Llego tarde al Día de la Poesía, que leo por alguna parte que fue ayer, pero como no creo en el Día de casi nada sino en los días, y por añadidura en los quehaceres y en los dolores y en los goces, y aunque parezca mentira aún en ciertas compañías, pues no tuve mayor interés, esto es, que no dediqué más que un ligero pensamiento al tema, para quedarme como estaba. Pero hete aquí, o acaso heme aquí, que Baudelaire me tenía guardada una de las suyas para provocar mi devaneo:
"La poesía es lo más real que existe,
es lo que solo es completamente verdadero
en otro mundo".
Y bien, Baudelaire allana así la poesía, por más que parezca que la sublima. Pues este nuestro mundo considera, estos nuestros hombres que poblamos el mundo consideramos verdaderos tantos fenómenos, acontecimientos, personajes, conductas y leyes, que no hacemos sino instaurar permanentemente otros mundos en el único existente. Lo cual y lo bueno es que hace de este uno diverso, no obstante todas sus facetas crueles mas también satisfactorias, y así transcurren los días de la poesía, como los de los dioses, los de las teorías del progreso, los de todas las Artes, los de la venganza o los de la sensorialidad. Por mi parte, prefiero leer la poesía a salto caprichoso y recreativo, para lo cual días y noches, silla de café o asiento de autobús, ánimo eufórico o bien rebajado, me resultan suficientes. Y como aún no sé en qué consiste la verdad de la poesía mi libertad de lectura, esto es de elección, apunte o disfrute instantáneo, me condesciende. Sigo desconociendo dónde reside la verdad de cualquier manifestación humana. Acaso, si cabe algo de ella, en el puro instinto.
(Fotografía de Étienne Carjat, 1863)