La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







viernes, 1 de mayo de 2015

Armando






















Una fecha y nada más, eso es lo que es, comenta Walden. Hasta un viejo nostálgico como yo duda. Duda entre recuerdo y memoria. Si traigo recuerdos, hago miscelánea, esa mezcla de anécdotas que resulta divertida, como si detrás nada que no fuera inventado hubiera existido. Si ejercito la memoria, vivo el silencio. Una extraña congoja porque el alcance de lo sentido, de lo sufrido, o de lo gozado, no se traslada fácilmente con palabras. Ni en el tiempo ni a otros individuos que no hayan participado de análogas vivencias. Se dirá que la literatura se creó precisamente para sustituir esa dificultad o esa limitación de comunicar. Asombroso: hacer ficción para que se aproximen los hombres a las realidades desaparecidas. Paradojas. Hoy siento la necesidad de recordar a Armando sin literatura, y no por épica, sino por la cercanía que proporciona la amistad y lo compartido. Aunque esté lejano todo y él tampoco exista. Armando, un puente. Con otros tiempos, con otras ideas, con otras circunstancias. Con lo que había fuera de mí y yo ignoraba. En aquella fecha que hoy apenas dice, salvo a los nostálgicos, Armando y yo nos paseábamos en su simca a primera hora de la mañana por los barrios de la ciudad para palpar el silencio. Podía haber sol, pero el día era frío, ausente, silencioso, vacío. Armando le daba al regusto de pasar controles mascullando entre dientes, mientras ojos uniformados y cejijuntos nos paraban o nos desviaban. Él alimentaba de este modo la expectación por ver cuántos nos juntaríamos después y qué suerte nos acompañaría. Pero esto es lo de menos. Armando había pasado diez años entre rejas. Rompiendo su vida, sus años aún de madurez joven. Todo por creer en fantasías que nunca llegó a ver realizadas. Por anhelar. Ni siquiera anhelar estaba permitido. Y además los anhelos no cuajan nunca, por eso son sólo anhelos. 

Walden se ha quedado callado de pronto. ¿Qué podría yo decirle?



(Fotografía de René Groebli)


4 comentarios:

  1. Conmovedor recuerdo escrito en clave de intensidad interior. Recuerdos prendidos en la eternidad del individuo que lo definen como ser racional y creativo si logran transmitirlo fidedignamente.
    Enhorabuena por conseguir comunicarlo.

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    1. Digamos que era un sentir, porque, al final ¿qué nos queda? ¿Las palabras que se desvanecen, los actos frustrados, los enconos, lo pendiente...? A algunos, ya ves, sentimientos.

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    1. Carmela, hay sinceridad y agradecimiento, un ejercicio que no sé practicamos mucho. Gracias por comentar.

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