Cosmopolitas de todos los países, ¡un esfuerzo más! Jacques Derrida




domingo, 29 de abril de 2018

Deriva de la búsqueda




OBSESIÓN por la búsqueda. Quisieras que fuera como antes, como siempre. Buscar, ese verbo ilimitado, sin duda una metáfora. Multiplicas su conjugación. Te reproduces con ella. Buscar es deslizarse, colarse por rendijas, asomarse un peldaño al paisaje. Animal te ves, olfateando ámbitos que desconoces, ya contrarreloj. ¿Se trata, una vez más, de aquella lejana búsqueda a ciegas? La busca como fuerza. Identidad del hombre mutante. Pero la búsqueda es algo inasible. ¿Pretendes que te sostenga solo porque en ella te miras? Te ves y no te ves donde empezaste.


(La fotografía del hombre que mira es de Jacob Aue Sobol)


sábado, 28 de abril de 2018

Deriva de lo inconcluso















"¿Los sueños buscan el mayor peligro?"

Jorge Guillén, Cántico.


CONSTRUCTOR de caminos paralelos te crees. ¿Uno, el que tienes, te parece de poco recorrido? ¿Acaso pretendes caminar por dos direcciones que se bifurcan? ¿O temes el horizonte que se te brinda abierto pero que convergerá en lo finito? No se sueña para la vida cotidiana, sino contra sus límites. Absurdo, absurdo, grita el arquitecto de engañosos edificios cuya arenosa cimentación pretende sostener. Pero mientras sueño, edifico, dices. Si bien, ¿te das cuenta que no calculas las medidas correctas y acabas dejando las obras a medias? Te arriesgas a un alzado perpetuamente indefinido, una de esas estructuras que prometían tanto y a la que se acaba llamando la casa inconclusa



(Vela, desvela Evgeniy Shaman)


jueves, 26 de abril de 2018

Deriva de la senectud














OLVIDADAS las canciones, borradas las confidencias de los descubrimientos, apagado el griterío desenfrenado de los juegos, desgastados los mimos, ignoradas del todo las caricias, los ojos se nos fueron achicando, las palabras que nos impulsaban otrora se adentraron confusas en territorios que no sabíamos reconocer, los músculos rezagaron nuestros saltos hasta lo inimaginable, mientras los monstruos maquinaban contra nosotros y el suelo se agrietaba en su fragilidad, y solo entonces, en un ejercicio último de salvación, supiste reconocer en la succión de aquellos dedos cómplices los antiguos sabores de la frutalidad generosa, guardados incólumes en un rincón del sueño, redivivos en un espacio secreto de tu reservada habitabilidad, silvestres y ácidos como el primer día que se te ofrecieron.   



(Eric Kellerman, foto)


martes, 24 de abril de 2018

Deriva de la indolencia





















"Ahora veo bermejos, verdes, azules, blancos y amarillos vergeles, sotos, llanuras, colinas y valles, y la voz de los pájaros suena y tintinea con dulce acuerdo mañana y tarde. Esto me induce a colorear mi canto con tal flor cuyo fruto sea amor, cuyo grano sea gozo y cuyo olor sea salvaguarda de la tristeza".

Arnaut Daniel, Er vei vermeills, vertz, blaus, blancs, gruocs.


¿POETA provenzal tú? Cierra los ojos bajo los olmos robustos. Que tus manos tallen sus raíces. Escucha su sinfonía de hojas aleteando calma. Si ha de haber un cómplice, que sea el mochuelo. No te proveas de ideas, solo de sensaciones. No estés en guardia por voces humanas, han olvidado el silencio. No atiendas recado alguno, aquí no hay más disciplina que la de la arboleda. No atices fuegos dentro de tus vísceras, devorarán tu paisaje. No te urjas con el tránsito de tus días, su dueño es el viento. No te angusties con redenciones, sino sálvate en cada instante. No ansíes crecer ni temas disminuir, el suelo te sostendrá. ¿Propuestas de un viejo hacedor de trovas que llevas dentro de ti? De aquel aprendes. De ti huyes. ¿Buscas, como el cantor alegre, suscitar atracción o tan solo te recreas en tantear tus límites? Date entonces a la sutileza del abandono. Humilde vasallaje a los reinos que te deslumbran.




