Cosmopolitas de todos los países, ¡un esfuerzo más! Jacques Derrida




miércoles, 31 de octubre de 2018

Modelo para armar




Lo llamo modelo para armar porque es lo que es, si bien todo modelo para armar también lo es para desarmar (Entiendan el juego: desarmar conciencias y armarlas de otra manera) Este confesionario antiguo me recuerda uno de aquellos desplegables de infancia que había que recortar y luego, siguiendo un perímetro determinado, alzar sus lados hasta formar el edificio. Porque un confesionario está pensado como una arquitectura. No voy a decir tanto como un templo dentro del templo, pero casi. No en vano muchos de ellos tenían forma de capilla o de ermita. Con la Contrarreforma trentina se impuso la idea de incidir en el complejo de culpa y someter los actos personales no conformes a la moral dominante (lo llamaron pecado) al juicio de un sacerdote, que jugaba el papel de medium o de árbitro, según se mire. Este se refugiaba en un modelo de cubículo desde donde se ejercía sobre el individuo un repaso o control de su conciencia y de sus actos a la carta. Atención personalizada, se llamaría hoy. Ahí es ná. Pero no quiero ni pretendo divagar sobre uno de los asuntos más enrevesados y turbios que han pervivido por siglos, con toda una secuela de consecuencias que no viene a cuento ahora describir. Al fin y al cabo lo que me apetecía era traer la imagen de este confesionario que hallé una vez en la visita a una iglesia de Salamanca, de cuyo nombre no logro acordarme. ¿A que es cuco el modelo armado? Esos aires del barroco colonial le conceden un aspecto lúdico, y acaso encaja en la etapa neobarroca que estamos viviendo, tal vez la más barroca y decadente estéticamente de todas. Disfruten de la visualización del hexágono, ¿o es un octógono? Doctores geómetras nos sabrán contestar. 


Este confesionario se lo dedico a Miquel, que sé que es un coleccionista de confesionarios.



lunes, 29 de octubre de 2018

Naxos. El rezagado















"Ya nunca más por mares navegables,
subiendo muy alegre desde el fondo,
alzaré mi cabeza".

Ánite de Tegea


Entre euforia y cánticos roncos parten los remeros hacia tierras interiores. ¿Qué tienen los territorios desconocidos que hacen temer pero a su vez atraen con intensidad? Han cambiado el monótono y acompasado ritmo de sus brazos por el ejercicio caminante al que no estaban acostumbrados. El clima es más templado que el del mar y el sol les hace concebir esperanzas. Comentan entre sí: de vernos en este trote nadie nos reconocería en nuestra patria; y con estas pintas pensarían que somos unos extraños. ¿Acabaremos siéndolo? Uno de ellos, el más joven, va quedando rezagado. No es la marcha de los demás la que le obliga a demorarse, pues es más vigoroso que el resto. Mira con frecuencia hacia el templo abandonado, se refriega las manos con las plantas olorosas que va pisando. Eh, Naxos, vamos, no te quedes atrás, que la adivina no va a resolver tu futuro, le grita uno de los compañeros más avispados. Seguid, les contesta, ya os alcanzaré, mi paso es más ágil que el vuestro. Pero se distancia poco a poco, cada vez más. Cuando el grupo ha subido a un leve promontorio sospechan de su actitud. Se detienen. ¿No quieres venir con nosotros?, le increpan. He pensado que aunque todo esto se encuentra devastado también de las ruinas se puede erigir una nueva ciudad. Los hombres se ríen pero se muestran duros con él. No sabes de trabajos de cultivo de la tierra y menos de edificaciones, ¿a qué viene esa obcecación? La respuesta de un joven siempre es rápida, no contempla jamás el error. Ya aprenderé, tengo los años justos para aprender y soportar. Es también un desafío si lo comparo con lo que he hecho hasta ahora. Los remeros aprecian el valor del muchacho, pero se impacientan. ¿No querrás volver con Odiseo?, le espeta uno de los más sarcásticos. ¿No te tentará ir a salvarlo, allí donde se encuentre, si es que Neptuno no la hecho un hueco en sus reinos? Otro va más lejos: ¿acaso piensas fabricar tú solo una nave para intentarlo? Naxos tiene que tragar las risas y los comentarios; prudentemente calla. Les tiene afecto, ha sido mucho y rico el tiempo compartido de aventuras y dificultades y, aunque sus compañeros le aportan seguridad, desea probar suerte por sí mismo. Es un riesgo de mi bisoñez, duda, pero hay algo en este lugar enigmático que me retiene. ¿No será acaso uno de los rostros del destino que solo me reclama a mí? Los hombres interrumpen su pensamiento. Allá tú, si lo piensas mejor siempre podrás alcanzarnos mas, eso sí, decídete pronto, de lo contrario tendrás que sortear lo desconocido, pues no sabemos qué camino elegiremos. Pero una fuerza desconcertante le ha atrapado. Debo buscar de nuevo a la adivina, se dice a sí mismo con decisión. Su voz la delataba joven y sus opiniones me parecían sabias. Intuyo que tras su aparente dureza se oculta una mujer que ni pertenece a los dioses ni se presta a hacer concesiones fáciles a los humanos que no se lo merecen. ¿Por qué me iba a negar ella una cierta clase de seguridad, aunque sea de otro calibre diferente a la de mis compañeros?




