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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 20 de octubre de 2017

Federico Luppi o las patrias o la Argentina o las trampas o los fachos...Chau

















Qué tendrá de seducción la parca que nadie se resiste a ella. Hoy cayó Federico Luppi. No olvidaré aquel tono duro y contundente del personaje que sabe de qué habla en la película Martín H. Escuchen su relato áspero y realista como la vida misma. Muchas personas del mundo de fantasía que se han montado en el presente deberían considerarlo. Chau, Federico.







jueves, 19 de octubre de 2017

Apunte sobre una revolución que no es













Entre las numerosas tonterías, disparates, inexactitudes y falsedades que escucho estos días de voces que confunden los deseos con la realidad, una de ellas es y repite que lo que pasa en Cataluña es una revolución. Ay, ené, que decía mi bisabuela navarra de habla euskaldún, lo que hay que oír. 

Al poco de empezar el extraordinario tomo del historiador francés Jacques Barzun, que recomiendo a todos para informarse, tener más conocimientos, relativizar todo y concretar una aproximación más ajustada de la realidad europea en siglos pasados, titulado Del amanecer a la decadencia. Quinientos años de vida cultural en Occidente. De 1500 a nuestros días me encuentro este sustancioso párrafo:

"Nos hemos acostumbrado a llamar revolución a demasiadas cosas. Ante un nuevo artilugio o práctica que cambia nuestros hábitos domésticos, exclamamos: '¡Revolucionario!' Pero las revoluciones alteran algo más que nuestros hábitos personales o una práctica extendida. Dan un rostro nuevo a la cultura. Entre la gran convulsión de la década de 1500 y el presente, sólo otras tres posteriores son del mismo orden. Es verdad que los libros de historia dan el nombre de revolución a una docena o más de esta clase de hechos violentos, pero en estas conmociones sólo era grande la violencia. No fueron sino ondas expansivas locales de alguno de los otros cuatro enormes terremotos: la revolución religiosa del siglo XVI; la revolución monárquica del siglo XVII; la revolución 'francesa' , liberal e individualista, a horcajadas entre los siglos XVIII y XIX; y la revolución 'rusa' del XX, social y colectivista."

Ya sabemos que en el presente se amplía la degeneración de los conceptos y el uso inadecuado de las palabras merced a los medios de comunicación que se mueven entre lo cotidiano, lo urgente y lo efímero, sin dar siquiera tiempos de reflexión a ciudadanos y representantes. Tampoco los elegidos democráticamente para representarnos tienen mayores luces para meditar, pensar las cosas dos veces , interpretar su desarrollo y barajar salidas y soluciones antes de meter la pata o abocarnos a un desastre. No creo que se viva en Cataluña revolución alguna. ¿Acaso hay cambios en los aparatos productivos y en los mercados estratégicos? ¿Se ha alterado la composición de las formaciones sociales? ¿Hay nuevos paradigmas culturales? ¿Se han generado nuevas ideas espectaculares? ¿Se han abolido las clases sociales o ha tomado el poder una nueva clase alternativa? Por citar referencias del pasado. Si a movilizaciones, algaradas, ilegalidades, desencuentros y ejercicio de la libertad expresiva se le llama revolución para consagrar emocionalmente tales prácticas y arrastrar a la masa que le gusta ser arrastrada, pues mira qué bien y qué bonito. Pero no, que no se arroguen categorías políticas ni históricas. Creo que la realidad  descalifica a los demagogos y dejan en evidencia la talla de los que siguen ciegos  a los que tocan el pito.



(Ilustración de Hugo Pratt)


miércoles, 18 de octubre de 2017

Apunte a una sugerencia de Antonio Muñoz Molina





















Algunos amigos me lo vienen diciendo desde hace días y yo se lo repito a su vez a otros. Hay gente que mete mucho ruido, no nos prestemos los demás a aumentar el ruido. Incluso una bloguera amiga me recuerda un verso de Octavio Paz: "Cosas y palabras se desangran por la misma herida." Y la herida duele más si el ruido se vuelve insoportable. Este ruido desatado tal vez es el último recurso desesperado de los iluminados, pero que no nos engañe. El ruido, el vocerío, el clamor exagerado, cualquiera de las formas altisonantes que dan la espalda a la palabra como intercambio y, por lo tanto, construcción de entendimiento y comprensión racional, no deben ser combatidas con más griterío. Todo está dicho y no parece haber mucha red de sensatez para aliviar la situación. Y quisiera equivocarme, sinceramente. Hay incluso quienes creen proponer alguna clase de elección diferente de manera tan tosca y contradictoria como inútil que solo sirve o para apoyar a los del ruido o para acrecentar éste. ¿Es el silencio la alternativa a todo lo que sucede? ¿Basta con una actitud sumamente prudente que evite el encono y el enfrentamiento verbal? ¿Hay que no hacer, como dice Antonio Muñoz Molina, tomando modelo de algunas instrucciones del Tao-te-ching? En un artículo del escritor en su blog, cuya lectura recomiendo, hace una sugerencia contundente frente al momento presente. Me parece bonito, inteligente, sabio tal vez, pero yo no sé si seré capaz de seguir su senda. Siempre he sido muy pecador. Siempre he creído en la palabra. Aunque uno no sepa hacer siempre un uso adecuado de ella.

He aquí un trozo del artículo citado:

"Propongo aquí una tregua de quietud parecida. Parece que ya no podemos decir nada que no sea ofensivo y que no agrave más aún la temible fiebre autodestructiva a la que nos vemos arrastrados. Todos hemos perdido ya, inútilmente, estérilmente, mucho de lo que habíamos ganado, y hemos perdido más todavía si pensamos en todo lo que podíamos haber hecho si concentráramos nuestras fuerzas y nuestras palabras en construir lo imprescindible en vez de cebarnos en lo dañino y en lo inútil. Hay veces que hablando no se entiende la gente. El microcosmos de los que participamos aquí se ha empobrecido y se ha vuelto insalubre y hosco en los últimos tiempos. Pero estoy seguro de que en la mayor parte de las cosas de verdad fundamentales los más virulentos entre nosotros estarían bastante de acuerdo. Una de las experiencias más beneficiosas que conozco es el retiro de silencio. Tradiciones espirituales muy distintas lo han cultivado desde hace milenios. Voy a dejar en suspenso esta conversación durante una temporada. No sabemos qué se puede hacer, pero sí qué se puede no hacer: no aumentar todavía más el ruido, el bronco diálogo de sordos que nos intoxica la vida como las partículas de C02 en la atmósfera en este otoño caluroso y polvoriento del porvenir climático que ya ha llegado. No pienso ahora en lo que quiero que suceda, sino en lo que no quiero que suceda."








(Fotografía de la parte superior de Eikoh Hosoe)

martes, 17 de octubre de 2017

Apunte a una carta marrueca de José Cadalso

















¿Tan circular es nuestra propia historia? ¿Una historia de perro persiguiendo gato y gato a ratón? Leo esta carta, la XXIII, de las Cartas marruecas de José Cadalso y me asombro.


