La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







domingo, 17 de mayo de 2015

Alarma











Por qué esta dispersión de los hombres. Esta fragmentación (hijos de la piedra), este desgage (hijos de los frutos), esta disolución (hijos de las mareas) Por qué este vivir ausentes de nosotros. Insistencia en la adscripción inútil a causas vacías. Empeño en dejarnos la piel en la ruindad. Obsesión por la posesión desmedida de lo insignificante. Dejación de afanes profundos que sustituimos por el desenvolvimiento superficial de nuestras apariencias. Cónclave de imágenes falseadas. De pronto en el hueco perdido de la noche un grito que despierta: ahí estoy yo, solo superado por otro más hiriente: ahí podría ser yo. Baraja de las horas, damero de los días, fila de fichas de inestable apoyo. ¿A qué apostamos? ¿Al futuro verbal? Desprecio del día a día, olvido de lo anterior. Maniática imprecisión de una fe vaga: más adelante...allí...entonces...El hombre de aquí adentro se posterga a sí mismo. Perdida su transparencia, ¿que le queda?  



(Fotografía de René Groebli)


4 comentarios:

  1. Amigo Fackel, el discurso se diluye en unos eslóganes fugaces, la pérdida de tiempo en futilidades es una constante y pueden teorizarlo con algunas propuestas del Pensamiento líquido pero no son más que tergiversaciones para ir pasando el rato. Ausencia y fragmentación del yo, ni siquiera un hálito de poesía, ciertamente una alarma.
    Un abrazo
    Francesc Cornadó

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    1. Las traducciones del personal son tan lineales como equívocas, pero a través de ellas la gente vive, incluso no importando la propia biología personal y no digamos la social. Un abrazo, salut siempre.

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  2. Eso pasa cuando los valores se desorganizan. Cuando lo banal ocupa el lugar de lo verdaderamente importante. Hay que replantearnos nuestras prioridades, después, apostar a construir.
    Un abrazo

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    1. Ay, los valores, cuántos crímenes y tropelías se cometen en su nombre adulterado y manipulado. Hasta los más impíos reclamaban el respeto de unos (sus) valores. Ojala supiéramos replantear prioridades, naturalmente queda el margen de cada uno al menos. Saluda al Paraná.

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