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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 31 de diciembre de 2012

La historia del Minotauro, según Zbigniew Herbert






Regalo de treinta y uno de diciembre. Una fecha más. Pero también fecha inevitable, de mirada y perspectiva hacia atrás y de expectación hacia el futuro. Futuro. Esa palabra llena y vacía. Esperanzadora y temerosa. Impensable y obsesiva. Inaprensible y deseada. Ese estado inexistente. Os dejo este regalo. Uno de los relatos más bellos que he leído jamás, y mira que los hay espléndidos. Es del poeta polaco Zbigniew Herbert y se titula 



 LA HISTORIA DEL MINOTAURO 



 "La verdadera historia del príncipe Minotauro está referida en escritura lineal A, la cual todavía no ha sido descifrada. En contra de todo el posterior chismorreo, fue realmente hijo del rey Minos y Parsífae. El muchacho nació con salud pero con un cabezorro anormalmente inmenso, lo que fue interpretado por los adivinos como un signo de futura sabiduría. En realidad con los años Minotauro se convirtió en un fuerte y algo melancólico… botarate. El rey decidió dedicarlo al sacerdocio. Mas los sacerdotes argumentaron que no podían admitir al anormal príncipe, porque ello rebajaría la autoridad religiosa, que ya andaba tocada con la invención de la rueda. 

A continuación Minos hizo venir de Grecia a un ingeniero entonces de moda, Dédalo, creador de una célebre variedad de arquitectura pedagógica. Y así surgió el laberinto. El sistema de galerías, desde la más sencilla a la más complicada, la diferencia de planos y escaleras de abstracciones iniciarían al príncipe Minotauro -supusieron- en los fundamentos del correcto pensar. 

Así el desdichado príncipe erraba por los pasadizos de la inducción y la deducción apremiado por sus preceptores, observaba los instructivos frescos con una mirada vacía. No lograba entender nada. 

Habiendo agotado el rey Minos todos los recursos, decidió librar a su prosapia de tamaña deshonra. Hizo venir (también de Grecia, a la sazón famosa por sus talentudas gentes) al mañoso asesino Teseo. Y Teseo mató a Minotauro. En este punto mito e historia concuerdan. 

Por el laberinto -alfabeto ya innecesario- Teseo regresa portando la inmensa cabeza sangrante de Minotauro y sus ojos desorbitados, donde por vez primera comenzaba a despuntar la sabiduría…esa que normalmente adviene con la experiencia."




(Texto tomado del libro Poesía completa, de Zbigniew Herbert, editado por Lumen, 2012. Grabado de Pablo Picasso)


domingo, 30 de diciembre de 2012






No te es dado saber
                              de dónde viene su nombre

tus dedos lo palpan
                              cuando escriben en la espuma de unos labios
o quiere tu mirada miope rodear
                              aquella colina de oleajes
         
el tiempo no se piensa
                              no se menciona

hay una huella sí
cada vez más amplia y más ligera

arrodíllate y besa su perímetro
                             bebe
en la oquedad en que te reflejas
                                               ese sabor antiguo

degústalo como si se tratara del primer día


                    

 (Fotografía de Jorge Molder)






Retuerce los días
                          como si la almazara de la vida
fuera a depararte
su última sustancia

siente que catas el planeta

que no estás aquí únicamente
                                            para ser un  dato demográfico
ni eso que el negocio espiritual llama alma
y no sabe sino ofrecerte
                                    tu negación

di que no solo cuando tú quieras

                                     tú eres el tiempo
          




(Fotografía de Jorge Molder)






Los días son absurdos
                                 y traen una calma turbia
sospechosa
             
                   hace descansar las barrigas
pero vuelve anodinos a sus dueños

es inevitable tener que elegir
entre el sentido
                      que nos llenará de inquietud
y cuyo horizonte aún muestra su tibieza

y la cómoda pero engañosa asunción
de ver como lo absurdo se suma a lo absurdo
                       vaciándonos

dejando de ser

                      privados
de la libre elección de la última hora




(Fotografía de Jorge Molder)


sábado, 29 de diciembre de 2012

La otra inocentada



Es Manuel Rivas quien recuerda hoy en su artículo semanal a Karl Kraus: "La ausencia de ley prevalece de forma legal". Y ahí toca el fondo no solo Kraus o Rivas sino cualquier ciudadano que no quiera estar ciego. La ley puede estar ausente por no existir o por no aplicarla o por ineficiente y obsoleta. Para el caso viene a ser lo mismo. O por una cuarta razón: por saltársela olímpicamente. Para quien no se haya enterado todavía, lo que refleja la fotografía sucedió el jueves en la Asamblea de Madrid, ese parlamento regional que siempre aprueba lo que quieren sus amos (como todos los parlamentos donde dominan los presuntuosos amos pasándose el diálogo con otros criterios políticos por el forro de.) Mientras el rodillo político PP aprobaba en solitario, pero con el comportamiento dictatorial que les concede el ser mayoría absoluta, la privatización de la sanidad madrileña, ciertos elegidos por el pueblo de esa rehala se dedicaban a jugar con las maquinitas. ¿Se anticipaban así al Día de los Inocentes? No creo. Más bien se trata de que tienen tan interiorizado esos diputados del PP que la ciudadanía española es tan sumamente incauta, sumisa, inocente y tragalotodo que para qué iban a estar centrados en debate alguno de su Cámara de taifas. Total, si al fin y al cabo ellos conciben la representación parlamentaria como un capricho y un regalo que les han hecho los tontos ciudadanos, y no como un servicio. Y saben que van a sacar adelante lo que les permite la Ley. Triste imagen la de esos señores a los que se paga a cuenta del erario público por estar ahí. No sé qué es peor: que la Constitución no esté sirviendo para nada, que se estén cargando prácticamente la Democracia o que nos traten como imbéciles. Todo viene a estar en el mismo paquete. Pero acaso si empezáramos a dejar de ser idiotas y ciegos aún podríamos parar la catástrofe. Por cierto, ¿alguien cae en que la frase de Karl Kraus fue desgraciadamente premonitoria?



(Adjunto aquí  la columna de hoy de Manuel Rivas)


viernes, 28 de diciembre de 2012

Tradiciones





Pues un año más la tradición se repitió. No había que hacer mucho esfuerzo para colocar el monigote típico. Bastaba con recordar lo que los gobernantes de ahora  -entonces aspirantes de la oposición a la tarta del poder-   prometieron hace poco más de un año pero no cumplieron. ¿O es que antes del juego electoral no tenían intenciones aunque dijeron lo opuesto? Entonces, obraron con mentira, alevosía e irresponsabilidad. Se mire por donde se mire, han engañado. Ellos han sido malvados pero no han sido los tontos. Los que llevamos el monigote en nuestra frente, espalda o bolsillo somos nosotros, los súbditos. Por eso precisamente. Por no querer dejar de ser súbditos.


(Cartel visto hoy en una pared de mi ciudad)


jueves, 27 de diciembre de 2012

Señores ministros: ustedes son duros con nuestra gente; ¿por qué con otros son tan serviles?




