A raíz de la entrada anterior alguno me ha sugerido si podría indicar algún libro que trate la guerra civil española con rigor y competencia. Por supuesto, yo soy el que soy y por lo tanto subjetivo. Quiero decir que puedo citar algunos textos que a mí me parecen necesarios, interesantes y rigurosos, de historiadores que no se prestan a demagogia ni populismo. Y a ello me he puesto. No quiero decir con esto que conozca todos y cada uno de sus contenidos. Pero en este sentido cada cual, si está interesado, puede aproximarse -vía biblioteca pública o librería- al que elija. También por internet se pueden encontrar referencias sobre los mismos.
Casi todos los libros mencionados se centran en el desgraciado enfrentamiento de 1936 a 1939. Algunos proyectan su tiempo de consideración más allá de la fecha. Algún otro escarba ya desde el siglo XIX. Todos ellos tienen un carácter de manual porque luego hay infinidad de libros publicados sobre temas concretos. La España de la Guerra Civil fue como un estallido en todos los planos de vida social y además en un contexto internacional que no favoreció a la República constitucionalmente elegida. Por lo que hay obras editadas sobre los líderes políticos, los partidos, los sindicatos, el papel de la Iglesia, la situación económica, la lucha de clases en las ciudades y el campo, la cultura, los maestros, las instituciones, la ayuda militar exterior, la intervención extranjera, las armas y el oro, la intervención de los nazis y los fascistas italianos, las Brigadas Internacionales, las ideologías en vigor, el dictador, etcétera, es decir, un inmenso campo más concreto y detallado para quien esté interesado en conocer más a fondo. Se ha dicho muchas veces que la Guerra Civil española es el tema sobre el que más se ha escrito en el mundo. No lo sé. Por supuesto, ni todo lo escrito es meritorios ni verdadero estudio que aporten con rigor y honestidad. Ciertamente también hay editados muchos libros de tipo testimonio, de gente que vivió aquel conflicto, bien española o foránea y que vino aquí. Unos ejemplos. ¿Cómo olvidar un libro tan entrañable como Homenaje a Cataluña, de George Orwell, o bien sus escritos sobre la guerra? ¿Cómo no leer a Manuel Chaves Nogales en sus crónicas o novelas? Ciertas obras de testimonios o novelas con base y conocimiento de situaciones pueden aportar también mucho conocimiento.
Si alguien saca provecho de esa relación que expongo abajo, pues bien. Por mi parte sigo abierto al conocimiento de un suceso colectivo, fundamental y decisivo en la historia de nuestro país, que incluso a los que hemos nacido mucho después nos ha obligado siempre -¡noventa años más tarde!- a cuestionarnos el pasado y el presente. Y enfrentarnos a las falacias, deshacer los mitos y desentrañar lo oculto. Eso sí, uno ya es muy mayor para dejarse embaucar por el revisionismo engañoso que algunos practican e intenta separar el grano de la paja en sus lecturas.
* Foto superior. Alfonso Sánchez Portela. La boda de los milicianos.



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La foto de arriba,me ha hecho recordar,lo que me decía mi primo que fue de la quinta del biberón (le obligó la República a ser voluntario y luego Franco la mili normal,cuando llegó a la edad).Que el frente,cuando estaba tranquilo era un cachondeo de amoríos entre milicianos y milicianas),con la correspondiente aparición de las enfermedades venereas.Eran jóvenes y libertarios.Lo qué no ocurría en las filas contrarias más militaristas.
ResponderEliminarRepito la República le obligó a alistarse a él y muchos más , veías al sexo varón con pantalones cortos,para librarse,porque los cogían de la calle y al camión, muchos se escondían en sus casas.Murieron como chinches en el frente de Aragon. Todo hay que contarlo.
Si tenéis duda preguntarlo a la IA,Geminis,aunque yo ya lo sabía por mi primo y un tío.
Saludos(espero que no lo borres,como hacen otros)
Que no borre, ¿qué? Todo eso que cuentas ya lo conocía de referencias, incluso más de una testimonial. No me sorprende nada, pero para explicarlo más extensamente habría que entrar en detalles y razonamientos que no es cosa ahora de hacerlo. Por supuesto, la juventud fue siempre la juventud en cualquier tiempo y lugar y otra cosa serían los controles o la falta de los mismos. Mira un tema interesante para narrar en novela o cine.
EliminarNo suelo recurrir a las inteligencias estas de última hora que citas, soy más antiguo y me fío lo justo de ellas. Gracias.
