
Hasta 1916 se había llamado Helmut Herzfelde, pero en protesta por la intervención imperialista de Alemania en la Primera Guerra Mundial y respondiendo a sus ideas pacifistas, adopta el nombre de John Heartfield. Procede del movimiento artístico Dadá, y junto con su hermano Wieland creó la editorial Malik, con objeto de editar libros de izquierda o literatura de autores rusos, donde realiza las portadas y la maqueta.Las nuevas tipografías le van a permitir desarrollar los fotomontajes que le caracterizarán durante años.

Ya el movimiento dadaísta había trabajado los collages, pero desde una perspectiva más bien estética y meramente surrealista, portador de un mensaje redentor puramente individual. Heartfield dota de otra intención a sus collages fotográficos. Ve en ellos un nuevo sistema expresivo para ejercer crítica política. No ignora la importancia creciente de la publicidad sobre la gente, y sabe aprovechar la renovación tecnológica, incluyendo los medios tipográficos y la fotografía.
Aunque durante la década de los años 20 del siglo pasado trabajó en varios medios de la izquierda alemana, es la revista
AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung, Periódico Ilustrado de los Trabajadores) y posteriormente la
VI (Volks-Illustrierte, Revista Ilustrada del Pueblo) las que van a acoger con mayor incisión y calidad sus portadas y carteles, donde sus fotomontajes son el lenguaje que llegaba directo a los lectores del periódico.

Como dice Heiri Strub: “Los trabajos de Heartfield contradicen la tesis según la cual
el arte y la agitación se excluyen mutuamente. John Heartfield siempre entendía sus fotomontajes como obras de arte. No le molestaba que los críticos de arte contemporáneos no le reconocieran como artista. Sus láminas, creadas para ser difundidas en grandes tiradas, no poseían tampoco valor de bolsa en el comercio del arte. Con sus acusaciones políticas masivamente difundidas, difícilmente podía granjearse la simpatía de la burguesía coleccionista de arte. Los obreros, por el contrario, para quienes creaba ante todo sus fotomontajes, si bien comprendían el contenido revolucionario de estos, no emitían jucios de valor artísticos.
¿Por qué, entonces, ese gran esmero en cada una de sus obras? ¿Por qué este alto sentido de responsabilidad artística para una propaganda política condicionada por el día a día? En Heartfiel, la calidad artística se identifica con la clara ejecución del concepto, con la consecuente realización de la idea gráfica y argumental. A ella han de subordinarse los medios gráficos, la distribución del espacio, las proporciones, la elección de los tipos de letras, las tonalidades de las fotos, o también los colores. Cada detalle es parte integrante del testimonio.”

Los montajes de Heartfield están elaborados en base a imágenes -mezcla de fotografías extraídas de otras partes o incluso hechas por los fotógrafos de su editorial con dibujos, tipografías y textos- que se pretenden mostrar en planos diferentes, para que el lector-espectador nunca se confunda y no las tome por escenas reales, y a la vez para que el contenido satírico y de denuncia resalte la intención ácida del mensaje.
En este sentido la larga experiencia de Heartfield en su tarea profesional y militante es fundamental para poder competir con las revistas ilustradas que invadían el mercado, donde la información se ofrecía manipulada, y las noticias estaban controladas por los gobiernos de los países poderosos.

La tarea de Heartfield y sus revistas AIZ y VI se centró fundamentalmente en la crítica despiadada al nazismo (lo que le valió estar permanentemente en el ojo del huracán del partido nazi), a la violencia del militarismo, a la hipocresía y complicidad de las distintas iglesias con el poder. Lejos de disminuir la calidad artística de la obra de Heartfield, este enfoque directo le dotó de una calidad moral y de una entidad humana y solidaria dignas de todo crédito.


Es de nuevo la palabra de Heiri Strub la que aclara: “John Heartfield es el maestro del huecograbado en cobre, equiparable al maestro del libro doméstico para la calcografía, a Durero para la xilografía, a Rembrandt para el aguafuerte, a Goya para el aguatinta, y a Daumier para la litografía. Todos ellos fueron humanistas y para su propaganda elevaron a categoría de arte a la técnica gráfica más avanzada de su respectiva época, aquélla con la que podían llegar a los más amplios sectores populares.”