(El poeta Hendrik van Veldeke en una miniatura del Codex Manesse o Gran manuscrito de la canción de Heidelberg)


lunes, 23 de abril de 2018

Deriva de la fotografía aparecida














HALLAZGO de una foto entre las páginas de un libro. La tuya. Suelo encontrar a veces hojas secas. Esa salvación o cautividad que uno suele acometer con las hojas aún lozanas de los árboles. Pero esta otra imagen, sin huella del paso del tiempo, donde aún no se aprecian nervaduras ni ajamientos, afila mi memoria. La corta, la hiere. Una foto extraviada, acaso guardada con disimulo, preservada de la finitud de nuestros cuerpos, tiene siempre algo de trampa. Desde el momento en que quedaste registrada en ella hasta la fecha se ha producido una traición. Hay un traidor, no yo, no tú, sino el Tiempo. También el paisaje fue sujeto a infidelidad, pero sobre todo lo fueron nuestros pasos. Tu caminar de madrugada entre la nieve, la agitación disimulada de tu voz, los mensajes que nos redimían del periclitar cotidiano. El intercambio de las sensaciones y de los deseos. Lo efímero es lo que permanece. Lo que conmovió nuestras horas nunca cicatrizará del todo. Loca carrera, se supone inútil, por la mirada de lo irrecuperable. Una fotografía traspuesta, una hoja lacia, un escrito lejano, los golpes ocasionales de la memoria, ¿claudicarán ante la zozobra del hombre? 




(Fotografía de Eric Le Sourd)

sábado, 21 de abril de 2018

Deriva de la carcajada




















COMPRUEBAS que los mundos en que has vivido  -te dan ganas de decir en que has soñado- se han ido poco a poco emborronando. Como un dibujo a carboncillo para el que te ha faltado el fijador todo se difumina. ¿Cuántos bocetos terminaste y cuántos quedaron en apuntes pasajeros? En bastantes casos ni siquiera triunfa la imagen vívida del recuerdo. Como mucho permanecen ciertas huellas del significado de lo que recuerdas. Pero también ellas se van diluyendo. Una simple carrera ya no es un galope. Un paisaje callejero ya no es un lugar habitado cómodamente. Un corro de amigos cómplices queda en una mirada al entorno y el latigazo del escalofrío porque no está nadie. Una idea o un proyecto mantenido con ilusión devino en una negación total, como si no hubiera existido jamás. ¿Qué decir de gratos coloquios interminables, de situaciones de seducción que nos nublaban, de las algarabías entusiastas que rompían las barreras entre lo aspirado y lo factible? Compruebas tus defensas mermadas y te consuelas. Aún tengo este reducto, resistente y llegado el caso fiero. Pero la carcajada, que piensa por ti, pone tus pies en el suelo. También llega en tu auxilio. La carcajada habla, discurre, se entrega. Ríe mientras sepas, dice. (Aunque realmente piensa: ríe mientras puedas)

 

(Corre que te corre, pequeño, por Willy Ronis)


jueves, 19 de abril de 2018

Deriva de la simetría











PON que la luz solo llega desde un lado. ¿Qué ves de ti mismo?  Una parte del rostro, al iluminarse, te hace creer que eres tú. Otra zona en penumbra te invita a adivinar. Tus dos lados dialogan desde mundos diferentes. ¿Y si recibo la luz desde ambos perfiles?, te preguntas. No te verás mejor. Habrás perdido tu sombra, que habla tanto o más de ti que la falsa claridad. Además, ¿no sabes que la luz total es cegadora y te conduciría a las tinieblas?