(Fotografía de Ata Kandó)





miércoles, 24 de octubre de 2018

¿El destino llama a la puerta?




No sé si el destino llama a nuestra puerta, dixit Beethoven, o somos nosotros los suplicantes al destino. Es una cuestión que aún no se ha dilucidado. El destino es un concepto un tanto maleable. Uno va y se muere de pronto y la gente dice: estaba destinado. O tenía su día. O se lo estaba buscando desde hace tiempo. ¡Era su destino!, claman las aves del Averno con sumo alborozo. ¡Era su destino!, sentencia la cohorte de vecinos y familiares. ¡Era su destino!, se santiguan los profetas del miedo. Y los viejos, no siempre rancios, ecos de la magia primitiva y su secuela de creencias confusas ante la impotencia humana se desuellan obturando los inocentes oídos de los supervivientes, oscureciendo al paisaje de la alegría vital, renunciando al impulso humano de enfrentarse cada día con uno mismo. Un hombre, constante peregrino ahíto de búsqueda, se dirige a la mansión donde espera recuperar su armonía. La enorme puerta está cerrada a cal y canto. Una pesada aldaba se presta a ser movilizada para que el viajero franquee la entrada. Pero...


https://ehchiton.blogspot.com/2018/10/la-aldaba-y-el-destino.html




lunes, 22 de octubre de 2018

Naxos. La rendición ante la sibila



"Navega con el rumbo que te dé la corriente.
Navega con el rumbo que el destino te dé".


Eurípides, Las troyanas.




Entonces los adustos marineros, hombres vigorosos del remo pero también lo suficientemente  avezados en armas cuando era necesario, se postraron con vergüenza a los pies de la sibila. Esta contempló aquella extraña capitulación con desagrado. Dinos, adivina, qué nos espera si nos adentramos en estos territorios, pues la marcha atrás es imposible, dijo uno. Dinos, clamó otro, si saldrán a nuestro paso nuevas clases de monstruos como los que encontramos en la navegación. Oh, sí, señora, dinos si también acosan por estas latitudes los céfiros o las tormentas que nos puedan causar zozobra, lamentó un remero cuya fortaleza física aparentaba no temer a nada. Y la queja y la solicitud de auxilio se mezclaron y multiplicaron ante la mujer del oráculo. Dinos si habrá entre nuevas gentes otra vida para nosotros, pues somos tan limitados de conocimientos como de oficios. Dinos si los pobladores de estas tierras son hostiles, si los hombres son celosos y las mujeres se ven impedidas por ellos a ofrecerse al amor. Dinos si gobiernan reyes y potentados que esclavizan a los extranjeros. La sibila puso voz de trueno. Ellos callaron al instante. ¿Tan desesperados estáis que habéis perdido vuestra dignidad? Me estáis suplicando como si yo fuera una diosa. ¿Tan mala conciencia de haber abandonado a vuestro jefe os persigue que no sabéis enderezar vuestra desorientación? No ha habido hombre alguno al que le hayan dado la dirección correcta del camino. Pero quien más o quien menos se ha puesto en marcha y ha explorado no solo los espacios sino también el destino. Vosotros y las gentes de vuestros pueblos, ¿para qué alzasteis templos a toda clase de divinidades? Tanto presumir en otros días de invocar encarnaciones y magias que jamás os condujeron a ninguna parte, ¿y ahora os halláis en esta orfandad? Navegantes sin océano. Sed conscientes de vuestra desnudez. Ha llegado el tiempo en que los dioses os han dado la espalda y os ponen a prueba. Ellos os ignoran y yo no soy intermediaria de sus poderes y apenas logro interpretar el azar. Poneros en marcha y olvidad el remo y el timón. Vuestros brazos son capaces de ejercitar otros movimientos, vuestras mentes pueden afrontar nuevos rumbos, vuestra tenacidad os llevará lejos sin permanecéis unidos. Sobreviviréis. Los remeros se miraron entre sí, se incorporaron con lento alborozo, otearon con curiosidad el ras de las colinas. La adivina, mientras, se había extraviado entre las ruinas de aquel lugar que otrora fuera sagrado.




