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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







sábado, 3 de mayo de 2014

Imaginario, 20.



Muchos brazos agitándose a los que me aproximo por curiosidad. Cuando me doy cuenta estoy siendo rodeado por ellos y me convierto en uno más. En ese momento aparece a toda velocidad una bola de fuego por la calle que baja de la montaña. Me hago a un lado y en el portal de una casa hay una mujer asustada a la que consuelo. Tirita y me hinca las uñas en la ropa.




10 comentarios:

  1. He soñado con algo parecido, pero no he podido encontrar el significado...

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  2. No conviene confundir avidez con intensidad.
    La primera suele ser intensa pero no viceversa.
    Noooooo, por nada.
    Me alegra que las uñas no pasaran del tejido.

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    1. Por supuesto, no son términos idénticos. Conozco avideces muy líquidas e intensidades muy tranquilas. Las uñas, los dedos, si se quedan donde deben quedarse (por ejemplo, en la ropa) llegan más profundamente.

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    2. Lo que no sabes es que mi madre me clavaba las uñas en los brazos a través de la ropa cada vez que su hijita respondía a cualquier preguntita en público. Madre-tortura hasta el 2012. Ya no.

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    3. Vamos, que la hubieran fichado los de la alevosa BPS de mi tiempo. Pero sobreviviste, tramposa.

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  3. Queda un testigo cuarentón. Un verdadero alivio.

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    1. ¿Un testigo de las torturas o de los alivios?

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    2. De ambos. Cómplice de los últimos.

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    3. Así se compensa, bien.

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