Me comentan que la joven Phile ha dejado de asistir a tu academia, Safo. La familia la protege y a la vez intenta ocultar su mal. Dicen que emite bilis negra y que incluso ha perdido en parte la razón. También han consultado a la pitonisa, pero la ambigüedad de ésta no ha proporcionado una solución clara. Sus padres están cada vez más desesperados. Deberías traer a la vieja Hypaté; sabe recolectar hierbas y preparar mezclas que en muchos casos han logrado curaciones sorprendentes. También quieren que vayas a consolarla. Están obstinados en que tú puedes procurar si no una salvación definitiva sí al menos facilitar que sus días sean menos terribles. El padre de Phile me ha confiado que su hija cuando no tiene descompuesto el cuerpo se siente acometida por una tentación impetuosa de poner fin a sus días. El mal tiene mucho de necio cuando es pasajero, pero es sumamente cruel al asomar sus fauces depredadoras. Si ya es duro soportar la enfermedad y la degradación en la edad anciana, no quiero imaginar cuán espantoso tiene que ser que cunda en el cuerpo de quien apenas ha probado los dones de la vida. No solamente por el dolor de las heridas internas, sino por la angustia de sentir que se quiebran sus posibilidades en plena juventud. Insisto, amiga. Ve cuanto antes hasta su casa y tantea la situación. En nosotros está ayudarla, sea cual sea lo que su familia disponga.
Ahora que lo pienso mejor, creo que voy a acompañarte hasta la finca. Al amanecer pasaré puntualmente a buscarte.
(Fotografía de Lee Jeffries)
.jpg)



