Hoy, John Carlin, en La Vanguardia, hace un comentario muy jugoso:
ResponderEliminarLas tres de la tarde hoy en Nueva York, cuando arranque la final de la Copa del Mundo, es el momento indicado para que por fin aterricen los extraterrestres y analicen la conducta de la especie dominante del planeta Tierra.
Gracias a su tecnología avanzada observarán que, salvo unas tribus perdidas en el Amazonas o la mitad de aquella nación pagana llamada Estados Unidos, la casi totalidad de Homo sapiens tendrá los ojos pegados religiosamente a un aparato primitivo llamado televisor.
Su primera conclusión, o teoría, será la que propuso una vez un escritor llamado Geoff Dyer. Que el fútbol es “un fenómeno cultural y deportivo tan absorbente que unos visitantes de otra galaxia podrían concluir, con toda lógica, que nuestro planeta adquirió su forma en deferencia al balón alrededor del cual giran la vida semanal y el ciclo de las temporadas”.
Seres impolutamente racionales, los recién llegados de una civilización superior harán –en nanosegundos– un análisis de las reglas del deporte, y de todos los partidos disputados de la historia de los Mundiales, y se quedarán perplejos ante la frecuencia con que los resultados no corresponden ni con la lógica ni con la justicia.
El error –o el pecado– original es que a los árbitros se les otorgan poderes divinos, pero son tan falibles como el resto de estas extrañas criaturas, los humanos, esclavos más de la pasión que de la razón. En vez de actuar juntos por el bien planetario se dividen en tribus, se inventan unas cosas llamadas banderas y no entienden mayor gloria o felicidad que derrotar a aquellos que visten otros colores.
La guerra es una constante de la humanidad. El fútbol, una metáfora de ello: más benigna que la guerra con balas, pero emerge de los mismos sentimientos de odio al prójimo, fenómeno también conocido como nacionalismo. Una radiografía del actual Mundial ofrecerá a los extraterrestres más luz. Particularmente reveladora les resultará la semifinal del miércoles pasado entre Inglaterra y Argentina, dos países que hace no mucho fueron a la guerra de verdad.
Aquel conflicto fue descrito por un humano inusualmente lúcido, Jorge Luis Borges, como “dos calvos peleándose por un peine”. La misma definición se podría atribuir a la mayoría de las carnicerías bélicas que se han organizado a lo largo de los siglos en el planeta azul. Pero en este caso el absurdo se llevó a extremos desconocidos.
Murieron unas mil personas gracias a la disputa entre dos países por unos inhóspitos trocitos de tierra en medio de un océano, cuyo valor para las dos partes no es más que fruto de la vanidad que rige el comportamiento humano. Les cuesta reconocerlo, así que se inventan argumentos para dignificar su pequeñez mental. Las Malvinas deben ser argentinas por proximidad geográfica (a 1.800 kilómetros de la capital, Buenos Aires); las Falklands (a 12.800 kilómetros de Londres) deben ser inglesas por lo que llaman fair play democrático.
ResponderEliminarArgentina perdió esa batalla, pero, de infinitamente mayor importancia para sus ciudadanos, ganó a Inglaterra en un partido de fútbol que se celebró cuatro años después. Esta variante de la guerra por otros medios se libró otra vez esta semana, volvió a ganar Argentina y volvieron los argentinos, y sus jugadores, a celebrar lo que los psicoanalistas que en ese país pululan llamarían la imaginaria recuperación en el subconsciente colectivo del magro territorio malvinense.
En la final de hoy reaparece Argentina y su rival será España, la una vez madre patria colonial. Otra oportunidad para que los extraterrestres reflexionen sobre los hábitos de nuestra especie. La curiosidad de que tanto dependa de meter una pelotita entre tres palos se extenderá, más allá de Argentina y España, al mundo entero. Los cuatro mil y pico millones que verán el partido lo interpretarán como una batalla moral, como siempre con un partido de fútbol. Los míos son los buenos; los tuyos, los malos.
Un rápido repaso intercontinental les dirá a los analistas alienígenas que la gran mayoría de los telespectadores han elegido su tribu y querrán que España venza a Argentina. Israel, eso sí, estará con Argentina por razones reconociblemente coherentes (el Gobierno argentino aplaude las matanzas en Gaza); medio Bangladesh estará con Argentina por razones absolutamente inexplicables, y el gran árbitro planetario, Donald Trump, estará con Argentina también, fervorosamente.