(Fotografía de Ata Kandó)



sábado, 20 de octubre de 2018

Una tarde de otoño en el vasto dominio de Vicente Aleixandre





Pasar la tarde leyendo otra vez -cuánto tiempo transcurrido desde la última y olvidada lectura- el poemario En un vasto dominio. Lejos queda esta extraordinaria manera de escribir, esa sintaxis que se construye nueva en cada palabra, esa poesía ignorada por las nuevas generaciones, esas descripciones de personajes, tareas, días y paisajes de otra España. Y sin embargo qué placer la lectura en una tarde de otoño, ajeno a la apertura de los centros comerciales y al tráfago callejero, de la cadenciosa poesía de Vicente Aleixandre. Tal su Sol duro:



Sol duro


   Ventana, agujero pobre.
Piedra ocre.

   En el campo está el cubil.
Aguas mil.

   O sol duro, abrasador:
un león.

   Se come los rostros finos
de estos niños.

   En el niño está el abuelo
ya muriendo,

   cuando pasa por la plaza
solitaria

   con el sol sobre los hombros
pesarosos:

   Carbones casi vencidos,
estos niños.

   Secos como su mirada
que arde y chasca,

   cuando extienden una mano,
en el verano.

   O cuando cargan la paja
que arde blanca.

   Todo su cuerpo está ardiendo,
breve y seco.

   Casi de lejos se ve
hoy su arder.



            *

   ¿La noche un cuerpo cobija?
Lo que duerme y aún respira
es ceniza.





(Fotografía de Carlos Saura)




viernes, 19 de octubre de 2018

Aforismo de una gran broma




Si digo: estamos asistiendo a la quiebra de nuestras instituciones, ¿yerro? Si las instituciones entran en colisión con la ciudadanía y se doblegan ante el sistema y sus representantes fundamentales, la Banca, por ejemplo, ¿voy equivocado? Intuyo que no solo la Historia es una fenomenal mentira, sino que la vida cotidiana se confirma como una vana y dolorosa, quién sabe si no sangrienta incluso, ilusión. Ni el esfuerzo, ni el riesgo, ni el precio que pagamos por vivir con dignidad queda a salvo. Se lo van a llevar todo. Todo.

NB. Si alguien no entiende de qué hablo, que siga las últimas noticias de hoy.





miércoles, 17 de octubre de 2018

Naxos. Habla la adivina





















"La proa de tu vida no la enfiles
en contra de las crestas de las olas
tú que navegas en medio de azares".

Eurípides. Las troyanas.



La adivina dejó que los hombres se acercaran. No los temía. Estaba acostumbrada a recibir en su oráculo a todo tipo de personajes, desde los más excelsos a los humildes e incluso a los depravados. No daba un paso atrás ante la presencia de guerreros deteriorados por sus heridas ni ante príncipes ostentosos ni ante enfermos o seres condenados al infortunio. Todos buscaban si no una salvación al menos la luz que les proporcionara la senda adecuada para superar su confusión o sus desdichas.  No ponía precio a las consultas. Solo pedía a cambio que quienes recurrieran a ella fueran sinceros y no ocultaran detalles de los problemas que acechaban sus vidas. Pero sus consejos no eran livianos. Más bien se mostraba exigente y a veces cruel. ¿Venís para que os enseñe el camino que debéis tomar en vuestras vidas?, les dijo a los remeros con acritud. Vosotros, que os pusisteis en marcha siguiendo a un hombre que os prometía no solo una tierra o unas ganancias sino sobre todo el futuro, llegáis hasta mí confusos y rendidos. Al abandonar a vuestro jefe y al dejaros tentar por el deseo perdisteis vuestra referencia. Yo os entiendo. ¿Qué harían los mortales si no soñasen? ¿Qué sería de ellos si no anhelasen traspasar el territorio de la sumisión y de la muerte en vida aspirando a otros mundos menos dolorosos y más gratificantes? ¿Por qué existen la música y los cantos y los oficios que crean lo que no fue nunca creado más que para hacer llevadera la marcha por los ásperos desiertos? Aquellos hombres rudos y extraviados la entendían a medias. Querían respuestas concretas, que la pitonisa les dijera lo que tenían que hacer y les garantizara que obrarían con acierto. Ellos argumentaron. Solo somos modestos navegantes, oscuros remeros que no hemos hemos conocido más que el mar y el sueño. Y entre ambos territorios lo que hemos recibido han sido penurias, necesidades insatisfechas y dolores que no siempre se han curado. Los que hemos tenido alguna vez familia apenas la conocemos. Salvo alguno de nosotros nadie sabemos de abecedarios ni de leyes ni de comodidades ni de las cortesías que gastan los pudientes. No queremos vivir más en ese vacío que va del mar al deseo. La mujer del oráculo, impertérrita y en la distancia, así les habló a los hombres desde el basamento quebrado de aquellas ruinas: No seáis ingenuos. Las sirenas os abandonaron por vuestra credulidad y yo no soy como ellas. No os garantizo ni placeres ni seguridades ni reinos donde asentar vuestras vidas maduras. Pero si queréis comentarme con más amplitud vuestras aventuras tal vez consigáis ver vosotros mismos la salida al laberinto en que estáis atrapados.