"Hay hombres en este país que tienen por oficio el disputar. Asistí últimamente a unas juntas de sabios, que llaman conclusiones. Lo que son no lo sé, ni lo que dijeron, ni si se entendieron, ni si se reconciliaron, o si se quedaron con el rencor que se manifestaron delante de una infinidad de gentes, de las cuales ni un hombre se levantó para apaciguarlos, no obstante el peligro en que estaban de darse puñaladas, según los gestos que se hacían y las injurias que se decían; antes los indiferentes estaban mirando con mucho sosiego y aun con gusto la quimera de los adversarios. Uno de ellos, que tenía más de dos varas de alto, casi otras tantas de grueso, fuertes pulmones, voz de gigante y ademanes de frenético, defendió por la mañana que una cosa era negra, y a la tarde que era blanca. Lo celebré infinito, pareciéndome esto un efecto de docilidad poco común entre los sabios; pero desengañéme cuando vi que los mismos que por la mañana se habían opuesto con todo su brío, que no era corto, a que la tal cosa fuese negra, se oponían igualmente por la tarde a que la misma fuese blanca. Y un hombre grave, que se sentó a mi lado, me dijo que esto se llamaba defender una cosa problemáticamente; que el sujeto que estaba luciendo su ingenio problemático era un mozo de muchas prendas y grandes esperanzas; pero que era, como si dijéramos, su primera campaña, y que los que le combatían eran hombres ya hechos a estas contiendas con cincuenta años de iguales fatigas, soldados veteranos, acuchillados y aguerridos. -Setenta años -me dijo- he gastado, y he criado estas canas -añadió, quitándose una especie de turbante pequeño y negro- asistiendo a estas tareas; pero en ninguna vez, de las muchas que se han suscitado estas cuestiones, la he visto tratar con el empeño que hoy. 

Nada entendí de todo esto. No puedo comprender qué utilidad pueda sacarse de disputar setenta años una misma cosa sin el gusto, ni siquiera la esperanza de aclararla. Y comunicando este lance a Nuño, me dijo que en su vida había disputado dos minutos seguidos, porque en aquellas cosas humanas en que no cabe la demostración es inútil tan porfiada controversia, pues en la vanidad del hombre, su ignorancia y preocupación, todo argumento permanece indeciso, quedando cada argumentante en la persuasión de que su antagonista no entiende de la cuestión o no quiere confesarse vencido. Soy del dictamen de Nuño, y no dudo que tú lo fueras si oyeras las disputas literarias de España."



Mi apunte: qué bien si hoy día solo se tratara de las disputas literarias... Pero la disputa en España ahora mismo no es ni literaria, ni filosófica, ni política, ni intelectual.  O si hay algo de debate en cualquiera de esas instancias es lento, farragoso, poco nítido. Ni aparece una determinante cordura compartida, ni un grado de sensatez que prime, ya no digamos mínima sabiduría, y se ignora el hilar fino, el escuchar al otro y se carece de perspectiva histórica actualizada. Tampoco se quiere aprovechar el margen de supuesta bonanza económica por parte de algunos, lo cual es del género no bobo sino suicida, ni hay por parte de otros sentido de aunar esfuerzos, ni se tiene idea clara de lo necesaria que es la estabilidad no para el llamado sistema, sino para la convivencia pacífica y el hacer del día a día de cada ciudadano. Vivimos estas semanas una disputa febril, estéril y trivial, pero acendrada, de imponer posiciones de poder caprichoso, clasista y de minorías, de unos sobre otros. Con iluminados no vamos sino al pasado negro. Espero que no aparezcan los salvadores, pero clamores para ello empezará a haberlos pronto, si no han empezado. Sin arreglo, vamos.




lunes, 16 de octubre de 2017

Apunte sobre un desastre ampliado. Galicia, Asturias y Portugal arden. O qué hubiera dicho Rosalía de Castro






















Llevábamos un montón de días con el sonsonete del secesionismo catalán  -que si sí que si no que si semi pensionistas-  creyendo reducidos los problemas del país solo a esa cuestión planteada por una minoría que se arroga la voz de la mayoría (también el gobierno central es tan dado a hablar en nombre de todos los españoles) Y no sabíamos ya si es que vivimos en la Arcadia feliz, si ya no hay nada pendiente que resolver, si los problemas de diversas clases no existen, si somos lo mejor. A veces tienes la sensación de que España, entre la presión política y el apoyo de lo mediático, se reduce al cero cuando no al infinito. Y nadie parece hablar de otros temas, y que toda esa especie a la que se denomina como agentes sociales, representantes institucionales, militancias y electos de los partidos hubieran quedado silenciados de pronto. 

Y de repente este fin de semana brota la noticia de los incendios en Galicia y en Asturias (también en Portugal, a la que, por cierto, la estúpida soberbia española siempre ha hecho de menos) Debidos en parte porque el octubre extraño y caluroso insiste en vengarse de los hombres, en parte probablemente por un deficiente cuidado de los bosques, en parte por la mano asesina (es curioso como oyendo a la conselleira de Medio Ambiente e Ordenación do Territorio de Galiza le faltaba tiempo para llamar terroristas a los presuntos incendiarios; luego escuché al fiscal general de Galicia que eso primero habría que probarlo), en parte acaso por el exceso de plantación de un árbol siempre denostado por muchos gallegos, el eucalipto, en parte por la urbanización excesiva del medio rural. No sé, ni digo más, que no entiendo ni conozco de cerca la realidad aquella. Todo lo que digo lo recojo de voces que de antiguo han venido avisando de los límites forestales gallegos y, por ende, de los dominios y relaciones sociales que allí han cundido con sus especificaciones. Por cierto, a ver si algún periodista y algún historiador nos hablan con veracidad de ello.

Ahora que se apaguen las mil y una llamas. En paralelo la impotencia, la vergüenza, la desesperación. La melancolía.Y pensé en qué diría Rosalía ante la desgracia de este momento. ¿Volvería a escribir sus mismos poemas como entonces? ¿Los escribiría con mayor gravedad y enojo, si no ira, de la que en su tiempo manifestó? ¿O se quedaría sin voz, apesadumbrada por las diversas formas de barbarie no solo imputables a la naturaleza? La naturaleza no sabe de barbarie porque éste es un concepto fieramente humano, solo sabe de instintos. Pero me pregunto si hay una clase de hombres que incentivan los instintos del fuego, si hay otros que se dejan mullir por las ambiciones e ignoran las realidades geográficas y sociales, si hay quienes miran para otro lado a la hora de prevenir o corregir políticas, si hay quienes solo se interesan en su chalé y sus barbacoas. No sé, solo son dudas. Pero a mí me enfada y me aflige la desgracia aunque no me pille in situ, cómo no. Qué curioso, el Nordeste y el Noroeste de la península parecen convocados por fuegos, si bien diferentes.

Tomo unas estrofas del poema Los robles de Rosalía de Castro.



"Bajo el hacha implacable, ¡cuán presto
en tierra cayeron
encinas y robles!;
y a los rayos del alba risueña,
¡qué calva aparece
la cima del monte!

Los que ayer fueron bosques y selvas
de agreste espesura,
donde envueltas en dulce misterio
al rayar el día
flotaban las brumas,
y brotaba la fuente serena
entre flores y musgos oculta,
hoy son áridas lomas que ostentan
deformes y negras
sus hondas cisuras.

Ya no entonan en ellas los pájaros
sus canciones de amor, ni se juntan
cuando mayo alborea en la fronda
que quedó de sus robles desnuda.
Sólo el viento al pasar trae el eco
del cuervo que grazna,
del lobo que aúlla."






domingo, 15 de octubre de 2017

Apunte abrumado





















Tanta catalanidad exhibida últimamente me abruma. Tanta españolidad exteriorizada por reacción estos días me abruma. No consigo saber qué hay detrás de una ni de otra, por más que lo sospeche. Y entonces me siento estúpido. ¿Es que no podemos ser humanos sencillos y normales? Por supuesto que no, me dice la madre Historia. La humanidad no ha evolucionado todavía lo suficiente para que los individuos se sientan trascendidos a planos que les aproxime en lugar de que los divida y disperse, precisa. 

