domingo, 9 de noviembre de 2014

Mi experiencia con los flautistas


















¿Por qué hace ya mucho tiempo que odio al flautista? ¿Realmente toca la composición que la gente quiere escuchar? ¿O ambos, flautista y sociedad, constituyen una simbiosis? ¿Es tan dulce y melodiosa la música que emite el flautista para que se le siga? ¿No le importa a nadie saber a dónde lleva el tañedor? 

Mi experiencia infantil con el célebre flautista en la versión cuento: 

Primero, mi asombro por llevarse las ratas fuera de la ciudad y con ellas alejar la peste.
Segundo, mi apacibilidad al sentirme seguro. 
Tercero, mi extrañeza por no cumplir la municipalidad del lugar lo pactado con el músico.
Cuarto, inquietud por conducir a todos los niños tras de sí. Yo podía ser uno de ellos, es lo que tiene un cuento o un relato, que te identificas con personajes y situaciones.
Quinto, desasosiego y pánico porque los niños desaparecían.

Mi experiencia adulta con el célebre flautista en la versión cotidiana:

Primero, mi entusiasmo por creerme que las ratas se las había llevado definitivamente de la sociedad.
Segundo, mi engañosa tranquilidad ante la música estridente que ocultaba la letra.
Tercero, mi desconcierto por comprobar que las ratas no habían desaparecido y que además volvían muchas viejas con hocicos y bigotes nuevos.
Cuarto, mi pasmo por no saber si uno vive en civilización o en una hura de depredadores.
Quinto, hastío e indignación por comprobar que el flautista era un falso, sí, pero sabía a lo que iba. 
Y sexto, decepción y desconfianza hacia los que aceptan sin más al flautista, su música y los mundos imposibles que se proponen una y otra vez.

Conclusión: no sé si es el flautista el que me repugna especialmente o quienes lo corean, le permiten dirigir a la tribu y le siguen festivamente hacia el lodazal.


Aclarando que es gerundio: hay diversas manifestaciones de flautistas, las ha habido siempre, te venden de todo y te dejan en pelota si te descuidas. Del mismo modo que hay diferentes músicas que atraen y abducen irremisiblemente. Cada cual que ponga los nombres de los flautistas que ha habido en su vida. Naturalmente, de flautistas y de situaciones peligrosas. Sospecho que se otean en el horizonte nuevos flautistas. Sólo me suscitan dudas y desconfianza. Debe ser la vejez.



(Ilustración de Darstellung von Alexander Zick)


sábado, 8 de noviembre de 2014

Permanencia del ingenuo
















Vive el país como sufrimiento. Desde su pubertad el hombre lo soporta porque se mantiene sobre el territorio de los afectos, y no de las traidoras entelequias. Sin embargo hay tanta gente que se identifica con mitos o se entrega a una religión... Son las salidas más simples a través de las cuales creen que se les garantiza la seguridad. La nación, un Estado, una creencia metafísica. O simplemente la tribu. Y en la actualidad, el consumo de objetos como fin en sí mismo. Siempre la delegación por la vía de los cantos de las sirenas. Él vive el país como tensión. En eso se aproxima con más conciencia a la realidad. La tensión existe por doquier. En las capas tectónicas, en los espacios siderales, en las relaciones humanas. Si se ha dejado afectar demasiado por la tensión y ha recurrido a las pulsiones para sobrevivir ha sido como recurso, pero cansa. El país cansa. Hacerse eco de cuantos desaguisados y desmesuras tienen lugar agota. Oír el vocerío mediático trastorna. No quiere ser anulado por la impotencia como efecto de la hipótesis de que cuanto tiene lugar es inevitable. No es un tipo de huir, territorialmente hablando. Últimamente va conociendo muchos casos de jóvenes y no tan jóvenes que emigran o lo intentan. La necesidad perentoria de buscar la vida. Últimamente escucha también expresiones tipo: si tuviera treinta años menos me iría. La gravedad del hastío. Él tampoco es de rehuir. Rehuir es ignorar y, sobre todo, vender el derecho de primogenitura que considera que cada cual lleva en sus genes. Tiene muy metido, además, que eso es peligroso. Pero a él su educación sentimental le puede. Le compensa, no tanto como mecanismo anímico sino racional. Puede y debe comprender el país, no obstante el maltrato. Es muy probable que la vorágine aparentemente autodestructiva del país no sea tal, y no piensa tanto en su vertiente política como en las conductas éticas. Entonces piensa o sueña o desea. Por ejemplo que en la sociedad se esté fraguando un magma que se manifestará con una orientación constructiva, no obstante la modalidad explosiva que tenga lugar. Si la energía transforma, piensa el hombre, hay que situarse en la órbita del cambio. Tantas veces se ha anhelado el cambio impreciso...Tantas veces se ha sucumbido a la frustración...Él debe desdramatizar. No ceder al lamento. Si no hay más que queja, todo es inútil. La peor manera de estar en esta vida.



(Escultura de Pablo Reinoso)


viernes, 7 de noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

La vieja cultura de Manitas de Plata






















¿Francés? ¿Español? ¿Gitano? ¡Flamenco! (Y no de Flandes) Ayer murió el guitarrista Manitas de Plata, Ricardo Baliardo para la ley, en Montpellier donde había nacido hace 93 años.  En el vídeo de 1967 aparece con Dalí en lo que hoy día se llamaría una perfomance o algo así. Me ha gustado el brío de su guitarra. Y los revoltosos arpegios que parecen recoger toda la lluvia secular del instrumento y de las gargantas de los sin patria. Otro de los vídeos me obliga a una reflexión de pasada sobre la gente sin territorio, sin Estado, sin nación, sin reconocimiento. ¿O acaso todo eso es sustituido a la fuerza por la subsistencia del clan y el poder de la canción?  La vieja cultura nunca muere.






lunes, 3 de noviembre de 2014

La carta de Jordi Savall al ministro del ramo
















Hace unos días Jordi Savall dirigió un carta oportuna y sesuda al ministro del Gobierno que dijo en su día que iba a salvar al país, exponiendo las razones por las que rechazaba el Premio Nacional de la Música. Os la participo.


Que cada cual saque sus conclusiones. 




domingo, 2 de noviembre de 2014

Diario de otoño



Hoy me ha parecido oler, por fin, a otoño. Todo se afinaba en esa dirección. No era solo cuestión de olfato. Ha sido, sobre todo, de luces. Todas las alternancias posibles han trazado un arco desde antes de amanecer: los aguaceros sucesivos que escuchaba desde la cama, la aurora nublada que reprimía mis estiramientos, el pulso de sol y nubes al mediodía, el ceño que ha ido cubriendo la ciudad según ha caído la tarde. Hace un rato una brisa fría cabalgaba como heraldo contra mi rostro. De pronto, el crepúsculo ha sido un guiño y el sol se ha alejado veloz. Se ha replegado sobre sí mismo y yo percibía en su fuga una carcajada irónica, no obstante su discreción.

