La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose. Karl Kraus.



martes, 24 de abril de 2018

Deriva de la indolencia





















"Ahora veo bermejos, verdes, azules, blancos y amarillos vergeles, sotos, llanuras, colinas y valles, y la voz de los pájaros suena y tintinea con dulce acuerdo mañana y tarde. Esto me induce a colorear mi canto con tal flor cuyo fruto sea amor, cuyo grano sea gozo y cuyo olor sea salvaguarda de la tristeza".

Arnaut Daniel, Er vei vermeills, vertz, blaus, blancs, gruocs.


¿POETA provenzal tú? Cierra los ojos bajo los olmos robustos. Que tus manos tallen sus raíces. Escucha su sinfonía de hojas aleteando calma. Si ha de haber un cómplice, que sea el mochuelo. No te proveas de ideas, solo de sensaciones. No estés en guardia por voces humanas, han olvidado el silencio. No atiendas recado alguno, aquí no hay más disciplina que la de la arboleda. No atices fuegos dentro de tus vísceras, devorarán tu paisaje. No te urjas con el tránsito de tus días, su dueño es el viento. No te angusties con redenciones, sino sálvate en cada instante. No ansíes crecer ni temas disminuir, el suelo te sostendrá. ¿Propuestas de un viejo hacedor de trovas que llevas dentro de ti? De aquel aprendes. De ti huyes. ¿Buscas, como el cantor alegre, suscitar atracción o tan solo te recreas en tantear tus límites? Date entonces a la sutileza del abandono. Humilde vasallaje a los reinos que te deslumbran.




(El poeta Hendrik van Veldeke en una miniatura del Codex Manesse o Gran manuscrito de la canción de Heidelberg)


lunes, 23 de abril de 2018

Deriva de la fotografía aparecida














HALLAZGO de una foto entre las páginas de un libro. La tuya. Suelo encontrar a veces hojas secas. Esa salvación o cautividad que uno suele acometer con las hojas aún lozanas de los árboles. Pero esta otra imagen, sin huella del paso del tiempo, donde aún no se aprecian nervaduras ni ajamientos, afila mi memoria. La corta, la hiere. Una foto extraviada, acaso guardada con disimulo, preservada de la finitud de nuestros cuerpos, tiene siempre algo de trampa. Desde el momento en que quedaste registrada en ella hasta la fecha se ha producido una traición. Hay un traidor, no yo, no tú, sino el Tiempo. También el paisaje fue sujeto a infidelidad, pero sobre todo lo fueron nuestros pasos. Tu caminar de madrugada entre la nieve, la agitación disimulada de tu voz, los mensajes que nos redimían del periclitar cotidiano. El intercambio de las sensaciones y de los deseos. Lo efímero es lo que permanece. Lo que conmovió nuestras horas nunca cicatrizará del todo. Loca carrera, se supone inútil, por la mirada de lo irrecuperable. Una fotografía traspuesta, una hoja lacia, un escrito lejano, los golpes ocasionales de la memoria, ¿claudicarán ante la zozobra del hombre? 




(Fotografía de Eric Le Sourd)

sábado, 21 de abril de 2018

Deriva de la carcajada




















COMPRUEBAS que los mundos en que has vivido  -te dan ganas de decir en que has soñado- se han ido poco a poco emborronando. Como un dibujo a carboncillo para el que te ha faltado el fijador todo se difumina. ¿Cuántos bocetos terminaste y cuántos quedaron en apuntes pasajeros? En bastantes casos ni siquiera triunfa la imagen vívida del recuerdo. Como mucho permanecen ciertas huellas del significado de lo que recuerdas. Pero también ellas se van diluyendo. Una simple carrera ya no es un galope. Un paisaje callejero ya no es un lugar habitado cómodamente. Un corro de amigos cómplices queda en una mirada al entorno y el latigazo del escalofrío porque no está nadie. Una idea o un proyecto mantenido con ilusión devino en una negación total, como si no hubiera existido jamás. ¿Qué decir de gratos coloquios interminables, de situaciones de seducción que nos nublaban, de las algarabías entusiastas que rompían las barreras entre lo aspirado y lo factible? Compruebas tus defensas mermadas y te consuelas. Aún tengo este reducto, resistente y llegado el caso fiero. Pero la carcajada, que piensa por ti, pone tus pies en el suelo. También llega en tu auxilio. La carcajada habla, discurre, se entrega. Ríe mientras sepas, dice. (Aunque realmente piensa: ríe mientras puedas)

 

(Corre que te corre, pequeño, por Willy Ronis)


jueves, 19 de abril de 2018

Deriva de la simetría











PON que la luz solo llega desde un lado. ¿Qué ves de ti mismo?  Una parte del rostro, al iluminarse, te hace creer que eres tú. Otra zona en penumbra te invita a adivinar. Tus dos lados dialogan desde mundos diferentes. ¿Y si recibo la luz desde ambos perfiles?, te preguntas. No te verás mejor. Habrás perdido tu sombra, que habla tanto o más de ti que la falsa claridad. Además, ¿no sabes que la luz total es cegadora y te conduciría a las tinieblas?



(Karin Székessy, foto)



miércoles, 18 de abril de 2018

Deriva del día siguiente















ES INCIERTO cuanto se tiene por delante. Incierto el mismo adverbio, jactándose de una ubicación aún no pisada. No por hacer planes el suelo es más firme, ni por echar cuentas más seguro, ni por pulsar el silencio del cuerpo está más garantizado. No hay un lugar para el día siguiente hasta que amanece. Solo la presunción y la costumbre, esos viejos mercachifles que por la noche se emborrachan dentro de nosotros y nos arrastran a la partida de trileros cotidiana, nos hacen creer que despertaremos. En la alborada un gallo, si es que aún queda alguno, cantará por nosotros. Y aun y todo habrá quien lo niegue.



(El fotógrafo Boris Smelov recorriendo las calles)


lunes, 16 de abril de 2018

Deriva del contemplativo



"Miro la espuma, su delicadeza
que es tan distinta a la de la ceniza".

Claudio Rodríguez, de Alianza y condena.


ASÍ ES, piensas, tu vida. Una contemplación. Allá, en lo más alto de la galería, la oscuridad a veces te devuelve destellos. ¿Las estrellas? ¿El guiño plateado de las olas? ¿Las esquirlas de luz golpeando los acantilados? No naciste para habitar las tinieblas, ni ellas se te dan a elegir. Los bramidos de los monstruos, seductoras sirenas o temibles lestrígones, no te asustan. Es el callado movimiento de los seres invisibles revestidos de hombre, ocupando territorios de tu inconsciencia, lo que te produce espanto. Pero no es su imagen lo que más rechazas, sino sus contradicciones. La oscilación entre su engañosa y aparente bondad y la perversa oferta de que las cosas no pueden ser sino como dictan que sean. ¿De verdad crees que la lámpara que ilumina el océano también te da luz a ti? Este espacio que crees te corresponde, por mucho que el fanal gire indicando tu posición, no se amplía ni es más tuyo por ello. Cava un sótano dentro de tu casa cuerpo y resiste en él. Atesora tus pequeños goces. Escarba y busca cuando la escasez te acucie. Pues sabes que bajo el roquedal la espuma es tuya.



