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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 22 de agosto de 2017

Persistencia gozosa y no solo aniversario





















"La inocencia es la perduración del origen en el hombre. Un espíritu existe inocente cuando se revela como una prolongación de su naturaleza, y no como resultado de la experiencia. Al hablar de experiencia no me refiero al conocimiento estrictamente racional, o aprehensión intelectual intuitiva o metódica, sino a las acumuladas figuras de sucesos mundanos en el alma: vivencia del absurdo, de la maldad y de la estupidez; todo ello nos enmienda. Empédocles pudo conservar durante toda su vida la voluntad de pensamiento, recibida en el origen, conforme a su complexión de filósofo, y continuar siempre inocente; igual cabe afirmar de Demócrito: la experiencia nada pudo contra ellos. En cuanto el hombre se revela capaz de mantener durante más tiempo su conexión con el origen, más consciente del destino y facultado para el arte y el entusiasmo se muestra. Y como nada existe más inmediato al origen que el niño, tampoco hay nadie más cerca de la inocencia y el destino, ni nadie, sin duda, que viva el entusiasmo con mayor vigor". 

Son palabras de Miguel Espinosa en Asklepios, un libro asombroso, de degustación exquisita. Nada que añadir. Tal día como hoy y a la misma hora, hace once años, cierto individuo provinciano e inquieto inició un camino hacia el origen, aunque sea inevitable su destino. Si la excusa fue en aquel momento el descubrimiento parcial de Karl Kraus y su libertad de pensamiento, amén de la tenacidad en persistir en su expresión contra viento y marea de los dogmas y fundamentalismos de la sociedad que habitaba, la excusa de Fackel hoy es más natural y sencilla. Sobrevivir, seguir asombrándose, agradecer la compañía de cuantos pasan por el blog y reconocer el valor del azar por proporcionarle descubrimientos que le siguen alentando.  


https://laantorchadekraus.blogspot.com.es/2006/08/kraus-vive_115619923218371994.html





(Fotografías de Álex Winckelman e Isabel Gómez, por ese orden)
 

domingo, 20 de agosto de 2017

Qué fue de




¿Qué fue de aquel flequillo? Una pregunta que se multiplica. Por ejemplo. ¿Qué fue de aquella mirada pícara? ¿Qué fue del rubio tirando a castaño? ¿Qué fue del esbozo de sonrisa ingenuo? ¿Qué fue de sus despistes iniciáticos? ¿Qué fue del ejercicio de quietud aparente? ¿Que fue de su piel limpia y lisa? ¿Qué fue de aquellos labios que bebían de sí mismos? ¿Que fue de aquella capacidad de memoria cinematográfica? ¿Que fue de la tensión controlada, pero natural, con la que a veces se evadía? ¿Qué fue del niño aplicado y sumiso? ¿Y del travieso? ¿Qué fue de un carácter crédulo a más no poder? ¿Qué fue de sus fantasías siempre tan asequibles como en ocasiones sinuosas? ¿A dónde fue a parar su agilidad de saltimbanqui? ¿Cómo evolucionaron sus turbaciones? ¿Dónde quedó su pasión por los descubrimientos? ¿Y la rabia creadora? ¿En qué momento estallaron las preguntas? ¿Quién le impuso la señal de una risa abierta que ha ido mermando? ¿Qué pasó con su perplejidad latente? ¿Qué fue de su agitación continua? ¿Qué fue de su ternura innata? ¿Y de su ritmo ilimitado de juego? ¿Qué fue, en fin, de todo su cuerpecito? El que vino después y después de después es un espécimen de déspota nostálgico de aquella otra criatura al que le atrae pero le duele apostar por el recuerdo. ¿Puede encontrarse rastro del infante desaparecido tras su devenir presente, esto es, más allá de las arrugas, el cabello demediado, la barba cana, su mirada cansada, un aire desgarbado, las manchas nacientes cada día sobre la piel, cierta galbana creciente, un despiste elevado, un reconcentramiento excesivo, los rictus incrédulos, la teatralidad huidiza, su cuerpecito desmejorado?  

Son preguntas al vacío. Como mucho, ecos de preguntas sin consistencia. Pero él piensa: mientras me las pueda hacer...




viernes, 18 de agosto de 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

Antonio Machado en vigor




Antonio Machado en Juan de Mairena: "El paleto perfecto es el que nunca se asombra de nada; ni aun de su propìa estupidez". O bien: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura".

Cada vez me convenzo más de cómo siguen en vigor las irónicas pero directas aseveraciones de Antonio Machado Ruiz  -muerto en el exilio, enterrado en Collioure, Francia, dicho en catalán Cotlliure-  que publicara en 1936.

Sus palabras sirven hoy día como entonces para desarmar y descalificar a los necios. Menos veneno por parte de estos vendría bien para seguir procurando el entendimiento y la concordia. Que tome nota el Ayuntamiento de Sabadell.


Al ver esta mañana el artículo de Ian GIbson, y agradeciendo que haya gente sensible a la que repugna la estupidez y la falsedad, me ha parecido interesante poner aquí el enlace:


https://elpais.com/cultura/2017/08/16/actualidad/1502906472_695077.html



martes, 15 de agosto de 2017

Aire fresco con Pierre Étaix para este día de Agosto y Cierra España




Apto para todos los públicos, en especial para quien se aburra, no se aguante a sí mismo, esté deprimido, cargado de deudas o de ira, sufra un desamor, se crea el rey del mambo o propuesto en un consejo de ministros, alardee de seductor, se encuentre pendiente de un hilo o en un callejón sin salida, o simplemente no soporte a los cuñados, hijos, padres o demás fauna del entorno en esta fecha fatídica. Muy propio para levantarte el día de tedio festivo de la Virgen de Agosto y Cierra España

Agradeciendo a Filmoteca Shangrila la recuperación de esta genial película corta (no llega a doce minutos) de Pierre Étaix y Jean-Claude Carrière, de 1961. ¿Quién dijo que las cosas pueden ir a peor? Tal vez, pero conjuremos la suerte con humor.



domingo, 13 de agosto de 2017

A pídola



Me he reconocido en la cola, esperando para el salto, con mi jersey de pico y corbata, pantalones cortos y las medias de lana bien subidas casi hasta las rodillas. Trataba de apartar a un lado mi flequillo travieso, mientras me mordía la lengua e intentaba convencerme de que tenía que estar a la altura de la prueba. Podía hacer frío pero no teníamos frío. El juego, era todo expectación. Cada cual esperaba su turno para demostrarse a sí mismo el poder del impulso y no quedar por debajo de los otros chicos. Me vienen aún algunos nombres a la mente, caras que hoy no reconocería por la calle, y parece que estoy oliendo aún la naftalina de las prendas de algunos compañeros o que saboreo aún el último cacho de pan con membrillo. Y sobre todo la lenta oleada de sudor que destilaba aquella zona del patio donde nos concentrábamos para saltar a la mula. Pretendíamos que aquellos ejercicios cada vez más ágiles, más audaces, más duros y tantas veces más salvajes y exagerados confirmaran al hombre que se iba haciendo, sin sospechar que de manera análoga a como ascendíamos en la escala de nuestra fortaleza algún día empezaríamos a decaer. Entonces las cosas no eran tan explícitas. Proponerse un paso más difícil en la escala del juego era excitante y atrapaba. Algunos se lucían especialmente, debido a su talla o al elegante control de su cuerpo. Los más pesados de movimiento y con cierta obesidad o bien permanecían al margen o se esforzaban por no ser menos, entre las risas un tanto crueles que provocaban los saltos frustrados por sus dificultades. Yo, que era menudo y no muy consistente, me cimbreaba bastante bien y normalmente sorteaba la altura. Otra cosa era cuando tocaba ser el burro o la recua sobre la que iban a dejarse caer uno tras otro los chavales hasta acumularse encima del grupo que quedaba debajo sosteniéndolos. Ciertamente, ahora se da cuenta uno de que se trataba de un juego democrático, en tiempos en que tal palabra se desconocía absolutamente. Democrático y de alternancia, que diríamos hoy, pues todo el mundo jugaba todos los papeles, a todos nos tocaba saltar o soportar al que saltaba, estar por arriba o por debajo, dependía de las partidas y de quienes dirigían las bandas que las sorteaban. Y un elemento inolvidable, la velocidad. Cuanta más velocidad se imprimiera al ejercicio más crecía la tensión, y los gritos, y los ánimos. El estímulo del colectivo prendía en el individual y la fila se convertía en un solo ser agitado, pletórico de vida. Una especie animal de circunstancia cuyo mundo no se llamaba Tierra sino Puro Juego. A veces pienso que aquel tipo de ejercicios, donde era impensable la tontería sofisticada que abunda ahora, tenían más de pedagogía autogestionaria que cualquier clase de enseñanza reglada. ¿Qué más se puede pedir a una pídola, mula o burro que hacer del cuerpo entero una herramienta lúdica, donde todos los órganos crecían en una acción coordinada?



