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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 30 de diciembre de 2013

La percepción





















Encaminarnos en la dirección de la luz. 

También en medio de las tinieblas percibimos el camino. No se ve con los ojos, no se escucha el rumor  ni la algarabía, no azota un aire fresco nuestro rostro. El cuerpo puede estar preso de su incapacidad y sin embargo de pronto sentimos que algo ilumina aquella quietud malsana. No es solo el objeto. Miles de objetos nos rodean, de cerca o de lejos, y no les prestamos atención. Por qué aquél genera de improviso y por sorpresa un vínculo con nosotros no tiene respuesta en un primer momento. Tendemos a él, lo circundamos, alargamos la mano de la curiosidad, nos dejamos tocar. Campo, mar, partitura, estatua, arquitectura, fruta, cereal, ave, tribu, hombre, mujer, símbolo: de pronto incluso todo ello, tan plural y disperso, se concentra en un único motivo de nuestra atención. Hemos caminado hacia él. Frente a frente. Nos mira y le hablamos. Nos dice y atendemos. Nos abre los ojos, pero somos nosotros quienes lo dotamos de significado. Es el amor, nos dice de modo precipitado y eufórico, que quiere ser persuasivo, una llamarada del lenguaje que ha prendido la zarza de nuestro bosque. Sentirnos eso otro es el amor.

La luz nos ha habitado, nos ha sacado de nuestra propia afasia.




(Fotografía de Eve Arnold)


domingo, 29 de diciembre de 2013

Al fondo
















Allá, al fondo, reflejo de la diosa, asombrada vigilante de su diario nacimiento, imprudente curiosa sobre su acontecer, sombra de la agonía con que se cierra la visión de los transeúntes, conspicua percepción de quienes intentan saber, trasunto de la venus aún no nacida, deseable modelo que nunca salió antes de las manos del adorador de la piedra, emergente proyección de un culto secreto, discreta oferente de miradas ávidas, silueta evanescente que aparece y se evade de las solicitudes impropias, perturbación de los acólitos del canon, aroma de espliego para alivio del que asciende por las laderas de los sentidos, rescoldo de hogares ancestrales donde los ojos interrogaban al destino, insinuante forma cuyos rasgos se alteran a cada movimiento, tentación del demiurgo insatisfecho que labra una y otra vez rostros y cuerpos sin hallar respuestas, presencia intangible que enerva mi deseo, la tierra de las estatuas danza en torno tuyo, ellas suben y bajan de sus peanas para imitar de ti el alma que falta en sus volúmenes, ellas adquieren las formas angulosas que les sugieres, ellas se retuercen y enderezan para eternizarse como copia, ellas tratan de acercarse a tu aura para robarte calor, allá, al fondo, tú espacias el territorio del buscador insaciable de la belleza, concedes esperanza al sediento, motivas al que no renuncia, después de ti muere la búsqueda, si no doy contigo no sabré ya más del amor 




(Fotografía de Eve Arnold)


viernes, 27 de diciembre de 2013

La estatua





(Los escuché cara a cara. La mujer y el hombre se buscaban azarosos e inquietos pero sin suerte. Se detuvieron ante mi rostro y me consultaron. No me preguntaron solamente por dónde se hallaba cada cual. Querían saber más de cada uno, sin esperar a conocerse. Fui parca. ¿Qué podría haberles dicho? El riesgo lo corrían ellos, pero también el disfrute de la emoción, la curiosidad que aporta el deseo. El enigma es lo que no se sabe aún. Merece la pena perseguir el enigma porque nunca hay una sola respuesta. Cada respuesta, como cada pregunta, tiene varias y diferentes caras. Puede que eso no dé seguridad inmediata, pero provee. Y ese alimento que proporciona el enigma da fortaleza, claridad, estímulo. El enigma no goza de buena fama entre los mortales: ven en él confusión y misterio que se les impone. Se sienten desarmados. Les cuesta darse cuenta de que deben aproximarse a él y entrar. No está enfrente, en los otros, sino dentro de cada uno. Y ni siquiera en el interior de cada uno hay que mirar al enigma con distancia hierática y repulsiva. El enigma es lo pendiente. Los pasos que los humanos no se atreven a dar, los movimientos que ejecutan débilmente o en direcciones equivocadas, y que deben corregir. Fui austera: seguid buscándoos, les dije. Ni el rostro que os habéis imaginado es el rostro del otro, les dije, ni lo que deseáis hallar tras la personalidad de cada cual es como os gustaría. Ambos me miraron un buen rato. Como si esperaran que mis facciones se transformaran. Creo que me sonrieron. Después se apartaron y siguieron trazando líneas en el perímetro de la estancia amplia, tejiendo de manera cada vez más exacta las coordenadas que tendrían que hacerles coincidir. Desde mi ubicación vi toda la geometría de aquellos dos insignificantes seres que en ese momento se tenían, también en cierto modo lo eran, como el punto de la intersección de sus deseos)     




(Escultura de Brancusi)


miércoles, 25 de diciembre de 2013

La aproximación















Acercarnos a la corazonada.

Algo nos ha llamado la atención entre la abundancia. No siempre la riqueza reside en la cantidad. El valor de lo que concita nuestro interés no se mide por lo que acumulamos. Entras en un gran almacén y la visión de cuanto se acumula allí te ciega. Huyes inmediatamente porque no distingues, porque no te gusta aquel apilamiento  que vuelve opaco el ámbito. Porque no encuentras diferencia que conlleve significado. Pero entre lo escaso, un pequeño museo de provincia, por ejemplo, encuentras un utensilio o una representación simbólica en forma de figura que pobladores de un tell antiguo dejaron como huella de su paso. Lo valoras, te acercas a él, lo miras.

