sábado, 29 de julio de 2023
Salvador Espriu para tiempos revueltos
jueves, 27 de julio de 2023
Salsa va, porque la vida te da sorpresas
martes, 25 de julio de 2023
La risa de humanos y de canes
lunes, 24 de julio de 2023
Propuesta laxante en román paladino
Max dice: Quien no se consuela es porque no sabe hacer uso apropiado de nuestro rico román paladino. Qué bonita expresión, le respondo asombrado; me traes las viejas lecciones de las lenguas romances. Pero él a lo suyo. He ahí una propuesta laxante para quienes se hayan quedado estreñidos desde ayer. Quienes no han digerido el menú de circunstancias. Vender la piel del oso antes de cazarlo es de necios. Pero catarla con la imaginación puede ser indigesto. Entiendo que el problema es de contención intestinal. Les sugiero que hablen más y mejor con sus propias bacterias. Eso ayuda. Porque dicen últimamente los cientificos que intestinos y cerebro van de la mano. Aunque no sé, no sé si la ingesta al uso, también llamada empanada mental, favorece a la salud. Los afectados, por favor, busquen tratamiento.
*Imagen: chapa nihilista que Max se encontró ayer removiendo cajones y tirando recuerdos.
domingo, 23 de julio de 2023
Una paradoja y una risa, según John Donne, para un día electoral
En una paradoja de John Donne leo:
"Si alguno de estos botafuegos coléricos, acalorados, que se alimentan de las querellas y odios a los que se aferran, salpican a un idiota con una sola chispa de desprecio, este, al igual que un tejado de caña que prende rápidamente, puede que se encolerice. Pero el sabio, frío como la salamandra, no solamente no se irritará con él sino que tampoco sabrá compadecerle. Que se ría de él, pues. Así se sabrá que es hombre, porque sabe reírse; que es docto, porque sabe de qué reírse; que es valiente, porque se atreve a reírse. Porque el reidor es, con razón, juzgado como más sabio que aquel del que se ríe".
Recojo este texto pensando en la barbarie de la mentira, la iniquidad y la abyección que los partidos de derechas han desatado desde hace tiempo -no solo en período electoral- y que influye en las mentes manejables, que gustan de ser engañadas, a través de la pléyade de medios de comunicación que repiten días tras día la voz de sus amos.
John Donne (1572-1631) es junto con Shakespeare el más importante poeta inglés del siglo XVII. Las Paradojas es un conjunto de escritos preñados de ironía sobre costumbres y opiniones sociales de su tiempo.
*Ilustración de cabecera de Antonio Santos Lloro para El coloquio de los perros, de Miguel de Cervantes, editado por Nórdica.
*Retrato de John Donne según Isaac Oliver, de la National Portrait Gallery.
viernes, 21 de julio de 2023
Corredor de fondo
De joven yo era corredor de fondo, dice Max. ¿Me imaginas? No lo hubiera sospechado, le contesto riendo. Hay días excepcionales en que te veo tan apasionado, como si no hubieras tenido juventud. Max no pone buena cara ante mi jocosidad. Mi pasión es vivir y adaptarme a medida que me han llovido palos o sumado fracasos. Es verdad que correr con las piernas y correr con las ideas no fueron siempre de la mano. Fui corredor de fondo en campo a través, aunque con una soledad menos ruda que la del protagonista de la novela de Sillitoe. Pero en paralelo corrí cortoplacista en el terreno del pensamiento. ¿Eso fue bueno o malo? Me parece falso plantearlo en términos de opuestos. Tampoco en otros tiempos teníamos suficiente perspectiva y el pasado inmediato condicionaba. La corta distancia te exige un gasto de energía excesivo, que cuando eres joven no te cuesta generar, pero a su vez te engaña. Porque crees que el territorio que hay por delante se ocupa pronto, que lo que tú pensabas lo pensaba mucha gente, pero a medida que corres sin cesar adviertes que la distancia se amplía. Que el territorio humano era más extenso. Que acaso, salvo una minoría, los demás no estaban por correr. Porque la medida del tiempo siempre es incierta. Porque acostumbrados a viejas