lunes, 1 de junio de 2015

Áspid



Despertar con una palabra bella en los labios. Áspid. No puedo explicar por qué es la primera voz que se abre paso en mi día. No he soñado con serpientes, o eso creo. Suena bien, mejor que en sus antecedentes griegos o romanos. También el animal al que se designa de ese modo es hermoso. Pero siempre que se menciona el animal o la palabra se piensa en su defensa. Y su veneno no las afea. Algo que no puede precisamente aseverarse de un individuo humano. Me niego en el futuro a utilizar el vocablo para designar alguno de los comportamientos más malditos de entre los de mi especie.



(Fotografía de Lee Jeffries)

sábado, 30 de mayo de 2015

Alumbramiento















Hay estancias cuya luz se amortigua. O se difumina poco a poco. O sencillamente ha quedado olvidada. Por inercia. Porque acogió lo que acogió en su momento y le bastó. Pero son estancias que de algún modo saben permanecer recónditas y a la vez accesibles al que quiera acercarse a ellas. Y de pronto, después de un tiempo, sin sentirse heridas porque el tiempo transcurrido y las estancias se entienden, tiene lugar un alumbramiento. Y se iluminan de improviso, sin saber ni importarles si su nueva vida será prolongada o efímera.


http://lasombradelanube.blogspot.com.es/



(La imagen es de Frantisek Drtikol)


viernes, 29 de mayo de 2015

Andadas


















Oigo rumores y no quiero oírlos. Voces altisonantes invocando despropósitos. Gente con mala sangre. ¿Cómo puede haber individuos que no cambien nunca?, se queja Walden. Tras las palabras, contradictorias y, en el fondo, temblorosas de todos ellos anida el resentimiento. Pero resentidos ¿por qué? Si siempre, antes o después, consiguen que la finca sea de ellos. Tal vez el resentimiento venga por el miedo a sus pérdidas. Lo cual les conduce de manera refleja a la no aceptación. No querer asumir las reglas del juego. Que no utilicen los vocablos de los que participamos todos y en los que no creen. Porque no creen en los conceptos. Ellos, los grandilocuentes, los que alteran, desfiguran y destrozan el lenguaje del entendimiento compartido.  Su acción: poner primero chinas en los zapatos de los demás, luego pedruscos, luego tratar de volcar la montaña entera sobre la sociedad. Si la extensión de palabras exageradas y falaces no da resultado todavía amplían más su pretendido eco. Al fin y al cabo voceros no les faltarán nunca. Se saben con aliados estratégicos que en un momento dado les darían carta blanca. Contra las reglas pactadas. Contra la convivencia. Contra los acuerdos cedidos. Contra la sensatez y lo razonable. Ellos, los eternos energúmenos instintivos y montaraces, ¿querrán cabalgar de nuevo sembrando desastres? Oiremos mensajes perversos en los próximos tiempos. Veremos acciones desproporcionadas. De cierta gente a la que habría que impedir que volviera a las andadas.



(Ilustración de Gustavo Doré)


jueves, 28 de mayo de 2015

Abel-Atapuerca











El mito del Génesis nombra al primer asesino, Caín, y a la primera víctima, Abel, de la historia de la humanidad. Naturalmente, es el mito judeocristiano, y también el cuento de la reducción. En cuanto mito tenemos que traducirlo como representación figurada y en singular de algo plural y extenso: la conducta biológica humana, en sí naturaleza animal, de la que no nos desprenderemos jamás, y en añadido el propio sistema de supervivencia y transformación generado a lo largo de miles de años por la especie, a lo cual llamamos cultura.  No son opuestas la naturaleza y la cultura, ésta procede de aquella, con la cual convive, pero si se quiere llamemos al fenómeno simbiosis. Caín y Abel es uno de los ejemplos de la simplificación que se extiende a través de la narración oral, tal vez para hacerla más transmisible, al menos en el principio de nuestros tiempos culturales. Más tarde transcrita al lenguaje de alfabeto, como todo en la experiencia humana. Sin narraciones, ¿habrían prosperado no solo la creación literaria y artística sino también los negocios, las leyes, las instituciones, el conocimiento, las técnicas, en fin, todo el corsé y el trasfondo de las sociedades?

Pues ahora van esos científicos iconoclastas de Atapuerca y nos dicen que un cráneo de hace más de cuatrocientos mil años tiene heridas letales causadas por otro individuo de su especie. Esos investigadores empeñados en demostrar que la larga marcha humana es más compleja que un mito, más que una reducción interesada para domeñar a fieles, súbditos y esclavos. Otra alegría más. Francamente, la ciencia proporciona hoy día más satisfacciones que las filosofías tradicionales, y no te digo que el oscurantismo de las religiones, y poco puede aportarnos el pensamiento tradicional si no se cala hasta el tuétano del significado de cuanto se va descubriendo y, sobre todo, comprobando. Que un cráneo muestre la violencia ejercida por otro individuo es novedad en cuanto al hallazgo en sí, no en cuanto a lo que siempre se ha dado como hecho: la agresividad latente desde nuestros orígenes. Lo vergonzoso no sería tanto la violencia que ya tenía lugar hace miles de años; lo aberrante es que perdure en nuestros días, ¿sin visos de eliminación?




miércoles, 27 de mayo de 2015

Mamífero Jesús Lizano







Me entero de que ayer murió el ácrata y peculiar mamífero Jesús Lizano. Me ha venido a la mente un poema que escribió hace tiempo. Lo reproduzco aquí porque, probablemente, muy pocos lo conozcan. Se titula Yo veo mamíferos y como yo también soy uno de ellos, camino de ninguna parte, y a quien como a él y seguramente a todo dios mamífero le sobra títulos, nombramientos, categorías, cargos, definiciones y palabrería varia, pues opto por sumarme a este poema reflexión. Una joya. Que la tierra, Jesús, te reconozca como un ordinario mamífero, pero mamífero enamorado de las letras y del pensamiento libre y poético.



"Yo veo mamíferos

Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.

Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantoautores.
¿Cantoautores?
Yo veo mamíferos…

Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…
académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.

Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras…
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.

Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.

Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas…
Yo veo mamíferos."





Analfabetos











Somos analfabetos de la vida, exclama mi amigo. No solo del lenguaje textual, del que en gran medida también. No sé dónde quiere ir a parar, pero incide en el tema: además, ¿no está el lenguaje textual para interpretar los acontecimientos y circunstancias en que nos vemos sumergidos cada día? ¿Por qué no procedemos a interpretar lo que leemos? Y si lo que leemos es cierto o está en camino de serlo, ¿por qué permanecemos pasivos ante las tropelías que están sentenciado nuestra existencia? ¿Por qué permitimos que se nos oculte el conocimiento? ¿Por qué no rinden cuentas las autoridades que se aferran a que fueron elegidas y sin embargo no obran en consecuencia con sus representados? Sabemos poco, muy poco. Y sobre lo que vamos sabiendo tenemos pocas defensas. No obstante, hay que seguir sabiendo.