Lo hablas, sí. Emites opiniones sobre su moldeado, el material del que está hecho, la constitución resultante que tuvo un uso, fuera cual fuese este. Todo eso se lo estás diciendo al objeto. Luego le preguntas, aun sabiendo que no siempre obtendrás respuesta. No dices: ¿para qué utilizarían esta cosa aquellas gentes? Dices más bien: ¿con qué fin hicisteis esta figura, este bártulo? Has creado en ese momento otra persona entre el objeto que miras y tú. A la que reconoces, no por un rostro que ignoras, no por una manera de ir vestida, no por una actitud que la haga ser descubierta, sino por una inexplicable sacudida de calor. Permanece en la sombra, tal vez de la sala, no solo de la historia. Pero tú con tu imaginación la has rescatado. ¿Por qué lo has hecho? Porque la necesitas.

La corazonada se ofrece en ese instante como diálogo. Al quedarte mirando aquel objeto ves mucho más. Guardas tus escasos conocimientos de arte y de historia y te aproximas. Cara a cara con la figuración de aquella escultura o con la abstracción de aquellos colores desnudas apresuradamente tu mente de prejuicios. No comentas: si esto lo modelaron o lo trazaron tal cual, ¿debido a qué? Te has acercado lo suficiente para ser más incisivo: transmitidme el arcano, te diriges a una presencia que no ves pero que percibes, mientras sientes que una invisibilidad se desplaza en torno tuyo. Tú, que estás aparentemente solo en la sala, donde el único vaho que se dibuja en ella es el tuyo. Donde los latidos exclusivos que se escuchan proceden de tu corazón.    



(Fotografía de Eve Arnold)


lunes, 23 de diciembre de 2013

(Nos buscamos)
















No sé cómo se nos ha ocurrido citarnos en este lugar tan cálido, pensaste, y esto me lo dijiste después, yo siempre había comprobado que un museo es un espacio donde si algo se cría es la temperatura baja, y hay que ir pertrechados para disfrutar de las obras sin esas ganas que nos entran de salir cuanto antes porque no hay quien aguante mucho rato, eso me comentaste cuando todo había pasado, y yo pensaba otro tanto, aunque no era precisamente aquel clima alterado por la aglomeración humana lo que nos había concitado, no, y la idea de deambular entre esculturas proyectaba aún más nuestra convocatoria, estimulante y divertida, mientras el paso de los visitantes se producía por oleadas, y cuando te parecía que aquello iba a quedar vacío del todo, allez, allez, clamaban los vigilantes expulsando literalmente a la masa, y cada uno de nosotros trataba de hacerse a un lado y esconderse tras una estatua para que no nos echaran, y que así iba a ser más segura nuestra mutua identificación, entonces un nuevo vómito de turistas o colegiales o ancianos en excursión de entretenimiento caía alrededor nuestro y lo ocupaba todo, con sus sudores, sus alientos de no haber desayunado o ni siquiera evacuado, empapados algunos de ellos si no a punto de desvanecerse porque ya se sabe que hay una media de temperatura en los individuos, pero cada cual tiene sus alternancias, y eso lo manifiesta principalmente en medios repletos de más especímenes, y me lo dijiste después: por un momento llegué a creer no solo que no te encontraría sino que no iba a dar conmigo misma, sofocada por la calorina, por mucho que moviera la cabeza, cambiara con frecuencia de posición, permaneciera fija en el rostro de aquellos hombres que me parecían que serías tú, eso me contaste y más, por ejemplo que un hombre se me quedó mirando, dijiste, y tiraba de mi mirada, como si no quisiera desprenderse de ella, y por un momento pensé que eras tú ese hombre, y empezó a gustarme su manera de interesarse por mí y no sé qué paso en falso habría dado si no llega en ese momento una jovencita y tira de su manga, no sé, yo me reí mucho cuando me relataste estos detalles, porque otro tanto me estaba pasando en aquella sala buscándote azarado, y ahora que lo pienso, la idea que uno se hace del otro, del desconocido al que tras un tiempo de mantener un contacto de carta o de llamadas cree conocer, esa idea resulta ser imprecisa y la sorpresa está asegurada, que yo sepa hasta ahora nunca para mal, porque creo que hay un encuentro también en el error de cálculo, porque la conjetura que nos hacemos sobre cómo será la otra persona es caprichosa y ya somos mayores para advertir que es fantasía buena parte de lo que nos guía, pero la fantasía también es motor y no renunciamos a pararnos, porque si nos detuviéramos, qué sería de nosotros si de pronto cayéramos en la indolencia del instinto, así que allí me vi manifestando una indiscreción que no es propia de mí, colándome en los grupos pequeños, pasando por medio de las filas que se formaban ante una obra, tosiendo para que la mujer que había delante se volviera y la moneda hubiera salido cara, lo que me había pedido, pero era complicado, creo que registré con la vista talles, cuellos, cabellos, facciones de rostros, estructura de manos y dedos, con disimulo pero nerviosamente, y alguna de las mujeres observadas mostraban su incomodidad, también alguna de ellas se dejaba llevar y era como si me devolvieran con sus miradas unas ocultas sugerencias, pero no era la invitación que yo esperaba encontrar




(Fotografía de Eve Arnold)


sábado, 21 de diciembre de 2013

La búsqueda

















Buscar en el medio aquello que recabe nuestro interés.