(Fotografía de Ata Kandó)

lunes, 15 de octubre de 2018

Naxos. Los navegantes abandonados a su suerte





















"Traje mi vida hasta aquí
Incisión amarga en la arena que se borrará".


Odysseas Elytis, Orientaciones.



Junto un instante antes de que los compañeros de Odiseo hubieron pisado tierra firme las sirenas desaparecieron. Cierto es que ellas habían sido guías complacientes cuyas sonrisas y cánticos hicieron concebir a los hombres la ilusión de que se les concedía un paraíso. Pero una vez aquellos navegantes curtidos y ajados se vieron en tierra desconocida, desprovistos de alimentos, herramientas y armas, cayeron en la cuenta de que todo pudo haber sido una ensoñación. Aquí habrá también pitonisas que nos pueden predecir el porvenir, vayamos a buscar a alguna, se dijeron. Atravesaron campos yermos y dejaron de lado ciudades abandonadas y templos destruidos. Aquello les alarmó. En este territorio, comentaron, también ha habido guerras y si todo está devastado quiere decir que los que habitan estas tierras son tan humanos y feroces como nosotros. ¿A dónde hemos venido a parar? ¿Ha sido un viaje de búsqueda o un retorno cobarde y forzado, inducidos por aquellas fantasías en forma de atractivas mujeres poetas? El mar iba quedando atrás, la costa parecía haber desaparecido y cundió entre ellos la alarma. Si no tenemos el océano a nuestro alcance, ¿qué será de nosotros? No somos pobladores de tierras hondas, no entendemos de montañas ni de valles, accidentes estos de los que solo habíamos sabido su existencia por viajeros de fortuna. ¿Qué nos encontraremos a medida que avancemos por estas soledades? No obstante la angustia que invadió a aquellos aventureros ninguno echó en falta al jefe que les había prometido llegar a la ciudad anhelada. Más bien se resignaron con audacia. Si hemos perdido no solo la referencia del mar sino también la nave, debemos probar suerte o morir de inanición. Busquemos cuanto antes a la adivina para que nos oriente. Divisaron los restos de una edificación antigua, pero temieron acercarse a ella, pues si había estado dedicada a algún dios solo cabía esperar una maldición. Siempre podremos explicar a los dioses lo que nos ha sucedido, sugirió un remero joven. Pero todos le miraron con muecas irónicas, presintiendo que su bisoñez no sabía aún nada sobre las venganzas y condenas a que someten los dioses a los humanos, y sobre todo a los seres más ínfimos. ¿Y si hacemos una pequeña ceremonia de invocación que honre a los dioses que otros han debido deshonrar destruyendo sus templos?, dijo un hombre más culto. Pero los remeros se miraron escépticos entre sí, comentando: ¿desde cuándo nos ha interesado a nosotros, eternos réprobos, el mundo de las divinidades? Tal vez se lo tomen como un sacrilegio. Entonces, bajo el arquitrabado semi desmochado, percibieron el aura de una figura alba, severa, firme entre su ajustado chitón. 




