sábado, 22 de agosto de 2015

Parece que fue ayer





Para todos los pacientes que me soportáis, esta canción de la inmensa y malograda Elis Regina.






Caía a tarde feito um viaduto
E um bêbado trajando luto
Me lembrou Carlitos...

A lua
Tal qual a dona do bordel
Pedia a cada estrela fria
Um brilho de aluguel

E nuvens!
Lá no mata-borrão do céu
Chupavam manchas torturadas
Que sufoco!
Louco!
O bêbado com chapéu-coco
Fazia irreverências mil
Pra noite do Brasil.
Meu Brasil!...

Que sonha com a volta
Do irmão do Henfil.
Com tanta gente que partiu
Num rabo de foguete
Chora!
A nossa Pátria
Mãe gentil
Choram Marias
E Clarices
No solo do Brasil...

Mas sei, que uma dor
Assim pungente
Não há de ser inutilmente
A esperança...

Dança na corda bamba
De sombrinha
E em cada passo
Dessa linha
Pode se machucar...

Azar!
A esperança equilibrista
Sabe que o show
De todo artista
Tem que continuar...







viernes, 21 de agosto de 2015

Hallazgos: la belleza impasible

















Aprehender las lentas o presurosas horas de cada día. Pretender que se rindan a nosotros. Dejarnos fluir en su mudo acontecer. Necio empeño. Son impasibles, aun cuando las ocupemos con entretenimientos y quehaceres diversos. No se alteran siquiera cuando presencian nuestros dolores. No nos participan al expandirnos eufóricos en los goces. No se modifican por más incidencias que los humanos traslademos a nuestras formas de vivir. No desaparecen cuando las culturas quiebran o las villas y ciudades arden o la atmósfera extravía su oxígeno o los hombres se descomponen a millones para retornar al compost. Las horas no nos reconocen sino como accidente e insignificancia. Podríamos vivir la vida como una perpetua indolencia y las horas no se rebelarían jamás contra nosotros. Podríamos ser incesantes en nuestra actividad y las horas no serían por ello más pìadosas con nosotros.


(A veces uno tiene que celebrar la vida acercándose a un río. Contemplar el caudal y su entorno, inabarcable, silencioso. Abandonar cuitas y desalojar pensamientos. Tenderse en su ribera donde solo habita el no ruido, la no gente, la no presencia. El curso es y deja de ser preciso a cada instante. Nada hay idéntico en él porque no se repite más que en la fantasía de nuestra mente. Siendo accidentalidad también de la propia naturaleza, su abundancia y generosidad nos hace preconcebir imágenes que no son. Su serenidad va cargada de bullicio ajeno a nuestros oídos. Su lentitud es imperceptiblemente veloz. Como las horas, el río no sabe de nosotros. Para mí, Duero es una divinidad animista sólo explicable en su belleza)




jueves, 20 de agosto de 2015

Cosmografía personal












De pronto, aquel minúsculo vacío se ocupó. Y lo que era apenas una gota o una mota de polvo o un grano de arena o un leve fulgor sobre la tierra a él le pareció que era la tierra misma toda.



(Fotografía de Frantisek Drtikol)


miércoles, 19 de agosto de 2015

Bostezos






A veces me haces bostezar con tus cuentos y recuentos, me dice ufana la gata. Te aprovechas de que no digo ni miau para contar historias que vete a saber si han sido vividas o si están pendientes de vivir. No, no es que me moleste que te inventes o que hagas de lo pequeño algo grande; creo que poderlo contar ya es de por sí hermoso. Solo que se te ve también de qué pie cojeas. La insistencia en rendir cuentas con lo incierto del pasado, que también existió. Porque, ¿si todo lo tuvieras tan nítido te partirías la cervical por teclear cada día en busca de respuestas cuando no sabes ni enunciar con claridad las preguntas? Sé lo que me vas a decir: que por eso escribes tus menudencias cotidianas. Porque el reflejo de escribir no tiene por qué estar sujeto a un plan ni orden ni estructura, al menos si no se pretende nada canónico. Si yo fuera a vivir tantos años como vas viviendo tú probablemente te pediría que me enseñaras al menos un método instintivo, suponiendo que método e instinto puedan ir de la mano. Te voy entendiendo un poco. Lo que escudriñas como los gatos es para ti algo que te permite recuperar imágenes reales o nonatas. Pero no solamente del pasado, sino las que aún queden por llegar. Unas las vivirás y otras las imaginarás y casi todas volverán a ser inciertas. Casi todas. Muchas traducidas en la agitación de los sueños. ¿Es por eso por lo que muchas noches te despiertas sobresaltado mencionando nombres o exageradamente turbado? No sé si lo sabes, pero los gatos también soñamos. Sin tantos aspavientos.





martes, 18 de agosto de 2015

Dieciocho de agosto





Ay, los asesinos creyeron que al matar al poeta mataban a todos los poetas. Tal vez para asegurarse de ello acabaron con pastores, jornaleros, maestros, ferroviarios, mineros, albañiles, metalúrgicos, labradores, impresores, militares fieles...de los cuales también era carne y sangre la poesía. Ay, los asesinos.



lunes, 17 de agosto de 2015

Hallazgos: el cuerno






















El descubrimiento de la pólvora se me antoja símil con la invención de la palabra. Con aquella munición se han cazado presas, incluidos hombres, y se han demolido montañas, y con el uso de la palabra se han atrapado conceptos, difundido pensamientos y establecido normas. Tanto la pólvora como la palabra han ido evolucionando como nuevos pertrechos que han cumplido análogas funciones, incluso con mayor efectividad. Tal como lo digo parece que una y otra carga son únicamente destructivas y, en cierto modo, es así. Se demuele algo para lograr otro objetivo superior que se pretende constructivo  -alimentarnos, adecuar terrenos o explorar minas, acabar con los competidores...en el caso primero, o ayudar a comprender el mundo y de paso aproximarnos a un entendimiento, en el segundo-   pero que no siempre lo es o bien el proceso resulta doloroso. Que las palabras contienen pólvora o que son munición es un giro que suele usarse cuando se edifican discursos graves, intensos y hasta subversivos. Cuando aquel polvorín en forma de asta cayó en mis manos apenas empezaba a colocar idea ladrillo sobre idea ladrillo en el lienzo de mi juventud, y las palabras salían toscas todavía. Se resistían y sólo la tarea compartida con otros me iba a permitir cubrir el tejado de mi propia chabola. Tarea en la cual todavía estoy empeñado.