La propuesta de abandonar las ideas preconcebidas. Cuanto tenemos confirmado, ¿para qué registrarlo de nuevo? Naturalmente, siempre que nos hable con una voz de originalidad  -retomando otro significado o bien descubriendo uno oculto-  habrá merecido la pena. Pero entonces lo consideraremos de dos maneras: nueva mirada y nueva percepción. Sí, tal vez lo nuevo siempre pasa a nuestro lado, o está presente desde nuestros tiempos más antiguos, resultando que lo nuevo era siempre más familiar de lo que nos pensábamos. Propuesta, no obstante, de no dejarnos influir en exceso por lo que habíamos alcanzado a saber, mejor dicho, a comprender, y se había convertido en estático dentro de nuestros criterios.

Así resulta que estamos siempre yendo, aunque a veces creamos también que retornamos. Siempre vamos. Lo espectacular de nuestros descubrimientos no es algo objetivo, sino que se trata del abismo entre lo que hemos aprehendido hasta ese momento y lo que de pronto percibimos por un destello que acaba convirtiéndose en deslumbramiento. La luz resulta siempre tan decisiva. Algunos individuos siguen sin ver no obstante la claridad lo invada todo; otros, con pequeñas ráfagas, intuyen y desarrollan una captación que lleva a que el mundo entre en ellos.

Buscamos y probamos.  El primer verbo está construido para el segundo. Solo probar confirma el esfuerzo. Al buscar se despliega un abanico de posibilidades de interesarnos. De pronto hemos descubierto muchos intereses. Porque los objetos, las situaciones, los fenómenos, los individuos...todo lo que encarna aquello que motiva nuestras ganas de conocer, ya estaban ahí. Hemos dado un paso para probar y en ese momento no nos preocupa si es o no suficiente. Lo concebimos como algo motor. Los más experimentados saben que un paso conduce a otro y acaso habrá que dar muchos para llegar a algo. Se llegue o no, ¿acaso no somos sino la historia de nuestros pasos? (También la ratificación del éxito de nuestros primeros pasos)



(Fotografía de Eve Arnold)



viernes, 20 de diciembre de 2013

(Nos desviamos)





Y era en ese espacio en el que dijiste interesarte por las estatuas donde habíamos quedado, sin antes habernos conocido, guiados por el olfato, fue un juego, tú dijiste tiene que ser un juego, y yo dije llevaré un libro, y tú insististe no lleves nada, ninguno de los dos debemos llevar sino nuestras manos abiertas y nuestra expectación y nuestra mirada, pero sin una seña que nos distinga, balbuceé, mira que hay mucha gente, podríamos no acertar, y me entraba desazón al pensarlo, y tú: nos reconoceremos por la manera de mirar, por la insistencia en aguzar la mirada, y parecía divertirte aquella propuesta y el desafío, como si pensases: podríamos no encontrarnos, como si estuvieras pensando que lo pensaba yo, y no sabes lo que yo pensé, ¿no lo sabes?, pensé: así tendrás excusa si no vas, pero uno piensa muchas cosas y no puede decirlas para no perder antes de iniciar la jugada, y acabaste contagiándome, era atrayente ponernos a prueba, basarnos en datos superficiales insuficientes, una estatura o una complexión de ambos que nos habíamos dicho y que son semejantes a las de todos los que estarían pasando en aquel momento por las salas, y aquella apuesta por poner cara a una manera de hablar o de reír o carraspeos nerviosos, y proporcionar unos movimientos simplemente sugeridos por la idea que nos habíamos hecho el uno del otro por el teléfono, no obstante sabiendo que las voces se desfiguran por la distancia y los ecos desvirtúan la afinación de los tonos, no tiene por qué haber problema, dijiste, nuestro sentido secreto funcionará, la complicidad ofrece sus frutos, ¿no crees?, y aquello lo soltaste para empujarme, para que no dudara, para que acabara aceptando el duelo donde no íbamos a batirnos precisamente ni para salvar el honor ni menos para obtener la muerte, y si pasa el tiempo y no nos reconocemos, te pregunté, y si cierran el museo y no damos el uno con el otro, y tú me respondiste tan ufana: preguntaré a las estatuas, y ellas hablarán  




(Fotografía de Eve Arnold)


jueves, 19 de diciembre de 2013

El desvío





















Dirigirnos hacia un lugar en medio de la dispersión. 

Qué punto nos llama especialmente desde ese perfil circular en que nos movemos es algo difícilmente explicable. Aquel espacio o la otra figura que nos urgía conocer pueden pasar a segundo plano. Dejan de interesarnos o nos vemos impelidos a desviarnos porque otro enigma nos reclama más. Los objetos o las personas o las situaciones son casi siempre enigmas. Aunque previamente sepamos algo de ellas y nos incentive aproximarnos, son siempre misteriosas.  

Caminamos por una sala de museo, recorremos un parque urbano, tomamos un camino hacia un valle, nos dirigimos al encuentro de un conocido, y lo hacemos con una evidente disposición a dejarnos guiar por referencias. Y de pronto, elegimos. Siempre elegimos. Nos pasmamos en otra exposición, nos sorprendemos del rincón de la floresta en el que nunca antes habíamos caído, elegimos al azar una senda que no sabemos a dónde nos conducirá, hallamos de pronto a alguien que nos extasía.

Partimos a la búsqueda de un cierto grado de satisfacción por lo que nos habían dicho o sobre lo que nos habíamos informado previamente. Pero solo estamos algo más seguros cuando probamos de modo diferente. Y sobre todo cuando la sorpresa, tenga la forma que tenga y nos hable como nos hable, despliega una emoción. Nos dejamos tomar, desplazando los prejuicios, el tiempo, lo admitido. Y en ese instante empezamos a ser otros. O acaso solo es que empezamos a ser.