(Fotografía de Santos Yubero)


viernes, 11 de agosto de 2017

Qué poco original el cartel barrendero de los cupistas




Lo del cartel que ha sacado un partido metaindependentista de Cataluña con el lema Escombrem-los! (¡Barrámoslos!) adolece de una falta de originalidad absoluta. Hay muchos carteles en la historia de la prensa satírica y política de los siglos XIX y XX que utilizan esa idea. Aunque seguramente el ilustrador copón, que no ha trabajado demasiado para hacerlo, más allá de poner caras de hoy a canes de siempre, se haya inspirado en un afiche leninista tal como resalta hoy la prensa. Pues si de imaginación se trata hasta en el tardofranquismo y primera etapa democrática se llegaron a diseñar carteles de mayor altura estética y de mensaje más exacto. Pero las viñetas satíricas de prensa o de pared tienen un largo recorrido anterior fructífero, divertido y representativo para los adictos a los mensajes de cada partido o sector social.

Es probable que a las nuevas generaciones que conocen poco del pasado les haya gustado o disgustado, según, el cartel de la barrendera, pero les aconsejo que a través de internet localicen imágenes más imaginativas, fustigadoras y con los pies en la tierra  -con el agravante de que la prensa y los dibujantes de entonces se la jugaban con el poder-  que la que expone ese partido que quiere asaltar los cielos, dotados para ello de una fantasía dudosa y arriesgada en sus pretensiones políticas. Porque, naturalmente, no basta con barrer a los corruptos o a los que han hecho mala gestión o a los representantes elegidos que no gustan. Si barres y adecentas la casa habrá que ocuparla después y...¿hay garantías de que todos podrán morar en ella? ¿De verdad creen que una minoría va a imponer nuevas reglas de juego en un mundo multipolarizado y transnacional? 

Puestos a buscar carteles, tralará, encuentro algunos por la red, y mira que los hay maravillosos. Quién sabe si el dibujante plagiador de turno no utilizará alguno de ellos, con rostros de hoy, claro, en próximos pasos de una campaña de clientelas y desatinos. Así que brindo por la expresión libre y crítica, pero sobre todo nueva, creativa, donde la imagen valga y no solo repita. ¿O pasaron los tiempos de la imaginación?











jueves, 10 de agosto de 2017

Quiero ser como Beckham, aunque ahora quieren ser como Messi o como Shakira




¿Se acuerdan de aquella divertida película de la chica india que quería jugar al fútbol y cuyo modelo era el futbolista? La chica Jess quiere ser jugadora, en lugar de estudiar y hacer lo normal de una sociedad normal, y todo su empeño es participar en un equipo femenino. Bueno, en cierto modo, ella era rompedora. No sé si se puede decir lo mismo de muchos niños y jóvenes que igual querían ser como él no solo por su juego sino por lo que cobraba, y por sus marcas de slips y su paquete, o por sus beneficios publicitarios o por su amplio repertorio de negocios de los que no sabemos. Porque los niños, créanme, son muy subliminales. Dicen querer ser como tal personaje y todos nos pensamos que es meramente por la imagen más conocida del personaje. Pero un tipo de estos trae en fila otra serie de modelos en sí mismo, imagen de triunfadores, de gente reconocida, de personas que siempre se lo pasan bien (menos cuando se separan y lo pasan mal por la pasta que tienen que soltar), de tipos que siempre andan de fiesta en fiesta y con tíos y tías que no se les resisten, de gente bien vestida y mejor perfumada (aunque vaya usted a saber de sus halitosis), de hipermillonarios...Porque los niños, además de subliminales son también muy egoístas y este don o plaga es algo que explica que de mayores seamos como somos de propietarios ávidos de todo lo que nos caiga. 

Viene a cuento de las preferencias que tienen hoy los niños respecto a lo que les gustaría ser de mayores. Una pregunta que ya nos hacían hace más de medio siglo, solo que entonces nos preguntaban las amistades de nuestros papás y ahora son las encuestas las que hacen de amistades de los papás. Y así veo que no ha evolucionado mucho el panorama de los últimos años, que los niños quieren ser futbolistas, policías, maestros y ¡youtubers! Esta última opción se abre paso y no sería de extrañar que los próximos años fuera destacando hacia la cabeza de la clasificación. Entre las niñas parece que prima algo más el modelo estable, y sus preferencias son: profesoras, doctoras, veterinarias, peluqueras y cantantes. Por supuesto, dejo la considerada reflexión a ustedes, porque todas esas preferencias nos indican con claridad la influencia y manipulación que todo lo mediático tiene sobre las tiernas y adultas edades.  Ah, sobre personajes estrella que desearían los chicos como jefe o líder pocas dudas les caben: Messi (naturalmente no parece importar que haya sido condenado a cárcel por los tribunales debido a delitos fiscales) y Shakira. Por cierto, el otro día estrené unos gayumbos marca Beckham porque yo también quería ser como Beckham. Y es que las tendencias duran todo lo que se quiera que duren.


lunes, 7 de agosto de 2017

La sopa boba. Contra la guarrería política




Parece que es lo que se lleva. Ser guarros, no políticos. Lo que ocurre hoy día es que debe estar produciéndose un fenómeno de vasos comunicantes. En principio a quien se dedique a tener actividad política  -desde el militante de base al colaborador o al profesional de un partido-  habría que reconocerle limpieza. Para interesarse por los asuntos colectivos se requiere higiene mental, herramientas como la tolerancia, el respeto y la claridad, una cierta dosis de inteligencia, cuanta más mejor, y una actitud coherente a ojos internos y externos de los planes y proyectos que se traen entre manos. No sé qué pasa pero todo eso anda descabalado. Cierta política y unos cuantos políticos  -o eso se creen ellos que son-  se han lanzado al extremo guarro. Es verano y no sé si son las serpientes del mismo, la repugnante y mediocre atención de los medios pseudo informativos, y el desquiciamiento de unos partidos y otros que viven más para colocarse en posiciones de ventaja cara a episodios electorales que para preocuparse de los amplios y profundos problemas de la ciudadanía, pero el caso es que el ciudadano medio solo percibe confusión. Tal vez se trata de espectáculo, que ya se sabe que en este país de fútbol, toros y festivales, mola mucho. ¿Que hay un fenómeno de turismo en grandes urbes que parecen colapsarlas? Un grupo de salvadores que no sabe a dónde va se encarga de iniciar una protesta-boicot urbana de baja intensidad, sin proponer alternativas, pero que genera inquietud en el sector comercial de turno y, antes o después, riesgo de desconfianza en los ciudadanos transnacionales. ¿Que hay una huelga en un aeropuerto fundamental donde, independientemente de la protesta legítima de los trabajadores, se incordia a miles de pasajeros accidentales? Pues no hay manera de entendimiento entre las partes del conflicto inmediato, a lo cual se suma la disputa y el echarse en cara sobre competencias entre administraciones. Hoy la última es que se apuntan otros salvadores para hacer propaganda entre los sufridos pasajeros de sus utópicas pretensiones secesionistas. ¿Qué decir de otros, como ese echarse los trastos a la cabeza entre líderes del mismo partido que se pretende que puede cuando cada vez puede menos? ¿O que reventón no causa escuchar a la tradicional y montaraz derecha española poniendo verde al resto con sus gracejos venenosos medidos más que comedidos? Y así podríamos ampliar la lista, con lo que queda todavía de verano, que vaya a saber usted qué nuevas suciedades no nos deparará. Sí, soy un pésimo opinador de la política. Solo toma nota. Pretender analizarla me supera y el que piense que no, que es facilona de entender, que se meta a tertuliano de televisión. Pero eso no me libra de mis cabreos e indignaciones y de constatar que más que política y políticos hay mucha guarrería y crecientes asquerosos. Cuestión de servicio de recogida de basuras que los entes implicados no ponen en práctica.