Walden deja Le monde a un lado y muestra un rictus de asco.



 (Fotografía de Ferdinando Scianna) (Fotografía de Ferdinando Scianna)


martes, 26 de mayo de 2015

Arrogancia















Aunque busco la luz no desprecio las tinieblas, me dice Walden con misterio. Anhelar una parte de la vida no debe llevarnos a subestimar el lado más opaco y sinuoso, insiste. Habla en ambiguo, muy propio de él, pero yo le entiendo en concreto, muy al gusto de mi fantasía. Walden: porque, vamos a ver, ¿dónde situarías tú la arrogancia de los hombres? ¿En su mundo luminoso o en el siniestro? Siendo como es visible la arrogancia hasta para el más tonto, quien la practica desprende un halo negro. Allá si los suyos se lo perdonan, allá si los que pasan al lado se deslumbran de modo pasajero. Tal vez sea un simple tic formal, un talante, digo por introducir discrepancia. Ahí está. Un talante que define al actor. El hombre sencillo no necesita manifestar altanería, sea obrero o ejerza cargo público. También hay gente de abajo que se muestra altiva, lo cual choca más, pues acaso no tiene de qué vanagloriarse, le comento. Cierto, dice Walden, y resulta más ridículo todavía. Y cuando veo alguno así pienso: si este hombre tuviera mando, ¿en qué tipo de figura exultante no se convertiría? Veo estos días que algunos que han hecho ostentación de soberbia, supliendo con esta condición a su inteligencia e incluso ignorando a sus conciudadanos, se han venido abajo. Mi temor es que si entre los que lleguen también el vicio lo vivirán como virtud o si serán capaces de mantener la humildad de la cuna. Algunos son soberbios desde el nacimiento, le digo, debe condicionarles ya una especie de alcurnia. Así es, pero en aquel instante primero lloran y patalean y expulsan suciedad como cualquier otro animal de la especie, sentencia mi amigo.



(Imagen de Mimmo Judice)



lunes, 25 de mayo de 2015

La soledad de Palmira...




Al ver Palmira desde esta posición me embarga la misma sensación que tuve cuando contemplé Bagdad hace unos años, en vísperas de la primera de las guerras. La de la soledad. Pero una calma chicha no hace concesiones a una quietud auténtica y segura. Ya no hay ecos aquí de la reina Zenobia ni de su efímero imperio perecido por mano del romano Aureliano. Ni siquiera da la cara por la vieja ciudad el último gobierno desalojado. Ay si uno pudiera borrar lo que ocultan el palmeral y las ruinas. Un enfoque de la cámara puede esconder columnas de humo y polvaredas de ejércitos invasores avanzando a grito fanático. También la marcha precipitada de los pobladores de la urbe moderna y la desesperación de los soldados vencidos. ¿Lo viviría también Zenobia de manera análoga en aquel infausto año de su derrocamiento? ¿Sentiría la misma soledad que sienten ahora los esbeltos testigos de piedra? ¿No fue suficiente convertir en ruinas en una ocasión la ciudad antigua para que de nuevo se quiera cebar el destino en ella? El romántico y falso orientalismo de Occidente, que denunció y desmontó Edward Said, ¿qué mirada puede permitirnos en estos momentos cuando parte de lo que está sucediendo procede de aquellos lodos que generó el colonialismo europeo?



...vae victis!




...eso: ay de los vencidos. La otra soledad.



domingo, 24 de mayo de 2015

Accidentalidad














Walden: He dormido bien, dentro de las pocas horas que duermo habitualmente. Madrugo. La ducha me despeja. El espejo me saluda. Desayuno, pan y queso. La luz del día hace regateos con algunas nubes dispersas. Ellas y sus sombras. Salgo solo. Da gusto caminar por el páramo y oler a tierra. La mies, verde aún, es paisaje pero, como todo en este mundo, sólo circunstancial. Agradable accidentalidad a través de la que me expando y dentro de la que me recojo. Sin pensar en los hombres ni en sus quehaceres ni en sus cuitas ni en sus días.



(Fotografía de René Groebli)

sábado, 23 de mayo de 2015

Arriba















La historia de la humanidad, dice Walden, es una historia genuflexa. Y mucho me temo que ejercitar una reflexión dirigida no signifique en estos tiempos otra cosa que hacer una genuflexión. En un país tan poco laico y con larga mano de alienación religiosa, ponerse de rodillas ha sido una práctica habitual. ¡Ni siquiera se podían elegir dioses alternativos! No digamos ni reyes ni tribunos, donde el clientelismo al uso daba de comer. ¿Que en otras culturas anteriores también existía esa posición sumisa? Naturalmente, basta ver estelas mesopotámicas o relieves mayas para comprobarlo. Aquel grito feroz y desesperado de Más vale caer de pie que morir de rodillas no tiene mucho seguimiento hoy día. Y cuando lo tuvo, ¿no sería motivado por una especie de solución final, donde la no-salida permitía lo heroico y como mucho que se supiera de esa rebeldía in extremis? Quien más o quien menos, en el relativismo de los hechos consumados (atención a dónde se concentra el poder, ese va a decidir siempre la validez de los resultados electorales) va a estar en una postura obediente. Es raro lo mío, dice Walden. Cuando me siento abajo, caído, un himno interior me reclama: ¡arriba, Walden, siempre arriba! Pero hasta de las palabras más sencillas, las que la lengua ha inventado para ubicar posiciones, se ha hecho en tristes circunstancias históricas una consigna a través de la cual se ha hundido a los hombres. Por lo cual ya no sé dónde quiero estar, acaso sólo en mí mismo. Esa es mi reflexión, mal que les pese a quien sea.


(Imagen de Darío Villalba)


viernes, 22 de mayo de 2015

Aforismo interrogativo





Prometeo robó el fuego de los dioses
¿fue suficiente?
Teseo liberó a las doncellas del Minotauro
¿sólo a ellas?
Sísifo subía y bajaba la montaña
practicando el malsano ejercicio de la monotonía
¿por qué no salió disparado en otra dirección?
Atalanta era una gran corredora a la que nadie ganaba
¿cómo se dejaría seducir por las manzanas de Hipómenes
y perder la carrera?
El centauro Neso, famoso por sus accesos de lujuria,
¿se obnubiló al desafiar al portentoso Heracles
cuando pretendió violar a Deyanira?
La fértil Gea, harta de su preñez continua por el asedio de su marido Urano,
logró que uno de sus hijos cortara los testículos del padre
¿cuántas veces no se arrepentiría el dios de sus acometidas lúbricas?


La vida es una sucesión de pasos no medidos,
tal vez porque no todos se pueden medir
o porque los acontecimientos nos desbordan.
Aun si te quedas quieto no sabes
lo que te puede deparar el cruel Cronos.
El que no perdona.