(Karin Székessy, foto)



miércoles, 18 de abril de 2018

Deriva del día siguiente















ES INCIERTO cuanto se tiene por delante. Incierto el mismo adverbio, jactándose de una ubicación aún no pisada. No por hacer planes el suelo es más firme, ni por echar cuentas más seguro, ni por pulsar el silencio del cuerpo está más garantizado. No hay un lugar para el día siguiente hasta que amanece. Solo la presunción y la costumbre, esos viejos mercachifles que por la noche se emborrachan dentro de nosotros y nos arrastran a la partida de trileros cotidiana, nos hacen creer que despertaremos. En la alborada un gallo, si es que aún queda alguno, cantará por nosotros. Y aun y todo habrá quien lo niegue.



(El fotógrafo Boris Smelov recorriendo las calles)


lunes, 16 de abril de 2018

Deriva del contemplativo



"Miro la espuma, su delicadeza
que es tan distinta a la de la ceniza".

Claudio Rodríguez, de Alianza y condena.


ASÍ ES, piensas, tu vida. Una contemplación. Allá, en lo más alto de la galería, la oscuridad a veces te devuelve destellos. ¿Las estrellas? ¿El guiño plateado de las olas? ¿Las esquirlas de luz golpeando los acantilados? No naciste para habitar las tinieblas, ni ellas se te dan a elegir. Los bramidos de los monstruos, seductoras sirenas o temibles lestrígones, no te asustan. Es el callado movimiento de los seres invisibles revestidos de hombre, ocupando territorios de tu inconsciencia, lo que te produce espanto. Pero no es su imagen lo que más rechazas, sino sus contradicciones. La oscilación entre su engañosa y aparente bondad y la perversa oferta de que las cosas no pueden ser sino como dictan que sean. ¿De verdad crees que la lámpara que ilumina el océano también te da luz a ti? Este espacio que crees te corresponde, por mucho que el fanal gire indicando tu posición, no se amplía ni es más tuyo por ello. Cava un sótano dentro de tu casa cuerpo y resiste en él. Atesora tus pequeños goces. Escarba y busca cuando la escasez te acucie. Pues sabes que bajo el roquedal la espuma es tuya.



(Willy Ronis, fotografía)


domingo, 15 de abril de 2018

Ce ne sont pas des seins o Willy Ronis censurado





El fariseísmo tradicional y la posverdad han engendrado un hijo también hipócrita en nuestro tiempo. La censura mediática de los señores y vigilantes de las redes sociales. En esta ocasión Facebook -sí la misma Facebook que ha dejado escapar los datos de 50 millones de usuarios, como se ha informado recientemente- se marca uno de esos paseillos de moralina que no se sabe si es producto de la ignorancia -¿Facebook ignorante y analfabeta?- o de una política de distracción.

La fotografía aquí presente de Willy Ronis (París, 1910-París, 2009), perteneciente al Museo Jeu de Paume de París,  ha sido cedida junto con otra parte de la colección al Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español de Valladolid para una exposición temporal. El viernes 13 se inauguró la exposición y le faltó tiempo a la empresa de Silicon Valley para imponer en sus medios la censura  de la fotografía, bloqueando temporalmente la página facebook del museo. ¿Cuestión de programación, de algoritmos o de simple puritanismo? Supongo que política, siempre política de provecho propio para aparentar y despistar. Hay que aparentar que se protege a los usuarios de los "peligros" del mundo y del demonio, aunque luego se desproteja a millones de la intimidad de sus datos personales.

Si no distingue el poderoso señor Zuckerberg el tocino de la velocidad, y se confunde tanto en el mundo de las expresiones artísticas o simplemente naturales, habría que decirle que al igual que existió el fotógrafo francés Willy Ronis que captaba espléndidamente más allá de la vida cotidiana, también hubo un pintor apellidado Magritte que pintaba una pipa y ponía: esto no es una pipa. Y entonces a los que ven febrilmente lo que les interesa de la realidad se les podría recomendar una cita análoga: ce ne sont pas des seins. Ah, mais non, monsieur, sí son unos hermosos pechos de mujer y ni usted ni nadie podrá impedirlo, por mucho que lo niegue y lo censure, una vez que Willy Ronis los captó.