NB. Me conformo con encontrar tipos honestos que digan como el de la viñeta de Manel Vizoso, aquí presidiendo la entrada.



sábado, 5 de agosto de 2017

Muere una niña más y qué














Mucha palabrería, mucha foto de representantes públicos, mucha apariencia, mucha concentración ante los ayuntamientos, mucho pacto de blablá contra la violencia de género, pero la Administración pública sigue lastrada por sus burocracias y sus hipocresías. Por supuesto que hay bestias humanas que seguirán cometiendo tropelías con otros hombres, con mujeres, con niños y con ancianos. Pero si se supone que mantenemos organismos de las administraciones públicas para controlar a los monstruos de los que ya se sabe que lo son no se entiende que la burocracia impida actuar y evitar males extremos como el de esa niña asesinada en Valladolid. Hoy día, con los medios que hay, si la Administración no toma medidas oportunamente queda en entredicho. No valen la demagogia, las banderas a media asta, la aplicación floja de la ley o su propia insuficiencia, el duelo formal de los municipios y los pactos de pacotilla entre los partidos. Si el Estado y sus derivados y prolongaciones, incluidas las que propugnan independencia, no se preocupan de la ciudadanía más desfavorecida  -¿acaso no lo es una niña de cuatro años?-  no me hablen de política. Porque ésta huele fatal por mucha encuesta del CIS que se esgrime. Tómese nota o dimitan quienes resultan inútiles para gobernar. ¿Es pedir demasiado? Muere una niña más -o una mujer adulta- y qué se está haciendo, señores. Revisen los aparatos mediáticos, cuestionen la mentalidad media de la grey, analicen los valores mediocres de los que se empapan muchos paisanos, actúen preventivamente. ¿Es una demanda exigente únicamente para los que gobiernan? Es un grito contra la sociedad, cada vez más individualista, que mira para otro lado. Si no actuamos hoy no estaremos libres de la barbarie al día siguiente.

http://www.eldiario.es/sociedad/Asociacion-Campoamor-Fiscalia-Servicios-Sociales_0_672632960.html

http://ultimocero.com/noticias/movimientos-sociales/2017/08/05/unanime-exigencia-de-responsabilidades-por-el-asesinato-de-la-nina-de-4-anos/


martes, 1 de agosto de 2017

El buen salvaje de Artemio Rodríguez



Me ha llamado la atención la ilustración de cabecera del grabador mexicano Artemio Rodríguez en su blog. Este magnífico ilustrador, que bebe de la extensa tradición europea medieval del grabado y que tiene como maestro, entre otros, al satírico e imaginativo José Guadalupe Posada, lleva años de un trabajo intenso y creativo. Grabados, series y libros se han combinado para hacernos la mirada más clarividente. No solo me ha atrapado el dibujo sino que me ha entusiasmado. Ese bosque intrincado, esas criaturas de mirada torva, esas caras emergentes de los troncos de los árboles, ese diablo del bosque del que se me antoja más de una lectura. O bien protege a los niños, o bien trata de salvarlos de ser más salvaje que él mismo (en el peor sentido, basta ver lo armadas que van las criaturas, y un salvaje no es un bárbaro) o bien es un salvaje ingenuo que no sabe que el corazón del bosque está poblado de almas turbias capaces de acabar con el medio. ¿Será por eso que, en previsión de algo inevitable, el salvaje esté dotado de dos rostros?

La representación de estas criaturas imaginarias viene desde tiempos primitivos, aunque sean objeto iconográfico y literario abundante durante la Edad Media e incluso entrado el Renacimiento. Adjunto fotografía de uno de los salvajes de la fachada del Colegio de San Gregorio de Valladolid, de finales del siglo XV, para aportar similitudes.




Pues bien, mi amigo Jean, al que no veo desde hace tiempo, parece que se ha lanzado en su blog a la aventura de poner palabras caprichosas (él lo dice) a uno de los trabajos de Artemio Rodríguez, el Juego de la oca, que ya tenía en Méjico su currículo de representación de mano del genial Posada. Pues ya se verá, yo aviso de los riesgos de traducir imágenes a escritura. Pero ¿no es acaso algo natural y consecuente interpretar en nuestro interior la obra gráfica ajena? Por otra parte, ya le diré lo que tenga que decir a Jean por activa, por pasiva o por semipensionista. O bien me calle y simplemente siga su curso de ocurrencias y devaneos.

http://tulaevanescente.blogspot.com.es/2017/07/el-juego-de-la-oca-de-artemio-rodriguez.html



lunes, 24 de julio de 2017

Dos poemas de Jorge de Sena
















Estoy leyendo una antología poética de Jorge de Sena, Serena ciencia, y no me resisto a transcribir aquí dos poemas suyos. Un poeta, novelista y ensayista portugués apenas traducido en España. De él es también la extraordinaria novela Señales de fuego, que Galaxia Gutenberg editó hace unos años. Es una desgracia para nosotros que no dispongamos nada más en castellano de uno de los mejores escritores portugueses del siglo XX. ¿Por qué no interesa traducir y editar su obra en castellano? Solo pensar en la cantidad de literatura de segundo y tercer grado que se edita y que no podamos disfrutar de la calidad de Jorge de Sena me irrita. Tendré que aprender portugués. La antología que cito la editó hace cinco años Pre-Textos en su imprescindible colección Cruz del Sur.



Glosa a la llegada del otoño


El cuerpo no espera. No. Ni por nosotros
ni por el amor. Este posarse la mano,
tan reticente e interrogando a solas
la tibia sequedad satinada,
la que palpita adivinada
en solitarios movimientos vanos;
esta caricia en la que no estamos nosotros,
sino una sed, un recuerdo, todo
lo que sabemos de tocar desnudo
el cuerpo que no espera: esta caricia
que nada conoce, nada ve, ni nada
osa temer en su temor agudo...

¡Tiene tanta prisa el cuerpo! Y ya se le ha pasado
cuando uno de nosotros o el amor llega.


























Y esta otra tan hermosa:


Esto


No quieras, no preguntes, no esperes.
Esto que pasa como vida y tú
mides en días, horas y minutos,
o como tiempo que pasa y vas midiendo
en arrugas y recuerdos y en sombrías
y plácidas visiones sólo tuyas,
a veces sonrientes, siempre sombrías;
sí: esto a lo que das nombres, que separas
de la nada en que surgió, de la que surgió;
esto que ya no quieres ni interrogas,
de lo que ya nada esperas, pero que quieres,
por lo que preguntas siempre, por lo que esperas;
esto, que no eres tú ni va contigo
ni se queda cuando marchas; en lo que no piensas
porque al medirlo mides tan sólo y
no haces otra cosa que medir  -sólo esto,
apenas esto, esto únicamente:
no quieras, no preguntes, no esperes:
poco o mucho, es todo lo que te queda".


(Jorge de Sena, Lisboa, 1919/ Santa Barbara, USA, 1978. Ambos poemas pertenecen a su poemario Fidelidade, en traducción de Martín López-Vega)



sábado, 22 de julio de 2017

Bosníaca. La confusión del escritor de viajes perdido en su vorágine




¿Cómo escribir una guía de visita de la ciudad que no sea insuficiente y, por lo tanto, falsa? Porque una guía donde se pongan horarios, rutas convencionales y una reseña mínima de los lugares a recorrer a matacaballo no es lo que yo quiero hacer. Sé que muchos visitantes se conforman con eso. Sin embargo también muchos piden más. Para la mayor parte de los turistas será la primera y probablemente la única vez que vengan la ciudad. ¿Buscan el exotismo en el viejo latido de Europa? ¿Tal vez se sienten atraídos todavía por la última sangre, ahora disimulada tras las paredes y bajo el pavimento? Ven las laderas con tumbas blancas y se asombran de su geometría fúnebre, mantienen la distancia con frío pudor y se hacen la tradicional fotografía con aires de conciencia lejana. Ven antiguas casas ahítas de boquetes de metralla y buscan aún inútilmente por el suelo esquirlas de piedra para llevarlas de recuerdo. Luego pasan de largo, como si la fealdad de unos actos cometidos en su día se impusiera a la nobleza del edificio que una vez fue habitado por hombres de paz. Miran el río y no se creen que fuera el mismo que no hace mucho arrastró un cauce de violencia. Admiran la pulcra novedad de la Vijecnica, la histórica biblioteca renacida de la destrucción, ¿y en qué piensan? ¿En el continente, ahora deslumbrante, o en el contenido desaparecido? Contemplan los templos de todas las religiones ¿y acaso reflexionan sobre las disputas a sangre y fuego por el territorio que esas mismas fes han podido alentar? No quiero escribir un libro que escoja sólo el lado negativo de una ciudad y tampoco quiero hablar de la reconstrucción como si fuera una rotura total con lo anterior. Hay que escapar de esa década fatídica sin traicionar su memoria. Y no resuelvo mis dudas, porque ¿y si cada visitante hace su camino desordenado de la ciudad y la descubre a su capricho? ¿No es bastante enriquecedor? ¿No me ha gustado siempre andar por el mundo sin apenas informarme previamente? Aquellos tiempos más locos de juventud en que el viaje era algo sumamente puro: dejarte caer en alguna parte y empaparte sobre la marcha. Los rincones eran tuyos y te dejabas engullir por los nativos. No importaba que te enterases de unas cosas y otras las ignorases, siempre quedaba abierta la atracción benévola de volver a aquel lugar. Pero entonces, ¿qué pinto yo aquí intentando un trabajo en el que acaso no creo demasiado? 

