"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





domingo, 5 de julio de 2026

Los grilletes

 


Mi intención es fugarme. El esclavo Virto hizo la confidencia a su mejor amigo. Yo, que no nací para esclavizarme ni a una divinidad ni a una idea ni a un poder ni a un explotador he decidido arriesgarme. Cualquier destino, aun jugándome el todo por el todo con la fatalidad, antes que el de ir mermando el cuerpo y destrozando la vida en este lóbrego lugar y bajo estos tiranos. Llévame contigo, bien sabes que mi aguante ha tocado techo, replicó Tertius. Aunque me consideres una posible rémora, pues mi salud me tiene con escasas fuerzas, te acompañaré. Te serviré de cebo si nos persiguen. Haré de centinela en nuestros reposos. Me abandonaré por el camino si voy a suponer peligro para ti. Si debo perecer que sea en una apuesta libre. Si llegamos a otro territorio donde nos admitan a pesar de nuestra procedencia, lo celebraremos. Virto no se esperaba la petición de su compañero de penurias. Dudó un instante pero consideró enseguida que Tertius merecía una oportunidad, ya que la vida le había negado casi todas. Creo haber encontrado el hueco por donde escapar. Donde apenas hay control y aunque el lugar es escarpado y puedes quedar al descubierto es el camino más corto para salir de este infierno. Si aparece algún guardián no debemos dudar en hacer uso de nuestra fuerza. Si lanzan a los perros tras nosotros deberemos correr más que ellos o despistarlos con alguna treta. Si nos cortan el camino y nos vemos atrapados en el acantilado solo tendremos una salida, sumamente aventurada pero esperanzadora. Al océano no nos seguirán. Tercius le escuchó anhelante y a la vez temeroso. No me cuentes más, compañero. No quiero ver los riesgos sino apaciguar las ganas mientras llega el momento. Saldremos de esta. Por cierto, Virto, ¿sabes hacia dónde nos dirigiremos? Virto afirmó con la cabeza. No conozco demasiado este territorio, pero confía en mí. Por aquí hay gente que ha viajado con comerciantes de Oriente y me ha hablado de las vías terrestres y de las rutas marinas. Ahora piensa solo en escapar y librarnos de estos grilletes. Herreros que no son fieles a nuestros tiranos los hay por todas partes. Nativos que ayudan a los evadidos son frecuentes.    

Virto, despierta, nos toca el relevo. Despierta antes de que llegue el arreador. Vamos, que el oro no espera. Virto estira de mala manera los hombros y agita pesadamente la cabeza. ¿El oro?, dice abúlico con una voz aguardentosa y seca. El oro está bien en las entrañas de la tierra, Tercius. Los que no pueden esperar son nuestros amos. También son esclavos de su avidez, pero a nosotros nos toca lo peor. Tengo los tobillos hinchados y estos hierros se me clavan cada día más. Estabas profundamente dormido, Virto, ¿que soñabas? Virto sonríe con amargura a su compañero. Soñaba, dice, lo imposible.



* Grilletes de esclavos en las minas romanas de la península. Museo Arqueológico Nacional. Madrid.