¿Quién nos iba a decir que esta canción de Quintín Cabrera sobre letra de Mario Benedetti tendríamos que escucharla en España como realidad y angustia del tiempo presente? Vean y escuchen...Cambien apenas mínimos nombres. Los que generan dolor  -qué curiosa coincidencia: ¿no dijo ETA hace muchos años para justificarse aquello de que había que socializar el dolor, y mira por dónde va ahora Gallardón y se pone a la altura de los otros con su invocación a repartir el dolor?-  se ríen. ¿De qué se ríen? En mi pueblo a este tipo de ralea el castellano hondo le ha llamado siempre la canalla. Por algo será, señores ministros. Ustedes siguen el peor camino. Ironías de la historia, que diría Isaac Deutscher.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Destejer el lenguaje, propuesta de Octavio Paz




Leo en El mono gramático, de Octavio Paz:



"Las relaciones entre la retórica y la moral son inquietantes: es turbadora la facilidad con que el lenguaje se tuerce y no lo es menos que nuestro espíritu acepte tan dócilmente esos juegos perversos. Deberíamos someter el lenguaje a un régimen de pan y agua, si queremos que no se corrompa y nos corrompa. (Lo malo es que régimen-de-pan-y-agua es una expresión figurada como lo es la corrupción-del-lenguaje-y-sus-contagios.) Hay que destejer (otra metáfora) inclusive las frases más simples para averiguar qué es lo que encierran (más expresiones figuradas) y de qué y cómo están hechas (¿de qué está hecho el lenguaje? Y, sobre todo, ¿está hecho o es algo que perpetuamente se está haciendo?). Destejer el tejido verbal: la realidad aparecerá. (Dos metáforas) ¿La realidad será el reverso del tejido, el reverso de la metáfora—aquello que está del otro lado del lenguaje? (El lenguaje no tiene reverso ni cara ni lados.) Quizá la realidad también es una metáfora (¿de qué y/o de quién?) Quizá las cosas no son cosas sino palabras: metáforas, palabras de otras cosas. ¿Con quién y de qué hablan las cosas-palabras? (Esta página es un saco de palabras-cosas.) Tal vez, a la manera de las cosas que hablan con ellas mismas en su lenguaje de cosas, el lenguaje no habla de las cosas ni del mundo: habla de sí mismo y consigo mismo." 




Habría que destejer el tejido del lenguaje, como propone Octavio Paz; el lenguaje se abstrae de las cosas, cuando quiere darnos a entender que las posee; cuando ha decidido que nombremos los fenómenos, los objetos, las situaciones, las relaciones…resulta que el lenguaje se evade; abandona su eclosión metafórica para reencontrarse en un entente espacio-tiempo que se nos escapa; el lenguaje ha adquirido carta de naturaleza independiente pero, ¿cómo puede vivir si no es para justificar nuestros actos y cuanto existe en nuestro entorno?; el lenguaje se nos presta, él mismo se pone a nuestro servicio, sin sacrificio alguno por su parte, pero sí para nuestros rituales más íntimos; llegamos a emocionarnos con palabras, a amar utilizándolas afectivamente, a odiar empuñando epítetos de desprecio, a sentir dolor poniéndole nombres y conjurándolo; no sé hasta qué punto muchos acontecimientos de la vida y de la naturaleza que hemos capturado los humanos serían lo mismo sin el lenguaje; tal vez al recurrir a ese mundo donde la metáfora campa a sus anchas logramos relativizar el nuestro; unas veces sublimando los sucesos, otros reduciéndolos; el problema reside en que llega un momento en que estamos en una tierra de nadie, en una delgada línea donde no distinguimos qué hay de posesión o de carencia de realidad; y no captamos con claridad si el lenguaje oscurece y traduce los acontecimientos a lo que no son o si nos permiten recibir la luz; particularmente soy un relativo pesimista; se ha hecho del lenguaje ritual en lugar de reconocerlo como honesta herramienta de construcción (o de demolición); y los rituales expresan las situaciones emocionales en las que la vida individual y colectiva se tambalea; destejer el lenguaje, sí, pero sobre todo descubrir las intenciones de los hombres, desembarazarlas de las falsedades, obligarnos a eliminar lo enmascarado, donde el lenguaje juega un papel de rendición fundamental, pero no es el único; ¿hay vida más allá o más acá del animalarium metafórico que desvía los caminos?




(Fotografías de Roman Sejkot)


lunes, 24 de diciembre de 2012

El agua de Lêdo Ivo



Ayer domingo murió en Sevilla, donde se hallaba de paso, pero de descubrimiento y de encuentro con la ciudad, la historia y los amigos a sus 88 años, el poeta brasileño Lêdo Ivo. Extraigo de su poemario Plenilunio el poema Água fria.


A água que bebí
na fria fontana
quemou os meus lábios.

A água, de tao fria,
como fogo ardia
até na minha alma.

Assim é o amor,
fogo que se bebe
na fontana fria.

Assim é a morte.
A agua fria apaga
o fogo que ardia.




El agua que bebí
en la fuente fría
me quemó los labios.

El agua, de  tan fría,
ardía como fuego
incluso en mi alma.

Así es el amor,
fuego que se bebe
en la fuente fría.

Así es la muerte.
Agua fría que apaga
el fuego que ardía.



Propongo aquí un enlace para quien desee informarse de la obra de este autor no demasiado conocido en España. Nunca es tarde para descubrirlo.



(Fotografía de cabecera: Jacques Henri Lartigue)

domingo, 23 de diciembre de 2012

La llave en el tacto




Preguntas de un incauto ante una llave acariciada. ¿Qué fue antes: las manos o la llave? ¿La malla de arrugas de una piel o las mangas de una camisa? Los largos dedos que escarbaron la miseria o la miseria misma?  ¿La negritud o la propiedad privada? ¿Las leyes o los hombres? ¿El Estado o la dignidad? ¿El agrupamiento de los hombres o su abandono? Es penoso el olvido. Una tierra como la española, que cuenta en su haber con siglos de indigencia y desventura, trata ahora a otros hombres, ya sean de casa de siempre o llegados desde otros lugares del planeta, con la mala ley y el mal derecho en su recámara. El olvido lleva a la avaricia. Y ésta a ignorar la injusticia y a permitir que se ejecute de manera vil. Dispar trato. Paradójico contraste con la mano suave y el dinero a raudales que se concede a la banca de la mala gestión y del fraude. Me equivoqué ante la imagen. Las manos negras no acarician la llave. Hay también algo de plegaria a dioses ocultos que no van a poder hacer nada. Ni el monoteísta, ausente como siempre y más ausente que nunca, por mucho que sus voceros le pregonen estos días sin reconocer su inoperancia. Esas manos tratan de retener mentalmente cómo era esa herramienta que abría una puerta, que permitía acceder a una vivienda, que permitía tener un hogar. Porque en cuanto ejecuten el desahucio, adiós al tacto.