Alisa sabe llegar hasta mis inquietudes en el momento justo. Lo que te pasa es que te sientes inseguro, dice. Y esa chica, Najma, te ha descolocado un poco. Debes encajar sus sugerencias en tu proyecto de guía. Su atrevimiento te abre un camino por el que no sabes si quieres o debes entrar, pero es una oportunidad. Tal vez lo que debes hacer es una tarea doble. Mantén la idea de una guía, en la medida de lo posible rompedora, eso sí, y piensa en un plan más novelado donde el texto llegue a más largo plazo a los lectores. No sé si podré ni si sabré, y además tendría que pasar un tiempo aquí, le digo algo desalentado, no obstante el planteamiento coherente que me hace Alisa. ¿Y qué?, exclama enfática. Tienes mi casa. ¿O ya querías librarte de mí?
   


(Fotografía de Inés González)


miércoles, 19 de julio de 2017

Bosníaca. Las dudas del narrador de viajes




Entre lo que ocultas y lo que sugieres, Najma, ¿qué debo atender? La ciudad es una ciudad de encuentros, si el viajero se deja. A veces la frialdad de los viandantes es simplemente cautela. Para otros, recelo. La mayoría expectantes o ajenos, en su discreción.  Al proponerme que conozca el barrio desde dentro abres una vía de indagación nueva para mí. Menos convencional, más auténtica. Pero si llego a concluir la guía, ¿interesará a los lectores? ¿Sabré reflejar lo que me había marcado inicialmente? Sin querer me apuntas que me exponga a lo inesperado. Sé que ello me enriquecerá, pero ¿no me desviaré de la intención original? ¿Qué acabaré escribiendo, un libro informativo y breve o un texto anecdótico y ampuloso?  En realidad sé que me hago estas preguntas porque me asaltan las dudas. ¿Únicamente por el trabajo pendiente o porque dentro de mí se suscitan nuevas emociones? Bien, asumo que un viaje siempre es una percepción multipolar, donde conviene tener los sentidos abiertos. ¿Debo entonces limitarme por el plan de trabajo marcado o más bien romper los esquemas y dejarme llevar por lo espontáneo? Ah, esa idea no me disgusta. Crear una guía de lo espontáneo. Una guía que no guíe pero que muestre. Es como seguir el suelo de las calles pero a la vez desviarte, elevándote o sumergiéndote, sobre ellas. Las ciudades no ofrecen a primera vista la imagen de lo que son. Porque no son solamente una imagen, menos una proyección. Aquel dicho de que los árboles no deben ocultar el bosque podría aplicarse a las ciudades. Que la estructura, los edificios, las conurbaciones, las redes viarias no hagan creer que ésa es la ciudad.  El medio nunca es el corazón. Para llegar al corazón hay que soslayar los elementos físicos, aunque transcurramos entre ellos. Incluso hay que penetrar más allá de las presencias aparentes de los pobladores. Atravesar el umbral de los sistemas defensivos humanos, si lo permiten. A pesar de lo que algunas urbes han sufrido, como ésta. ¿Te das cuenta, Najma, que me has hecho concebir una nueva visión?
 
No obstante, consultaré a Alisa.



(Fotografía de Inés González)


lunes, 17 de julio de 2017

Bosníaca. La chica del quiosco




La veía todos los días al pasar por la plaza del mercado. Tenía una manera de observar que no parecía que mirara. ¿Qué vería de mí que yo no viera de ella? Sin embargo, el impacto era preciso, lo suficiente para registrar mi paso, pero a la vez inaprensible desde mí. Esta mañana despejada está puntual en su quiosco. Un saludo amable por mi parte al pedirle el periódico, un gesto delicado por la suya mientras me extendía el Oslobodenje. Que las noticias sean de su agrado, me dice, rompiendo el pudor habitual. Creo que le he respondido más o menos: si las noticias dependieran de mí...Luego baja los ojos, acaso para ocultar una risa tímida. A punto de despedirme habla de nuevo. Me llamo Najma, señor. Y sus ojos despiertan a la curiosidad. Quería preguntarle si va a salir esta plaza en la guía que he oído que está escribiendo. Me han dicho que otros días hacía fotografías en varios lugares de la ciudad, también aquí. Estuve a punto de responder que cómo sabía que preparo una guía, pero me parecía más prudente dar por hecho que los viajeros somos fácilmente controlados por los nativos. Es probable, le respondí. Todo depende de lo interesante que pueda resultar este barrio. ¿Quiere conocer bien este barrio?, me dice Najma. Mi hermano pueden enseñárselo y mi abuelo le contaría muchas historias de otros tiempos. Su propuesta es tentadora. ¿Solamente su propuesta? Le digo que voy a pensarme su proposición, que aún no sé muy bien sobre qué y cómo escribiré, que me gusta todo y todo me sugiere, pero que las imágenes reales de la ciudad, desde que el sol sale hasta que se pone, son siempre más poderosas que cualquier clase de palabras. Najma dice muy queda: lo entiendo, señor. Además hay unos cuantos monumentos, insiste con desparpajo. Cierto, los hay, le respondo. Hay mezquitas, sinagogas, iglesias, puentes, caravasares. Pero los monumentos no bastan. Son huellas del pasado y yo busco también el presente. Usted lo que busca son testimonios vivos, ¿a que sí?, me interrumpe. Testimonios de lo que fuimos y de lo que somos. No sé qué decir, le sonrío. No baja la mirada. Le guardo mañana el Oslobodenje, descuide, se despide.



(Fotografía de Inés González)
  

domingo, 16 de julio de 2017

Un punto de inflexión da al hombre la ilusión




Los 60 fueron un punto de inflexión en la historia de la cultura europea. ¿O fue la minifalda como símbolo lo que supuso esa inflexión? Probablemente. Aunque acaso también de contrición. La fotografía de Cartier Bresson me parece de manual de historia, más que de fotografía, que también. Pero es que una buena fotografía es siempre una página poderosa de historia, de estética, de antropología, de etología, de análisis de conductas... De relato de los días y las noches de los humanos, vamos. Dos mujeres, tan próximas como distantes. Una observando con una mirada de censura, sospecho. ¿Tal vez de envidia? Otra, ensimismada en su prensa que, no sé por qué me parece que es otro periódico, menos conservador que el de la señora de edad. Sobre las formas de vestir de ambas, lo dejo al criterio libre. Casi resulta increíble cómo una manera de vestir pudiera estar ya marcando distancias, abriendo visiones -¿o era esa minifalda reflejo de la revuelta de las ideas y de los comportamientos?- y trazando ya una nueva época más vertiginosa en todos los órdenes.

Así que emulando al texto del Tenorio habrá que decir que un punto de inflexión da al alma la salvación. O simplemente la ilusión reforzante y soñadora. Me parece más acertado decir esto que aquello de la contrición, algo que parte de la admisión del pecado y de la culpa, viejas ideas de doctrinas caducas y negadoras del ser humano. Y es que la inflexión -geométrica o social- implica siempre una corrección de la línea a seguir. Desde entonces, en materia de costumbres, en nuestro ámbito occidental las cosas cambiaron lo suyo. En España, a paso lento pero irreversible también.



(Fotografía de Cartier Bresson)


viernes, 14 de julio de 2017

Liu Xiaobo




Uno de los hombres más representativos de la gran esperanza democrática china ha muerto. Ya es bastante doloroso morir de un cáncer. Pero hacerlo en cautividad, bajo estrictas medidas de control, condenado a varios años de cárcel, reprimido en todas sus facetas de expresión es el summum de la crueldad represiva. ¿De qué le sirvió al poeta, intelectual y activista de los Derechos Humanos Liu Xiaobo el Premio Nobel de la Paz de 2010? Tal vez la concesión del Nobel le proporcionara una cierta multiplicación de su eco crítico, pero el Gobierno chino es mucho gobierno totalitario y no ha tratado jamás bien a los disidentes. Sobre las autoridades chinas pende la sombra de la sospecha de la muerte de Xiaobo. Una enfermedad mal diagnosticada y peor tratada en la cárcel le ha llevado al fin. ¿Era eso lo que buscaban los amigos del pueblo para su más declarado enemigo? Liu Xiaobo fue uno de los redactores de la Carta 08, en la se que exigía reformas políticas y constitucionales para China. Él y otros que redactaron la carta fueron detenidos. A Xiaobo le condenaron a once años de cárcel.