(Fotografía de Eve Arnold)


miércoles, 18 de diciembre de 2013















Si no eres tiempo,
¿por qué es tan incesante
                                               tu voz?

Si no eres arroyo,
¿por qué ahogas en su reflejo
                                               el curso de tus días?

Si no eres nube,
¿por qué ese empeño en cubrir
                                               la luz que te alimenta?     




(Imagen de Chema López)



martes, 17 de diciembre de 2013

La respuesta















Con cada nuevo paso se corresponde una nueva fragmentación. De modo análogo a como tuvo lugar anteriormente, en que de manera engañosa creímos construirnos, el fragmento está presente. Somos materia y somos materiales. El alcance de lo que queremos (pretendemos) ser es imaginario. 

Los fragmentos siempre nos ponen en nuestro sitio. Voces, pensamientos, bacterias, células, hálitos, suspiros. Y a su vez se multiplican y se reducen dentro y fuera de nosotros. 

Fragmentarnos es la respuesta. No se cuestiona (no permite plantearse si hacernos y deshacernos es la cuestión) Preguntemos siempre a nuestros fragmentos. Aquellos que nos abandonan y los que llegan. No hay edificación definitiva. Solo erosión. En la propia erosión hallaremos la respuesta. La que nos hará más cautos, más sinceros, más cercanos a asimilar nuestra precisa pero débil constitución.




(Ilustración, Celso Dourado)


domingo, 15 de diciembre de 2013

¿La cuestión?


















Escribir o no escribir. Esa (no) es la cuestión.

Hacerlo para procurarse el alimento interior o cierto placer sensual o una suerte de distensión puede ser. Escribir para transformar algo más allá de uno (ni siquiera) mismo resulta una entelequia.

Pero acaso, como cualquier otra modalidad de ficción, estemos enganchados también a las entelequias. Sin mayores pretensiones.




(Ilustración, Celso Dourado)



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ahora que hizo siete años

















Siete años tras el viaje y muchas preguntas sin responder. Tampoco se hicieron cuando hubiera sido oportuno. ¿Por qué cuando pudimos no recabamos información a los que teníamos en nuestro entorno? No se nos ocurría, nos pillaba ajeno lo demás, ellos nos parecían antiguos y desechables, a los que no había que hacer caso, no nos interesaban sus experiencias, vivíamos en otra onda... Etcétera. Vulgares excusas con las que justificar nuestra ausencia de razón en su momento y en su espacio. Pero ingratos y poco sagaces. Nos quedó mucho por aprender. Ahora vivimos hilvanando hilos sueltos que, por mucho que lo intentemos, no reconstruirán el tejido de lo que fue y hubo. Las memorias son también traiciones. Solo es fiel lo que acontece en su momento. Y, no obstante, mantenemos una pequeña llama sagrada a la que llamamos recuerdo. Ofrenda de los días. Qué mínimo agradecimiento. Aquel viajero.




(Fotografía de Celso Dourado)


martes, 10 de diciembre de 2013

El mundo desde el toscano



















...de la vieja abadía devenida en lujoso hotel solo apto para reuniones secretas bien de cenáculo de altos ejecutivos o de encuentro de parejas clandestinas de nivel económico superior quedan las piedras y más allá de lo transcurrido siempre heredamos las piedras sean éstas en estado de arquitectura más o menos consolidada sean simples ruinas sean piedras diminutas de trillos olvidados en labores de eras abandonadas y cada piedra nos habla pues tal parece que fueron expulsadas por la naturaleza para que se convirtieran en símbolos de los hombres no sólo de soportes o acogimientos o exaltaciones sino para fantasear con el universo que el hombre ha ido descubriendo y puesto que la percepción humana ha sido siempre anterior a su comprensión el hombre otorgó primero un sentido abstracto a las piedras y con ellas más allá de ser elementos de arquitecturas vivientes trató de sentar principio de admiración y reconocimiento y donde la vieja abadía expone un ojo de buey para que entre la luz medida en aquella no amplia sala capitular quieren también que sea el sol pero también el ojo que todo lo ve o a través del cual se pretende observar los otros mundos o quién sabe si el espacio circular que nos congrega y nos proyecta a infinitos desconocidos a los que se nombra de modos diversos y donde se muestra un capitel hay un relato cuadrangular de la tierra plano pero no tanto como para no dejar que un fuste haga de tallo que vincule a raíces ocultas y los hombres que hicieron tal lugar sabían que era inevitable un diálogo entre elementos porque las piedras hablan siempre desde su primitivo estado y siguen hablando en su dispersión y comunican los días y las noches y los rigores de las estaciones pero también se hacen eco de las alegrías y las penas de una especie que es digna hija de una naturaleza mutante y transformadora y caótica y ordenadora y rígida y caprichosa y según concierne a cada manifestación produce un sistema u otro en que los hombres saben salir airosos y algunos llaman arte a ese modo de huir siempre hacia adelante pues si no ¿a dónde podrían ir los hombres a cambio de no estar muertos del todo?