(Fragmento del lienzo de Giorgio Vasari y Cristofano Gherardi sobre la castración de Urano)


jueves, 21 de mayo de 2015

Asunción



















No en vano el poeta del exilio cantó a la piedra humilde. La evocó de manera bella y también justa. De algún modo la humanidad sigue estando instalada en la llamada edad de la piedra. Y no es eufemismo. Incluso creo que algún día saldrá de ella gracias a la piedra misma. Y no me refiero de cualquier piedra, a ninguna de cuyas tipologías renuncio en mi admiración, sino a una cierta clase de piedra modificada por seres vivos. Todas las piedras, las desgajadas y las intactas, las erosionadas y las talladas, las que forman parte de una arquitectura y las que aún están en el útero de la montaña, todas ellas siguen siendo imprescindibles para entender el caos al que seguimos perteneciendo. Cuando paso junto a una fachada noble voy arrastrando como un niño mis dedos por los sillares. Cuando mojo los pies en un arroyo necesito dejarme moldear la piel por los guijarros. Cuando tomo en mis manos la cristalización de un trozo de cuarzo intento penetrar más allá de sus caras. Cuando mineralizo en algún órgano de mi cuerpo invoco con dulzura a la partícula para que sea buena conmigo. Sigo teniendo esperanzas en la piedra para mantener la esperanza en la comprensión de la especie a la que pertenezco. Mi especie farsante, engañadora, soberbia debe reorientar su propio sentido de la existencia en base a la piedra. La piedra herramienta, la útil, la transformada hace miles, millones de años, por antecesores de nuestra clasificación viva actual. Hoy está siendo un día de gozo para mí. Me entero de que en el continente africano, entre especies anteriores a la de los homínidos ya se encuentran rudimentarias herramientas para la supervivencia. La ridiculez del mito de un demiurgo y de la creación en siete días ya quedó desprestigiada hace tiempo. Ahora el mito engreído de la superioridad humana debería ser reconsiderado, simplemente para facilitarnos nuestra propia salvación en el hábitat Tierra, incluida la convivencia entre congéneres. Ya el género Homo podría no ser el primer fabricante de útiles, acaso porque la frontera en la evolución de las especies no existe ni es lineal ni tajante ni se puede decir con claridad aquí empieza este género y allí acabó el otro. Eso son nomenclaturas. Estaré al tanto de a dónde nos llevan los descubrimientos más ancestrales, pero si reflexionáramos un poco sobre ello ¿no encontraríamos cada vez bases más sólidas para superar las patrañas ideológicas y religiosas, así como las conductas supremacionistas que tanto exhibimos los humanos por doquier? Sería como asumir nuestra propia condición con una luz que nos ha sido negada en la noche de los tiempos de esta larga edad de piedra aún latente. Oh, tú, piedra pequeña, qué grandeza la tuya, qué ceguera la nuestra. Hasta ahora.




miércoles, 20 de mayo de 2015

Afinidad















Fue el niño y le dijo a Walden: ¿te gusta mucho descubrir cosas, no? Y Walden respondió al niño: más me gustaría poder probarlas todas.

(Walden no le comentó luego al niño que la vida le había enseñado que no todo se puede probar: ni por posibilidad ni tiempo, ni por provecho o calidad, ni por cercanía, ni porque hay cosas que no hacen bien, ni porque no siempre te dejan probar. Esto sí le dijo: creo que ambos somos afines en acercarnos al corazón de lo que nos atrapa, aunque no siempre se nos permita saciar nuestra intriga)   



(Fotografía de Keith Carter)


martes, 19 de mayo de 2015

Agotamiento















De su amigo Max dice Walden que le encuentra sumido en un extraño cansancio. No se queja, pero uno lo advierte y hay días que resulta manifiesto, dice. Un cansancio que intuye rupturas con etapas del pasado. Un nerviosismo por no tener certeza en el acometimiento de sus propias obras y no poder inaugurar nuevas visiones que le estimulen. Una fatiga que le deja inerte, aun sabiendo como él sabe que no hay maná que provea si no pone de su parte. Max se rompe por tener que romper con su bagaje. No es el miedo a lo nuevo en sí mismo, es ese sentido de culpabilidad y hasta de cierta traición que arrastra desde sus experiencias más demoledoras del pasado. Max, dice Walden, se ríe mucho de sí mismo, y eso abre una veta esperanzadora, la que siempre exhibe en sus momentos más delicados. Una veta húmeda. Sabe seguir cualquier hilillo luminoso, pero no siempre tiene suficiente firmeza y sobre todo tesón. Ayer mismo, dice Walden, se reía del tópico al uso del por qué escribo o por qué interpreto o por qué pinto un lienzo, del que que muchos artistas más o menos profesionalizados suelen echar mano. Hay mucho de justificación, pero también de reflexión personal en ese tópico aparente, le comento. Sí, pero Max se burla. Oh, suele decir Max, mira éste dice que escribe por sortear la angustia; aquél para darse sentido; el otro como terapia de su última frustración; aquel para ejercitar las neuronas; el de allá por el goce más honesto y particular. Casi ninguno reconoce que gusta de intentar deslumbrar a sus amigos o seducir a las novicias. Yo le respondo, dice Walden, que puede ser, que todo acto creativo por muy íntimo que sea tiene prolongaciones en dos direcciones, incluso en más; y que no está reñido soslayar dificultades, prospectar vías creativas o sencillamente hacerse la vida más grata con la afirmación de uno mismo por medio de la presencia de testigos. No obstante, dice Walden, creo que Max va camino de la clave. Él no desea ya tanto gentes a su alrededor que le adulen ni alumnos que se manifiesten impresionados como la verdad desgarradora del otro Max. Aquel al que nunca puede engañar, aunque resulte su compañía insoportable.



(Imagen de Darío Villalba)

lunes, 18 de mayo de 2015

Amparo














El sexo era de musgo. Por lo tanto, de antiguas reminiscencias. Venus paleolíticas, vestales, esclavas, prostitutas de campaña, trabajadoras industriales o esposas heredaron aquella textura. Se cubría de verdor por su naturaleza. Se revestía de frío para ahuyentar los abusos. Se alicataba de indiferencia para restringir los coitos y que no hirieran su floresta. Se embozaba para que el lingam no infiriera blasfemo. Perdía incluso su urdimbre para no acoger lo indeseado. Sabía ser salvaje si el salvaje era tierno. Sabía entregarse si el otro se disolvía. No siempre fueron, ni acaso ahora tampoco en toda circunstancia lo son, tiempos de amor los que conoció el musgo de la vida. Él permaneció a salvo en los pubis de nuevas generaciones, en las enseñanzas de madres a hijas, en el cultivo del pudor y del cuidado, sólo reservándose para los elegidos. Su fertilidad gozosa superaba con creces a la función exigida y al rol impuesto. Musgos crecientes de las mujeres libres: apacible feracidad del origen y diseño del mundo.