(Fotografía de Ata Kandó)


sábado, 13 de octubre de 2018

Rincones. El huracán anunciado














Esperando al huracán. He metido los tiestos, subido el toldo, cerrado las ventanas. He colocado cerca la linterna de batería, un anorak y las botas altas de lluvia. He bajado al garaje a asegurarme que está bien cerrado y que mi Buick Wildcat del 65 se encuentra a salvo. He realizado una llamada a dos o tres personas que me significan mucho, para tantear su estado y saber si estaban advertidas y prevenidas, aunque todas me han dicho que mi llamada les sonaba a despedida (he tenido que disculparme, simplemente desmintiendo, es decir, mintiendo) En la mesilla un transistor que funciona de mala gana, de tanto cambiar el dial constantemente, el móvil y una botella de agua. Los noticiarios de tv se alargan dando máxima prioridad al acontecimiento. La primera vez que un huracán invade Europa, oigo. Debe ser parte del marketing que promociona las noticias meteorológicas. Así que desconecto el aparato. Dentro de un rato me meteré en la cama y me cubriré al máximo con el edredón. ¿Deberé antes echar un trago de Becherovka que tengo a medias en la repisa de los libros? ¿Qué se anuncia realmente? ¿De qué me libraré?

(Todo es alarma. Los mediáticos se han lanzado a la caza y captura del fenómeno. Todo son recomendaciones: no se acerquen a la costa, no salgan de sus casas, desalojen los objetos que tengan en el exterior, sujeten fuerte el volante si van por carretera. Diríase que una fiebre cívico obsesiva se ha desatado entre los mediáticos en busca de una nueva polarización de la audiencia. Ah, si Orson Welles estuviera aquí. Convertiría en otra guerra de los mundos aprovechando el tirón de la aprensión colectiva. “Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de música de baile para ofrecerles un boletín oficial de la Agencia Intercontinental...” No se le echa en falta. La gente prefiere hoy la realidad fingida, que no la ficción de la realidad. Pues se me acaba de ocurrir: como vea que ese viento anunciado de ciento veinte por hora me despierta a las tres encenderé el ordenador y escucharé desde la cama el programa radiofónico íntegro del 30 de octubre de 1938 de La guerra de los mundos. Dejándome llevar por el profesor Pierson prefiero soñar con la invasión extraterrestre. Es más fácil de aceptar que admitir que los hombres hemos alterado el clima con todas sus consecuencias)




viernes, 12 de octubre de 2018

Rincones. Ausente
















Hay días en que conviene estar ausente. Tal actitud, tantas veces necesaria y saludable, no debe evitar estar muy presente en el territorio íntimo de uno mismo. Que nadie penetre el perímetro amurallado con el que el cuerpo -pensamiento, voluntad, deseo- sabe protegerse de los cainitas. Al fin y al cabo, la mañana siguiente amanecerá y, por lo tanto, será otro día. Aunque la hueste inmunda del cainismo siga acampada, esperando nuevas oportunidades de perturbar la paz del hombre.




jueves, 11 de octubre de 2018

El maltratador de libros





Saco de la biblioteca pública un libro raro y además creo que agotado. En su día se me pasó hacerme con él y ahora puede interesarme. En la ficha de la biblioteca dice que solamente se ha prestado una vez, hace veintiséis años. Pero el ávido, se le supone, lector de aquel momento también era un maltratador de libros. Infinidad de páginas están con subrayados, anotaciones, llaves, asteriscos, cruces, paréntesis y otros símbolos de quien piensa que puede rasgar la ropa de otros como si fuera la propia. Me ha hecho pensar en la cantidad de signos de lenguaje que el ser humano ha puesto en práctica a la par del alfabeto al uso. Sin embargo me cuesta superar la repugnancia a leer un libro lleno de indicaciones, como si el bárbaro quisiera condicionar la lectura del siguiente lector a sus subrayados. ¿Es la sucesión de páginas con indicaciones lo que rechazo, siquiera por razones estéticas, o que alguien anterior pretenda dirigir subrepticiamente mi lectura? Ni una cosa ni otra soporto, así que he decidido devolver el libro, preguntar por la responsable de la biblioteca y decirle textualmente: yo no leo libros en condición de marranería. A la vez que pienso enseñarle el estado de las páginas. No sé si añadir: ustedes deberían preocuparse por comprobar que los libros son devueltos en buen estado, por dentro y por fuera, pero me arriesgo a una mala contestación, que ya me la sé. En fin, solo me queda acudir a otra biblioteca a ver si tienen la obra o si por una casualidad en alguna librería les queda alguno en stock a buen precio. Conclusión: Repugnancia, sea cosa de un orate, de un profesor chulesco o de un maníaco moralista, los maltratadores cunden hasta con la letra impresa.   


martes, 9 de octubre de 2018

Naxos. Dicen las sirenas




"Desde la alta popa
se arrojaban al mar".

