Estaba en una biblioteca. Al abrir cierto libro de poesía aparecía entre sus páginas una carta del tarot. La que representa al loco. Me inquietaba y automáticamente me llevaba el libro para casa. No sé si temía más un oculto significado que de momento no me era revelado o la presunción de mi rostro en ese arcano mayor.
jueves, 15 de mayo de 2014
Imaginario, 38.
Recibo una caja hexagonal y dentro hay una cabeza de mármol. Aunque la frialdad estética es superior a la de la textura del material la llevo hasta una estantería. Cuando estoy a punto de dejarla me quema los dedos.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Imaginario, 37.
Presencia implacable de una raya inequívoca, trazada a carboncillo, que se extiende y permanece en el sueño. De pronto, desde los extremos la línea es tensada y sus vibraciones me hacen perder pie. Me deja al borde, sin que yo sepa muy bien en qué lado de su viscosa horizontalidad estoy.
martes, 13 de mayo de 2014
Imaginario, 36.
El río se abría violentamente en dos. Longitudinal, desproporcionado y a diferente ras. La navegación se interrumpía, los campos se anegaban, los meandros extraviaban sus contornos y el nivel de las aguas se elevaba incesante y precipitadamente. Mirándolo desde aquella altura yo tenía la sensación de que el tiempo volvía hacia atrás. Y que aquel afluente orgulloso pero humilde se vengaba de la erosión que lo había dejado convertido en mudo -y menudo- testigo.
Imaginario, 35.
Dificultad de entender cómo, si estoy subido a la terraza, no veo el paisaje. Lo lejano se difumina y lo próximo está tapado por más terrazas, mientras me llega el olor húmedo del heno.
lunes, 12 de mayo de 2014
Imaginario, 34.
Aquella mujer que encontraron muerta en las vías del tren cuando yo era niño aparece en alguna ocasión en mis sueños. Se empeña en que la escuche. Me compensa diciéndome que puedo comer cuantas manzanas quiera de su huerto.
(Paréntesis: panfleto sobre la siesta)
Mientras permanecemos de esa guisa, los innombrables no cesan. Roban propiedades, las inmatriculan a su nombre (el caso de la Mezquita de Córdoba es el más flagrante de entre los últimos), piden más percepciones estatales. Roban derechos cívicos a través de la imposición de leyes. Lo que requisan por medio de recortes contra las necesidades humanas lo despilfarran en sobrecostes de obras (la misma política son y hacen los que todos sabemos) o en corruptelas millonarias (más agudizada la práctica en unos que en otros) o en obras faraónicas inservibles. Las prácticas ilegales de la competencia se perdonan (el mercado, ese dios sobre todas las cosas) Etcétera. ¿Cómo va a sanearse la economía de un país sino estrujando a los que nos echamos la siesta? ¿Cómo va a haber reformas históricas que hagan un país nuevo si se lo apropian los mismos de siempre?
La historia de España es la historia de una perpetua contrarreforma. No se deja crecer al país nunca. No se le permite el asentamiento de una convivencia basada en la justicia (oh, ya toqué un absoluto impoderable) No se deja que se estabilice para beneficio de la colectividad. Como dice Rafael Argullol en un artículo aparecido el sábado en El País, quedan demasiadas cuentas pendientes y las criaturas del subsuelo han vuelto a resurgir: el desprecio por la libertad y la crítica, el fanatismo, los populismos de todo tipo. Y la más dañina: la ignorancia autosatisfecha que contempla apáticamente la destrucción de la cultura y la dispersión del talento.
Sigamos, pues, de siesta toda la bendita vida. Puede que ya nos estemos encontrando sin banco donde reposar, ni catre donde dormir, ni suelo que pisar sin pagar por ello. Al final no he escrito panfleto alguno sobre la siesta, ¿o sí?
domingo, 11 de mayo de 2014
Imaginario, 33.
A veces acecha un fantoche chulesco. Atraviesa a vuelo mi cuarto de punta a punta con una espada de fuego. O eso dice él.
Imaginario, 32.
La cama refugio se convertía en cama desierto, pero donde no había luz ni estrellas ni oasis ni brisa.
sábado, 10 de mayo de 2014
Imaginario, 31.
En aquel sueño me volvía loco tratando de encontrar un disfraz adecuado. Rebuscaba entre el amplio surtido de miradas, canciones, voceríos, discursos, exhibiciones, gemidos. El que había elegido debía pasar desapercibido porque todos me preguntaban si no quería disfrazarme de nada.
Imaginario, 30.
Es un bosque, un bosque de pupitres, me dice un hombre mayor, desaliñado, cuando entro en aquella escuela. No le entiendo. Hay al principio unas pocas filas ocupadas por escolares y, según avanzamos, las mesas se amontonan en varios pisos, de modo desorganizado. Cuando retrocedo hasta la salida los niños ya no están y, para mi desconcierto, el hombre trata de contener aquella abigarrada escultura con su débil corporeidad. Salgo yo solo y la voz del anciano se torna lejana: recuerda, se trata de un bosque.
viernes, 9 de mayo de 2014
Imaginario, 29.
Contemplo absorto un árbol de la vida, sorprendido por cómo el ramaje de piedra esparce sus frutos. Bufones y profetas vienen a mi encuentro, me extienden una mano y con la otra sujetan serpientes.
Imaginario, 28.
Era en Borobudur y se hacía de noche. Las figuras bajaban de sus relieves mientras nosotros nos queríamos. Nos hacían la ronda, proponiéndonos que nos incorporáramos a sus lienzos y nos quedáramos allí.
jueves, 8 de mayo de 2014
Imaginario, 27.
El castillo está situado en lo alto de un extenso otero. Cuando llego descubro que hay otro castillo ruinoso incrustado en él. Más alto, más inaccesible. Las almenas están desmochadas, el adarve resulta peligroso, los matacanes agujereados. El viento sopla impetuoso y un águila se posa cerca de mí. Nos miramos fijamente, nos hipnotizamos.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Imaginario, 26.
¿Quieres venir conmigo? me pregunta la mujer que hay apostada ante un forjado portalón. Depende quien seas, la respondo. Mientras atraviesa un zaguán con olor rancio, ella sigue explicándose, pero no la escucho porque no sé dónde me encuentro y la sigo a ciegas.
Imaginario, 25.
Subía por una rampa que acababa convergiendo con un techo de roca. Según avanzaba hacia el vértice me empequeñecía más y más. A los lados una tierra oscura y en ella la impronta de pisadas antiguas. Sobrecogimiento por hallarme en un templo cuya construcción me era regalada. Me quedaba en cuclillas, atónito.
martes, 6 de mayo de 2014
Imaginario, 24.
En la madrugada de nieve una muchacha entra en una cabina de teléfonos y llama. Al otro lado, en guardia, hay un hombre esperando. Ach! und säumest du noch? masculla para su insomnio.
lunes, 5 de mayo de 2014
Imaginario, 23.
¿Cuántos éramos? ¿Cuatro, seis? Iba cayendo la tarde y aún había que atravesar un campo de ortigas. A uno se le ocurre decir que si no respiras no te pican. Contenemos la respiración entre risas, pero las ortigas no se acaban nunca y los pulmones no dan más de sí. En la desbandada, caigo por el ribazo que da al río. Una voz que no sé de dónde sale clama: ¡las aguas son negras!
Imaginario, 22.