Por un lado, porque el rey naranja ama a su alma gemela en la Casa Rosada, Javier Milei, y apoya su reclamo por las famosas Malvinas. Por otro, porque, de todos los países del mundo, España es el que más aborrece. Rusia, China, Corea del Norte: ni una palabra en contra. Sobre España ha dicho en las últimas dos semanas que es un “socio terrible” y que los españoles son “mala gente, sin remedio”.
El resto del mundo irá con España en la final de hoy en parte porque el resto del mundo, o el 90% de él, considera que Trump es terrible, malo y sin remedio. El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y también, o más, porque se ha creado la percepción durante las semanas de este Mundial, justificada o no, de que los jugadores argentinos son unos tramposos y de que la hinchada argentina exhibe una ofensiva chulería, más un aire de militancia fachistoide. Messi, la divinidad más idolatrada del planeta, ofrecerá un contrapeso a este prejuicio en contra, pero no tanto como para inclinar la balanza a favor de Argentina.
ResponderEliminarEste es el análisis de la situación a la que tendrán que haber llegado, con frialdad forense, los extraterrestres. Si gana España y Trump le tiene que entregar la copa a su capitán, sus sofisticados aparatos medirán impactos sísmicos gracias a las carcajadas que darán la vuelta al mundo. Si gana Argentina, detectarán algunos solemnes aplausos a su capitán, reconocido universalmente como tan responsable de las victorias de su equipo como Aquiles del suyo en la guerra de Troya, otro más de los baños de sangre a los que han conducido las pasiones humanas en los últimos diez mil años bajo el sol.
Lo más lógico, claro, sería que los extraterrestres no esperasen al pitido final. La comedia humana nos entretiene a nosotros, pero para cualquier ser civilizado es para correr volando al más allá.
PD: es extenso, pero muy jugoso.
Miquel. Te contesto con otro artículo, este del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, hoy en El País, sobre tema futbolero:
ResponderEliminar"No sé qué pasará en la noche de hoy, cuando termine la final de esta Copa del Mundo, pero sí sé que algo se ha roto este año en el espíritu del campeonato y que tenemos derecho a preguntarnos cómo ha ocurrido. No hablo de fútbol, como entenderá cualquiera: de eso ha habido mucho y muy bueno, y esta noche jugarán dos equipos extraordinarios cuyo recorrido explica por qué los futboleros seguimos viendo los partidos de un Mundial a pesar de la suciedad que lo pueda rodear. Pero he estado pensando, inevitablemente, en lo que dijo Maradona el día de su retiro definitivo. Era el 10 de noviembre de 2001; siete años habían pasado desde que fuera expulsado de su último Mundial por uso de sustancias prohibidas, y allí, en La Bombonera, el estadio del Boca Juniors, habló frente a miles de hinchas que no lo veían como un futbolista, sino como un pequeño dios que había marcado los últimos 15 años de la vida argentina. Con los brazos cruzados, como abrazándose de pura tristeza, Maradona reconoció sus errores. Y entonces añadió:
“Porque se equivoque uno, no lo tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. Pero la pelota no se mancha”.
Durante los últimos años hemos asistido a los esfuerzos denodados de la dirigencia de la FIFA, en complicidad con los líderes más deplorables del siglo XXI, por mancharla hasta dejarla irreconocible. Ya sabíamos que Donald Trump, como un Midas al revés, convierte en mierda todo lo que toca; Gianni Infantino, por su parte, lleva varios años dedicado a su propia alquimia: a convertir el fútbol en una mercancía grosera, susceptible de ser explotada o exprimida hasta el último dólar y, sobre todo, capaz de lavarles la cara a los matones y los autoritarios del mundo entero. Sí, lo ha hecho de manera dedicada y recurrente; pero ha caído más bajo que nunca en los últimos años, los de la preparación y ejecución de este Mundial que organizaron tres países pero que giró desde el primer momento alrededor de uno. Y el espectáculo ha sido lamentable.
