedía un premio. Ojo, si te portabas mal, si aparecías hecho un trazas, si te pegabas con un compañero, si tu actitud pía se relajaba, si decías palabrotas, si no dejabas de hurgarte en las narices y hacer bolitas, con la variante añadida de tirárselas a otros, si incordiabas al colega de al lado o hacías dibujos sarcásticos y procaces (era lo mío), si la atención mermaba...entonces tenías que devolver los vales. Era un toma y daca. ¿Cuántos llegué a poseer y cuántos perdí en la vorágine de aquel sucedáneo del Mercado de Valores? No sé, la memoria ya no guarda registro de esta clase de minucias.

Moraleja uno. Los vales que habíamos repartido entre los señores/as diputados/as (ag, qué repelente este / políticamente correcto) para que efectuaran su trabajo pero que tienen empantanado el llamado poder legislativo y en gran medida el ejecutivo, ¿no piensan devolvérnoslos? 

Moraleja dos. Qué citas bíblicas tan estupendas. Vienen para la situación que ni a pelo. Es lo que tiene guardar recuerdos seculares. Buenas noches. Me voy a que el sueño de verdad me despeje del sueño de mentira. ¿O es al revés?


jueves, 25 de julio de 2019

Españoles todos: ¡Maaambo!




Era yo muy niño cuando ponían de continuo en la radio música de mambos. También hablaban del rey del mambo, que no he sabido nunca si era Pérez Prado u otro, o cualquiera que se apuntara con tenaz instrumentación a aquel ritmo repetitivo y ruidoso. Como si de ruleta de casino se tratase uno de los mambos se titulaba el Número 8, porque las trompetas se detenían un instante y se cantaban los siete dígitos anteriores hasta el octavo en que se producía el estallido vocal. Arrastrando al auditorio, por supuesto. ¿Hemos llegado ahora en la política de la gobernación española a cantar un mambo incierto? Ciertos profesionales de la política, ¿se creían antes de tiempo reyes del mambo que, como en un bingo, iban a cantar la bola ganadora? En lugar de tocar la composición con prudencia, entendimiento y generosidad mutua, ¿por qué han preferido tirarse las trompetas y las percusiones a la cabeza? Todos estos que querían hacernos bailar al compás de sus sones, ¿acaso son verdaderos músicos o apenas unos aprendices desafinados con distintos tonos y ritmos melódicos? Claro que el resto de los aspirantes al mambo -dispuestos a montar una orquestina del antiguo régimen a tres voces celestiales- no son precisamente mejores, ni en el sentido racional ni en el político ni en el ético. Solamente escuchar sus soeces y despreciativas opiniones sobre políticos contrarios da asco. Pero ahí los tienen, a los de la Santísima Trinidad: frotándose las manos atentos y velando armas ante la oportunidad de reconquistar el poder en las posibles próximas elecciones.

Mal, muy mal. Mal los que iban a asaltar los cielos y ahora quieren condenar a los españoles a los infiernos, por una parte, y mal los eternos salvadores de las esencias patrias, radicalizados en su extremismo, por otra. Añadan al menú el condimento de los supremacistas catalanes que, obcecados por inventarse su propio Estado, han conseguido desequilibrarnos a los demás. La carencia de sentido de Estado en gran parte de las formaciones políticas es abrumadora.  ¿No se dan cuenta cómo está el panorama internacional, que no es precisamente de broma? ¿Por qué nos perseguirá el malditismo de los taifas?

De momento creo que está siendo demasiado para nuestro cuerpo, el de cada uno y el colectivo al que pertenecemos nos guste o no. Y luego quieren que creamos en la política. Naturalmente, los ciudadanos que se rigen por los principios de fidelidad inquebrantable a los suyos, aunque estos se conviertan en monstruos, siempre lo tienen claro. Pero los demás, ¿qué haremos? ¿Qué debemos hacer? Por favor, que no nos vendan ni prometan nada. Que suene el maaaambo!!!.




martes, 23 de julio de 2019

Desayuno con Kant (Sapere aude!)