En lo que respecta al mundo de los hombres, no he podido quitarme de la cabeza en todo el día el pensamiento obsesivo de que habito en un país onírico. ¿Estaré destinado a vivir siempre en un sueño inquieto?




sábado, 1 de noviembre de 2014

AR12192






















AR12192 se ha escondido, pero sigue ahí, dicen. AR12192 es una mancha del sol, que suena lejana y ajena pero que sobrecoge cuando te enteras de que tiene un diámetro de 125.000 kilómetros. Cuando además te cuentan que provoca una eyección poderosa de energía en forma de una tormenta de radiaciones, capaz de interferir si no chamuscar la punta de los dedos de Prometeo, te invade una vaga sensación de inseguridad taxativa. Los hijos de Prometeo, que siguen jugando a demiurgos en una partida de dados con los dioses, de imprevisible resultado final, ven el sol más como parte de la historia humana que del acontecimiento universal. El sol está en la literatura, en la poesía, en la danza, en la música, en la plástica y en los atardeceres fotográficos. Por supuesto, permanece en la memoria de los ancianos que conocieron su onerosa labor de sol a sol, ora en los campos, ora en las carreteras, ora en los pesqueros. Los místicos lo acogen en sus silencios y los enamorados lo representan con su sonrisa. Pero el sol es más y, acaso, otra cosa diferente a la que nos hemos inventado y que nos gusta que nos parezca. La estrella amable y cercana contiene por ejemplo esa AR12192, que se manifiesta cíclicamente, sin que nada indique que no va a seguir potenciándose sin fin. Llegado a este punto caigo de bruces (mi animismo impenitente) y reflexiono sobre los límites de los actuales Prometeos, aunque también me admiro de su audacia. AR12192 descargando llamaradas difíciles de ser emuladas por los mejores pinceles de la humanidad y nosotros aquí, en este rincón que, por qué no, tanto tiene de Edén. Empeñados en los trabajos y los días, sorteando los goces y los dolores, intercambiando calmas y desasosiegos, disputando miserias y riquezas, alternando puñaladas y abrazos. AR12192 y su acción parece lo inconcebible para los humanos. Del poder del sol imaginábamos tanto...pero lo desconocíamos casi todo. Por cierto, ¿será casualidad que AR sea el vesrre de RA? (Alabanza a ti, oh, Ra, poder supremo...etcétera de aquella Letanía egipcia)




(Inspirations, de Alexander Rodchenko)


jueves, 30 de octubre de 2014

Jordi Savall o la dignidad





¿Podrá la dignidad del individuo con el abyecto estado de cosas en que estamos sumergidos? ¿Y si todo consiste en poner en marcha uno, dos, tres o mil gestos de dignidad hasta que se que consiga tumbar a los infames? 



miércoles, 29 de octubre de 2014

Aforismo del fracaso del lenguaje




Es probable que en el combate por la posesión del lenguaje volvamos a ser los perdedores. Y, sin embargo, la materia será la materia por más que los santos padres la disfracen. Somos nosotros quienes debemos decidir hasta qué punto estamos dispuestos a que falsifiquen una vez más el lenguaje para sus siniestros propósitos. Pues son incansables en su cruzada contra lo que existe. En su desvarío por no poder ser dueños de la naturaleza crearon un discurso paralelo falso, que no se cansan de alimentar con necedad. Seguiremos contemplando cómo la difaman. Seguiremos recitando e pur si muove...




martes, 28 de octubre de 2014

Aforismos de la pancarta




La pancarta es un ser vivo. De escasa duración casi siempre: como las moscas, por ejemplo. Con frecuencia expresa la vergüenza de otros seres vivos como yo que también duran el tiempo de la sombra de una nube.

La pancarta no es solamente lenguaje: es sobre todo actitud.

La pancarta nunca se queda vieja por sí misma, si lo que dice sigue sin resolverse.

La pancarta no es mera queja; es sobre todo razón y sentido: indica el camino.

Probablemente este país es hoy día, más que nunca, una pancarta viva que solo los innombrables, que con frecuencia son los impresentables, tratan de desconocer.

Conclusión: a pancarta deshecha, pancarta puesta.




lunes, 27 de octubre de 2014

Aforismo del lenguaje



El lenguaje es un ser vivo. Y siente tanta vergüenza de lo que se dice en su nombre o deja de decirse en su ausencia...



miércoles, 22 de octubre de 2014

Aforismo no apto para risueños






















A veces piensa si no llegará algún día, acaso más pronto que tarde, en que no tendrá interés por seguir los acontecimientos que se precipitan en su entorno. Los acontecimientos siempre mediatizados  -y la expresión se desdobla en su sentido más que nunca, por mor de los tiempos vividos-  de los que escaparán apenas aquellos pocos que funcionan como el rayo. Es decir, los que llegan desde la naturaleza no controlada. Los que se descargan violentos e ineludibles por el pasillo estrecho existente entre la naturaleza exterior y la materia propia. Sin querer saber del episodio contradictorio y complejo de la historia. Ignorando el voluntarismo atroz y frustrante de las relaciones humanas que se trenzan y se desatan sin tiempo para digerir las ricas experiencias. Desoyendo la voz del conocimiento que se nos ofrece y marginando la capacidad de aprendizaje de la que estamos dotados. Del estar en manos de los otros pasaremos, antes o después, a la agonía más auténtica: la lucha con nuestro cuerpo, el dolor, el descreimiento, las pérdidas, la soledad, tal vez el abandono. 



(Fotografía de Paul Wolff)



domingo, 19 de octubre de 2014

Sotobosque: el aprensivo




El aprensivo vuelve locos a los que viven con él. A cada molestia que le dura más de un día, responde con una queja que transmite a los demás. Si sus familiares le dicen con bondad que no será nada él parece enrabietarse y se ve en la necesidad de agravar la dimensión de su dolor. Si los amigos le recomiendan que vaya al médico responde que se está observando, que siempre hay tiempo de acudir. Si en la fábrica arriesgan opiniones sobre su mal, les contesta con desdén que su cuerpo es suyo. Si algún malévolo le dice, al escuchar sus síntomas, que otro amigo sintió eso mismo y que por ahí andan ahora la viuda y los huérfanos, se estremece, humillado, hundido. El aprensivo cree verse más delgado por la noche que por la mañana. Y más agotado tras haber dormido que tras la actividad cotidiana. El aprensivo ha soñado la otra noche con el tiempo de la infancia, donde no había dolor ni angustia ni incomprensión. Al despertar se resiste a abandonar el sueño y se queda en la cama, tratando de dormir de nuevo para sujetar todavía el hilo de las últimas fantasías y prolongarlas. Acuden los íntimos a decirle que es de día, que tiene que ir a trabajar, pero él se tapa con las sábanas. Me duele todo, responde con voz de ultratumba. No puedo levantarme, pronuncia entre sofocos. Nadie le hace caso y le devuelven no solo palabras de enfado, sino incluso amenazas. El aprensivo, desconsolado, se deja caer en un bucle retorcido y fiero hacia dentro de sí mismo. Siente amargura y pánico. Luego se golpea como si se diese una puñalada a la altura del hígado y emite una queja auténtica. Se palpa. Para su asombro comprueba que tiene la mano pringada de sangre. Ahora se lo voy a demostrar de una vez a todos esos, piensa mientras se incorpora en la cama. Pero cae de bruces y nadie se acuerda de él durante el resto del día.



viernes, 17 de octubre de 2014

Variante de nudo Windsor





















Que no digan que vuelven las corbatas porque siempre estuvieron ahí. Símbolo fálico inconfundible, siempre uniforme, nunca veraz. Colegiales, empleados, ejecutivos o militares lucieron las prendas como signo de ir bien, aunque por dentro se fuera fatal. Entrañables aquellas corbatas de niño que venían con el nudo hecho y una goma que solo exigían estirar y meter la cabeza, y que propiciaba la broma de tirar de la del otro y soltarla con brutalidad de tirabeque. Los políticos del sistema y los altos cargos consiguieron que los paletas, peones y otros asalariados de mal vivir las odiasen. Aunque posteriormente, alguna redención debieron proporcionar, pues los descamisados de otros tiempos se trucaron en mods y decentes a la hora de aparentar y pedir trabajo. Los curas, por cierto, siempre las portaron de manera desastrosa, aun cuando fueran útiles para simular su condición sacra al ir a saciar, previo pronto pago, sus apetitos carnales en los lugares de perdición.  Nudo italiano, nudo americano, nudo Windsor, no sé cuántos nudos más existen en el repertorio de las corbatas. A mí me enseñaron éste último y se me dio de miedo, aunque las prisas al levantarme del catre por las mañanas me incentivaran a dejarlo hecho de un día para otro. De los tejidos, texturas y otras sedosidades tengo poca experiencia, pues abandoné tempranamente el arte de exhibir mi condición de macho de manera simbólica. Ya tenía bastante con mi propia cruz. Ahora vuelve un modelo nada nuevo pero sí adaptado a los tiempos. El nudo es más complejo y rebuscado, pues se persigue mejor representación estética, aunque ésta sea breve y muy privada, y sobre todo mayor efectividad final. No es necesario que se busque en internet dónde se venden. Basta echar un vistazo a los espacios de abrumador hastío y extrema descomposición de cada interesado a la hora de elegir el modelo. Yo no lo recomiendo en absoluto. Eso sí, que cada cual se lo piense antes de adquirir la prenda. Por dos razones. Porque previamente nadie va a admirar el modelo, y porque no se tendrá segunda oportunidad para rehacer el nudo o bien arrojar la corbata de cáñamo o sintética a hacer puñetas. Esta corbata, en definitiva, no es de quita y pon. Y derriba de un solo golpe y para siempre al macho que uno lleva dentro y, sobre todo, al hombre que pudo ser. Desgraciadamente, dicen que vuelve a estar en alza.



