martes, 29 de septiembre de 2026
Aquellos higos en la boca de mi memoria
sábado, 26 de septiembre de 2026
Así me habló ella
No he sentido nunca otro cuerpo como he sentido el tuyo. Se lo dijo a bocarrajo. Cuando menos se lo esperaba él, en un intento de desarmar su pasividad, de cuestionar su indolencia, de frenar su entrega a la decrepitud. El hombre hizo una mueca de duda. ¿Lo dices porque me percibes ahora más débil? Ella no se aguantó. Lo digo porque creo que nunca te he fallado, dijo con aplomo. Han pasado más cuerpos que el mío por el tuyo, le replicó el otro. Pero ninguno se quedó y tú seguiste y yo permanecí. El hombre se revuelve. ¿Qué viste en los otros que no te diera yo si también te lo daba todo? No preguntes qué viste, dice ella exigente, sino qué sentí, qué lozanía me aportaban, qué ideales me sugerían, qué llamas sabían encender para que yo prendiera y no me agotara, qué deslumbramientos sostenían mi esperanza de que nada transcurriera definitivamente. Yo también aporté todo eso, dice él con tono apocado. Tu cuerpo era el mío. Le sorprende una reacción enérgica, implacable. Todos los cuerpos pasan siempre por uno mismo, ¿no te das cuenta o estás ciego? Cada hombre que fuiste, cada edad en la que me acompañaste, cada ternura con la que me envolviste, cada situación crítica de la que me hiciste cómplice, cada desdén ocasional también, dibujan a través del tiempo de la memoria un cuerpo único todavía, al que ya no sé alcanzar y me cuesta reconocer. Sigues siendo el cuerpo que necesito pero tú no sabes llegar a mí con la seducción de cada una de aquellas edades en las que me acogiste. La vida no es una fotografía fija. El hombre ha agachado la cabeza. La sombra ha callado.
*Forografía de René Groebli.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Pequeña fábula del ratón y el gato, por Franz Kafka
Comentario: ¿Quién dijo que Kafka era sinuoso y oscuro? Apliquémonos el cuento.
* Max Klinger. Opus III.
lunes, 21 de septiembre de 2026
La sombra del angelus novus
viernes, 18 de septiembre de 2026
El vino en el Poema de la Medicina del sabio Avicena
martes, 15 de septiembre de 2026
Manos que se juntan y edifican tras lo destruido
domingo, 13 de septiembre de 2026
Las manos que obran
viernes, 11 de septiembre de 2026
La penumbra del aprendizaje
Quien diga que no se aprende de la sombra, miente. O simplemente no lo percibe porque no la escucha. Ella es hermana y maestra de la vida. Lo que no captamos ella lo coge al vuelo. Lo que no comprendemos, lo procesa. Lo que consideramos válido y hacemos axioma de nuestro limitado conocimiento, se encarga de ponerlo patas arriba para que lo consideremos de nuevo. Cuanta información recóndita revolotee en nuestra cercanía la sombra lo cataliza para que aprendamos. Cuanto instinto siniestro azuce en nosotros ella sugiere el antídoto. Nos adscribamos o bien rechacemos los mensajes que nos llegan ella nos permite la elección. Por supuesto el camino, equivocado o acertado, lo elegimos, tantas veces intuitivamente, nosotros. Tal vez casi siempre sea así por más información que creamos tener sobre lo que nos acontece y las opciones que se nos brindan. El acierto puede desvanecerse porque a un paso sigue otro paso y el anterior acaso ya no sirve. El error no tiene por qué durar más que el tiempo en que nos haya producido el descalabro. En ese sentido, nuestra sombra, ¿podría definirse, por lo tanto, demoníaca o angélica? Yo prefiero huir de calificaciones tradicionales y tratar de comprenderla porque lleva implícito entender mi propia personalidad. La veo como ese mundo paralelo en el que nos movemos, con inconsciencia gran parte de las veces, y que nos invita siempre a medir cada acto y a valorar cada incitación. Ni la claridad ni la penumbra nos envuelven siempre. Ni el saber nos está garantizado de manera definitiva ni la decisión queda asegurada como verdad. ¿No es en ese juego de tensión donde vamos a aprender a conocer y sobre todo a decidir? Escucho a mi sombra: no te sientas hundido cuando se acumulan desdichas; no te creas salvado cuando coincida la suerte favorable.
