La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







sábado, 15 de agosto de 2015

Hallazgos: un Rubens de la melancolía






















Me siento mordedor y mordido. ¿Cómo podría uno ir sólo de víctima del tiempo si es también verdugo por encargo? Puesto que admitimos respirar y ejercitar todas las demás funciones biológicas, se impone aceptar los límites. Es el precio de la aventura. ¿Que nos dejamos ilusionar en exceso por los plazos que se nos van concediendo como si no fueran a caducar nunca? Naturalmente, nuestro Yo nos pide tener y mantener y no nos prepara para la desposesión. En ocasiones, desalojamos lo que no nos parece ya fundamental o necesario, conceptos que vienen redefinidos por la propia edad. Pero siempre deseamos tener algo en función de nuestro estado. Nos aferramos a evitar el deterioro o a retrasarlo. El estiramiento al levantarnos por la mañana y la mirada ante el espejo nos dan la pista de nuestra propia medida cotidiana. Nadie se reconforta en la privación o en la quiebra. Y la vista sobre lo vivido no basta para calmar nuestra inquietud y frenar la perturbación de esta paulatina pérdida de suelo bajo nuestros pies. Entonces, ¿únicamente nos queda la melancolía para solazarnos? Puesto que ella tampoco nos cura sino que más bien su adicción va a cooperar a nuestro deterioro, hagámosla un guiño ya inventado hace milenios. Vivir el día a día real con la intensidad de los sueños.   


(Rubens, como Goya, me hacen sonreír más allá del espanto formal cuando representan a Saturno devorando a sus hijos. Ya se encargará la alteración corporal, la reducción de los tejidos y la multiplicación de las células de hacer de la propia conciencia más dolor. No hay prisa. De momento me recreo en el mito, en la representación pictórica y literaria que históricamente se ha hecho de lo melancólico y me dejo llevar por la inercia ingenua de lo que se me antoja que es mi inmortalidad)






2 comentarios:

  1. Visto lo visto con la miopica visión de humana condición Cronos se me antoja en exceso generoso comparado con la atormentante lentitud evolutiva. Claro que para gustos.....
    Estas son palabras netamente Jupiterianas y ya se sabe lo que el irascible, prepotente y también necio, Júpiter hizo con su progenitor.

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    1. Pues puede ser, puede ser. Pero en parte todo es cuestión de tiempos. De momento condenados a seguir la trayectoria de los mitos clásicos.

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