(Viñeta de Manel Vizoso)


martes, 14 de octubre de 2014

Más allá de las patrias


























Creo que fue en mi infancia avanzada cuando escuché aquella expresión: "El buey no es de donde nace sino de donde pace".  Tuve que dar muchas vueltas a la frasecita y cumplir algunos años más para asimilar una idea que al principio me resultaba ininteligible. En mi infancia uno tenía una patria, decían que, si bien se llamaba España, decían, de hecho adquiría varios rostros, como la trinidad santísima aquella del mito. Tenía a Dios, al Caudillo, a la familia. ¿Todo eso era la patria? ¿Todo eso era lo que uno era? Perdidos en su propio galimatías, los mayores no sabían responder nunca a las preguntas ingenuas del niño que acaso no se caracterizaban tan inocentes. Y no eran inocentes porque todos aquellos personajes más o menos reales, de obligado acatamiento, producían desasosiego en mi proceso de lenta racionalidad incipiente. Ah, se me olvidaba. La patria era también la Historia, es decir, el relato inventado, adulterado y ficcionado de siglos de acontecimientos épicos inexplicados que habían tenido lugar en la península, y que había que asumir por cachavas. Aunque fuera mentira.

Estos ya vagos recuerdos  -el tiempo produce vapores sobre la propia memoria personal-  me han venido a la mente al leer un párrafo de Antonio Machado, escrito en un artículo de prensa hace más de cien años, y que Miguel Ángel Aguilar trae a colación con acierto: "Nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce, que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos. Que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo, que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra”. Oportuno recordatorio de un Machado siempre claro y de larga mirada. No es solamente una frase olvidada la que me lleva a pensar a contrapelo sobre el resbaladizo tema de las patrias. Lo es también la corrupción generalizada entre las clases dominantes españolas  -sean económicas, administrativas o políticas, es decir, poderes de facto o poderes de iure-  y el proceso catalán hacia no se sabe dónde. En tiempos cambiantes, de cambios mucho más profundos de lo que nos pensamos, en que las relaciones sociales y productivas van a tomar unos vericuetos poco democráticos y el individuo puede ser deficientemente respetado, conviene pensar en lo que queremos ser como colectivo. ¿Puede ser el territorio donde pacemos un lugar de encuentro y convivencia más participado por la ciudadanía? ¿Puede aún dotarse de una estructura que no sea ya más la finca ni el cortijo tradicional desde el que se nos ha usado y tirado tradicionalmente? ¿Puede reconciliarse el individuo con la política, de la que no creo que haya estado disociado del todo?  ¿Puede avanzarse hacia una mentalidad supranacional, pues los desafíos del momento están todos internacionalizados? No sé más que hacer preguntas y no perder aún los anhelos.




(Por supuesto, la imagen es obra de El Roto)


lunes, 13 de octubre de 2014

Mitoraj: el hombre que derribó las estatuas




Si esto fuera un relato podría titularse el escultor que derribaba las estatuas. O que las dejaba a medias o que las quebraba o que las dejaba sin ojos o que cerraba sus bocas...Tal parecía que las hubiese echado abajo tras haberlas terminado antes en la mejor tradición de una belleza clásica. Pero el escultor las erigía, porque así lo había concebido, ya deconstruidas, ya afectadas por el accidente, en mayor o menor medida. El escultor sabía que las estatuas nacieron para ser efímeras, por mucho que los imperios que han sido quisieran hacerlas perfectas e imperecederas. Los avatares de ese tiempo humano al que llamamos historia se encargaron, con la complicidad climática, de que siguieran, probablemente sin tardar demasiado cuando no acto seguido, el curso de la caída de los reinados. ¿Cómo verían los pobladores asirios, persas, egipcios, griegos o romanos aquellas remedos de las divinidades y de los reyes que se levantaban para presidir un espacio urbano? Me figuro a los hombres  -probablemente no todos los hombres, sino solamente los de las clases y castas elegidas-  contemplando las estatuas exentas o los relieves monumentales, desde los que se hacía pedagogía del poder que es tanto como decir de la sumisión. ¿Las salvaba la estética o acaso, mejor dicho, el guiño de los artífices? Andando el tiempo, el significado determinante de las estatuas fue mermando, y en Occidente esa desvirtuación de su sentido se ha acelerado ya desde hace siglos. Hoy la estatuaria, en general, no sienta precedente ni hace catequesis ni dicta obligados sometimientos ni sugiere arrobamiento alguno. Las ciudades han escondido las esculturas, por más que las nefastas políticas municipales sigan metiendo en rincones obras en serie inexpresivas en su mayor parte y sin capacidad de comunicar algo al vecino de la ciudad. Cierto que hay excepciones. Cuando hace años vi en Palma una exposición temporal y callejera de lo que creaba el polaco Mitoraj, fallecido hace una semana, me pareció que la vieja idea de la estatuaria renacía. Pero no renacía para exaltar personajes ni evocar imperios ni cantar las realizaciones de los regímenes del pasado. Volvían a estar ahí para la reflexión personal. Porque, ¿hay meditación más honda sobre la existencia que la que viene sugerida por la caída? 

Mi homenaje hoy a Igor Mitoraj, a ese artista que hizo nacer las estatuas ya caídas, que no muertas.


http://laantorchadekraus.blogspot.com.es/2006/08/dioses-y-hroes-cados-de-mitoraj.html




viernes, 10 de octubre de 2014

Sotobosque: el guardián del tiempo



A veces pasa las hojas del calendario hacia atrás. Sin arrancarlas. Hace que reconstruye fechas. Describe situaciones vividas o que nunca tuvieron lugar. Pone personajes. Los que conoció los reconstruye. Hace nacer los que no existieron. En ocasiones genera un vacío para que todos sean inexistentes y de este modo sentir cualquier sonido menos voces. Así pasa las noches, retrocediendo en la historia que se inventa. Aquel relieve en que un todopoderoso y colérico personaje se alza en la cima de un monte le sobrecoge. Una vieja estampa en que cierto demiurgo sopla y hace le obsesiona. La otra imagen en que otro misterioso ser levanta de la arcilla un gigante le fascina. Él moja con su saliva los dedos antes de pasar cada página del tiempo y se refunda. Cada día es un otro individuo. Ha conseguido que los vecinos se olviden pronto de él. Duró poco, dicen algunos, cuando ya han dejado de ver al que conocían del día anterior.



jueves, 9 de octubre de 2014

Terribles crueldades















Es una tontería decir que son los olvidados de Dios. Se lleva mucho ese tipo de expresiones frívolas. Mientras se dicen cosas así no se dicen las verdades, las bárbaras y terribles crueldades, vaya, que diría el poeta. Por ejemplo, que los enfermos africanos de ébola desearían morir como ciertos perros hispanos. Y que parte del género humano de allí está un punto por debajo de los perros. Decir que, no obstante, su dignidad no la pierden estos desahuciados es otra alegría propia de teólogos y sofistas. Miren. Si no hay vida, ni esperanza de tenerla en condiciones, ¿de qué dignidad hablan? Ellos mueren por un virus que se nutre de la miseria y el subdesarrollo, y acaso de oscuras intenciones de los poderosos de la tierra. Mientras, en España, el virus de la inmoralidad y de la hipocresía nos corroe las entrañas, amigos tuiteros.  