(Aquel cuerno de pólvora fue todo lo que quedó de un lejanísimo día de campo en nuestra juventud. En cierto modo es un archivo táctil. Sacarlo de una caja del trastero y recordar el día transcurrido hace décadas junto al modesto arroyo es reflejo. Memoria de aquellos que en una ardiente jornada veraniega nos desplazamos pedestres a una fronda de la áspera Castilla. Jaume, Gerardo el fresador, Tere y Ana, las chicas de la fábrica textil, Elia, Pedro el maestro, José el carpintero, y yo mismo, aún me muestran sus rostros de entonces. Imberbes, iniciáticos, timoratos, frágiles. Fácil que quede alguno en la oscuridad del armario de la mente. Si hiciera cierto esfuerzo podría recordar incluso temas de conversación y, si bien no los términos en que se desarrolló ésta, sí al menos los posicionamientos que teníamos unos y otros. Y las ilusiones aún frescas y las esperanzas todavía intactas. El río, la comida y el caserón abandonado, cuyos amplios cuartos nos impresionaron a todos, fueron encuentro pero también excusa de camaradería. Porque el verdadero hallazgo, como todos los que vendrían después, éramos nosotros mismos. Y el remate de la tormenta furiosa de la tarde nos purificó. Purificar en aquel caso fue deslindar quiénes de nosotros íbamos a seguir juntos y quiénes se diluirían en otros espacios humanos) 



domingo, 16 de agosto de 2015

Hallazgos: rompecabezas





















Si alguien me llega a decir hace años que esta imagen de un rompecabezas infantil iba a ser también metáfora de un rompecabezas de adultos no me lo hubiera creído. El problema es que ya no sé cómo interpretarlo ahora. Una vez que uno ha perdido la inocencia y no le queda ápice de fe en lo irracional. En un mundo en que siguen cundiendo los monstruos del desatino y en el que tampoco resulta fácil identificarse con héroe alguno.





sábado, 15 de agosto de 2015

Hallazgos: un Rubens de la melancolía






















Me siento mordedor y mordido. ¿Cómo podría uno ir sólo de víctima del tiempo si es también verdugo por encargo? Puesto que admitimos respirar y ejercitar todas las demás funciones biológicas, se impone aceptar los límites. Es el precio de la aventura. ¿Que nos dejamos ilusionar en exceso por los plazos que se nos van concediendo como si no fueran a caducar nunca? Naturalmente, nuestro Yo nos pide tener y mantener y no nos prepara para la desposesión. En ocasiones, desalojamos lo que no nos parece ya fundamental o necesario, conceptos que vienen redefinidos por la propia edad. Pero siempre deseamos tener algo en función de nuestro estado. Nos aferramos a evitar el deterioro o a retrasarlo. El estiramiento al levantarnos por la mañana y la mirada ante el espejo nos dan la pista de nuestra propia medida cotidiana. Nadie se reconforta en la privación o en la quiebra. Y la vista sobre lo vivido no basta para calmar nuestra inquietud y frenar la perturbación de esta paulatina pérdida de suelo bajo nuestros pies. Entonces, ¿únicamente nos queda la melancolía para solazarnos? Puesto que ella tampoco nos cura sino que más bien su adicción va a cooperar a nuestro deterioro, hagámosla un guiño ya inventado hace milenios. Vivir el día a día real con la intensidad de los sueños.   


(Rubens, como Goya, me hacen sonreír más allá del espanto formal cuando representan a Saturno devorando a sus hijos. Ya se encargará la alteración corporal, la reducción de los tejidos y la multiplicación de las células de hacer de la propia conciencia más dolor. No hay prisa. De momento me recreo en el mito, en la representación pictórica y literaria que históricamente se ha hecho de lo melancólico y me dejo llevar por la inercia ingenua de lo que se me antoja que es mi inmortalidad)






viernes, 14 de agosto de 2015

Hallazgos: un talismán















A ver, ¿qué falló para que la ijada del perverso (acaso desdeñado) Caín no hiciera diana en el cuerpo del inocente (acaso mimado) Abel? El alumno más avezado de la clase soltó aquel día: no tuvo un talismán. Pero el mito hubiera sido otra cosa de haber triunfado el elemento protector. Y los designios de la narración con afán moralista (léase de sometimiento) no podían ser sino como fueron inventados. No necesitamos hoy la lectura del mito de ninguna tradición cultural para explicarnos la existencia de la violencia, hija de la agresividad humana y a su vez de la naturaleza en general. La violencia es imparable desde el principio de los tiempos. Se regula, se ajusta, se reduce de modo circunstancial, en ocasiones sonoras se amplía desmesuradamente. ¿Es susceptible de ser medida la violencia?, preguntará el ingenuo. La violencia humana se mide por sus efectos, responderá el ponderado. Cuando parecía que el Estado de Derecho llegaba para resolver lo insalvable, el estado de salvajismo, resulta que la agresividad humana busca las vueltas de la ley cuando no utiliza la propia ley para generar más violencia. Pero hay otro impedimento peor para no avanzar más en el control de la violencia. Los límites al desarrollo que se imponen unos humanos a otros. Los de tipo económico y los de carácter cultural. De ahí que no cese.


(Los páramos, quebradas y caminos se llenaron de cuerpos ante los que no se detuvieron las balas. Ni los de aquellos que reivindicaban al hombre en su materia ni los de quienes invocaban la divinidad. En casa siempre estuvo guardado uno de aquellos tótem que chocaba con lo tabú, perteneciente al ingenuo de turno que fue movilizado para la carnicería. ¿Cayeron sólo los hijos del diablo? ¿Acaso no pagaron con la vida el precio de su alienación los que se reclamaban hijos del dios? A estos les falló el talismán; las balas o el obús o la metralla no se detenían. Pero ya es sabido lo maniqueo que es el juego de posibilidades de la fe cristiana. Si la vida se salva y las cosas mejoran ha sido por las invocaciones milagrosas. Si al tótem se imponía el tabú (la muerte y demás horrores)... también es que Dios lo había querido. Pero el hombre estaba muerto)



jueves, 13 de agosto de 2015

Hallazgos: borrosidad















¿No es una de las características que más nos persiguen la borrosidad? Incluso con aquellos acontecimientos, simples vivencias o personas que han transcurrido a nuestro lado se va imponiendo su lento proceso de difuminarse. No digamos ya objetos, paisajes. Todo comienza al alterarse en nuestra mente la memoria de su corporeidad: la dimensión varía, las formas se modifican, los contenidos se vuelven cada vez más recónditos. A continuación o paralelamente a lo anterior, es el significado lo que ha mudado. Careciendo de sentido cualquier objeto, situación o individuo van desprendiéndose de nosotros. Una lenta evaporación, un sutil desvanecimiento de imágenes. Más adelante, gran parte de lo que hemos visto, escuchado, interiorizado extravía su configuración y se van borrando. ¿Qué parte de lo que atendimos llegamos a retener? Probablemente algunas sensaciones, no en estado puro sino incluso mixtificadas. Un no sé qué traducido en algo que nos resulta aún grato o bien en aquello que nos repele. Un ápice de sentidos deambula dentro de nosotros como corolario, pretendiendo permanecer aún cual signo umbilical respecto a lo que fuimos. No es fácil entender la vida como desprendimiento. Esa andadura por inercia, hasta que deja de ser  -de haber, de manifestarse, de sentirse-  todo. Cuando el concepto Yo muere.