Doy vueltas al perímetro de las murallas y su circunvalación se hace cada vez más agotadora. Cuando pretendo entrar en la ciudad los postigos han desaparecido, las murallas se han hecho más altas y las piedras muestran una grisura sucia. Por más que busco una rendija en la defensa no la encuentro. Me quedo pensando, inquieto, si será una ciudad de vivos.
domingo, 4 de mayo de 2014
Imaginario, 21.
Mi amigo muerto y yo paseábamos juntos. Al mostrarle un paisaje él me respondía sin aspavientos que no podía sentir nada. Entonces le proponía: sentirás a través de mi mano, verás con mis ojos, olerás por mi nariz, escucharás haciendo tuyos mis oídos, etcétera. En ese momento el rostro de mi amigo denotaba satisfacción y seguíamos caminando.
sábado, 3 de mayo de 2014
Imaginario, 20.
Muchos brazos agitándose a los que me aproximo por curiosidad. Cuando me doy cuenta estoy siendo rodeado por ellos y me convierto en uno más. En ese momento aparece a toda velocidad una bola de fuego por la calle que baja de la montaña. Me hago a un lado y en el portal de una casa hay una mujer asustada a la que consuelo. Tirita y me hinca las uñas en la ropa.
viernes, 2 de mayo de 2014
Imaginario, 19.
El paso era angosto y las paredes de perfiles desiguales. A la perfecta planitud de un tramo le sucedían salientes de aristas puntiagudas que raspaban mis brazos y se clavaban en mis sienes. Cuando aquel pasaje se estrechaba de manera que parecía insalvable salir de él mi cuerpo decidía convertirse en una culebra. En ese momento me encontraba a gusto y quería permanecer allí; hasta el punto de que desaparecía la angustia.
jueves, 1 de mayo de 2014
Imaginario, 18.
Mientras yo contemplaba aquellos dedos largos, ni frágiles ni toscos, de piel tersa y algo atezada, el sello dorado de su dedo anular me deslumbraba con los destellos. No alcanzaba a ver con claridad en qué parada se bajaba la joven de mirada triste.
miércoles, 30 de abril de 2014
Imaginario, 17.
Debía tratarse de un sueño. Intentaba hablar y solo me salían balbuceos. Enfrente, los labios sonrientes de mi madre emitían un aire que dibujaba sonidos. Yo no lograba entender aquel milagro y movía mis labios atropelladamente. No sabía tampoco si ella hablaba por mí. Si me desasosegaba, mi madre me calmaba diciéndome que era un juego. De pronto provocaba un grito desmesurado y mi madre me dejaba caer de sus sus brazos.
martes, 29 de abril de 2014
Imaginario, 16.
Me veía subiendo por las terrazas de unos jardines antiguos. Entre la floresta laberíntica surgían estatuas deterioradas y cargadas de verdín. A una le faltaba un brazo, otra tenía la nariz rota, la que llevaba el perro al lado carecía de medio animal. Pero ninguna estaba desprovista de un atractivo orgullo de resistencia. Al tomar lo que se asemejaba a un paseo central me pareció escuchar la voz de una de las estatuas que decía: llévame contigo. Y luego de otras más que elevaban el tono y me creaban angustia. Yo echaba a correr hasta que caía por la bóveda de un mausoleo subterráneo donde yacían estatuas enteras, pero muertas.
lunes, 28 de abril de 2014
Imaginario, 15.
No sé cómo he llegado hasta un callejón que no tiene salida. Tampoco puedo volver atrás porque parece haberse borrado el camino desde el que provenía. Escucho voces y risas, aunque no veo a nadie. De pronto aparece un hombre anciano y me pregunta si tengo sed. Me da agua y me dice que a él le pasó lo mismo. Eso me calma, y cuando quiero preguntarle más el hombre ha desaparecido.
domingo, 27 de abril de 2014
Imaginario, 14.
El animal se arrastraba a duras penas. Yo sentía la amargura de sus llagas lanceoladas como si me las hubieran causado a mí. Él se desprendía de su incisión en la piedra de basalto y se acercaba a lamerme las heridas.
sábado, 26 de abril de 2014
Imaginario, 13.
Me veo bajando en la minúscula bicicleta por el camino de la fuente vieja. Los girasoles que hay a un lado y otro están en su punto pero nadie llega para recoger la cosecha. Los girasoles siguen creciendo y se entrelazan robándome el cielo. Me pongo a pedalear muy deprisa para salir del túnel, hasta que la bici hace un quiebro y pierdo la conciencia.
viernes, 25 de abril de 2014
Imaginario, 12.
En un claro de aquel hayedo se presenta una mujer joven ante mí y me espeta: soy la hija de un amor anterior tuyo. En mi perplejidad yo le respondo ingenuamente: ¿cómo puedes saberlo? Ella me dice que había visto cómo me entregaba a su madre muchos años atrás.
jueves, 24 de abril de 2014
Imaginario, 11.
El lecho del río estaba repleto de caballos muertos. Decidíamos ir a bañarnos a otro río en el que no hubiera tanta muerte.
miércoles, 23 de abril de 2014
Imaginario, 10.
Aquella desconocida ponía la mano sobre la mía cuando yo iba sujetándome a la barra de un vagón del metro. Solo por la intensidad de su apretón y por la constancia en mantenerla supe que necesitaba mi calor y que yo aceptaba el suyo. Al llegar el tren a la séptima estación me ordenó firme: bájate aquí. Arrancó el tren y al sobrepasarme vi que tenía puesta su mano sobre la mano de otro hombre. Sentí mucho frío.
martes, 22 de abril de 2014
Imaginario, 9.
Al tirar el zapato de la niña al pozo caía yo detrás. En lugar de pedir socorro gritaba sin cesar el nombre de la niña. Aquella risa infantil de la superficie se perdía cada vez más. Luego sentí su mano tirar de mí y los dos nos poníamos a jugar con las monedas barrosas que había en el fondo.
lunes, 21 de abril de 2014
Imaginario, 8.
En la habitación en penumbra hay un hombre desnudo que se parece a mí. Pero solo está desnuda la mitad de su cuerpo. La otra mitad la cubre el rayo de añicos en que ha quedado destrozado el espejo. Son amargos los cortes que detecto sobre un lado de mi abdomen. Cuando paso la mano por el borde de las heridas me salpico.
domingo, 20 de abril de 2014
Imaginario, 7.
El umbral de la cueva me transmitía una humedad antigua. Los ojos empezaban a ver a través del olor de la profundidad. Allí dentro se derramaban por la piedra de leche chorros de toda clase de coloraciones. Sentí mucha alegría y creo que la roca también. El silencio de los humanos no es el silencio de toda la naturaleza, y llegaban voces muy apagadas de minúsculos seres. Arrodillado ante las charcas inmóviles de la caliza les imploraba que se me revelasen.
sábado, 19 de abril de 2014
Imaginario, 6.
Hundía la boca en la herida blanca de aquel cuerpo. Veía entre sus cristales salinos cómo el sol se domesticaba. Los escorpiones se detenían a comer de mi mano. La arena era fértil. La línea lejana del horizonte se combaba. Al beber de aquella incandescencia percibía la llamada del mineral. Había estado esperando mi llegada desde una dimensión que los hombres llaman tiempo. Dejé que la forja configurara mi máscara insaciable.
viernes, 18 de abril de 2014
Imaginario, 5.