Plegaria animista





















Oigo en la madrugada caer la lluvia con una placidez rabiosa. No puedo evitar que mi subconsciente animista  -todos llevamos ese componente, más profundo y auténtico que la otra ideología que nos obligaron a mamar-  me pida un gesto de bondad. ¿Con la lluvia? No, con las circunstancias. La lluvia disfruta cuando agradecemos su presencia, pero no necesita nada de nosotros. El entorno de hombres y cosas, sí. Y rezo. Rezo desde mi animismo: invocación dichosa, deseo furibundo, emoción transformadora. Tal digo desde la hondura de lo breve:

Lluvia. No ceses. Cae con contundencia natural, expurga las conductas, barre los detritos malolientes, aligera la gravedad del mal, purifica nuestros ámbitos, líbranos de los hombres patógenos, elimina el marasmo que nos rodea, desaloja la confusión, disuelve nuestros temores, recupera el oxígeno de la razón perdida, aleja los fantasmas que se presentan como salvadores, danos conocimiento y capacidad para avanzar de modo adecuado con el conocimiento, revitalízanos. 

No sé si es suficiente. No sé si me siento mejor. Sí más generoso.



(Fotografía de Louviere+Vanessa)



miércoles, 8 de octubre de 2014

martes, 7 de octubre de 2014

El ébola que ronda: lo que dice Josep Pamies



Como información dejo el vídeo adjunto. No sé si las razones de Josep Pamies son sólidas, pero su contundencia es admirable. Como ciudadano común me siento tan descorazonado por la ineptitud de la ministra de Sanidad y la inseguridad que en general fomentan las autoridades gubernamentales que deseo informarme cómo y donde sea.







lunes, 6 de octubre de 2014

Copiando al Brumario






Todos los supuestos acontecimientos, que no novedades, aunque lo parezcan, que acarrean la historia del país me hacen pensar de un modo un tanto lateral. Esa fragua aparentemente anodina de sucesos en ciernes, que no novedades, coloca sobre el tapete el viejo juego de máscaras. Personalmente no espero demasiado, ni creo que las rupturas, del signo que sean, vayan a ser profundas y no sé hasta qué punto renovadoras. Acaso ni siquiera reales. Tal vez por ello, por esa condición subjetiva que me invade de hastío, repugnancia y conciencia de la dificultad de acabar con la cizaña presente, que establece un nexo con la mala hierba del pasado, es por lo que me acuerdo de pronto de una parrafada leída allá por los sesenta del siglo pasado, cuando los arriesgados ingenuos del momento creíamos que el cambio de las relaciones sociales y políticas eran como las cristianas: cuestión de fe.

"Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa... Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y del Imperio romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789 y allá la tradición revolucionaria de 1793 a 1795. Es como el principiante que ha aprendido un idioma nuevo: lo traduce siempre a su idioma nativo, pero sólo se asimila el espíritu del nuevo idioma y sólo es capaz de expresarse libremente en él cuando se mueve dentro de él sin reminiscencias y olvida en él su lenguaje natal".

Dejando de lado la mención a las crisis revolucionarias, que hoy día ni están claras ni se sabe hasta qué punto la sociedad las desea, esa operación de disfraz histórico parece seguir en activo más allá de lo descrito por Karl Marx en su El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Y no hago más que preguntarme de qué se disfraza o está a punto de hacerlo cada político del momento. ¿A qué juega el ínclito presidente del Gobierno? ¿De qué ropaje se cubre el no menos ínclito honorable a un nuevo Estado fuera del Estado? ¿Qué vestimenta va a ponerse la nueva promesa marketing del partido de la alternancia capitalista de oposición? ¿Qué papel cree que va a poder cumplir el joven mediático del irresistible ascenso en las encuestas? ¿Van a seguir disfrazándose de lo mismo los barones de todas la baronías paniaguadas? ¿Qué cruz están preparándose para cargar lo que queda de la izquierda honrada? Mientras, los poderes de verdad, los suprapoderes, los que están por encima de los que juegan la partida de ajedrez del momento, no necesitan disfrazarse de nada. Ellos tienen claro su papel, correcciones menores aparte, porque ya ganaron la partida hace tiempo. Su estatus de control y propiedad no se discute. ¿Otras instituciones? La más veterana y maniquea, la que te unge cuando naces y bendice a la nada cuando te mueres, en el mismo lado que ha estado toda la vida. A caballo ganador, que siempre es el mismo. La industria de disfraces, los roles del drama o de la comedia y las caretas para engañar a incautos, sea cual sea el territorio del país, van a manifestarse a todo trapo en los próximos meses. No creo que superen en imaginación a los carnavales.

  

(Imagen: mes Brumario, del Calendrier républicaine)


sábado, 4 de octubre de 2014

Hongkoneses
















Viene hoy en el papel: "Las encuestas sobre identidad revelan que el 40% de los habitantes del territorio se identifica como hongkonés exclusivamente, mientras que el 27% se considera 'hongkonés dentro de China'. Un 11% se percibe a sí mismo como 'chino en Hong Kong', mientras que el 20% se declara exclusivamente 'ciudadano chino".

No hago más que pensar dónde estoy ubicado, sociológicamente, yo.



jueves, 2 de octubre de 2014

Sotobosque: el taciturno




El hombre taciturno, de origen desconocido, ha alquilado un sótano nada más llegar a la ciudad. Dice, con mucha reserva, que abajo se encuentra más sereno. No obstante, le alcanza el ruido de las pisadas de los peatones y, sobre todo, las vibraciones de los tranvías. Así que pide permiso al propietario para excavar una habitación más profunda donde, al menos, poder dormir sin sobresaltos. Lo hace a su cargo, elige los materiales y diseña un subsótano acorde con sus pretensiones. La humedad es notable, por lo que sella las paredes, y deja preparada una pequeña trampilla por si tiene que recurrir a otro piso más inferior todavía. Como no logra aplacar los ruidos de su cerebro, el taciturno se decide a abrir un piso más abajo, por ver si allí no llega ningún sonido. En vano. Una corriente subterránea, que erosiona la gravera, desplaza guijarros y arenisca, y el roce de sus chasquidos le produce sobresaltos. Tentado está a retornar a la superficie, abandonar el subsuelo y mezclarse con los demás hombres. Pero hace un nuevo intento y perfora un túnel que le aleje de los estratos conocidos. Allí siente calor, el silencio es absoluto y su cuerpo es imperceptible. Se echa a dormir en aquel útero y sueña que ha vuelto al mundo de los vivos, que no le interesa. 