(Las fotografías que, sin querer, salen borrosas me han atrapado siempre. Desfiguran lo real para invitarnos a releer su significado. El hieratismo de la imagen perfecta cede paso a una imagen haciéndose, como si el interior de la cámara, que sabe de ello, lo dejara escapar para nuestra reflexión o nuestro goce visual. Difuminar un objeto no es feo. Al fin y al cabo es nuestro destino personal. ¿Cuánto de nosotros mismos no se desvanece cada día sin que se recupere jamás?)


  

miércoles, 12 de agosto de 2015

Hallazgos: la herramienta















Cuando uno de los hallazgos llega a la propia vida en forma de dádiva generosa. Cuando el valor del obsequio se multiplica porque anteriormente ha pertenecido a otra persona, a otro tiempo. El valor de lo nuevo, aun siendo digno de estimar, se achica ante la presencia imponente de un objeto que ha estado en más manos, que ha escuchado mudo tantas conversaciones, que ha generado una utilización fructífera. No digamos si tras el regalo se muestran más rostros: el don de un reencuentro entre amigos, acaso un reconocimiento secreto que sólo se puede entender entre el que da y el que recibe. Tal vez un recomenzar  -¿o retomar un hilo suelto?-  la amistad cuando la vida adulta ya muy avanzada no suele devolver antiguas convivencias. Y por medio, lo invisible. La evocación, de pronto, de un compañerismo o camaradería que puede venir de muy atrás y que parecía haberse perdido en la vorágine de los quehaceres y los cambios personales. Una corriente alentadora en que dos individuos se admiten como en la infancia y conectan de pronto porque, aun habiendo vivido experiencias diferentes e incluso enrevesadas, se dan cuenta de que sobrevive una extraña lealtad. Más aún: porque aún tienen algo que decirse. Porque uno llega al otro con todo su margen de criterios independientes pero con un bagaje que les otorga calidad de vida interior. Y que se sienten unidos por eso tan aparentemente etéreo como la búsqueda de significados. 


(Ahí, la herramienta. El que la concede lo hace porque quien la recibe le ha manifestado su vivo interés por todo tipo de herramientas relacionadas con el arte de escritura. El objeto pierde materialidad propia para formar parte de la materialidad humana. Y hay más: la entrega de la máquina conlleva una dosis de afecto que no se valora al uso mercantil. El amigo, que ha perdido a su padre anciano recientemente, le obsequia la Olivetti que había pertenecido al padre. ¿No le está regalando también memoria, sensaciones y vínculos que hacen a los hombres más próximos y menos objetos de uso y de cambio? Entonces vas y le dices al amigo que su regalo es excesivo, que es un recuerdo suyo y sólo suyo, pero él te desarma: yo sé a quién se lo doy, te dice)


  


lunes, 10 de agosto de 2015

Hallazgos: o grito na parede













En principio fue la tormenta. Y al estallar, la materia comenzó a disgregarse por todo el universo. A la par que una parte de ella se dividía, otra se organizaba en una materia nueva. Y a continuación ésta se desprendía de sí misma y daba origen a cuerpos menores. Y los cuerpos menores a veces coincidían con otros y se fraguaba una nueva composición, en forma, tamaño y contenido. Así fue durante millones de años, antes de que los planetas adquirieran la configuración actual. Así fue en el lento devenir del mismo planeta en que habitan los mitos. Algunos dicen que fue debido a ese entrechocar y dispersarse los cuerpos múltiples, de sustancias y materias dispares, como tuvo lugar la eclosión de los colores. Y como se hicieron acompañar por los sonidos. Yo no lo sé. Son historias que traen los antiguos narradores, la mayor parte de las cuales se han perdido y apenas flotan en lo más sanguino de la carne de un orate como yo.


(¿Qué queda de aquel grito que durante un tiempo hizo temblar el suelo de la ignominia y concebir esperanzas en los perdedores de la historia? Tal vez una pronunciación sorda, fijada aún en muros callados y en estandartes arrojados al olvido. Tal vez un vago recuerdo que los ancianos sin habla se empeñan en añorar. Tal vez un paréntesis que abre y cierra un vacío)





Un día cualquiera
















Yo, jocoso, a la dueña de la tienda de pan y leche: ¿Has pasado buen fin de semana? ¿Te han querido mucho? 
La mujer, con cara escéptica: No sé si me han querido pero sí que me han utilizado.

Yo, discreto, a la cuidadora afro de los nonagenarios del octavo: ¿Qué tal tus pupilos?
La empleada: Bien, ahí están, pacíficos. Por cierto, ¿sabes que el vecino del quinto, que también es muy mayor, al que veo todos los días con su mujer y sobre todo sin ella, me propuso en el ascensor que me acostara con él y me ofreció dinero?
Yo, perplejo: No sé si creérmelo. ¿Y que le contestaste?
Ella: que probara en otra parte, que pisos de pago hay muchos, y que no me volviera a hablar.

Yo, al presidente de la comunidad de vecinos: ¿Has visto los lametones que aparecen con frecuencia en el espejo del portal? ¿Será un perro o un humano?
El presidente, entre el asombro y la risa: No era can, no, que hay quien le ha visto. Pero ¿es que tanto se puede entusiasmar consigo mismo el que lo hace?

Un día cualquiera, en el ámbito próximo, reúne anécdotas que pueden parecer inverosímiles, si se las separa de esa cotidianidad que lo disimula todo. Aguce el oído cada uno de ustedes y busque sus propios entretenimientos antes de que el calor de la jornada reblandezca sus sesos. Las anécdotas de lo inmediato sirven para confraternizar con amigos incluso de ideas disímiles, sin encarnizarse. 



(Fotografía de Karin Szekessy)


domingo, 9 de agosto de 2015

¿Marca España?




Necesito que alguien me explique si ese lugar donde se fusiló hace unos días a un toro también es España. ¿Y luego quieren que todos tengamos la misma idea sobre eso llamado España? Pues cuesta, oigan, cuesta. Pero, desde luego, esa España supuesta de la fotografía no es la mía.  


Después de hacer el anterior y superficial comentario me dio en pensar que la metáfora nos acecha día a día y hora a hora. Observé la aparente impasibilidad del toro, más bien agotamiento y  a la vez dignidad, algo de lo que cierta clase de españoles carecen, pues la dignidad no es una propiedad meramente humana. Observé la actitud de los espectadores que, al menos, ni jalean ni corean, pero no sé si es mejor o peor o les vuelve más cobardes, ya que nadie tiene el arranque de ir contra la infausta y santa tradición, característica ésta que sobra en abundancia en nuestro país, donde la mayor parte de las tradiciones son ridículas. Observé el afán violento de cierto valiente individuo que se presta a echar mano del fusil, sobre todo sabiéndose como se saben respaldados por la costumbre y esa sacrosanta fantochada llamada fiesta popular, de la cual también andamos sobrantes. ¿Dónde anda la metáfora, pues? Fácil, no vean solo un toro, vean una España. No vean solo a los espectadores, vean otra España. No vean solo a un verdugo, vean otra España. Don Antonio, usted era maravilloso, pero en su época no podía caer en la cuenta de que no había únicamente dos Españas, sino tres. He ahí la metáfora o, peor, el drama. Machado reescribiría sus proverbios y mira que éstos siguen de actualidad.





viernes, 7 de agosto de 2015

Hiroshima, comentarios al vuelo
















Tras ver ayer por la noche un documental en Discovery Max sobre la verdad (¿cuánta seguirá oculta?) del bombardeo de Hiroshima hace setenta años uno puede sacar muchas conclusiones. Así, a vuelapluma, se me ocurren algunas.