Vamos por partes. Han pasado varios meses ya, pero todavía me da vergüenza ajena recordar el premio ridículo que se inventó Infantino para lamerle los zapatos (es un decir) al presidente de Estados Unidos: para darle contentillo a ese ego frágil, a esa herida narcisista en forma de ser humano que es Trump. “Premio FIFA de la Paz: el fútbol une al mundo”, se llamaba desfachatadamente aquel trofeo artificial, o así lo llamaba el anuncio risible que hizo la FIFA el día del sorteo. El fútbol une al mundo, háganme ustedes el favor. Esa frase escogió Infantino para premiar al gobernante occidental que con más ahínco ha dividido a la gente, aupado a los xenófobos y alentado la violencia entre sus propios ciudadanos, por no hablar del sabotaje metódico que ha llevado a cabo contra todas las instituciones del multilateralismo —las Naciones Unidas, la OEA, los Acuerdos de París— cuyo empeño es fingir que el mundo no es una selva donde gana el más fuerte.
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EliminarPara el momento de aquella ceremonia grotesca, ya Trump había humillado a Zelenski en el Despacho Oval de la Casa Blanca (mientras le negaba su apoyo al país agredido o lo sometía a chantajes) y había dicho que convertiría la franja de Gaza en un balneario (mientras condonaba el exterminio que ha llevado a cabo el régimen genocida de Netanyahu y los suyos). Todavía no había agredido a Venezuela para imponer su gobierno de títeres, ni había lanzado su guerra opcional contra Irán, ni había amenazado a la vista de todos con destruir en ese país las estructuras de la vida civil: es decir, con cometer lo que todas las convenciones del mundo consideran crímenes de guerra. Sus palabras de pandillero (pero de pandillero armado con misiles nucleares) quedaron inscritas desde el primer momento en la historia universal de la infamia: “El martes será el día de las plantas de energía, el día de los puentes, todo en un solo paquete para Irán. ¡¡¡No habrá nada parecido!!! Abran el puto estrecho, malditos bastardos, o vivirán en el Infierno”.
(Mi traducción es aproximada. Donde Trump escribe crazy bastards, me debato entre “malditos bastardos”, con su aire inevitable de película de Tarantino, o “locos de mierda”. Las dos responden bien al espíritu del original, creo yo.)
Pero nada de lo anterior nos hubiera podido preparar para lo ocurrido durante el mundial. Como lo sabe todo el que no haya vivido este mes escondido debajo de una piedra, el goleador de Estados Unidos, Folarin Balogun, recibió una tarjeta roja en el partido de su selección contra la de Bosnia-Herzegovina; Trump, que hasta entonces se había mantenido misteriosamente al margen del torneo, intervino al mejor estilo Corleone: levantó el teléfono, llamó al presidente de la FIFA, pidió que la sanción le fuera retirada al jugador. Infantino obedeció, por supuesto, pues no está en sus genes eso de plantarle cara a un poderoso ni mucho menos de defender con las acciones la integridad de un deporte que tanto defiende con las (huecas) palabras. Luego Trump se jactó de la llamada ante las cámaras; y en su respuesta a un periodista hubo tanto de satisfacción de Padrino como de cinismo impune, con un gramo de insinuación cobarde (pues no iba a desaprovechar la oportunidad de mancillar a alguien).
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Eliminar“Yo entiendo los deportes muy bien”, dijo. “Y eso no fue falta. No fue ni siquiera infracción. Y el árbitro, que es un tipo un poco sospechoso, si uno se fija en su pasado… Si usted quiere, le puedo entregar pruebas de ese pasado…” Enseguida, para probar que entiende los deportes muy bien: “Una cosa es sancionar a alguien por un partido. Pero, ¿cómo se le puede sancionar por un partido que aún no se ha disputado? Es muy injusto”.
La sanción le fue retirada a Balogun y el delantero pudo jugar contra Bélgica. Pero el fútbol, el terco fútbol, tiene sus correctivos, o su organismo tiene sus propias defensas: la situación provocada por Trump el marrullero puso a los pobres jugadores en medio de un debate incómodo, tan pesado y venenoso que se les olvidó jugar. Los Estados Unidos fueron ante Bélgica un equipo sin alma ni concentración, como si tuvieran la cabeza en otra parte, y salieron del mundial en medio del caso más agudo de schadenfreude que se haya visto recientemente.
Yo quiero creer que es cierto lo que decía Maradona. Esta noche, uno de los capitanes recibirá el trofeo que ojalá haya merecido, y lo hará en presencia de dos indecentes cuyo comportamiento mafioso ha dejado una mancha indeleble en la historia de los Mundiales: pero la pelota no se mancha. Estoy seguro de que más de un jugador preferirá no tener la obligación cargante de estrecharles la mano, y debo decir que los compadezco a todos: he hablado con campeones del mundo y sé cuántas emociones y cuántas memorias (las de los fracasos pasados, las de los éxitos con sus malentendidos, las de los vivos que los acompañan para ver el momento, las de los muertos que no pueden verlo) les llenarán el cuerpo, como a cualquiera en un momento parecido, y es una lástima que el momento sea menos limpio por la presencia de esos personajes nefastos que son Infantino y Trump. Pero ellos también pasarán, y el fútbol queda."