La marquesina cubre una acera larga de puestos de verduras. La mujer vestida de punta en blanco pregunta a unos y otros y compra algunas hortalizas. Mientras, yo juego con una niña a escondernos entre cajas vacías que forman una pila que alcanza el techo. Una voz, dos voces, varias voces pronuncian de modo inquieto nuestros nombres. La niña y yo viajamos en un compartimento de tren y las ciudades pasan ante la ventanilla. En una estación en la que hemos parado me pide que le compre un helado. Toda la agitada algarabía del mercado cae sobre nuestras cabezas.
jueves, 17 de abril de 2014
Imaginario, 4.
El rostro de la mujer pegado al cristal era bello. Pero el reflejo lo era más. Cuando arrancó el autobús yo permanecí inmóvil en la parada. Le dije adiós con la mano. No sé si a su cara o al reflejo. Aquello fue un doble abandono.
Imaginario, 3.
Al penetrar en el osario de aquel pueblo todas las miradas se concentraban en mí. Ni siquiera en su actitud descarnada las calaveras eran iguales. En algunas percibí risas mudas, en otras un rictus de desprecio, unas pocas manifestaban cierta envidia contenida, bastantes de ellas se iluminaban con un gesto de asombro. Debo decir también que la mayoría ignoraban mi presencia. Supongo que, como sucede en general en la vida, había calaveras sumisas y calaveras díscolas. Me pareció escuchar un mensaje subterráneo, algo así como: todo es cuestión de tiempo, la galería sigue abierta. Fui saliendo a la luz lentamente.
miércoles, 16 de abril de 2014
Imaginario, 2.
Desde la cama contemplo la bombilla que a veces hace guiños. En la habitación hay también una mesilla, una butaca pequeña y baja y una cómoda de perfiles redondeados. Sobre ésta, el calzador del padre. Entra un ladrón y se pone a tirar de los cajones. Hurga atropelladamente en su contenido. Me tapo con las sábanas y escucho mis propios latidos con una tensión enervante. El ladrón se asusta también y huye precipitadamente. No se ha llevado siquiera el calzador.
martes, 15 de abril de 2014
Imaginario
He visto asomar en un sueño un arma homicida. Su filo no era peligroso por la hoja en sí misma, sino por la descarga de ira de quien la portaba. Nadie advertía la sangre que se estaba derramando. Yo me palpaba una y otra vez el pecho, el costado, la cabeza. Avisaba a cuantos pasaban a mi lado. Iban sangrando pero la incidencia no parecía importunarles. Un orate pasó veloz junto a mí y exclamó: ¡sangre redentora! Con el escalofrío que me produjo aquel grito contuve mi herida.
lunes, 14 de abril de 2014
Tránsito de las palabras (sustancia y sazón)
Desenvainad los días para extraer el fruto, dice una voz. No dejéis que se pudra lo que hay dentro, aquello que alimenta. Pues tras la apariencia que solo engalana se oculta, sabrosa y exuberante, una riqueza mayor. No os conforméis con la ornamentación de esta época y sus circunstancias, más bien buscad su fecundidad. Aquella puede distraer vuestra intención de probar la sustancia, sin que oséis jamás catarla. Lo fecundo: ese tránsito lento y arraigado en las entrañas del conocimiento. Esa ofrenda que os pone a prueba pero que también os deja despejado el camino del encuentro. El fruto está ahí. Es savia y es sabio. Su punto de sazón solamente responderá al instante en que aceptéis vuestra propia madurez, hermanos. Pero, cuidado, no esperéis mucho tiempo más. No vaya a pasar que cuando desgajéis la cáscara os encontréis vacío el espacio de vuestras esperanzas.
viernes, 11 de abril de 2014
Transcurso de las palabras (al encuentro del universo)
...dispersión, choque, compacidad, absorción, gravitación, flotamiento, características que no las hace a ellas, a las palabras, diferentes a otras manifestaciones de los universos, y tal como hacen estos también se encuentran y desalojan, y no sé de qué manera instintiva aprendí a escucharlas incluso antes de ser sonidos articulados, no sé cómo advertí sus mensajes, acaso cuando mi mano tocaba otro cuerpo o era tocada por otras manos, o se deslizaba por mi propia piel, en ese largo y siempre atrayente recorrido por descubrir lo insustituible, el propio cuerpo, y desde entonces me parece que las palabras conservan en su esencia lo táctil, y donde hallo piedra me encuentro también palabras, y sus énfasis correspondientes, y si estoy solo en medio de unas ruinas reconstruyo con las palabras que me llegan la vida de lo que fue el lugar antes que ruinas, y si caigo en el desierto las palabras se escabullen como los alacranes para utilizar el lenguaje más recóndito, y si es el oleaje del océano el que me acuna cuando me siento a su merced en el camarote salgo a cubierta y me dejo cubrir por la espuma, que susurra con un peligro semejante al de cualquier otra caricia, y al saberme parte de todo esos universos que no solo me rodean sino que penetran en el mío, es justo cuando me siento musgo o pecio o partícula o fósil o bocanada, y el diálogo es fecundo y bien con reproche o con ternura o con corrección o con alegría las palabras adquieren la tonalidad de mi sangre, sea apacible o brutal su empeño por seguir circulando dentro de mí.
(Dibujo de Inés González)
jueves, 10 de abril de 2014
Transcurso de las palabras (lapidarias)
...son como minerales, ellas, las palabras, lapidarias porque son arrojadas, porque los hombres se las echan unos contra otros, y nadie se libra de ser unas veces el que las arroja ni nadie se va incólume sin haber recibido la pedrada, y eso ya lo percibimos algunos cuando éramos niños, por una parte a través de los refranes, los pétreos, los duros, los que más que advertir sentenciaban, eran tiempos aquellos de refranero, sabio no obstante su uso, que yo llegué a odiar y que ahora valoro de otro modo, aunque no soy usuario frecuente del mismo, porque mi mirada ha aprendido, porque los acontecimientos hay que analizarlos y no sentenciarlos a priori, ni condicionarlos por nuestra propia incapacidad para captarlos, que no lograremos hacerles variar por eso, lo que es siempre es, por lo que sea, aunque tengamos en mente la riqueza empírica de los refranes, y por otro lado a través del reproche, ese contenido infame que con refrán o sin refrán trataba de abrir una brecha sangrienta en la conciencia de un niño y que, por lo que voy viendo, no ha cesado del todo, ayer escuché aún una frase estereotipada que no se lleva mucho, que no sale hasta que la situación o la pobreza mental de un individuo no lo requiere, o a veces la mera observación, seas o no un deplorable ser que no quiere reconducir el pensamiento hacia el entendimiento, aún escuché la gente quiere mano de hierro y por primera vez no dije que no, por primera vez tampoco callé, por primera vez me pareció que debía ocultar mi horror y dije, sí, algunos la quieren, aunque les lleve al infierno...hay detalles cada vez más frecuentes en que esa negra mano de hierro se revela, y como si se quisiera aceptar, qué tendrá esa actitud, las palabras como mineral, y uno modestamente desea que no sean manos de hierro, aunque hoy ya son tiempos de nuevas materias, palabras radiactividad, láser, palabras fibras ópticas, etcétera, y que tampoco se privan de su malvada y oscura propuesta contra los individuos.