Qué poco hemos sabido, y seguramente seguimos sin saber, sobre lo que había detrás de toda aquella monstruosa operación militar. Seguramente todo viene de mucho antes, con las implicaciones de los Estados en aquel statu quo bélico, incluido el japonés, que desarrollaron un curso de muerte y destrucción, llegando a dar lugar a masacres sin fin, como las de Hiroshima y Nagasaki (nos enteramos de que antes, en raids sobre Tokio habían llegado a morir cien mil personas, bagatela, vamos) 

La repugnante obcecación del gobierno y los militares japoneses, con sumo desprecio a sus propios súbditos, que se resistieron a firmar la rendición antes de que tuviera lugar la barbarie del 6 de agosto (con un emperador muy dios, pero o inútil o cómplice total) 

El interés del gobierno norteamericano y el especial empeño de los militares en sentar precedente mundial de poder con el arma atómica. La manipulación masiva de los medios de comunicación tanto en la sociedad japonesa como en la norteamericana. Difícil discernir en acciones tan extremas como las llevadas por los USA en aquella y otras contiendas qué parte de ellas son geoestratégicas, qué parte de negocio de los grandes fabricantes armamentísticos, qué parte de mantenimiento de una clase militar ávida siempre de poder y modus vivendi elitista

El cínico silencio durante años de los científicos padres de la bomba, más preocupados por sus grandes investigaciones y logros, lo cual eleva su propio ego por encima del común de los mortales, antes que conceder un criterio moral a lo que hacían. Es cierto que debieron darse cuenta antes del bombardeo de lo que podrían generar con su mortífero hallazgo; incluso en el reportaje se habla de una carta dirigida al presidente advirtiendo del daño que podría causar si se usaba (entonces, ¿para qué la fabricasteis, podrían espetarles las víctimas?)

El cinismo y desprecio de los jefes norteamericanos de la operación con la sociedad civil japonesa. Un ejemplo: cuando empezaron a barajar ciudades para el bombardeo pensaron en Kioto, la histórica ciudad, con esta especie de "razonamiento": "Porque los ciudadanos de Kioto estaban más culturizados y eran más inteligentes, y ese perfil se adecuaba mejor a los efectos de la bomba". (Lo contó un profesor norteamericano que participó en el documental) ¿Pretendían de esta manera la muerte simbólica de la cultura? ¿Despreciaban su extensión social, el desarrollo de la inteligencia y de la comprensión razonada, es decir, las luces en medio de las tinieblas? 

La complicidad de la sociedad estadounidense y esos gestos aberrantes de celebración de la victoria en las calles, tras la explosión atómica y la consecuente rendición de lo que quedaba de los ejércitos nipones. Aunque muchos ciudadanos americanos admitieron en años posteriores que había sido una brutalidad, siempre justificaron la acción como necesaria para poner fin a la guerra (historiadores y testigos aún vivos mantienen que de haber querido se podría haber llegado a una paz pactada)

Naturalmente, la barbarie siempre tiene abundantes rostros y derivaciones. No ya la muerte instantánea de miles de personas. También las secuelas de la radiación. Un científico dijo que al desatar la radiación de aquella manera brutal se desencadena todo tipo de cánceres en los cuerpos. Y puesto que inmediatamente llegó la rendición japonesa, vino la segunda parte del horror: las ciudades devastadas, el hambre, la desposesión, las mafias, la carencia de organización estatal que fue aprovechada por el mercado negro, la desaparición de niñas...

Que el eminente físico nuclear Robert Oppenheimer se reconociera tras el crimen en una cita del Bhagavad Gita: "Ahora me he convertido en muerte, en destructor de mundos", ¿le exime de responsabilidades en la barbarie?

No estoy seguro de que aquella lección se aprendiera. Hoy mismo leo en El País que un 56 por cien de ciudadanos norteamericanos considera aún, a setenta años visto lo de Hiroshima y Nagasaki, que fue necesario arrojar las bombas atómicas. Y por otra parte, el actual gobierno halcón de Tokio anda considerando intervenir más directamente en el armamentismo nuclear del presente. ¿Toca el fin de la conciencia pacifista? ¿Permitirán, permitiremos, los ciudadanos del mundo que se repitan las aberraciones letales? Me quedo en estas preguntas.



(Fotografía tomada del blog Presencia de espíritu)



jueves, 6 de agosto de 2015

彼らは8.15です 日1945年8月6日





Son las 8,15

del día 6 de agosto de 1945



彼らは8.15です

日1945年8月6日



8.15 are day August 6, 1945










miércoles, 5 de agosto de 2015

Hallazgos: dedicatorias






















¿Cuánto de nuestro tiempo empleamos en dedicar algo a alguien? Una solicitud, un servicio, un grato deseo, un recuerdo. Entre la constancia y la ocasión hay un abanico de modos de dedicar algo de nuestro Yo al Otro. Dedicar no es necesariamente ocupar algo en el otro. Pero el otro sabrá si quiere sentirse con algo nuestro. Cierto que no todo cuanto se dedica es desinteresado. ¿O hay verdaderamente algo que lo sea? Porque cada comportamiento humano tiene su trastienda. Lo que parece altruismo en lo inmediato es apuesta de seguridad o de satisfacción personal a medio o corto plazo, por ejemplo. Aun no negando la sinceridad de la entrega, que en realidad, es un intercambio, acaso nadie dé algo a cambio de nada. Aunque el momento en que se realiza ese dar lo aparente. Forma parte de las leyes de la dedicación, más que de la dedicatoria. Pero no desdeñemos las pequeñas o continuas dedicatorias de cada día a los otros. Si hay una satisfacción mutua en el ejercicio, ¿para qué sacar las cosas de su quicio? Vivir en lo inmediato consecuentemente ocupa tiempo y espacio de nuestro interior. Rescata el pasado y rinde cuentas con sus insatisfacciones. A veces solo hay que dedicar al que lo espera o, y ello tiene más valor, al que no se lo espera unas palabras, un gesto, un estado de ánimo alegre. O simplemente escuchar sus cuitas. Dichosos quienes van más allá sin esperar nada a cambio (corregí)

Nota: Dedicatoria y dedicación se confunden tantas veces en la vida cotidiana...Solo se diferencian en la voluntariedad de una y en la obligación de la otra. 



(El poeta entregaba algo de sí mismo en su dedicatoria rubricada ya casi nonagenaria. No tanto el libro soporte, cuyas poesías ya son un obsequio casi nupcial. Entregaba también una sugerencia, un impulso, tal vez un deseo imposible sobre una joven que podría reencarnar para él parte de lo perdido. ¿Lo intuía en uno de sus Antisalmos?