martes, 30 de septiembre de 2014

Lo nuestro

















...lo nuestro, expresión nauseabunda que uno viene escuchando toda la vida, pero ¿acaso sabemos qué es realmente lo nuestro?, pues estamos hechos de retazos de cuanto nos rodea, de lo que existió antes que todos nosotros, aquello que nos antecedió, y probablemente también nuestra existencia es posible por lo que no fue, pues habitualmente pensamos en los factores de incidencia directa que dieron lugar a nuestras vidas y a nuestra cultura, pero también la existencia tiene que ver con lo que no se fraguó, con las ausencias que apenas tuvieron tiempo de un leve disfrute, con lo que jamás se manifestó y nunca llegamos a ver materializado, con proyectos y aspiraciones a los que se hizo quebrar sin mayor opción, no sabría decir con claridad que es lo mío, mucho menos qué es lo nuestro, lo nuestro como un imaginario donde ha convenido a algunos fijar señas de identidad rígidas, como si una cultura, un país, una sociedad, los pobladores, fueran elementos inconmovibles, o no tuvieran su dinámica y, por lo tanto, no se vieran sometidos a variar, no ya a evolucionar, sino al ejercicio de una dispersión imprecisa, si lo fuesen estaríamos muertos, y de alguna manera hay gente que está muerta, gente que vive de las ideas rancias de un pasado más obsoleto y perdido todavía, o aquellos que se dejan llevar por la carencia de otras referencias disueltas, ajenas, donde la palabra pensamiento resulta incomprendida, y damos un brinco al percibir el misterio del ser cambiante, que se deshace y se rehace en cada respiración, el lenguaje no llega de modo suficiente a explicar-nos, nos hace jugar sobre el tablero, sí, nos da pistas, claro, no siempre para la claridad y en tantas ocasiones para la confusión, y para mucha gente es más fácil aceptar las veleidosas verdades, dar por buenos conceptos generalmente admitidos, ello nos pierde porque nos encorsetan, cómo saber sentirse uno mismo, ¿por el dolor, la inquietud, la ansiedad, la duda...?, y da risa escuchar fantasiosas expresiones, eso del viaje al centro, lo otro de la madurez, aquello de más allá del hombre ordenado y equilibrado, esa terminología heredada de los dogmas que solo alcanza a justificar y a cerrar en falso la herida del inevitable e insustituible ejercicio de espasmos que despierta y acuesta cada día al hombre



sábado, 27 de septiembre de 2014

Y sin embargo...


























La batalla contra el oscurantismo empezó a ganarse definitivamente cuando aquel observador e intérprete del universo concluyó: e pur si muove. Esto es lo que me ha sugerido la imagen que he captado con la cámara. La piedra cautiva levantará el sinsentido para el que aún doblan la cerviz muchos incautos, en el mejor de los casos, y bastantes fanáticos, en el peor y doloroso significado del término. La piedra cautiva no ha dado más de sí. Tantas incomprensiones, persecuciones, prohibiciones y crímenes solo han servido para prolongar la propia agonía. El aerostático se eleva a los cielos justo por encima de donde la piedra ornamental, que ya no es otra cosa, renunció hace mucho a prospectar la verdad. Ahora solo les queda liberarse de su hipocresía. Y disolverse.




jueves, 25 de septiembre de 2014

Sotobosque: el sueño sin el sueño de Franz Marc




La otra noche se despertó inquieto por el sueño sobre el sueño. Soñaba que al abrir los ojos  el lienzo de Franz Marc estaba en negro. Como el fundido de una película. Que lo descolgaba de la pared, lo ponía sobre un caballete y desparramaba las pinturas sobre la cama. Como no encontraba pinceles untaba las palmas de sus manos y rompía el luto del paño. Daba manotazos de colores de manera salvaje, hasta la extenuación. Se entristecía porque no recordaba qué paisaje había habido allí antes. Miraba sus dedos pringados de tonos cambiantes y a cada color le fue dando, como por azar, un nombre: león, casa, monte, hierba, caballos, mujer. Mujer. Sueño.




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Sus
















Si algo me gusta de los adjetivos posesivos es que acaso no responden solamente al sentido propietario del individuo o de la tribu, sino que se proponen a sí mismos para que convivan y se pueda dar el salto de unos a otros teóricamente sin dificultad y pacíficamente. Pero de hecho más que coordinarse y entenderse por las buenas, parece que en su perspectiva de realización van dirigidos unos contra otros. ¿No puede ser nunca el Mi sin el Tu o el Su? ¿Está legitimado el Nosotros si no participa un Vosotros y no se cuenta sobre todo con Ellos? Piensen, piensen qué fácil es tocar lo que se tiene al lado y encima haber ido de pudientes  -tal parece que hubiera sido la trayectoria de este país toda su vida, sin acordarnos ya de las miseria de hace dos días-  que la tentación es encerrarnos en nuestro mundo chiquitín. Se dirá: no somos nosotros el problema posesivo, es el mercado, es la historia, son las ideas, son los valores, son las creencias, son los derechos, es el instinto animal de nuestra especie...Todo ese maremágnum está ahí, dentro y fuera, alrededor nuestro, incordiando, cegando, desviando, manipulando. Para evitar que la convergencia humana, si no en su totalidad difusa, sí entre la inmensa mayoría de los que tenemos una condición precaria  o no asegurada para siempre, pueda vertebrarse de otro modo. Ya, lo mío es entelequia o peor aún, deseo humanista. Y no me gusta. Y acaso uno no pasa de ahí. Los adjetivos posesivos son solo adjetivos, tal vez ésa es su función y su límite. Lo malo es que nunca pasamos de ellos para, por ejemplo, agarrar los sustantivos y precisarlos. Llamar al pan pues eso, pan (y en la mayor amplitud de cubrir las necesidades) A la explotación, explotación (por mucho que muchas de las formas de ésta sean dulces o bien pagadas) A la barbarie de las ideas y del mercado y de las armas, pues barbarie (dulce pero falsa placidez de las ideas bellas, de la fe metafísica, del consumo que nos hace creer que nos da satisfacción de bienes eterna o de los ejércitos que pregonan seguridad) Al aislamiento, suicidio (los hombres sin otros hombres con intereses análogos son objeto de división y utilización malsana) Todas estas letras vomitadas me las podría haber evitado. La fotografía de los refugiados kurdos sirios habla lo suficiente de esos Ellos que quedan los últimos de la cola de la declinación humana. Y aquí, mientras, mirándonos al ombligo, algunos intentando viajes para los que no hace falta alforjas porque ya están hechos. Ansiedades del lujo.



martes, 23 de septiembre de 2014

Mis




...mis fragilidades...mis miserias...mis vacíos...mis incapacidades...mis limitaciones...mis pesadillas...mis dogmas...mis incomprensiones...mis ataduras...mis intolerancias...mis cegueras...mis desconocimientos...mis cinismos...mis insolidaridades...mis olvidos...mis torpezas...mis pérdidas...mis fanatismos...mi suicidio...

...mis etcéteras que no llevan a parte alguna
                                




(Ilustración viñeta de Guerra)



lunes, 22 de septiembre de 2014

Sotobosque: el loco




El loco de la pequeña ciudad suele deambular por las terrazas de los cafés. Hace equilibrios entre las mesas y quienes no le conocen se hacen a un lado, inquietos. No pide. Ordinariamente no se dirige a nadie en particular, como mucho tiene conatos que pone en alerta a los más desconfiados. Su especialidad traviesa es incomodar a la gente pudiente que visita la catedral y sus aledaños. Lo hace simplemente con su mera presencia gesticular, hablando inconexo pero en voz elevada consigo mismo. Nada más lejos de su intención hacer daño a nadie, pues tiene muy claro que el papel de un loco no reside en la maldad. Los camareros hacen guiños al loco, incitándole a que vaya hacia aquella mesa o hacia la otra, sobre todo si hay una chica atractiva. Hay una velada complicidad entre el loco y los camareros, que guardan para él bocadillos y a veces le dan la propina que ha dejado algún cliente. El hombre, cuya jornada transcurre de sol a sol por las calles del casco antiguo, a veces disimula su condición y se ofrece para mostrar un monumento o indicar la ruta a seguir. Su mayor locura es aparentar estar cuerdo, lo cual practica escasamente porque le agota. Si no se supiera que es un orate podría pasar por bufón, y entonces la gente le aplaudiría. Pero él hace valer su naturaleza, pues cree que ésta ya lleva implícita su rol histriónico. Así que no reprime su teatralidad, invocando preces, impartiendo bendiciones, vendiendo desde las palmas abiertas de sus manos productos imaginarios, echando bufos contra las autoridades del lugar, suplicando a distancia a las damas un perdón impreciso. Una joven transeúnte tiene la delicadeza, o acaso la fragilidad caritativa, de escuchar atentamente al pobre hombre. No se sabe qué le ha dicho el loco a la chica, pero ésta se ha puesto a dar saltos a su lado y ambos toman la corredera que va hacia la vieja muralla. La chica tiene ojos tristes y cuando la mira el hombre ilumina los suyos y con ese gesto parece que ha rescatado toda la alegría del mundo. Ya en extramuros, ambos se dejan caer en la hierba que hay junto a la orilla del río y no paran de hablar. Como si sintieran necesidad de abrir silencios que ambos han preservado durante eternos días y sus correspondientes noches. Al loco le parece que está en sus cabales y la mujer cree haberse vuelto loca, pero no desea arrepentirse. Se abrazan, se cubren de besos y de babas, como si compensaran un tiempo perdido. Luego se diluyen en un extraño retozar al atardecer.





