viernes, 31 de julio de 2026

Soy la sombra de mi sombra

 



Desde hace unos días me persigue una sombra que no reconozco como mía. No es ni buena ni mala, es diferente. Tengo la impresión de que sortea mi cuerpo. De que va a su aire. Que se mueve en dirección contraria a mis movimientos y exagera mis formas. Sé que es la mía porque no se ve otra en el entorno. Y porque mantiene un estilo y un aire que son los que me caracterizan. No es exactamente distorsión lo suyo, pero trata de hacerme creer que soy yo el desubicado. La contemplo divertido porque trae rupturismo a mi existencia. Aunque ella no sepa que uno ha vivido en permanente ruptura desde que le parieron. Encuentros y desencuentros conmigo mismo, podría ser la enunciación que explique una vida más. Una cualquiera. ¿Les sucederá a otros? Intuyo la respuesta y no me inquieta demasiado obtenerla. A estas alturas la sombra de mi sombra ha superado casi todos los complejos. Esa sombra no es reflejo de mí, soy yo reflejo de ella. La luz intensa que trae el alba del estío proyecta una imagen más opaca pero no menos auténtica. Obsesión por una claridad que nunca acaba de mostrar con suficiente transparencia lo que hay. A veces esta sombra finge o se oculta. Adquiere sobredimensión y agita sus extremidades para despistarme. Como si dijera ¿ves? no eres tú, tengo vida propia. O de pronto giro la cabeza y ella no está, aun sabiendo que el espacio en el que permanezco debería proyectarla. Una sombra juguetona, me digo. Pero a la vez me desasosiego. ¿Y si ella soy yo y yo su sombra?, discurro de nuevo. Al doblar la esquina me he encontrado con Peter Schlemihl, dando grandes zancadas, turbado y alarmado. ¿También tú la buscas?, le he preguntado. Pero no he preguntado en la lengua de Goethe y no me ha entendido. O ha disimulado. Por preocupación o por vergüenza.




domingo, 26 de julio de 2026

Cuando el sexo no debía ser cosa de mujeres sino del diablo

 






"Igualmente he cometido un pecado de fornicación y de lujuria porque experimenté en mi interior el placer y el pensamiento de gula y lujuria por la polución del cuerpo, tuve trato carnal deshonestamente con mujeres y las amé, profiriendo palabras lujuriosas, tocándolas, abrazándolas, besándolas y, algunas veces, cometiendo actos deshonestos; y si no de hecho, sí de pensamiento, deseé hacer y practicar adulterio, incesto, rapto y otros pecados contra natura".

Andrés de Escobar o también conocido como Andrés el Hispano. Modus confitendi. Manual para la confesión. De la edición del impresor Juan Párix de Heidelberg, en Segovia 1473.


