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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 23 de diciembre de 2013

(Nos buscamos)
















No sé cómo se nos ha ocurrido citarnos en este lugar tan cálido, pensaste, y esto me lo dijiste después, yo siempre había comprobado que un museo es un espacio donde si algo se cría es la temperatura baja, y hay que ir pertrechados para disfrutar de las obras sin esas ganas que nos entran de salir cuanto antes porque no hay quien aguante mucho rato, eso me comentaste cuando todo había pasado, y yo pensaba otro tanto, aunque no era precisamente aquel clima alterado por la aglomeración humana lo que nos había concitado, no, y la idea de deambular entre esculturas proyectaba aún más nuestra convocatoria, estimulante y divertida, mientras el paso de los visitantes se producía por oleadas, y cuando te parecía que aquello iba a quedar vacío del todo, allez, allez, clamaban los vigilantes expulsando literalmente a la masa, y cada uno de nosotros trataba de hacerse a un lado y esconderse tras una estatua para que no nos echaran, y que así iba a ser más segura nuestra mutua identificación, entonces un nuevo vómito de turistas o colegiales o ancianos en excursión de entretenimiento caía alrededor nuestro y lo ocupaba todo, con sus sudores, sus alientos de no haber desayunado o ni siquiera evacuado, empapados algunos de ellos si no a punto de desvanecerse porque ya se sabe que hay una media de temperatura en los individuos, pero cada cual tiene sus alternancias, y eso lo manifiesta principalmente en medios repletos de más especímenes, y me lo dijiste después: por un momento llegué a creer no solo que no te encontraría sino que no iba a dar conmigo misma, sofocada por la calorina, por mucho que moviera la cabeza, cambiara con frecuencia de posición, permaneciera fija en el rostro de aquellos hombres que me parecían que serías tú, eso me contaste y más, por ejemplo que un hombre se me quedó mirando, dijiste, y tiraba de mi mirada, como si no quisiera desprenderse de ella, y por un momento pensé que eras tú ese hombre, y empezó a gustarme su manera de interesarse por mí y no sé qué paso en falso habría dado si no llega en ese momento una jovencita y tira de su manga, no sé, yo me reí mucho cuando me relataste estos detalles, porque otro tanto me estaba pasando en aquella sala buscándote azarado, y ahora que lo pienso, la idea que uno se hace del otro, del desconocido al que tras un tiempo de mantener un contacto de carta o de llamadas cree conocer, esa idea resulta ser imprecisa y la sorpresa está asegurada, que yo sepa hasta ahora nunca para mal, porque creo que hay un encuentro también en el error de cálculo, porque la conjetura que nos hacemos sobre cómo será la otra persona es caprichosa y ya somos mayores para advertir que es fantasía buena parte de lo que nos guía, pero la fantasía también es motor y no renunciamos a pararnos, porque si nos detuviéramos, qué sería de nosotros si de pronto cayéramos en la indolencia del instinto, así que allí me vi manifestando una indiscreción que no es propia de mí, colándome en los grupos pequeños, pasando por medio de las filas que se formaban ante una obra, tosiendo para que la mujer que había delante se volviera y la moneda hubiera salido cara, lo que me había pedido, pero era complicado, creo que registré con la vista talles, cuellos, cabellos, facciones de rostros, estructura de manos y dedos, con disimulo pero nerviosamente, y alguna de las mujeres observadas mostraban su incomodidad, también alguna de ellas se dejaba llevar y era como si me devolvieran con sus miradas unas ocultas sugerencias, pero no era la invitación que yo esperaba encontrar




(Fotografía de Eve Arnold)


6 comentarios:

  1. Le deseo a sus protagonistas un saludable encuentro. Algunos egos se muestran con una simpleza tan increible que pueden resultar irreconocibles. ¿o no? Besos y felices días.

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    1. Usted siempre con sus buenos y exultantes deseos de bondad, hermana MJ. Se los transmitiré a los que se citan. Los egos de la simpleza, como dices, no son reconocibles si se mezclan con el entorno de los necios, pues estos abundan. Disfrute de la compañía fervorosa de su familia que seguro que te valoran más de lo que tú sospechas.

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  2. Estimulante este pre-encuentro...

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    1. Fedora: A veces lo pre- puede transformarse en post- O dicho de otro modo: a veces lo post- se quedó en pre-

      Ya veremos, un abrazo.

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  3. Joc d'identitats el que es proposa en el text. I, com sempre, el desengany de la no-trobada.
    Bones festes, amb trobada o sense.

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    1. Bé estar, interior i exterior, però si és interior sempre hi haurà una trobada que garantirà l'altre. Un petó, Olga.

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