Hiponacte


¿Que nosotras nos los llevamos? Y qué. Bien saben los dioses que gobiernan oscuramente el mundo de los hombres que nuestro destino es festejar la ruta de los navegantes. ¿Qué otra celebración puede aligerar el esfuerzo de los esclavos de la mar sino la música y el canto que compiten con el fiero rugido del océano? Pero ellos, tripulantes exhaustos y descarnados por las inclemencias, ¿cómo podrían resistirse a la esperanza que brinda la poesía? La leyenda nos acusa de haberlos raptado, mas ¿no lo quisieron ellos mismos? Aquellos hombres rudos y marginados ¿no esperaban acaso alguna clase de salvación que hiciera del día a día una costa si no feliz al menos llevadera? Fue el ansia de lírica que soterraba en lo más hondo de sus corazones lo que les llevó a desprenderse de los remos. Hasta el siervo más dócil o el mortal más curtido y depravado guarda en algún lugar de su voluntad el anhelo de una vida rescatada. ¿Para qué remar movimiento tras movimiento sino para caer muerto en cualquier instante sobre la misma bancada donde los cuerpos se van deshaciendo poco a poco? Ellos mismos nos lo contaron. Preferimos el riesgo de los dulces cantos que nos atrapan que el monótono y desolador ritmo del oleaje sin fin, decían. Y decían también: otros hombres nos marcaron con el hierro de una condición cruel, a imagen y semejanza del sol desollador y de las olas bravías. Padecíamos infinitas calamidades y penurias, y para una oportunidad que nos brindaron las criaturas de las profundidades, ¿cómo íbamos a dar la espalda a la fortuna? Las hijas del Océano no somos monstruos ni empujamos a los hombres hastiados hacia los abismos. Ninguno de cuantos huyeron de la nave se arrepintió, mas que nadie nos pregunte ahora qué fue de ellos, dónde habitan y qué clase de existencia llevan. Pues el placer y la felicidad no es un mundo a  revelar, y su descripción nos está prohibida.




(Fotografía de Ata Kandó)

lunes, 8 de octubre de 2018

Naxos. Odiseo a la deriva
















"El fragor de la mar
morada y removida en torno a mí,
anclado me retiene".

Simónides, Efecto del fragor.



A estas alturas de su desdicha desearía no ser como había sido, haber probado de lo que quedó al margen, tocar lo que no alcanzó, le gustaría no haber transcurrido por caminos que fueron callejones sin salida, calles cortadas que obligaron a retroceder sobre sus pasos, y en este sentido piensa si su pensamiento habría sido diferente, menos rebelde y más condescendiente en el justo tiempo en que uno fue y otro pudo haber sido, piensa así vagamente, a contrapelo, en choque con los hechos que llegaron a suceder y que no admiten cambio, mientras el oleaje le exaspera, pero es tarde, fue tarde incluso al momento siguiente de tomar decisiones, de elegir una dirección, de decidirse por una meta que hasta entonces no se contemplaba para él, de pactar los acompañantes, de disponer los pertrechos y el aprovisionamiento, es tarde desde que la nave puso rumbo a experimentaciones deseadas cuya seguridad siempre es incierta, no cabía sino intentarlo a pesar de que ya preveía desde el principio que el futuro era una ilusión, un espejismo donde proyectar sus deseos confusos pero enardecedores, le habían hablado de riesgos cuyas denominaciones no aceptaba, desfiguraba el sentido de las leyendas y de los vaticinios para que se adecuasen a sus pretensiones,  necesitaba palpar la materia misma del peligro, lo que no se podía dimensionar más que acometiendo la travesía, por mucho que algunas descripciones de esta fueran o intentaran ser precisas le resultaba improbable valorar el alcance de cuanto iba a sobrevenirle, pero a medida que los días y las noches se apoderaban de él y de sus compañeros se veía más limitado para medir sus fuerzas en la accidentada progresión de la nave, incluso aunque le hubieran advertido de en qué parte del océano iban a aparecer los monstruos o a qué latitud se iban a mostrar seductores personajes fantásticos o en qué costa de proximidad iba a recibir acogida amable donde se le ofrecería detenerse para siempre, la duda sobre si había acertado le acompañaría, era su sino, y ahora allí, enmaromado a su soledad en una nave perdida, mientras arreciaban inclementes tormentas, herido por el sol, carcomido por la salinidad maligna, la piel ulcerándose a través de todo su cuerpo, y la intensa luz negándole la mirada, siente la acometida del arrepentimiento, envidia la suerte de quienes le han traicionado, le urge blasfemar contra la imaginaria patria que había concebido en sus ambiciones, ya no es el héroe que alguna vez soñó, a cada instante deja de ser el que fue, la otredad se impone, y piensa en medio del marasmo si a un héroe puede aún sucederle otro, y piensa si tendrá otra oportunidad al solicitar el auxilio de aquellas fuerzas en las que no cree, pues recibir su ayuda sería rebajar su rango, dónde está la virtud por la que antaño me reconocían, clama en su furia de hombre perdido, a punto de perecimiento. 