(Foto de Olmo Calvo. Antonio Tomás sujeta la llave de su casa poco antes de ser desahuciado)


sábado, 22 de diciembre de 2012

Tentado a hibernar





dicen que es el invierno, y uno quisiera hibernar, siquiera para no padecer el frío que hay fuera, pero la clase de mamífero a la que uno pertenece no hiberna, en ella no se altera el metabolismo sustancialmente ni baja en picado la temperatura, lo cual quiere decir que he utilizado una metáfora, a la vez he expresado un deseo, y de cualquier manera un anhelo inviable, y entonces el humano, yo, quisiera evitar el invierno de la situación, o mejor dicho, el frío que vacía los pensamientos de los hombres ahí fuera, el frío que bloquea los instintos de apoyo de ahí fuera, el frío que reniega de todo lo aprendido anteriormente, el frío extremo que congela la acción y solo la admite hasta un tope que tememos que nos asome al abismo, como si no viviéramos ya en el abismo, y aunque en otros órdenes podría buscar maneras de obnubilar mi mente, de escapar de cuanto se traduce problemático e inquietante, y entonces pienso en la inseguridad y la quiebra que trae el frío, de negarme en vida sin morirme del todo, de construir un castillo de metáforas que me diera consuelo, no sé si sería capaz de evitar el frío con suficiente habilidad, porque al buscar sucedáneos que me llevaran a hibernar a mi manera es como si me llegara todavía más tanto frío, como si yo mismo contribuyera a generar circunstancias gélidas como si de era glacial se tratase, pero puesto que a esta especie no le ha sido concedida por la naturaleza la capacidad de hibernar uno quisiera dejar de escuchar tonterías al menos, desde el canto ingenuo al solsticio, como gran descubrimiento ya descubierto desde nuestros antecesores de la edad de la piedra, más observadores ellos de lo que somos nosotros, hasta el canto cultural rutinario y monótono de los últimos veinte siglos, menos que más, que ha acabado en versión marketing, vocera santificante de un consumo desenfrenado y desolador, estos dos calificativos que tocan de plano al hombre y al planeta, pero las tonterías me llegan, mientras asoma más frío, mientras todas las señales indican que no nos escapamos de la glaciación de nuestra propia intemperie, y ello nos vuelve ausentes, y pudiera ser esa la forma de hibernación colectiva más aberrante, porque estaríamos negando el frío para acabar siendo víctimas por no evitarlo...
      




(Fotografía de Olmo Calvo. Vecinos del barrio de Lavapiés en Madrid protestan frente a los policías que desalojan a las familias de Uddin y Hafiz)



viernes, 21 de diciembre de 2012

Reyes de las apariencias




¿Tiene algo que ver la media cultural y mental de los españoles con la posesión de vehículos de alta gamma? Soy de la opinión de que se establece una relación inversamente proporcional entre inteligencia y exhibición. Que un individuo se puede comprar un vehículo de lujo dejando de pagar a los empleados de su propia empresa, debiendo grandes sumas a los proveedores o simplemente pidiendo un crédito que luego no se devuelve (resultado = embargo) Pero en el reino de las apariencias algunos se creen que arrasan. Hay que demostrar a la esposa o al esposo su poderío, luego menguante o nulo en la intimidad. Hay que fardar ante las amistades, término este que sustituye al de amigos, algo perdido y abandonado, aunque estén más cerca de ser muertos de hambre que otra cosa. Hay que sacar pecho conduciendo la chatarra de no sé cuántos caballos porque el pecho intelectual brilla por su ausencia. Hay que dar imagen de una posición social que acaso no existe pero que lo importante es que lo parezca. Los mercedes, bemeuves y audis de alto standing avanzan despacio por las avenidas para que se les mire, aceleran en las autopistas para deslumbrar, se estrellan en las cunetas para que los amigos se queden diciendo del muerto: pero qué cochazo tenía Pep. Ah, y los cuatro por cuatro se suben a las aceras para demostrar su potencia, ¿o habría que decir prepotencia?,  y de paso una banderita colgada del salpicadero nos confirma que sus propietarios, no obstante lo incívicos que son, también son españoles y olé sus esencias, que no nos gana ni Dios. Los asnos nos precederán en el reino de los cielos, porque en el de los mediocres campan otros, ¿verdad?




(Fotografía de Alex Howitt)


jueves, 20 de diciembre de 2012

Beber en Omar Jayyam





Hay días que no sabe uno si saber o no saber de las noticias. Y recurro a un buen vaso de vino y a Omar Jayyam.   Me gusta este cuarteto tan certero como divertido del poeta persa:


Dibujado en el cielo, un toro con las Pléyades;
otro toro escondido debajo de la tierra;
si eres vidente, abre a la verdad los ojos:
verás entre ambos toros un puñado de asnos. 




(Ilustración de Miguel Brieva)


miércoles, 19 de diciembre de 2012

La pela es la pela



Mientras unos sufren y se quedan sin hogar, otros hacen negocio con la barbarie desatada por los bancos y el Estado. En el reino de los rateros de la administración y de los asaltantes de ventanilla bancaria la falta de escrúpulos campa a sus anchas. Todo vale. Hay que rascar dineros de donde sea. Vía embargos, cobrando costas judiciales, por usos sanitarios, multas por asistir a manifestaciones, pagos de diversa índole...Un país de cornudos y apaleados este nuestro. Toda la vida viviendo los potentados a costa de la ciudadanía y cuando se pillan en sus crisis de ambición y avaricia tenemos que seguir reponiendo sus activos de mil maneras. ¿Estado protector? ¿De qué y para qué? El Estado -es una idea que no hago sino dar vueltas-  se ha alejado de la mayor parte de la sociedad. La ha traicionado, la está vendiendo, está despojando de bienes públicos lo que es de todos los españoles, aporta cada vez menos recursos, cubre menos servicios e impone una política impositiva durísima de la que salva a los más ricos, a los evasores fiscales, a los bancos y a la institución de Dios en la Tierra. El Estado ha hecho dejación de su supuesta función social y protectora del colectivo. El Estado nos está abandonando. ¿En qué va a quedar el Estado? ¿En el esqueleto tradicionalmente fiscalizador y represivo de los ciudadanos? Entonces, dejémonos de llamarnos ciudadanos. Seguimos siendo súbditos, cada vez más, y dejados a su suerte. Invoco al individuo. Al Individuo con mayúsculas, que el término persona siempre me resultó dulzón, catequizador y falso. El Individuo debe emerger para salir al encuentro del Individuo. Reclama conciencia, sentido de la libertad, del derecho y del compromiso. Hablemos del Individuo y reconquistemos al Hombre que llevamos dentro y que debe renacer. Solo así tendrá racionalidad que unos individuos u hombres o personas o seres, o como queráis llamarlos, vayan al encuentro de otros. No hagan mucho caso del lenguaje, quédense más bien con la idea. Por cierto, no son meros deseos de producto navideño.




(Foto de Olmo Calvo. Una mujer pasa frente al escaparate de una inmobiliaria donde ofrecen pisos procedentes de desahucios. Barrio de la Elipa, Madrid, el 5 de marzo de 2011)

martes, 18 de diciembre de 2012

Letanías del dolor



Oigo decir el otro día al ministro de Justicia (de cuyo nombre prefiero no acordarme) que gobernar, a veces, es repartir dolor. 