"Si yo soy español, lo soy
A la manera de aquellos que no pueden 
Ser otra cosa: y entre todas las cargas
Que, al nacer yo, el destino pusiera
Sobre mí, ha sido ésa la más dura."

Son versos amargos del Díptico español, de Luis Cernuda (otra vez llega para ayudar a interpretarme) Y en ese Díptico las palabras del poeta sirven para los de allende o aquende del Ebro. En esta tensión inútil que juega peligrosamente con los individuos, ¿por qué no se apean del burro los de las aspiraciones virtuales? Al fin y al cabo, se ve que tampoco pueden ser otra cosa (aunque se calienten el cerebro y el cerebelo y crean que sí)





sábado, 14 de octubre de 2017

Apunte sobre un poema peregrino de Luis Cernuda















Suele decirse que toda la vida son años de peregrinaje. ¿Hacia dónde? ¿Hacia los proyectos, los planes, las normas, las fases que van del crecimiento a la vejez? ¿O hacia lo imaginario, lo sagrado, la concepción etérea, cualquier disolución de la mente en otro estado que ayude a sobrevivir? ¿Tiene todo eso algo de peregrinación a no se sabe dónde? Tengo mis dudas. Pero ¿peregrina cualquiera? ¿Se peregrina acaso en una vida cautiva? ¿O solo lo hace quien no encuentra modo de aceptar el suelo que pisa y cuanto sobre él se levanta? ¿Peregrina quien da por perdido lo que tuvo o el que nunca supo retener cuanto se le concedió? ¿Peregrina el insatisfecho o el hastiado? ¿El que pide o el que busca? ¿El que se estanca y renuncia o el que sigue la inercia de su impulso? ¿Peregrina quien nunca tuvo fe en los hombres o quien desea desproveerse de lo banal del hombre? Al peregrino vital no le esperan templos al final del recorrido ni montañas sagradas ni tierra prometida alguna. Hay más de travesía del desierto que de viaje que acapara imágenes para un álbum.   

Alejándome de los acontecimientos retorcidos y perversos que hieren y zahieren estos días, me alejé tanto a la hora nocturna que me sumergí en un algo de Cernuda. Lees a Cernuda una y mil veces y siempre es diferente lo que te dice. La letra no ha cambiado, pero  la intención que tú percibes es más receptiva. Y ya no puedes dejarlo. Cernuda no tiene extravío ni en lo que dice ni en cómo lo dice. Y la musicalidad especial, que yo encuentro severa y casi siempre sin concesiones, incita a leer una y otra vez lo escrito. El poema Peregrino no es un Cavafis alegórico y exultante que te aleja del mundo. Es una especie de Anti-Ítaca, donde se retrata el poeta español y deja la fotografía a nuestro alcance. Por si somos cualquiera de nosotros ese peregrino. 


Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga, 
 Tras largos años, tras un largo viaje, 
 Cansancio del camino y la codicia 
 De su tierra, su casa, sus amigos, 
 Del amor que al regreso fiel le espere. 

 Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas, 
 Sino seguir libre adelante, 
 Disponible por siempre, mozo o viejo, 
 Sin hijo que te busque, como a Ulises, 
 Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope. 

 Sigue, sigue adelante y no regreses, 
 Fiel hasta el fin del camino y tu vida, 
 No eches de menos un destino más fácil, 
 Tus pies sobre la tierra antes no hollada, 
 Tus ojos frente a lo antes nunca visto.




viernes, 13 de octubre de 2017

Apunte a un apoyo a la causa

















El que tenga oídos para oír lo que no sean palabras necias, ojos para mirar horizontes abiertos, narices para oler el desastre que puede venir, manos para tocar madera, gusto para no tragar sapos y sentido de orientación para razonar, que los aplique. Nigel Farage, personaje xenófobo, exlíder de un partido ultra, parlamentario europeo por UKIP, partidario del brexit duro y de vínculos con la ultraderecha europea se ofreció recientemente como apoyo a la causa secesionista del dislate. ¿Casualidad? Yo, de ser cruzado de la causa, me lo pensaría dos veces. Y saldría al quite a negar la intervención de la gente funesta. Pero ya se sabe que los cruzados admitían auxilios de cualquier parte si era para rescatar los Santos Lugares y consagrar así sus mitos. ¿O en este caso se trata más bien de aquellos otros cruzados sobre los que narraba Valle-Inclán? Claro que en el ruedo ibérico el que esté libre de responsabilidad que levante la mano. Ah ¿que no la levanta nadie? Yo tampoco, ya que me siento implicado en la historia del suelo que piso y del aire que respiro con los paisanos. Y no voy de buenista, como la moda del presente. Levantada, pues,  la sesión de este post.


http://cadenaser.com/ser/2017/10/03/internacional/1507027437_564085.html


miércoles, 11 de octubre de 2017

Apunte asnal






















Burro A. Echo mano del refranero: Para este viaje no hacían falta alforjas.
Burro B. Pues espera que no queda.
Burro A. Pero ¿no se ha terminado el cuento?
Burro B. Mucho me temo que el primer cuento ha dado lugar a más cuentos.
Burro A. Pues hubo un poeta zamorano que dijo que él se sabía todos los cuentos.
Burro B. Seguro que también se hubiera sabido el de estos días.
Burro A. ¿Toda la vida así?
Burro B. El paisanaje que tenemos siempre se está inventando historias.
Burro A. Pero casi todas las historias ya se contaron antes.
Burro B. Ya sabes, se cuenta lo mismo con otras máscaras y de vez en cuando aparece algún enmascarado nuevo.
Burro A. Hum, creo que hasta las máscaras se repiten.
Burro B. Sí, fácil, predomina el carnaval.
Burro A. Otro escritor, esta vez pontevedrés, llamaba a los sucesos del país esperpentos.
Burro B. Era su visión del ruedo ibérico de aquel tiempo.
Burro A. ¿No había quedado atrás aquella época?
Burro B. Para unas cosas sí, para otras ni se sabe.
Burro A. Es decir, que estamos inmersos en un cuento que va para largo.
Burro B. No quisiera pero mucho me temo que así es.
Burro A. ¿Cambiará el guión?
Burro B. Como no cambie va a ser muy aburrido.
Burro A. ¿Cómo crees tú que acabará este cuento?
Burro B. Huy, si yo lo supiera me pondría a buen recaudo.
Burro A. ¿Tan mal lo ves?
Burro B. Ni sí ni no, solo veo personajes gastados, circunstancias viejas y fantasías finiquitadas.
Burro A. Pero no parece que nadie quiera abandonar la escena.
Burro B. Ya ves, te voy a contar a ti lo que gusta el pesebre.
Burro A. Oye, no hay mal que por bien...eso, que igual es nuestra oportunidad.
Burro B. No, qué va, allá los quieren menos sabios que nosotros.



(Grabado de Goya, que aún sirve para ilustrar los tiempos presentes del país)


martes, 10 de octubre de 2017

Apunte de un apunte (con El Roto y Vicent de por medio)


















Asistí hace unos días a la presentación del libro Antitauromaquia, obra a dúo de El Roto y Manuel Vicent, en Valencia. Me pedía el cuerpo conocer en persona al virtuoso, satírico y heterónimo dibujante Andrés Rábago, antes Ops y ahora El Roto. A Manuel Vicent ya le había visto en más ocasiones. A El Roto, crítico mordaz y sabio de la realidad cotidiana y española en El País -al que Manuel Vicent le llama la Santísima Trinidad por su triple persona, no se sabe si divina o humana, en un solo demiurgo verdadero-  le he seguido desde la época de la revista Triunfo allá cuando el franquismo.  