He desayunado con Inmanuel esta mañana y cuando hemos hablado de las oscuridades que aún nos rodean, e incluso que crecen con nuevos disfraces, me ha dicho, casi cual vulgar Perogrullo, que son nuevamente necesarias las luces que alumbren el camino pero sobre todo el corazón de los hombres. Luces que nunca han dejado de ser necesarias, útiles y  transformadoras. Y ha sido muy preciso al respecto: "La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la Ilustración".

Ah, así que la clave es decidir interiormente como nuestro propio conocimiento nos guíe. Atrevernos a conocer, a hacer uso del razonamiento, a investigar las causas, a llegar a conclusiones por nosotros mismos. Por supuesto que enseguida se me ha dibujado el panorama de nuestro tiempo, en que una parte de la humanidad concede patente de certeza a lo que no es sino mentira e invención interesada de otros. Esas herramientas ¿o armas? tan utilizadas por quienes no solo quieren que sigamos sumidos en la ignorancia, sino que además retrocedamos en una serie de objetivos conseguidos y que hoy están puestos en cuestión por ciertos poderes de turno. Ya le he dicho a Inmanuel: me asaltan las dudas. ¿Cómo es posible que con el desarrollo técnico avanzado que nos ha proporcionado un conocimiento superior, como nunca antes se había alcanzado, haya tantas resistencias en el interior de los individuos mismos y en sus sociedades? ¿Hasta qué punto las conquistas en materia científica y su aplicación a los cuerpos, por ejemplo, no logran arrastrar la conquista de la libertad interior, del acuerdo entre humanos, del respeto al pensamiento razonado y a la tolerancia en la exposición de las ideas, y en definitiva a la erradicación de la violencia? 

Inmanuel, que está curtido en las lides de las limitaciones humanas, me ha sonreído, como si no quisiera agriar mi café, y solo me ha contestado mientras dábamos buena cuenta del reconfortante frühstück: Pregúntate y da un paso para hallar respuestas. Ignora lo primero que te digan y verifica no solo la intención sino la manera como se propone un discurso. Vacía las palabras porque su uso siempre tiene origen y destinatario, luego intención. No sigas la corriente que otros propician, sino descubre el clamor de tu propio curso. Inmanuel ha untado su panecillo. Yo me quedo mirándole. Ya sé qué piensas, me dice con la boca llena: que en principio no tienes siquiera por qué creerme a mí. No, no digas, nada. Convéncete siempre por ti mismo.

¿Me atreveré a pensar sin intermediarios? (Suponiendo que eso sea posible) 



(Fotografía de Jack Birns)

domingo, 21 de julio de 2019

Naida entre la nieve




No se sabe bien si la noche es blanca o es negra. En cualquier caso es opaca. Dar un paso afuera es arriesgarse a que los colores más definidos, da igual si son opuestos, hayan borrado los caminos. ¿Existirían en otro tiempo las lindes y por lo tanto las alambradas? pregunta Naida, creo que por preguntar algo. Cuando uno interroga en medio del vacío es como si tomara la ofensiva contra el miedo, se muestre este bajo forma de lo desconocido o erigido en pauta de silencio. Los linderos son muy antiguos, respondo por dejarme llevar. ¿Cómo de antiguos?, dice. Tan antiguos como poseer un territorio y no compartirlo con nadie más, se me ocurre. Entonces tenía razón mi abuelo, que vivía en el valle que hay más arriba de Travnik, cuando decía que los hombres se peleaban por la ocupación de los pastos, y con el vaho de sus palabras Naida dibuja sombras dentro del coche. Los hombres han disputado por todo, no hay asunto que esté libre de conflicto ni bien que no sea una obsesión poseer, y yo trazo siluetas con mi aliento. Sé que Naida me está mirando en la oscuridad. Noto su voz cosquilleando mi oreja. Hay un espacio donde los cercados no existen, ¿sabes cuál?, murmura. Pero yo no digo nada. No quiero en ese momento que se levante valla alguna entre nosotros.   