(Fotografía de Eikoh Hosoe)
miércoles, 9 de abril de 2014
Transcurso de las palabras (la gatera)
...nuestra arraigada costumbre, no sé si manía, de encontrar palabras hasta en sonidos que no son palabras propiamente dicho, a eso lo llamamos onomatopeyas, aullidos o ladridos, rumor del viento, ruido de una máquina, el traqueteo de un tren, el despegue de un avión, el chapoteo, son onomatopeyas, otras maneras de enunciar palabras, y hasta el vocablo onomatopeya suena lindo, estructurado y a la vez oriental, rimbombante y académico, y entonces me digo ¿cómo representar el paso de las páginas de un periódico o de una pantalla táctil?, ese paso que apenas nos permite fijarnos en una noticia, menos reclamar una atención, aún menos reflexionar un instante, no te digo analizar en alguna medida una argumentación, carezco de onomatopeyas precisas para muchos gestos de desinterés, de desconfianza o de duda, y mira, caigo ahora en que debería inventármelas, y mientras me vienen o no me vienen visualizo posibilidades con los ojos interiores hasta caer en que si merecerá la pena, como uno se resiste a la desconfianza absoluta, uno no cree ni no cree respecto a lo que lee en un diario o en libro o en la letra pequeña de un seguro, visualizo, carezco de onomatopeyas para mantener un diálogo con situaciones o prácticas difícilmente nombrables, pero dejo una gatera en la puerta de mi casa cuerpo, de mi casa mente, de mi casa anhelo o de mi casa expectación, para que entren y salgan los seres fantásticos que aún me den sentido o que lo representen para que yo me lo crea y, si es posible, me divierta, pues para entristecerme no quiero ni busco onomatopeyas (que podría)
lunes, 7 de abril de 2014
Anja Niedringhaus y su última foto
Nadie sabe cuándo va a hacer su última foto. Ni cuándo su última comida, su último viaje, su último encuentro amoroso, su última lectura o su última sonrisa. Anja Niedringhaus no lo sabía, aunque había jugado muchas veces con la posibilidad de que fuera la última fotografía, el último desplazamiento, la última guerra. Pero para esta fotoperiodista de Associated Press ha sido la última mirada a este mundo, desgraciadamente. Ya había estado en riesgo otras veces. Suele pasar. Hay corresponsales que no se resignan a que la información dirigida se la pasen los servicios de información del gobierno de turno -entonces, ¿qué son? ¿periodistas o mercenarios?- y quieren ver, constatar y reflejar lo que hay. Están allí, vuelven allí, donde habitan los indígenas. El rosario de sacrificados del periodismo auténtico de guerra -o zonas de conflicto, estúpido eufemismo de nuestros días- es largo, continuo, incesante. El periodista auténtico es un combatiente más para tirios y troyanos. Un combatiente de la aproximación a la verdad, si la hay, del testimonio y, por qué no, de la curiosidad personal. ¿Un aventurero mejor o peor pagado? Puede ser también. ¿Un temerario? En muchos casos sin duda alguna. No sé si el gobierno alemán o la agencia AP estarán más interesados en clarificar la muerte de Anja que lo estuvo el gobierno español cuando asesinaron los norteamericanos al periodista Couso en Irak. Supongo que lo tienen más fácil para lavarse las manos: ha sido una víctima del terrorismo talibán, pueden decir. Y en el caso del español José Couso, ¿qué terrorismo despiadado nunca considerado terrorista lo abatió innecesariamente?
domingo, 6 de abril de 2014
Transcurso de las palabras (su pérdida)
...las palabras se pierden, ¿por qué sufrir por ello?, tantas veces se pierden, unas se pierden y vuelven otras, o no vuelven y queda cierta melancolía, o se impone el silencio, que es la forma más secreta que poseen las palabras, ¿acaso no se pierde cuanto hay detrás de las palabras?, pienso en algo de todo aquello que puede perderse, que seguramente se extravía o se despide cada día que pasa: pequeños objetos, besos, salud, conocimientos, recuerdos, lozanía, cariños, confidencias, paseos, energías, generosidades, inventivas, personas cercanas, personas lejanas, caricias, para qué insistir en una lista, todos esos ámbitos vivos llegan y se van, se fugan y reaparecen otros, y las palabras, como arquitecturas efímeras, porque son pasajeras, por mucho que algunos las consagren en exceso, las palabras no saben quedarse, pienso a veces si no será mejor así, cuando se quedan quieren arraigar y las palabras son peligrosas si no quieren partir, a veces se quedan y hay que matarlas, iros a otras partes, palabras, las chillo, y cuando no quiero o cuando acabo de quererlas se me escapan porque es su propia condición, ay, palabras, os deseo para ser habitadas un tiempo, para ser tomadas un instante, para certificar que sigo respirando, así que si habéis decidido desaparecer tal como habíais configurado una tienda del desierto donde íbamos a estar los tres, vosotras, las siguientes y yo mismo, nada que objetar, sois el eterno retorno.
sábado, 5 de abril de 2014
ACLARACIÓN SOBRE DOS ENTRADAS
Aclaración a todos los que pasáis por aquí y en especial a los que habéis comentado. Al hacer el paso de un sistema operativo obsoleto a otro diferente se me han alterado sustancialmente dos entradas. Las tituladas TRANSCURSO DE LAS PALABRAS (TERNURA) y TRANSCURSO DE LAS PALABRAS (INDIGNANTE, INDIGNA) Por lo cual he decidido dejarlas como inexistentes.
Ruego vuestra comprensión y disculpa. El primer molesto soy yo.
jueves, 3 de abril de 2014
Transcurso de las palabras (al otro lado)
...no porque las palabras transiten por el sueño son más calladas, más bien dan rienda suelta a su manifestación de griterío o bien se adaptan a las circunstancias de una conversación normal o si tienen que comportarse pausadas lo hacen, pues se propagan con la misma intensidad que en el exterior del sueño, y nunca sabemos al despertar si se han impuesto las imágenes o lo han hecho las palabras, sabiendo que éstas unas veces no son sino imágenes complementarias de aquellas y otras veces imágenes tan visuales que pueden recrear los paisajes que el hombre recorre, desplazando la visión ordinaria, pero en las más de las ocasiones se tiene la sensación de que las palabras paseantes del sueño y las imágenes corretonas del sueño alcanzan una fusión especial, donde la imaginación pugna por dominar, sin control de palabras y visiones, desbocadas por escapar a la tiranía de la conciencia de los que sueñan, reinventando los guiones de nuestro vivir.
(Fotografía de Martine Franck)
miércoles, 2 de abril de 2014
Transcurso de las palabras (viscerales y calladas)
...no emitir palabra, no poder hacerla pública, no significa que no se haya construido dentro de la mente, y en el interior de cada individuo y en cada circunstancia más adversa la palabra conserva su calor, se soterra, se aferra a las células más protegidas, y aunque pugna por galopar se debate entre el razonamiento prudente que la sujeta y el clamor visceral que el odio procura, y solo la conciencia de un riesgo superior tira hacia las profundidades y la aletarga, sumiéndola en el espanto, porque lo primero es salvar la piel, o intentarlo.