jueves, 18 de septiembre de 2014

Sotobosque: el entomólogo




El entomólogo sale una mañana temprano de su casa acompañado del hijo para buscar nidos de araña. No solo es un conocedor de las anatomía de los insectos, sino que distingue sus costumbres y rastrea huellas anteriores. Quiere introducir al niño en la disciplina para que descubra otros mundos, pero sobre todo pretende que comparta análoga pasión. Ambos abandonan la ciudad, atraviesan campos de cultivo, penetran en el bosque al que apenas llega la luz. El bosque va cambiando de vegetación a medida que se se altera su orografía. De los matorrales bajos y las encinas se pasa a especies arbóreas de gran ramaje que generan ecosistemas excepcionales. El suelo se abre, deja de ser liso para hacerse rocoso y formar protuberancias agudas que dificultan el caminar. Los escarpes conducen a un valle cerrado donde dicen que habitan las arañas más bellas de la tierra. El niño siente curiosidad, pero también miedo. Siempre se ha sentido atraído por aquellos seres especiales, de morfología extraña e incomprendida. Pero los teme, porque no los conoce. Admira sus propiedades para alzar aquellos tejidos pero se espanta cuando el desplazamiento vertiginoso de alguna de las arañas se apodera de una presa. Al final de la resbaladiza bajada del terreno se abre ante ellos una pared con oquedades de dimensiones considerables. Eligen una de ellas al azar y penetran. La humedad es latente y bordean un río estanco del cual el científico comenta que está repleto de seres invisibles, solo observables a través del microscopio. En el lado más seco de la gruta se abren orificios pequeños cuyas entradas se hallan taponadas por enormes telarañas, opacas y sobrecargadas. El hombre pulsa con el dedo el extremo de una de ellas y rápidamente se precipitan desde la oscuridad varias arañas que se baten en retirada en cuanto comprueban que se trata de una falsa alarma. O de que la alarma podía ser mayor para ellas. Quiero que veas cómo es el nido por dentro, dice el entomólogo a su hijo. Se dispone a desalojar uno de aquellos tapices trampa pero el niño se lo impide. Hemos venido a ver los nidos y ya los vemos, déjalos en paz, le dice. Entonces el padre se enfada y le reprocha el poco interés por la ciencia. Luego le amenaza con dejarle allí solo y hace el ademán de marcharse. Da unos pasos hacia la salida y se para en seco. Llama al hijo y le dice que le perdona, que ya aprenderá cuando tenga más edad y su interés y disposición mental lo posibiliten. Pero el niño no responde. El científico vuelve hacia el punto donde se separó del hijo pero no le encuentra. Ilumina la caverna con el carburo y le llama enérgico y vociferante. Hace oscilar la luz a lo largo de las paredes y enfoca sobre los innumerables agujeros, pero todos se hallan sólidamente resguardados por las redes que tejieron las arañas. La cueva no tiene mucha profundidad y el padre comprueba que no hay otra salida, lo cual apacigua parte de su angustia pero le desconcierta. El río es un vidrio inmóvil que permite ver el fondo. Eso le tranquiliza. El padre se sienta, agotado, sobre una roca y llora. No debí haberle exigido. No supe tantear su grado de curiosidad y menos medir su sensible ternura, se lamenta. Apaga los gemidos y contiene la respiración. El silencio es protector. El hombre, que es un amante empedernido de los arácnidos, concibe una esperanza fantasiosa. Contempla los nidos y por un momento llega a pensar que el hijo ha podido ser elegido por aquellas especies para formar parte de su universo. El cansancio le derriba. Duerme. Sueña que el niño ha sido nombrado rey de aquel submundo y que regresa para informarle a él, el estudioso de los insectos, sobre el secreto de la longevidad.

    


miércoles, 17 de septiembre de 2014

A vuestra salud





Finalizada la vendimia, el jugo cursa su camino. Cuando di al clic me parecía haber pintado un cuadro. No un bodegón ni una naturaleza muerta. Algo absolutamente vivo. La boca se me ensalivaba al palpar los granos. El cromatismo de las hojas, del descarado azul de la uva  -¡otra vez ese maravilloso azul!- y del suelo áspero y calizo me hablaban. Más que un objeto o un fruto es toda una geografía. Visiones así hacen olvidar los males del mundo y del cuerpo. Y de pronto, aunque no sea Carnaval, me asalta Juan del Enzina y su vibrante himno al hedonismo, como un desafío a los avatares y a las desesperanzas.







martes, 16 de septiembre de 2014

La santa tradición















No creo que nadie deba sorprenderse a estas alturas de las tradiciones bárbaras que aún cunden en España. Bárbaras pero que son nuestras. ¿No quedábamos en que los bárbaros eran los de fuera? Pues mira, resulta que lo bárbaro está en la cotidianidad, en la cercanía, en nuestras costumbres y símbolos, sospecho que en la genética. Que estuvo siempre y de vez en cuando se manifiesta estúpidamente como señas de identidad, nada menos. "Si solo matamos una vez al año a un toro, a un simple toro", decía con expresión justificativa un vecino de la villa castellana -qué vergüenza, Castilla-  cuya tradición religiosa, es decir, vinculante, hace correr en inferioridad de condiciones a un toro campo a través y lo acaban lanceando. Y llaman a eso Fiesta. Nada de sorprendernos, por favor, ni de escandalizarnos. ¿Qué cabe esperar de un país en que ha habido a lo largo de su historia progroms contra los judíos, expulsiones de estos y de moriscos, autos de fe contra heterodoxos, prohibiciones contra librepensadores, persecución a sangre y fuego de liberales y más tarde de republicanos? Es lo nuestro, pensarán algunos. Rezumamos tradición intolerante y de momento paga las consecuencias simbólicas el toro. No quiero pensar en que vuelvan tiempos de desentendimiento social y se vaya más allá del símbolo. En las imágenes de televisión no he visto el rostro de la bestia en el toro. El verdadero rostro de la bestia era el de los energúmenos que reclamaban el espectáculo y la sangre. Tradiciones. Las nuestras. Personalmente, indignación y desagrado.




domingo, 14 de septiembre de 2014

Sotobosque: un rayo contra Franz Marc




Una luz de tormenta ha entrado por la persiana mal bajada. Ha recorrido con toda fugacidad el cuarto. De pronto se ha detenido ante los caballos y el león, fulminándolos. La casa ha ardido. También se han prendido los prados. Solo la mujer se ha salvado, postrada en su estupefacción. Ella, lo único casi figurativo que recuerda el cuadro anterior. Al apagarse el incendio han permanecido como manchas dispersas todos los colores. Montones más intensos de rojos, amarillos, ocres, verdes. El azul se ha desparramado buscando seguramente la silueta extraviada de los caballos. Ahora tendré que crear de nuevo a estos animales, intentar que renazca su expectación, restablecer aquel vínculo cómplice de su morada paradisíaca. Para que la mujer no se muera de soledad en su ausencia de sueños.

