(Imagen de Ata Kandó)


viernes, 5 de octubre de 2018

Rincones. Futurismo











Los días transcurren y nos ignoran.  Llenar nuestra existencia de quehaceres parece ser el más elevado objetivo que nos proponemos. ¿Distinguir las acciones necesarias de las superfluas, dices? Hemos llegado a un punto en que todo lo consideramos necesario. Incluso aquello de lo que podríamos prescindir nos agita y nos sobrecargamos de angustia si no le hacemos hueco y lo satisfacemos. Mientras el Tiempo nos mira de reojo, irónico y compasivo, se teje en torno a nuestras vidas una oscura red. Cuando se haya confeccionado su opacidad nos privará de todo. No es que entonces no podamos expresarnos (lo haremos como quieran quienes echaron la red) sino que tampoco podremos pensar siquiera con y para nuestra propia conciencia. Será una extensa, general y urdida malla que rebajará nuestra tradicional condición humana. Seremos todos estúpidamente dóciles por imposición.



miércoles, 3 de octubre de 2018

Rincones. Lo efímero, entre el estilo de Karl Philipp Moritz y el de Bertolt Brecht






















Lo que hay hoy no lo hubo ayer y no lo habrá mañana.
(Parece obvio pero muchos piensan que todo ha sido y es eterno)

La gente dice:  siempre ha existido tal cosa.
Yo digo a la gente: ¿siempre has estado tú?

Durante todo el tiempo del planeta han caído rayos o ha habido temblores.
¿Cuántos han destruído tu casa?
O bien: qué suerte que alguno de ellos nunca haya quebrado tu propiedad o tu vida.

¿Han estado siempre las rocas donde las ves ahora?
La forma y el tamaño de las montañas ¿no han variado ni un milímetro?
¿Estos son aquellos ríos inimaginables de antaño?
La vega fértil y generosa que contemplas, ¿proporcionó antes los frutos que hoy se recolectan?
Y el desierto que conoces, ¿nació ya acaso como arenal inmenso o pedregosa extensión?

Tal pudiera parecer que la ciudad presente hubiera sido fundada desde el principio de la Historia,
pero, ¿cuántas ciudades anteriores están desaparecidas bajo el suelo que pisas?

Improbable cálculo: ¿suman más los muertos de todo el largo pasado o los vivos del presente?
(Tampoco serviría para nada tal operación matemática salvo para satisfacer la morbosidad)

¿Ha habido siempre opulencia? ¿Ha habido siempre penuria?
Lo que antes fue yermo hoy es fecundo. Antiguos florecimientos apenas se reconocen hoy en sus ruinas.

La salud de la que gozas, ¿la disfrutaron nuestros antepasados? ¿Por cuántos años?
(Sugerencia: procura por ella mientras puedes, ya que también tiene fecha de caducidad)

Si algo caracteriza a la vida y sus manifestaciones es su condición pasajera.
Si para algo sirve la conciencia de lo efímero es para obligarnos a saber más.
Si saber más tiene un fin útil es el entendimiento entre los humanos.
Entonces, ¿qué sobrevive? ¿El bien, el mal? ¿Las grandes obras, las grandes ideas?
Acaso simplemente la capacidad de superación.
Pero esta, ay, también es muy selectiva y, sobre todo, perdurable y pasajera.




(Ilustración de Wolf Elbruch)


martes, 2 de octubre de 2018

¿A dónde va la nave de los necios que acaba siendo la de los locos?





"Apreteu, i feu bé d'apretar", frase del día de un flojo timonel.

"Remad, remad, malditos", grito tradicional del arreador a los condenados a galeras.

Me quedo mirando con atención el grabado en madera representando a la navis stultifera, tema del libro de Sebastian Brant. Lo explica por sí mismo tan bien...