     

lunes, 9 de diciembre de 2013

El gozo




...el espíritu celebra y sabe tomar la medida justa del goce que proporcionan las facultades del ser, aquellas que se manifiestan en los sentidos y en el pensamiento y en el instinto innato que va haciéndose todavía, bien sea evocando recuerdos o razonando con las ideas que se tejen o comprobando con la pasión que se pone en el empeño, y es en ese banquete cotidiano cuyos platos son administrados de la manera más atrayente por cada cual donde la alegría fluye y es percibida como una corriente interior que, aun oscilante entre la euforia y la laxitud, configura una manera de estar vinculante dentro de uno, y bien sea la armonía una percepción pasajera, manifestada con altibajos o instalada en su intensidad tibia pero persistente, o bien se trate de una dispersión que tras su viaje extensivo se retrae y retorna para hallar cobijo nuevamente en la casa propia y única, toma en cada mano los medios imprescindibles para que el disfrute sea posible y adquiera su valor, el que de verdad se manifiesta como lo que algunos sabios llaman conciencia, que no son otros que el silencio y la mirada y la palabra, pues ninguno de tales recursos fue concedido por inercia ni por extraña bondad, sino que cubren siempre el doble papel de materia y proceso, de herramienta y producto obtenido de uno mismo, y cual diálogo exultante cubren la desnudez de los hombres y hacen de los días una invocación refleja a la eternidad deseada y desafían con el gozo a la brutal intemperie que acecha al otro lado de cada instante, pues no de otra manera se sabe de la satisfacción sino al comprobar las posibilidades de esta la sola pero múltiple y plural vida




(Ramiro Tapia pinta)


sábado, 7 de diciembre de 2013

Los sardónicos




















...nada causa menos risa en este mundo que la misma necedad de sus pobladores y no obstante cuántas carcajadas simplonas escuchamos y cuántas cajas de risas forzadas no se abren ante nuestros oídos diariamente y por si fuera poco y aunque crean que por ello se atenúa la estupidez nos vemos obligados a soportar amplias sonrisas cínicas y arrogantes estiramientos de cuello y miradas siniestras de estulticia y si no fuera por la manifiesta torpeza de que tantos hacen gala parecería que se habita en el paraíso de los justos cuando es más bien el muladar donde nuestros altos dignatarios alcanzan el cénit de la vulgaridad y la ganada aureola de la mentira y el rango más elevado del desprecio y la altanería sobre los otros a quienes llaman semejantes pero de los que viven distantes y a quienes rechazan




(Pintura de Ramiro Tapia)


viernes, 6 de diciembre de 2013




...y nadie, nadie citaba a infinitos hombres y mujeres de todas las edades que contribuyeron a terminar con aquella barbarie...muchos, muchísimos de ellos acabaron con menos suerte que el hombre... 









...escuchando en un noticiario a políticos de todos los pelajes hablar de este hombre me he dado cuenta de que hablaban solo de la mitad de este hombre...o de un cuarto...o de la mitad de un cuarto...no parecía que interesara a nadie hablar del hombre entero...






...nos hizo más libres a todos...él y multitud de anónimos lo consiguieron pagando el precio de la propia vida...¿nos mantenemos en el camino? ¿o nos estamos traicionando?...un gesto para una actitud, un desafío para un paso adelante, una seña para sostener una conducta... 




(Fotografía tomada del periódico Le Monde)



jueves, 5 de diciembre de 2013

La pretensión




















...qué poca cosa son en la oscuridad de sus noches y en la penumbra de sus días, habiten mansiones o covachas, sean diligentes o perezosos, se muestren aparentes o sinceros, escasamente saben de sí mismos, los humanos se desplazan como si dominaran el universo y no advierten su pequeñez



(Ramiro Tapia, imagen)


miércoles, 4 de diciembre de 2013

La espera


















...vivían ingenuamente en sus reinos, ellos en la confianza de que el depredador de los depredadores no había nacido todavía, como en una dulce espera que se nos antoja ahora a nuestros ojos equívocos, si bien la lucha por la vida también era una constante en aquellas épocas, como un sino, una manera de existencia arriesgada que o los consolidaba o les hacía desaparecer, y en casos no tan excepcionales los transformaba, pero aún no sospechaban que el depredador que iba a marcarlos a todos, como uno más de cuantos habitaban los océanos o los cielos o el matorral o el subsuelo o lo invisible, no había tomado definición de su corporeidad, y nunca llegaron a pensar que aquellos primeros gestos que observaron en otro competidor, el descenso de éste de los ramajes para andar encorvado por la tierra hurgando en cuanto se mueve, jamás imaginaron que la naturaleza deparara aquel capricho: imponer tal afinación de un ser capaz de interferir de modo tan extenso e incisivo en todos los demás seres y mundos

 


(Pintura de Ramiro Tapia)


lunes, 2 de diciembre de 2013

Ιθάκη . Ítaca, de Kavafis, según Alexandros Karozas




















Recientemente se ha estrenado en Tesalónica The Kavafis Project, del compositor Alexandros Karozas, que recoge una serie de poemas del autor alejandrino. Reproduzco aquí la composición correspondiente al célebre poema Ítaca. Me ha parecido francamente hermoso. Y si adjunto el texto en griego es porque los caracteres de su grafía son también de una belleza única. Disfrutadlo.





Ιθάκη

Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρεις,
αν μέν’ η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωιά να είναι
που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους·
να σταματήσεις σ’ εμπορεία Φοινικικά,
και τες καλές πραγμάτειες ν’ αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ’ έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά·
σε πόλεις 
Aιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ’ τους σπουδασμένους.

Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί είν’ ο προορισμός σου.
Aλλά μη βιάζεις το ταξείδι διόλου.
Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει·
και γέρος πια ν’ αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.

Η Ιθάκη σ’ έδωσε τ’ ωραίο ταξείδι.
Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο.
Άλλα δεν έχει να σε δώσει πια.

Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε.
Έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.
 