(...en su abyección, los victoriosos, donde no pudieron hacer correr la sangre de sus hermanos, porque no les pareciera que aquellos otros menos comprometidos fueran acreedores del mayor castigo, pero sí que estaban muy próximos a haber merecido su derramamiento, o porque apenas había motivo, o porque una simple simpatía o familiaridad no justificara el acto más cruel, o porque se trataba de aplicar castigos ejemplares porque sí, decidieron adoptar también medidas simbólicas, y una de ellas rapar a las mujeres, pues humillar a las mujeres siempre ha sido más fácil para los energúmenos y cobardes, y que asumieran así ellas un gesto de la ignominia en su propia carne, y que tal aplicación figurase para el resto de sus días como un baldón para ellas mismas, mas los victoriosos especializados en el oprobio, cegados por la violencia y por el triunfo de la ignorancia una vez más, no podían comprender que en realidad las ensalzaban, reconocían su dignidad, si bien de poco les sirviera en aquel momento a las mujeres aterrorizadas, pero todo no acababa ahí, y no conviene fiarse de la supuesta benevolencia que puede parecer este acto menor, pues para muchas de aquellas mujeres afeitadas no fue sino el principio de la discriminación, un paso que dio paso a otras barbaridades y penurias, incluso sin seguridad de que no podrían recibir el golpe de la muerte en cualquier momento, y al contemplar la imagen de sumisión forzosa, al advertir el afeitado que parecía desposeerlas de derechos e identidades, las mujeres solo se rendían en su fuero más profundo al silencio y a la cautela, y privadas como estaban de decir siquiera esta boca es mía, porque la boca y las manos y el cuerpo y el destino pertenecían ya a los vencedores, les quedaba el flujo más recóndito de su pensamiento, que se manifestaba con palabras que pesaban pero que no podían emitirse, y si uno se fija en la fotografía de las cuatro mujeres de la entrada anterior, los ojos hablaban por ellas, los ojos caídos en el pozo de la injusticia atroz que se cometía con ellas, el hundimiento de unas miradas sin esperanza y la carencia de rictus alguno ya no de sonrisa sino de levedad o relajación en sus labios, y la fuerza que se consolidaba en las manos que se sujetaban una a otra para no perder el sentido del contacto consigo mismas, aunque el vencedor solo viera el gesto del sometimiento y de la resignación...)
(Paréntesis bis. Curiosamente viene hoy en El País esta información que tiene que ver con la oscura victoria y los victoriosos:
http://politica.elpais.com/politica/2014/04/01/actualidad/1396380702_183531.html, por si quedaban dudas de las barbaries, con testimonio de alguien no sospechoso de veleidades rojas)
http://politica.elpais.com/politica/2014/04/01/actualidad/1396380702_183531.html, por si quedaban dudas de las barbaries, con testimonio de alguien no sospechoso de veleidades rojas)
lunes, 31 de marzo de 2014
Transcurso de las palabras
...las palabras transcurren a través de parte de los canales que también se ofrecen al alimento o al amor...¿será porque, sean migajas o banquete, las palabras acuden siempre al rescate del hambre de los hombres?
En recuerdo de los cien años del nacimiento de Octavio Paz.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Piedra y agua
...reivindico la dignidad de las cunetas frente a la vanidad de las catedrales.
Eso he dicho en la entrada anterior. Imbuido por el espíritu de León Felipe siempre he adorado más el guijarro pequeño que la montaña pétrea incomensurable. Pero ese sentimiento es anterior a saber del poeta zamorano. Tal vez la culpa haya sido de mis pasos no prolongados pero sí frecuentes por Ávila en la infancia. Allí percibí por primera vez las dos dimensiones. La de las piedras pequeñas y la de las grandes rocas arraigadas en el subsuelo y que emergen como icebergs de granito. Luego hay una tercera dimensión, la de sus construcciones históricas. La abundancia de piedra fue utilizada por las instituciones de las diversas formas de poder (nobleza, Iglesia, monarquía) para alzar sus símbolos de grandeza. Llámense murallas, calles, templos, palacios todo ello era, es, una prolongación de la piedra y del oficio. Me gustaba admirar y sorprenderme con cada edificio, por fuera y por dentro. Mirar de manera absorbente los ángulos de las arquitecturas y los detalles de las decoraciones. Pero lo inevitable era, y lo sigue siendo, tocar siempre la piedra. Sin palpar muros y columnas es como si mi visión estuviera incompleta. La piedra fría me impregnaba de calor. La piedra, ¿médium u objeto en sí misma? Las leyendas me condicionaban y me atraían. La humedad latente en el subsuelo de aquella catedral, que se hacía notar en las losas del pavimento, nos conducía a soñar. Es una extensión de la laguna de Gredos, me decían los mistéricos. Y fantaseábamos con reinos poderosos del submundo, con enigmas sin resolver, con demiurgos más allá de los mortales artífices, demorando siempre la explicación. Pero la piedra y el agua me parecían no tanto recursos para generar imaginación como elementos para vincularme a la tierra. Así descubrí que en aquello también había raíces.
martes, 25 de marzo de 2014
¿Ellos no fueron artífices de una democracia?
...ellos no fueron artífices de la transición...fueron víctimas dos veces...una de sus asesinos y otra de una transición y de una democracia que poco han hecho por reconocerles y sacarles de su olvido...
...para ellos no hay catedrales; ni siquiera cementerios donde yacer; sólo existen cunetas
...invoco la dignidad de las cunetas frente a la vanidad de las catedrales
...¿cómo olvidar que fueron artífices de un cambio social que intentó dar el salto de la ignorancia, el atraso y la injusticia desde la plena legitimidad y legalidad republicana hacia una nueva España sin analfabetos, sin caciques y sin tiranos?
...pero no les dejaron; su memoria sigue pesando
...pesándonos
...pero no les dejaron; su memoria sigue pesando
...pesándonos
lunes, 24 de marzo de 2014
Bertold Brecht: ¿sólo él forjó la democracia?
Nada más leer el titular noticiable (vendendor de noticias) pero exagerado (desfiguración o desajuste con lo profundo real) de El País (Suárez: forjador de la democracia) de hoy me viene a las mientes el poema de Bertold Brecht. Aquél que cuestiona de modo tan preciso, por medio de preguntas aparentemente ingenuas pero directas, la visión maniquea de la historia. Sí, aquel poema Preguntas de un obrero ante un libro. Y embutir entre el verso ¿Quién cocina los banquetes de la victoria? y el siguiente ¿Quién paga sus gastos? uno nuevo a la española que diga ¿Sólo él forjó la democracia?
Me gustaría leer los próximos días algunos análisis y valoraciones libres e independientes sobre la muerte de un célebre agente político de la clase política (y oligárquica, no olvidar al servicio de quién estuvo) Que varios días antes de su muerte se estuviera hinchando el globo informativo, digamos, y en principio incentivados por la familia, ya es sospechoso. Los que vamos siendo viejos y hemos conocido múltiples tonos de artes y ardides de la llamada manipulación de masas solemos pensar mal por sistema. Qué mala pata. Ahora vendrá la parafernalia del duelo, los funerales, la vindicación unitaria del papel de aquel gobernante que fue. ¿Gratitud inocente nada más? Lo curioso es que los mismos -o sus descendientes de partido- que se lo cargaron del gobierno del país no harán regateos ahora en hablar exageradamente bien del hombre muerto.
