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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 22 de septiembre de 2014

Sotobosque: el loco




El loco de la pequeña ciudad suele deambular por las terrazas de los cafés. Hace equilibrios entre las mesas y quienes no le conocen se hacen a un lado, inquietos. No pide. Ordinariamente no se dirige a nadie en particular, como mucho tiene conatos que pone en alerta a los más desconfiados. Su especialidad traviesa es incomodar a la gente pudiente que visita la catedral y sus aledaños. Lo hace simplemente con su mera presencia gesticular, hablando inconexo pero en voz elevada consigo mismo. Nada más lejos de su intención hacer daño a nadie, pues tiene muy claro que el papel de un loco no reside en la maldad. Los camareros hacen guiños al loco, incitándole a que vaya hacia aquella mesa o hacia la otra, sobre todo si hay una chica atractiva. Hay una velada complicidad entre el loco y los camareros, que guardan para él bocadillos y a veces le dan la propina que ha dejado algún cliente. El hombre, cuya jornada transcurre de sol a sol por las calles del casco antiguo, a veces disimula su condición y se ofrece para mostrar un monumento o indicar la ruta a seguir. Su mayor locura es aparentar estar cuerdo, lo cual practica escasamente porque le agota. Si no se supiera que es un orate podría pasar por bufón, y entonces la gente le aplaudiría. Pero él hace valer su naturaleza, pues cree que ésta ya lleva implícita su rol histriónico. Así que no reprime su teatralidad, invocando preces, impartiendo bendiciones, vendiendo desde las palmas abiertas de sus manos productos imaginarios, echando bufos contra las autoridades del lugar, suplicando a distancia a las damas un perdón impreciso. Una joven transeúnte tiene la delicadeza, o acaso la fragilidad caritativa, de escuchar atentamente al pobre hombre. No se sabe qué le ha dicho el loco a la chica, pero ésta se ha puesto a dar saltos a su lado y ambos toman la corredera que va hacia la vieja muralla. La chica tiene ojos tristes y cuando la mira el hombre ilumina los suyos y con ese gesto parece que ha rescatado toda la alegría del mundo. Ya en extramuros, ambos se dejan caer en la hierba que hay junto a la orilla del río y no paran de hablar. Como si sintieran necesidad de abrir silencios que ambos han preservado durante eternos días y sus correspondientes noches. Al loco le parece que está en sus cabales y la mujer cree haberse vuelto loca, pero no desea arrepentirse. Se abrazan, se cubren de besos y de babas, como si compensaran un tiempo perdido. Luego se diluyen en un extraño retozar al atardecer.





13 comentarios:

  1. Hay locuras que se entremezclan con otras buscando aminorar su propia soledad. A veces, por milagro, lo logran.
    Son las menos.
    =(

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    1. En efecto, pero en mi opinión por factores del azar más que de los milagros. Bueno, llámese como se quiera. Salud.

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  2. Dónde está el límite entre cordura e insania. Vivimos encorsetados por clichés y normas, si damos un paso fuera peligra nuestra reputación. La creatividad es un pájaro desnudo y libre. Un saludo.

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    1. Tampoco sé dónde anda ese límite que, además, queda soterrado por unas relaciones de hipocresía que lo justifican todo sin dar soluciones a nada. La creatividad, ese hálito íntimo que cada cual sabe cómo se manifiesta y qué ganas tiene de abrir márgenes de libertad. Salud siempre.

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  3. El término "loco" (y "locura") se utiliza con fines tan diversos, y a veces tan divergentes, que se nos ha tornado arduo convenirnos con su opuesto "cuerdo". Pero en esto, como en todo, también intervienen las clases y la consideración social al uso. Alguien que corra por la calle esgrimiendo un cuchillo, será considerado un loco. Enfundado en un uniforme y al mando de un millón de bayonetas, un héroe.
    Asunto complejo este de la psique.
    Un saludo.

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    1. De acuerdo, pero ¿y qué me dices de conceptos y términos como sensatez, que tanto utiliza el preclaro prócer de la nación en sus apariciones fantasma para darle un giro opuesto al que debería de honrar? De todos modos, el asunto del loco va vinculado hoy día poco menos que al de un personaje terrorista. Si bien antiguamente era un rol tolerado en las ciudades hoy las autoridades parecen empeñadas en anatematizarle. De vez en cuando aparece algún personaje que ha transgredido su propia frontera incluso con violencia y cunde el pánico colectivo. Lo que dices, unos van de locos a corazón abierto, otros...

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    2. Planteas una cuestión asaz compleja. Las palabras (las convenciones) que utilizamos para designar ciertas cosas, conservan por lo general una concepción, un sentido que, poco a poco, la realidad va tornando obsoleto.
      Respecto al preclaro prócer... en fin, ahí ya entramos en el terreno de la falacia y de la manipulación: lo sensato es no creerlo.

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    3. Solo que no todo el mundo modifica los conceptos para dotar de una nueva precisión a las palabras. En lo del prócer y sus secuaces, estamos en el mismo criterio.

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  4. "El papel del loco no reside en la maldad" no reside siquiera en la realidad. Su realidad es "otra"
    Un abrazo mi querido Fackel
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Claro que su realidad es otra: un ser atormentado consigo mismo cuya transgresión de la propia conciencia le tiene en otro mundo. No es banal el tema. El mal puede llevarlo dentro, lo cual no quiere decir que enlace con la maldad ordinaria de los que conscientemente la ejecutan cada día y van desde simples vecinos hasta altos cargos.

      Bienvenido, buena vuelta, y que el descanso haya sido tal y además fecundo (sospecho que sí)

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  5. Ese orate tiene un pase mi si, la transeúnte un pase mi sal, pero las babas no, por ahí no hay pase que valga. Palabra de luna virginiana y aséptica.
    Espero que no se me moleste, son palabras de clown.

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    1. Nada de molestia, hay babas espontáneas producto del placer (con o sin hembra o macho de por medio) y babosidades...Éstas otras suelen ser practicadas por los babosos, escalistas y chupaperas que pretenden algo de quienes se creen que lo poseen todo.

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