Κ.Π. Καβάφης 



ÍTACA


Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña








domingo, 1 de diciembre de 2013

La oferente




















...y cada día la hermosa oferente nos ofrece la cornucopia para que catemos, y la cúpula atractiva de frutos destila aromas y aquella textura jugosa ensaliva nuestras papilas y la geometría poliédrica absorbe nuestra mirada, y como incautos degustamos y prontamente deseamos quedarnos con toda ella, pero a cambio de qué, y contemplamos absortos la dimensión del cono como si no fuéramos a vaciarlo jamás, seducidos por la idea de que de alguna manera se sigue llenando y nos continúa nutriendo, pero a qué precio




(Ilustra Ramiro Tapia)

viernes, 29 de noviembre de 2013

Esfinges




















...nos pasamos la vida proponiéndonos acertijos, parloteo de esfinge que simula profundidad, cuando solo aquello que nos marca con su signo ígneo puede afirmar apropiadamente que tiene suficiente calado como para llegar al otro lado, allá donde se forma la energía robada al vacío, allí donde la lejanía parece otro mundo, aquí donde una ligera y aduladora huella nos hace creer que somos pensadores natos

  

(Ramiro Tapia ilustra)


miércoles, 27 de noviembre de 2013

La carencia
























Nunca supieron contarme quién había sido ella. Tampoco es seguro que sea yo el niño que sujeta la miliciana. Cuando me mostraron la fotografía ya era yo mayor y vivía aún en un país que no sentía como país. Nunca había traspasado las fronteras de éste, pero la carencia de un país me pesaba tanto como la carencia de una madre. Con una diferencia: percibía al país como maltratador y sin embargo echaba en falta el calor de unas manos sobre mi vientre. Digo país con todas las consecuencias, y no Estado, como se dice ahora, a mi modo de ver de forma equívoca e interesada, porque el país o al menos la parte del país que salió adelante en aquello fue un cómplice extenso y desventurado de los vejadores. También creí ver en la fotografía la clave de uno de mis comportamientos más íntimos. Nunca pude dormirme sin depositar mi mano en el abdomen. Nadie me había enseñado aquel gesto y menos en aquel hospicio en que nos amontonábamos los niños sorteando tos ferinas, sarampiones, diarreas, frío y gazuza, abundante gazuza. Aunque no he vivido obsesionado por la marca del tiempo extraviado  -lo que pude ser y no fui de no haber mediado tamaña desgracia-  siempre ha latido dentro de mí la carencia. Que ponerme la mano en la tripa desde pequeño fuera un misterioso signo que me unía a algo perdido puedo tenerlo más claro ahora. Una actitud que no quería soltar amarras con la calidez que una vez recibí y que parecía relegada para siempre. No en balde me riñeron y me amenazaron sobradamente en la inclusa por depositar mi propia palma sobre el vientre. A veces yo mismo me sorprendía de que aquel ademán se reprodujera también en la comida o en las lecciones o a las horas tediosas y obligadas de la capilla. No era siempre, sino solo cuando la soledad me atenazaba y borraba de mi rostro la sonrisa. Y sobre todo cuando una vez a la semana llegaban familiares de otros niños y se los llevaban a dar un paseo. Ya sé que estáis pensando. Os preguntáis si lo tengo superado. No, en absoluto, una carencia en la infancia no se supera jamás. Puede compensarse a lo largo de la vida, pero cuando menos lo esperas, por un problema que te atraviesa más de lo debido o por un extraño desasosiego que no logras apaciguar, te ves a ti mismo colocando no una sino las dos manos en aquella zona que reclama calor. Tantos años después, tras obtener el reconocimiento de mucha gente, una vez de haber convivido con mujeres que me han cedido su ternura, y habiéndome dedicado, mejor o peor, a los hijos que he dejado en memoria de mi paso por la tierra, siento que me acecha amorosamente la miliciana. Yo he envejecido, pero ella no, me digo. Y me sorprendo esperando de nuevo la bondad de una juventud ilusionada, aquel cuerpo menudo al que me pego, la risa entregada y el tacto de unos dedos desplegados que se hincan más y más en mi piel. Ella sigue igual que en la fotografía y yo la espero. Aunque nos juntemos en el vacío yo la espero.  




martes, 26 de noviembre de 2013

Los bustos




















...acostumbrados estamos a ver bustos por todas partes, y no es que el resto del cuerpo exprese más, puede ser meramente una prolongación del busto, solamente el busto agrandado en su tamaño que no en su hondura, pero ¿se puede pedir a la forma física otra dimensión?, el busto oculta o da la espalda a las dimensiones que deberían hacer de los mortales algo más que una exposición de figuras andantes, y a sus preguntas miro fijamente, y les devuelvo así la respuesta que debería despertar en su interior




(Imagen de Ramiro Tapia)


lunes, 25 de noviembre de 2013

Aproximación




















...si se trata de fiereza se podría decir que todos tratamos de aprender de todos, pero aprender no es aceptar, porque todo lo que nos llega ¿se queda? y de lo que se queda ¿todo lo aceptamos?



(Imagen de Ramiro Tapia)


domingo, 24 de noviembre de 2013

La lechuza lista




















...creo que debo abandonar el hombro de esta cada vez más lejana de ojos glaucos para acercarme a los hombres, estoy harta de su pedantería y sobre todo del sentido de propiedad de los dones al que se aferra, y si por su origen se revalida con soberbia ¿no tiene alguien que llevar a otra parte el reparto de los bienes que ella contiene?, y sin embargo surgen dudas que me ofuscan: ¿desearán los hombres que detenga mi vuelo entre ellos? y además ¿podré llevar un lado de ella separándole del otro?