Con no interesarme en absoluto los Toros, y parecerme un negocio  poco fino y cada vez con menos salida al mercado, a más de un espectáculo aburrido apoyado por una grey proclive a lo fanático,  tampoco hago confesión de fe de antitauromaquia. Para ser anti parece que anteriormente habría que haber sido pro, pero ya se sabe que los nuevos cánones de la ortodoxia de lo políticamente correcto obligan a tomar partido sí o sí. Como en el acto se hablara con alto fervor del amor a los animales  -tuve que escuchar una vez más la manida, cínica y equivocada frase de quien no ama a un animal no ama a un ser humano,  ecuación que no logro resolver en mi matemática de andar por casa-  hubo una persona del público que, presentándose como profesor de literatura en la Universidad, puso el cascabel conceptual al gato del tópico. No tenemos por qué sentirnos obligados a amar a nadie, dijo, pero sí debemos respetar sea a un animal o a un ser humano. El respeto es una exigencia, el amor una elección

Frente a los iluminados, y en aquel acto también había algunos, me pareció que este hombre era luminoso. Extrapolé su preciosa precisión y pensé en la suma necesidad del respeto que nos apremia cada vez más porque está quebradizo. Pensé, por ejemplo, en cómo muchos que dicen amar la bandera y la patria española son luego desconsiderados en su comportamiento cívico o en sus relaciones familiares. O cómo los que andan de esteladas de aquí para allá tratan con escaso respeto al que no es de su cuerda. Respeto y amor, dos conceptos a revalorizar. Sinceramente, el primero me parece tangible y asumible, sin mayor compromiso pero como una necesidad de convivencia. El otro...es difuso aunque se le llene a todo el mundo la boca con su sonora palabra angélica...y evangélica. Amén. 



lunes, 9 de octubre de 2017

Pongamos que me llamo Brecht y que he resucitado para volver a morirme esta vez de asco y en Sheparad




















"Amb el foc primer cremes
la llibertat."

Salvador Espriu. La pell de brau.


"Con el fuego primero quemas
la libertad."

Salvador Espriu. La piel de toro.



No, ellos nunca pelean entre sí.
No.
No son líderes contra líderes
ni ejércitos contra ejércitos
ni regiones contra regiones
ni partidos contra partidos
ni ideas contra ideas
y mucho menos el capital
contra el capital
quienes van a llegar a las manos.

Ellos juegan a enfrentarse
sobre el tablero de juego virtual
y el trabajo sucio
la peonada de la sinrazón
eso de salir a la calle
disparando consignas rancias
encararse unos vecinos con otros en cada rincón
chocar en la mesa familiar
hablar mal del prójimo
desde la cómoda tertulia de un café
romper relaciones e intercambios
amenazar veladamente
escribir tuits efímeros con insultos
colgar banderas de análogos colores
para que se sepa que eres un valiente
de la cobardía porque prefieres un símbolo
a un argumento y una invocación
al diálogo
todo eso y más lo hacen siempre
los idiotas.
Nosotros. Ese ente tan abstracto
al que unos (evocando episodios nacionales) llaman el pueblo otros
(más ambiguos todavía) la gente
otros (los menos) los trabajadores
nos denominan masa los intelectuales cínicos del silencio
y los más pérfidos y que mejor saben lo que ocurre
los tontos útiles.
El desencuentro está llegando
y la angustia saja mi hígado.

No. No hay combate de sangre en las alturas
del verdadero dominio de los hombres.
Allá arriba
en ese Olimpo siniestro donde se deciden
vidas y futuros
nadie se mata.
Si es preciso
o porque son precavidos y ven venir
y no como nosotros
los idiotas
el desastre (siempre temporal por supuesto)
ponen a salvo los muebles.
Ellos
en sus coloquios de alto nivel
hablan de crisis y desajustes
de reajustes y soluciones.
Cosas que suceden cíclicamente
para que el orden siga su curso
desordenado
concluyen.

Pero mientras tanto
sus acólitos hacen la pamema e invocan gritos de balconada
exultantes de nación
preñados de la gloria efímera de los días necios
mientras severos
otros pronuncian patria con un puñetazo en la mesa
y piden aplicar las leyes
y los otros desobedecerlas
según convenga al juego ocioso
que les devora porque no se olviden
que esos competidores de falsete
se copian entre sí unos a otros
como torpes discípulos de la ignorancia.

Pero mientras
echan a la calle a sus siervos
y luego dicen que se sienten apoyados
(lo peor es que muchos los apoyan de buena gana)
contemplan la triste evolución de los acontecimientos
y aplican leyes o se las saltan
siendo todos ellos
campeones de la ignominia.
Ahí nosotros
disfrazados de algarada o de masiva afluencia
elijan la situación propensa al medio que hace el reportaje
les dejamos hacer
haciéndonos nosotros mismos la mala sangre
que nos reconcome
(lo fatídico es que hay tantos a los que les gusta hacer negra la sangre
o aman el veneno que quieren inocularnos a los demás
o piden más víctimas porque eso según el martirologio de la política
que es tan hipócrita como el otro
nos labra un nombre en la vida de los santos y héroes de la patria nueva dicen
sin caer en la cuenta de que si algún reino se les depara
y no lejanamente
será en el infierno)

¿Para qué tanta parafernalia
tantas hermosas constituciones
tanto clamor por un pasado glorioso
que nunca fue tal
o tanto soñar un futuro que nunca independizará
por este camino las vidas de quienes ansían vivir?

¿Por qué esta ceguera en cometer los tradicionales errores
y esa insistencia en revolcarnos en el barro
que es el anticipo de la sangre
por lo que algunos nos llaman aún hijos de Caín?

¿Qué va a ser
si no conseguimos entendermos unos con otros
de nosotros
los idiotas?

¿Lo que quieran aquellos de lo alto?

El campo está abonado para la tristeza.





Pensando en todas aquellas personas con las que, desde estas páginas de blogs, coincido y disiento, pero con los que intercambio y hago y deshago ideas con respeto. Hasta ahora. Me niego a admitir que el desentendimiento nos venza. ¿Habremos llegado a un punto de sinrazón irreversible? Qué pena que no distingamos lo que ocultan las fantasías y los sueños de grandeza. Qué insignificantes acabaremos siendo. Qué tristeza si esto acaba mal.



Apunte sobre una irrelevancia






















Mientras unos juegan a patrias y a Estados, otros se juegan su capacidad adquisitiva. "Hacer la marcha es fácil, lo duro es vivir constantemente preocupado por el futuro y la realidad del día a día", dice una jubilada septuagenaria que está haciendo una marcha a pìe de pensionistas que llega hoy a Madrid. ¿Una marcha deportiva o para recaudar fondos? No, una marcha reivindicativa que partió hace más de un mes desde distintas ciudades españolas, pero a la que los medios han prestado escasa relevancia, para exigir pensiones más dignas.

Tal vez lo de la dignidad sea hoy día un eufemismo, y deberían decir sin vergüenza alguna que se necesitan pensiones más altas. Pues el dinero, que tanto interesa a diputados, accionistas y banqueros, por ejemplo, también es una condición sinequanon para el más humilde siervo de esta monarquía hispana. 