1. La vejez, ¿es un joyero
    lleno de joyas o ceros?

2. ¿O es, acaso, un vertedero
    lleno de escombros o sueños?

3. De ceros y sueños
    amamanta la vejez. Nunca el tiempo ha sido el Verbo.

4. La luna está arriba,
    debajo.)





martes, 4 de agosto de 2015

Hallazgos: cuidados de abuelo















Un abuelo sienta a su nieta en un banco a la salida del parque. La quita los playeros, primero uno, luego el otro, los golpea contra el suelo. Pasa la mano por los pequeños pies, los frota, abre los dedos, desaloja la arena. La habla con afecto, enseñándola, sin palabras ni entonaciones correctoras. Me parece un gesto tierno, una entrega de cuidados del abuelo respecto a la niña. Aunque seguramente sea también una actitud práctica marcada por una orden materna. La madre de la criatura habrá encomendado la tarea al abuelo, se la habrá recordado hasta la hartura, que no deje de aligerar los zapatos de piedrecitas y tierra. El abuelo, que seguramente ya tenía olvidado el oficio, lo rescata con delicadeza, aunque su cuerpo no esté para los trotes de agacharse y mantenerse en cuclillas. El abuelo se entretiene en los pies de la nieta y de pronto se para. Su mirada no está en el punto de la labor que, por otra parte, ya ha concluido. Se ha detenido en el tacto. Porque al tocar los pies de la niña recuerda. Acaso lo que hace ahora le trae aquello que hacía sesenta o setenta años antes con sus hijos. Le recorre el cuerpo un escalofrío. No es el ejercicio ni el cuidado que en su día tuviera con los propios lo que le estremece. Es el desgarro, que hayan pasado ya miles de instantes como éste. Que todo sea irreversible. Sabe que será su última nieta, su última vocación de entrega. ¡Abuelo!, el grito melodioso y débil de la niña le saca de su fuga. Sonríe, se agita, la atiende. Piensa: todo lo que ha sido antes está siendo ahora. Suficiente. La calza de nuevo y se van. La niña da saltos. Él, con disimulo, también.



(Fotografía de Saul Leiter)



lunes, 3 de agosto de 2015

Embarrancado en los pecios
















Estoy embarcado -embarrancado más bien- en un libro de pecios. Pedazos de reflexión sobre el naufragio de la vida y las cosas (o las cosas de la vida, en su sentido más extenso e ilimitado) Que Rafael Sánchez Ferlosio eligiera el término pecio, generalmente reservado a los restos de las embarcaciones que se fueron a pique, para sus particulares, enjundiosas y en ocasiones enrevesadas meditaciones me pareció siempre una genialidad. Este Campo de retamas que acabo de comenzar, y que no tengo previsto terminar pronto (no hay prisa alguna y los pensamientos deben leerse con tiempo y con temple) ofrece una variedad de reflexiones y de aforismos que son como cajas chinas en ocasiones. No es lo que aparenta la primera lectura sino lo que hay detrás o debajo o dentro. Destaco uno muy actual (suponiendo que alguno de ellos no lo sea, que lo dudo) "La tierra como hábitat es el suelo de la vida. La tierra como territorio es el solar de la dominación." Me hace pensar mucho, porque pone el dedo en la llaga de un problema grave: mientras a tantos humanos se les niega el derecho al hábitat en tierra propia o ajena, hay quienes teniendo hábitat parece estar dispuestos a sacrificarlo. En su obsesión por sublimar el territorio y aunque paradójicamente vendan la idea de un reforzamiento de ese hábitat, en realidad están replanteando la propiedad sobre el territorio, con todas sus consecuencias clasistas y dominadoras. ¿Será que se está perdiendo la perspectiva de la vida que nos debe dar sentido para dejarnos atrapar por la retorcida idea del sometimiento? Algunos no saben sino repetir con obstinación la mala historia. No es de extrañar porque tienen como modelo a aquellos que llegaron antes a compartimentar territorios, aunque digan que son sus enemigos. 



(Fotografía de una perfomance de Bill Viola)


domingo, 2 de agosto de 2015

Reprimenda






















¿Cómo te lo diría?, me dice la gata de la vecina. No me ha gustado cómo me has sacado el otro día en ese blog tan apocalíptico en el que escribes. Excesivamente circunspecta, incluso aturdida. Claro que tampoco me extraña demasiado, me dice. No hacías más que golpear el cristal para atraer mi atención. Bien sé que lo que te pedía el cuerpo era pegarme un grito o asustarme agitando las manos. Lo llevas en la sangre desde niño. Traías a mal traer a los de mi especie. ¿Que cómo lo sé? Se te nota en la sonrisa mefistofélica que pones cuando me llamas. Si te portaste moderadamente es porque me perseguías con tu cámara y querías tenerme ahí, posando. Pero ya ves, te fastidias, no soy demasiado expresiva. Luego decís los humanos que somos curiosos, pero tú no dejaste de hacer piruetas para que yo me contorneara y así buscarme mis lados oscuros. Pues no se te logró. ¿Crees que yo soy como tus pensamientos?, me reprende la gata. Escribes renegón, insatisfecho, riñendo siempre a todo el mundo. ¿Te parece saludable? Ah, claro, es tu estilo, me podrías decir. Si no te quejas, revientas. Si no buscas las aristas te parece que el paisaje no es real. Si no dices las cosas de modo críptico crees que no ahondas. Me voy a tumbar a la bartola, me agotas.

Tras esta reprimenda, cualquiera le dice nada a la gata de mi vecina.





sábado, 1 de agosto de 2015

Hallazgos: un aniversario anónimo















Igual que hay amores imposibles hay revoluciones imposibles. A veces incluso ambos conceptos aparentemente lejanos entre sí se nos antoja que se habitan mutuamente. Y así nos parece que un amor que está a punto de dejar de ser imposible nos revoluciona. Y una revolución imaginaria que nos creemos que puede ser real nos llena de amor. Pero esto que digo son palabras vanas. A la hora de la verdad, es decir en los desenlaces de las historias personales o colectivas de los hombres, todo sigue más o menos en su punto fantasioso. Es mentira que los hombres existan para amarse. Este tipo de pensamientos es propio de la ideología tradicional y la moda de costumbres. Creo que, de hecho, los hombres no se han amado jamás. Como mucho, en circunstancias temporales han creído que se amaban. Los hombres están para sobrevivir, unos con otros, unos contra otros, unos sobre otros. De ahí que el instinto natural, el del odio, sea más fuerte que ninguno. La humanidad está para sobrevivir por impulso inerte, aunque ella misma se pone hoy día más en duda que nunca con sus prácticas extendidas de destrucción. Basta observar cómo la fuerza bruta, con medios más refinados o más burdos, pero no menos contundentes, sigue dirigiendo nuestra marcha contradictoria hacia el vacío.


