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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 30 de diciembre de 2013

La percepción





















Encaminarnos en la dirección de la luz. 

También en medio de las tinieblas percibimos el camino. No se ve con los ojos, no se escucha el rumor  ni la algarabía, no azota un aire fresco nuestro rostro. El cuerpo puede estar preso de su incapacidad y sin embargo de pronto sentimos que algo ilumina aquella quietud malsana. No es solo el objeto. Miles de objetos nos rodean, de cerca o de lejos, y no les prestamos atención. Por qué aquél genera de improviso y por sorpresa un vínculo con nosotros no tiene respuesta en un primer momento. Tendemos a él, lo circundamos, alargamos la mano de la curiosidad, nos dejamos tocar. Campo, mar, partitura, estatua, arquitectura, fruta, cereal, ave, tribu, hombre, mujer, símbolo: de pronto incluso todo ello, tan plural y disperso, se concentra en un único motivo de nuestra atención. Hemos caminado hacia él. Frente a frente. Nos mira y le hablamos. Nos dice y atendemos. Nos abre los ojos, pero somos nosotros quienes lo dotamos de significado. Es el amor, nos dice de modo precipitado y eufórico, que quiere ser persuasivo, una llamarada del lenguaje que ha prendido la zarza de nuestro bosque. Sentirnos eso otro es el amor.

La luz nos ha habitado, nos ha sacado de nuestra propia afasia.




(Fotografía de Eve Arnold)


2 comentarios:

  1. Tremendo.
    El final sencillamente me ha arrancado de la afasia.

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    1. Salir de la pasividad, de la paralización, siempre es bueno (yo extiendo el sentido preciso del término, es una manía mía)

      Gracias por seguir.

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