(Fotografía de Inés González Soria)


sábado, 20 de julio de 2019

Circus. Pasen y vean




El parecido es tan asombroso que ya no sabe uno si mirar al juguete mecánico con simpatía. En fin, voy a dar cuerda al boy mechanicus y escuchar el sonido diligente de su campanilla mientras se desplaza pasito a pasito como buen anunciante del espectáculo. Pues eso, pasen y vean. Olvídense por un momento de las semejanzas y del show que recorre el mundo, Celtiberia incluida.




jueves, 18 de julio de 2019

Una fecha marcadora





A los que vivieron aquello, les marcó.
A los que somos hijos o nietos de los que lo vivieron, nos marcó.
En realidad, aquellos personajillos nefastos que conspiraron contra la legalidad constitucional, provocaron la guerra y destruyeron al país y a sus habitantes, estuvieron marcando durante décadas a las generaciones sucesivas.
Aún hoy algunos, ochenta y tres años después, se sienten herederos de los bárbaros y tras sus nostalgias quisieran...¿volver a las andadas?

Adjunto un artículo, sobre todo para aquellos que creyeron que Valladolid había sido en el pasado el tópico injusto de "Fachadolid". Léase, léase hasta el final, o sobre todo la relación nominal del final. 

http://ultimocero.com/destacada/2019/07/18/los-crimenes-politicos-valladolid-1936/

En las fosas comunes excavadas hasta ahora en el viejo Cementerio de El Carmen han sido encontrados 247 individuos. Sin duda se hallarán más en sucesivas excavaciones. Allí mismo está en marcha la construcción de un Memorial donde se enterrarían dos mil quinientas personas, citando sus nombres y apellidos.

NB. Si a alguien no le gusta esta entrada, lo siento. Solo pretende ser una breve cuña de algo que sucedió. El respeto a la memoria lo pide. No se pretende revancha alguna, sino que a algunos nos gusta llamar "al pan, pan, y al vino, vino". Es decir, saber el máximo posible de la verdad y exigir reconocimiento y justicia. Que cada cual saque sus conclusiones.










Hoy me encuentro esta entrada del escritor pamplonés Miguel Sánchez-Ostiz:

https://vivirdebuenagana.wordpress.com/2019/07/19/19-julio-de-1936-en-pamplona/


Y otro artículo del historiador zaragozano Julián Casanova:


https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2019/07/18/18_julio_97032_1023.html




martes, 16 de julio de 2019

Bozo Vreco, bosnio y enigmático




Aquel atardecer invernal de oscuridad y nieve, de vuelta de Zivinice a Sarajevo, nos perdimos. Los mapas, o las señalizaciones, no sé, nos hicieron dudar y la ventisca confundía nuestra vista. Paramos junto a un hotel abandonado. Si tenemos que pasar la noche, mejor será que aparquemos aquí. Los elementos naturales también nos protegen de los hombres, dijo Naida. Puestos a desatarse, ¿crees que los fenómenos naturales son más peligrosos que la violencia de los hombres?, repliqué. Naida me miró con ojos desconfiados. De sobra sabes que yo he visto bastante. Y te puedo decir que la tierra engendra cataclismos porque es su instinto. Pero los hombres son sus malos hijos, yo diría que porque son efecto del propio cataclismo que ellos producen. Entonces, tercié, deduzco que compartimos con la naturaleza la misma fuerza instintiva y desordenada. Y uno no sabe si las cosas podrán ser alguna vez de otra manera. Creo que en ese momento Naida tembló, lo noté al sujetar su mano gélida. Hizo recabar mi atención. ¿Ves aquella difusa figura humana que salpica la nieve y que se mueve como si danzara? ¿Es un derviche o lo estoy soñando? Bajamos un poco la ventanilla y nos llegó el tono de una antigua canción, que yo no entendí. Maldita sea, masculló la mujer. Hasta de las sombras de la nieve tiene que emerger una canción fúnebre. Y, sin embargo, es tan bella.