El artículo de Juan Gabriel Vásquez se titula "La pelota no se mancha". Me ha parecido impecable. No se muerde la lengua. A los nuevos tiranos hay que decirles las cosas a la cara y es la manera en que los lectores tengan claridad de ideas.
ResponderEliminarMuy lúcido, cierto.
EliminarGracias
Cuando nos intercambiamos artículos es porque de alguna manera también nos identificamos con otros criterios, aunque sea en temas en apariencia menores. Pero en el caso del fútbol está quedando claro que como deporte espectáculo cada vez queda más atrás. El negocio lo ha corrompido desde hace tiempo y la manipulación política lo está desvirtuando del todo hasta los niveles que este campeonato ha demostrado.
EliminarFui durante años socio de un club de fútbol, Fackel, "el otro", el que no se nombra en Barcelona, pero dejé de serlo porque vi que en vez de hacerme mejor, me envilecían.
EliminarMe di cuenta de que Le Bon, Ortega, Orwell, Canetti, Lipovetsky, Sloterjk, y muchos otros que ahora no recuerdo pero que hablan de la masa, tenían razón, y da igual una pelota que una idea que te arrastra, soy represento lo bueno, luego tú, lo malo; y ahí me paré.
Sé quien es Infantino, y sé quien es el malhechor de la AFA; sé quien era el último entrenador español, y sé quien hoy agitará la bandera de España si gana, y se quien beberá cava si pierde.
Yo, con tu permiso, que sé, lo tengo, cogeré un libro de Gabriel Marcel, el que decía: Yo no asisto al espectáculo, y me acercaré al mar, que desde casa y por pistas agrarias hay 6 kilómetros.
Recuerdo las palabras de Maradona: Nací en un barrio privado, privado de agua, privado de luz, privado de gas...
Gracias por tu atencion, y como bien dices: El negocio lo ha corrompido desde hace tiempo y la manipulación política lo está desvirtuando del todo. (Es válido para todos los gobiernos de todos los países).
No es obligatorio ver el partido, estaría bueno, aunque la presión social, ambiental, se empeñe. Y luego el fanatismo, las pasiones, la equivalencia ¿o la excusa? entre fútbol, selección, política, gobierno...¿Qué clase de cultura estamos teniendo? Tal vez, Miquel, ambos seamos pesimistas sin salvación.
EliminarS´, unos nihilistas sin remisión.
EliminarSé que voy a decir algo que puede malinterpretarse o verse como una cobardía. Lo cierto es que he leído algunos de esa lista, muy completa, que has traído, pero dejé de leerlos porque, la verdad, me daba mucha pena. Tanto dolor, tanto sufrimiento, tanto desperdicio de talento, ¿para qué? Ver la historia de España es como ver una lista de oportunidades perdidas.
ResponderEliminar¿Qué crees? ¿Que yo no siento también eso mismo que dices? No me he rendido a seguir leyendo, con menor intensidad y seguimiento, ciertamente sobre el tema. Siempre hay algo nuevo. Sobre todo cuando se baja a los efectos de la violencia ejercida en pueblos y ciudades españoles al margen de los frentes de batalla. Es decir, todavía es más doloroso cuando conoces informaciones cada vez más detalladas sobre la brutal represión y crimen, sobre todo en las retaguardias.
EliminarYa hace años me ocurrió que leí bastantes cosas sobre la bestialidad germana nazi sobre todo tipo de disidencia y sobre la persecución alos judíos. Leer "Si esto es un hombre" de Primo Levi es venirte el mundo encima. Y fue una época en que se estuvieron publicando muchos libros sobre el tema, algunos testimoniales, y uno acabó afectado y decidí no leer más. Hace un rato he leído un artículo impresionante de una periodista israelí crítica sobre el klu klux klan judío que protege las ocupaciones y robos de los colonos a los agricultores palestinos. He sentido el mismo horror que los casos anteriores.
Volviendo al tema de los libros sobre la guerra. Comparto contigo lo de las oportunidades perdidas en la historia de España.
