La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







domingo, 10 de mayo de 2015

Anticipación















Llegará un momento en que será peor, sentencia Walden. Si no me miro en el espejo, tengo la sensación de carecer de imagen. O de retener una de hace décadas que, por otra parte, ya he olvidado, salvo que saque del cajón viejas fotografías. Las fotografías me llenan de extrañeza, le digo. Yo tampoco me acabo de creer que el que sale en ellas haya sido yo, dice él. En algunas ni me reconozco. Es mejor no ponernos rostro y delegar la imagen aparente en nuestro estado físico, que incluye el propio ánimo, se me ocurre. Walden: tal vez hemos entrado en un tiempo de nuestras vidas en que nos desinteresamos por lo que parecemos. En que nos trae al pairo cómo nos vean otros, cuyas opiniones, por cierto, siempre serán engañosas o extraordinariamente discretas. ¿Hemos tenido alguna vez referencia clara de nosotros mismos?, le digo. Él contesta algo extraño: nuestros rostros son nuestros latidos; sé que jamás aceptaré la idea de haberme ajado hasta el punto de verme decrépito. No anticipemos, resuelvo con énfasis una conversación que puede derivar en dejarnos agobiados, si no maltrechos.



(Fotografía de Michael Wolf)


4 comentarios:

  1. Quizá convenga atreverse a percibir desde perspectivas ignotas y aplicar buenas dosis de caridad y humor a lo que sea que percibamos. A modo de privilegio de experiencia. P.e.

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    1. Quizás. Lo de la dosis de caridad me ha encantado, privilegiada.

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    2. Caridad directamente proporcional al nivel de autoexigencia y exoexigencia como dinámica natural del inconsciente humano. No me queda otra para no desesperar eternamente, el precio a pagar: la solitud voluntaria para no ofender ni volver a permitir ser ofendida, la mayoría de las veces por desconocimiento ajeno. Todo ello por seguir siendo fiel a la "auto". A que resuena?

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    3. Más bien restalla, gracias, MJ.

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