(Willy Ronis, fotografía)


domingo, 15 de abril de 2018

Ce ne sont pas des seins o Willy Ronis censurado





El fariseísmo tradicional y la posverdad han engendrado un hijo también hipócrita en nuestro tiempo. La censura mediática de los señores y vigilantes de las redes sociales. En esta ocasión Facebook -sí la misma Facebook que ha dejado escapar los datos de 50 millones de usuarios, como se ha informado recientemente- se marca uno de esos paseillos de moralina que no se sabe si es producto de la ignorancia -¿Facebook ignorante y analfabeta?- o de una política de distracción.

La fotografía aquí presente de Willy Ronis (París, 1910-París, 2009), perteneciente al Museo Jeu de Paume de París,  ha sido cedida junto con otra parte de la colección al Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español de Valladolid para una exposición temporal. El viernes 13 se inauguró la exposición y le faltó tiempo a la empresa de Silicon Valley para imponer en sus medios la censura  de la fotografía, bloqueando temporalmente la página facebook del museo. ¿Cuestión de programación, de algoritmos o de simple puritanismo? Supongo que política, siempre política de provecho propio para aparentar y despistar. Hay que aparentar que se protege a los usuarios de los "peligros" del mundo y del demonio, aunque luego se desproteja a millones de la intimidad de sus datos personales.

Si no distingue el poderoso señor Zuckerberg el tocino de la velocidad, y se confunde tanto en el mundo de las expresiones artísticas o simplemente naturales, habría que decirle que al igual que existió el fotógrafo francés Willy Ronis que captaba espléndidamente más allá de la vida cotidiana, también hubo un pintor apellidado Magritte que pintaba una pipa y ponía: esto no es una pipa. Y entonces a los que ven febrilmente lo que les interesa de la realidad se les podría recomendar una cita análoga: ce ne sont pas des seins. Ah, mais non, monsieur, sí son unos hermosos pechos de mujer y ni usted ni nadie podrá impedirlo, por mucho que lo niegue y lo censure, una vez que Willy Ronis los captó.




viernes, 13 de abril de 2018

Deriva del desván















¿DE QUÉ te sirven los viejos mapas? ¿Qué utilidad tienen las polvorientas cartas marinas que acumulas en el desván? ¿Crees que esa colección desordenada de cuadernos de bitácora te puede aportar algo a estas alturas? Gran parte de la navegación ha concluido para ti. Puedes reconstruir a tu modo las aventuras vividas con ayuda de todo ese material y recrearte entre los datos imprecisos que conserva tu mente. En tu torreón del abandono restaurarás vivencias que apenas hallarían hoy su representación. Situarás litorales que ahora no reconocerías. Ubicarás ciudades que ya están lejos de ser amables. Ten sumo cuidado al abrir la puerta de las figuras y de los cuerpos y de las voces. Los rostros deslumbrantes que te sonrieron te esquivan. Los torsos cálidos que se pegaron a tu piel perdieron su sólida consistencia. Los dedos que trenzaron labores, y también caricias, con tus dedos están desfigurados. La dulzura cómplice de aquellas pronunciaciones que empatizaban con tus palabras hace tiempo que emprendieron la fuga. ¿Y hurgas todavía en los recuerdos para recomponer una vida periclitada? La memoria no es un material para la construcción, sino para retardar el derrumbe inevitable. Sube, sube si quieres hasta el cuarto trastero a buscar lo que ya no encontrarás. Pero antes detente y reposa junto al mirador náufrago. El pasado agota. Y el océano permanece.


(Mapa en evolución cartográfica de Ave Pildas)


jueves, 12 de abril de 2018

Deriva del aislamiento
















LA OSCURIDAD esconde voces y dispersa sonidos. Es la hora en que la tierra no se ve. Lo que se siente tampoco es tierra. Rugido de la piedra herida en la base del acantilado. La linterna del faro y su baile nocturno. La borrasca compone una sonata para el hombre en su aislamiento. En la casa cerrada se concentra el último vaho de los poseídos. Qué tormenta prefieres, se interroga el atormentado. Todo cuanto tiene nombre lo pierde en ese momento. Categorías, registros, datos, procesos, herramientas. Se desproveen de identidad ante la galerna. El hombre sube al mirador y contempla las bofetadas de lluvia sobre la vidriera. Está turbado. La edad no garantiza seguridad; proporciona mayor temor.  Lo conocido sigue siendo lo desconocido, medita. No ve sino el sudor del mar. Vigía de las tinieblas, intuye el océano pero no podría describirlo. La banda de luz rota cadenciosa sobre su cabeza; converge cómplice con la línea invisible del horizonte. Al otro lado, ¿qué hay? Qué esperas.



(Kazimir Malévich pintó el cuadrado)


lunes, 9 de abril de 2018

Deriva de la marea













DESPLAZAMIENTO pausado de un tarde de estío. Las cuatro paredes se impregnan de la humedad salina. Las cuatro paredes tienen ventanas de colores. Azul, amarillo, verde, sil. Esta última es puerta, y en el dintel, por el exterior, hay una escritura: nadie entre aquí que no sepa...La frase está inconclusa, a propósito; no sabes por qué. Todos los vanos están abiertos de par en par, pues los postigos solo se cierran en invierno o a la llegada de las galernas. Tu cuerpo se somete a la agitación de las corrientes, que se cruzan en un recorrido axial sobre tu carne. Te resecan la piel, te taladran las vísceras, te acuchillan la garganta. El oleaje, cuyo runrún es cada vez más perceptible, te adormece. De pronto, la intensidad de la pleamar y tu sobresalto. En el espacio de penumbra de la torre el piso de madera cruje con suavidad. No te esfuerzas en mirar, no te mueves, no haces girar tu torso resbaladizo. Presientes una presencia muy queda. Pero no la sitúas por un olor, ni la distingues por una voz, ni la reconoces por ningún tacto. No la materializas con una imagen corpórea. Si alguien habita en la reservada umbría de la estancia no quiere mostrarse. O aguarda a su tiempo. Tal vez le basta saberse intuido, como la marea. El aire denso suele construir extrañas figuras para sorprender a los que entran en la torre sin saber a qué. Qué no sabes. A quién esperas.   