Oh, el sexo. Oh, el pecado. Cuánta insistencia en culpabilizarnos. Cuánto afán en denigrar lo hermoso y placentero. Qué obsesión por dirigir nuestras mentes y empequeñecerlas. ¿Cómo podría una moral de la represión facilitar una ética de la libre conciencia personal? Dices que a la carne hay que educarla. ¿Con castigos y tormentos? ¿Con condenas y expulsiones a las tinieblas externas? ¿Quién es quién para decir a otros cómo debe sentir sus emociones, cultivar sus afectos, percibir sus sensaciones y dirimir qué clase de contacto quiere tener con otro individuo? Uno, que apenas ha recibido enseñanza, ha visto aparearse a toda clase animales. ¿Iban a ir los animales humanos a la zaga de otras especies? No sabremos nunca del deleite de los animales en sus contactos. En cambio, ¿no hay un punto de satisfacción deseable en cuanto nosotros establecemos y llevamos a cabo en soledad o coyunda? Cuando los inductores de la moral malsana nos amenazan, una de dos: o ellos renuncian a ser humanos en plenitud o simplemente son unos falsos. ¿Es la consecuencia de las propias contenciones de quienes instigan contra nuestra naturaleza la que intenta disfrutar con las inhibiciones de los demás? Dicen que nos abstengamos pero ellos se recrean en los relatos secretos de la gente sencilla. Y así, caro amigo, ha llegado a mis manos uno de esos manuales de los que se creen elegidos para la salvación, y que escriben y dictan conductas por doquier como si estuviesen por encima del bien y del mal. Parecen estar dirigidos solo a una parte de la humanidad. ¿Dónde la mujer? Todas las recomendaciones van dirigidas al varón. Al rebuscar en él las causas de su supuesta perdición se nos muestra a la mujer como la causante tentadora. Y ella, ¿acaso no existe por sí misma y por sus necesidades íntimas? Al enfocar del modo que plantean sus pontificaciones, como si solo el hombre fuera el sujeto víctima, ¿no está ignorando a la otra persona? Dicen: el demonio te acecha con el rostro que más le conviene y en este caso elige el de la mujer que busca pervertirte. ¿Nunca es tentada ella?  Dicen: no os pongáis en brazos de la infidelidad, ni siquiera con vuestra imaginación y vuestras ensoñaciones. ¿Ellas siempre objeto? Su presencia palidece o se oculta ante el designio que el mandato que dicen divino ha reservado para el varón. Al leer el manual ¿no se tiene la sensación de que se busca de manera indirecta y sibilina un oscuro deleite lascivo a través de los comportamientos del prójimo? Por qué tanta obsesión sobre la llamada de la naturaleza. Por qué la distinción cruel entre los cuerpos. Por qué...


(Aquí se corta esta insólita epístola anónima medieval de fecha incierta titulada en su comienzo como Rebellionis contra praedicationem insalubrem) 




*Imagen de un canecillo de la iglesia románica de San Miguel de Fuentidueña, Segovia.

martes, 21 de julio de 2026

La vuelta al tiempo

 



"Hay que dar vuelta el tiempo como la taba,
el que no cambia todo no cambia nada".

Alfredo Zitarrosa. Canción Triunfo agrario. 1978


¿Y si todo hubiera sido como en la canción del uruguayo? ¿Y si aquellos intentos no fueron vanos? ¿Y si del error provienen algunas correcciones que luego no se han sabido o podido mantener? Mirando el devenir de los acontecimientos se interpreta lo que llamamos historia. Mirando la intención que congeló aquello tan al uso verbal y manoseado que dice el fin justifica los medios se interpreta la narrativa vivida. Pero esta es también historia, dirás. Sí. Una historia realizada pero a la vez frustrada. Una historia vivida pero apagada. Los objetivos partían de intensas pero frágiles ilusiones. El esfuerzo nacía de la necesidad. Pero las posibilidades se nutrían de errores de cálculo. Y todo resultaba la expresión de la rabia, de la no aceptación de lo existente, de la fe en lugar de la razón. Del equívoco entre probabilidad y posibilidad. Pero ahora lo piensas en la distancia, en lo cambiante que ha sido todo, y te preguntas que si no se hubiera intentado precisamente un todo, ¿se habría logrado algo? No quieres obtener una respuesta que te deje tranquilo, que te haga creer que mereció la pena el riesgo, el desatino, las pérdidas. El atisbo de una incierta luz. Fue así, sin más, te dices, te justificas. Te consuelas. Nadie de cuantos hicieron el intento desde puntos de vista diferentes, si bien convergentes, puede asegurarse el acierto. Ni la salida estaba en nuestras manos, ni había respuestas realistas a la situación de un mundo más complicado que no podíamos intuir en todo su verismo. Pero cada paso propio fue también, no sé si consecuencia o casualidad, un paso ajeno. Y un paso sobre todo obligado, para bien o para mal, en quienes siempre sujetan el tiempo de todos. Puede que el fallo venga de ese espejismo de creer que podemos controlar los tiempos. Porque el tiempo siempre es plural. Y no necesariamente, o mejor dicho, casi nunca, acaso sea el nuestro el que marcan desde otro ámbito los personajes de la oscuridad. ¿Aparecimos entonces y aparecerán otros en otro momento, cuestionando los personajes y la trama de esa oscuridad?  