Ah, muchos jubilados están hartos de tomar cada día la pastilla que supuestamente debe aliviar la ingratitud. ¿Qué tienen que decir al respecto los bienpagaos Gobiernos y los ben pagats Governs?




domingo, 8 de octubre de 2017

Apunte sobre publicidad















Leo una cita del último movimiento espontáneo políticosocial en redes (Hablemos, Parlem): "España es un país claramente mejor que sus gobernantes". Pregunta del millón: entonces, ¿por qué se eligen gobernantes peores que el país? Hum. Algo no cuadra.

Permítanme que apenas crea en las palabras bonitas y publicitarias. 


viernes, 6 de octubre de 2017

Diccionario inexacto de términos que aparecen en la crónica cotidiana de acontecimientos que vive el país




















La crónica de acontecimientos que vive el país (cuánto me gustaba aquel título de los samizdat clandestinos de la Europa del Este bajo las dictaduras) remueve el sentido de las palabras, de tal modo que no sabes bien si dicen verdad o mentira, algo que parece que no importa ya mucho porque tanto con la verdad como con la mentira, o con la verdad de la mentira o con la mentira de la verdad, la confusión está servida. Con la mejor intención, o con la intención traviesa, allá como lo vea cada cual, pero con ironía, y sin pretender hacer daño a nadie (el que se pica ajos come se dice en mi pueblo pueblerino) se exponen a continuación algunas palabras. Habrá muchas más en danza y el vocabulario se puede ampliar. Se exponen en bilingüe, por exigencia del guión de esta temporada de la que estamos hastiados, para mejor orientación del lector. Pido disculpas por no ir la nomenclatura en orden alfabético; tal vez no sea tan cómodo ni ortodoxo pero es que las ocurrencias brotan así, ácratas y sin pelos en su manar. 



Disfraz. Disfressa. Vestimenta con la que un personaje de hoy quiere ser un personaje del pasado. Estos días unos adoptan el ropaje de 1936, otros de 1917, bastantes de 1714, las masas urbanas de franquismo o antifranquismo y cierta gente de los pueblos del interior catalán de carlistas decimonónicos.

Mediador. Mediador. Personaje de búsqueda difícil y hallazgo acaso imposible cuya presencia se implora por aquellos que han puesto en marcha la caminata al abismo. Los hay que se ofrecen como partido mediador, otros como club de fútbol azulgrana mediador, otros como sindicato de clase mediador, etcétera. Visto que las autoridades europeas no pueden estar por la labor, la acendrada y fervorosa tradición montserratina intenta que cierta entidad dada a nadar y guardar la ropa se implique como intermediaria de no sé sabe qué. A esta fecha nadie parece confirmarlo, pero solamente pensar que la Sacra Institución juegue un rol decisivo en la política española espanta. Que la Iglesia tomara carta de naturaleza cuasi constitucional sería visto como una afrenta al orden vigente. Por otra parte, tal como ha sido su comportamiento histórico en esta tierra elegida del Señor, pediría algo (mucho) a cambio y dejaría con el culo al aire al Estado español y al Estado del sol naciente del Mediterráneo. Naturalmente, cabe otra interpretación más pragmática, y es la que decía a veces mi padre: hay que tener amigos hasta en el infierno.

Represión. Repressió. Actividad, práctica y efecto habitual de las fuerzas del orden, llámense Policía, Mossos, Somatenes o Migueletes, reconocida por la Constitución, ante el ejercicio de resistencia o de bloqueo de la grey humana en circunstancias que no agradan al padre mayor de la cofradía. Dicho ejercicio cabe esperarlo y no debería coger por sorpresa a nadie. Matices a definir aparte serían los excesos, los defectos o la pasividad que mostrasen los cuerpos encargados para tal fin. No hace falta ser un lince para comprobar que es un elemento con el que se suele contar por parte de los que protestan para enfervorizar a sus seguidores, abrir o ampliar el martirologio y tener cancha en titulares en inglés, francés o polaco.

Maniqueísmo.Maniqueisme. Espacio que con frecuencia sustituye a la política clara y representativa. 

Equivocado. Equivocat. El otro, siempre el otro.

Referéndum. Referèndum. Véase 1. entelequia. 2. algarada.

Algarada. Aldarull. Pretensión de capacidad expresiva en la calle de una minoría, más o menos numerosa, que, con ciega presuntuosidad, dice hablar en nombre de todos.

Político. Polític. Ser, ente o animal fantástico de este mundo que no sabe por qué andurriales se mueve, a causa de lo cual acaba por no ser de este mundo.

Político listo. Polític llest. 1. Personaje que presume de tener carrera. 2. Oportunista. 3. Simplemente listillo.

Político torpe. Polític maldestre. La torpeza suele ser el sustrato real del político listo que, muchas veces, no se advierte de primeras. 

DesastreDesastre. Término antiguo  -recuérdese el desastre de Cuba, el desastre de Annual, el desastre de la Guerra Civil-  que vuelve a estar de moda estos días en boca del ciudadano común sin que sepa muy bien de qué habla, ya que prácticamente no existen habitantes que hayan conocido el último de los desastres que merezcan tal nombre. No obstante, su pronunciación conlleva una acentuación de la sílaba llana que se desliza con parsimonia, temor y misterio. Este vocablo, a medida que se emite, invita a imaginar una materialización del concepto. Ahí cada cual es muy libre de poner imágenes, nombres y personas, pero de momento el anticipo se denomina simplemente caída del Ibex 35, con especial resalte de la banca del Nordeste, o desubicación de sedes de empresas importantes.

República. República. Instrumento de gobierno legítimo y valioso que, en las escasas ocasiones que se constituyó en forma de gobierno del Estado, fue aceptado a regañadientes por las clases pudientes y reaccionarias del país y tuvo poca vida. Visto con qué escasa fiabilidad se invoca desde el Nordeste la Declaración de una nueva República sospecho que tanto el concepto como el término queden devaluados para el resto de nuestros días.

Gobierno.Govern de l'Estat. Institución ejecutiva caracterizada por la impavidez y la improvisación.

Govern. Govern. Corte de aprendices de brujo con cierto recorrido que están convencidos de que viven sus días de gloria.

Independencia. Independència. Paso que se da de depender de unos a depender de otros. Es una costumbre arraigada en la sociedad. Los hijos se separan de los padres para depender de una nueva familia. Hay obreros que se van de la fábrica para ser autopatronos y depender más de Hacienda. Hay quien deja un novio o una novia para someterse a un yugo superior que puede pedirle, en caso de desentendimiento, una compensación mayor. Hay quien se va de un país porque se siente esclavizado en él y acaba agachando la cerviz ante una tiranía más ingrata. Cualquiera de estos pasos suele implicar más cargas onerosas y pagar el precio de un agotamiento físico que, en bastantes casos, produce trastornos de comportamiento. 

Hipocresía. Hipocresia. Moral del ciudadano medio, apenas reconocida por el mismo y heredada a su vez de los ciudadanos superiores, que se supone que siempre han sido modelos y ejemplos de perfección. De perfeccionar la hipocresía, se entiende.

Maniqueísmo. Maniqueisme. Forma superior de la hipocresía llevada a sus últimas consecuencias. No es maniqueo quien quiere sino quien puede. Se ejercita desde instancias de poder principalmente y cuanto más poder e influencia se tiene más elevada es la cuota maniquea. Esta temporada está en alza de cotización entre partidos e instituciones que se han puesto a jugar a la ruleta rusa con la sociedad.