Acaso muchos demócratas chinos y no chinos le conviertan ahora en un mártir, algo que a veces resulta útil publicitariamente hablando para una causa. Pero al pragmatismo totalitario le resbala. Los mártires, si no han logrado en vida una conquista política, es decir, antes de llegar a tal martirio, solo sirven para que después de muertos otros utilicen sus nombres y manipulen sus ideas. Ya hay demasiados casos al respecto. Pero por otro lado también pueden ser una referencia si se respeta su pensamiento y se sigue desarrollando una línea honesta para democratizar una sociedad. En este caso un territorio enorme y complejo, poblado por millones de individuos. Ahora vendrán condenas verbales y cautelosas de algún que otro gobierno, artículos de prensa como tigres de papel, notas del Comité Nobel (ese mismo que dio en su día el Nobel de la Paz a un ejecutor apellidado Kissinger  -¡recuerda Vietnam!-  que sigue ahí en su dorada vejez) y testimonios que no irán a ninguna parte. Pero los gobiernos occidentales, los que proclaman el reconocimiento de los Derechos Humanos en sus constituciones no irán más allá. Porque, en la actual tesitura geopolítica mundial, ¿quién tiene el valor de ponerse serio con China en materia de libertades y más cuando éstas flaquean en nuestras sociedades? 





martes, 11 de julio de 2017

Bosníaca. Nuestra mirada en Blidinje




Hay algo de tibetano en el paisaje de Blidinje, y como Alisa y yo coincidimos en las asociaciones de ideas más disparatadas que a uno se le puedan ocurrir, saltamos al unísono. Reímos. Aquel cobertizo de madera, rústico y excursionista, incitaba a la travesura de la palabra. ¿Qué prefieres que sea esto? ¿Un pórtico de recibimiento o el kilómetro cero de una partida a lo desconocido? ¿Un templo para el viajero de paso o una cabaña bíblica? Me mira sorprendida, temiendo alguna salida impropia por mi parte. Esto me recuerda...digo. Y le cito un pasaje de cierto libro sagrado, aquel en que un pescador incondicional de su mesías revelado expresa lo bien que se encuentra con éste y le propone hacer tres tiendas, una para él y dos más para otros dos profetas célebres de la religión de sus padres. Lo curioso es que nunca supe con claridad en cuál de las tres tiendas se resguardaría el pescador, o si permanecería vigilante (no puedo evitar el sarcasmo) Si sigues con asociaciones de ideas, dice Alisa, acabaremos no se sabe en qué tiempo y en qué lugar del mundo. Pero para estar a gusto no se necesita mansión alguna, es la vista la que edifica y nosotros al observar los parajes los que habitamos la belleza. Pero importa mucho con quién se esté, insisto. Los del libro sagrado que citas debían buscar bellezas metafísicas, dice Alisa. ¿Sabes lo que pienso? Que todos esos libros que las religiones tradicionales de Occidente han adorado tanto resultan bonitos cuando se percibe su literatura, y se deja llevar uno por los relatos imaginativos, pero me parecen sumamente conflictivos cuando tratan de dirigir tu vida individual y se convierten en un código de normas, prácticas y prohibiciones en que el hombre se reduce a mínimos. Pero no hemos venido hasta aquí para perder el tiempo en devaneos ajenos a esta naturaleza soberbia que tenemos delante. Callamos y avanzamos hasta los reductos de nieve que ofrecen estas alturas. Sí que estamos bien aquí los dos, dice ella de manera natural, instintiva. Te seré sincero, y también es asociación de ideas o, mejor dicho, de recuerdos, digo a Alisa. Dejó de interesarme la religión de joven, justo la primera vez que descubrí paisajes que no se explicaban ni con la magia, ni con el mito, ni con la religión. Y la razón no siempre llegaba con suficiente entidad. Con la diferencia que la razón científica avanza y poco a poco puede explicar los procesos de formación de todo esto que pisamos. Pero había más en aquella historia personal. Fue el verme sometido a ciertas dificultades causadas por el mal tiempo durante una aventura, en la que algunos pudimos salir malparados, por no decir hasta el punto de perder la vida, y comprobar luego que superábamos la situación con éxito lo que borró de mi mente otro tipo de condicionamientos. Después de la tormenta lucía el sol y los hombres habíamos sido capaces de sobreponernos al peligro, sin ninguna necesidad de invocaciones a dioses. Resultaba aquello como una analogía de la vida e incluso de la historia. Desde entonces siento que la naturaleza me embarga y me protege. Como un animista, vamos, comenta Alisa. Quién sabe. Acaso estoy volviendo a primitivas formas pero con el bagaje de ahora mismo, se me ocurre. ¿Cómo casa eso? Nuestros pies chapotean en los charcos de nieve. Nos estremecemos y no solo por el frío.



(Fotografía de Inés González)


lunes, 10 de julio de 2017

La sopa boba. "No me puedo morir; mis nietos comen con mi pensión"














"No me puedo morir; mis nietos comen con mi pensión", dice un pensionista griego.

Pero seguramente también lo dicen muchos jubilados españoles de cuya única paga viven diversos miembros de la familia.

Ante esta expresión no cabe hacer literaturas. La cultura clásica, Pericles, se hunde. La dignidad general palidece. La vergüenza escasea. La infamia occidental crece. Las instituciones y gobiernos se revelan como verdugos de sus propios ciudadanos. Y la muerte, ay la muerte, por favor, ésa que ni se arrime. Que tienen que comer los hijos, los nietos, los sobrinos y el pensionista mismo. Migajas de un mundo cada vez más escindido.

Demasiada dignidad hay en la ciudadanía. Demasiada que no es apreciada por los trileros de la gobernación. Siempre comparte más el que menos tiene.



domingo, 9 de julio de 2017

La sopa boba. Los acróbatas también mueren




Tantas veces les hemos admirado. Incluso envidiado en sus recorridos arriesgados. Porque el mundo desde allá arriba o a través de lo vano que hay sobre nuestras cabezas atrae y hace soñar. A la mayoría de los mortales, que estamos incapacitados por nuestros miedos o limitaciones físicas, ni se nos ocurriría subir y trazar movimientos sobre la frontera del vacío. Delegamos en los acróbatas para ese ejercicio de ficción que nos parece a los de abajo, pero que ellos sortean. ¿Solo por nosotros? No. En parte para ganarse la vida. En parte para desafiar las posibilidades que depara un cuerpo. En parte para echar a suertes el espacio sobre el que la ley de la gravedad no permite juegos por las buenas. No sé si un acróbata tiene tiempo de ver la distancia que hay hasta el suelo y vernos de paso a cuantos poblamos aquí abajo nuestro territorio de hormigas. Ellos, allí, sobre el cable, en plena concentración y furia sobrehumana, se reirán de alguna manera de la mayoría que no podremos jamás imitarles.

El artista de danza y ballet Pedro Aunión Monroy murió ayer al precipitarse desde lo alto, en pleno ejercicio acrobático, durante un festival de Madrid, uno de tantos, supongo, que dará trabajo a algunos y beneficios a menos, el Mad Cool. A los artistas, que hacen su trabajo, se les contrata, se les exige que lo hagan bien y se les paga. Pero ¿y si mueren en el intento? Muertos son, que diría el clásico. Lo lamentable es que todo espectáculo es hoy día un montaje farragoso que mueve mucho dinero y nadie está por perder ni una pela. El espectáculo de Mad Cool prosiguió, no obstante su interrupción provisional porque, como acontece en otros espectáculos  -las corridas, las carreras, el boxeo, el fútbol, lo que sea-  si hay muertos parece un axioma que el gran montaje no deba perder comba y nada se para. Luego, ya se justificará con cualquier excusa (hoy lo de la seguridad se utiliza mucho) Un muerto es solo eso, un muerto, y adelante el negocio de los empresarios y el regocijo de los presentes. ¿No sucedía lo mismo con la Roma circense? A gladiador muerto, gladiador puesto, y santas pascuas.