Por los pobres grandes empresarios y nobles que evaden dinero a Suiza, ¡cuánto dolor!
Por las modestas fortunas puestas a buen recaudo en paraísos fiscales, ¡cuánto dolor!
Por la exención de impuestos a la humilde Iglesia, ¡cuánto dolor!
Por los millones evadidos por pobrecitos ahorradores de alto nivel que pueden ser amnistiados si retornan al país, ¡cuánto dolor!
Por el saneamiento de los indigentes bancos a cuenta de la deuda pública, ¡cuánto dolor!
Por los menesterosos de los consejos de administración de las empresas, ¡cuánto dolor!
Por los apurados miembros de la monarquía afectados por los recortes, ¡cuánto dolor!
Por las pensiones precarias de algunos políticos del pasado ya en excedencia, ¡cuánto dolor!
Por los blindajes de banqueros y antiguos altos cargos de las Cajas de Ahorro, ¡cuánto dolor!
Por los arruinados presidentes de la patronal española de los que se sabe que han delinquido, ¡cuánto dolor!


........................... (*)

¿Se refería el ministro que no nombro a todos esos personajes? Ah, ¿que hablaba indirectamente de los afectados por los desahucios?

¡Cuánto desprecio y cinismo, señor ministro, en usted y toda su corte de gobernantes!


(*) Se pueden añadir cuantas letanías se consideren oportunas en esta triste recitación.




(Fotografía de Olmo Calvo sobre la acción judicial de un desahucio. Explicación: Loli se tapa la cara delante de la comisión judicial después que le notificasen que su madre Antonia, ella y su hermano iban a ser desahuciados en ese mismo momento de su casa en Getafe)


domingo, 16 de diciembre de 2012

Los colores de la bilis




Ayer hice esta foto. Reconozco que la he tratado, ya sabes, que si más contraste que si más brillo que si más  color. O que si menos. No sé por qué al final la dejé así. El túnel es verde, pero la pared sale más verde todavía. No, por favor, que nadie diga ahora aquello de verde de esperanza que siempre me pareció además de cursi francamente inservible. Aunque ya sé que los humanos otorgamos colores a los valores y valores a los colores. Con desigual acuerdo y aceptación, naturalmente. La luz eléctrica es amarillenta como el rostro de un afectado de ictericia, luego poco estimulante. Los individuos que circulan son oscuros, negros, bílicos, acaso sombras. Ni siquiera sé si son personas, aunque me pareció que hablaban entre ellas (iban delante de mí) Luego hay un montón de grafitis que no aportan nada, signos esbozados, algún mensaje como de otro tiempo. Y esa sensación de que el lugar es una caja cerrada donde los que están dentro se ven agitados pero sin poder salir de ella. Algunos lo llamarán país, patria, nación, territorio, pero creo que les da vergüenza llamar a la caja de una manera que pueda ser aceptada. Mejor que no la denominen de ninguna manera o, en todo caso, caja china, que es lo que priva. Yo prefiero llamarlo contenedor, que es lo más acorde con el ultrarégimen de mercado totalitario que vivimos, con el comercio impuesto que nos saca las entrañas, con las relaciones laborales de costo en que se nos considera eso, costo y presupuesto, con el carácter de tal mercancía que nos identifica porque, oigan, no somos otra cosa los circulantes del contenedor. Los que trabajan, mercancía llamada productiva. Los parados, mercancía en reserva o simple subproducto o deshecho, según. Claro, hay una luz a la derecha, tenue, parece luz del día, lo que llamaríamos la luz verdadera, que no sé si es la verdadera luz o también una alucinación. Porque yo, que lo leo todo, me apunto siquiera por unos segundos todo lo que advierto, registro con mis ojitos cansados cada garabato de pared o cartelón de fachada, creo alucinar. El mensaje del fondo, ¿de qué habla? ¿Qué pretender vender? ¿Qué reclama? ¿O es una capa que ha quedado al descubierto cuarenta años después de los anteriores cataclismos del sistema? Alucinaba de tal manera este cronista callejero que fui, toqué las letras, deletreé: la ele con la u, lu. La che con la a, cha. La o con la o, solo o. La be con la erre y la e, bre. Y la erre y la a, dan ra. Cuando intenté leerlo de seguido no me salía. Pero sentí una agitación tan grande dentro de mí que corrí buscando la salida. Pero no la encuentro, señores, no la encuentro (aunque la desee)





sábado, 15 de diciembre de 2012





Escucho la piel que habla
               sobre mi piel de textura antigua
y en tantas voces
y con tantos ritmos
               que esconde mi nombre.
             
                         




Di que llegué hasta aquí
                 caminando entre las estrías
de mi desorden
buscando la última oquedad
                 del silencio insomne.







Dime que nací
                      no para poseer sus reinos
sino para habitarlos
y humilde libar los jugos
                      de su deslumbrante sabiduría.



jueves, 13 de diciembre de 2012

Suspirando por Ravi




Cuando un gran músico muere. Y los recuerdos de los tiempos que creímos y sentimos felices nos acechan. Solo queda permanecer en silencio, palparnos la piel y suspirar. Mereció la pena vivir lo que vivimos cuando escuchábamos en grupo sus interpretaciones, despojándonos de nuestras inquietudes y aplazando miradas cómplices, para entregarnos al gran y medido ritmo. A la gran enajenación, de la que salíamos purificados.  Nos envolvíamos en los sueños y en los colores de aquellos arpegios. Crecíamos en ellos. La música nos hará nuevos. Y además libres. Gracias, Ravi.






domingo, 9 de diciembre de 2012

Nuestro error






la vida duele
                  ver que nada cambia aunque nada se detenga
de lo que está instalado sobre nosotros
y que nos enchiquera en los pequeños márgenes
                 que son también suyos

vivimos solo y solos
                            en minúsculos y reducidos espacios
(por vivir quiero decir ser)

nuestro error debe consistir en pensar
                  meditar  
                             considerar
                                             razonar

(naturalmente es el error de quienes se atreven a todo ello)

y sobre todo pretender decidir
(un imprudente error, el más peligroso;
                  es obvio que hay otro mayor y definitivo:
                                                                              pretender actuar por nuestra cuenta
y conforme a nuestro pensamiento)

pero siempre están por encima los monstruos
(ahora más abominables y poderosos que nunca)
                  impidiendo
que decidamos
                  y que lo hagamos desde cada uno
y con muchos

¿qué margen nos dejan?
uno exclusivamente: consumir ciegamente sin saber
si más allá viviremos
                  (insisto: vivir es ser o no es más que inercia absurda)

lo demás, no nos engañemos, es decir amén
mal vivir

¿y las ideas?
                  presumimos tanto de ellas
¿quién no tiene ideas como éter flotando en derredor?

mientras no salgan de nuestras mentes
                                                         ni las traslademos
ni las fecundemos entre otros individuos

                  nos toleran

porque saben de sobra que las ideas se anulan en su propio redil
y no les crea riesgo
¿debemos respetar esas fronteras de alambre de espino?

me pregunto cada día si eso es la libertad de vivir

si la libertad (cuando hablo de libertad hablo de ser)
                  es vivir encerrados en nuestras mentes
o renunciar a lo que genera: eso llamado conciencia
                  elemento éste de no siempre clara existencia y aún más difícil explicación

solo nos espera la locura

los monstruos se frotarán las manos
una vez más
                  y el mercado
su dios de dioses bendecido
por la casta de las castas que ha vivido del cuento de su dios
                  cantará la felicidad de los imbéciles en su criminal insensatez


sábado, 8 de diciembre de 2012

Gran expresión, 2.