Enfrentamiento. Enfrontament. Fantasma siniestro, secular y obcecado que recorre España. Suele aparecer y desaparecer, pues nunca muere sino que permanece dormido cuando la ciudadanía lo ignora. Cuando un sector de ésta arrastra al todo

Clamor. Clam. Voz de fondo legítima que se ignora para ser sustituida por el ruido al toque del padre prefecto.

Ruido. Soroll. Fracaso de la música. Sin embargo, el ruido es hijo de otra música, la llamada música celestial que emana de las ideologías retrógradas, los castillos en el aire y la grandilocuencia de los que se consideran portadores de valores antiguos y eternos.

Desprecio. Menyspreu. Actitud nefasta  que define a quien la manifiesta. Suelen operar con desprecio aquellos cuya seña de identidad misérrima no les permite ni conocerse bien a sí mismos y tratan de compensar este defecto ignorando al otro y tratándolo con descalificaciones banales e incluso insultantes. 

Desgracia. Desgràcia. Temporada de otoño agudizada y esperemos que pasajera donde el común de los mortales empieza a hartarse y cuyo desenlace imprevisible nos tiene a todos en vilo.

Sedición. Sedició. Término que aparece frecuentemente en los libros de historia antigua, medieval, moderna y contemporánea como prolegómeno de la rebelión. Cuando parecía que tal alzamiento permanecía encerrado en las páginas de los aburridos libros de relatos de Historia he aquí que algunos personajes cultos lo aplican sin saber muy bien a dónde les puede conducir tamaña osadía.  

Rebelión. Rebel.lió. Palabra aún no pronunciada, al menos en su sentido jurídico, pero que se oculta tras una determinada ficha de dominó que en cualquier momento puede hacer caer a todas las demás.

Obcecación. Obcecació.  Estado de ánimo enfermizo persistente en el individuo o en el grupo de individuos que no solo pone en peligro su propia salud sino la de muchas otras personas ajenas a las dosis que se meten aquellos.

Odio. Odi. Hijo del engreimiento, hermano de la soberbia y esclavo de la ira. A veces dentro de la familia andan también procurándolo la avaricia y en numerosos casos la envidia. Suele ser un monstruo larvado que acompaña día tras día a muchos individuos y que ocasionalmente toca las trompetas del Apocalipsis para echar a perder las relaciones entre hombres, cuando no las vidas. La única manera de suavizarlo que se conoce es tomarse unos vinos entre

Épica. Êpica. Relato de los hechos que no ocurrieron jamás.

Héroe. Heroi. Personaje con frecuencia asesino que se cita con elogios en los manuales de Historia.

Diálogo. Diàleg. Extraña e ingenua invocación de los que no se mojan y de los que no tienen intención de cambiar sus puntos de vista. Dos opositores políticos se encontraron en lo alto de una montaña dispuestos a dialogar, dijeron. Primero se aseguraron de que no tropezarían con una roca, como afirmando la seguridad en sí mismos y no en la montaña Luego volvieron la cabeza mientras farfullaban palabras y hacían gestos que ninguno de los dos podía escuchar ni ver. Al final, se volvieron, se saludaron con cortesía y descendieron por las laderas mientras los suyos les aplaudían. 

Obrero. Obrer. Ser misterioso del pasado y que, de sobrevivir, jamás se cita en los acontecimientos del presente.

Clase. Classe. Perdón, este vocablo ya no aparece en la batalla ruidosa de las palabras de cada día.

Gente. Gent. Comodín que igual vale para un roto que para un descosido. Término difuso que abunda en la boca de los políticos de todo el espectro ideológico, al que se alude para atraer o para rechazar, para contarles cuentos o para pedirles el voto, para venderles un perro o una boda, y en cuyo nombre todos justifican sus palabras y actos, unos con sus medidas ejecutivas, otros con sus discursos hueros. La gente está con nosotros, dijo con énfasis el líder del partido H. La gente nos seguirá hasta el fin, clamó con voz más elevada el dirigente del político I. Hay que hacer las cosas bien por la gente, afirmó el ínclito gobernante. Hablad, gente, hablad, bramó el opositor. Gente, invertid vuestros ahorros en la Gran Banca de la Gente. Pero en la vida cotidiana la gente real no aparecía por ninguna parte.

Izquierda. Esquerra. Opuesto, contrario, enemigo o complementario de Derecha. Dicen que el nombre viene del Jeu de Paume de 1789, donde quienes estaban en alza en una parte del local eran respondidos críticamente por los que estaban situados a la izquierda, pero eso puede ser una invención. En nuestra historia contemporánea se llamaba así un sector de la política supuestamente honesto y que defendía ciertos valores idealistas que jamás lograron plasmarse en el Poder. Hoy sumido en la indefinición. O bien sus comportamientos la definen de tal modo que acaso debería cambiarse el nombre.

Mass media. Mass media. Horno donde se amasa harina de muchos otros costales sin que salga un pan comestible. No conviene disentir en público de los mass media pues en estos tiempos juegan el papel de Verdad Revelada, aunque cotidianamente nos estén revelando lo que ya sabemos. Los políticos y los económicos los utilizan de diversas maneras. Incluidos el Gobierno y el Govern.

Martirologio. Martirologi. Como su nombre indica, jardín donde crecen  jugosos los crisantemos.

Hastío. Fastig. Estado en que la fiesta se vuelve anodina, repetitiva, monótona y monotemática,  y cada vez menos la quieren. Mejor así.




(Imagen de William Blake)


martes, 3 de octubre de 2017

Diálogo de otoño con Manuel





¿Qué ves al otro lado, Manuel?
Lo mismo o parecido que a éste.
No puede ser.
Siendo el río el mismo, aunque haya dos riberas, ¿ no es la corriente unísona? 
Pero el flujo del agua ya cambia por sí mismo.
Las orillas, si son fértiles, lo son a ambos lados.
A veces no.
A veces dejan de serlo si no se sabe aprovechar el agua.
Siempre habrá agua.
Tal vez no. Pero sí habrá siempre necesidad de agua.
Luego habrá que procurarla.
Habrá que reconducirla si se desvía del cauce que nos beneficia.
Pero eso es asunto de los cielos.
Los cielos son impasibles, no les interesa la naturaleza humana.
Ellos auspician los dones de la tierra.
En parte. Son caprichosos y muchas veces actúan a espaldas de los hombres.
Si te oyeran te retirarían su bondad.
Si me oyesen me darían la razón.
¿Puede haber una ribera fecunda y otra yerma?
Puede haber un lado feraz y otro desaprovechado, pero no pobre.
Pero el río baña ambos márgenes.
Pero los hombres de ambas partes o de una de ellas no siempre saben hacer bien las labores. 
Si a los de una orilla les va bien y a los otros no, puede haber envidias de estos.
Siempre queda la posibilidad de que se ayuden.
¿Y si no se ayudan?
Siempre cabe la probabilidad de que ambos se hundan.
¿Esto es lo que ves desde este lado?
Esto y más es lo que veo desde el otro lado. ¿O no te has dado cuenta de que ya he cruzado el río?





(Imagen: Manuel Chaves Nogales)

lunes, 2 de octubre de 2017

Estupefacción




















estupefacción
Del lat. stupefactio, -ōnis.

1. f. Pasmoestupor.