La foto está raída, no solo desgastada. Alguien, acaso el trasiego de los días, tal vez una mano negra, ha querido ir borrando desde su torso a la mujer joven. Pero el rostro permanece con la plenitud de su edad.  Hacia quién dirige la sonrisa el arco de esos labios. Con qué luz se alumbra el inferior de sus pómulos. Qué extraño rictus ensaya inconscientemente. En qué objeto deposita la mirada como un intento entre distraído y expectante. Por qué el enmascaramiento en torno a sus ojos los hace más luminosos. La raya de sus abundantes cabellos ¿es horizontal o vertical? Separa su melena como si fuese el reflejo de los dos hemisferios que dividen su cerebro oculto. ¿Qué preservará su mente que aparenta encontrarse en otra parte? Hay todo un mundo en su pose en ebullición y ella quiere disimularlo. ¿Será el instante captado un esbozo del porvenir o una puerta cerrada que ha obviado al pasado? 'Cuando todo pasa / surges silenciosa y abierta como un río', tomo estas palabras cantadas por el poeta que conociste. 



*Fotografía familiar hallada en un baúl de los recuerdos.

domingo, 19 de julio de 2026

Algunos libros sobre cierto episodio sangriento

 




A raíz de la entrada anterior alguno me ha sugerido si podría indicar algún libro que trate la guerra civil española con rigor y competencia. Por supuesto, yo soy el que soy y por lo tanto subjetivo. Quiero decir que puedo citar algunos textos que a mí me parecen necesarios, interesantes y rigurosos, de historiadores que no se prestan a demagogia ni populismo. Y a ello me he puesto. No quiero decir con esto que conozca todos y cada uno de sus contenidos. Pero en este sentido cada cual, si está interesado, puede aproximarse -vía biblioteca pública o librería- al que elija. También por internet se pueden encontrar referencias sobre los mismos. 

Casi todos los libros mencionados se centran en el desgraciado enfrentamiento de 1936 a 1939. Algunos proyectan su tiempo de consideración más allá de la fecha. Algún otro escarba ya desde el siglo XIX. Todos ellos tienen un carácter de manual porque luego hay infinidad de libros publicados sobre temas concretos. La España de la Guerra Civil fue como un estallido en todos los planos de vida social y además en un contexto internacional que no favoreció a la República constitucionalmente elegida. Por lo que hay obras editadas sobre los líderes políticos, los partidos, los sindicatos, el papel de la Iglesia, la situación económica, la lucha de clases en las ciudades y el campo, la cultura, los maestros, las instituciones, la ayuda militar exterior, la intervención extranjera, las armas y el oro, la intervención de los nazis y los fascistas italianos, las Brigadas Internacionales, las ideologías en vigor, el dictador, etcétera, es decir, un inmenso campo más concreto y detallado para quien esté interesado en conocer más a fondo. Se ha dicho muchas veces que la Guerra Civil española es el tema sobre el que más se ha escrito en el mundo. No lo sé. Por supuesto, ni todo lo escrito es meritorios ni verdadero estudio que aporten con rigor y honestidad. Ciertamente también hay editados muchos libros de tipo testimonio, de gente que vivió aquel conflicto, bien española o foránea y que vino aquí. Unos ejemplos. ¿Cómo olvidar un libro tan entrañable como Homenaje a Cataluña, de George Orwell, o bien sus escritos sobre la guerra? ¿Cómo no leer a Manuel Chaves Nogales en sus crónicas o novelas? Ciertas obras de testimonios o novelas con base y conocimiento de situaciones pueden aportar también mucho conocimiento.

Si alguien saca provecho de esa relación que expongo abajo, pues bien. Por mi parte sigo abierto al conocimiento de un suceso colectivo, fundamental y decisivo en la historia de nuestro país, que incluso a los que hemos nacido mucho después nos ha obligado siempre -¡noventa años más tarde!- a cuestionarnos el pasado y el presente. Y enfrentarnos a las falacias, deshacer los mitos y desentrañar lo oculto. Eso sí, uno ya es muy mayor para dejarse embaucar por el revisionismo engañoso que algunos practican e intenta separar el grano de la paja en sus lecturas.