Toda reconstrucción de la Historia es tendenciosa y subjetiva, partiendo de esto, conociendo a los autores es posible saber hacia "qué lado de la historia" tiran sus ideas. Pero siempre hay que saber lo que piensa el enemigo, por eso también hay que leerlos, no negarlos, para estar preparados y saber qué responder.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Todo es muy relativo. Discrepo. Investigar la historia e interpretarla con rigor no tiene por qué ser algo tendencioso, aunque sea complicado. Subjetiva será la tarea, si hay buena intención, en función de los datos recopilados y el acceso a fuentes. He expuesto esos autores, sin saber sus ideologías respectivas, porque me merecen crédito. No voy a interesarme por lo que dicen los De la Cierva, Pío Moa, Fernando Paz, Pérez Reverte, César Vidal, u otros que van de historiadores y son de tendencia de reposición de la interpretación ideológica tradicional y conservadora. En este sentido, amigo José, conozco desde mi juventud el pelaje de cierta gente, dudosamente intelectual, les he venido escuchando desde hace décadas, conozco sus enfoques y no necesito perder ya el tiempo en versiones sesgadas e interesadas. Pudiendo además elegir entre aportaciones más consideradas. Por supuesto, conocer la historia es complejo porque exige muchos matices. Saludos, pues.
EliminarHablaba Cioran del sin sentido de la historia, y nada mejor que compararla con otro sin sentido como es el futbol. Ya lo dijo Valdano: El fútbol es lo mas importante de las cosas qe no tienen imprtancia.
ResponderEliminarDe los recomendados, me qjedariq con Orwell y Preston, sin desmerecer -por supuesto- al resto.
Saludos
Bueno, Orwell no fue historiador, pero fue un individuo muy perspicaz, muy observador y que sabía analizar y vivió aquel tiempo con intensidad y buena voluntad. Los autores españoles que se citan son, a mi modo de ver, muy interesantes. Algunos de ellos suelen publicar artículos en la prensa sobre acontecimientos actuales o poniendo puntos sobre las íes sobre temas del pasado.
EliminarEl sinsentido de la historia sería, al fin y al cabo, el sinsentido de la vida. Me parece más interesante conocer la naturaleza humana, por ejemplo, que hacer preguntas sinsentido, esas de por qué estoy, de dónde vengo, a dónde vamos, etc. Así que desde esta noche en que el tráfago de los apasionados que han tomado calles con sus claxons y cohetes no me han dejado dormir solo me sigo preguntando por los rituales humanos, y el comportamiento del individuo y la masa lo es, y lo que canaliza y demuestra. No encuentro todas las respuestas. Salud para el lunes.
Por cierto, el libro de Nicolás Sesma es muy atractivo para quienes hemos conocido el período de la dictadura porque aún recordamos no solo acontecimientos sino pautas de comportamiento sociales y políticos. No es tanto la guerra civil como el período posterior.
EliminarBuena selección. Aparte de Ángel Viñas, Paul Preston es para mí el mejor referente que tenemos. Al ser extranjero y moderado le da un plus en su grado de objetividad, pues analiza el asunto sin pasión y con ecuanimidad, desde fuera.
ResponderEliminarAdemás de los citados yo recomendaría Las tres Españas del 36, también de Preston.
No por ser españoles otros historiadores son menos competentes y objetivos. Depende de su concepto investigador y la información que sepan manejar. Antes sí pasaba eso, que desde fuera veían mejor, pero en parte era porque la historiografía española estaba muy reducida y limitada.
EliminarBien por tu aportación. Yo he añadido otros dos que ayer no me di cuenta.
A mi leer,pensar los motivos,la verdad no me interesa.prefiero recordar en las consecuencias y eso si que lo sabe nuestra generación, en propias carnes.Con mi mujer,de vez en cuando hacemos un repaso.La cartilla de racionamiento,la poca o nula carne en la dieta,el frío,en casa y en el cole,la Cruz de los Caidos por todas partes,el Cara al Sol,el Rosario....Tenemos tema para rato,porque mezclamos con personas que ya no están.
ResponderEliminarSaludos
Hay miles de libros sobre la guerra civil, algunos más provechosos y otros menos o nada, y se puede entrar en toda una casuística sobre temas relacionados. Para tener una visión general probablemente la lista que proporcionas pueda saciarnos la curiosidad, pero a mí me gustan también los basados en testimonios directos, de gente que participó o se vio afectada por la contienda. Pero eso tiene que buscarlo cada uno conforme a sus gustos. Gracias por la lista.
ResponderEliminarAnder