*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
¡Oíd, humanos!, nos grita Nima Yushij
¡Oíd, humanos!
¡Oíd, humanos, sentados en la orilla, riendo alborozados!
Alguien en el agua está perdiendo la vida,
alguien incesantemente bracea
en este iracundo y oscuro y pesado mar que conocéis.
Mientras embriagados estáis
con el deseo de someter al contrario,
mientras en vano imagináis
haber tendido una mano al desvalido
para amasar fortaleza,
mientras apretáis la correa
alrededor de vuestras cinturas,
¿cuándo os puedo yo hablar?
¡Alguien dentro del agua en vano está siendo sacrificado!
Oíd, humanos, reclinados gozosamente en la orilla,
pan en el mantel, ropa sobre vuestros cuerpos;
alguien desde el agua os llama.
Con sus manos cansadas golpea el pesado oleaje;
abierta la boca, con los ojos arrasados de pánico
ha visto vuestras sombras desde la lejanía,
traga agua del profundo azul cobalto y a cada momento su angustia crece.
Saca de las aguas
a veces la cabeza, a veces un pie.
¡Oíd, humanos!
Sus ojos desde la distancia aún atisban este mundo envejecido,
grita y confía en el auxilio.
¡Oíd, humanos, en contemplación sobre la plácida orilla!
Las olas golpean la orilla silenciosa,
rompen como un borracho que inconsciente se desploma,
rugiendo retroceden; y de nuevo este clamor llega desde la lejanía:
“¡Oíd, humanos!”,
y el rumor del viento resuena cada vez más descorazonado,
y su voz, en el rumor del viento, más se desvanece.
Entre las aguas distantes y cercanas
siguen resonando estas voces:
“¡Oíd, humanos!…”.
Nima Yushij. Poema ¡Oíd, humanos! 27 azar 1320 HS / 11 diciembre 1941
lunes, 7 de septiembre de 2026
El zarandeo de mi sombra pensante
sábado, 5 de septiembre de 2026
Los celos de la sombra
No he logrado saber nunca qué hace mi sombra mientras duermo. Me ponga boca arriba o fetal de cualquier lado ignoro dónde se habrá ido. No la oigo, ni la siento, ni parece revolotear por el cuarto. Ni una exhalación, ni un roce. Nada. Una vez me dio una pista. Aborrezco tus sueños, dijo. Pero entonces no le di importancia. Ahora pienso que probablemente desaparece por celos. Puede soportar los avatares y caprichos de mi conciencia. Incluso entrar en colisión con ellos. Tiene fuelle para casi todo. Pero acaso no tiene mucho que hacer con el mundo onírico en que mi conciencia no juega otro papel que el de espectadora retrospectiva al despertarme. Mi conciencia mientras sueño también se ha fugado. ¿Andarán conciencia y sombra a la búsqueda la una de la otra en ese tiempo de ausencia? Dicen que en esa fuga es cuando los individuos nos recuperamos del desgaste neuronal. Que al día siguiente uno se encuentre inestable e incluso confuso al resucitar del sueño es pasajero, hasta que la turbulencia cesa en su eco y la mente se asienta. Me he sentido tan embaucado o, mejor dicho, tan secuestrado y maniatado durante esas horas por infinidad de situaciones y personas que llegan no solo de la lejanía sino incluso de la muerte, que me cuesta al principio ordenar la conciencia. Entonces sí, cuando logro el equilibrio mínimo la sombra regresa conmigo, sin dar explicaciones de su huida, y se embrolla como es habitual en alguna de sus zarabandas oscuras. Deduzco, por lo tanto, que los sueños son una competencia excesiva para mi sombra. Obviamente, de alguna manera, los sueños se constituyen como una especie de otra sombra para mí mismo. ¿O serán los sueños el verdadero mundo de las sombras? Como pertenecen en todo caso a otro ámbito donde yo no cuento sino como soporte pasivo, no los considero. Porque ¿podría mantener con mis sueños un diálogo, de modo más o menos inteligible, como lo sostengo con mi sombra?