Puede que la familia tenga una herida profunda por cómo le trataron los propios, o los próximos a los propios. Puede que pretendan saciar su sed de reconocimiento al jefe muerto con todas las pompas mediáticas, simbólicas y de espectáculo exterior (hasta le espera una sepultura en el claustro de la catedral de Ávila) Pero, ¿no da la impresión que hay algo más? ¿Que en un momento de convulsiones latentes en el país, y no solo por el tema Cataluña, y sí acaso más por tanta indignación que cubre toda la geografía, pretendan con formas engañosas recuperar los poderes fácticos y su gobierno una inciativa y un protagonismo informativos? Huele a versión interesada y parcial una vez más sobre la Transición, a confirmación (vía honras fúnebres a quien asesinaron políticamente los suyos hace muchas décadas) del papel relativo del líder muerto, a canto demagógico de una inquebrantable armonía entre clases sociales, a exaltación y revitalización de la Monarquía, a ocultación de los movimientos de protesta, a pretendido olvido de la corrupción, el delito de arriba y la política contra la sociedad. Huele a poner parches. ¿Cuánto van a durar sus efectos? ¿Lo que duren las exequias?
Espero que haya historiadores, politólogos y analistas objetivos, librepensadores y no paniaguados, que nos describan hasta qué punto un solo personaje puede ser forjador o modificador decisivo en un acontecimiento histórico. Que hagan ver el papel de tirios y troyanos en procesos de cambio histórico, que revelen con precisión dónde estaba el búnker, donde los transformadores, dónde los oportunistas que se apuntan al carro. ¿Es pedir demasiado a quienes hacen profesión de la Historia?
Preguntas de un trabajador jubilado ante el libro de la siniestra (oscurecida, aviesa y malintencionada) interpretación de la realidad española.
(Fotografía de Leonard Freed, de Magnum Photos)
domingo, 23 de marzo de 2014
Diario de domingo 23
Qué miedo me da la prensa. O mejor dicho, quienes están detrás de la prensa. Percibo en los periódicos de hoy inquietud acerca de la marcha de ayer en o sobre Madrid. Ignorar su significado, restar importancia o insultarla con exageraciones no son sino síntomas de cierto pánico, acaso aún potencial. Además de hacer dejación de las tareas informativas. Fue una marcha pragmática más que ideológica. Difícil de encasillar por parte de la prensa o, mejor dicho, de quienes están tras la prensa. Tanta demostración pacífica, pero contundente y masiva, preocupa a los voceros. Acaso les hubiera encantado cierta dosis de violencia de calle para justificar la violencia del establecimiento y hacer cundir de este modo el desprestigio de la causa de los manifestantes. No sé. Inquieta que la gente sea pragmática y que en cualquier momento pueda empezar a decir: no solo queremos más, es que lo queremos todo. Porque ¡basta! se dijo hace tiempo y no se escucha a la sociedad. Y la sociedad es un ente vivo, señores. En fin. Son meditaciones tontas y torpes que se me ocurren. No se me haga demasiado caso.
(La foto está sacada de Público)
viernes, 21 de marzo de 2014
Raíces, y 9
Entre ellos me veo.
No más caduco, sino más hecho. Pliegues y repliegues que se retuercen inocentes. Como mis preguntas: ¿Crecerán más las raíces que las ramas? ¿Puede el ramaje rozar el cielo? ¿Descienden las raíces hasta un punto o amplían la geometría allá abajo sin cesar? ¿Puedo seguir escondiéndome tras el tronco? No me veo en el árbol sino siendo el árbol. Mi extensión en la altura va renunciando a pretensiones. Me siento confabulado en la raíz con cuanto ha ido quedando atrás. El pasado preserva todas las dimensiones.
El perfil afilado de mi cuerpo tras su cuerpo.
Cuerpo protector que se te cede. Cuerpo del que comes y en el que bebes. Cuerpo que equilibra tus alegrías y tus estremecimientos. Cuerpo que sientes ajeno y confirmas como propio. Cuerpo que avanza y retrocede. Cuerpo con antifaz y cuerpo descarnado. Cuerpo de temores y cuerpo de osadías. Cuerpo que se ofrece y cuerpo que recoge. Cuerpo con lengua de fuego y cuerpo con llama de saliva. Cuerpo de tierra y cuerpo de aire. Cuerpo generoso y cuerpo flácido. Cuerpo de vagidos y cuerpo de agonías. Cuerpo cara a cara y cuerpo agazapado.
Escóndete en ti mismo.
La voz extiende sus lianas y caigo abrazado en lo que es hondo y no se muestra.
(Dibujo de Inés González)
miércoles, 19 de marzo de 2014
Raíces, 8
Cuando el hilo se vuelve raíz.
O descubres que lo ha sido siempre. Llámalo, si quieres, cordón umbilical. Sé más atrevido: puente, senda, mano. Oscura memoria. Tentado estás a pronunciarlo de otro modo: palabra. No sabes dónde comienza a hacerse visible o dónde es todavía arcano. De los territorios de allá abajo procede todo. Incluso la enseñanza que te proporcionaron germinó bajo tus pies. Has vivido con las ilusiones de la superficie, como la mayoría de los demás hombres. La tierra profunda no se siente agraviada por ello, pues entre sus secretos hay más bondad que en el corazón de los de tu especie. Sois vosotros los que vivís agazapados, no el mundo de las entrañas.
Quiero saber de vuestra presencia
para atemperar mis ansias de desconcierto, pronuncio en voz baja. Vivir aquí arriba se hace tedioso. Solo se vive en un combate de imágenes. Nadie se acerca a nadie para sentir al otro. Solo para ver su reflejo. Nadie echa una mano a nadie, como no sea para asegurarse que él se salva también. Nadie escucha a nadie, salvo para oír los propios argumentos rebotados. Nadie busca crecer, pues el alimento que lo posibilitaría no es ingerir un día y otro la misma ración de hastío.
Dejad que me busque entre los pliegues del árbol viejo.
(Dibujo de Inés González)
martes, 18 de marzo de 2014
Raíces, 7
El suelo me posee desde su fecundidad.
Me sorprendo y me turbo. ¿Qué escucho en la cercanía? Voces que me sujetan, que tiran de mí cada vez más hasta el fondo, que me producen rozaduras con las aristas de la roca virgen, que me hablan con prudencia pero a la vez exigentes, que se dirigen a mí en estos términos: qué hiciste, dónde fuiste, dónde has permanecido, yo la del subsuelo, que te formé de una pizca de mi cieno, que te dejé emerger, que nunca te reclamé hasta que tú te has acercado a tus orígenes, relata lo que has visto ahí fuera, traslada lo que has sufrido, habla de tus sueños, comparte conmigo tu capacidad de sorpresa, dime de tu curiosidad, hazme sentir cuanto amaste, di que en todo cuanto anduviste había sustancia de aquí abajo, y lágrimas de mi misma.
No siento ajenas las voces del viejo ámbito.
No es un umbral prohibido. No es una entrada cerrada. No es un país desconocido. Bajo las raíces percibo que me hablan sus olores, leo en su materia feraz, camino con la firmeza del que se sabe aéreo y sin que le afecte la gravedad, y en cada paso llevo ingenuamente un punto de luz. Allí dentro todo está más claro y debo mirar con ojos diferentes.
Me sé híbrido y voy dejando por el camino un hilo de ida y vuelta, simplemente para no olvidar.
(Dibujo de Inés González)
lunes, 17 de marzo de 2014
Raíces, 6
Apenas soy sino un apéndice minúsculo.