(El fotógrafo Ave Pildas agita la pleamar)


domingo, 8 de abril de 2018

Deriva de las estatuas al paso de von Aschenbach





















DE LAS ESTATUAS no te atrae su exuberancia triunfante ni tampoco sus formas vestales ni siquiera sus rasgos helenos, ya vistos tantas veces. Ni ellas mismas, te parece, creen ya en lo que representaron una vez. Te fascina la naturalidad del aire viviente que exhibe su decadencia. Hieráticas o agitadas en sus escorzos manieristas, marmóreas o graníticas, simbolistas o adustas representaciones lineales, es su despacioso deterioro lo que les confiere un aliento próximo a los humanos. Y cuando encuentras efigies cuya pátina las hace más sabias, descolgadas ya de sus pedestales originales, sientes que intercambian contigo un diálogo íntimo. ¿Has oído cómo te hablan las de estos parterres? Me dijeron que era una diosa, te dice una que domina el paisaje y que, aun algo ajada, rezuma perennidad ; yo cabalgaba como un condotiero, dice otra que mira a las fuentes y que mantiene su aire imperial; jamás salí de mi condición de esclavo derrotado, dice la de más allá postrada en una eterna caída. En los jardines, mejor que en los museos, las estatuas se aproximan a la condición del hombre. Las protegidas y cerradas galerías, por el contrario, convierten a las imágenes en presas de la no vida, por mucho que los técnicos traten sus materiales y repongan sus desperfectos. Aquella confesión que escuchaste en un paseo de otoño por una villa a la intemperie te conmovió intensamente. Nosotras queremos también morir como los humanos, acertó a decir a tu paso un efebo erosionado por el viento y corroído por la salinidad de la costa próxima. Sus facciones se habían desgastado parcialmente, la musculatura se mostraba más débil, los atributos varoniles habían perdido parte de su esencia, alguna de sus extremidades se hallaba disminuida. Sin embargo, aquel adolescente secular que apenas se cubría con los restos de una clámide ennegrecida, mantenía una erecta presencia que no le desproveía de un ápice de su primaria dignidad. ¿No se darán cuenta estas figuras que si quieren morir como los humanos tendrían que vivir como nosotros?, llegaste a pensar mientras circundabas la paulatina pero hermosa decrepitud de un efebo envejecido.



(Fotografía de Boris Smelov)   


viernes, 6 de abril de 2018

Apunte sobre una biografía olvidada











"Hubo fuego en su vida, suponemos, pues fue por él al cabo consumido".

José Ángel Valente, No amanece el cantor.



DICEN que se perdió en París, cuando París era la ciudad idónea para extraviarse. Fue respetado y fue desairado a partes iguales. Conoció a los poetas malditos y a los últimos adoradores de los símbolos. Huyó de los pretenciosos románticos y se dejó cautivar a medias por los realistas. Admiró a los artesanos y despreció a los parásitos. Escupió a los voceros y se indignó con los panfletarios. Ahuyentó a los correveidiles y desacreditó a los chivatos. Denunció a los mercaderes de las ideas y se encaró sin tregua con quienes denominaba las satánicas sotanas. Defendió la independencia y la dignidad de las amorosas y se partió el pecho por que el amor no tuviera más rostro que el libremente elegido. Advirtió contra los urdidores de la miseria y argumentó contra los capitalizadores de la riqueza. Previno sobre el peligro de identificarse con los mitos y se despachó a gusto contra los líderes de la demagogia. Cuestionó premios y medallas del honor y derribó del pedestal a los académicos. Increpó a los diputados colocados y bramó contra los caciques que los aupaban. Se opuso a la guerra franco-prusiana y trató de aportar razón a los communards que se amotinaron. No alardeó de sus vicios y dudó siempre de sus virtudes. Brindó amistad y no se enemistó con nadie aun cuando a él, por envidia o por celos, se la retirasen. Jamás hablaba del amor como conquista pero fue admitido con generosa benevolencia en la congregación de los afectos. Se debatió, en fin, entre lo ideal y lo imposible. Su pista se pierde a finales de mayo de 1871, tras las sangrientas jornadas que tuvieron lugar en la ciudad. Su nombre fue borrado de crónicas y anales de su tiempo.




(Ambrotipo de Jean-Michel de la Bretonne)


jueves, 5 de abril de 2018

Deriva de los tiempos felices





















ASOMA tu memoria al pasado y selecciona. Hay episodios de los que más valiera haberse olvidado. Si los extirpaste de raíz porque dolían has salvado una parte de tu vida. La otra parte no está en tus manos. Los especialistas del daño suelen tomar la delantera a los inocentes. Pero ¿qué es la inocencia? ¿Un estado, una edad o un simulacro? El tiempo de coger los frutos salvajes de los árboles. Las catas prohibidas de unos labios. Las innumerables horas de los juegos. Aún coleccionas tantas sonrisas. En ocasiones, hasta te recreas rememorando la vieja camaradería de juventud. Luego dudas. No queda nadie. Todos estamos muertos, o unos incluso más que otros. Tú eres un muerto que exterminó su pasado y sobrevive en un cuerpo plano. Otros ni siquiera eso. Recordar es abrir los ojos de par en par a un paisaje que pugna por crecer dentro de ti, tal vez sin horizonte alguno. ¿Cómo saber cuándo te asomas en exceso al borde sin calcular el abismo?



(Foto. La mejor juventud al borde de los días infelices)



miércoles, 4 de abril de 2018

Deriva de un sacrificio innecesario















AL llegar hasta el ara me ofreciste tu cuerpo senil. Alzaste la cabeza solicitando ser inmolado. Tus ojos en blanco contenían tanto cansancio. ¿Qué podía hacer yo? ¿Alzar la espada? ¿Por qué iba a sacrificarte? No hay ningún dios que pida la ofrenda de sangre de un viejo. No seré tu verdugo, te dije; si tanto deseas la privación de la vida déjate llevar hasta la consumación. Que sea el Tiempo, con su hoja afilada, quien decida.




(Fotografía de Boris Smelov)


martes, 3 de abril de 2018

Deriva entre Man Ray y Magritte






















MIRAS la luna en su fuga del amanecer. Serena, lenta, difuminada. 
(Nostalgia de la noche, se afianzan los destellos primeros)

La claridad del día: ¿dominio o traición? La sombra cubre tu cuerpo y lo llamas despertar. Pero aquí los hombres, caprichosa deriva de otros comportamientos del caos, nos cegamos con la luz. 

Maestro, ¿es la luna?
No, no es la luna, solo es un brote.

Maestro, ¿esto es lo que se llama claridad?
No, no es claridad, sino la negación de la noche.

Maestro, ¿por lo tanto es la noche?
No es la noche, es nuestra sombra.

Tanto reclamar lo real, maestro, ¿y solo se trata de nuestra sombra?
Así es; la sombra y su dolor.



(Max captó el paso fugaz de la luna a través de la ventana)


lunes, 2 de abril de 2018

Deriva del sosiego
















BUSCAS sosiego y solo te cruzas con su verbosidad; a veces, como una nube, te cubre su sombra pasajera. Vano ejercicio que sortea la fuerza de la voluntad. Aliento más que palabra de persistente búsqueda. Estado de revelación truncado. Tenaz  resistencia de la esfera de las emociones. Mineral o química fonética tan ausentes como desconocidos de la gramática de tu vida. Y, sin embargo, tras la densa espera del paisaje te reclama sin tregua.



(Masha fotografió a su perra al borde del Lago Ladoga, Leningrado)


domingo, 1 de abril de 2018

Deriva de Valente





















José Ángel Valente:

Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada.
                                                                (Espacio)


Inventárase el reflejo, y al principio nada hubo en él que respondiera a un sentido, ni que fuera merecedor de un nombre, ni se le conociera como hacedor de una materia, ausente aún la narración del cometimiento de los actos. Tal vez las nubes...