Curiosa coincidencia. El Roto también habla con su propio lenguaje hoy sábado en el periódico El País, llamando a las cosas por su nombre.

¿Veis cómo a todos se nos puede ocurrir algo para fomentar el uso del lenguaje, ya sea en bable, gallego, euskera, catalán, castellano, aragonés, caló, por lengua de signos o a través de onomatopeya?  Al adecuar el sentido de las palabras, al renovarlas en su rica sustancia, al actualizarlas consecuentemente a los hechos, estamos rescatando el concepto. No son solo las palabras las que se han venido desvirtuando o prostituyendo, tanto desde las altas instancias de la nación como desde la masa repetidora de la voz de sus amos. Son los conceptos a los que sirven, o deberían servir, las palabras los que se demuelen día a día. Si se dice honorable (por poner un ejemplo recientemente escandaloso de cierto presidente que fue de la patronal) a quien ha sido ladrón, ¿se ha producido un mero, malo y defectuoso uso de los términos? ¿O se ha dado impúdicamente la vuelta al concepto de las cosas?

Corrijamos las palabras, los conceptos y, consecuentemente, el sentido o significado. Los conceptos deben servir para ordenar el sentido de cuanto nos rodea. Deben significar su valores reales. Pero ya sabemos hasta dónde llegamos. ¿Qué puedes esperar de una ciudadanía que llega a una tienda y dice: deme un kilo de garbanzos o dame un whisky, cuando en realidad lo está comprando? ¿O: vengo a que me dé un crédito bancario o me conceda una hipoteca, cuando estos productos los va a pagar con creces? Pues cabe esperar eso: que volvamos a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Por la cuenta que nos tiene.




viernes, 7 de diciembre de 2012

Gran expresión




17:30:05 de hoy

letrero fotografiado en la marquesina de una parada de autobús urbano: pequeña expresión de resistencia pacífica de un ciudadano

no sé si todo lo pequeño es hermoso, como decía Barry Commoner, pero sí creo que lo pequeño es grande, como fue escrito en el Tao

¿y si muchos ciudadanos (pretender que fueran todos sería irreal) colocáramos cartelitos con textos análogos por doquier, hasta formar un océano de mensajes?

¿alguien sugiere modelos de textos?

más simple no puede ser; más verdad no puede haber; más actitud constructiva nadie puede negarla



jueves, 6 de diciembre de 2012

Día del Papel Mojado





Os deseo a todos mis radioyentes que paséis un buen día del llamado Día de la Constitución, con olor y sabor a invierno no solo de clima sino de alma.

Como es tristemente sabido, las efímeras Constituciones que han existido en la historia de España han sido inoperantes, escamoteadas, prostituidas, incumplidas, degeneradas o traicionadas, incluso a sangre y fuego (elíjase la acepción que cada uno encuentre a su gusto) y al menos, de momento sirven para que haya un festivo, y que un sector de los españoles no trabaje, otro se vaya de vacaciones unos días si su pecunia particular se lo permite y una minoría de políticos engreídos se crean representantes de la sociedad, del pueblo o de la grey (aquí vuelva a escogerse el término que cada uno encuentre más simpático) en sus actos hipócritas que celebren hoy.

Ahora entiendo, visto todo lo que acontece en esta finca de 504.782 km2., que algunas viejas representaciones iconógraficas (también rancias, también opresoras, también desagradables) se mantengan. Y cada vez más bendecidas por las instituciones seculares que adoran recibir prebendas, inversión del estado, exenciones fiscales y bienes varios (si alguien que lea esto tiene duda que pregunte a un tal señor Wert y su cohorte opusdeística y episcopal en vigor) Ad maiorem dei gratiam, naturalmente.

Lo dicho, buena salud y humor al menos en el Día del Papel Mojado.




martes, 4 de diciembre de 2012

cuatro de diciembre





quisiera dejar de mostrarme afectado; que no me afectasen los acontecimientos; que la afectación se volviera invisible y un rayo de insensibilidad me convirtiera en cenizas; lejos de asimilar la razón pura de cuanto hacen los hombre a mi alrededor (y no me libro de mi parte alícuota) me debato entre entender y no comprender; los matices se hacen grandes o se empequeñecen, se alternan en sus volúmenes y en sus perspectivas; siento su peso, su desagradable galope sobre mi osamenta de animal nómada, extraviado de la manada; auto excluido, aunque no lo suficiente, de ese inmenso corral donde se afirma la domesticidad; en la covacha afectada de mi pensamiento abomino de la mansedumbre; algo o alguien pronuncia dentro de mi la vocación del salvajismo más primitivo; aquello que nos creímos ya superado; aquello que sabía a sustancia pasajera, derrotada con el primer aliento; aquello que siempre temimos y conjuramos; y para evitarlo nos entregamos a las mil y un maneras de integración que siempre acaban invocando igualmente el instinto más primario; quisiera creer que la línea absolutamente oblicua de la larga marcha desde el salvajismo y la intemperie hasta el presente ha merecido la pena; entiendo pero no comprendo; entiendo el esfuerzo, los logros, la capacidad conquistada, pero no comprendo el desaprovechamiento; no comprendo la sentencia de la inferioridad a que se nos sigue sometiendo; las bestias nos precedieron siempre en el reino de la naturaleza; las combatimos para absorber su poder; extrajimos de su materia el arcano de su fiereza; hasta que un día proclamamos a los cuatro vientos: somos las nuevas bestias; hemos cantado a los dioses de la luz cenital; hemos adorado a los seres de las tinieblas; hemos edificado el reino de la fantasía para, como modernas bestias, justificar la mansedumbre; decidme cuantas palabras gustéis, que ya apenas creo en ellas; cantadme mejor nanas, que me endulzan la memoria y el sentido; evitad plegarias, eso sí, pues al muerto, como le pasaba a aquel otro muerto que se desangró en su poesía, le horrorizarán especialmente y se levantará desde su inconsistencia definitiva para escupiros; alguien o algo quiere manifestar compasión, pero no acepto este rasgo de los mansos; no voy a heredar nada y me preocupa poco que dibujen otra imagen de mí

(le he escuchado con la puerta entreabierta; no he querido entrar; le conozco lo suficiente como para saber que no es ningún acceso de demencia; le conozco como para intuir que sabía que yo llegaba y él interpretaba su queja para que yo le oyera; no debo intervenir; debo simular mi presencia y aparentar la  ausencia)



(Ilustración de Manuel Boix)


     

lunes, 3 de diciembre de 2012

La broma




"Hay que trabajar más y ganar menos."
Antonio Díaz Ferrán, expresidente de la CEOE, la gran patronal española.


Se nota la bilis, ¿verdad? Lo dice Lowon con su inteligente y sarcástica visión:  "Lo aplicas a cualquier tema de actualidad y ya tienes a un político balbuceando, a un alcalde carraspeando y a un dependiente del Corte Inglés ahorcándose con la corbata. Delante de una pregunta directa planteada con naturalidad se fríen como vampiros al sol". Ni dios soporta la pregunta directa. Ni dios admite que si da el sol de plano es que es el mediodía (y eso que apenas calienta) y por el contrario te contestan que la noche es bella. Ni dios asume las responsabilidades. No soportan la realidad, porque hablar de la realidad sería llevarnos a conocer y analizar las causas. Las causas nos conducirían a los causantes, es decir a los responsables (prefiero llamarlos causantes, porque lo de responsables es un término que pilla grande a cada uno de los que controlan y dominan la vida de la sociedad) Así que los causantes de toda la mierda que corre por este muladar en el que están convirtiendo el país tratan de ocultar las causas porque, además, la Navidad está ahí, a las puertas, días de alegría, felicidad, familias, consumo. Y quién sabe si suicidios.

