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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 27 de diciembre de 2013

La estatua





(Los escuché cara a cara. La mujer y el hombre se buscaban azarosos e inquietos pero sin suerte. Se detuvieron ante mi rostro y me consultaron. No me preguntaron solamente por dónde se hallaba cada cual. Querían saber más de cada uno, sin esperar a conocerse. Fui parca. ¿Qué podría haberles dicho? El riesgo lo corrían ellos, pero también el disfrute de la emoción, la curiosidad que aporta el deseo. El enigma es lo que no se sabe aún. Merece la pena perseguir el enigma porque nunca hay una sola respuesta. Cada respuesta, como cada pregunta, tiene varias y diferentes caras. Puede que eso no dé seguridad inmediata, pero provee. Y ese alimento que proporciona el enigma da fortaleza, claridad, estímulo. El enigma no goza de buena fama entre los mortales: ven en él confusión y misterio que se les impone. Se sienten desarmados. Les cuesta darse cuenta de que deben aproximarse a él y entrar. No está enfrente, en los otros, sino dentro de cada uno. Y ni siquiera en el interior de cada uno hay que mirar al enigma con distancia hierática y repulsiva. El enigma es lo pendiente. Los pasos que los humanos no se atreven a dar, los movimientos que ejecutan débilmente o en direcciones equivocadas, y que deben corregir. Fui austera: seguid buscándoos, les dije. Ni el rostro que os habéis imaginado es el rostro del otro, les dije, ni lo que deseáis hallar tras la personalidad de cada cual es como os gustaría. Ambos me miraron un buen rato. Como si esperaran que mis facciones se transformaran. Creo que me sonrieron. Después se apartaron y siguieron trazando líneas en el perímetro de la estancia amplia, tejiendo de manera cada vez más exacta las coordenadas que tendrían que hacerles coincidir. Desde mi ubicación vi toda la geometría de aquellos dos insignificantes seres que en ese momento se tenían, también en cierto modo lo eran, como el punto de la intersección de sus deseos)     




(Escultura de Brancusi)


8 comentarios:

  1. Vamos disponiendo una veladura encima de otra y así se construye el enigma. Retirar los velos puede resultar peligroso, pues ya sabemos que la belleza es el principio de lo terrible y si llegamos a dcescubrir su rostro podemos precipitarnos al abismo.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Más de una vez nos hemos precipitado por el abismo, incluso sin quitar todos los velos. No hay un único rostro ni definitivo de la belleza, de ahí la función de los velos y las transparencias. Está en cada texto, en cada imagen, en cada personalidad, en cada paisaje. En nosotros, incluso, cuando de pronto nos detenemos y escuchamos nuestro propio silencio sopesando el bagaje de la vida que hemos ido dejando atrás. El asombro es el mejor indicador (o termómetro) de la belleza que se nos brinda.

      Salud siempre.

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  2. el enigma, se convierte en uno mismo, eje de la duda y del hondo pensamiento
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    che Fackel, lleguen mis sinceros deseos de un gran 2014
    un abrazo desde Uruguay

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    1. Somos enigmáticos incluso para nosotros mismos. De ahí la euforia que nos entra cuando descubrimos aún algo no conocido -o poco o mal- de nuestra personalidad. Sabernos en el enigma nos mantiene, se nos ofrece como desafío, nos alarga el sentido -no el tiempo ni acaso las perspectivas- del vivir un día más.

      Desde la meseta fría y áspera, en todos los sentidos, un abrazo a ese acogedor ser de la República Oriental, tú.

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  3. ¿Quién hablaba, la vida o la muerte?

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    1. Quien nos habla con más frecuencia es Jano, ¿no?

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  4. Bella perspectiva desde la que mirar las anteriores. Un hallazgo.

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    1. La perspectiva depende de dónde nos ubiquemos y también de lo que queramos percibir. Saludo calmo.

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