domingo, 17 de mayo de 2015

Alarma











Por qué esta dispersión de los hombres. Esta fragmentación (hijos de la piedra), este desgage (hijos de los frutos), esta disolución (hijos de las mareas) Por qué este vivir ausentes de nosotros. Insistencia en la adscripción inútil a causas vacías. Empeño en dejarnos la piel en la ruindad. Obsesión por la posesión desmedida de lo insignificante. Dejación de afanes profundos que sustituimos por el desenvolvimiento superficial de nuestras apariencias. Cónclave de imágenes falseadas. De pronto en el hueco perdido de la noche un grito que despierta: ahí estoy yo, solo superado por otro más hiriente: ahí podría ser yo. Baraja de las horas, damero de los días, fila de fichas de inestable apoyo. ¿A qué apostamos? ¿Al futuro verbal? Desprecio del día a día, olvido de lo anterior. Maniática imprecisión de una fe vaga: más adelante...allí...entonces...El hombre de aquí adentro se posterga a sí mismo. Perdida su transparencia, ¿que le queda?  



(Fotografía de René Groebli)


sábado, 16 de mayo de 2015

Artesanado











Le escucho con curiosidad: si volviera a nacer prestaría más atención a todo lo que han hecho los hombres con sus manos. Preguntaría, pediría que me enseñaran. Manos artesanas. Manos alfareras, tejedoras, forjadoras, curtidoras, carpinteras, guarnicioneras, sembradoras, encuadernadoras, tintoreras, tañedoras, sanadoras. ¿Por qué la mano es femenina, aunque tenga callos y esté desfigurada por el ejercicio brutal?  He observado mil veces a artesanos bastos o deformes o introvertidos, me he asombrado con qué delicadeza trataban el barro o pasaban la garlopa o estiraban las pieles. Diálogo de sus manos femeninas con la materia prima, un pulso a través del cual sólo el artesano podía captar lo que ésta le fuera diciendo. Una relación bilateral. Se me antoja que incluso amorosa, dice Walden con cierta cursilería. ¿Se te ha ocurrido alguna vez, le digo, en qué pensarían los artesanos, más allá de ese diálogo reflejo, a medida que avanzaban la tarea? Walden: sí, supongo que en sus vidas, en sus ilusiones al principio, en sus cuitas por mantener a salvo la actividad más tarde, en su desamparo a medida que avanzaban los años. Pensarían, al fin y al cabo, en su soledad. Pero insisto: si ahora mismo fuera joven me pondría manos a la obra, tal cual, literalmente. Al fin y al cabo, ¿qué proporciona más satisfacción, la relación entre humanos o la transformación de la materia?

 


viernes, 15 de mayo de 2015

Abducción















De niño fui ducho en la abstracción. Mi padre: tú, que estés a lo que tienes que estar. Mi hermana: ¿quieres escuchar y hacer lo que te dicen? Mi maestro: Walden, presta atención, ¿a dónde te has marchado? El cura: aquel despistado que se centre, que el Señor todo lo ve. Solo era espacio comprensivo el juego. Si no te veías situado a gusto en aquellos juegos que reclamaban unos te ibas al grupo de los soñadores. En las historias narradas, e inventadas, con el clan de los imaginativos la abstracción se materializaba. Los sueños personales buscaban un hueco que otros comprendían y las fugas ordinarias eran propuestas con derivas ilimitadas y, en ocasiones, peligrosamente osadas. En realidad lo mío era abducción, aunque entonces el término no se usaba. Me habían programado para desarrollarme en torno a un eje más o menos simétrico y yo lo partía, con consecuencias soñadoras muy entretenidas pero teniendo que asumir a cambio la regañina de los ordenantes. No sabía yo todavía, y algunos de mi edad no se han dado cuenta a estas alturas, que el que riñe es débil, que el iracundo no es más fuerte por encolerizarse, que el que impone no necesariamente tiene razón. Acaso por eso hoy aborrezca tanto ver a la gente reñir entre sí, exigir a otros lo que ellos no cumplen o tomarse la revancha con los inocentes. Aún sigo abduciéndome a mí mismo, por si la calma me sigue reservada allá donde los hombres no están.



(Fotografía de Keith Carter) 



miércoles, 13 de mayo de 2015

Alienación (Ich Hatt Einen Kameraden o los cantos de la testosterona)
















Había pensado escribir una serie que se titulara algo así como Crónica de la testosterona, me comenta por sorpresa mi amigo. Naturalmente el repertorio sería tan amplio, tendría tanta proyección a través de los ciclos de la historia y de los espacios habitados que no sabría por dónde y cómo empezar. ¿Por el principio de los tiempos? ¿O de adelante para atrás? Cuando un fenómeno es una constante vital describirlo puede hacerse a saltos. Da igual qué momento escojas. ¿Caín y Abel, por echar mano del manido mito de la violencia en la tradición judeocristiana? ¿Un repaso al record Guiness en belicismos del siglo XX? ¿O el último desfile monstruoso de la Plaza Roja del Moscú actual? Podría simplemente fijarme en la huella de la testosterona en la cotidianidad del macho e incluso involucrarme en cómo siento yo mismo sus latigazos. Pero cuando el recurso de la testosterona se controla, organiza y dirige para formar ejércitos, imponer disciplinas, cultivar rituales que justifiquen las parafernalias al uso y, por último, volcarla junto con la adrenalina y otras sustancias naturales o provocadas del cuerpo humano para llevar a las gentes al matadero, la confusión me invade y uno desearía renegar de un don que puede acabar siendo una peste. Aunque al fin y al cabo, los cantos dulcificados de la testosterona acaben venciendo a los vencedores.

Sé por dónde va mi amigo Walden, y podría discutirle su breve discurso. Sin embargo, le animo: que intente esa historia. Aunque la misma testosterona y la barbarie de los imperios y las sociedades humanas yo creo que ya se le han adelantado.  








(Fotografía del principio, Lee Jeffries)


lunes, 11 de mayo de 2015

Alegorías











Es un tipo muy particular, dice Walden de su amigo Max. A diferencia de otros animales de su especie, no se siente seguro entre la grey. No ya incómodo o disgustado o hastiado, no. Sencillamente inseguro. Él mismo lo dice: la masa es una amenaza. Es como si su naturaleza de individuo se resistiera a formar parte de la naturaleza colectiva. Entre el caos de sí mismo y el caos obligado por quienes azuzan y dirigen el rebaño, Max siempre elige el propio. Pero ¿cómo elegir cuando determinadas circunstancias funden las vidas en un único caos?, pregunto. Las alegorías no son lo suyo, dice Walden, y Max cree que logrará escapar al destino.