"Justo antes del Eid (*) Lejlija, el único hijo de la madre , cayó enfermo. 
Sufrió, gimió, lamentó y dictó: 
¡Oh, mamá, si me muero, pónme mis pantalones elegantes!
¡Desenrolla mi pelo largo, y deja que se deslice sobre mi cara! 
Diles a los muchachos que me agarren y me levanten, y que canten esa canción 
Canto de largos días de inquietud, mientras me mantengo a salvo. 
Como una novia, lávame en albahaca, porque me llevan a un largo viaje...
Madre querida, me llevan lejos en sus manos..." 



* (al final del Ramadán, Fiesta islámica de la ruptura del ayuno)


sábado, 13 de julio de 2019

Naxos frente al océano



"Y tú, pensamiento mío, solo
vital para mis días,
causa directa de infinitas ansias,
conmigo morirás cuando me apague".

Giacomo Leopardi, poema El pensamiento dominante.




¿Qué tiene la noche oscura que es pródiga en palabras desbocadas? Naxos, que tanto conoce el océano desde dentro quiere escucharlo a través de las inquietudes más profundas que agitan al hombre. Esta vez ha elegido un promontorio que parece flotar entre el mar y la ciudad. No estando ni en un lugar ni en otro pienso mejor, se dice a sí mismo. Y eso me hace libre. ¿No es el pensamiento el camino activo para liberarse, aunque contenga también riesgos? El pasado y el presente se presentan ante él en un combate sigiloso pero tenaz. Lo que perdió y lo que encuentra ahora echan un pulso cuyo resultado será un futuro que teme. La oscuridad que le rodea es un ámbito en el que se siente a gusto. Los hombres, como la noche o como lo desconocido, siempre tenemos un lado oscuro. ¿Cuál es el mío?, se pregunta. ¿El que pertenece a lo que dejé atrás o el que se oculta a los ojos de los demás? ¿Cómo puedo manifestar ante esta gente que también tengo miedo? Mis aptitudes se limitaban hace tiempo a obedecer órdenes y dejarme llevar por navegaciones y hazañas que decidía Odiseo. ¿Podría con ese bagaje dirigir los pasos de gente derrotada y que renace lentamente? No tengo condición de auriga ni materia de héroe, pero las circunstancias me vienen forzando a conducir la ciudad para que salga del infortunio. Naxos no abandona la mirada ciega sobre el mar oculto. ¿Qué sentido tiene contemplar lo que no se ve? Pero a través de la melodía del oleaje adivina los territorios de un horizonte desaparecido. Naxos se divierte tratando de capturar los brillos que salpican las aguas. Todo cuanto he visto en mis navegaciones, se dice a sí mismo, son bagatelas al lado de lo que se agita en este anclaje mío en la ciudad hospitalaria. Las secuelas de lo padecido por la ciudad no parecen tener fin. Si a lo que quedó destruido se le añade la enfermedad y las carencias, ¿qué posibilidad tendremos de sobrevivir en el mismo lugar? Si no reaccionamos con inteligencia, conociendo con claridad los recursos de los que disponemos y valorando de modo certero nuestras capacidades, ¿qué nos quedaría? ¿Convertirnos en emigrantes que allá donde llegásemos seríamos considerados de grado inferior? Ya hay quien piensa que lo que queda de la ciudad puede derivar hacia su lenta liquidación, y que es mejor renunciar a esfuerzos, que lo importante es salvar las vidas y las costumbres. Puede que en otros lugares las primeras nos fueran respetadas, aunque al precio de ser rebajadas, y las costumbres ¿cómo podrían sobrevivir en un nuevo territorio que tendrá conductas y leyes propias? No hablo por mí. Yo me he hecho fácilmente a los cambios, pero a toda esta gente, ¿qué clase de supervivencia le espera si se ven obligadas a abdicar de su pasado físico? 