* Foto superior. Alfonso Sánchez Portela. La boda de los milicianos.


Ángel Viñas. En el combate por la historia. La República, la Guerra Civil, el franquismo. Editorial Imperdibles,

Ángel Viñas. ¿Quién quiso la guerra civil? Editorial Crítica.












 Santos Juliá. República y guerra en España. Espasa.











   Santos Juliá y otros. La guerra civil española. Shackleton ediciones.










Antony Beevor. La guerra civil española. Editorial Crítica.










Julián Casanova. España partida en dos. Editorial Booket.










 Bartolomé Bennassar. El infierno fuimos nosotros. Editorial Taurus.










Enrique Moradiellos. La guerra civil española. Editorial Catarata.










Nigel Townson. La República que no pudo ser. Editorial Taurus.










Ángel Viñas. El gran error de la República. Editorial Crítica.










Gutmaro Gómez Bravo. Cómo terminó la guerra civil. Editorial Crítica.










Joseph Pérez. Historia de España. Editorial Crítica.










Paul Preston. Un pueblo traicionado. Editorial Debate.




  José Álvarez Junco. Mater dolorosa. Editorial Taurus.











Paul Preston. La guerra civil española. Editorial Debate.

José Álvarez Junco y Adrian Shubert. Nueva historia de la España contemporánea.
Ediorial Galaxia Gutenberg.









Nicolás Sesma. Ni una ni grande ni libre. La dictadura franquista.Editorial Crítica.










   Ricardo García Cárcel. La herencia del pasado. Editorial Galaxia Gutenberg.









Eduardo Manzano Moreno. España diversa. Claves de una historia plural. Editorial Crítica.










Jesús Izquierdo Martín. Pablo Sánchez León. La guerra que nos han contado. Alianza editorial.









José Álvarez Junco. Qué hacer con un pasado sucio. Editorial Galaxia Gutenberg.


















sábado, 18 de julio de 2026

Una fecha nonagenaria

 


"Traen inquietud las primeras luces del día. No he dormido bien. Oscuros presentimientos. Abro la agenda. No tengo previsto nada para hoy. Medio país anda de vacaciones. Debería salir yo también a pasear. Tal vez acercarme a la librería de lance por si encuentro algo interesante. Se prevé calor". 



"Los renglones esperan en blanco. He tomado un café. No me pide el cuerpo nada más. Me asomo al balcón. No hay el bullicio callejero de otros días. De las escaleras me llega el sonido de pisadas apresuradas. Ahora que lo pienso, en uno de mis sueños intranquilos aparecía gente que se precipitaba desordenadamente en direcciones opuestas cuando no encontradas bruscamente". 



 

"El café me ha entonado. He repetido la taza. Voy espabilando. Escribiré algo antes de que se levanten los demás. Un vehículo ha pasado por la calle a gran velocidad. No es normal. Me he asomado nuevamente por la extrañeza que me ha producido. Otro se dirige acelerado en la misma dirección que el anterior. Tal vez se trate de vividores que empalman la noche con el alba. Quiero concentrarme y aprovechar. Se advierte un calor inusual. Los cuarterones de las ventanas están de par en par. Apenas entra frescor. La atmósfera llega densa". 



"Han llamado con tibieza a la puerta. Un vecino me pregunta si sé algo de ciertos rumores inquietantes. Le digo que no. Me dice que llame a algún amigo o familiar. Le digo que a esa hora no voy a despertar a nadie. Que los rumores pueden ser solo bulos. Él me dice: ¿y si no lo son? Trato de calmarle. Habrá que esperar noticias fiables, le digo. Usted tiene radio, me dice. Le miento. Está averiada desde ayer, alguna bujía. Luego la llevaré a un técnico. Le despido. Si sé algo se lo comentaré más tarde. Me da las gracias. Me ha vuelto el mal cuerpo. No tengo ganas de escribir. Ni sé si salir o no a la calle. Cierro la agenda"


 