¿Que hay voces que desafinan? Es que hoy día hay de todo, que dirán los de la España aeterna. Leo que la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras lamenta el accidente y se queja de que el espectáculo continuara, mientras exige una investigación sobre lo sucedido al profesional. Repugnante el mundo mercantilizado que ha tocado con su varita mágica a los humanos, rebajándonos moralmente. Money es money, que dice el liberalismo al uso. Y aquella vieja coletilla  -¿viene de los propios artistas?-  que precisa: el espectáculo debe continuar. ¿A qué precio? Al de la insensibilidad, desde luego. Y no culpemos solo a los promotores de los shows. Cada tipo que paga su entrada puede ser tan insensible como el que vende las entradas. Apariencia de sensibilidades para la supuesta conciencia estética, pero escasa para la solidaridad con la desgracia ajena. Deberíamos ir pensando en ello para el futuro.




sábado, 8 de julio de 2017

Gregorio Samsa se arrastra de nuevo



Gregorio Samsa no quedó consumido por las letras del relato, su verdadero monstruo que ignoraba que llevaba dentro. No volvió a aparecer por el trabajo, aunque a veces recorre aún la casa familiar entre las tinieblas de la soledad. Grete Samsa, tan solícita con su hermano al principio ya se agotó hace tiempo de cuidarle y ahora se dedica a otros quehaceres que no impliquen bondad ni dependencia con respecto a ningún ser humano, pues acabó convencida de que tanta cuita por otros acaba siendo correspondida por la ingratitud. Algún día se contará qué particulares y poco dignas actividades se trae entre manos tras olvidarse del tema que tanto la esclavizó. Los padres de Gregorio, incapaces de solventar las deudas contraídas, han desaparecido del mapa, así, literalmente. Se dice que hay órdenes de búsqueda por parte de la justicia fiscal de Bohemia. ¿Qué fue de los huéspedes? Unos se marcharon por las buenas, un tanto aterrorizados por el extraño acontecimiento que tenía lugar en la casa, otro más avispado, en ausencia de la familia, se llevó algunos muebles que malvendió a un chamarilero. Tendría que mencionar al gerente, pero siempre me cayó tan mal, como casi todos los gerentes, que prefiero no saber qué fue de su esqueleto andante.

Hoy, Gregorio Samsa, reconvertido en un peculiar y anónimo gacetillero se arrastra de nuevo por el suelo de su hábitat corporal con una de sus reseñas imaginarias, se puede ver aquí.

http://lasilladek.blogspot.com.es/



(Dibujo de Franz Kafka)


viernes, 7 de julio de 2017

Siete de julio



Queda tan lejos todo aquello. No digo cuántas décadas porque cuesta creerlo. Tiempos expectantes, ilusionados, de liturgias más relajadas y poco comerciales, cuando las fechas merecían su nombre, los rituales eran más auténticos y aunque la mentira prendiera en el sotobosque de aquella época, como siempre ha sido de rigor, a los infantes no nos afectaba. Sentirse querido y procurado para el descubrimiento por parte de los mayores inmediatos era un gran valor. Hoy, cuando uno siente el cuerpo más lacerado y oneroso, pienso en la levedad de uno de aquellos siete de julio de niñez. Pero no quiero hacer canto general, aun teniendo en cuenta la inocencia de lo no vivido todavía. Mucha gente lo estaba pasando mal. Otros no podrían ni pasarla. La fiesta nunca es inocua del todo, ni mucho menos. Pero si hay un paréntesis que justifique nuestra existencia como si fuera un tiempo de pureza ese tiempo es la infancia. Sin comprender aún tanto símbolo, gesto, celebración, regocijo o efemérides compartida, algo de lo que se iba viviendo y se disfrutaba como acontecimiento prendía en el cerebro que acabaría convirtiéndose en memoria al ser adulto años más tarde. Hoy nada es igual, ni por el forro. Los nombres no nombran lo mismo, las músicas suenan de otro modo, la masa anula a la tribu de entonces, la ceremonia de la carrera ante la bestia casi no existe, lo políticamente correcto, y lo otro, se impone desvirtuando el valor del pasado, y no tengo claro que la valoración de ahora sea más constructiva. Lo comercial arrasa y genera espectáculos nuevos. El de hoy no es el de mi infancia. A Hemingway, no más que un visitante slow de los de entonces, y a aquella familia de pieds noirs de Bayona que se pirraba cuando aún el turismo era reducido tampoco les habría gustado lo presente.




martes, 4 de julio de 2017

Bosníaca. Batallas declaradas y combates secretos




Venir al campo es venir a invocar la vida pero también a evocar la muerte. Eso le digo a Alisa, mientras caminamos por la orilla del Sutjeska, esas aguas rápidas y frías cuyo corto trayecto las hará desembocar pronto en el Drina. Cuando atraviesa la garganta la corriente es verdosa, matiza ella. Así desde que este paisaje quedara configurado como lo vemos ahora. Quién iba a decir que en una ocasión se iba a volver tan intensamente roja. Me da pie para ampliar la perspectiva del tema. Eso lo dices por la batalla que tuvo lugar aquí, pero ¿has pensado alguna vez que los montes y los llanos, los ríos y los barrancos, las costas y los mares conservan en su intimidad secreta las huellas de los hombres sacrificados? ¿Se te ha ocurrido imaginar que no habrá palmo de geografía donde no hayan caído las gentes de las tribus que emigraban, los mercenarios que invadían para los imperios, los mercaderes que se trasladaban de punta a punta, los esclavos que se utilizaban como mano de obra o simplemente el viajero pacífico que fuera acosado por salteadores? Alisa asiente pero guarda silencio. El lugar le sobrecoge. El monumento a miles de víctimas del enfrentamiento con los bárbaros del nazismo impacta tanto o más que todo el entorno. O al menos impone de otra manera. Quiere representar la misma garganta por donde circula el río, dice Alisa. Pero este desfiladero alusivo es el de la corriente de los hombres en guerra. Las aguas invisibles de este monumento llevan nombres y apellidos de de serbios, de croatas, de bosnios, de montenegrinos, ven, vas a verlo. Esto es lo que queda de un hombre armado, dice con amargura Alisa señalando las grafías de los combatientes, de unos hombres enfrentados a sangre y fuego a otros hombres. Al menos es un nombre por si alguien viene y lo recuerda como antepasado. Pero es lo que tú decías antes. Para unos cuantos miles o millones de guerreros de cuya identidad se sabe porque estaban registrados en los ejércitos en pugna, ¿cuántos humanos desaparecidos no tendrán siquiera un nombre inciso en una lápida ni en un registro ni en recuerdo? Porque este monumento, querido amigo, que parece sacado a cuajo de la tierra, que emula los valles abruptos, que se compone de aristas afiladas cual la vida misma, es como un túmulo. Alisa se entristece, solamente añade: en la historia humana hay batallas reconocidas, terribles e indignas, pero hay combates del día a día por la supervivencia cuyo precio y protagonismo han quedado en el anonimato. 



(Fotografía de Inés González)


sábado, 1 de julio de 2017

Bosníaca. De la gallardía a la soberbia




El destino de los más altivos entre los humanos también está tras una alambrada, antes o después también lo está, incluso el propio engreimiento es un cerco de sí mismos, dice Alisa cuando visitamos el gallinero de su familia. A veces da la impresión de que las metáforas paren la realidad, ¿te has dado cuenta?, se me ocurre. Y Alisa: Y sin embargo, para el animal esa gallardía que exhibe es seguramente el mecanismo por el que refuerza su papel en el gallinero. Sin ese permanente movimiento gestual no sería respetado por la plebe gallinácea. Nos reímos a la vez, sin dejar de observar el espectáculo de tan hermoso ejemplar. Se puede perdonar la altivez del gallo, continúa mi amiga, pero cuesta soportar la arrogancia humana. ¿Qué fue de todos aquellos altaneros de uniforme o de los que impartían bendiciones en vísperas de la guerra y no digo mientras ésta duró? ¿Qué creían tantos funcionarios que decidían sobre bienes y vidas? ¿Que sus exhibiciones orgullosas y sus órdenes invocando miedos iban a durar siempre? Muchos se han evaporado después, otros se han reconvertido y su juego uniformado de entonces se disfraza de civil. Probablemente, aún andan por ahí, porque el que nace para la altanería y el desprecio al prójimo no se corrige nunca. Lamento ser tan pesimista, pero cambiar cambiar me da la impresión de que cambian muy pocos. Unos se ocultan ladinamente, otros se integran en la apariencia de un nuevo orden. Es inevitable que en cada estamento de la organización social haya también abundancia de ejemplares preñados de presunción dispuestos a creerse la clase legítima. No sé por qué Alisa lleva tan lejos la imagen del gallo y el gallinero, y evito preguntar. Calla y seguimos recorriendo aquella parcela. Sé lo que estás pensando, dice de pronto. Que me tomo la metáfora muy a pecho, ¿a que sí? Yo río con benevolencia. Luego dice: ¿sabes que hay un autor inglés de la primera mitad del siglo pasado que escribió una novela satírica contra la tiranía y cuyo desarrollo tiene lugar entre los animales de una granja? No lo sabía, le digo, pero si no se hubiera escrito deberías haberlo hecho tú. Su mirada mordaz no se limita al silencio. Acaso intente una nueva versión, salta jocosa.