(Masha Ivashintsova al asalto de la niebla)


viernes, 30 de marzo de 2018

Deriva de Caín y del otro




LEES una vez más el episodio moral -la mano judaica es más antigua que aquella de la que te empaparon en la infancia, sin olvidar que incluso hay otras prescripciones todavía más anteriores- del crimen de los dos hermanos del Génesis, por ver si encuentras un dato nuevo; un nuevo dato quiere decir una interpretación nueva que tú hagas del crimen. Te gusta leer en las fuentes de cualquier mito, siquiera para ver qué te va sugiriendo a lo largo de tu propio transcurso, aunque bien sabes que son espurias y probablemente poco originales. De la imagen textual no te interesa tanto que hubo violencia entre hermanos como con quién de los dos personajes te identificas. Por supuesto, cualquier confesión te seguiría delatando hoy ante la opinión pública; conviene que no reveles. Un equidistante actual -término en boga- diría que tanto la figura de Abel como la de Caín son alternas, que ambos podemos ser uno u otro, dependiendo de circunstancias a las que nos viéramos abocados. Precisamente la narración moral nació dentro de un contexto cultural e ideológico para indicarnos qué debemos ser, pero tú la interpretas no en el sentido de qué lugar ocuparías llegado el caso, sino en qué méritos y deméritos ha hecho cada personaje anteriormente, hasta llegar a ese estatus definitivo de verdugo o de víctima. No, en el principio no fue el Génesis; fue la bajada de los árboles. La disputa por el territorio cambió de dirección.



(Alberto Durero plasmando con un realismo casi satánico la matanza bíblica)


jueves, 29 de marzo de 2018

Deriva de Masha















TE levantas y aparece una mujer que te mira fijamente. Piensas que te mira para que la devuelvas la mirada; estoy al otro lado de ella, piensas; me tiene cerca, te dice la pulsión; pero la distancia oculta el mecanismo, tan antiguo y vigente como el descubrimiento del azogue, si bien no quieres aceptarlo. Es entonces cuando te das cuenta de que ella se mira a sí misma, posa para sí, se apropia del reflejo para dejar constancia de que un instante cualquiera de un día cualquiera fue como se veía. Su mirada pasa a través de la tuya, es de ida y vuelta, se sabe contemplada pero no se detiene. Esa mujer es testigo, es una idea que te ronda en la cabeza. Mas ¿de quién? ¿Y de qué? Te asusta que la respuesta no condescienda contigo, prefieres no tenerla. Pero no te afliges; en tu optimismo eliges inventarte una realidad a tu capricho. No llegaré jamás a ella, has dicho. Eres demasiado imaginativo, no obstante, como para traspasar el espejo y llegar hasta los muertos.



  
(Masha Ivashintsova retratándose a sí misma)


miércoles, 28 de marzo de 2018

Derivas


















RECURRES al sueño que no sueñas; miras a los lados, por si hay alguien que observa que no sueñas; cuando te crees solo decides soñar, pero el argumento se esconde. Eres demasiado cobarde para soñar un sueño que se te permite elegir; la indecisión te vence y te sumerges en una laguna sin imágenes. Ni sabes ni puedes ni quieres imaginar porque las mensajeras de las imágenes te han abandonado. Y sin palabras no aciertas a tener un sueño ni hablar en su nombre ni mentir luego diciendo que todo se trató de un sueño que no recuerdas. Es el recurso de quien no se atreve a apoderarse del sueño y registrarlo en su curriculo de fantasías.




(Poeta Viktor Krivulin fotografiado por Masha Ivashintsova)


martes, 27 de marzo de 2018

Pensamiento personal autocrítico





Cada vez que emito una opinión concerniente a algún aspecto de la política del país me siento insatisfecho. En parte porque sé que mis conclusiones no están acertadas o al menos no en todos los planos o aristas que ofrece cada cuerpo geométrico de la política. En parte porque mi conocimiento de la geometría política es limitado en cuanto a su lado técnico, y aunque uno va acumulando experiencia de los años vividos resulta insuficiente para interpretar el pasado, enjuiciar el presente y vaticinar el futuro. En parte porque resulta muy difícil estar en una determinada cara de un volumen y pretender que desde ella se sepa cómo son las restantes. La geometría política o, mejor dicho, los poliedros variados que nos ofrece no son tan interpretables como aquella lectura imaginativa que nos exigían en Preu cuando nos hacían coger los poliedros de papel o de madera y cantar sus caras. Y ya entonces me costaba lo mío. Claro que a veces acertaba por puro azar, no por deducción racional. ¿Será eso también lo que me pasa hoy con la política al uso? Yo, al menos, reconozco mis insuficiencias de alumno de esta dificilísima asignatura llamada España, que no sé si alguien es capaz de aprobar. Lo que no puedo entender es que los doctos catedráticos de la política, que presumen de título, sean tan torpes y encima no lo reconozcan.




(Foto: Mercat dels Encants, Glòries. Barcelona)


lunes, 26 de marzo de 2018

¿De qué madera está hecha Emma González?






¿De qué madera está hecha Emma González?









¿No será que el mundo está necesitado de que en lugar de tanto ruido haya muchos más silencios que expresen como el de Emma González?






domingo, 25 de marzo de 2018

Aviso a los navegantes: que acabe el tiempo de los faroleros




















Si después del fracaso de la aventura solo queda el recurso al pataleo  -desencadenar violencia para hacerse notar-  el fracaso será doble. La sensación de impotencia que transmitirán los violentos les incapacitará para cualquier diálogo y misión representativa. La credibilidad será nula. La competencia para gobernar  permanecerá en el alero (ya hasta ahora se ha mostrado inoperativa en Cataluña) Los ciudadanos, de cualquier parte del espectro social y político, no se merecen que se les enganche a la autodestrucción. Que no se narre en el futuro como épica lo que no ha sido sino una farsa. Que no se ignore la corrupción que ha manchado a ciertos oportunistas en diversos estamentos y comunidades, sobre la que tienen que responder judicialmente, y que se quiere obviar hoy envuelta en himnos, grandilocuencias, líderes mediocres y banderas inconsistentes. Ya ha habido demasiada post verdad en este país para que se siga fomentando engaño. Que no se nos haga responsables a todos de la irresponsabilidad agresiva de un sector de iluminados o de la insuficiencia política de otros. Las sociedades caminan en otra dirección que no tiene nada que ver con la de los nostálgicos de un mundo que no tuvieron jamás. Salvo que la pobreza, el atraso, el beaterismo y la intolerancia sean un modelo para ellos. Debe acabar  el tiempo de los farorelos, de allí y de aquí. Y de volver a fomentar Política con mayúsculas. La marcha de la historia y de las sociedades no se para por el antojo cínico de planteamientos enfrentados. No se puede admitir que se engendre desentendimiento social, dolor y riesgos de alcance imprevisible. Conmigo que no cuente ni Dios para el guerracivilismo. 