(Nota. Dejo de lado estas anotaciones de mi abuelo. Curiosamente hoy es sábado como en aquella fecha fatídica de hace noventa años. Ojalá no cunda nunca hasta aquel extremo la insensatez cainita que, paradójicamente, parece estar larvada en un sector irredento de nuestro paisanaje)


  

miércoles, 15 de julio de 2026

Obscenitas et alia

 




Catulo dice que tu tendencia a la obscenidad viene de embriagarte tanto. ¿Eso dice?, replica Tulio. ¿Precisamente él que no da tregua ni a sus sátiras ni a sus obscenidades? Caro Tercio, viendo que el otro se siente afectado, insiste con actitud  malévola. Lo que parece impropio a ojos ajenos es verdadero saber en boca de Catulo. Pues entiende, Caro, que ese personaje no tiene límites en su procacidad ni cuando bebe agua ni cuando está seco. De acuerdo, amigo, pero considerarás que lo que suelta, aun con intención viperina, lo hace con gracia y con una calidad de lenguaje elevado. Tulio ríe con desdén. ¿Hablar con impudicia y a la ligera es calidad?, dice. Por supuesto, puede tenerla, insiste Caro Tercio. Los vocablos valen por sí mismos si son oportunos en su uso. Aunque resulten insultantes en la apariencia dejan de serlo si el objeto del mismo se lo merece. Y Catulo sabe dirigir sus dardos a los de cualquier clase, sin ir descaminado en sus juicios de valor. ¿Desconsiderado? Probablemente. ¿Equivocado en sus calificativos? Pocas veces. Conocerás, aunque sea de oídas, que César ha tenido que soportar sus impertinentes palabras, mientras que los amigos y las amantes no se han visto libres tampoco. Ni que decir tiene que sus enemigos, que tantos se ha granjeado, son los que más cargan con los improperios e invectivas de Catulo. Y sin embargo no cae mal a todos, más bien muchos admiran su capacidad retórica y su pasión por defender la lengua incluso en los términos más procaces. Aunque haya quien se merezca una descalificación no es el insulto sino el razonamiento lo que hay que oponer, dice Tulio. Sería deseable, remarca Tercio, pero te recuerdo que Catulo no es ajeno a hablar con propiedad y utilizar argumentos. No en vano se le reclama su asistencia a tanto cenáculo o festín. Peores procederes hay en el Senado o entre los comerciantes y jurisconsultos más reconocidos de la urbe que sin aportar nada y razonando escasamente lanzan a lo loco sus invectivas para dañar al contrario. Tulio, al que se le ha quedado un gesto grave, ve que el diálogo no lleva a parte alguna. Amigo Tercio, en todo caso mi obscenidad queda dentro de mí, no voy haciendo ostentación, y si alguien debe quejarse debería ser la persona sobre la que me haya manifestado o a la que haya perjudicado con mi comportamiento. ¿Qué podéis saber Catulo u otros o tú mismo de mis pasiones, si además siempre he sido recatado y respetuoso? Todo esto me huele a calumnias, que tal vez ni siquiera provengan de Catulo, sino que buscan lacerar mi reputación honesta o intervenir en mis negocios. Te diré más. ¿Acaso no son las mayores obscenidades difamar, mentir y hundir la honra de la gente cabal? ¿Solo la lujuria amorosa es obscena? ¿No hay mayor impudor que el de quien preconiza una moral para los demás mientras incumple la propia? ¿No muestra más inmundicia el político que dedica su puesto y su voto a la descalificación despiadada del adversario? ¿No es más larga la deshonestidad del que hace y deshace las leyes o bien las interpreta a su antojo? La verdadera indecencia tiene innumerables rostros, Caro Tercio. No caigas tú en los mismos defectos.




* Representación báquica de mármol. Museo Arqueológico Nacional.

domingo, 12 de julio de 2026

De tú a tú

 




"Algunos atribuyen a los dioses cuanto 
sueñan como hombres".

Jorge de Sena. Poema To be or not to be.