(Denominación del Diccionario de la Lengua, de la Real Academia)


(Ilustración de Gustave Doré para El Quijote)


domingo, 1 de octubre de 2017

No quiero esto




Yo no quiero que este sea mi país ni que se comporten así mis paisanos. ¿Por qué no guardarnos todos las insignias todas, todas las banderas, todos los cánticos, todos los voceríos, de unos símbolos u otros? ¿Por qué no destruir los garrotes? ¿Por qué no acercarnos con diálogo en lugar de tirarnos denuestos verbales? ¿Por qué no revisar todas las falsas y destructivas identidades y reconocernos en las mínimas identificaciones, aquellas que nos unan y nos hagan vivir en paz? ¿Por qué no cesar a los dirigentes nefastos y recomponer nuevas direcciones políticas? ¿Por qué no dar la espalda a profetas de la maldad, a clérigos laicos y religiosos que conspiran siempre contra el pensamiento libre, a politicastros con escasa perspectiva de las cosas y a listillos que viven del clientelismo social y político?  

Se ha llegado a un punto tras el que se puede agazapar el desastre. ¿O es que nadie prevé que de las reyertas siempre salen unos y otros malparados, y que pensar que unos más que otros no resuelve el problema? Me entristece el desencuentro que se está produciendo, pues ni los pobladores de allí ni los de aquí hemos hecho mucho para evitar lo que viene aconteciendo desde hace mucho tiempo. Y un desencuentro lleva a otro y a otros, sucesivamente. A varias bandas, entre diferentes paisanos y por doquier, pues a este lado del Ebro la quiebra también se ahondará.

Pero, en fin, son palabras de un necio. Me veo y me siento como el mayor de todos los necios, pues acaso pido lo imposible.


(Cuadro de Francisco de Goya, que nunca muere y su obra es un mensaje para generaciones venideras)



sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Qué diría Eric Arthur Blair, alias George Orwell?


















Recordando a R.M.S., un amigo desaparecido por voluntad propia hace pocos años, que se quedó el libro de Orwell que le había prestado y que jamás me devolvió. Recordando a mis amigos catalanes honestos, consecuentes y que buscan siempre caminos de entendimiento, más allá de los intereses de las castas y de la despersonalización de los cantos de sirenas. No pretendo estar en verdad alguna sino transmitir lo que he recibido.

Si viera la actual inversión endogámica de cierta gente en Cataluña, ¿qué diría aquel internacionalista que vino a apoyar en 1936 una causa tan paradigmática como la de la República Española? ¿Qué pensaría de los catalanes de ahora inmersos en la máxima aspiración de cambiar un Estado por otro Estado, sin que varíe en ambos casos el control del mismo por análoga élite social? ¿Se identificaría con una causa que solo piensa en sí misma en tiempos de plena abundancia económica y de mayor exigencia de solidaridad entre pueblos? ¿Comprendería los devaneos supremacistas en una época en que los países europeos caminan hacia una trascendencia supranacional? ¿Se sentiría extraño al ver el silencio del mundo trabajador cuando no la alineación de parte de éste con un aventura nacionalista? ¿Se sumergiría en el desconsuelo tras constatar la nula influencia de los obreros, empleados y emprendedores mileuristas de hoy día sobre la política que se hace contra ellos mismos? 

Orwell se comprometió con la causa republicana española para ponerse del lado de los trabajadores y de los que defendían a los trabajadores, a pesar de todos los claroscuros y complejidades que caracterizaban a la zona legítima. Escribió un espléndido relato basado en la experiencia de su estancia en España titulado Homenaje a Cataluña, que es, en cruda realidad, una narración de lo mal que fueron las cosas en el período que estuvo en Barcelona y en el frente de Aragón. Vinculado al POUM hizo la guerra con los anarquistas, y en el frente resultó seriamente herido. He desempolvado del anaquel de mis libros favoritos el Homenaje a Cataluña porque mi perplejidad acerca del secesionismo catalán me tiene desasosegado, me lleva a hacerme mil preguntas y a plantear serias dudas tanto sobre Cataluña como sobre España, acerca de la demagogia y el falseamiento de la historia y acerca de la falta de diálogo, sobre el valor de una Constitución y las leyes y sobre la sublimación de los mitos históricos, sobre el Gran Hermano que cunde en todas partes, incluso en gobiernos nonatos todavía y como inoculación del ciudadano fiel a una causa. En definitiva me preocupa la dudosa sensatez de los humanos en esta tierra que pisamos. Pero no salgo de ahí. Debe ser que pertenezco a otra época y que ahora su memoria vuelve para que tenga en cuenta sus lecciones y para exigirme que sea cauto, alejados como tengo ya de mi costa personal los cantos de sirena de la política.

Para algunos rebeldes de otro tiempo de la España interior y provinciana (también existente en las cuatro provincias catalanas) el interés, la atracción y la admiración por Cataluña -y por qué no decir también cierto grado de amor y comprensión- no nos vino en aquellos años de juventud por la vena nacionalista, que desconocíamos. A mí por lo menos me llegó por la lectura de ese libro  -reconozco que leí el texto interesado por el lado de una aventura real acontecida en la guerra de España y acaso no tanto por el trasfondo político, que más tarde llegué a comprender mejor y aún sigo en ello- y, principalmente, por el compromiso de otros jóvenes del cinturón rojo de Barcelona a los que conocí. Entre aquella gente de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX que yo traté no se hablaba del país nación ni de otro Estado que no fuera uno de trabajadores ni de apoyar a la clase pudiente catalana y española que explotaba a obreros catalanes y a trabajadores charnegos (esto último algo que los independentistas parecen haber olvidado y algún día lo lamentarán, si no lo están haciendo ya) Se soñaba con ideales más elevados, que nunca se consolidaron, y por lo tanto más ilusorios, obviamente, y que a muchos llevó más tarde a moderarse o a frustrarse para siempre. Las veleidades militantes de aquellos jóvenes querían emular dimensiones internacionalistas y fines que se consideraban de alto valor. Idealismo donde se distinguía capital  y trabajo, donde se hablaba de la abolición de clases, de tomar el poder e instaurar mecanismos de control, de ir más allá de acabar con la dictadura, etc. Ya digo: idealismo y limitada reflexión cultural probablemente.  Lo queríamos todo sin tener nada. Justo cuando ya había quebrado el internacionalismo al uso que tanto se había sublimado, cuando nada cabía esperar de la nación faro con que engañaron durante décadas los burócratas de los partidos ortodoxos, cuando los partidos comunistas habían quedado definitivamente al descubierto de que no eran sino aparatos burocráticos y de influencia de la maquinaria pseudo soviética. 



Pero acaso aquel mundo nuestro era un mundo de fantasía y bienintencionado por el que, sin embargo, nos jugábamos el pellejo y no solo los cuartos. Tal vez era nuestra aventura juvenil, cargada de indagación, no siempre acertada, de emociones y de valores excesivamente sacramentados por nosotros mismos. ¿Viene mi aprecio y reconocimiento a Cataluña solo por el lado político? En absoluto. Viene sobre todo por la fraternidad con que siempre fui acogido, por la convivencia abierta con personas de allí, por la generosidad y cuidado con que me trataron, por la admiración ante la entrega, a veces alocada, a la reivindicación de clase (ya sé que hoy suena esto a cuento del abuelito), por la decisión que jóvenes sencillos demostraban ante las tropelías de patronales y gobierno,  por el ánimo y desparpajo en plantar cara a la patronal y a la fuerza pública, por el interés en desarrollar temas de debate que parecía que allí se veían más claros que en otras zonas del país, ese debate permanente, no siempre razonable y con los pies en la tierra, y con frecuencia rígido, según influyeran unos líderes u otros, pero que nos sacaba a todos de la afasia y nos alejaba del pensamiento amorfo generalizado o bien del agotado y agarrotado pensamiento único del régimen nacional catolicista. Fue el sentido del apoyo mutuo de gentes pares mi primera percepción de la Cataluña que hoy podría denominar orwelliana. Y aquella experiencia, finiquitada más bien antes que tarde, no la olvidaré nunca. Son esas pequeñas cosas las que componen el bagaje del individuo y no las grandes parafernalias ni los montajes míticos con pies de barro.