(Imagen de Ramiro Tapia)


sábado, 23 de noviembre de 2013

La iracundia
























...deja que se vuelva loco con sus rayos, que se agote en su energía iracunda, que la naturaleza le haga creerse el rey de reyes, que el torso le reviente, las venas le estrangulen y la mirada colérica le arranque los ojos, pues muerto está ya en su carrera y él no sabe que por mucho que se despache con los hombres para que acaten su mandato, ni su estirpe ni la de los mortales son ilimitadas, y que él, en su perversa prepotencia, poco cuenta ya



(Imagen de Ramiro Tapia)


viernes, 22 de noviembre de 2013

Lo inclemente




















...digamos que la vida es un inclemente ¿espacio? ¿tiempo? ¿atlas indefinido? donde unas intemperies se cubren con otras intemperies, buscando abrigarse de sí mismas



(Imagen de Ramiro Tapia)


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Tan jóvenes


















...éramos tan jóvenes y nos brillaban tanto los ojos y fue tal el nerviosismo alegre y expectante que nos sacudió al llegar la noticia aquel día...que hasta nos enamoramos



(Ilustración de Ramiro Tapia)


lunes, 18 de noviembre de 2013

Olé, mis niños














Hoy Job está receptivo y optimista; incluso silba, aunque no he podido saber si un arpegio de clásica o el himno de algún equipo. Creo haber encontrado la solución a mis angustias intestinales y no intestinales, me dice. Y yo: pues cuánto me alegro; ¿qué lectura o autor o viaje o paisaje o acontecimiento amoroso ha llegado a tu vida para hacerte caer del caballo? Él sigue silbando, me mira por encima del hombro como nunca lo había hecho. Soy un nombre normal, ¿sabes?, me responde, o mejor dicho, me he normalizado. Mira, de tener que pasar males que sean los del común de los mortales, me he dicho, así que me voy a dar al espectáculo deportivo, que es muy sano y se siente uno muy arropado. Y como quiero ser un hombre corriente, y poder tener conversación on line (sic) con todos y cada uno de mis vecinos, y pretendo mantener un buen nivel de convivencia y ser útil a la comunidad, pues me voy a ver todos los partidos de fútbol que pueda. Aún no sé cuáles, dice, pero de momento ya he empezado con uno, y creo que me haré un ferviente seguidor de La Roja. ¿Has visto la foto de La Roja?, dice, mira. Vaya, digo, se les ve impetuosos y entregados. Y él, silbando el himno nacional apostilla: Olé mis niños. Voy a ver si definitivamente pongo letra al himno, que estos chicos se lo merecen.




 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Las tripas
























No encuentro a Job por ninguna parte; al menos no aparece por ninguna de las habitaciones donde me le encuentro habitualmente. A una voz mía responde al otro lado de la puerta del retrete. Hoy no estoy para nadie, dice. Puedo esperar, respondo. Esperarás en vano, le escucho decir con voz insignificante. ¿Te encuentras mal?, insisto. No responde. Llegan unos extraños sonidos que no parecen emitirse desde su garganta. ¿Te pasa algo?, vuelvo a insistir. Sabes sobradamente que me pasa lo de todos los días, solo que peor; siempre peor. Nada me sienta ya bien de cuanto veo en derredor, y sin embargo me resisto a rendirme, asevera. Y yo: cualquiera lo diría, salto irónico, aunque ya te voy conociendo. Y él: es que una cosa no quita la otra, simplemente es producto de sensibilidades y de una pesada digestión de los acontecimientos que me llegan pero que no deseo que me nutran. Si entraran los hechos como irremediables dentro de mí me desharían, por eso los vomito a tiempo. No quiero perder la sensibilidad, lo sensible es la parte inteligente del cuerpo. A veces pienso que lo único que queda de sensible en este país son mis tripas, exagera con acritud.




(Viñeta de El Roto que aparece hoy en la edición de El País. Gracias, Andrés)



jueves, 14 de noviembre de 2013

Los jirones
















...sentir la extrañeza de la falta, horrorizarme con la última mirada sobre una mano que en su expansión se desgajaba, soltándose unos dedos de otros dedos, los dedos todos de la palma, los músculos encogiéndose hasta disolverse, toda ella, la mano que había sido, carcomida por aquellos insectos imprecisos, yo la sacudía con insistencia y al caer aquella turbulencia oscura se generaba un gran agujero que iba dejando tras de sí la superficie nueva de una transparencia, fue el movimiento agitado de la mano o la mordedura que la había vaciado del todo por lo que donde antes estaba mi mano cómplice solo había orfandad, y al otro lado la diafanidad más absoluta me permitía ver el suelo, la tierra, el agua, mis pies, cualquier materia que me hacía sostenible pero ahora menos entero, y hasta desaparecer los últimos jirones de mi piel no cesó mi asombro, verdad es que a la par quedaba amortiguado todo picor, y las molestias remitían, y el dolor se reducía a la mínima expresión física para dejarlo solo en el miedo a la carencia, y empezó a dolerme todo de otra manera, dolor por sentirme desprovisto, aquella mano que tanto percibió, que buscaba las raíces de las plantas para procurar el alimento, que sujetaba una pluma y escribía al dictado de los significados de la vida que habían ido calando en mí, aquellos dedos que tamborilearon sobre pieles cálidas cuyos sonidos polifónicos interpretaban al amor, aquel apoyo sobre el que depositaba mi mentón para descansar de los pensamientos onerosos, y tal vez en ese intercambio de dolores tuve que elegir, dolor por dolor era mucho más agudo el del recuerdo, y una voz cuya procedencia no ubicaba me dijo: la nada no ocupa lugar: si no hay lugar no hay sensaciones, pero como me sintiera tentado a replicar percibí que el gesto de una mano invisible me tapaba la boca y ahogaba mi queja, y fue aquella mano sentida pero no ostensible la que advirtió mi confusión y me recomendó: supera cuanto recuerdes, no eres ingrato por olvidar todo lo que te concedió aquella mano, y dijo más: aún tienes otra, enséñale el camino, y entonces pensé que, en efecto, había que aprender de la carencia, aunque ésta no devuelva el tiempo y mucho menos lo experimentado...