(Fotografía de René Groebli)



domingo, 10 de mayo de 2015

Anticipación















Llegará un momento en que será peor, sentencia Walden. Si no me miro en el espejo, tengo la sensación de carecer de imagen. O de retener una de hace décadas que, por otra parte, ya he olvidado, salvo que saque del cajón viejas fotografías. Las fotografías me llenan de extrañeza, le digo. Yo tampoco me acabo de creer que el que sale en ellas haya sido yo, dice él. En algunas ni me reconozco. Es mejor no ponernos rostro y delegar la imagen aparente en nuestro estado físico, que incluye el propio ánimo, se me ocurre. Walden: tal vez hemos entrado en un tiempo de nuestras vidas en que nos desinteresamos por lo que parecemos. En que nos trae al pairo cómo nos vean otros, cuyas opiniones, por cierto, siempre serán engañosas o extraordinariamente discretas. ¿Hemos tenido alguna vez referencia clara de nosotros mismos?, le digo. Él contesta algo extraño: nuestros rostros son nuestros latidos; sé que jamás aceptaré la idea de haberme ajado hasta el punto de verme decrépito. No anticipemos, resuelvo con énfasis una conversación que puede derivar en dejarnos agobiados, si no maltrechos.



(Fotografía de Michael Wolf)


sábado, 9 de mayo de 2015

Apropiación





Recuerdo vagamente haber leído poesía antes de dormir. ¿Poesía de poeta hombre o de poeta mujer?, pregunta Walden. Yo le digo que eso es lo de menos, aunque no lo recuerdo, que una poesía en la que entras no es un poeta sino una estancia. Tampoco una habitación, sino un territorio. Pero ¿tenía efecto relajante o te narcotizó?, insiste Walden. No fue ese tipo de sensación. Un texto que entra en ti deja de ser algo espacial para ser reflejo, el espejo donde te ves no sólo en lo que eres sino sobre todo en lo que aún no has llegado a ser. Pero eso sería una bola de cristal, dice el otro. No, una bola de cristal es un truco, digo yo. Pero ¿acaso la poesía no es también un subterfugio? Puede que algunos poetas la entiendan así y haya lectores que la acepten. Pero para mí, que leo despacio y releo es porque siento que me aproximo a otro ser que o soy yo o he sido yo o aún anhelo serlo. Tal vez todo ello. Llega un momento en que las palabras de la poesía me desnudan y toman mi cuerpo. La voz del poeta, si pudieras escuchar su recitación,  podría ser decisiva para situarte, juega conmigo Walden. En eso estamos. Mientras, ¿acaso cuando leemos no fingimos una voz imaginaria? ¿Acaso no hay una apropiación del sentido del poema cuando lo recitamos? ¿Acaso no somos por un instante nosotros ese poeta, recordemos o no su nombre?





viernes, 8 de mayo de 2015

Anulación





















Todo eso llamado demoscópico ¿es signo de funcionamiento de la democracia o más bien de deterioro de la democracia? Viejos y nuevos jugadores se aferran a las encuestas como si algo colateral fuera axial. ¡Es el criterio de la opinión pública!, claman. Pero ¿criterio fundamentado? Ni se sabe. Los más veteranos jugadores, que han controlado toda la vida a sus respectivas clientelas y con ese respaldo al país entero, y los emergentes, que se sienten llamados por inspiración cuasi divina a regenerar el país contra reloj, utilizan las apuestas demoscópicas por el lado que les beneficia y se sienten espantados por la parte que les perjudica. En el juego de la política de consumir y tirar, el debate de ideas han pasado a cuarto plano, si es que existe. Me refiero a las ideas con perspectiva. A aquellas que, aun pareciendo que deseaban lo absoluto y utópico, tenían humanidad y tocaban el mal de las cosas. Todo planteamiento actual de los jugadores del damero ibérico se ha convertido en un asunto de tácticas a corto plazo o medio plazo. Aquí nadie quiere cambiar nada, empiezo a sospechar. Interesan más las imágenes de venta del producto que los contenidos. Más las figuras del ruedo que las reivindicaciones reales de la sociedad y una perspectiva para afrontarlas con mayor visión.  Que me perdonen las excepciones honrosas, que las hay. Pero uno empieza a sentirse anulado.

Walden no me ha dejado ni respirar. Hoy se ha levantado metaescéptico.



(Ilustración de Manuel Vizoso, http://cachondodejahve.blogspot.com.es/ )


miércoles, 6 de mayo de 2015

Absorción













Me cuentan de un hombre que se diluyó dentro de una mujer. Y que desapareció del mundo para siempre. Pero como la mujer no sólo le quería para él, sino que deseaba también que el mundo supiera del sentido de la vida que latía en aquel hombre, lo engendró nuevamente en su útero. Desde la propia sustancia del hombre lo parió con otro rostro y lo dotó de otra voz, para que nadie lo reclamase, pero dejando intacta la misma pasión que había tenido en la anterior existencia.



(Fotografía de René Groebli)


martes, 5 de mayo de 2015

Admiración















Fue Walden y le dijo al niño: te admiro, niño. Y éste contestó con voz tímida: ¿por qué me admiras, Walden? Por tu curiosidad, respondió el hombre. 

(Walden pensó por dentro: y por tu destreza con las manos, y por el juego que encuentras en todo, y por la alegría que no cesa en ti, y por la capacidad de preguntar constantemente y...y porque alguien mayor tiene que decirte a tu edad que te admira, pues la admiración no es un viaje de atrás a adelante sino que es de vuelta también y yo necesito ratificarme en él)



(Fotografía de Keith Carter)


lunes, 4 de mayo de 2015

Atracción















Es muy contradictorio lo que siento por el ser humano, dice Walden. Que es lo mismo que decir lo que siento por mí, porque el otro y yo siempre generamos un juego de toma y daca. Hay momentos en que el hombre me inspira ternura, otros además comprensión, otros simple respeto aunque no comparta actitudes suyas.  Entonces propendo a aproximaciones, esa sensación interior de que el otro y yo somos único cuerpo en el cuerpo amplio de la naturaleza. Más allá de lo que se denomina fríamente sociedad. Fantaseo que el ser humano es otra cosa más allá de leyes, reglas, pautas, ritos. Ver al hombre en su necesidad me hace ahondar en afrontar la mía. Pero no es verdad del todo. Siento más satisfacción si se crea un espacio distante: el otro anda mal y yo pujo a la resistencia incluso a la superación, me digo. Y alardeo de ello dentro de mí. Es estúpido, ciertamente, porque al cabo de unas horas o unos días, la relación se puede invertir. Tal vez por eso necesito siempre que el puente esté tendido. Que el edificio sea único cuando el otro, los otros, se revelan como parte de uno. Como mundo que también es el mío. Atracción por ese hombre mundo que ríe, llora, se abraza, se descompone y se rehace, expone lo que piensa, se deja entrar. Porque luego está el otro hombre, lo que me suscita, lo que no me atrae, lo que rechazo. Pero hoy no tengo pensamientos de odio, salvo que los racionalice.