Secuestrado por su diálogo íntimo, el joven apenas oye que una voz se suma a la armonía de la noche. Naxos, no te tortures más de lo que puedan culparse los de la ciudad. Ellos saben que tú eres el hacedor de que no hayan sucumbido del todo a sus desgracias. Esperan de ti más de lo que puedes darles probablemente. Pero lo importante es que les traslades que ellos deben ser hacedores como un solo hombre. Entonces Naxos cree reconocer en aquella pronunciación cadenciosa, firme pero amable, a la adivina de la que todos hablan pero nadie ve. 




(Fotografía de Herbert List)


jueves, 11 de julio de 2019

El ave del paraíso anidará en nuestra memoria







"Como un extraño llegué
y como un extraño me marcho.
Mayo me agasajó
con ramos de flores".

Viaje de invierno, Winterreise. Wilhelm Müller.



¿Desde cuándo eras un ave saltando entre el ramaje? ¿En qué momento fueron tus primeros picoteos al paisaje? ¿Desde los lejanos trazos de dibujo divertidos y ya perfectos, allá en tu niñez? Mirada tenaz que iba a exigirte que la compensases. No sé si lo habrás olvidado, pero mi madre se quedaba estupefacta cuando dibujabas sobre la mesa de la cocina aquellos zapatitos de tacón. ¿Cómo no acordarme de que toda una zapatería completa brotó de tu pulso, de tu lápiz, que es tanto como decir de tu capacidad de observación? Qué pintora vas a salir, te decía la Antonia, y ya sabes que era sincera -sus aspavientos manifestaban asombro, que no apariencia- y siempre te estimulaba para que siguieras dibujando.

Y aquella niña dibujante acabó en lo que que acabó, en el oficio voluntarioso y superador -yo creo que incluso perfeccionista y siempre indagador- que tuviste ya de mayor para toda tu vida. Pintar, esculpir, preparar escenografías...O ver cine y teatro en abundancia. Por cierto, ¿te has reencontrado por fin con Alan Ladd, tu rubio actor favorito de adolescencia -tal vez tu secreto amor de entonces- que te tenía embelesada? Toda tu vida interior ha estado siempre volando con los recursos que adoptaste, a costa a veces de tu salud. Pero ¿para qué sirve la salud si no es para disfrutar la creatividad, si no se hace aquello que tiene significado y proporciona goce, y a través de lo cual se obtienen respuestas, siquiera parciales? Sí, ya sé, unas respuestas te obligan a nuevas preguntas en una cinta sin fin. Aun sabiendo que tal recorrido jamás acabará de explicarnos el accidente casual de la existencia.

Escribo desde una tarde calurosa, imaginando que lo hago desde la vieja galería de ventanas levadizas de nuestras casas respectivas y que en verano no se cerraban. Cuando el sol va perdiendo fuerza, imaginando que las chicas bajáis al patio a jugar y yo os miro. A veces me dejaban bajar también, aunque era más pequeño que vosotras, y ahora que lo pienso, ¿que me incitaba a ser un trasto? ¿Por qué aquel impulso a tirar alguno de vuestros zapatos al pozo o levantaros las faldas? ¿Simplemente para recabar más vuestra atención, que ya la tenía asegurada? Pero vosotras, grititos y sustos aparte, erais bondadosas conmigo. ¿Porque era el niño de la vecindad? Siempre me sentí querido y no sé si por ello me haría más insoportable. Dentro de un rato nuestras familias se pondrán a preparar la cena. Pondrán al relente el botijo o una botella de agua del grifo envuelta en trapos húmedos. El ambiente olerá a huevos fritos, a tortilla francesa, a chicharro frito. Sonarán las radios, se escuchará el rumor de las conversaciones, nos asomaremos al balcón y nuestros padres echarán un parloteo amistoso. Afectuoso. Luego callará el día.