¿De qué sacas tú, Proteo, eso de que todos los hombres nacen iguales? ¿Quién te ha  sugerido una opinión tan osada que además va contra la razón imperante desde el principio de los tiempos? ¿De qué sueño o vana ilusión vives si sabes que has nacido como has nacido y morirás en el olvido? Nadie elige sus días. Nadie decide su naturaleza. Nadie es dueño de su voluntad. Nadie tiene garantizada su subsistencia por el mero esfuerzo. Los días son una senda incierta. La naturaleza es la tutora caprichosa que nos sigue poseyendo. La voluntad es un recurso limitado. El esfuerzo está condicionado. ¿Crees tener libre disposición para obrar? Alguien te ha dicho que es así y que se ofrece a enseñarte cómo hacerlo. ¿Te fiarás? ¿Te pondrás en sus manos? Siempre han proliferado maestros, dirigentes, sacerdotes, tribunos y profetas cuyas recetas han ido dirigidas a reducir al individuo a la mínima expresión aunque invocaran su desarrollo. O, mejor dicho, a la expresión que ellos quisieran que fuese asumida por cada cual. Si hay dentro de ti un espacio que permanece interrogativo no entres al quite. Si tu inquietud posee todavía una porción de energía no concedas carta de creencia a las voces que dicen pretender salvarte. Si hay en tu interior una cierta intención de buscar más allá de las palabras falaces no concedas margen alguno de tu personalidad a los embaucadores. Sal al encuentro del que esté como tú. De quien humildemente te mire porque se halla reflejado en ti. De quien al hablarle te escuche y tú seas capaz de atender sus cuitas. ¿Cómo confías en disponer de la libertad cuando esta ya viene con las cartas marcadas? Cuestiona la apariencia de las cosas y desdeña la moda que resuene en cada momento. Tal vez en tu persistente NO estés descubriendo tu íntima e irrenunciable dignidad.  



*Crátera del Museo Arqueológico Nacional. Madrid. 


miércoles, 8 de julio de 2026

Invitación a la danza, de Miquel Martí i Pol




"A duras penas mantengo intacto
un viejo reducto que al correr del tiempo 
se ha convertido en una fortaleza. 
Parapetado detrás de lo perdido, 
con lucidez defiendo el privilegio
de ser quien soy, de escribir como escribo
y de vivir como vivo, siempre que el cuerpo
se me conserve dentro de unos mínimos aceptables.
Ahora que agosto bate sus metales 
con una escandalosa desmesura, 
yo me refugio en la solemnidad
que se ha integrado en mí y me representa. 
Después, los dioses dirán por qué camino 
y con qué gente debo seguir la ruta; 
dócil y grave alargaré las manos 
para aprender el nuevo ritmo de la lluvia".


Qué bueno es el poema Invitación a la danza, de Miquel Martí i Pol, del poemario Después de todo, que le hace a uno meditar. 

Quien no mantenga incólume un rincón del viejo reducto -¿acaso un residuo de la inocencia?- no se sentirá protegido del todo. Hay que dar lo perdido por perdido. Hay que saber ser incluso con lo que no se tiene ya. Amistades, familias, reconocimientos, ilusiones, capacidades, salud...se han ido fugando de nuestro entorno y de nuestro imaginario. Es el tiempo de pugnar por aguantar el tirón en los márgenes secretos, que paulatinamente se van reduciendo. Impugnar lo no realizado o el fracaso de lo que hicimos es ineficaz. Húyase, pues, de los lamentos. Ha ido llegando un nuevo mundo en el que nos cuesta reajustarnos. Un mundo que no nos admite como fuimos y con dificultad nos soporta. Un mundo con el que engarzamos dificultosamente y a contrapié. Los viejos espacios no nos pertenecen. La luz es más tibia y el ruido ensordecedor que nos rodea pretende empequeñecernos. Hay quien reivindica antiguos conceptos. Tales como dignidad, saber, bondad, apoyo, libertad interior. Si son actitudes conquistadas en la personalidad del individuo, bienvenidas sean y alabadas que se mantengan. Sirvan, pues, para la supervivencia. La solemnidad del poeta es un arcano. ¿Cada cual tendrá su propia solemnidad o se trata de otra ficción más que se empeña en concedernos una tímida esperanza? Basta tal vez con que nos valoremos en un afán de persistir en una resistencia, por otra parte cada día más menguada. Frágil ya nuestra renuencia ante el desgaste solo queda confiar en que este no duela. Porque dolor es recordar. Dolor es pensar en lo que una vez fuimos o creímos ser. Dolor es saber que no nos bastaron las fantasías y los placeres efímeros. Dolor es evocar compañías desaparecidas. Dolor es ser conscientes de lo poco que aprendimos y ve a saber cuánto metabolizamos. ¿Andar el camino? ¿Qué camino hay por delante que pueda ser mejor de lo que nos parece que fue? No me cabe duda de que imploraremos la lluvia ante una purificación imposible. 