No he querido responder nada a Walden. Para no obligarle a racionalizar. No vendría a cuento.



(Fotografía de René Groeblin)


domingo, 3 de mayo de 2015

Abu Zeid












Hay dos rostros del periodismo y los periodistas. Los que se exhiben a todas horas sin riesgos y los que lo practican sin alharacas pero con peligro. Un rostro visible y uno oculto, a los que algunos gustan de llamar colegas y que no siempre lo son. Por supuesto, es fácil echar la culpa de la persecución, incluso mortal, de los periodistas a los Estados que se consideran no democráticos o con escaso respeto al derecho de expresión y prensa. Pero ¿es sólo una cuestión de nomenclatura jurídicamente reconocida? ¿No será más bien una cuestión de Estados sin escrúpulos? En los Estados más salvajes se persigue al periodista de modo despiadado. En los Estados democráticos el periodismo suele pactarse con unas reglas de juego que las mismas empresas periodísticas aceptan e imponen para no incordiar a los poderes establecidos. Las armas de tratar al periodismo y domesticarlo son de varia invención. Mahmoud Abu Zeid, Shawkan, lleva más de seiscientos días, sin haber sido aún acusado, en una cárcel de Egipto (sí, ese Egipto que dirige un poderoso general que ha sido recibido el otro día por los supremos poderes de la nación española) por fotografiar una violenta dispersión de manifestantes en agosto de 2013. Pero como Mahmoud Abu Zeid hay innumerables casos en todo el planeta. El periodista incómodo está en el punto de mira de Estados, mafias, gánsteres, partidos fanáticos y llegado el caso de multinacionales. Quien quiera saber más del tema que fisgue por internet. Dicen que hoy es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, título pomposo para una libertad oscilante. Seguro que salen por la Red unas cuantas informaciones que recuerdan la peligrosidad de ejercer el periodismo digno. Y el precio que muchos pagan por ser consecuentes. Mañana quedarán archivadas.

PD. Por cierto, AEDE recurre a Albert Camus para recordar la fecha. Viste mucho.





sábado, 2 de mayo de 2015

Ágora















En las tardes aburridas y lentas suele acudir junto al río. Entre el asfalto y los ribazos se abre un camino de tierra por donde se desplazan filas de hormigas. Un ágora de actividad y mimetismo. Aquella imagen innumerable, que no es sino un ejemplo de procreación principalmente, es calificada inmediatamente por la mentalidad humana como una muestra de laboriosidad y constancia e incluso de eternidad. Aunque la fila de los insectos se deshaga vuelve a formarse y a encontrar su dirección. Se pisoteen o se dispersen las hormigas, éstas parece que se reencarnasen de manera multiplicada. Sabe que este caso, como las vidas y comportamientos de otros animales, suele ser usado como metáfora. Hay fábulas, por ejemplo, utilizadas con intenciones de moralizar y hay tebeos también donde se encarnan de manera divertida e irónica con voluntad humana. Piensa en el poder de la metáfora como uso del lenguaje aplicado al cambio interior. Al fin y al cabo, metáfora y metamorfosis no difieren tanto. Hay mucho de disfraz en ambos conceptos. Un juego de figuraciones.

(Se puede decir que Walden vive entre una y otra)



(Fotografía de René Groebli)


viernes, 1 de mayo de 2015

Armando






















Una fecha y nada más, eso es lo que es, comenta Walden. Hasta un viejo nostálgico como yo duda. Duda entre recuerdo y memoria. Si traigo recuerdos, hago miscelánea, esa mezcla de anécdotas que resulta divertida, como si detrás nada que no fuera inventado hubiera existido. Si ejercito la memoria, vivo el silencio. Una extraña congoja porque el alcance de lo sentido, de lo sufrido, o de lo gozado, no se traslada fácilmente con palabras. Ni en el tiempo ni a otros individuos que no hayan participado de análogas vivencias. Se dirá que la literatura se creó precisamente para sustituir esa dificultad o esa limitación de comunicar. Asombroso: hacer ficción para que se aproximen los hombres a las realidades desaparecidas. Paradojas. Hoy siento la necesidad de recordar a Armando sin literatura, y no por épica, sino por la cercanía que proporciona la amistad y lo compartido. Aunque esté lejano todo y él tampoco exista. Armando, un puente. Con otros tiempos, con otras ideas, con otras circunstancias. Con lo que había fuera de mí y yo ignoraba. En aquella fecha que hoy apenas dice, salvo a los nostálgicos, Armando y yo nos paseábamos en su simca a primera hora de la mañana por los barrios de la ciudad para palpar el silencio. Podía haber sol, pero el día era frío, ausente, silencioso, vacío. Armando le daba al regusto de pasar controles mascullando entre dientes, mientras ojos uniformados y cejijuntos nos paraban o nos desviaban. Él alimentaba de este modo la expectación por ver cuántos nos juntaríamos después y qué suerte nos acompañaría. Pero esto es lo de menos. Armando había pasado diez años entre rejas. Rompiendo su vida, sus años aún de madurez joven. Todo por creer en fantasías que nunca llegó a ver realizadas. Por anhelar. Ni siquiera anhelar estaba permitido. Y además los anhelos no cuajan nunca, por eso son sólo anhelos. 

Walden se ha quedado callado de pronto. ¿Qué podría yo decirle?



(Fotografía de René Groebli)


jueves, 30 de abril de 2015

Afluencia











Las huestes concurrían al campo de lid con sus pertrechos. Varias eran antiguas, curtidas en la trampa y en la devoción que sus adictos les otorgaban. Otras se habían fortalecido a través de poderes locales limitados pero arraigados. Algunas estaban formadas por mercenarios coyunturales dispuestos a servir al mejor postor. Había milicias bisoñas, con más entusiasmo que claridad. También eternos aspirantes a la felicidad, pero doblegados por aquel concurso donde las reglas del juego no era iguales para todos. Poco antes de que comenzara la confrontación solía llegar alguna tropa advenediza de última hora, capaz de poner en un brete a ejércitos más avezados, simplemente por la audacia de sus cantos y sus exclamaciones desaforadas. Cada cual milicia esgrimía su propio color, que la diferenciaba en medio del ardor del combate. Enarbolaban sus distintivos sujetos en la espalda, las caballerías flameando al viento a merced del ímpetu del galope; los de a pie, con sus banderines menores, iban detrás, carne vendida al enemigo. Algunas huestes disponían de mejores arqueros que otras y sus disparos causaban estragos. Las planas mayores de los contendientes observaban desde la distancia de sus atalayas los movimientos sobre el terreno. Las había que disponían de estrategia, aunque siempre había errores de cálculo por donde podía llegar el fallo. Otros mandos confiaban más en las jugadas tácticas. Algunos improvisaban sobre la marcha y ciertamente que estos, no obstante carecer no solo de inteligencia sino de valor, podían condicionar con sus ofrecimientos y pactos el destino final de la batalla.