Consumid, consumid, malditos. Sed eternos Peter Pan cutres, no crezcáis nunca, no vaya a ser que penséis, que exijáis, que queráis otra cosa. Por ejemplo, lo vuestro. No solo la eterna plusvalía insatisfecha por mor de las reglas fundamentales del sistema, por lo que constituye el propio corazón del bosque. Sino que también os queráis coger todo aquello que el gobierno, los defraudadores del fisco, los bancos, la Iglesia (si no paga el impuesto  IBI  ¿no es robo?)  os hurtan, os desproveen, os niegan. Toda esa masa de mercaderes que se retroalimenta, porque a su vez resulta que los bancos son los mayores defraudadores, que juegan con dinero ajeno en los paraísos fiscales, los grandes empresarios no pagan todos los impuestos o se sienten aliviados por deducciones y subvenciones oportunas, el gobierno gestiona que todo eso sea posible y la Iglesia lo bendice como es su costumbre evangélica con su miserable silencio. Consumid, consumid, malditos y callad. Y como dijo aquella diputada del PP con tanta sinceridad como horror: si no os gusta, os jodéis.

No soy partidario de meter a todos los políticos en el mismo saco, porque no todos están en el mismo saco. Ya tengo callos suficientes como para no hablar en términos generales ni mezclar churras con merinas. Pero a los partidos mayoritarios, de entrada NO los salvo. Así que no solo no les gusta reconocer toda la realidad, sino que además lo suyo  -su manera de afrontar la realidad, el modo de mentir, las triquiñuelas para desviar el fondo de la cuestión-  es ya una broma. Se inventan e imponen una parte o una versión de la realidad, y  toda la barbarie que nos va arrasando se va a hacer en nombre del realismo, de que no se puede hacer otra cosa, de que la situación es la situación. ¿Pero qué se va a hacer? Imponernos sacrificios, rebajar la condición de la ciudadanía, empobrecer a las familias. Ya no se trata de recortes en inversión, sino de atracos descarados y directos (el último versa sobre no tener en cuenta la revisión del IPC para las pensiones) Y el gobierno y su leal y desaparecida oposición socialdemócrata (menos mal que nos quedan más allá en la izquierda algunas moscas cojoneras que llegan donde pueden) siguen inmersos en sus perlas cotidianas. La Aguirre diciendo que el sistema de salud pública está a punto de morir de éxito (nebulosa cita que ni la pitonisa de Delfos sabría que ha querido decir) El Rajoy que la culpa la tenemos los españoles por haber gastado tanto (por lo visto los industriales y comerciantes son angelitos y servidores que no han hecho nada y se van de rositas) Y la perla sabrosísima resulta escuchar al Ribalcaba que ahora van a ser radicales reformistas y el PSOE va a mostrarse anticapitalista...¿No suena todo a broma, hermanos?

La cita del principio viene a propósito de que a ese ilustre defraudador que echó a los trabajadores de sus empresas al paro le han detenido hoy por alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Todo un presidente en su tiempo de la exigente patronal española. Cosas veredes. ¿O creíais que la realidad era otra y la legalidad imperaba? Como para que no nos salga la bilis en el rostro.

viernes, 30 de noviembre de 2012

La vergüenza de Buda



Cuando al final de la película Buda explotó por vergüenza el niño Abbas grita a su amiguita, ante el acoso de los demás niños que juegan a la escenificación de la guerra: Baktay, muérete, si no, no serás libre, ¿plantea una mera salida del juego para que los niños la dejen en paz? ¿Se convierte en una metáfora de la manera de vivir en Afganistán, la imposición fundamentalista de los talibanes y la latencia de la guerra? ¿O habla de la marca y aceptación del poder patriarcal y machista que invade aquella sociedad desde la infancia y que los niños varones la reproducen fielmente? No hay elección, es todo ello y es más.

Esa sensación de que las niñas viven ya en sus primeros años de vida un apartamiento se refleja en las miradas desvaídas, tristes, anodinas de las escolares. Pero Baktay no es una niña como las demás. Ni siquiera su madre consigue que se quede en su vivienda cueva a cuidar del hermanito. Ella ha escuchado contar a su amigo Abbas un cuento que, a su vez, ha escuchado del maestro: Un hombre dormía bajo un árbol. Le cayó encima una nuez. El hombre se levantó asustado y dijo: menos mal que no ha sido una calabaza. Si llega a serlo me hubiera matado. Este relato simplón y breve fascina a la niña, que ve cómo su amigo recita además constantemente las letras del alfabeto, echado sobre el cuaderno o según recorre el camino a la escuela. Un relato que es una historia. Y la niña lo ha entendido desde el primer momento. Por esa razón, ella quiere ir por su cuenta y riesgo a la escuela. Su madre deja de aparecer desde las primeras escenas de la película y es como si ya no existiera. La niña se constituye en independiente en base al afán que ha descubierto de boca de su amigo Abbas.




¿Qué se necesita para asistir a la escuela y aprender? Un cuaderno, un lápiz, una goma, un sacapuntas; unas veinte rupias afganas. No las tiene y nadie le fía ni le regala. Sólo le sugieren que busque el dinero; que se lo pida a su madre; que venda algo de su pobre propiedad, tal que unos huevos. Que la niña descubra en esa fijación maravillosa por asistir a la escuela que entre su corta edad y las posibilidades de aprender media nada menos que el mercado -sumamente rural, humilde, de recursos escasos- constituye parte de ese aprendizaje de la vida que ella considera medio para obtener lo que persigue. Cuando al menos consigue comprar un cuaderno y le preguntan para qué lo quiere ella, que aún es analfabeta, responde: lo he comprado para ir a la escuela a aprender historias. Conciencia del relato para una niña que ni quiere permanecer sometida a la tradición de la pata quebrada ni desea jugar tampoco a la guerra con los niños varones, negándose abiertamente. Canto al tesón también, a la insistencia, a la implícita proposición de superarse, encarnado en la niña Baktay. Comparando con estos tiempos y con nuestra sociedad, donde muchas generaciones han vivido entre algodones, teniendo cuanto deseaban, sin que les faltara nada, la muestra de esa vida de mínimos en Afganistán, donde se valora sin alharacas el esfuerzo por lograr su meta es toda una lección emocionante.

Impresiona cómo tienen interiorizado los niños no solo la guerra en sí sino el triunfo de los talibanes, la represión de las costumbres liberales o paganas y las consignas antiimperialistas americanas, y todo ello lo reproducen fielmente, como seguramente lo han hecho siempre los niños del mundo que han sido rozados o hundidos por un conflicto armado. No por ese teatro que se montan entre ellos a matarse sin hacerse daño, sino por la captura de rehenes que, oh casualidad, precisamente son las niñas. Escenificar como juego una lapidación da idea de cómo tienen interiorizados sus sistemas de castigo social. Pero resulta especialmente crudo comprobar cómo las niñas asumen con miedo las amenazas de esa figura del varón-guerrero que encarna un niño-jefe, incapaces de escaparse cuando se lo propone Baktay.