Leído en el instagram de un colaborador de TV3, un tal Jair Domínguez. No sé si es la frustración de algunos o la incapacidad autocrítica, pero parece que interesa el cuanto peor, mejor. Hipócrita y rabiosa frase que en realidad quiere decir que cuanto peor, siempre será mucho peor. Excluye el razonamiento, el diálogo y la decisión de tolerarse unos y otros  Nadie sale indemne del enfrentamiento.


viernes, 23 de marzo de 2018

El miedo al vacío de los ungidos o cuando Carmina Burana sigue siendo tabú para ciertos estamentos
























El grupo La Fura del Baus no podrá poner en escena su Carmina Burana en el exterior de Santo Toribio de Liébana, Cantabria. "Es una obra que escandaliza a los creyentes, no se puede representar al lado de un monasterio", leo que ha dicho el Obispo de Santander. No sé si el exterior del monasterio será propiedad eclesiástica o pública, y si fuera ésta pondría en cuestión el ejercicio de su derecho particular al veto. Pero ya el veto de por sí es una actitud nada aperturista ni tolerante, recuerda los tiempos de Trento, y en nada favorece al espíritu evangélico del que han hecho gala siempre en sus prédicas. Ignoro si lo que les molesta es el montaje, que dudo que lo conozcan, pero seguro que el texto de Carl Orff nunca les ha gustado. Un mensaje tan pagano, tan lúdico y regocijante, tan civil, tan intemporal, tan positivo, capaz de considerar la libertad de la mujer, transmitiendo la idea de vivir el día al día en este mundo sin martirizarse con un más allá, sin dejarse intimidar por la condena eterna. Un mensaje profundamente humano. En fin, uno ve siempre tras estos comportamientos de censura el miedo al vacío  -donde no hay argumentos sólidos queda el pánico a la caída- de los que van de profetas sin serlo, sin profetizar ya nada que no profeticen todos los días y con más acierto los antropólogos, los politólogos, los sociólogos o simplemente los gabinetes de estudios de bancos y empresas multinacionales. Así que he echado mano del texto de la maravillosa Carmina Burana, con esa conjunción tan armónica y divertida de música y palabras y, por lo tanto, ideas y sensaciones, y llego a la conclusión de que parece mentira que a estas alturas cierta gente siga viendo fantasmas, temiendo aquello que ellos otorgan categoría de peligro, pontificando condenas. Por cierto ¿cómo reaccionará el Gobierno de aquella región a la censura anacrónica de una instancia privada?

Adjunto algunas estrofas de Carmina Burana y además el texto aquí para quien desee seguirlo. Mientras me sigo haciendo preguntas, tales...


¿Qué es lo que no pueden soportar? ¿Esto?


Tendero, dame maquillaje
para sonrosar mis mejillas;
así yo podré obligar a los chicos,
quieran o no, a amarme.
¡Miradme,
muchachos!
¡Permitidme que os agrade!

¡Amad, hombres virtuosos,
a las adorables mujeres!
El amor enaltece vuestro espíritu
y hace que vuestro honor resplandezca.
¡Miradme,
muchachos!
¡Permitidme que os agrade!

A ti, mundo, te saludo, ya que eres
tan rico en alegrías.
Yo estaré a tu servicio
por los placeres que siempre garantizas.
¡Miradme,
muchachos!
¡Permitidme que os agrade!


¿O acaso esto otro?


A mi, la seriedad del espíritu 
me parece una cosa demasiado seria; 
la broma me es agradable 
y más dulce que los panales de miel. 
Todo lo que Venus ordena 
es tarea suave; 
ella no habita nunca 
en los corazones débiles. 

Voy por el camino ancho

como es costumbre de la juventud; 
me enredo en los vicios 
olvidado de la virtud. 
Ávido de placeres 
más que de la salvación, 
muerto en cuanto al alma, 
presto atención al cuerpo


O quizás la siguiente estrofa:


Amor vuela por todas partes; 
es capturado por el deseo. 
Los jóvenes y las jovencitas 
se unen merecidamente. 

Si alguna chica no tiene compañero, 

carece de todo placer; 
se mantiene, en la profundidad de la noche, 
en la intimidad de su corazón, 
en vigilia; 
sería algo muy amargo.


No te cuento esta...


Si un chico se quedase
con una chica en la habitación, 
se produciría una feliz unión.
Creciendo el amor, 
e igualmente apartados de en medio,
lejos, los remilgos, 
sería indescriptible el juego 
de miembros, brazos y labios; 
si un chico se quedase 
con una chica en la habitación, 
se produciría una feliz unión. 


Solo se me ocurre decir: aquí Paz y después Gloria, esta aquí también.

T








jueves, 22 de marzo de 2018

Baudelaire el Día después




Llego tarde al Día de la Poesía, que leo por alguna parte que fue ayer, pero como no creo en el Día de casi nada sino en los días, y por añadidura en los quehaceres y en los dolores y en los goces, y aunque parezca mentira aún en ciertas compañías, pues no tuve mayor interés, esto es, que no dediqué más que un ligero pensamiento al tema, para quedarme como estaba. Pero hete aquí, o acaso heme aquí, que Baudelaire me tenía guardada una de las suyas para provocar mi devaneo:

"La poesía es lo más real que existe,
es lo que solo es completamente verdadero
en otro mundo"

Y bien, Baudelaire allana así la poesía, por más que parezca que la sublima. Pues este nuestro mundo considera, estos nuestros hombres que poblamos el mundo consideramos verdaderos tantos fenómenos, acontecimientos, personajes, conductas y leyes, que no hacemos sino instaurar permanentemente otros mundos en el único existente. Lo cual y lo bueno es que hace de este uno diverso, no obstante todas sus facetas crueles mas también satisfactorias, y así transcurren los días de la poesía, como los de los dioses, los de las teorías del progreso, los de todas las Artes, los de la venganza o los de la sensorialidad. Por mi parte, prefiero leer la poesía a salto caprichoso y recreativo, para lo cual días y noches, silla de café o asiento de autobús, ánimo eufórico o bien rebajado, me resultan suficientes. Y como aún no sé en qué consiste la verdad de la poesía mi libertad de lectura, esto es de elección, apunte o disfrute instantáneo, me condesciende. Sigo desconociendo dónde reside la verdad de cualquier manifestación humana. Acaso, si cabe algo de ella, en el puro instinto.



(Fotografía de Étienne Carjat, 1863)

 

martes, 20 de marzo de 2018

Apunte sobre un acertado Baudelaire
















¡Acuérdate que el Tiempo es un jugador ávido
que gana sin trampas, a cada golpe!, es la ley.
El día declina; aumenta la noche. ¡Acuérdate!
El abismo siempre tiene sed; la clepsidra se vacía.


Lo canta Baudelaire (poema El reloj) Démonos por aludidos. Los tramposos somos nosotros, jugadores efímeros, pretendiendo adaptar las leyes del Tiempo según lo que consideramos necesidad y beneficio; tratando de certificar una ilusa propiedad sobre él, que no tiene amo;  llenando los vacíos con otros vacíos acerca de los cuales cuantificar no resulta sino una burla inútil; apostando en partidas que tenemos perdidas de antemano; subestimando del Tiempo su inexorable capacidad y disposición hominicida.