viernes, 13 de abril de 2018

Deriva del desván















¿DE QUÉ te sirven los viejos mapas? ¿Qué utilidad tienen las polvorientas cartas marinas que acumulas en el desván? ¿Crees que esa colección desordenada de cuadernos de bitácora te puede aportar algo a estas alturas? Gran parte de la navegación ha concluido para ti. Puedes reconstruir a tu modo las aventuras vividas con ayuda de todo ese material y recrearte entre los datos imprecisos que conserva tu mente. En tu torreón del abandono restaurarás vivencias que apenas hallarían hoy su representación. Situarás litorales que ahora no reconocerías. Ubicarás ciudades que ya están lejos de ser amables. Ten sumo cuidado al abrir la puerta de las figuras y de los cuerpos y de las voces. Los rostros deslumbrantes que te sonrieron te esquivan. Los torsos cálidos que se pegaron a tu piel perdieron su sólida consistencia. Los dedos que trenzaron labores, y también caricias, con tus dedos están desfigurados. La dulzura cómplice de aquellas pronunciaciones que empatizaban con tus palabras hace tiempo que emprendieron la fuga. ¿Y hurgas todavía en los recuerdos para recomponer una vida periclitada? La memoria no es un material para la construcción, sino para retardar el derrumbe inevitable. Sube, sube si quieres hasta el cuarto trastero a buscar lo que ya no encontrarás. Pero antes detente y reposa junto al mirador náufrago. El pasado agota. Y el océano permanece.


(Mapa en evolución cartográfica de Ave Pildas)


jueves, 12 de abril de 2018

Deriva del aislamiento
















LA OSCURIDAD esconde voces y dispersa sonidos. Es la hora en que la tierra no se ve. Lo que se siente tampoco es tierra. Rugido de la piedra herida en la base del acantilado. La linterna del faro y su baile nocturno. La borrasca compone una sonata para el hombre en su aislamiento. En la casa cerrada se concentra el último vaho de los poseídos. Qué tormenta prefieres, se interroga el atormentado. Todo cuanto tiene nombre lo pierde en ese momento. Categorías, registros, datos, procesos, herramientas. Se desproveen de identidad ante la galerna. El hombre sube al mirador y contempla las bofetadas de lluvia sobre la vidriera. Está turbado. La edad no garantiza seguridad; proporciona mayor temor.  Lo conocido sigue siendo lo desconocido, medita. No ve sino el sudor del mar. Vigía de las tinieblas, intuye el océano pero no podría describirlo. La banda de luz rota cadenciosa sobre su cabeza; converge cómplice con la línea invisible del horizonte. Al otro lado, ¿qué hay? Qué esperas.



(Kazimir Malévich pintó el cuadrado)


lunes, 9 de abril de 2018

Deriva de la marea













DESPLAZAMIENTO pausado de un tarde de estío. Las cuatro paredes se impregnan de la humedad salina. Las cuatro paredes tienen ventanas de colores. Azul, amarillo, verde, sil. Esta última es puerta, y en el dintel, por el exterior, hay una escritura: nadie entre aquí que no sepa...La frase está inconclusa, a propósito; no sabes por qué. Todos los vanos están abiertos de par en par, pues los postigos solo se cierran en invierno o a la llegada de las galernas. Tu cuerpo se somete a la agitación de las corrientes, que se cruzan en un recorrido axial sobre tu carne. Te resecan la piel, te taladran las vísceras, te acuchillan la garganta. El oleaje, cuyo runrún es cada vez más perceptible, te adormece. De pronto, la intensidad de la pleamar y tu sobresalto. En el espacio de penumbra de la torre el piso de madera cruje con suavidad. No te esfuerzas en mirar, no te mueves, no haces girar tu torso resbaladizo. Presientes una presencia muy queda. Pero no la sitúas por un olor, ni la distingues por una voz, ni la reconoces por ningún tacto. No la materializas con una imagen corpórea. Si alguien habita en la reservada umbría de la estancia no quiere mostrarse. O aguarda a su tiempo. Tal vez le basta saberse intuido, como la marea. El aire denso suele construir extrañas figuras para sorprender a los que entran en la torre sin saber a qué. Qué no sabes. A quién esperas.   