...y que tanto los del PP como los del PSOE, más representantes de la oligarquía y otros estamentos, hayan ido a aplaudir el cadáver de ese personaje que se llamó Emilio Botín...vanidad de vanidades y ellos se ríen de nosotros...no, este país no es para gente sencilla, ni honrada, ni honesta, ni cumplidora, ni simplemente legal...luego se extrañan algunos de que haya un grito en la calle dirigido a los políticos de los dos partidos mayoritarios que dice la misma mierda son...lo malo es que se suele olvidar al poder de hecho que nutre a sus siervos...hay mucho atraso cultural todavía, mucha ignorancia, escaso nivel de cultura política y poca fe en nosotros mismos...no olvidemos que la materia orgánica se descompone en muerte y peor es que haya sido corrupta en vida...desmoralizador...la democracia está vaciada, la rapiña de los poderosos se impone y vamos hacia un nuevo modelo de feudalismo y la sensación de imbécil que uno tiene no es fácil de quitar



Cuadro no sé si atribuido a Quentin Massys


miércoles, 10 de septiembre de 2014

A banquero muerto, banquera puesta























Siempre me gustó el cuadro de Marinus van Reymerswale que hay en El Prado titulado El cambista y su mujer. Me era familiar desde mis tiempos de bachillerato. Ilustraba la portada de uno de aquellos libros de cierta asignatura maría que entonces se llamaba Formación del Espíritu Nacional. Una asignatura que aprobábamos fácilmente a poco que dijéramos en los exámenes vaguedades o exaltaciones grotescas sobre el régimen y sus próceres. Era cómico todo aquello. Parecía que lo importante fuera cumplimentar el plan del ministerio y, sobre todo, vender el libro, que ya entonces tenía su buen precio. Del contenido, ni idea, ni me acuerdo. Nadie se leía nada y, aunque lo hubiéramos leído apenas habríamos entendido algo. Ni siquiera el profesorado  -algún militar, algún funcionario del sindicato vertical-  estaba capacitado para comprender el texto y menos para transmitirlo a los alumnos. Así que durante años la imagen de la portada, que se me había quedado amablemente grabada, fue también una incomprensión para mí. ¿Cambistas? ¿Un hombre y una mujer partícipes en un oficio impensable en la España de la dictadura y que, sin embargo, procedía de varios siglos atrás? Claro, se trataba de algún pintor hanseático, representaría una práctica en auge en aquel espacio europeo en que el capitalismo burgués destellaba mientras en la España en la que no se ponía el sol todo era solar de hidalgos, clérigos y monarquía...improductivos y harto inútiles. No, el cambista y su mujer no son simples avaros, cuentan los dineros pero tienen al lado el registro de los que recibían el crédito y seguramente los intereses gravados. Viven bien ambos, pero no me los imagino despilfarradores. Actuaban en el marco circunscrito a su época y, si bien sospecho que ya entonces se las meterían dobladas a los agobiados comerciantes o artesanos que llamaran a sus puertas, quedaban lejos los tiempos en que su profesión iba a convertirse en poder de poderes, trasfondo de trasfondos, negocios obtenidos vaya usted a saber de qué manera y en sangría de desahuciados, por ejemplo. Mientras contemplo la visión general de la evolución de algo que empezó como oficio y hoy no sabría cómo calificarlo, pienso en una menudencia. En que sus negociantes, los mercaderes cambistas de hoy día denominados pomposamente banqueros, también pasan a mejor vida. Como los reyes. Y como solía decirse de los reyes cuando les llegaba el óbito, hay que invocar en este caso aquello de a banquero muerto, banquera puesta. De pintarse el cuadro de nuevo podría ser nombrado a la inversa: la cambista y su marido, porque vivimos tiempos que consideran en cantidad a la mujer, sobre todo si es mujer de posibles y de poderes. Por supuesto, solo hablo del cuadro.


Añadido:

Otra versión de cambistas flamencos, para compensar a Ángeles. Ésta de Quentin Massys, de la Escuela de Amberes. La mujer resulta menos avariciosa, en apariencia, no tiene la mirada tan colgada como en la señora de Marinus; incluso yo diría que le aburre un poco el ejercicio del marido. Éste aparenta un rostro menos siniestro, pero muy seguro de sí mismo. Y es que la monotonía de los dineros y los oros y las platas es como todas las monotonías. Me intriga que la mujer controle con sus dedos las páginas de un libro que no es de cuentas. Incluso me recuerda un Libro de horas, religioso y místico. Y si fuera así ahí ya no hay trío. Hay un señor por un lado y una señora por otro, una especie de divorcio interior, si bien ambos viven de las rentas de su oficio. Como si hubiera también dos intereses o motivaciones u objetivos vitales que no viajan del todo en el mismo carro. Pero puedo estar equivocado, obviamente.


 




martes, 9 de septiembre de 2014

Sotobosque: los colegiales




El colegial aplicado y el colegial torpe se pelean a la orilla del río sin que se sepa bien quién inició la reyerta y escudado en qué motivo. Al principio fueron las miradas enconadas, las palabras que subieron de tono, las descalificaciones recíprocas, los insultos alocados. El aplicado pretende ser menos rudo y con la treta del lenguaje intenta paralizar al otro. También tiene una constitución más frágil, característica que anima al torpe a aprovecharse y pasar a las manos. Ambos ruedan por la pradera, sorteando los dorados fresnos, tentándose los cuerpos, sujetando los brazos, haciendo jirones la ropa. Más que una pelea es un conato en que se conceden la posibilidad de reconocerse no solo mutuamente sino cada uno en sí mismo. El escolar más fuerte se afirma una vez más en su condición de gallito, pero la defensa ofrecida por el chico listo además de ser una revelación para éste es también una sorpresa para el primero. Aquella situación neutraliza momentáneamente la virulencia de la lid y, sin soltar sus manos de las mangas, retornan a las palabras imperativas que no por ser verbales son menos agresivas. Reconócelo, admítelo tú, dímelo de nuevo, cúlpate de una vez...son formas verbales que se clavan como lanzas. Al no ceder ninguno vuelven al enfrentamiento, agravado, aún más incisivo. En su ceguera ambos ruedan sin que los matorrales del ribazo los contengan. Caen a la corriente justo en la zona donde cubre. Como ninguno de ellos es capaz de soltar al otro, como su afán por mantener atrapada a su presa es superior al instinto de supervivencia, se sumergen en las aguas negras, sin que hasta la fecha hayan sido localizados. La dirección del colegio, siempre presta a la más exquisita educación de sus alumnos, utiliza con frecuencia el caso para dar lecciones de moral y valores humanos. La municipalidad aprueba un acta oficial de pesar y propone que sea obligatoria entre todos los jóvenes de la localidad la disciplina de la natación.




lunes, 8 de septiembre de 2014

A veces vas por la calle y te paras en un concierto





...simplemente, sin más, porque conectas con la gente, no te expulsa el ruido, el ambiente es familiar, te acoge el rock y el fenómeno te parece extraordinario...también porque de pronto se apodera de ti el subconsciente...y es que no siempre tienes que buscar explicaciones para dejarte llevar espontáneamente por los sentidos...la sociología de calle, después...la psicología, en un rincón...ahora mueves, discretamente, eso sí, tus piernas al ritmo, dejas que otros se desfoguen más desinhibidos, porque a su edad aún les pega, y casi mascullas las canciones que los demás conocen al dedillo...porciones de un tránsito festivo, deparado por el azar, porque tú pasabas por ese lugar y no te sentías viejo, y no, no ha transcurrido el tiempo, piensas...ya ves, te permites hasta una licencia fantasiosa: es lo que tienen los sentidos   












domingo, 7 de septiembre de 2014

(Paréntesis onírico. Cave canibus)

