miércoles, 13 de noviembre de 2013

Prestige (Poesía visual)


basura
basura
basura
basura
basura
basura
basura
basura
basura
basura
¿os dais cuenta?

en este país todo huele cada vez más

a basura

¿veis cómo lo del chapapote solo se trataba de unos hilillos?

y así todo lo demás
¡todo!



martes, 12 de noviembre de 2013

La pérdida





...incapaz de quitarme de en medio aquellos pequeños seres que no solo pululaban sobre mi mano, sino que la iban conquistando con apresuramiento y amplitud, me concentré en evitar en lo posible el picor que, poco a poco, se iba transformando en un dolor amargo, y con ser aquel suplicio sumamente intenso y molesto aún confiaba en poder sobreponerme y que no se extendiera aquella masa moviente más allá de los márgenes de mi muñeca, pero, o bien por causa de la agudeza de aquella molestia o bien por la actividad que desataba aquella colectividad de vivientes sentía que mi mano se agarrotaba, que se comprimía con torpeza, y paulatinamente iba percibiendo que los tendones cedían, y que los nervios se paralizaban hasta el extremo de que no obedecían orden alguna emitida por mi cerebro, y era como si se hubiera establecido un cortafuego entre mi mente y el espacio donde estaba teniendo lugar aquella catástrofe, o que se abría un abismo, o que se estaba produciendo una ruptura, y aquella sensación de que mi mano quedaba a merced de un extraño monstruo compuesto de infinidad de monstruos insignificantes, de que se la llevaban lejos de mi cuerpo, de que no me pertenecía ya aquella amada extremidad que me había resultado tan útil como obsequiosa, aquella impresión me iba dejando consternado, y a medida que empezaba a dejar de sentir dolor, según se iba alejando cualquier grado anterior de picor más se confirmaba que iba siendo desposeído de mi mano, y entonces el pavor llenó de fuego mi piel, y cerré los ojos, y no quise mirar, deseé no recordar cómo había sido mi mano, y no pensar cuanto había ejercitado y dispuesto con ella, y sabía que si lograba perder la memoria sobre mi mano también la perdía en alguna proporción sobre todo mi cuerpo, que era tanto como decir que sobre mis experiencias y mis aprendizajes...      




domingo, 10 de noviembre de 2013

Las salpicaduras

















...aproximé la mano para ver, y advertí que, a partir de una ciénaga difícil de descifrar en el corazón mismo de la palma, tenía lugar una emersión de salpicaduras negras, irregulares y oscilantes, yo sacudía la mano y lograba librarme de muchas de ellas, pero tan pronto como la enderezaba nuevamente volvía a aparecer aquel círculo sin nombre, solo que cada vez con mayor diámetro, y de él parían nuevas gotas móviles, y cuantas veces agitaba mi mano para desembarazarme de aquella peste, más deprisa y con mayor intensidad volvían a crecer sobre la piel, y la picazón volvía, y el desasosiego tomaba forma dentro de mí, y lo comprobaba no solo en mis extremidades, sino en el sudor que humedecía con frialdad mi nuca, en la respiración agitada, en un cosquilleo que hurgaba en mi tripa y potenciaba su ritmo, y de pronto sentía que me paralizaba, y aquellos pequeños tiznes iban adquiriendo no solo otra proporción sino principalmente la contextura de una actividad con vida propia, y me parecía ver en ellos diminutos seres que no sabía catalogar, seres dibujados, individuos de especie ignota que caminaban con rapidez en todas las direcciones de mi mano, y aquel fenómeno atrapaba mi mirada, y la nutría de un cierto horror, horror a no encontrar explicación, temor a lo que pudiera venir después, espanto al presumir que mi cuerpo empezaba a quebrar y que lo hacía de manera vertiginosa e inclemente, sin darme tiempo a pensar, sin dejarme tomar decisiones...           



viernes, 8 de noviembre de 2013

El picor
















...al principio fue un picor, un hormigueo nervioso que se ramificaba sobre los pliegues, luego el nacimiento de una mancha, un agujero opaco que al soplar desaparecía para, instantes después, mostrarse nuevamente para mi propio desconcierto, y cuantas veces soplaba otras tantas lograba que se borrase, mas una vez más, como si se tratara de una escritura sumergida, afloraba con su tinta negruzca, inquieta, azarante, y el picor se extendía como una rosa de los vientos sobre la palma de mi mano, y rascar no bastaba, y al insistir la piel pedía más, y las uñas despellejaban las partes más débiles, y entonces salían pequeños puntos de sangre que rápidamente eran cubiertos por aquella tinta extraña, y así tal parecía que la mancha creciera y olfateara las motas imperceptibles que emitía la piel al desollarla lentamente, y las uñas, recubiertas primero de una pátina granate también se cubrían acto seguido de aquel asfalto móvil, mientras los dedos, alocados, no sabían si expandirse o encogerse, y mi mirada permanecía fija y absorta en la mancha creciente, un chapón que caminaba sin sentido, deseoso de salir de los márgenes de la mano...