(El fotógrafo Ave Pildas agita la pleamar)


domingo, 8 de abril de 2018

Deriva de las estatuas al paso de von Aschenbach





















DE LAS ESTATUAS no te atrae su exuberancia triunfante ni tampoco sus formas vestales ni siquiera sus rasgos helenos, ya vistos tantas veces. Ni ellas mismas, te parece, creen ya en lo que representaron una vez. Te fascina la naturalidad del aire viviente que exhibe su decadencia. Hieráticas o agitadas en sus escorzos manieristas, marmóreas o graníticas, simbolistas o adustas representaciones lineales, es su despacioso deterioro lo que les confiere un aliento próximo a los humanos. Y cuando encuentras efigies cuya pátina las hace más sabias, descolgadas ya de sus pedestales originales, sientes que intercambian contigo un diálogo íntimo. ¿Has oído cómo te hablan las de estos parterres? Me dijeron que era una diosa, te dice una que domina el paisaje y que, aun algo ajada, rezuma perennidad ; yo cabalgaba como un condotiero, dice otra que mira a las fuentes y que mantiene su aire imperial; jamás salí de mi condición de esclavo derrotado, dice la de más allá postrada en una eterna caída. En los jardines, mejor que en los museos, las estatuas se aproximan a la condición del hombre. Las protegidas y cerradas galerías, por el contrario, convierten a las imágenes en presas de la no vida, por mucho que los técnicos traten sus materiales y repongan sus desperfectos. Aquella confesión que escuchaste en un paseo de otoño por una villa a la intemperie te conmovió intensamente. Nosotras queremos también morir como los humanos, acertó a decir a tu paso un efebo erosionado por el viento y corroído por la salinidad de la costa próxima. Sus facciones se habían desgastado parcialmente, la musculatura se mostraba más débil, los atributos varoniles habían perdido parte de su esencia, alguna de sus extremidades se hallaba disminuida. Sin embargo, aquel adolescente secular que apenas se cubría con los restos de una clámide ennegrecida, mantenía una erecta presencia que no le desproveía de un ápice de su primaria dignidad. ¿No se darán cuenta estas figuras que si quieren morir como los humanos tendrían que vivir como nosotros?, llegaste a pensar mientras circundabas la paulatina pero hermosa decrepitud de un efebo envejecido.



(Fotografía de Boris Smelov)   


viernes, 6 de abril de 2018

Apunte sobre una biografía olvidada











"Hubo fuego en su vida, suponemos, pues fue por él al cabo consumido".

José Ángel Valente, No amanece el cantor.



DICEN que se perdió en París, cuando París era la ciudad idónea para extraviarse. Fue respetado y fue desairado a partes iguales. Conoció a los poetas malditos y a los últimos adoradores de los símbolos. Huyó de los pretenciosos románticos y se dejó cautivar a medias por los realistas. Admiró a los artesanos y despreció a los parásitos. Escupió a los voceros y se indignó con los panfletarios. Ahuyentó a los correveidiles y desacreditó a los chivatos. Denunció a los mercaderes de las ideas y se encaró sin tregua con quienes denominaba las satánicas sotanas. Defendió la independencia y la dignidad de las amorosas y se partió el pecho por que el amor no tuviera más rostro que el libremente elegido. Advirtió contra los urdidores de la miseria y argumentó contra los capitalizadores de la riqueza. Previno sobre el peligro de identificarse con los mitos y se despachó a gusto contra los líderes de la demagogia. Cuestionó premios y medallas del honor y derribó del pedestal a los académicos. Increpó a los diputados colocados y bramó contra los caciques que los aupaban. Se opuso a la guerra franco-prusiana y trató de aportar razón a los communards que se amotinaron. No alardeó de sus vicios y dudó siempre de sus virtudes. Brindó amistad y no se enemistó con nadie aun cuando a él, por envidia o por celos, se la retirasen. Jamás hablaba del amor como conquista pero fue admitido con generosa benevolencia en la congregación de los afectos. Se debatió, en fin, entre lo ideal y lo imposible. Su pista se pierde a finales de mayo de 1871, tras las sangrientas jornadas que tuvieron lugar en la ciudad. Su nombre fue borrado de crónicas y anales de su tiempo.