(Cirilo Moro Colodrón. Labrador, alcalde de Nava del Rey (Valladolid) Asesinado por los insurrectos contra la legalidad institucional y republicana el 1 de agosto de 1936. Jamás se recuperó su cadáver. En España levantas una piedra y sale un muerto o dos o varios. Tienes un vecino desde hace cuarenta años y te enteras de pronto, cualquier día, que su padre o su hermano o su abuelo fue asesinado por los bárbaros de casa. Los pinares castellanos son extensos y acumulan sustrato abundante de sus árboles. Difícil hallar restos. Pero el peor sustrato es el silencio y su descendiente natural, el olvido. Así que en memoria del citado, este apunte, este homenaje)


viernes, 31 de julio de 2015

Hallazgos: un poema de amores imposibles

















Hay decenas de poemas ocultos, centenares, tal vez miles. No sólo poemas que una vez aparecieron en un libro del que no se supo más. O poemas que, aun editados y reeditados, aún no habíamos tenido tiempo u ocasión de leer. Naturalmente planteo esto desde una visión subjetiva y bífida, mi yo receptor y mi yo ignorante. Hay poemas en fragmentos -¿no lo son acaso lo que nos ha llegado de Heráclito y no digamos los de Safo?- bien porque se hayan perdido por el camino o porque son así. ¿Son menos poesía por rebosar fragmentación? ¿No tiene lazos el pensamiento filosófico con la poesía? Cuando Heráclito dice: El sol es nuevo cada día ¿no poetiza? Cuando Lao Zi dice El que sabe no habla / el que habla no sabe, ¿qué expresión pone en marcha? ¿Dónde empiezan y dónde terminan la forma y el contenido en la poesía? ¿Está la poesía delimitada por el lenguaje o va más allá y genera sobre todo sensación? Su ritmo ¿no tiene que desembocar en desatar en nosotros el asombro, esa perdurable y dichosa perplejidad que, de vez en cuando, a veces muy de ciento en viento nos toca con su ay? No quería ir por ahí ahora mismo, pero los desvíos a veces nos conducen a los caminos principales, como todo en la vida. Pensaba, y al pensar hago un homenaje, en tantos poemas ocultos que fueron escritos sobre tablas de arcilla y los añicos de ésta fragmentaron y sobre todo extraviaron cuanto decían. Pienso en pergaminos roídos por el olvido, en los libros devorados por hogueras intolerantes, en los poemarios víctimas de las modas efímeras y, por qué no, en los trazos brevísimos sobre la arena de una playa y que el océano engulló. 

(Uno descubre poemas no leídos -y le quedan tantos por disfrutar- que otros conocerán. Pero la tendencia, y a veces obsesión, por el descubrimiento es como el tierno deseo / y nube insinuante, que diría Cernuda. Mi descubrimiento poético de hoy es de Darío Jaramillo Agudelo, de su serie Amores imposibles

"Que no nos vengan con los azarosos amores posibles,
que ni a ti ni a mí sus ansias nos toquen,
que no haya cuerpos que contaminen esta deliciosa entelequia,
que tú sigas siendo sin saber lo que eres,
un amor imposible,
y que yo te ame sin creer nunca que te alcance)



jueves, 30 de julio de 2015

Hallazgos: encerradero






















No todo hallazgo es novedad. Como tampoco todo lo que llega nos aporta y no digamos nos deslumbra. De hecho acaso hoy día hay más nuevas fútiles que interesantes. En parte porque lo importante no se nos muestra, bien porque se nos oculta, bien porque no se explora. En parte porque la recurrencia conque se nos narran los acontecimientos, cercanos o lejanos, nos causan la impresión de lo ya conocido. Ignorantes de nosotros que apenas sabemos ni la composición de una partícula y despreciamos la contribución y la belleza que encierra cada átomo. Un hallazgo puede ser sencillamente un reencuentro. Personas, espacios u objetos se nos muestran de pronto, tras un tiempo sin haberlos percibido, para admirarnos. Reencuentros no solamente con la imagen, sino con la imagen que es traída por otra imagen. Porque una imagen, sobre todo si tiene vínculos con el pasado, no es lo que vemos, mejor dicho, lo que creemos ver. Es sobre todo una adecuación de nuestra persona a un tiempo redivivo.


(Aún hay por mi barrio de infancia ciertas huellas vivas. El escribiente de estereotipos  -ejercicio que diariamente practica el periodismo al uso-  diría que son mudos testigos, y se quedaría tan ancho. Puede una casa estar deshabitada. Puede un encerradero resguardar unas parras. Pueden unas galerías sobrevivir sin rostros que miren desde ellas. Puede la puerta estar cerrada a cal y canto y sus goznes oxidados. Yo escucho rumores cuando paso junto a una de esas casas. Veo mujeres con moño, hombres en mangas de camisa y me llegan voces infantiles jugando en el patio. Hasta el pozal sumergiéndose de golpe en el fondo del pozo pone humedad en mis labios)




miércoles, 29 de julio de 2015

Celebración














Hoy contemplo de nuevo tus ojos
incalculables
tus facciones de polluelo atento
al asombro
cuando apenas el tiempo existía
                                                  (la niñez no es tiempo
                                                   es un florecer sin fechas
                                                   que solo sabe de eternidad)

Mis ojos se han humedecido
de partículas invisibles
que se resisten a desprenderse del hombre viejo.

La memoria echa un pulso a la pérdida
                                                  (es una constante pelea
                                                   que acaba en tablas
                                                   hasta la última fuga)

Duele el recuerdo de los días más felices
retenidos
que ignoran el desgaste cotidiano.

No ha de haber rendición
ante el vórtice incesante de la vida
                                                  (usa la herramienta
                                                    de tu gozosa admiración
                                                    por los descubrimientos perennes)
                                               
Hay que seguir aun sin saber
a dónde habremos de llegar
                                                  (la inercia es un don
                                                   que atrae la voluntad
                                                   y no su condena)

Tú creciendo, yo creciendo
todos haciéndonos prolongación
de cada piedra de cada suspiro de cada risa.

Celebrándonos.


                                                 
       


martes, 28 de julio de 2015

La gata de la vecina





















Respingo. Yo, que me considero lo menos felino que imaginarse pueda me vi de esa guisa esta mañana al abrir la ventana. Ella me miraba sin apenas verme. Yo le miraba sin mayor esfuerzo de comprensión sobre su mundo. Ella exploraba. Yo escudriñaba sus movimientos y sus descansos. Ella no alcanzaba a averiguar mis intenciones. Yo afinaba la cámara para sacarla guapa. Ella husmeaba lenta y deslizante los bordes y los rincones de la poyata. Yo daba golpecitos secos en el cristal para atraer su atención. Ella permanecía atenta a cualquier ejercicio brusco por mi parte. Yo controlaba mis instintos y creo que por primera vez en mi vida no he espantado a un gato.Tengo la sensación de que todos los gatos tienen la misma cara y que ellos opinan parecido de nosotros. No, no me lo ha dicho. Sólo bastaba verle la jeta.