Con tan desastrosa tripulación, y auspiciados por vientos violentos, ¿se da cuenta el pasaje hacia dónde va? Y lo que es más duro: ¿A dónde nos llevan a todos?

Desgraciadamente hay otras naves por el océano hispano que tampoco andan más cuerdas. El choque podría ser brutal. Conmigo, que no cuenten. Lo malo es que nos enredarán a todos.



(Alberto Durero grabó)


lunes, 1 de octubre de 2018

Miscelánea de exaltaciones y exultaciones del uno de octubre





Una vez, cuando el niño se hizo muy mayor, encontró en un mercadillo de su ciudad varios calendarios de pared de años diferentes. Tenían todas las hojas de los meses. Le hicieron recordar los viejos tiempos.

La sencillez de aquellos calendarios de pared manifestaba la modestia general de medios en el comercio o la industria. Solo una lámina acartonada que reproducía alguna gesta de conquistadores o tal santo obrando un milagro. Del cartoncillo pendía grapado el fascículo de los meses.

En el hogar del niño nunca se guardaron calendarios enteros, ni siquiera la última hoja. En aquellas décadas de la España casposa, pobre y callada (se puede invertir el orden de los adjetivos, como en el juego de trileros, y se llegaría al mismo punto) el calendario se quitaba de la pared por San Silvestre y directo al fogón. Otro año que ha caído, decía el padre del niño, y que tengamos salud para el nuevo.

Las clases del colegio comenzaban en octubre. Durante muchos años no empezaron el día uno, como sería de lógica académica, sino el día dos. El 1 de octubre era la Fiesta del Caudillo (sic, amplíen la foto y comprueben) Los del parte de Radio Nacional, después de sonar los acordes de la Generala adaptada,  también lo llamaban la Exaltación del Caudillo. No había manera de que el niño entendiera qué significaba aquello de la exaltación, se pasó parte de su infancia sin entenderlo; qué suerte.

Hasta que un profesor de formación del espíritu nacional, que había sido excombatiente de algo, nos explicó a los niños que la exaltación era como una gloria que lleva consigo el reconocimiento de una persona por algo muy notable realizado y etcétera. Que en premio a sus hazañas había sido nombrado Jefe del Estado y etcétera. Entonces nos recordó por milésima vez más la gesta de aquel gran hombre que nos salvó a todos de los peligros y etcétera, por lo que los españoles debíamos estar eternamente agradecidos al Caudillo. Párense los etcéteras. Firmes.

Los niños de entonces estábamos muy agradecidos de no tener clase el primer día de octubre. La tensión de los días anteriores ante el inmediato comienzo de las clases, aquello de comprar libros y cuadernos, forrarlos,  disponer el plumier, preparar el guardapolvos, pensar en que íbamos a estrenar aula, el reencuentro con los amigos y la expectación por los nuevos, todo eso nos tenía en guardia nerviosa. Ya se sabe que el primer día es el primer día. Así que la fecha era providencial, de tal modo que el primer día resultaba ser el segundo. Cosas de las matemáticas españolas.

El día exaltante resultaba, pues, ser exultante. Y gozoso. Pendientes de que el padre o la madre pasase revista a los preparativos, naturalmente. Y dieran instrucciones severas.

De tal modo que al día siguiente nos parecía que íbamos más relajados para formar filas, cantar los himnos de rigor, rezar las oraciones, recitar los ríos, salir a la pizarra y decir sí a todo.

Entonces es cuando el niño junto con otros niños entró en la clandestinidad. Un estado más propio de la infancia de lo que nos imaginamos. Empezar a decir no a ciertas cosas. Y crear espacios donde el mandato o la prohibición se saltasen. Para ello había que ser muy clandestino. Si uno piensa en lo importante que fue la educación a la contra, la que emergía de comentarios entre chicos, por ejemplo, o en la aceptación de alguna propuesta aventurera, llega a la conclusión de que llevábamos dentro una capacidad innata de rebeldía. Timorata y excesivamente prudente, unas veces. Reactiva y repentina en otras ocasiones. Pero había que preservarla y mostrarla solamente en determinadas ocasiones. El miedo a la plural autoridad -la familia, la religión, el colegio-  era un hecho abrumador. Y el castigo amenazante, la consecuencia de descuidarse y bajar la guardia.

Creo que fue entonces cuando el niño empezó a darse cuenta de cuánto les gustaba a los mayores celebrar aniversarios, conmemorar acontecimientos y cumplir ritos. ¿En eso consistía el año? ¿En eso sigue consistiendo?

Fin de la miscelánea.