(Ambrotipo de Jean-Michel de la Bretonne)


jueves, 5 de abril de 2018

Deriva de los tiempos felices





















ASOMA tu memoria al pasado y selecciona. Hay episodios de los que más valiera haberse olvidado. Si los extirpaste de raíz porque dolían has salvado una parte de tu vida. La otra parte no está en tus manos. Los especialistas del daño suelen tomar la delantera a los inocentes. Pero ¿qué es la inocencia? ¿Un estado, una edad o un simulacro? El tiempo de coger los frutos salvajes de los árboles. Las catas prohibidas de unos labios. Las innumerables horas de los juegos. Aún coleccionas tantas sonrisas. En ocasiones, hasta te recreas rememorando la vieja camaradería de juventud. Luego dudas. No queda nadie. Todos estamos muertos, o unos incluso más que otros. Tú eres un muerto que exterminó su pasado y sobrevive en un cuerpo plano. Otros ni siquiera eso. Recordar es abrir los ojos de par en par a un paisaje que pugna por crecer dentro de ti, tal vez sin horizonte alguno. ¿Cómo saber cuándo te asomas en exceso al borde sin calcular el abismo?



(Foto. La mejor juventud al borde de los días infelices)



miércoles, 4 de abril de 2018

Deriva de un sacrificio innecesario















AL llegar hasta el ara me ofreciste tu cuerpo senil. Alzaste la cabeza solicitando ser inmolado. Tus ojos en blanco contenían tanto cansancio. ¿Qué podía hacer yo? ¿Alzar la espada? ¿Por qué iba a sacrificarte? No hay ningún dios que pida la ofrenda de sangre de un viejo. No seré tu verdugo, te dije; si tanto deseas la privación de la vida déjate llevar hasta la consumación. Que sea el Tiempo, con su hoja afilada, quien decida.




(Fotografía de Boris Smelov)


martes, 3 de abril de 2018

Deriva entre Man Ray y Magritte






















MIRAS la luna en su fuga del amanecer. Serena, lenta, difuminada. 
(Nostalgia de la noche, se afianzan los destellos primeros)

La claridad del día: ¿dominio o traición? La sombra cubre tu cuerpo y lo llamas despertar. Pero aquí los hombres, caprichosa deriva de otros comportamientos del caos, nos cegamos con la luz. 

Maestro, ¿es la luna?
No, no es la luna, solo es un brote.

Maestro, ¿esto es lo que se llama claridad?
No, no es claridad, sino la negación de la noche.

Maestro, ¿por lo tanto es la noche?
No es la noche, es nuestra sombra.

Tanto reclamar lo real, maestro, ¿y solo se trata de nuestra sombra?
Así es; la sombra y su dolor.



(Max captó el paso fugaz de la luna a través de la ventana)


lunes, 2 de abril de 2018

Deriva del sosiego
















BUSCAS sosiego y solo te cruzas con su verbosidad; a veces, como una nube, te cubre su sombra pasajera. Vano ejercicio que sortea la fuerza de la voluntad. Aliento más que palabra de persistente búsqueda. Estado de revelación truncado. Tenaz  resistencia de la esfera de las emociones. Mineral o química fonética tan ausentes como desconocidos de la gramática de tu vida. Y, sin embargo, tras la densa espera del paisaje te reclama sin tregua.



(Masha fotografió a su perra al borde del Lago Ladoga, Leningrado)


domingo, 1 de abril de 2018

Deriva de Valente





















José Ángel Valente:

Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada.
                                                                (Espacio)


Inventárase el reflejo, y al principio nada hubo en él que respondiera a un sentido, ni que fuera merecedor de un nombre, ni se le conociera como hacedor de una materia, ausente aún la narración del cometimiento de los actos. Tal vez las nubes...



(Masha Ivashintsova al asalto de la niebla)