Cuando las viejas y oníricas aspiraciones de un sector de la izquierda se vinieron abajo tuve la gran suerte de seguir manteniendo lazos de amistad amplios con catalanes. Con viejos compañeros de fatigas, con amigos coyunturales pero abiertos, aunque a la mayoría los perdiera y, principalmente, con personas nuevas que conocí más tarde a través del ámbito laboral y la cadena de relaciones que por inercia se va estableciendo en la vida si eres receptivo y escuchas con atención y tolerancia. De gente de allí he recibido mucho, con gente de allí he hablado mucho y he querido mucho.  Cataluña se me había mostrado también como terreno de aportación cultural, de lo suyo y de lo ajeno. Podía saber y entender de una región de la que no me habían hablado prácticamente en mi infancia y juventud castellana y franquista. Aunque siempre se la había citado con respeto y reconociendo el valor tradicionalmente productivo y con vocación moderna, al menos en Barcelona y grandes núcleos industriales. Los prejuicios, la ignorancia y la losa política imperante modelaban conciencias y había que ser muy decidido e incluso valiente para romper la baraja.

Podía saber, en fin, de las capacidades desarrolladas en materia cultural, de diálogo, de influencia de ideas internacionales, del papel esponja que la Cataluña mediterránea y europea jugaba. Pero ¿era y es toda Cataluña así? Acaso no, porque en esa comunidad, como en todas las españolas, hay regiones profundas y regiones más accesibles. Hay zonas abiertas y modernas y zonas conservadoras cuando no retrógradas. Creo que Barcelona, más que Cataluña en general, era el paradigma. Barcelona y su área de influencia, la metropolitana, la de las grandes poblaciones circundantes de la industria y de una clase obrera numerosa y exigente, abiertas a las ideas del mundo, receptivas a otros españoles. Ciertamente nunca conocí lo suficiente la Cataluña rural, probablemente apegada a atavismos y tradiciones, donde más prendía el mensaje del pasado, y menos la modernidad, donde la influencia católica sigue latente y que es más sensible al mito nacionalista y a la manipulación social a través del clientelismo debido a las clases ricas. ¿No se acuerda ahora nadie de lo que fue el caciquismo y el clientelismo seculares, con hondas raíces en Cataluña y toda España?  Para mí lo avanzado, lo moderno, lo abierto de par en par, donde se cuece el presente fértil y bulle el futuro esperanzador ha estado en las capitales, en las metrópolis, en los núcleos donde la clase trabajadora ha generado cultura sobrepasando a la religión y a las viejas costumbres que siguen remitiéndose a conservar lo que tenían. Pero ¿sigue siendo hoy así? Las últimas manifestaciones pro independencia me confirman que son más partidarios de la misma los núcleos de población rurales, la Cataluña profunda. Si a ello se suma las noticias que me llegan de reacciones intolerantes, acciones contra disidentes, presiones por las redes sociales, amenazas varias, etcétera, uno se pregunta cómo pueden empezar a prender prácticas propias del totalitarismo y mi preocupación aumenta. 

No sé qué cambiará en los próximos tiempos respecto a mi percepción por los catalanes, a los que he defendido en infinidad de ocasiones  -digo catalanes, no planteamiento nacionalista y menos el actual-  en la tierra en que vivo, donde los prejuicios (empezando por lo que siempre costó admitir el uso del catalá, lengua románica hermana del castellano o del portugués o del gallego), el desconocimiento histórico y el vivir de espaldas ha dominado durante décadas, constituyendo una de las más trágicas señas de identidad con que sentenció el franquismo las relaciones entre españoles. Diga lo que diga ahora a los amigos catalanes independentistas me lo van a refutar con su código de valores ideológico porque, engullidos como están por el mito alimentado desde hace tres siglos, no van a dar el brazo a torcer por las buenas. Ellos, que siempre han manifestado la queja de que sus problemas históricos han sido causados por España  -el uso indiscriminado por su parte de los términos Estado y  España siempre me ha parecido lamentable, el primero es poder y el segundo es principalmente sociedad, no solamente instituciones-  olvidando por benevolencia o ignorancia interesada los problemas que les han causado sus propias clases dirigentes y en abundantes casos corruptas, resulta que ahora están al borde de generar nuevo problema para sí como colectivo y para los españoles, no solo para el Estado de España. Y ahí, en que los españoles podamos sufrir las consecuencias de una aventura de película cuya productora y realizadora que se lo ha permitido es la misma Democracia (esa misma que a muchos nos causa insatisfacción, pero no hay otra, y de la que las clases pudientes tanto catalanas como españolas se han aprovechado en abundancia, ¿o hay que recordar los mil y un pactos y apoyos entre el nacionalismo catalán y el centralismo españolista, tanto bajo el franquismo como en la etapa democrática, para repartirse entre todos poder y ganancias?) es algo que probablemente muchos tengamos que repensar en el futuro si el secesionismo nos afecta. No sé en qué cambiaré yo también. ¿Tendré que decir aquello de jo tinc por, por mí, por mis paisanos del resto de España y por los mismos catalanes? Maldita la gracia. 


(Fotografía que hice hace tiempo en la plaza del mismo nombre)


















lunes, 25 de septiembre de 2017

Fuga tras el canto del gallo





















Max, revuelto y presuroso, ha entrado en casa hace un rato. No aguanto más los actuales episodios nacionales, me dice. Le miro atónito. Yo tampoco, le digo, ¿qué puedo hacer por ti? Acompañarme, me voy unos días a perderme a donde no llegue el ruido de los panfletos ni la prensa ni los cánticos ni el vocerío inclemente ni los trapos de serie ni las músicas celestiales. Con un gesto me invita a acercarme a la ventana. Oh, tu viejo Maserati del 66, exclamo con asombro, que fue siempre de segunda mano. Pero si creí que lo habías vendido. Y así fue pero mi comprador, el vecino que conoces del otro lado del río, lo usa poco y me lo presta para la ocasión. ¿Retorno al pasado?, y río con sarcasmo. No. Max se muestra tajante. Huida al pasado sería otro episodio nacional ya finiquitado. Allí no hay refugio. Voy a preparar un pequeño equipaje y vuelvo a buscarte. Oye, le respondo descolocado, que yo tengo compromisos, que tengo que acabar unos escritos. Y él: si eres capaz de soportar la tabarra que queda, allá tú, no vengas. Luego no digas que te arrepientes. En media hora estoy de vuelta. No nos merecemos esta situación insalubre, hay que poner tierra real y suelo imaginario por medio. Pero ¿a dónde ir?, insisto. A todas partes llegan los episodios que dices tú. Déjalo de mi cuenta, ratifica ufano. Hay maneras de salir de la épica cochambrosa, y comida y alojamiento no nos faltarán sobre la marcha. ¿Lo demás? Mirada y más mirada a la tierra bendita que muchos la hacen maldita, salta convincente.

Vaya, unos días que doy vacaciones a la escritura, pienso. Tal vez sea bueno para ella y para mí.



(Ilustración de Gustave Doré)