Lejos, en instancias difíciles de ubicar, desconocidas para los integrantes de aquella lid confusa, oscuros poderes movían cómodamente los hilos de las rivalidades. Les daba igual quién venciera, si bien preferían lo viejo conocido. Ellos sabrían reconducir cualquier desenlace en el campo de sangre y obligar a adaptarse a los vencedores.



(Fotogramas de la película Ran, de Akira Kurosawa)





miércoles, 29 de abril de 2015

Acromático





Los guerreros de los bandos de antiguos reinos y feudos orientales se diferenciaban en los desfiles y sobre todo en las afrentas por sus colores. A veces por caracteres sobre el fondo del color. En Occidente se añadieron heráldicas, emblemas mixtificados, iconografías tomadas del reino animal y del vegetal. Uno de aquellos signos sobresalió y fue compartido, no obstante la sangre derramada por sus propios seguidores, la de cierto instrumento de tortura. Colores. El panorama de su uso apenas ha cambiado, y la lid de la democracia mediana, mediocre y demediada que habitamos sigue guiándose (entiéndase publicitándose) por colores. Colores símbolos, identificaciones algunas más fundadas, otras más descafeinadas. No bastando siglas, palabras o dibujo más o menos figurativo, cada bando del presente político se define por colores. Azul, azul y blanco, rojo, rojo y verde, magenta, naranja, morado...Cierro los ojos y veo a los adalides y sus seguidores portando en su espalda el color, como los guerreros de Edo. Colores. A la mayor parte de las facciones solo les distingue un color, que no es algo propio, solo adoptado, pues los colores son de la naturaleza y de los pintores. También de la imaginación. Lo que pregonan no tiene un color definido, ora se afirma, ora se descolora, ora se desprovee, ora se mezcla de modo aleatorio (algunos llaman a este ejercicio táctica) Si uno pudiera votar solamente el color, no el producto que dicen vender...Pero para eso mejor me voy a un museo o a contemplar la naturaleza en primavera. No me llega el mensaje incoloro que va a generar ruido durante un tiempo con palabras inciertas e incluso increíbles. Conmigo dan en hueso, me siento acromático de los cantos de sirena. De los colores no, soy un devoto de ellos, pero están en otra parte. 



(Fotografía de Andy Prokh)

lunes, 27 de abril de 2015

Acracia















Imagina, dice Walden, que yo dijera, o mejor, hiciera, como aquel Ramón Acín, su memoria olvidada como la de tantos otros: "Yo, al escribir no hago literatura; escribo sujetándome el hígado o apretándome el corazón. Si canto suave o fuerte, canto sin saberlo, como los buenos árboles cuando les sopla el céfiro o les azota el aquilón." No me cabe duda de que Walden, puesto a escribir escribiría como habla habitualmente, dejándose afectar por las circunstancias. Pero la afectación o, si se quiere, la hipersensibilidad como respuesta no siempre es hablar o escribir. También puede ser callar. Pero si callas, ¿no sientes precisamente más necesidad de sujetar el hígado o el corazón, porque golpean, amargan y duelen? Y sin embargo, hay que saber callar como hay que saber hablar frente a una autoridad que se desacredita a sí misma. Callar para no dejarse apropiar el pensamiento por la demagogia y las doctrinas al uso. Hablar lo justo para señalar su oprobio y denunciar sus actos. Ay esa autoridad de los ungidos de toda la vida. Ay ese juego de autoridad en los emergentes y advenedizos del presente. Nadie propone nada que no se haya impuesto anteriormente. Sólo saben estar pendientes de su consagración, efímera por cierto. Mientras, ¿seguimos haciendo literatura o respiramos en profundidad para que nuestros órganos vitales no revienten? 



(Fotografía de Emmet Gowin)


domingo, 26 de abril de 2015

Acoso















Escuchado a la caída de la tarde:

Hombre: ¿Por qué me sigues de manera tan obsesiva?
Sombra:  ¿Por qué te empeñas en apoderarte de mi espacio?

Destino de vidas paralelas. Friedrich y su paseante prosiguen la andadura.





sábado, 25 de abril de 2015

Adscripción















Walden a bocajarro: soy banal. He descubierto que hay un club de fans de la actriz niña de mi infancia. De pronto siento la tentación de adscribirme a él. No sé qué actividades tendrá ni qué podría aportar yo. Pero este arrojo que me asalta por lo intrascendente persigue algo conmovedor. ¿Qué podría contar a los demás adscritos? ¿Cuántas veces vi de seguida en sesión continua su primera película? ¿Cómo en mis noches repetía la misma aventura fantaseada, aparentemente casta, en la que yo jugaba de paladín liberador de un secuestro que sufría la estrella? ¿O debería indagar sobre la recóndita morbosidad que me proporcionaba, como una imagen fija, mi propia película interior? ¿Alguien entenderá en ese club superficial el regusto que sentía mi sangre, todavía indefinida y carente de matices más obvios? Privado de interés por lo sublime y acaso por lo responsable, un club inocuo puede canalizar mis apetencias triviales, ¿no crees?, repite Walden con su mordacidad acostumbrada.



(Fotografía de Keith Carter)


viernes, 24 de abril de 2015

Ahuecamiento















He probado a poner la oreja por la calle, como me dijiste que tú hacías, dice Walden. No se requiere mucho esfuerzo. Capté enseguida un tópico: "Todos somos humanos", decía una mujer a otra. Estuve por intervenir, algo así como: no me lo creo. Pensé: ¿qué se quiere justificar con la frase? ¿La bondad o la inclemencia? ¿El acierto o el desatino? ¿La inteligencia o la brutalidad? ¿El cariño o la defección? ¿La avaricia o la generosidad? Llegué a la conclusión de horror que tú mismo sientes por el lenguaje mal usado o por su vaciamiento. Naturalmente, el que quiera hacer colección de manidas expresiones llenará un álbum y tendrá que empezar otro. Esos cromos que nos pasamos de boca en boca, cuyo horror no reside tanto en repetir lo ambiguo como en la dejación por profundizar en las causas de cada preocupación. Seguro que a la vuelta de la esquina escucharé: todos los políticos son iguales, por ejemplo, y por supuesto de boca de quienes jamás se han interesado por la política. No, ya no valen ni como exorcismos, estos eslóganes desgastados, escapistas, huecos. Ni ayudan a entender ni a entendernos. Filosofía barata, dice Walden.