Me creo una formación, pero me diluyo entre los tiempos. Yo no escribiría si aún fuera de aquella era anterior. Ni sentiría con las palabras, ni buscaría con la curiosidad, ni construiría castillos inconsistentes con los pensamientos y las ideas. Sería simplemente arena arrastrada de un territorio a otro. Pero ¿acaso no lo soy ahora también? Barro modelado, esbozo pergeñado, trazo caprichoso del azar. Las apariencias y los disfraces de lo minúsculo deslumbran los ojos de la especie que hoy ocupa con presunción la Tierra. Todos sus pobladores se creen el edificio total. Me veo y no me veo, haciéndome. Si el rumor de allí abajo me inquieta, si la humedad que cala mi piel me debilita, si una cierta convulsión me traslada, ¿no habita bajo la fronda algo de mí? ¿No soy acaso también el subsuelo y sus memorias perdidas?
Cada sensación placentera o dolorosa de mi cuerpo habla.
Su lenguaje, ¿es la manera de vincularme al instante sin tiempo en que fui solamente brizna o nieve? Todo lo que nos parece ordenado se descabala. Cuanto se muestra enderezado se retuerce. La mirada que cree abarcar el universo no pasa de palpar un espacio menor. La consistencia se vuelve fragilidad. La posesión conlleva la pérdida.
Mis preguntas no pueden hacerse allí abajo. No siento necesidad.
(Dibujo de Inés González)
sábado, 15 de marzo de 2014
Raíces, 5
Y allá abajo escuché el roce de la piel de la naturaleza.
Y en aquel tacto que percibían mis oídos se oían pisadas de animales diferentes, caídas imprecisas de desigual sonoridad, choques de masas que de pronto enmudecían, detonaciones que parecían terminar con todo, ecos que reverberaban hasta extraviarse en el infinito. Y en aquella vigilia sobre el otro lado crujían ramajes, rechinaban guijarros, chasqueaban rocas desprendidas, susurraba un aire calmo, clamaban vientos agitados, se alternaba la intensidad rumorosa del agua fluyente, se desencadenaban galernas, se arrastraban seres casi imperceptibles, se precipitaban las violentas lenguas de fuego del cielo, y me llegaba el continuo y silente frotamiento de la arena hasta quedar todo momentáneamente detenido. ¿Era el lenguaje de la formación o el de la descomposición? ¿Se trataba de lo naciente o de lo que perecía? ¿Era una llamada o un repudio? No parecía haber resto humano allá abajo. Todo era anterior, todo sin origen, todo sin causa última.
Tanta voz antigua me llenó de temblor.
Pero obnubilado por la base del árbol que se abría poco a poco y que acariciaba mis pies quedé paralizado. No por espanto, sino por seducción. Y permanecí a la expectativa, buscando un diálogo improbable con los estratos que me pedían un coloquio con la edad del mundo.
(Dibujo de Inés González)
jueves, 13 de marzo de 2014
Raíces, 4
Me atrae mirar el enigma del mundo.
Como entonces. O desde entonces. Buscando cuanto oculta la oquedad abierta en el tronco de un árbol, cuyo diámetro sorprende, cuya oscuridad asusta. Pero el espacio desconocido es tan amplio que fractura la precipitación de mi mirada. ¿Cómo dirigirme a aquella lágrima que la corteza ha dejado resbalar por su costado? ¿Cómo acercar mi mirada ingenua a un territorio que no puedo abarcar? Hay un registro fósil anterior que es todo un relato sin epílogo. La novela sin fin está allí y me hace insignificante. Acerco la boca a aquella abertura y pronuncio un gruñido, después la imitación de otro animal, más tarde un esfuerzo gutural que quiere decir algo, a continuación un monosílabo que apenas sabe nacer. El silencio. Pero cualquiera de aquellas manifestaciones orales han quedado dentro. ¿Quién las recibirá?
He permanecido largo rato en guardia.
En vano una respuesta inmediata. Las respuestas de los mundos se hacen allí dentro. Lo único y lo plural no son excluyentes. ¿Será menospreciado lo singular por la implacable e innumerable legión de expresiones que se van elaborando sin que el hombre intervenga? Cada una de ellas es principio y fin en sí mismas. Yo estoy allí, al borde, para percibir el tránsito. Intuyendo que el secreto de aquel ser de otro tiempo me llama, me responde, me envía señales de renovación.
Temo perderme en la dimensión, arrostro el desafío.
(Dibujo de Inés González)
martes, 11 de marzo de 2014
Raíces, 3

Me alivia saber que soy parte de las entrañas.
Apenas asoma un fragmento de mí y el árbol sabe mi nombre. Cuando nadie sabe todavía cómo me llamo. He puesto el oído al borde de los pliegues y he escuchado el tiempo. Y los sonidos son: percusión de piedras que se desgajan, aullidos cruzados, galopar de caballos, carreras de chiquillos, alboroto de juerguistas, desfiles de invasores, detonaciones secas, timbales que se combinan, llantos desgarrados de mujeres, martilleo de cinceles, crepitar de bosques enteros, vocerío de mercaderes nómadas, desplome de aldeas de adobe, cánticos de preces siniestras, talas apresuradas, entrechocar de andamios, confidencias tibias, entregas agitadas, y viento. Mucho zumbido de viento y un eco de oleaje crispado que se acerca y se enmaraña con el aire. He pegado la oreja a la crucería oculta que hay debajo y mi corazón se acelera. Todo aquello que llaman tiempo suena estruendoso y se multiplica en sus pronunciaciones. Debo poner rostro a lo no visto. Imaginar movimientos convulsos. Capturar sus ciclos de lentitud. Seguir con mis dedos de niño ciego el trazado del subsuelo herido de vida. Para comenzar aquí arriba un nuevo esbozo. Para aprender a ver.
Mi cuerpo tirita cuando se ve dibujado allá en la base.
Mi cuerpo se estremece desde mucho antes. Antes de los sonidos de los animales y del griterío implacable de los hombres. Al escuchar en lejanía todos los sonidos que formaron el mundo.
lunes, 10 de marzo de 2014
Raíces, 2
Es el chapoteo lo que me excluye de lo cotidiano.
Los nervios que emergen de la tierra sostienen bóvedas bajo mis pies. Lo sé por los sonidos huecos que producen mis saltos. Busco hendiduras que me permitan ver el interior. Meto las manos y recibo frescor. Pongo el oído y me responde el susurro de las profundidades. Restriego el lomo de aquellas extremidades rugosas y hago caminar a dos de mis dedos en vertical como si subieran montañas. Luego, todos los demás bajan en tropel de ellas y se raspan. Se rasguñan, cada uno queda marcado por alguna pequeña mota de sangre. A veces por rayones rojos, rectos, impecablemente delineados. Luego, me curo con saliva y froto las heridas con briznas de hierba. Pienso en la escritura inevitable de los primeros cortes. Lo que se aprende y lo que se olvida una vez pasa el escozor.
Es el olor del piélago oculto allí debajo lo que me reconforta.
(Dibujo de Inés González)
domingo, 9 de marzo de 2014
Raíces
Demasiado ruido alrededor. El ruido, inútil manifestación del movimiento, interfiere y no me deja crecer. Quiero permanecer quieto, pero me zarandean. Quiero estar callado, pero siempre me pincha alguien para que salte. Quiero dormir y me cierran la huida. Quiero contemplar y desvían mi mirada. Quiero ignorar el mundo y extienden mapas ante mis ojos tristes. Abro la boca para recibir la lluvia y ésta me evita. Extiendo las extremidades y numerosos objetos impiden mi estiramiento.