(Fotografía de Inés González)

viernes, 30 de junio de 2017

Una historia de íncubos




Una historia de íncubos. ¿Cuántas no habrá, de íncubos y de súcubos, que perturben gozosamente las noches y los días de los humanos? Frente a los monstruos aberrantes de lo políticamente correcto, del orden establecido y de las constituciones dictadas pero incumplidas de los Estados, los íncubos y los súcubos actúan con el consenso del otro individuo y acaso a evocación del otro individuo, para compensar los tiempos del propio abandono. A diferencia de tanta pseudomoral histórica, de tantas medidas contra el bienestar de los ciudadanos, de tanta usurpación y robo de las precarias condiciones de existencia, la súbita aparición de los personajes del ultramundo que, sin embargo, están en este, pueden llegar para aliviar las penurias, reconfortar las soledades, compensar los desquites, paliar las defecciones y siempre, siempre, rebajar las tensiones conducentes a la pérdida de la identidad de los individuos. Solo es preciso invocarlos y dejarse llevar. La historia de íncubos que adjunto es sencilla pero sobre todo pretende ser sincera. Chitón así lo quiere.

https://ehchiton.blogspot.com.es/2017/06/los-incubos-de-margarida.html



(La fotografía es de Nobuyoshi Araki, maestro del alma humana en sus expresión más genuina)



lunes, 26 de junio de 2017

Bosníaca. Diálogo del diablo y el viajero



Vista desde el monte, y a la hora crepuscular, la ciudad parece febril, confusa, exudando una agitación voluptuosa. Tan irisado es el juego de luces sobre los edificios y las travesías que mi acompañante me sugiere si no será una imagen de cómic. O de esas películas que tanto nos fascinan a los dos con una estética sublime que refleja lo cutre, de presente retorcido y con futuro inexistente. Desde las estribaciones de Trebevic el paisaje urbano parece el don ofrecido con escaso convencimiento por el diablo a un aprendiz de viajero al que se le solicita su alma. Alisa y yo imaginamos un diálogo breve. El diablo, soberbio: esta ciudad es tuya si la apaciguas. El viajero, dudando con humildad: pero ya está apaciguada. El diablo, insistente: es sólo apariencia, pues en el sustrato de los hombres que la habitan aún hay rescoldos de enconamiento. El viajero, conciliador: es cuestión de tiempo, ya verás cómo cuando se recupere más y más nadie se acuerda de lo sucedido en el pasado. El diablo, feroz: nunca olvidan los hombres el pasado, fingen que lo han superado, pero en realidad duerme en los recovecos de sus odios. El viajero, argumentando: no hay ya odios, hay entendimiento. El diablo, tajante: hay conveniencia. El viajero, tuteándole: ¿siempre eres así de sinuoso? El diablo, lógico: es mi papel, si no existiera el papel del demonio ¿existiría acaso el del viajero que quiere que las cosas sean en este mundo más bondadosas y justas? El viajero, plantando cara: te crees propietario de las vidas. El diablo, seguro de sí mismo: soy el propietario de las vidas. El viajero, en barrena: pero los humanos tenemos infinidad de comportamientos que se desmarcan de tu actitud siempre malsana y destructiva. El diablo, riendo: ¿tú crees? El viajero, dispuesto a no desproveerse del ariete: por supuesto, si pusiéramos en una balanza los actos buenos en un platillo y los perversos en el otro estoy seguro de que se inclinaría la balanza del lado del primero. El diablo, volviendo la oración por pasiva: si fuera como dices yo ya habría desaparecido hace tiempo y el mundo sería felicidad y gracia. Sin embargo, mira cómo no hay región del planeta que no conozca antes o después a los cuatro jinetes juntos. Mira cómo no hay un solo ser humano que no se debata entre la generosidad y la apropiación. Cómo no hay dos vecinos que se comprendan siempre. El viajero, algo desesperado: es el precio de la vida, el toma y daca por el que los hombres se reconocen. El diablo, ufano: ¿ves cómo empiezas a concederme una pizca de razón? Ya has entrado en mi juego. El viajero, confundido: eso nunca. El diablo, riendo una vez más: ¿que no? ¿No te has dado cuenta todavía de que estás hablando con tu propio espejo?

Alisa echa a reír con una carcajada inagotable. Podríamos estar así todo el anochecer y nos vamos a perder por el camino, dice. Bueno y qué, le respondo, si el viajero es el diablo la tentación está mejor servida. Alisa se ruboriza, como si la mística del juego anterior se rompiera para dar paso a otro no menos peligroso.



(Fotografía de Inés González)



domingo, 25 de junio de 2017

La sopa boba. ¿Volverán los NO-DO victoriosos?







NO-

Vista la cantidad de letrinas pringosas que se extienden por la geografía hispana, las fosas sépticas atestadas de mierda, los lodazales en que se han convertido las administraciones corruptas, los canales malolientes que vinculan empresas privadas con la gestión pública, los basureros contaminantes que pululan por doquier, la abyección del blanqueo de dinero en paraísos fiscales, la porquería de las puertas giratorias de quienes se han aprovechado de la información privilegiada que les ha proporcionado gestionar lo público para uso de empresas particulares, la inyección desmesurada de dineros estatales a los bancos en quiebra por su interesada, mala y fraudulenta gestión, el mercado podrido de quienes en nombre de la patria (patria = patrimonio para ellos) la venden ya no al mejor postor sino al merchero de los negocios más ocasional, el despilfarro de tantos vividores electos, la repugnancia que produce la utilización y el control de los aparatos de los poderes del Estado para salvar a los propios, cualquier día de estos volverá el NO-DO para traer el mundo entero al alcance de los españoles...y convencernos de lo contrario de lo que sucede. Por cierto, los corruptos, aunque pululan por doquier, tienen nombres y apellidos, medran en los estamentos de la gobernación del país, ellos y el partido al que pertenecen tienen sustantivo propio y luego que  cada cual acuda al calificativo que le merezca. Todo apunta a que tienen bien hilvanadas las defensas de sus causas penales, lo cual sugiere que se irán de rositas una vez más. Y siguen gobernando. No vale ya generalizar ni hacer que paguen justos por pecadores, aquello de poner el ventilador, aunque ya se sabe que los modelos para bien y para mal son eso, modelos a seguir, y en cualquier momento y tribu puede cundir el ejemplo; es lo que tienen los humanoides y sus sociedades, pautas que seguir, actitudes que copiar, conductas que tomar como referencia, aquí no se salva ni diós, que diría Blas de Otero, poeta.


-DO

Que alucine el que no lo haya conocido. Lo que otros tuvimos que aguantar durante décadas cada vez que íbamos al cine. Antes de comenzar la sesión nos ponían el correspondiente NO-DO, que no era otra cosa que una gaceta visual de propaganda exagerada del régimen imperante, que para eso habían vencido. Su lema falaz: el mundo entero al alcance de todos los españoles. Lo mejor de todo es que la gente seguía entrando ya empezando el NO-DO, porque puntuales no hemos sido nunca los españoles, los chicos no callábamos, y los espectadores hacían crujir los sillones de madera dura, se golpeaban los asientos, y comenzaba el chasquido generalizado de dientes para dar buena cuenta de las pipas de girasol.  Si a ello se suma que el acomodador iba arriba y abajo con la linterna para situar en los asientos correspondientes al personal y las filas eran un continuo levantarte y sentarte pues el NO-DO se abreviaba considerablemente. Al terminarse el noticiario de propaganda, el murmullo relajante, mezcla de hastío y aburrimiento, hablaba por sí solo. A veces hasta aplaudíamos o coreábamos un ¡biennnnn!. ¡Porque los chicos lo que anhelábamos ver era la película! Y ése, justo ese momento en que desaparecía el falaz noticiario y aparecía el león de la Metro o el forzudo que golpeaba el gong de la J. Arthur Rank o el escudo de la Warner Bros. o los rayos de Cifesa era el instante de mayor y tensa atención. El orden estaba asegurado. No hacía falta autoridad. Cada espectador hacía callar al vecino chismoso y parlanchín. La película ansiada comenzaba ya. Ojo, no engañarse, a mucha gente le gustaba el NO-Do (el mundo entero al alcance de todos los españoles, jódete patrón)


RESPUESTA A LA ESTÚPIDA PREGUNTA DE CABECERA.