(Foto de Anna Bodnar)


lunes, 19 de marzo de 2018

Plegaria a la línea











Tú, trazo pequeño, naces tímido pero preciso. A semejanza de la luz que te guía y que te quiere como un haz más de los suyos buscas iluminar las fantasías soñadas de los hombres. Allá donde dirijas tus pasos los hombres reclamarán de ti el sentido de una proporción o la forma de un volumen o acaso una simple señal que les dé esperanza. Pero tú serás más que eso, pues no te diluyes en la representación osada de una geometría o en el plano alzado de un edificio o en las pinceladas de una plasticidad caprichosa, sino que permanecerás fiel a tu origen oculto. Moras en cualquier rincón de la tierra y sales al encuentro del hombre. No eres invento humano, aunque los poetas de las imágenes se hayan apropiado de ti. Naces de una tormenta, quiebras con las montañas que taja el cataclismo, te multiplicas en la dispersión de todas las vidas, escenificas la herida de un animal, te revelas en el humilde atrevimiento de una fisura, sabes hacerte cómplice del vuelo de la corneja, creces en la comisura de unos labios, te expandes en la mirada de asombro de unos ojos, te entregas al cayado del pastor que para matar el tiempo dibuja sobre el suelo árido que no le pertenece. Oh, tú, línea humilde y compañera. Circunda mis sienes cuando llegue mi partida postrera. Arrebátame ahuyentando el dolor y la pérdida. Impide que hombres ungidos con la superstición hagan contigo rayas impúdicas sobre mi cuerpo. Te hablaré cara a cara entonces. De principio a fin de mi vida, te diré, no fui sino una línea que se reprodujo en sus mil formas para llegar al principio. Donde no fui.



(Fotografía de Inés González)

viernes, 16 de marzo de 2018

Aquel lejano idus de marzo o el apuñalamiento de César





Yo, Caio Marco Tarquinio, escribiente de las sesiones de la alta magistratura de la República, lo vi y oí todo. Permaneciendo discretamente en una estancia adjunta donde los senadores se acicalan antes de ocupar sus sitiales escuché las últimas palabras de los conspiradores. Poco hablaron y mucho se miraron entre ellos. Hubo algunos gestos, cierto nerviosismo en los más indecisos y un comportamiento extremadamente frío de los que habían optado por la ejecución de César desde el primer momento. Unos a otros se mostraron con disimulo las afiladas armas que llevaban preparadas, alzando discretamente los pliegues de la toga. 

Cuando llegó César, todos aquellos traidores le abrieron paso. Cundieron las sonrisas, los tonos de voz jocosos y hasta tuvieron lugar algunas conversaciones relajadas. No sabría decir si César estaba advertido y fue imprudente o si no consideró graves las informaciones. Tantas confabulaciones se habían producido en Roma que acaso nunca pensó que las ambiciones de los patricios pudieran cuestionar su poder hasta el punto de eliminarlo a él físicamente. Y menos en aquel tiempo en que la prosperidad era más palpable que nunca en la urbe. Los conjurados le hicieron creer hasta el último momento que no había motivos de tensión y ocultaron sagazmente los planes urdidos. Un criado de César llegó a contarme después del crimen que César había recibido una premonición del destino, pero que a propósito la había ignorado. El sueño de Calpurnia en el que veía a su esposo rodeado de sangre que manaba de una de sus efigies de mármol no fue tomado en consideración. No creo en los sueños y si no me han hecho temer jamás los hombres, después de tantas campañas, tampoco me voy a asustar de lo que veas en los sueños, dicen que le había contestado César a su mujer. 

Pues bien, no llevaban mucho tiempo de sesión cuando uno de los senadores ancianos me sugirió que me retirara aparte, pues lo que iban a tratar no concernía a decisiones de gobernación y no debía ser objeto de quedar registrado. No escapaba a mis limitados conocimientos que los senadores más antiguos y de mejores familias no veían con buenos ojos los planes de César de ampliar el Senado e incluir a advenedizos de distintos orígenes que podía suponer una alteración de la influencia de la clase alta. Pensé que iban a discutir distendidamente de cuestiones secundarias, dándose a la conversación precipitada y dicharachera, cargada de chascarrillos y bufas, sobre la que no merecía la pena que se levantase acta alguna. Pero todo fue un ardid. Apenas salí de la sala cuando escuché que César adquiría una entonación severa, como si estuviera exigiendo respuestas a los presentes sobre algún tema de gravedad. Otras voces le plantaban cara, unas con escasa decisión, otras con un estilo de velada amenaza.

No lograba escuchar bien de qué trataban. Entreabrí la puerta de la habitación donde solemos guardar los escribientes nuestro menaje y vi cómo una figura, que no alcancé a ver de quién se trataba, se levantaba de su asiento y se dirigía hacia César haciendo un ademán brusco. César se quejó de aquella aproximación y se sintió molesto por la falta de respeto a su autoridad, pero a continuación el mismo individuo alzó el brazo a la altura del cuello de César. Fue como una orden refleja para otros senadores. Unos se aproximaron a César por la espalda, otros esperaron su reacción para buscarle el torso, dos de ellos fueron a acosarle por los costados. Los filos aparecían, agitaban el aire, se hundían en el cuerpo del hombre, acababan escondiéndose, avergonzados y sangrientos, entre las togas y las túnicas. César daba tumbos y la vestimenta se le iba impregnando del flujo de sus venas rotas. Me pareció que alguno de los asistentes trataba de parar aquella violencia tan visceral como programada, pero volvieron a sentarse y a observar la escena de un crimen que se pretendía simbólico cuando en realidad era sacrílego. César era un hombre de fortaleza y daba la impresión de no acabar de creerse lo que le estaba ocurriendo. A cada empellón que sufría se resistía en la caída. Fue entonces cuando uno de los senadores abrió la puerta junto a la que yo oteaba el suceso. Tenía en la mano una espada corta, de empuñadura áurea, cuyo filo estaba manchado por la sangre de la víctima. Me sujetó del brazo y me dijo: tómala tú ahora. Empuña este arma con el mismo brío con que usas el cálamo para registrar los acontecimientos y hacer poesías de encargo para los enamorados. Así servirás con dos armas paralelas a la liberación de Roma. Yo, Caio Marco Tarquinio, sobrenombre que oculta uno más modesto proveniente de una provincia meridional y pacífica, la tomé aterrorizado para dejarla caer a continuación. Doy fe que manché mis manos con la sangre de César sin haber tenido complicidad alguna en el crimen. Lo que vino después...