lunes, 27 de julio de 2015

Cecil. Noticia de agencia














Al viejo tamtan que atemorizaba a los colonos europeos ha sucedido el poderoso rugido de los últimos leones de África. La agencia Leónica Press informa que a raíz del asesinato en Zimbabue de Cecil, presuntamente a manos de un español ocioso y rico, los animales de esa especie se están organizando para desplazarse hacia el norte del continente y atravesar el estrecho de Gibraltar. Como cualquier clan al que decapitan a uno de sus líderes los leones saben perfectamente sustituirse de inmediato en su liderazgo y tomar las decisiones oportunas. Para ello han establecido conversaciones urgentes con otras especies también afectadas por la cacería desenfrenada en orden a hacer un frente común que rompa los márgenes de sus hábitats y emprendan una ofensiva en toda regla. Consideran que los millonarios españoles, acostumbrados en otro tiempo a matar a individuos de su propia especie en una cruenta guerra civil, se sienten tan frustrados en sus prácticas de sangre que ya no les basta la suerte taurina y se han convertido en principales participantes de la masacre de especies animales en África. Según informan servicios de espionaje occidentales, los leones africanos podrían invadir los aún abundantes latifundios del centro y sur de España, determinados puertos deportivos, urbanizaciones de la alta burguesía, incluso llegado el caso las sedes de algunos consejos de administración empresariales así como notables organismos institucionales del país donde es práctica común tocarse las pelotas, impedir el daño ajeno y enriquecerse de modo fraudulento con cualquier motivo a costa del sufrido contribuyente. Se ignora si las autoridades del estado monárquico de esta parte del Estrecho están haciendo algo en orden a colaborar con las autoridades de Zimbabue para averiguar la personalidad del presunto homicida de leones. No obstante, todo da a entender que la muerte de Cecil no es sino la punta del iceberg de una actividad extendida entre los privilegiados españoles y, por supuesto, de muchos otros occidentales. Esos mismos patriotas que si mañana la economía viene mal dada, es decir, todavía peor, no dudarán un instante en sacar sus capitales a paraísos fiscales para procurar la bancarrota de una nación y volver a las andadas.

Lean y saquen conclusiones:

 http://elpais.com/elpais/2015/07/27/ciencia/1437990170_298773.html




 

domingo, 26 de julio de 2015

Hallazgos: una foto dentro de otras fotos
















Un relato está repleto de fotografías. Imágenes de cerca, paisajes lejanos, objetos que se mueven, estancias detenidas, individuos que se desenvuelven. Son textos que nos aportan una visión demediada. No porque no esté repleta de detalles que el autor aporta, que en ocasiones son abundantes cuando no farragosos, sino porque la descripción es solamente una mirada parcial, la que el mismo autor ha prefijado para desarrollar la trama. Luego, al seguir la narración el lector pone sus propios matices, manteniéndose fiel al dictado del autor o improvisando variaciones formales de acuerdo al gusto o a las representaciones subjetivas de cada uno. Emisor y receptor difieren en su capacidad perceptiva. Por supuesto que un relato, sobre todo si es complejo y rico, además de fotografías aporta sonidos, ritmos, sensaciones, ambientes, pensamientos, sueños, etcétera. Para mí todo eso que compone un relato es algo así como un gran ejercicio fotográfico multidimensional que sirve para que mi vida sea otras vidas. Un tipo deprimido, un viajero por otro territorio, un amante ajeno, un individuo privado de libertad, un artesano de otros oficios, un pendenciero, o simplemente un paria carente de tierra a la que llamar propia.

(Las librerías de viejo suelen reservar pequeñas sorpresas. No solo los libros en sí, que si encuentras algo valioso o agotado te cuesta un ojo de la cara, sino lo que contienen entre sus hojas más allá de los textos o de las reproducciones gráficas. Una carta, anotaciones sueltas en sus márgenes, entradas de cine de tiempo inmemorial, dedicatorias rechazadas por un dedicado ingrato...o una fotografía. Me he encontrado de todo. ¿Decidió la compra de Fin de fiesta de Juan Goytisolo el hecho de que jamás había leído la novela y que además estaba tirada de precio? Tentativas de interpretación de una fotografía perdida entre las hojas descoloridas por los ácidos del papel)


sábado, 25 de julio de 2015

La bella Thermidor o Leda republicana




Hoy sería el día dedicado a la planta Artemisa, de estar en el día siete del mes Thermidor. Pero ni vivimos en tiempos de la revolución francesa ni en en el ruedo ibérico se han olido jamás los efluvios de un calendario republicano alternativo al romano. A mí me apetece admirar a la bella Thermidor, recreación de la Leda mitológica para adecuarla a la simbología republicana francesa. Poco se inventa en la historia del arte universal y la recreación una y mil veces de los temas sirve al menos para ver la capacidad de los artistas para interpretar mitos, acontecimientos y símbolos, registrar nuevas formas plásticas y renovar la mirada de los contemporáneos de cada tiempo. No es poco. Ay ese sutil cisne tras el que se oculta Zeus dispuesto a hacer suya a Leda, a Thermidor, a la Revolución, a la República. Pero admírese el detalle de ese mango de sujeción de la jofaina. El fauno lascivo, musical y acechador bien sabe de la capacidad humana para inventarse a sus dioses. O ¿tal vez lo que seduce al fauno es la belleza en sí misma?



miércoles, 22 de julio de 2015

Hallazgos: la belleza ígnea





No hace falta buscar la belleza. Ella te encuentra a ti. Tú sólo tienes que ser receptivo. Dejarte embriagar. Aislarte de la grey. Vaciarte de naderías. Desarmarte de pensamientos. Librarte de las palabras. Como mucho, conceder una interjección. No te prives del don de la mirada. La belleza siempre es epifanía. Para tu goce. 


(El ocaso prometía ayer tormenta. Era ya tarde y los truenos escuchados dejaron pasar de largo la electricidad sobre nuestras cabezas. A otra parte iría la furia del cielo. Fue un disfrute contemplar aquellas nubes preñadas con los últimos fuegos del día) 



martes, 21 de julio de 2015

Diálogos de una espera baldía




¿De qué hablarán los miserables de la Tierra mientras esperan a ni ellos saben bien qué? ¿Charlarán sobre la incertidumbre? ¿Sobre las historias que las mafias les hayan contado acerca de lo bien que van a estar en Europa? ¿Sobre que no tienen nada que perder porque allí de donde proceden van a estar peor? ¿Se contarán señuelos ya que huyen de las realidades? ¿Pensarán que van a ser acogidos porque unos seres humanos, supuestamente cultos y desarrollados, no rechazan a otros seres humanos? ¿Hablarán de las elecciones políticas, de la independencia, de las vacaciones pagadas de verano, del puesto de trabajo en su empresa, del Barça, del modelo de coche que se van a comprar en cuanto puedan...? ¿Qué han escuchado estas gentes acerca de la vida donde viven los ricos y en que no todos son ricos? ¿Qué migajas esperan recoger, acaso las migajas de las migajas? (Esta frase no es broma: veo todos los días recoger restos de alimentos y hasta colillas por las calles) ¿Cómo será el lenguaje de los fugitivos de esa otra dimensión? ¿Son humanos, en fin? 

