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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







jueves, 13 de marzo de 2014

Raíces, 4
















Me atrae mirar el enigma del mundo.

Como entonces. O desde entonces. Buscando cuanto oculta la oquedad abierta en el tronco de un árbol, cuyo diámetro sorprende, cuya oscuridad asusta. Pero el espacio desconocido es tan amplio que fractura la precipitación de mi mirada. ¿Cómo dirigirme a aquella lágrima que la corteza ha dejado resbalar por su costado? ¿Cómo acercar mi mirada ingenua a un territorio que no puedo abarcar? Hay un registro fósil anterior que es todo un relato sin epílogo. La novela sin fin está allí y me hace insignificante. Acerco la boca a aquella abertura y pronuncio un gruñido, después la imitación de otro animal, más tarde un esfuerzo gutural que quiere decir algo, a continuación un monosílabo que apenas sabe nacer. El silencio. Pero cualquiera de aquellas manifestaciones orales han quedado dentro. ¿Quién las recibirá?  

He permanecido largo rato en guardia.

En vano una respuesta inmediata. Las respuestas de los mundos se hacen allí dentro. Lo único y lo plural no son excluyentes. ¿Será menospreciado lo singular por la implacable e innumerable legión de expresiones que se van elaborando sin que el hombre intervenga? Cada una de ellas es principio y fin en sí mismas. Yo estoy allí, al borde, para percibir el tránsito. Intuyendo que el secreto de aquel ser de otro tiempo me llama, me responde, me envía señales de renovación.

Temo perderme en la dimensión, arrostro el desafío.




(Dibujo de Inés González)


6 comentarios:

  1. Las raíces de esas imagenes siguen siendo una primigenia pasión desde la mas temprana infancia. En ellas se sentaba la niña pequeña envuelta en sencillos ensueños, sintiéndose cobijada. Pertenecían a los mas añejos arboles del Paseo de la Castellana de los años 50.
    No he te ido ocasión de comprobar si continúan, pero he de hacerlo a lo largo del presente año. Gracias mil por recordarmelo, me hará gracia hacer algo tan banal. Besos.

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    1. ¿Ves? A todo el mundo le dicen algo las raíces. Lo banal suele tener sus claves, luego ya no es tan banal. Un abrazo.

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  2. las miradas ingenuas son raras en estos tiempos,
    tiempos en que se es minúsculo, más pequeño que un átomo, frente al universo magnánimo tanto como atroz
    saludos

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    1. Las miradas ingenuas de los adultos son escasas, pero aún se dan también. A veces nos sorprendemos como fuera de juego respecto a la tribu, ¿no lo has observado? A mí me divierte. Un abrazo.

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  3. El tiempo que se alimenta de sí mismo a través de nosotros...

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    1. Y nosotros tan ingenuos, sin poder detenerlo ni condicionarlo (como mucho, lo sorteamos con ciertos engaños, pero engaños a nosotros mismos)

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