Para mí siempre serás un pájaro que volabas alto, contemplando el mundo desde otra dimensión. Un pájaro sencillo con carta de naturaleza de ave del paraíso. Porque, ¿son las alturas o es la horizontalidad lo que da el sentido de la perspectiva, que tú conocías tan bien, y que luego hay que descubrirla en la vida? Tal vez ambas. De nuestra infancia hemos hablado siempre que nos encontrábamos, incluso con tu hermana de por medio. Un tema recurrente, agradable, nostálgico. Para mí hoy más melancólico que nunca. Pero también nos has hablado de tus avances y experiencias con el oficio y por supuesto, cómo no, de la vida de tu familia, o de los trabajos actorales de tu compañero y de tu hija, o la llegada de los nietos. Ellos, la expectación. No había ocasión en estos últimos años en que no nos hubieras puesto al día de todo ello con un ardor y una satisfacción como a pocas personas he escuchado hablar en esta vida. Y con ese rostro sonriente con que nos recibías o con las risas con que acompañabas las conversaciones. No es poco.

Invoco salud, reconocimiento y memoria para ti entre quienes aún seguimos sobrevolando el paisaje humano y los tiempos que nos tocan vivir. Buscando la sustancia de los días.




En memoria de Mery Maroto, pintora, escultora, escenógrafa...,
fallecida  ayer diez de julio,
pero para mí sobre todo vecina y amiga de toda la vida.

Te dejo esta interpretación enorme de Winterreise; te hubiera gustado.










(En la fotografía, la artista posa junto a una escultura de Bernardí Roig. Los otros dos trabajos son de Mery Maroto)



domingo, 7 de julio de 2019

Naxos y el mal oscuro




"Lo tendió encima y con el cuchillo le extrajo del muslo
el agudo dardo, rodeado de asta de pino. La oscura sangre
le lavó con agua tibia y luego le aplicó una amarga raíz,
previamente machacada a mano, aletargadora del dolor, que todos
sus sufrimientos calmó. La úlcera se secó y cesó la hemorragia".

Homero, Ilíada. Canto XI, 844.



Se han desatado voces de alarma por la ciudad. Tenía que pasarnos ahora esto, dice el clamor más repetido. ¿A quién hemos injuriado para que se cebe en nosotros el mal oscuro? se escucha de puerta en puerta. Ya perdimos bastantes vidas cuando la ocupación bárbara. ¿Por qué esta nueva desgracia? 