Hace mucho, pero mucho mucho, algunos aún creíamos en internacionalismos proletarios que iban a resolver los grandes problemas de la humanidad. Error de cálculo de aquellos teóricos: nunca supieron, nunca supimos, la dimensión que iba a adquirir el mal vivir de millones de seres de esa otra especie a la que no la reconocemos como nuestra. Y donde nuestros niveles de consumo se debían, se deben, en gran parte a los que ellos nunca tuvieron ni por asomo. Y lo peor, y asústense todos: ¿hay acaso una frontera nítida, asegurada y duradera entre la condición de esos sin nada y la nuestra?







(Fotografías tomadas hoy de una galería de fotos de El País, edición digital)





lunes, 20 de julio de 2015

Adolescencia

















Pero no sentí diferencia entre la noche y el día. Es lo que tiene permanecer absorto, la mirada en la corriente. Son atractivas las aguas, unas veces sumisas, otra perturbadas por la pequeña fauna de ribera. Y allí, al borde, se te antoja que también tienes un hogar. Acaso subterráneo, bajo los ribazos o entre las madrigueras de los hurones. Anduvieron buscándome. En las llamadas de los mayores me pareció percibir más extrañeza que preocupación. Hubo quien manifestó angustia en sus reclamos. Hubo quien recurrió al dolor de la familia. Hubo quien esgrimió el sonoro anuncio del castigo. Y entonces decidí no volver a casa. Desechar las iniciaciones. Desoír las obligaciones. Incumplir los mandatos. Y no crecí más como ellos hubieran querido que creciera. Y no me encontraron ya nunca en los territorios reservados a los adultos. Es lo que tiene ser un eterno adolescente.



(Fotografía de Álex)



domingo, 19 de julio de 2015

Acritud





















Fui y me adentré en el bosque para olvidar mi estéril acritud. A medida que penetraba en él me pareció que me convertía en destello. Sentí entonces la necesidad adolescente del saber y el disfrutar, pero con quietud. Sin el nerviosismo de las ideas preconcebidas. Sin la acechanza del resto de los animales. Sin la premura de tener vida adulta por delante. Y allí, al borde del arroyo, me calmé hasta la llegada de la noche.




Amor






















Con el sentido propietario e inmovilista de unos, que se creen portadores de esencias eternas, la actitud arrogante de otros que acaban de llegar al ruedo y se han autosugestionado con soluciones mágicas, el colaboracionismo permanente de los que dicen que son B pero siempre son A, la estupidez y la ignorancia de otros más que repiten los mismos errores, la entrega ciega de acólitos, la llegada de hornadas de oportunistas, el dominio generalizado del no pensamiento y el miedo de todos a los otros que acaso no es sino el miedo a sí mismos, sólo caminamos hacia un futuro cainita. Pero ¿qué cabe esperar de un país estúpido, de unos gobernantes que van a hacer sus negocios y de una población que vota allí donde le caigan más migajas? ¿Qué cabe esperar de un país que construyó un aeropuerto que costó 450 millones y sale a la venta por 10.000 euros, por poner uno de los últimos ejemplos de despilfarro y de ignominia? Dejadme por un día, por un solo día, ser visceral. Y corregidme, por favor, que alguien me diga que estoy equivocado. Que todo es un mal sueño desde perversas décadas anteriores. Ah, pero que nadie me invoque lo del amor a la patria. Claro, el amor nunca fue puro en ninguna parte. Qué risa y qué tonto yo.


(Ese dibujo lo hice a los diez años, cuando aún creía en los perfiles sencillos)


sábado, 18 de julio de 2015

Apacibilidad





...y, sin embargo, uno es hijo de aquello y del azar.

En memoria de los que no pudieron contar jamás sus días apacibles.




viernes, 17 de julio de 2015

Andariego
















¿No te pasa a ti?, me dice Walden. Me considero un andariego nato y cada vez más irredimible. No es una palabra al uso. Hoy la gente prefiere hablar del paseante o del viajero que, en realidad, son conceptos distintos. El aspecto más aparentemente literario de estos otros términos hace moda y la gente gusta de apuntarse a ellos. Yo he sido siempre, y sigo siéndolo, un mero andariego. A mí me gusta ir de aquí para allá, con apenas paradas estables. Naturalmente hay que detenerse de manera pasajera. Para coger fuerzas, para una charla ambulante y casual con otros, para tomar nota de un descubrimiento. Siempre sospecho de la intención de los paseantes, que parecen estar y no estar en este mundo; pero si ellos quieren ellos saben. También difiero de los viajeros, especie prácticamente extinguida porque hoy se llama viaje a cualquier cosa: cualquiera que se apunta a un desplazamiento organizado se cree que ya viaja. Yo, como bien sabes, apenas salgo de mi ciudad. Y sin embargo no paro en ella. Puedo sortear calles o repetir su tránsito, pero me siento satisfecho si mis sentidos se hallan a gusto y no te digo si me sorprendo con alguna novedad menor que en su modestia me resulta grata. Una hora leyendo en una terraza, el disfrute de un vino leve con alguna amistad, un recorrido con mirada profunda, si bien discreta, más allá de lo superficial. Patear la ciudad, decíamos cuando éramos jóvenes. Pues bien, los andariegos seguimos pateándola porque queremos mantener el registro de la ciudad vieja que, en muchos casos ya no existe, y comparar con lo nuevo, que no siempre está a la altura de lo que debe ser la bondad de una ciudad. ¿No te cansas nunca?, le pregunto con curiosidad ávida. Y Walden: sólo me cansa el poco aprecio de mis paisanos por valorar el don de disponer de una urbe, como una segunda piel acogedora.  



(Fotografía de Duane Michals)



jueves, 16 de julio de 2015

Ah
















Se lleva bien con ay, pero no se alía con facilidad con nadie que no sea la mente donde se suscita la necesidad que la motiva. No es que la voz ah sea menos expresiva. Lo que pasa es que es prudente, silenciosa, incluso velada. Muchas veces ni se vocaliza. Es un destello interior, un reflejo, un proceso. Algo nos sorprende o admira o descoloca. Entonces nos quedamos con la boca abierta y el ah permanece en tránsito y lo prolonga. Solo tras una fuerte resistencia de nuestra conciencia ante la captación de algo que estaba ante nuestros ojos y no lo percibíamos con claridad somos capaces de emitir un ah ruidoso, manifiesto, extenso. Hay también una emisión de ah traidora, falsa, para satisfacer al interlocutor. Un ah aquiescente, que confraterniza, que cede, lo cual no siempre es malo. Y algo dentro de nosotros nos dice: qué ah ni qué niño muerto, si no entendemos, si no nos asombramos, si no nos revelamos en la admiración y menos en el desvelo del enigma. Un ah pronunciado apropiadamente, en el instante preciso, con aire de reconocimiento nos acerca al otro. No desdeñar ese papel que el ah juega en ocasiones de aproximación, cuando no sustitución y acompañamiento, al ay. En ese momento algo se refuerza y el lazo de ah y del ay revela disonancias profundas en el hombre. De incierta superación.


(Fotografía de Lee Jeffries)