Baktay no solo es la rebeldía doméstica, la independiente que busca ir más allá, la que desea liberarse a su manera a través de los relatos, sino la que enseña la rebeldía de la feminidad más lúdica que uno pueda imaginarse. Las escenas de la escuela de niñas pequeñas no tienen pérdida. Metáfora de la mujer-niña que capta el sentido de la libertad y para la cual las dificultades -que le detengan en el juego de la guerra los chicos, que le rompa todo el mundo hojas del cuaderno, unos para hacer aviones, otros para construir barcos de papel, que la echen de la escuela- no detienen ni su energía ni su manifiesto poder. ¿Qué otra cosa es, si no, el toque de la campana en la escuela que lanza a los escolares fuera de sus lecciones? Fascinante niña Baktay que te conquista desde las primeras escenas y te embarca en su modesta aventura de intentar sentarse en la escuela. Aunque, al final, tenga que hacer la pamema de caer muerta de mentirijillas para que los niños-guerreros le dejen tranquila.

Coda. Por cierto, la película se desarrolla a los pies de la enorme oquedad que dejó el gigantesco Buda de piedra que dinamitaron los talibanes. Pero que nadie se piense que Sidarta Gautama se reencarnó en la niña Baktay, aunque quién sabe, quién sabe. Una Buda para comérsela.



La directora Hana Makhmalbaf



domingo, 25 de noviembre de 2012

Nos enseñan




Pero la foto de la escuela derruida puede enseñarnos más.
Los escolares que escriben en la pizarra nos enseñan.
Ellos, que tienen que aprender, son en ese instante nuestros maestros.
Porque han probado ya el sufrimiento, la carencia, el esfuerzo de encontrarse en mínimos,
el volver a empezar.
Porque también es el triunfo de la tendencia del hombre a su superación.
A superar sus miserias, sus dificultades, sus negaciones.
A querer aprender.
Con escuela y aprendizaje puede haber conocimientos
y partiendo de ellos se llega a consolidar el pensamiento individual.
Pensar es algo que va más allá de las doctrinas, de la imposición de ideas,
del sometimiento a disciplinas,
de la mera necesidad de la alfabetización para el engranaje del sistema productivo.
Aprender para pensar, ante todo.
Pensar es reflexionar.
Pensar para comprender.
Comprender para elegir.
Elegir para hacer de la libertad no solo un anhelo
sino un estado de vida.
En cada escuela bombardeada crecerá de nuevo
la tendencia a querer saber.
Ahí está la verdadera terapia contra el odio.
Para los agresores el odio es fácil
porque saben que se trata con nueva represión.
Pero si dominas el odio con las ganas de saber
desactivas el odio
desarmas a los agresores.
Escolares de Gaza:
vuestros pertrechos están en la tiza y el encerado.
De ahí dimana la fortaleza que os refuerza ahora
y edificará vuestro futuro.




¿En nombre del dios?




Cuando veo imágenes como esta que me sirve la prensa, me dan ganas de vomitar. 

Nota. Escuela en Gaza bombardeada por el ejército del Estado de Israel esta misma semana pasada. No es parte del cuento anterior ni propaganda preparada por las organizaciones armadas ni por la autoridad palestinas. Supongo que aquellos que se reclaman pueblo elegido del dios no sentirán la misma tristeza que yo. ¿También se siguen haciendo estas cosas en nombre del dios? Pues qué asco de historia de los hombres.  Un punto de reflexión, por favor. Cualquier conducta humana, constructiva o demoledora, es digna de ser considerada para cualquier otra parte del mundo. Sea para corregir, para evitar o para tomar ejemplo. En este caso, díganme ustedes para qué.




viernes, 23 de noviembre de 2012

Un cuento viejo que sigue en vigor




Aparece en uno de esos cajones que no se miran casi nunca un cuento.
Es un cuento pequeño de tamaño pero muy grande en lo que cuenta. 
Es un cuento un poco roto pero que contiene una historia antigua.
No por ser vieja es una historia que ya ha pasado.
Para mucha gente sigue siendo su Historia, y por mucho que haya otras historias
esta sigue en vigor y es sufrida aún por todas esas personas.
El cuento va dirigido a niños españoles o que hablan español
pero también a adultos que no crecen nunca
no porque no tengan más años sino porque no quieren enterarse de lo que les pasa a otros.  
El cuento es dulce y es agrio.
Es dulce por lo que cuenta de otros seres pero amargo por lo que no parece tener solución.
El cuento es entrañable pero duro.
Es entrañable porque cuando lo lees quisieras pertenecer a otras especies
o a la misma especie de otros lugares del mundo.
Es duro porque la vida es difícil para los que viven en el territorio del cuento.
El cuento no tiene final feliz, simplemente porque no tiene final.
El cuento no tiene desenlace pacífico, porque no parece que otros quieran la paz.
Tampoco el cuento habla de paz, porque para que exista tiene que darse la convivencia.   
Y esta no se hace con humillaciones, muros, guetos y explotación.
El niño que hay en la viñeta final contempla las estrellas.
Si mira hacia abajo solo ve desgracia y la palabra futuro no existe
salvo en los labios de los que fomentan falsas ilusiones.
Parece un cuento inocente por su ilustración
pero la vida de los personajes despreciados no se permite la inocencia.

Os lo dejo, porque no sé si algo ha cambiado.

















* Este cuento dice en la contraportada:

"Hogar. Siempre lo anhelamos. El hogar acogedor donde los colores, las formas conocidas y el amor se mezclan con nuestra tierra nativa donde nuestros chicos se sientan alrededor de su abuelo escuchando atentamente, sumergidos, más allá de las palabras, sus cuentos. ¿Quién, entonces, quién tiene derecho de arrancar un ser de su hogar nativo? Díganme, ¿quién?"

Fue publicado hace más de treinta años por Dar Al-Fata Al-Arabi, en Beirut, Líbano.






miércoles, 21 de noviembre de 2012

Pelotitas



Que no puedo evitarlo. Que me gusta esta foto (qué buen cartel podría ser si Berto Romero cediera derechos) denunciando la utilización de las siniestras y dañinas (cuando no criminales) pelotas de goma de las denominadas con eufemismo fuerzas del orden. Y eso que yo soy de los de antes de. De cuando jugaba, desafiando a mis propias fuerzas, a la pelota sana en un frontón y me destrozaba las manos. De cuando primero disparaban balas de verdad y luego preguntaban. De cuando disparaban al aire y caía alguno de los que iban contigo. En un momento dado los ingenieros de la represión se modernizaron, perdón, se democratizaron, y trajeron los gases, las pelotas negras y otros artefactos. Disuasorios. Ya no se iba a matar más (de repente) Eran elementos disuasorios de contención de manifestaciones. Qué avance, señor. Ya no se iba nadie a morir al momento. Con los nuevos inventos, si pasaba algo era por causalidad. O no haberte puesto delante, como oí decir de cerca a uno de los que le daban al gatillo. Espléndida humanidad al concebir las tamañas pelotitas negras como el betún (qué densidad el material de las que se disparan frente a las del frontón) que sacan ojos, rompen costillas, destrozan testículos, machacan una teta o te desnucan.

