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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 7 de abril de 2014

Anja Niedringhaus y su última foto















Nadie sabe cuándo va a hacer su última foto. Ni cuándo su última comida, su último viaje, su último encuentro amoroso, su última lectura o su última sonrisa. Anja Niedringhaus no lo sabía, aunque había jugado muchas veces con la posibilidad de que fuera la última fotografía, el último desplazamiento, la última guerra. Pero para esta fotoperiodista de Associated Press ha sido la última mirada a este mundo, desgraciadamente. Ya había estado en riesgo otras veces. Suele pasar. Hay corresponsales que no se resignan a que la información dirigida se la pasen los servicios de información del gobierno de turno -entonces, ¿qué son? ¿periodistas o mercenarios?- y quieren ver, constatar y reflejar lo que hay. Están allí, vuelven allí, donde habitan los indígenas. El rosario de sacrificados del periodismo auténtico de guerra -o zonas de conflicto, estúpido eufemismo de nuestros días- es largo, continuo, incesante. El periodista auténtico es un combatiente más para tirios y troyanos. Un combatiente de la aproximación a la verdad, si la hay, del testimonio y, por qué no, de la curiosidad personal. ¿Un aventurero mejor o peor pagado? Puede ser también. ¿Un temerario? En muchos casos sin duda alguna. No sé si el gobierno alemán o la agencia AP estarán más interesados en clarificar la muerte de Anja que lo estuvo el gobierno español cuando asesinaron los norteamericanos al periodista Couso en Irak. Supongo que lo tienen más fácil para lavarse las manos: ha sido una víctima del terrorismo talibán, pueden decir. Y en el caso del español José Couso, ¿qué terrorismo despiadado nunca considerado terrorista lo abatió innecesariamente?





8 comentarios:

  1. "Terrorismo despiadado" de los que se supone que no son terroristas, ese es mi opinión el meollo de la cuestión. Cuentos intragables para justificar la guerra que interesa.
    Muchas veces los que quieren contar la verdad se la juegan, sí, se arriesgan los locos aventureros y temerarios, pero también los que cubren la noticia de forma prudente, si el informador es considerado una molestia.
    Es trágico por la doble injusticia, le matan y luego le ignoran.

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    1. Once años se cumplen hoy del asesinato de Couso en Irak. Los máximos responsables del crimen siguen en libertad, como los pistoleros de la mano ejecutora de aquellos, claro. Triste e infame triunvirato de las Azores que destrozaron un estado y machacaron a la población.

      Buena valoración la que haces, Ana.

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  2. Hay que ser valiente y tener un corazón templado para asumirse como corresponsal de guerra. Vivir el ahora sabiendo que puede ser el último, un desafío que muy pocos son capaces de sobrellevar.
    Merecido homenaje.y coincido...para los que deberían reclamar justicia, es más fácil cuando el culpable es el talibán...

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    1. Pues sí, siempre aprecié a la gente que se la juega, no importa si eran o son aventureros o incluso desesperados, que los hay. Buscan algo más. Como contrapartida hay mucho periodista que no pasa de las salas de reunión de los Estados Mayores de los Ejércitos...para contar lo que quieren los ejércitos que se cuente.

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  3. Mi vocación frustrada: ser periodista y reportera, y estar donde las toman pero no las dan. Ya no sé si me equivoqué de carrera en aquella ceguera de juventud, o he de dar las gracias por estar todavía viva. No puedo saber si hubiera tenido el temple necesario, se necesita un punto de locura y muchos de valentía, junto a una infinita dosis de empatía con el que sufre las injusticias y el horror. Cada reportero o fotógrafo que cae es una enorme pérdida y una gran tristeza. Tal vez no cambian el mundo, sin embargo con su trabajo permiten visibilizar el sufrimiento de tantísimas personas, dar grito a los que nadie escucha, dejar constancia de tanto sinsentido...
    Gracias Anja por tus imágenes. Y a ti Fackel por la entrada.

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    1. Totalmente de acuerdo. Suena muy peliculero el tema para mucha gente, que no suele apreciar el alto precio que pagan los periodistas...pero hay otro periodismo de riesgo, el de muchos en Latinoamérica, por ejemplo, sin frentes de batalla abiertos pero sí ocultos, donde desaparecen y son asesinados cantidad de ellos. Incluso en nuestras democracias es de apreciar la labor de los periodistas alternativos, no tienes más que ver el maltrato que sufren cuando van a una manifestación, o el riesgo de presiones que corren al indagar sobre la corrupción o los tejemanejes de alcaldes y otras hierbas. Etc. Gracias por saber que cunde la sensibilidad entre cuantos comentáis por aquí. No es poco en un mundo donde tanta gente mira a otra parte o al ombligo.

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  4. Una fotografia del tot suggestiva, per la situació i la intenció. Deixem un pensament a la finestra en record de la fotògrafa.

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    1. Dejemos un pensamiento y un reconocimiento, Olga. Las imágenes que obtienen los fotógrafos de guerra son tan potentes como los textos de los redactores in situ. Entre unas imágenes y otras podemos basar nuestra capacidad de reflexión y ojalá de análisis de las barbaridades- Un abrazo.

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