.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 26 de abril de 2009

Aproximaciones a la máscara


Yo soy tú, tú mi representación. Yo en primer plano, tú habitas todos los planos. Yo efímera, tú permaneces. En mis gestos se intuye la mutabilidad, pero tú, máscara, conviertes en inmutables mis gestos. Eres como mi cráneo, yo te doto de mi apariencia. Pero si dudo, si la debilidad me vence, tú converges sobre mi perímetro y me tomas. Y hablas por mi, sonríes por mi, reniegas por mi, te estremeces por mi. Es bueno tenerte a mi lado, máscara, mi doble sombra. Si mi mirada se cansa, tú estás preparada para retomarla. Si mi boca se entreabre por el tedio, tú la prolongas. Si mi piel se relaja por la desazón, tú, carátula cómplice, la tersas de nuevo. Si mi sed me desborda, tú me cubres de rocío. Si el dolor me divide, tú lames mis llagas ácidas. No hay motivo, mi fetiche consorte, para sospechar que la vida no la llevas tú, en vez de decidirla yo. Ambas echamos a suertes un destino, del que yo tengo menos posibilidades de salir indemne. Y entonces, tú, despojada forzosamente de mi compañía ingrata, rehuirás la orfandad. Mas el tiempo hará de mi olvido. Sollozarás cuando no me tengas a tu lado. Entonces tú engendrarás lo que yo no he engendrado jamás. Simbolizarás la necesidad de mi estirpe. Acompañarás a otro rostro destinado a contemplar, entregado a desear, condenado a ajarse, mientras tú prevalecerás sin entusiasmo. Te labraron para que tu misión se reprodujera una tras otra en las nuevas vidas que a su vez se irán marchitando. Pero sabrás, quebrada por la amargura, que fuiste única para mi, mi ébano latente.


(Pero nadie sabrá jamás quién descubrió a quién, ni quién fue la sombra protectora de quién, ni de qué noche decidimos hacer un cielo, ni de que luz brotó nuestro deseo, ni de qué oscuridad salieron las primeras letras que nos nombraron, ni cuánta ansia retorció nuestros cuerpos, ni qué plegaria nos hizo juntar las bocas, ni qué orden callada me sujetó a tus reglas, ni qué golpe certero nos convirtió en árbol, ni qué incendio nos hizo salir huyendo, ni qué temores nos apartaron lejos, ni qué silencios rabiosos inmovilizaron nuestras mandíbulas, ni qué sabor tenían tus dedos, ni qué olor provocaba la erección de mis senos, ni qué mirada me arrancaba los ojos, ni qué lengua auspiciaba mi lluvia, ni quién emitió el primer alarido, ni cómo el chasquido de tus huesos bajo mis huesos, ni quién arañó la tierra, ni quién golpeó la luna, ni de qué forma irracional nos precipitamos al abismo, ni cómo acallamos la furia de la tormenta, nadie sabrá distinguir el poder recóndito y profundo fundidos en la máscara, la que nos oculta a los otros, la verdad latente, el confuso abandono...)


(Acompañan dos obras de la fotógrafa de Camerún Angèle Etoundi Essambla)

4 comentarios:

  1. Decía un proverbio árabe: "Bajo la máscara que vestimos hay una segunda máscara; bajo la segunda máscara, no hay nada..."

    Una disertación llena de grietas, Fackel, por las que introducirse y cabalgar las venas del dragón...

    ResponderEliminar
  2. Para cada dolor hay una máscara. Y ésta, pienso, es siempre indiferente al dolor del que la lleva por mucho que queramos animarla.
    Estamos solos con nosotros mismos.
    Y nadie sabrá jamás....

    Escalofrios, leyéndote.

    Un beso

    ResponderEliminar
  3. Stalker, hay sabiduría en el proverbio. No lo conocía. Pero quiero leerlo de otra manera. A veces una máscara anula a otra máscara. Y entonces nos encontramos con algo. Aunque sea el vacío, aunque sea esa nada, siempre es nuestro algo.

    Gracias por tu perspicacia, hermano.

    ResponderEliminar
  4. Bienvenida, Rat. Hay máscaras para casi todo tipo de género y para casi todas las ocasiones. No siempre sabemos llevarlas, no todos valemos para llevarlas (yo muy poco) Las máscaras son parte de la apariencia en nuestra sociedad de apariencias. En las sociedades tribales africanas son la proyección y la invocación de la seguridad. ¿Y por qué no son eso mismo en la nuestra, tan sofisticada y engreídamente firme, por qué no? Tras las apariencias de seguridad, contundencia y etc. estamos tan frágiles como en África. No nos difernciamos demasiado sustancialmente.

    Gracias, Rat, por aquí andamos explorándo-nos.

    ResponderEliminar