(Aquí se interrumpe la relación que el autor, cuyo origen no se conoce con precisión, hizo como testigo directo del asesinato de Julio César en los Idus de marzo del año 709 de la fundación de Roma. Traducción del latín de D. Fackelius)



(Dibujo de Laurent Pécheux)



jueves, 15 de marzo de 2018

Esta semana ha resucitado El Caso







¿Por qué les gusta a muchas personas, demasiadas, asomarse a los crímenes de los demás? En parte por morbo, lo cual puedo entenderlo aunque ni su ética ni su estética banales, por más que la ironía de De Quincey o el sarcasmo de Aub lo aireen, eleven al ser humano que dicen que llevamos dentro. En parte porque nos gusta convertirnos en policías y jueces, cuando no en forenses, pues ya se sabe que estas funciones no son solamente institucionales, sino que las portamos cada cual con mucho ahínco y las dedicaciones profesionales no son sino reflejos de nuestras exigencias. En parte también, en mucha parte, porque los crímenes que suenan suelen estar un tiempo, hoy apenas unos días cuando no unas horas, en boca de todos, y quien no habla de ellos parece un tonto desinformado. El morbo inherente a la contemplación, en directo o en distancia, de un crimen nos conduce a ensoñaciones con su regusto malsano pero apetitoso. Sentirnos parte del sistema policial y judicial nos lo pide el cuerpo, pues creemos tener visión de investigar y capacidad de procesar, según nuestros estereotipados y pobres criterios, a la majestad más alta y al mendigo más desgraciado, si llega el caso. Aunque también hay que precisar que libramos más al primero y nos cebamos con el segundo (y no te cuento si es el último de la fila social) Y además, ¿a quién no le gusta alardear de que está al tanto de la actualidad y que lleva dimes y diretes al prójimo?

Estos días, con ayuda de los conspicuos y dudosamente éticos medios de comunicación, circula información continua sobre un miserable crimen (¿hay alguno que no lo sea?) sobre quien más o quien menos se emite opinión alegremente. La capacidad de las televisiones y radios, sobre todo las primeras, para vender la misma noticia, incluso sin avances, de una manera constante, emitiendo juicios de valor, predisponiendo a que el receptor tenga a priori los criterios que las cadenas quieran y sobre todo que los reelabore conforme a sus propios prejuicios y adoptando un papel que no le corresponde (el de investigador o juez), removiendo y manipulando los sentimientos no siempre sinceros de los individuos, configura ya una opinión generalizada que aterra. Sucede en cada ocasión que un crimen conmueve a la sociedad, como dicen los media. Escucho de todo estos días. No hay persona del entorno del crimen que quede libre de sospecha. No se respeta en muchos casos la presunción. Se quiere saber los motivos con avidez, como si el tema de un asesinato no fuera delicado y en un sistema judicial como el nuestro digno de ser tratado conforme a una investigación con garantías y unas leyes penales aplicadas con justicia si cabe. Se ignora una vez más la división de poderes y la del propio estamento judicial, por no decir la ignorancia supina sobre los pasos de un procedimiento. No quiero hablar ya de la masa en la calle pidiendo venganza en lugar de justicia, exigiendo modificaciones en el código penal sobre las que no tienen ni pajolera idea los voceadores, o de ciertos políticos insanos, lenguaraces y oportunistas que aprovechan el tirón de la desgracia para cosechar con inmoralidad evidente unos frutos electorales a cuenta de la miseria y el dolor que un crimen sume a familias y marca duramente a la presunta ejecutora.

Antiguamente lo que corría de boca en boca se renovaba lentamente, se inventaba y reinventaba por efecto rumor o por el simple traslado que implica siempre que degenere la información. Los españoles tuvimos, además de los boletines o partes informativos de la Radio Nacional instalada por el régimen, o la prensa habitual de provincias, aquel semanario sumamente populachero, que mi madre se negó siempre a que entrara en casa, titulado EL CASO, íntegramente dedicado a los llamados sucesos, es decir accidentes, crímenes, robos, etc. Por cierto, en muchos casos, valga la redundancia, la información aparecida en ese periódico era la más aproximada a los hechos. Supongo que habría una colaboración entre periodistas y policías y se harían favores mutuos (las películas de Hollywood suelen reflejar muy bien esto)

Estos días, EL CASO, versión diversas cadenas de TV, resucita con horas de telediarios, tertulias y programas especiales. La audiencia como producto y beneficio de mercado se impone a la supuesta noticia. Influye de manera desorbitada, la gente entra al trapo (en los bares los clientes se cuelgan de las noticias del crimen) y cada españolito se entrega a saber más que nadie de motivos de la criminal, de las penas que deberían aplicarse, de las circunstancias de una familia que hasta ahora e incluso ahora le habían sido ajenas y donde no deberíamos inmiscuirnos. Pero...ay, España, se me ocurre lo del tango, que sesenta años no son nada, que febril la mirada...sobre el vecino, observando más la mota en el ojo ajeno que el clavo en el propio. Y es que a veces tiene uno la sensación de que hemos evolucionado lo justito. Que no nos toque de cerca un crimen jamás.



martes, 13 de marzo de 2018

Amores efímeros. Los dioses y los héroes también aman
























¿En qué momento Ariadna se enamoró de Teseo? También cabría preguntarse: ¿De qué manera sedujo Ariadna al héroe? O acaso, ¿cuál fue el gesto de Teseo que prendió en el alma hasta entonces apática de la tejedora? O incluso, ¿qué interés perseguían ambos para despertar entre sí pasiones mutuas? Y siendo menos emotivos y más maniqueos: ¿quién necesitaba a quién y con qué clase de intención utilizó la vía sentimental? Vayamos más allá, dijo el profesor con un tono enigmático, y piensen en lo siguiente: ¿fue el laberinto el verdadero motor de sus afectos o simplemente la excusa para que ambos personajes ejecutaran sus designios?

El profesor, paseando entre los pupitres de los estudiantes, no cesaba en sus preguntas, no dirigidas a nadie en concreto. Luego, giró sobre sí mismo, en una pedante y satisfecha creencia de haber generado dudas no solamente para los alumnos sino cara a las posibles versiones de los mitos. Tareas ambas bastante inútiles, pues es sabido que el interés de los jóvenes estudiantes dura apenas lo que tardan un pensamiento o una información en ser emitidos por el profesor. Y sobre los mitos qué decir sino que las versiones son múltiples, que algunos apenas se sujetan a un eje que parece sólido pero que se desdobla en una deriva de acontecimientos y personajes que resultan incontrolables hasta para la mejor tradición de los exégetas. Teseo fue un manipulador, dijo un alumno avezado en el conocimiento de los mitos. Su obsesión era ser héroe, para lo que tuvo que seducir a Ariadna y matar a Asterión. Una opinión posible, pero acaso insuficiente, dijo el profesor. Fue ella la manipuladora, exclamó una chica desde la última fila. Ya antes había estado casada con Dioniso, el dios festivo, al que traicionó deslumbrada por el porte del efebo. Ciertamente, esa versión corría así mismo en la Antigüedad, replicó la autoridad de la clase. Si fue de ese modo, también lo pagó, pues Teseo era un caradura que la dio esquinazo, soltó el chico jocoso, y Ariadna pasó de ser abrazada por el héroe a serlo por la espuma de las playas de Naxos. Todos rieron y el profesor participó de la agudeza del joven. Luego increpó al alumno indolente, que gustaba de contar historias personales como si fueran antiguas y viceversa. ¿Qué piensas tú de toda esta historia? Aquel gandul, que aparentaba apático y desinteresado, tenía guardado su propio relato. Nos han contado que Dioniso se la encontró al despertar del sueño y que entonces nació un amor entre un dios y una mortal, ya se sabe, esa clase de amor que nos gustaría vivir eternamente a los humanos, no sé si para que nos lleven al Olimpo o para que nos garanticen la vida. Aunque vaya usted a saber si se trató de un encuentro fortuito o de un reencuentro, pero fuera lo que fuera el dios se llevó a Ariadna a su terreno inmaterial, porque vivir el amor y el éxtasis es algo tan infrecuente como inmaterial, ¿no? La clase rió, pero el profesor no podía descalificar una versión tan posibilista o más que las anteriores. Luego trató de hacer una síntesis de interpretaciones. Vamos, ustedes son mortales de poca fe, dijo con sarcasmo. No quieren creer en el amor como motor de los mitos, digamos que son escépticos. ¿Acaso no hemos progresado en las artes amatorias desde que la tradición oral acuñase los relatos de dioses, héroes y mortales insignificantes? La más joven de las alumnas, que pasaba por ser una superdotada incapaz de adaptarse al ritmo monótono del resto de la clase, bostezaba recostada de mala manera en el último rincón. Despierte, Ariadna, dijo el profesor a la somnolienta. Este tema debería interesarla, le dijo sin ocultar su decepción. Ella le miró con cierto cinismo. Qué puedo decirle, exclamó pausadamente, sino que usted no es Dioniso, por más que ande buscándome las vueltas con sus miraditas y veladas sugerencias, mucho menos Teseo, pues no le veo madera de héroe aunque se pelee cada día con todos nosotros, ni yo estoy abandonada en playa alguna. Además, usted no tiene ni idea de cómo acabó aquella historia, si es que alguna vez hubo terminado. ¿O aún no le han explicado los más doctos que le dieron el empleo que el papel de los mitos es reproducirse sin fin y emprendiendo nuevas aventuras?, apostilló con sorna. Claro que la historia sigue abierta. En sus manos está que quiera darla un vuelco.  
   