...Cuidado con esas sonrisas, cuidado con esas camisas ora blancas, ora celestes, ora grisáceas, cuidado con esas cabelleras adecentadas, cuidado con esos rostros finamente afeitados, cuidado con esos torsos aparentes, cuidado con esas edades de edad media triunfadora, cuidado con las palabras que emiten contradictorias un día sí y otro también, cuidado con sus corifeos, cuidado con los aplausos y las palmaditas, cuidado con el cheque en blanco que os pidan, amigos franceses, amigos italianos, amigos españoles, cuidado con sus collares invisibles, cuidado con las correas inadvertidas, cuidado con su fauces de dentífrico, cuidado con las órdenes que les dictan los amos desde la oscuridad, cuidado con lo que exigen, cuidado con lo que venden, cuidado con la cama que nos pueden hacer, cuidado con el voto que nos soliciten, cuidado con el desarme moral y político que adjuntan en su bagaje de jóvenes promesas, cuidado con sus falsas promesas, cuidado con su verborrea, cuidado con sus indecisiones, cuidado con su lenguaje que traiciona el sentido de las palabras, cuidado con su función de emisarios de aquellos que tienen otras alternativas de emisarios prestas a utilizar si estos no les sirven, cuidado cuidado cuidado...



(Cuando desperté del sueño, la vieja Rosa y el bueno de Karl, cubiertos de lodo y desfigurados, también habían desaparecido, pero aún duraba el eco de tales recomendaciones desde su sueño eterno)



sábado, 6 de septiembre de 2014

Sotobosque: el pintor paleolítico



Mientras otros pintan caballos, ciervos u osos, el pintor paleolítico deforme pinta triángulos y rayas verticales o pigmenta pequeñas oquedades ante las que luego se queda mirando con fijeza aturdida. A veces se le ocurre algo nuevo y traza un goteo sanguino que emana de sus extraños símbolos. O redondea las formas y esboza perfiles que recuerdan más las partes de un cuerpo humano. La grasa de la tea extiende su olor a lo largo de la caverna. Las luces, bamboleantes por las corrientes de aire, dotan de movimiento a las imágenes que acaba de crear. A veces apoya sus manos en la pared caliza y recorre el contorno de los dedos hasta generar una silueta. Para la tribu es un personaje incomprendido, pero su malformación le hace más respetable. Otros hombres se han desplazado fuera del hábitat para cazar o explorar territorios próximos aún desconocidos. El pintor paleolítico permanece en su mundo. Pero su mundo es un espacio al que pocos tienen acceso. Salvo ellas. El pintor de triángulos y de hendiduras en la roca observa a las mujeres cuando duermen. Las sigue en silencio cuando se desplazan y espía sus movimientos más íntimos. Ellas fingen no ser vistas y estiran sus brazos y ensanchan la distancia de sus piernas simulando un ritual, aproximándose a las zonas de mayor luminosidad de la cueva. Con frecuencia salen al exterior y con la excusa de celebrar que el día se ha impuesto a la noche se muestran en su feminidad total. El pintor de las mujeres arriesga entonces su posición cautelosa y baja la guardia. Pero ellas le ignoran y se exhiben a la naturaleza del paisaje con su propia naturaleza. Luego, todas vuelven a sus tareas en los cubículos acotados del interior. Aquel día una de las mujeres permanece fuera del abrigo. Es de complexión media, ni muy robusta ni delgada. Tampoco es más baja que el pintor tullido, pero el equilibrio de la anatomía de su cuerpo sorprende al hombre. Deja que se acerque y posa discretamente para él. El pintor mueve las manos tiznadas de colores y tantea como un aprendiz las formas femeninas. Prepara unas mezclas en el suelo y extiende las manos hacia ella. La embadurna con suavidad. La mujer tiembla. El hombre ha tomado las proporciones del modelo y rechaza recibirla de pleno. Cuando las coloraciones conque el pintor ha impregnado el cuerpo de la mujer adquieren una tonalidad más intensa, él se aleja. Su afán está en trasladar a su obra unos sentimientos y con ellos sus instintos. Ella lo entiende. Ambos están descubriendo algo más que la simple posesión.






viernes, 5 de septiembre de 2014

Sotobosque: la mujer radioyente



La mujer radioyente hacía un hueco en su tiempo y conectaba puntualmente la emisora prohibida. Se refugiaba en el rincón más apartado de la casa, donde las paredes no colindaban con pisos vecinos, y a la misma hora nocturna encendía el dial tabú. A nadie se lo comunicaba. Cuanto oía por las ondas, que llegaba con altibajos e interferencias, era contrario a lo que ella había defendido, siquiera por tradición familiar. Sin embargo, su avidez por lo que transmitían aquellas emisiones rebeldes podía más que cualquier circunstancia anterior a la guerra que los suyos habían ganado y los de la radio habían perdido. Cuando salía a la compra por las mañanas, nadie hablaba de nada especial más allá del eterno tema de la carestía de los alimentos y del estraperlo. Si escuchaba algún comentario falaz sobre la vida precaria en el país, que pretendía pintar de rosa a éste, ella callaba y sonreía. En su inmensa humildad la mujer radioyente iba aprendiendo a descreer de lo propio y a permanecer expectante. La noche en que la emisora apenas se captaba medianamente iba a la cama malhumorada. Allí, tendida y presta a recuperarse de las labores de la jornada, la mujer radioyente fantaseaba noticias que no había escuchado. Ponía rostros agradables a obreros desairados, volvía a colocar en su entorno a viejos fugitivos, resucitaba a los muertos de las cunetas. No alzaba banderas, ni sacaba a relucir insignias, ni entonaba himnos, porque la parafernalia le decía cada vez menos. Ella solo quería ver de nuevo viejas caras, escuchar voces desaparecidas, confraternizar con sus antiguos amigos de juventud de los que ya no se había vuelto a saber nada. En sus devaneos, se consideraba locutora y a la vez oyente, y urdía una programación como si medio país clandestino estuviera pendiente de ella. Nunca supe por qué aquella afición de la mujer radioyente a entrar cada día en las ondas de otro mundo que no había sido el suyo. Tal vez su novio militar, muerto hacía ya muchos años, pudiera saber algo. Pero se calla como un proscrito.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sotobosque: un aventurero




Un aventurero penetra en el desierto, sin saber que es un aventurero. Deja dicho a sus íntimos que se trata de una excursión breve, pero pasa un tiempo y no retorna. Lo que parece al principio un viaje calculado se ha convertido en una incursión desorientada. No obstante, él se complace en la variedad de paisajes, unos más opacos y otros más reveladores, que se descubren a su mirada. Promontorios riscosos, laderas arenosas, altiplanos con restos defensivos de lejanas civilizaciones, pequeños valles de una complejidad kárstica que le hacen creer que ha abandonado el lugar, nuevas llanuras cuyo suelo lo forman puntiagudos escarpes de sílex. Encuentra restos de muerte por doquier, aunque a él, que estuvo en una guerra, no le preocupan. Son fósiles del olvido tales como osamentas de animales, cráneos de humanos extraviados, armas oxidadas, una obsoleta instalación de radio. El aventurero, que se había inquietado al principio, descubre que es más aventurero de lo que se pensaba. Da por hecho que no hay vuelta atrás. Su brújula ha sufrido un extraño maleficio puesto que no marca punto alguno. Se sorprende de que no tenga sed y apenas apetito. Advierte que la tensión de los días anteriores a la exploración se ha rebajado. Ahora no siente inquietud ni prisa alguna, y los recuerdos de la vida de la que procede han ido quedándose por el camino. Es tal su fijación con la variedad de ámbitos por los que atraviesa que su conciencia de especie se modifica. Sobrevivir es adaptarse, se repite admirado y en absoluto compungido.