Aquellos NO-DO no. Lo que ya han llegado son otros, otras formas de control de mentes más sofisticadas y que aceptamos de buen e inconsciente grado. A las que aportamos sacrificando hasta nuestra intimidad y cedemos gratis nuestros datos. Vamos, que contribuimos de tal manera a los nuevos NO-DO a la carta, vías redes sociales, que no hace falta que gobierno alguno se tome la molestia de hacer volver el viejo NO-DO. Me quedo escuchando la sintonía.


viernes, 23 de junio de 2017

Emocionante texto de Lluís Bosch




El artículo de Lluis Bosch en su blog me ha emocionado. Me pone con los pies en la tierra y en el futuro con el que estamos jugando en nombre de los niños, pero sin contar con ellos. Por parte de padres, entidades políticas, instituciones, escuelas y ese muro inapelable, tantas veces impostor, llamado sistema educativo. Me sumo a la iniciativa de Miquel y publico la entrada. Por supuesto el que quiera entender o, mejor dicho, comprender, que lo haga. En los tiempos de confusión asumida que vivimos no es fácil aceptar el dedo en la llaga con que Lluis hace sangrar los conceptos y mostrar la hondura de las realidades. ¿Hace falta repetir una vez más el pensamiento bakuninista 'Los niños no son propiedad de nadie: ni de sus padres ni de la sociedad. Sólo pertenecen a su propia libertad futura'? Y detrás, hay otras lecturas que los españoles en general y los catalanes en particular, en su tesitura presente, deberían saber comprender.




"Hoy, la dirección de la escuela en donde he trabajado a lo largo de este curso me ha comunicado que no cuenta conmigo para el próximo. No ha sido una reunión tensa ni ha habido disgustos. Estaba cantado. Puestos a elegir, elijo cambiar, así que estamos de acuerdo y no hay objeciones ni despecho ni reproches. Cuando me marchaba para casa he recordado el primer día en este colegio. A primeros de septiembre también hacía un calor bochornoso. Mi primer recuerdo es la reflexión que me hice sobre el aspecto de búnker que presenta la arquitectura de la escuela. Como otras muchas. Muchísimas, por desgracia. 

El centro está enclavado en el centro de un barrio con mucha inmigración, sobretodo magrebí. Aunque también hay niños y niñas de procedencia latina y alrededor de un 30% de autóctonos, todos castellanoparlantes. El barrio fué conocido años atrás por ser el epicentro de unos conflictos étnicos que dieron mucho que hablar en la prensa, y a día de hoy es uno de los colegios de primaria que se merecen el calificativo de "centro de alta complejidad" que otorga el estado. Por fortuna, si hay tensión étnica en el barrio está bastante dulcificada. No es fácil la convivencia entre humanos pero ahí estamos. 

Soy maestro de primaria y mi condición laboral es la de "interino", como en la vida. El maestro interino es un trabajador de la educación que ejerce en calidad de grumete, contratado para una travesía y luego ya veremos. Eso tiene ventajas y desventajas que ahora no voy a precisar. Para vivirlo en paz solo hay que ser consciente de ello, y recordar que esa fue nuestra elección. En no querer ser funcionarios, elegimos la incertidumbre. O la incertidumbre nos eligió a nosotros, qué más da. Lo que me gusta de ésta profesión es todo lo que aprendo cada nuevo curso. Me lo enseñan ellos, esos niños y niñas que van a ser adultos dentro de un tiempo, que aprenden a serlo a veces incluso a pesar de sus maestros. Quizás alguno de ellos será mi médico del seguro dentro de unos años, o mi asistente social o mi cuidador de viejecitos. O el poli que me riñe, o el mangante que me atraca o el revisor del gas que me llama cada cinco años. O el tipo que malvive con su Pirmi y se la gasta en cañas sentado en un una terracita soleada. Y en cualquier caso los ciudadanos del futuro, el futuro de España está en sus manos. Pero, por ahora, en este presente contínuo del adulto, aprendo de su curiosidad, de su buena fe, de su confianza, de su inocencia, de su mala leche embrionaria, de su intuición. 

Y de sus sentidos. Cuando encuentro una prenda de ropa extraviada, ellos la huelen y dicen: huele a Francisco. Y es de Francisco. Y si dicen huele a Salma, es de Salma. Eso me fascina y me pregunto: ¿cuándo se pierde esa facultad? ¿Porqué se pierde? ¿Qué otras facultades perdidas me pueden enseñar? 

Es gratificante trabajar así, aunque sea a salto de mata y de escuela en escuela. Hay que aprender el significado real y profundo del término "desapego" y hay que trabajarlo en el aula: esos niños y niñas que he querido tanto durante este curso deberán vivir la pérdida de su maestro cuando vuelvan en septiembre y yo debo aprender a vivir mi propia pérdida, la de esas 25 personas de seis y siete años, con quienes tan bien lo hemos pasado juntos. Jugando, charlando, festejando e incluso aprendiendo como se dibuja el trazo de las letras o la descomposición de la decena. Eso no es nada fácil, pero la vida es así y esa va a ser mi última "lección". Aunque a mi el rollo magistral no me gusta nada. 

El sujeto de la educación es el niño. No es el método ni es el maestro. No es nada más que el niño. Es el niño el protagonista de su aprendizaje, y yo he tenido el placer de acompañarles durante un curso en su viaje por el mundo. Quizás por esa perspectiva mía, tan privada como pensada pero también, quizás, tan personal, no he encajado bien en un colegio cuyo principal interés -después de cosechar buenos resultados académicos, hay que decirlo- es el asunto de la disciplina y el orden. Que los niños permanezcan sentados y en silencio, que solo hablen cuando el maestro les obsequia, arbitrariamente, con el derecho a hacerlo, y que cuando hablen lo hagan sobre el tema que toca. Parece muy difícil pedir todo eso a un ser humano de seis años. Incluso parece una pretensión contraria a la naturaleza, no solo a la del niño de seis años si no a la propia naturaleza humana. A mi no me parece que se deba respetar la idiosincrasia del niño, si no la de la persona. Eso me parece "educación". Cuando la educación incluye la prevención, el respeto, la acogida incondicional del otro tal como es. 

Cuando vi la silueta sobria de la escuela en la que he vivido un año pensé lo del búnker. Y ahora, cuando se termina, pienso que es un búnker. En muchos aspectos que no son arquitectónicos, si no de arquitectura mental. En cierto sentido lo he vivido como un fuerte, una posición avanzada en el linde del territorio enemigo: me duele que una escuela que podría ser un laboratorio de convivencia entre etnias y culturas actúe como un fortín numantino. Hay un día en que se celebra "el día de las lenguas maternas" y las familias de otras culturas entran en las aulas para explicar algunas cosas. Pero el resto, los 174 días restantes (el curso dura 175 días), son "los 174 días de la lengua catalana, que nunca es la materna". Hemos decorado los pasillos y las aulas, pero jamás hemos decorado esa fachada austera, murallesca, impenetrable. La fachada siempre muestra ese aspecto de empalizada. A lo largo del curso he pensado mucho en Foucault, pero también en la novela que más me ha gustado de Coetzee, 'Esperando a los bárbaros'. 

Y sin embargo hoy no pienso ni en Foucault ni en Coetzee. Pienso en Malak, que empezó el curso sabiendo escribir apenas su nombre y lo terminó escribiendo un cuento casi dadaísta sobre ratones con nombres humanos que ocupa doce páginas, y pienso en Salma, que no hablaba con cristianos y ahora me cuenta su vida, y en Yahya, que lo suspende casi todo pero lo sabe todo, en Rosa, cuya vida es un via crucis y sin embargo se ríe y se ríe, en Omar, tan entusiasta que pretende ser astronauta, en Jan, que combate su déficit de atención con la valentía del héroe, en Francisco, que carga con las dificultades de la vida con una sonrisa, en Oscar, que se evade cual Philip K. Dick en sus mundos de fantasía, en Assía, que se despide de mi regalándome la receta de una tortilla marroquí y exquisita escrita de su puño y letra, en Marcos, que se ensaya de superviviente en un barrio complejo, en Daira, que sueña con princesas imposibles y buenas, en Steven, que sueña callado en los paisajes peruanos, en Maybelyn, que a veces me suelta una palabra en guaraní, y en la otra Malak, cuando me cuenta como es su casa en el pueblo de Marruecos, y en Rayan, que no se puede contener sus ganas de vivir, en Ada, que quiere saber como es el mundo, en Emily, ensoñada y bailonga, en Alfonso, que por fin se soltó y me dió su alegría infinita con esas carcajadas anchas, tan de negro africano, en Mohamed El Amin, que quiere saberlo todo de los meteoritos, y en la tercera Malak (perdóname el ordinal), que cuenta los pasteles fabulosos que hace su padre pastelero, en Douaae y sus silencios llenos de palabras y de anhelos, en Anás, tan discreto y tan listo, en Ismael, que me enseñó a ser paciente y confiado, en Marc Anthony, que me abraza cuando le reconozco su esfuerzo. Y en Dunya, que se preocupa y lucha para que todo salga bien, para que todos estén contentos, la que siempre pregunta: ¿a quién debo ayudar? (pero en realidad ya lo sabe) 

A todos ellos no les deseo que sean felices, porque eso es otro asunto. Espero que sean buenas personas y ciudadanos que sepan defender sus derechos. En el mundo más bien hostil que les espera. ¡Suerte y persistencia, muchachos!"