domingo, 11 de marzo de 2018

Pan y rosas. ¿De verdad vamos marchando?




















Hay que ver lo que dicen las encuestas sobre lo quieren los españoles en materia de elección política. No me asombro de nada ya. Preferible no tomárselo más en serio de lo que es. La democracia descarriló hace tiempo, si es que alguna vez fue algo más que un pacto entre caballeros. Entre caballeros de dinero y caballeros pobres, por supuesto, y no sé hasta qué punto honrados. Porque no engañarse, hermanos, si solo se aspira a un juego de turnos de poder nunca se irá más allá de la oferta y demanda de lo que llamamos vagamente sistema, pero que es algo muy concreto. ¿Se puede ir marchando, como cantan en Bread and Roses, con un panorama político como el que auguran las encuestas? Las encuestas revelan preferencias, dicen los propietarios de los medios que pulsan la opinión. A mí me da la impresión de que revelan también la manera de pensar y de no pensar que tiene nuestra sociedad. Revelan que nos regimos en política como en un concurso, una rifa, un deporte. Por preferencias de moda, de gustos superficiales, de quiero a este porque no me gusta ya el otro. Bonita manera de pensar. ¿Pensar? Pensar exige recabar información y datos, reflexionar y tener perspectiva de futuro con arreglo al lugar que ocupas en la sociedad como individuo. Considerar las referencias y mantener aspiraciones de superar las dicotomías, no me atrevo ya a decir las injusticias porque nadie habla ya en estos términos. Así que se volverá a repetir lo de siempre. El pobre votará al rico o al que representa a este y...¿pero qué digo? ¿Que las cosas no son tan simples? No, pero que alguien me aclare si hay por eso más inteligencia. El rebaño se deja llevar por los cantos de sirena, bueno de ácaros más bien, las sirenas eran hermosas al menos para nuestros cánones. Y en la política hace tiempo que no hay belleza ni profundidad alguna. Solo superficialidad y seducción publicitaria. ¿No habéis visto cómo crecen los rostros y nombres juveniles en todos los partidos para aparecer en los medios? Digo esto sin desmerecer a personas jóvenes con talento y preparación, que las hay. Pero en la política ad hoc creo que domina la competencia fashion. ¿Dónde la sabiduría de los ancianos? ¿No tiene ya espacio en los gobiernos de nuestras tribus? Con nuestro pan nos lo comamos. 


Escúchese, si se quiere, esta bella canción de la película Bread and roses (Pan y rosas), donde frente a una derrota más hay también un hilo de esperanza.  







sábado, 10 de marzo de 2018

Ejercicio de estilo: la calidad de la miseria (aquí y en Guta)



 MISERABLES

¡MISERABLES!




He aquí una palabra aparentemente inmutable. Recorres sus diez letras latinas de izquierda a derecha y estéticamente se trata de la misma; idéntica forma, tamaño, estructura. Pero no significa lo mismo cuando queremos utilizarla para precisar algo: una calidad humana, una manera de ser personal, una condición social, una valoración objetiva, una constatación de estado anímico. De pronunciarla lo tendríamos más cómodo, más evidente. Simplemente nuestra cadencia de voz o nuestro énfasis ya situaría de qué clase de miserables hablamos cuando nos referimos a los miserables. Una entonación serena, una pronunciación benevolente o una afinación iracunda situaría nuestro punto de vista sobre el objeto. Sin embargo en la escritura se nos exige algún matiz diferente, y lo descubrimos a través del contexto de una frase, del enunciado de un párrafo. Del texto. Ahí hallamos su sentido. Pero, ¿qué hacer cuando apenas hay contexto y nos apremia un posicionamiento urgente ante una imagen externa, como si nos exigiera una definición? Ah prodigio de la bella lengua -tanta belleza hay en una lengua- es en ese momento de la redacción cuando viene en nuestra ayuda un signo. Un elemento que no es letra pero que viene a aportar significado a las palabras anteriores, que tiene vida exclamativa propia. Esa especie de monolito rematado por un bolo que desde su emersión o su inmersión verticales abre y cierra la carga de la palabra o de la frase, desatando la furia de la naturaleza expresiva. Admiren al signo de admiración. Utilícenlo para manifestar alegría, gozo, sorpresa, descubrimiento, reencuentro. Hagan una loa a un signo que no debe morir jamás, porque el día que lo haga habrá muerto nuestra capacidad de asombro, nuestra disposición a maravillarnos, nuestra reacción indignada ante lo que no nos gusta. Eso sí, no olviden de aplicarlo con plena libertad donde consideren de uso debido o de necesidad de desahogo emocional ante tanto miserable que nos quiere fastidiar la existencia.

Denominación del adjetivo en el Diccionario de la lengua española:



miserable

Del lat. miserabĭlis 'digno de compasión', 'lamentable'.
1. adj. Ruin o canallaApl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Extremadamente tacañoApl. a pers., u. t. c. s.
3. adj. Extremadamente pobreApl. a pers., u. t. c. s.
4. adj. Dicho de una cosaInsignificante o sin importancia.
5. adj. Desdichadoabatido o infelizU. t. c. s.



He dudado sobre qué foto poner aquí relacionada con el caso , si una del entorno patrio o de un lugar más lejano. He elegido la del territorio más lejano porque creo que allí, en Siria, ocurren cosas mucho más graves e irreparables que en la finca hispana para la consideración del vocable miserables y porque ya la cosa no puede ir a peor. Aunque puede que para el exterminio no quede mucho.  




Rescate de víctimas de un bombardeo en una población de Siria.