Tal como hace el humorista de la foto, hay más gente  -amigos o simplemente gente sensible-  que se solidariza con la chica que ha perdido un ojo por delicadeza de los Mossos (el gran Perich diría ahora amb una pilota de goma, si us plau, que el señor Puig no se da por enterado) Y que está haciendo circular fotografías en plan tuerto por las redes. Que no puedo evitarlo. Que me gustan las acciones pacíficas que responden a las bestiales, como esta titulada "Ojo con tu ojo". Que creo en la denuncia colectiva. En sumar y poner en cuestión a los que no comprenden eso de ser pacífico. Nunca entendí que un continente, un país, una ciudad o una protesta se pudiera pacificar a sangre y fuego. Y si no, que se lo pregunten a los palestinos, además de a los manifestantes catalanes, madrileños o valencianos (por citar alguna idiosincrasia que otra) que han probado en sus carnes la medicina disuasoria.


Véase:  http://www.eldiario.es/catalunya/Campana-denuncia-pelotas-parte-Mossos_0_71392886.html



lunes, 19 de noviembre de 2012

De agresiones...y agresiones




"¿Por qué sacrificar a unos para hacer felices a otros? Normalmente, son los mejores, los más valientes, quienes eligen dar su vida para salvar a quienes se esconden en su agujero. Entonces ¿por qué alentar el sacrificio de los justos y permitir que los menos justos les sobrevivan? ¿No te parece que esto es echar a perder la especie humana? ¿Qué va a quedar de ella, dentro de unas cuantas generaciones, si son siempre los mejores los que tienen que sucumbir para que los cobardes, los farsantes, los charlatanes y los cabrones sigan proliferando como ratas?"


Lo dicen Amín, el protagonista de El atentado, novela de Yasmina Khadra, en una de las febriles discusiones que mantiene con alguien de su estirpe. Enmarcada la narración en un conflicto que va siendo extraordinariamente largo y que estos días vuelve a jugar una de sus cíclicas y sangrientas batallas, con el agresor israelita de interlocutor violento de fondo, ciertas conclusiones que se establecen en la misma recuerdan el callejón sin salida al que lleva casi siempre una causa del sacrificio. La causa de los suicidas armados palestinos o salafistas, por citar un par de casos, ¿qué parte de composición política y qué parte de manipulación religiosa tiene? Las aleaciones de religión y política siempre tienen un gran perdedor: el hombre. Y la obra elegida libremente por el hombre. La opción política, si no es laica y, por lo tanto, independiente y electa, siempre está sometida a la tiranía de la ideología religiosa. No es propiedad exclusiva de muchas pequeñas facciones resistentes del planeta (en el siglo XIX tuvimos este caso en España, materializado en el carlismo y sus guerras de religión y pro instauración teocrática), sino que también se manifiesta en la actitud de un Estado donde las castas sacerdotales controlan el poder (pienso inmediatamente en Irán) Cuando una causa del sacrificio cree triunfar no lo es tanto acaso por su capacidad de resistencia inerte y tenaz (es lo que más se exalta y la épica se escribe sobre esta base)  como que la correlación de fuerzas de los poderes en litigio se han modificado.

El atentado es una novela no centrada  fundamentalmente en el conflicto palestino-israelí, ¿o habría que decir más bien en las formas de humillación en que  viven los palestinos?, algo que está presente de la primera a la última página, que es lo que da pie a todo el desarrollo argumental, sino sobre los problemas de conciencia de un hombre que pretende, no, mejor dicho, que es o se considera ser librepensador, tolerante, y que si bien vinculado en sus raíces al lado más perseguido no obstante no hace principio de fe resistente ni dogmático ni violento. Problemas de conciencia que le acucian sobremanera al sufrir una traición personal, donde un elemento más hondo, el amor a su esposa, el vínculo que él creía mantener bajo control a la vez que le hacía feliz, se rompe de la manera más visceral que imaginarse pueda.

Terminar de leer esta novela (publicada en 2005) y volver a hacerme eco del último episodio de sangre de mano sionista (que en definitiva es la doctrina religioso-política que controla el Estado israelí) ha sido una casualidad. Pero que me conduce a prolongar las reflexiones que me había motivado el relato. Por supuesto, la complejidad local e internacional de los acontecimientos en el avispero del próximo Oriente, el derramamiento de sangre inocente, la probable nueva destrucción inmediata de un gueto (Gaza no es sino un campo de internamiento a merced de los márgenes de maniobra que los israelíes quieran conceder a sus cerca de dos millones de habitantes), el silencio cómplice de las naciones occidentales y muchas de las árabes, no van a privar precisamente a los palestinos de que las doctrinas del fanatismo sigan teniendo su caldo de cultivo.


 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Homenaje a un imprescindible





Es probable que sea un objeto perdido. Perdido incluso de su propio fin. Superviviente, sin embargo, de algún derrumbe, de un naufragio, en cualquier caso de una desaparición. Apareció un día por azar en mi vida, como se suele decir. Largo, herrumbroso, doblado, con una cabeza en T aplastada. Casi me parecía escuchar su voz, y con ella su agradecimiento por conservarlo más allá de su tiempo y por acogerlo para un reposo eterno. La eternidad, se supone, del hombre que lo adopta. Es decir, brevísima. La pesada frialdad del metal no solo no me ha suscitado rechazo sino que me ha conmovido. Y revolotean en mí las preguntas sin respuesta, es decir, el enigma. Dónde habrá permanecido durante los últimos siglos. En qué momento dejó de ser mineral para pasar a aleación y de ahí a convertirse en una pieza necesaria para una obra humana. Qué maderamen de navío lo habrá mantenido en su seno. Los brazos de qué cruz nefasta no habrá vinculado para oprobio de un reo. O qué estructura de edificio  -escuela o cuartel o audiencia o templo o vivienda-  habrá ennoblecido con su modesta aportación. Lo sujeto en la mano, no con firmeza, sino con la delicadeza de quien posee un tesoro de valor implícito. Porque ¿hay mayor valor que sobrevivir a la incuria del tiempo y ser testigo de alguno de los hechos de los hombres? Miro sus vetas, las que ha labrado en su estructura y composición el ámbito donde haya permanecido incrustado. Contemplo alelado su simulada insignificancia y leo en ellas cuanto posee de poder. En apariencia solamente se trata de un largo y viejísimo clavo. Tan humilde, tan expulsado de su misión útil, tan despreciado en su estado actual. Tan imprescindible mientras duró su mundo. Pero si estuviera dotada su materia de pensamiento como la mía, ¿se sentiría orgulloso o solo sorprendido de que alguien lo reconozca en su decrepitud y obsolescencia?


jueves, 15 de noviembre de 2012






Cuando ponías mi dedo
sobre las letras
tú, ¿qué mirabas?
yo, ¿qué leía?

Tantos años después
y arrugado ya mi índice
aún deletreo

¿Habrá que dejar pasar las palabras gastadas
y aprender de las nuevas?

¿O tal vez haya que volver a interpretar
las que olvidamos
porque no hemos entendido el mundo?