Han venido a verme algunos vecinos. Entre ellos Sciros, el cautivo retornado, Bahram, el joven arquitecto que se ha asentado entre nosotros, y el loco, Alónnisos. Los acompaña Thera, que no suele abandonar fácilmente el alfar, salvo por causa que considere grave. Me gusta su capacidad de reacción. Y su presencia me estimula. Venimos a hablar contigo sobre las preocupaciones de la gente, dice. No veo exasperación en el tono de sus palabras. Difícil no haber oído las cosas que se están diciendo, pero vosotros ¿no estáis intranquilos? Sciros está curtido en padecimientos y su capacidad de control es evidente. ¿De qué nos serviría? Además no es la primera vez que una enfermedad toca a algunas familias. ¿A qué nos llevaría poner la voz en grito? ¿No es mejor considerar el problema y ver cómo lo podemos afrontar? Si no es la primera vez que ocurre, algo habréis aprendido de otras ocasiones, les planteo. Y así es, pero hay que detener como sea el coro de lamentaciones que, en parte, están promovidas por quienes nunca aceptan cambiar lo que no funciona en la administración de la ciudad. Que las condiciones higiénicas siguen siendo deficientes es un hecho innegable. El arquitecto interviene. No hay mejor salida que revisar las obras públicas, regenerarlas, mejorar la traída de aguas, modernizar las canalizaciones. Pero es una acción a largo plazo, y antes que nada hay que salir de esta. Thera avisa. Esos de los que habla Sciros, que siempre tratan de influir para que la ciudad esté sometida a su control, ya andan diciendo que hay que buscar a los iatromantes, como la otra vez. Que sus dotes de adivinación podrán dominar al mal y que sus magias cortarán el avance de casa en casa. Pero ¿cómo? ¿Con hechizos y trances que pueden impresionar a los niños pero que ya vimos antes que no nos sirvieron? Me quedo pensando; todos me observan como si yo, que siempre seré un advenedizo, pudiera tener la solución. Al fin hablo, más por evitar que la inquietud se cebe en ellos que porque se me ocurra algo decisivo. Deberíamos primero saber en qué zonas de la ciudad ha prendido más la enfermedad. Y si es posible conocer de manera más precisa a qué casas les ha tocado y cuáles se han librado. Luego deberemos informarnos qué comida han ingerido, de qué aguas han bebido, y si los animales están afectados como ellos. No estaría de más preguntar si han observado más ratas y cuántos han sido mordidos por ellas. Tampoco estaría mal indagar sobre aquellos que se han estado solazando con escasas precauciones, dice el loco con sarcasmo. A punto hemos estado todos de echarnos a reír. Thera es insistente. Unos pedirán buscar a curanderos y otros recurrir al oráculo, pero los primeros no van a hacer nada que no hagamos cualquiera de nosotros en asunto de cuidados y, en mi opinión, la pitonisa no está desde hace tiempo por profetizar nada. El grupo asiente lo que dice Thera, pero parece buscar algo más. Vuelven sus ojos a mí. Nuestro objetivo, propongo, es detener el pánico. Desbaratar a los que propagan falsas informaciones sobre la extensión del mal y que hablan de contagio allí donde tal vez solo se trata de situaciones casuales, muy concretas, sin que tengan que ver unas con otras. Deberíais buscar a un hombre sabio que vive en el extremo de la isla vieja, plantea Alónnisos. De él se dice que tiene experiencia en curar heridas de dardos y tratar males ocultos en lo más profundo de los cuerpos. No es un hombre entregado como otros a rituales y encantamientos, sino a la observación. No invoca ni a dioses ni a mediadores ficticios. No cree en las enfermedades sagradas, idea nefasta que defienden los charlatanes, y afirma que nadie se tiene merecido el mal. Eso sí, dicen que suele hacer muchas preguntas, que se interesa por las conductas de vida y por los alimentos que come la gente, que explora con la mirada atenta y con sus manos todo el cuerpo, no solo la parte aquella de la que un enfermo se queja. Se ayuda además, según para qué males, de instrumentos que ayudan a abrir la carne. Y procura evitar el dolor, y cicatriza la herida con recursos de su propia invención. Y por si fuera poco, enseña sus artes, que él llama físicas, a quien muestra interés y habilidad. Cuando alguien le echa en cara que tiene una conducta impía al despreciar a los sanadores tradicionales que dicen obrar conforme a las indicaciones de Apolo él responde: ¿Acaso no se curaban nuestros héroes entre sí y no les molestaba a los dioses? Anécdotas de esta clase se cuentan de este hombre sabio y bondadoso. Pedid que vayan lo antes posible a buscarlo, no está tan lejos. Tal vez sea parte de la solución para este momento. Y quién sabe si no será una baza favorable para nosotros si le convencemos de que se quede a vivir en la ciudad.

Todos permanecemos asombrados ante las palabras de Alónnisos. ¿Quién podría prescindir de nuestro orate si lo que propone resulta ser lo más práctico para todos nosotros?