viernes, 4 de septiembre de 2026
Mientras tanto, nada de naufragar
Mientras tanto, mientras Blogger no nos permite navegar en toda su amplitud -comentando en otros blogs- me embarco en otra navegación más graciosa. Un invento del British Museum que juega con el tapiz de Bayeux, prestado para casi un año por Francia para su exhibición -y recaudación de fondos- del museo del reino de Su Graciosa Majestad.
Si os mareáis, aguantad. Nada de naufragar. La batalla de Hastings os espera. O cualquier otra que sirva para entreteneros.
Enlazo una información para quien no conozca el tapiz:
https://theconversation.com/volver-a-1066-el-tapiz-de-bayeux-llega-al-british-museum-289658
martes, 1 de septiembre de 2026
La vida por delante hasta que no la haya
Impertinente pero no ciega. ¿Piensas vivir muchos años más?, me pregunta. En la opacidad de su rostro se adivina un rictus sardónico. Sabe que es una cuestión que suele perseguirnos al común de los mortales a medida que la cifra se nos va engrosando. La medida del tiempo. Si lo que quieres saber es si pienso en el futuro, le digo, te respondo que el futuro se me nubla cada día más. Antes el futuro era prever. Hoy se ha convertido en prevenir. Antes era lo que nos movía en cada acto del presente. Ahora es lo que nos paraliza, aunque por inercia sigamos ciertos movimientos. En otra época lo veíamos como proyección. En estos momentos nos conformamos con asegurarnos que no estamos peor de lo que podríamos estar. Te escabulles de mi pregunta, dice la insolente. Con ilusiones reducidas o con esperanzas escasas, la inercia ha encontrado matrimonio con tu bagaje, y te mantiene. La sombra aborta un conato de risa, porque aunque incordia me quiere paciente. Faltaría más, salto. ¿Para qué voy a negar que en parte me nutro de la recreación del tiempo de atrás? ¿Te parece poco dedicar una porción de las horas a interpretar lo vivido? Pero eso, ¿de qué te sirve?, replica ya zahiriendo. Me sirve, digo. Veo el valor de las cosas de otra manera que no pude ver entonces. Entiendo mejor los conceptos básicos que ahora adquieren dimensión honda. El buen y el mal obrar, por ejemplo. El esfuerzo o la indolencia. La generosidad o el egoísmo. La compasión o la impiedad. La voluntad o el abandono. Aprendimos una vez a escribir gracias a una cierta caligrafía, ¿no? Pero también a base de tropiezos, de mala letra, de emborronar papeles, de fallar abruptamente en ortografías. Pues de manera semejante hemos ido recorriendo los años. Unas veces corrigiendo y en la mayoría de ocasiones errando nuevamente. Quién sabe si mi error actual es dar demasiadas vueltas a un repaso de las vivencias y, sobre todo, de los comportamientos que me involucraron. De lo desacertado salía a continuación en muchas ocasiones una oportunidad constructiva. Lo que pareció fácil produjo otras veces una falsa visión que me hacía tumbarme a la bartola. La comodidad pasaba factura y el interés por las cosas abría nuevas posibilidades. Simples ejemplos, nada simples por cierto. Todo ha sido así. Sigues sin darme una respuesta válida, insiste la muy procaz. Pero, a ver, ¿a ti qué lo mismo te da saber si me planteo vivir mucho tiempo más? ¿Es que uno se puede plantear algo sobre lo que desconoce? Además, si te vas a ir detrás cuando yo me vaya. Y solo pensar que una vez muerto acaso no me haya librado de ti me revuelve las vísceras. De pronto la sombra se entristece. No había caído en ello. Estoy tan acostumbrada como tú a la vida que no me hago a la idea.
*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.


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