* Estatua romana de mármol, siglo II. Villa de Algorós. Elche. Museo Arqueológico Nacional.
* Fotografía de Miquel Martí i Pol.


domingo, 5 de julio de 2026

Los grilletes

 


Mi intención es fugarme. El esclavo Virto hizo la confidencia a su mejor amigo. Yo, que no nací para esclavizarme ni a una divinidad ni a una idea ni a un poder ni a un explotador he decidido arriesgarme. Cualquier destino, aun jugándome el todo por el todo con la fatalidad, antes que el de ir mermando el cuerpo y destrozando la vida en este lóbrego lugar y bajo estos tiranos. Llévame contigo, bien sabes que mi aguante ha tocado techo, replicó Tertius. Aunque me consideres una posible rémora, pues mi salud me tiene con escasas fuerzas, te acompañaré. Te serviré de cebo si nos persiguen. Haré de centinela en nuestros reposos. Me abandonaré por el camino si voy a suponer peligro para ti. Si debo perecer que sea en una apuesta libre. Si llegamos a otro territorio donde nos admitan a pesar de nuestra procedencia, lo celebraremos. Virto no se esperaba la petición de su compañero de penurias. Dudó un instante pero consideró enseguida que Tertius merecía una oportunidad, ya que la vida le había negado casi todas. Creo haber encontrado el hueco por donde escapar. Donde apenas hay control y aunque el lugar es escarpado y puedes quedar al descubierto es el camino más corto para salir de este infierno. Si aparece algún guardián no debemos dudar en hacer uso de nuestra fuerza. Si lanzan a los perros tras nosotros deberemos correr más que ellos o despistarlos con alguna treta. Si nos cortan el camino y nos vemos atrapados en el acantilado solo tendremos una salida, sumamente aventurada pero esperanzadora. Al océano no nos seguirán. Tercius le escuchó anhelante y a la vez temeroso. No me cuentes más, compañero. No quiero ver los riesgos sino apaciguar las ganas mientras llega el momento. Saldremos de esta. Por cierto, Virto, ¿sabes hacia dónde nos dirigiremos? Virto afirmó con la cabeza. No conozco demasiado este territorio, pero confía en mí. Por aquí hay gente que ha viajado con comerciantes de Oriente y me ha hablado de las vías terrestres y de las rutas marinas. Ahora piensa solo en escapar y librarnos de estos grilletes. Herreros que no son fieles a nuestros tiranos los hay por todas partes. Nativos que ayudan a los evadidos son frecuentes.    

Virto, despierta, nos toca el relevo. Despierta antes de que llegue el arreador. Vamos, que el oro no espera. Virto estira de mala manera los hombros y agita pesadamente la cabeza. ¿El oro?, dice abúlico con una voz aguardentosa y seca. El oro está bien en las entrañas de la tierra, Tercius. Los que no pueden esperar son nuestros amos. También son esclavos de su avidez, pero a nosotros nos toca lo peor. Tengo los tobillos hinchados y estos hierros se me clavan cada día más. Estabas profundamente dormido, Virto, ¿que soñabas? Virto sonríe con amargura a su compañero. Soñaba, dice, lo imposible.



* Grilletes de esclavos en las minas romanas de la península. Museo Arqueológico Nacional. Madrid.