(Fotografía de Herbert List)


viernes, 5 de julio de 2019

Los yunteros de Extremadura. Documental de 1936




Suspiros terribles de España, de otro tiempo. Aunque colean ciertas secuelas. Palabras precisas. Dicción clara. Guión exacto. Eso es relatar Historia. Sin demagogias ni retóricas ni engaños. ¿Qué obra supera a esta obra documental de su tiempo? Para no olvidar lo vivido. Para no dejarse arrastrar por las palabras vanas. Para que no quede nunca oculta la verdad de la vida de los hombres. Para que hoy sepan las nuevas generaciones lo que fuimos.






jueves, 4 de julio de 2019

Ay, las aventuras de Tintín, que me las están cambiando






Parece que el negocio Tintín sigue buscando nuevos mercados. De ahí que se editen las aventuras del chico en lenguas minoritarias. Dicen que las últimas son en aranés, dialecto del Valle de Arán, y en castúo, dialecto tradicional de Extremadura. Nada que objetar a que la editorial se monte su negocio. Nada que objetar tampoco a que se edite a Tintin en lenguas minoritarias o de vecindad. Pero que se modifiquen nombres de personajes o detalles de escenas me parece un poco del género bobo. Leo que en la edición en aranés se cambian expresiones, tales como señala esta cita: “Los inspectores Dupond y Dupont, por ejemplo, aparecen en la versión aranesa como Bertranet y Bertranon, que son los oicónimos de dos casas que existen en la zona. Otra adaptación es el brindis por los novios Haddock y Castafiore que, en lugar de con champán, se hace con aigua de nòdes, un licor muy popular en el Val d’Aran”. ¿Por qué esta medida reduccionista, de adaptación antiliteraria, que suena a rancio provincianismo? ¿Quién la demanda? ¿A cambio de qué se dan estas concesiones de la editorial? Para condescender ¿con quién, con qué, para qué? ¿Con la moda identitaria? Pero si lo bonito de leer un libro o un cómic es precisamente trasladarse con todo detalle proporcionado por el autor a los escenarios que este traza. ¿Podría leer yo igual "El corazón de las tinieblas" de Conrad, o "Cien años de soledad", de García Márquez" si los textos se reformaran en función de la región donde habito, cambiando los bosques y arbolados exuberantes de la novela original por la flora de la Meseta, por ejemplo? No quiero ni imaginar semejante osadía. Precisamente uno lee -y siempre lo hemos hecho de ese modo y con esa intención- para trasladarnos a marcos de vida y territorios donde dominen otras faunas, otras selvas, otras ciudades, otros personajes. Eso ha sido siempre lo atractivo y lo que nos permitía descubrir. Nosotros íbamos y seguimos yendo a donde el argumento de un libro se desarrolla. Eso potencia nuestra imaginación y fantasía, nos torna soñadores y vivimos durante el tiempo de la lectura en otro paisaje y con otro paisanaje. Pero, en fin, no sé si es que a la postre la gente traga con todo. ¿Traga con todo? Los niños, ¿deben tragar con todo? Si es así qué empobrecidos lectores traerán los años venideros.


https://elpais.com/cultura/2019/07/03/actualidad/1562184064_298500.html





miércoles, 3 de julio de 2019

Aforismo sobre aforismo (Cioran)




Curioso aforismo que me encuentro tras el café de la mañana. "En cuanto empezamos a envejecer, en lugar de afligirnos, deberíamos invocar el derecho a dejar de ser nosotros mismos". Lo dice Cioran en su libro Ese maldito yo. Y salto como un resorte (o impulsado por mi resorte resistente) ¿Acaso el ejercicio natural de afligirnos no es en sí mismo una invocación? ¿No se anticipan los estados de ánimo y ese desatarse las emociones al pensamiento que construimos con palabras? ¿No vamos dejando de ser a medida que envejecemos? ¿No es el envejecimiento otra cosa sino el desbocamiento de la fiera -con su consiguiente atropello de nosotros mismos- que pierde su energía a través de variadas manifestaciones que ya no controlamos? Ay, debe ser por ello que envejecer es también evocar lo perdido. Reivindico el derecho a la aflicción. Sería del género bobo no reconocer que envejecer es hundirnos en nuestra lenta y paulatina (en muchos casos rápida y urgente) disolución.