(Fotografía de Keith Carter)


jueves, 23 de abril de 2015

Adicción















Éranse que se eran unos adictos entusiastas de la lectura. Habían mamado la portentosa tradición literaria, filosófica y musical de su patria, lo cual les procuraba un interés desmesurado por todo lo que fuera perseguir la luz (el gran Goethe, que no Zaratustra, había hablado) la ilustración que ayuda al entendimiento (Kant era un clamor) o revitalizar las leyendas de la antigua raza (oh, la mística de los mitos reconquistados por Wagner) Fieles al lema Sapere aude! aquellos lectores compulsivos no cejaban en su empeño de sacar regularmente libros de la biblioteca pública para empaparse de los placeres que contenían. Las ideas expuestas en ellos inflamaban su sed de conocimiento. Las narraciones levantaban la tapa de sus cráneos para llenar sus cerebros de fantasía. La poesía henchía sus almas puras hasta convertirlos a todos ellos en poetas afectados y sensibles. Con todo aquel bagaje comprendieron la gran misión que tenían por delante, que no era otra que vaciar las bibliotecas para que todo el mundo llevara a cabo la gran consigna kantiana: Sapere aude! Y tanto que tuvieron el valor de servirse de su propio entendimiento. El resto de la historia de estos valerosos lectores es sobradamente conocida.




 

miércoles, 22 de abril de 2015

Apreciación















Creo que un día de estos es la fiesta de la exaltación del libro. Pero un libro, como una rosa, es un libro es un libro es un libro...¿o es otra cosa? Un año más llega el Día del Mercado del Libro. En vísperas los colegios han mandado a sus alumnos leer y redactar de manera extraordinaria, la prensa expone artículos de forma y fondo, unos sobre el significado de la escritura y la lectura, otros sobre el estado de la edición, los de más allá sobre el futuro viable o inviable del libro. También hay un acto público de renombre en que las autoridades de renombre y un escritor elegido de renombre se citan para un premio de renombre. Ignoro si más allá hay otro objetivo que el aparente y vanidoso renombre. Al día siguiente de la fiesta del libro todo volverá a su cauce. El cauce se llama anaqueles de una habitación, donde el libro seguirá durmiendo el sueño de los injustos, o mercadillo de lance, donde algunos individuos correrán a malvender el libro que aquél a quien le gusta cumplir las tradiciones les ha regalado. Gesto que agradezco por si encuentro algo interesante a precio menor. Y fin. El libro como ocio sigue cumpliendo su papel. Y la denominada cultura seguirá estancada y con escaso reflejo en la convivencia. Acaso algún día se convierta el gesto de estar entretenido en el placer de leer y en el placer de pensar y en el placer de actuar (dentro de uno mismo) Pero es que muchos libros son tan bondadosos que nos conceden la posibilidad de percibir sin ataduras sus sensaciones. Hay que cogerlos al vuelo, sin hacer de ellos religión. Su alma es otra. Si sigues leyendo, la nuestra propia.



(Fotografía de Keith Carter)


martes, 21 de abril de 2015

Agravio
















¿Hubo alguna vez en la historia de la humanidad desplazamientos que no fueran forzosos? ¿Existieron migraciones voluntarias? ¿Se han dado exilios caprichosos? ¿Fueron fenómenos libremente elegidos los éxodos? ¿Ha habido extradiciones aceptadas por sus protagonistas? ¿Se ha librado alguna de las etnias, sociedades o naciones de tener algún capítulo en su pasado en que se tuvieron que mover de sus territorios? Para el carro, salta Walden, irritado. Yo soy hijo del desarraigo. Incluso tú, aunque no lo creas, eres hijo del desarraigo de los demás, masculla. Siquiera de algún predecesor tuyo. Hoy, la cuestión es que, además de la dureza de la huida, resulta ser un agravio. Por cierto, ¿qué es eso de que vas a irte este verano de crucero?



(Fotografía de Timoslav Peternek)

lunes, 20 de abril de 2015

Alivio















Walden sugiere: paliativo del ruido, escuchar Viaje de invierno, por ejemplo. Escuchar y a la vez seguir la lectura de los poemas de Wilhelm Müller.  Los poemas de Müller ya contienen musicalidad por sí mismos. Schubert lo captó en aquella rápida lectura a hurtadillas en la casa de un conde y dicen que robó el libro. ¿Que esa poesía te parece de un género que hoy no se cultiva? No lo creas, y además ¿desde cuándo te importan a ti los estilos si eres capaz de trasladarte a cada tiempo histórico con la misma capacidad de sorpresa y goce que si lo tuvieras al lado? Si buscas emociones porque portas emociones, date al encuentro. En el espejo de emociones externas se reflejarán las tuyas, y te complacerás en sus propiedades. No te resistas. ¿Te vas a hacer ahora el duro conmigo? Los poemas de Müller también son incisivos y ásperos. Nuestro mundo más íntimo y menos racionalizado habla sin palabras y con frecuencia éstas llegan no para facilitar el desarrollo sino para inhibir sus expresiones. Nos da miedo nuestro interior, naturalmente. No es el caso del Winterreise. Yo mismo me quedé mudo, incapaz de avanzar la lectura, cuando aquellos versos me dieron de frente:

"Ah, lágrimas, mis lágrimas,
¿no alcanzáis ningún fuego?"

Walden ha callado de pronto al recordarlo. Me deja solo.



(Fotografía de Daido Moriyama)


domingo, 19 de abril de 2015

Aplausos















En la soledad, perdón, quise decir en la sociedad del espectáculo, el ruido abunda. Tanto que los hombres no se oyen bien. No oyen tanto a otros, que no está bien que no lo hagan, sino que se incapacitan para escucharse a sí mismos. El ruido es un lenguaje clamoroso al que los hombres se abandonan. Estos escuchan sólo lo que quieren oír, no lo que podrían llegar a saber. Y así resulta que todo es corear, aplaudir, vitorear. Estridencias. Entusiasmo del ruido. Filosofía, perdón, quise decir ludopatía del juego por el juego. No se oyen, no se atienden. No se toman el tiempo de parar y dejarse llevar por el rumor. Prefieren y eligen la estridencia de lo banal. Y si los hombres no tienen claros los anhelos que siempre han transportado de manera soterrada, ¿qué vida vivirán? 


(Fotografía de Timoslav Peternek)


sábado, 18 de abril de 2015

Aseveración











Dos hombres pasan a mi lado hablando. Uno de ellos exclama, más que dice, con voz ligeramente enronquecida y enfática: "Para que uno se dé cuenta de lo perra y lo mala que es la vida". He llegado justo a un corolario. Pienso primero en la expresión en sí misma, que no por ser bastante usual carece de gravedad. Sólo a continuación me intriga el suceso que ha suscitado el comentario. Como éste no puedo llegar a conocer, otorgo calidad únicamente a la sentencia. Pero la aparente contundencia de ella y la seriedad con que se expresan los hombres en su confidencia ¿bastan para que conceda verdad a un hecho que para mí permanecerá ignorado? Y continuo mi paseo dando vueltas a la máxima, sin dedicar mayor tiempo a concebir situaciones de engaño, traición o insidia que han podido provocarla.


(Fotografía de Duane Michals)