Busco un hueco donde detenerme.
Una mano dibuja de manera lenta y grácil parte de mi perfil. Una humedad que reconozco me va a incorporando al trazo. Un roce del musgo proporciona placer a las yemas de mis dedos. Un arañazo incrusta el humus entre mis uñas.
Es melodiosa la cadencia de un chapoteo próximo.
(Dibujo de Inés González)
martes, 4 de marzo de 2014
Aforismos sobre los arquitectos de la destrucción
En la escuela nos contaban que los arquitectos hacen casas. Contar viene de cuento. Servía al menos para que dibujáramos casas y el alumno más avezado incluso calles. ¿Se trataría de un futuro profesional en ciernes?
En la escuela nunca nos hablaron de los urbanistas, una raza vinculada a arquitectos e ingenieros. No nos hablaron porque, aunque existían, con todas sus deficiencias y límites, si eran cuerdos y racionales no se les hacía caso. De los urbanistas destrozones qué comentar a estas alturas si ya hemos visto los resultados de su sapiencia.
También nos contaron que aunque las guerras lo destruyen todo -era tan obvio que no se podía ocultar- la disposición de los profesionales procuraban de nuevo la reconstrucción. Cuánta bondad. Por supuesto, no nos contaron que el negocio de la construcción es parte añadida -para el final, eso sí- de las devastaciones bélicas.
Tampoco se nos habló de los especuladores, aunque el término era pronunciado en voz baja en los corrillos de los mayores más cualificados. Los especuladores no tenían titulación alguna, pero, paradójicamente, fueron los que manejaron el cotarro y sus criterios (es un decir) fueron en muchas ocasiones decisivos. Aliados, eso sí, con los poderes públicos. Cuántos de estos pondrían el cazo para recibir su parte del botín.
Axioma: Toda construcción nueva exige una destrucción previa. Ésta puede ser, o bien demoliendo núcleos de población u ocupando suelo virgen sin mayores consideraciones. El suelo virgen de la naturaleza ha sido violado monstruosamente por la fiebre inmobiliaria, modalidad delictiva cuya figura jurídica no ha existido.
También ha cundido la construcción de reforma. Eufemísticamente las han llamado rehabilitaciones, recuperaciones de edificios nobles, etc. A veces no se ha pasado de un fachadismo mortal, pues los interiores de muchos edificios que había que haber protegido sucumbieron sin mayor consideración. Business es business al precio más bajo para obtener el máximo beneficio.
He visto levantar barrios y barriadas enteras nuevas en mi ciudad de calidad dudosa por no decir penosa y pésima, tras destrucción previa -vía pacífica, de mordaza cívica, cómplice e impune- del casco antiguo, derribando edificios históricos singulares y mercados y parques y trazando viales de dudosa necesidad.
Capítulo aparte merecería considerar los negocios de las instalaciones clericales. Está por saberse el beneficio obtenido en oscuros negocios, por parte de aquellos cuyo reino dicen que no es de este mundo. Y a costa de qué vecinos, qué ciudadanos y qué entornos urbanos han mantenido o procurado sus construcciones, en muchos casos faraónicas. ¿Han oído ustedes, dicho sea de paso, hablar de las inmatriculaciones a la carrera de bienes inmobiliarios o rurales que no fueron de la Iglesia pero que quieren amarrar, no obstante no sea su reino de este mundo?
Ya sé que El Roto eleva aquí a categoría de arquitectos a los destructores de ciudades enteras vía militar. Imagino qué apetentes para los buitres de la guerra y la posguerra se habrán vuelto las ciudades sirias de Alepo, Homs, Haffet, etc. O Bagdad, Basora, etc. en Irak.
Axioma contundente: toda guerra trae miseria para muchos -pérdida de bienes, de hábitat, de ciudad, de trabajo, de raíces- pero abre perspectivas de paz halagüeñas para unos pocos: las grandes empresas que construyen ciudades, puentes, diques, etc. Bueno, no soy precisamente el que más sabe de esto. La culpa de estos aforismos la tiene El Roto, el primer intelectual español y además INCORRUPTIBLE.
La lista de aforismos está abierta. El que quiera aportar, que lo haga.
(Por supuesto, la viñeta es de El Roto, hoy en El País)
lunes, 3 de marzo de 2014
¿Cabalgan de nuevo?



Probablemente no tenga mucho que ver lo de ahora con Alexander Nevsky. Los tiempos no son los mismos, los enemigos no llevan los mismos nombres, la situación internacional y, más en concreto, del mapa europeo, es diferente. Pero ¿seguro que algo en todo ello no se parece? ¿Acaso las viejas apetencias han desaparecido del todo? ¿Acaso no hay hoy día también otros bloques que se tientan osadamente, se pulsan con dureza, se observan con desconfianza, se miran con ferocidad contenida? ¿No han estado presentes o solapadas viejas aspiraciones expansionistas en alguna de las naciones? Lo que nos parece que no va a suceder, sucede. No es que la historia se repita, es que anteriormente las viejas pugnas se cerraron en falso. Es que algunos siempre ven nuevos motivos. Es que la política y los mercados se atraen y se repelen constantemente, se alían y se enfrentan, se nutren y se desplazan y, en ocasiones y circunstancias, acompañados y azuzados por los viejos farsantes que viven de la religión. Nos cuesta entender. No es fácil reducir en nuestros análisis superficiales la historia y realidad presente de extensiones territoriales amplias y complejas, política y económicamente hegemónicas en ciertas zonas del globo, a una mínima expresión. El riesgo permanece, la amenaza late. ¿Será que las sociedades, tan plurales y enconadas en la defensa de intereses, no saben resolver las cuestiones por las buenas? Me temo que siempre hay en esta vida vencedores y vencidos, y que los vencidos de hoy pueden ser vencedores del mañana. Una rueda de Tántalo cruel, cruenta,que solo sabe de rodar hacia el abismo, conduciendo en su tortura incluso a los inocentes. Pero ¿hay inocentes todavía?
(Nota. Qué belleza estética la de la película de Einsenstein, que presta aquí algunas de sus escenas, y qué belleza la composición de Prokofiev...ambas aportaciones toda una contribución en su tiempo al nacionalismo panruso, versión Stalin)
sábado, 1 de marzo de 2014
Esta chirigota gaditana no es del ¡vivan las caenas!
No tiene pérdida. Esta chirigota de Cádiz no es de las que cantan precisamente ¡vivan las caenas! Su calidad satírica e interpretativa son extraordinarias. Su mofa iconoclasta puede que algunos la digieran mal. Pero también en el pasado los reyes tuvieron que aguantar a histriones, bufones, juglares y otras hierbas que decían las verdades y cantaban las cuarenta. Como la moralidad no existe en las instancias de los poderes públicos (existe la propia, inventada ad hoc, para justificar desaguisados y tropelías) y no sé hasta qué punto tienen humor pues cabe que pongan a este grupo chirigoto en la lista negra. Miren, ya tenía ganas de reírme yo así, ya, siquiera un rato. Aunque está claro que los que se van a seguir riendo de nosotros por largo tiempo ya sabéis quiénes son.
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