inseguridades la inercia hacía que nadie quisiera demasiados riesgos. Y te das cuenta de que nunca llegas lo suficientemente lejos, que la mayoría no te sigue. Y entonces llega el pinchazo. ¿El desánimo? ¿La desilusión?, le digo. Max hace una mueca. La desilusión es una constante en la vida, amigo mío, y hay que reconocerlo sin dramas, como parte del ejercicio de vida. En realidad siempre hay una alternancia tanto en los comportamientos como en las emociones, porque en cualquier experiencia comprometemos actitudes cargadas no solo de cierto grado de ideas sino acaso sobre todo de pasión. Lo que hacemos y lo que pensamos también son cuerpo, o efecto del cuerpo, como quieras comprenderlo. Llega un momento en que adviertes que la pasión no construye. Que las místicas alimentan energías pero no edifican racionalidades. Que los corpus de interpretaciones al uso, lo que otros llaman ideologías, no interpretan prácticamente nada. No he renunciado a seguir siendo corredor de fondo con mi mente. Uno ya no está para carreras ni saltos ni pugilismos directos. Pero mientras haya oxígeno en el cerebro sí puede uno continuar la travesía. De modo más ligero y tibio, si bien no menos exigente. Porque percibir el mundo y tratar de no desubicarte del todo es algo que tengo claro. Estar receptivo y aproximarte en la medida de lo posible a comprenderlo sigue siendo un desafío. Esa actitud me oxigena. Max ha parado de pronto y ambos permanecemos en la galería exterior, mirando los amarillos y ocres del horizonte.
*Corredores de la Villa de los Papiros, de Herculano. Ubicados en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Fotografía de Graziano Tavan, tomada de https://archeologiavocidalpassato.com/
martes, 18 de julio de 2023
La sangre como uno de los bellos estilos plásticos
¿Han visto alguna vez el impacto de la sangre al emerger violenta y voluminosamente de las venas? ¿En qué categoría y estilo artísticos encaja? ¿Cómo reaccionamos ante su visión? Aparte de la alarma del momento, ¿suscita en nosotros alguna clase de contemplación o emoción estética? He oído a veces expresiones como: parecía un mapa de tonalidades. O bien: corría como la pintura en un lienzo. Yo me quedaba boquiabierto porque no alcanzaba a ver sino viscosidad y peligro, pero ahora que lo medito...
Unos dicen que es realismo puro, pues sigue expresando lo real, aunque fuera de sus cauces habituales. Sigue manifestando, tal vez parcialmente, la existencia lineal del sujeto, no obstante este se vea cuestionado en ese instante en función de la pérdida que manifieste.
Otros dicen que no hay más que dejarse llevar por la dispersión del líquido en todas las direcciones, como si apenas rozase la materia, traduciendo esta en pinceladas irreales que nos hacen creer que así es la naturaleza. Se quedan absortos en el colorido cargado de matices, reclamados por una emoción profunda de aquella impresión espontánea y natural. Concluyen aseverando que se trata de un estilo impresionista.
Los hay que el fenómeno accidental lo interpretan con una intención más larga e intencionada, viendo en ese ejercicio espontáneo y brutal una rebelión del cuerpo que solo sabe expresarse como desfiguración expresionista. Donde el elemento licuoso parece haberse traducido en sátira de sus células rojas y blancas, mientras el individuo sangrante se ve invadido por una palidez que le desfigura.
Ah, comentan otros, pero esta conmoción es la imagen más nítida del poder de la abstracción por la abstracción. Y claman boquiabiertos ante la expansión caprichosa e ilimitada del chorro sanguino, entregados al disfrute de los trazos transversales y anárquicos que salpican por doquier. No importa si allí al lado alguien se desangra, ajeno y malogrado por presuntuosas interpretaciones de diletantes.
Ay de quien vea la sangre como alguno de los supuestos bellos estilos plásticos.
Ay de quien persiga coagularla contra las leyes ordinarias de la naturaleza en sus diversas manifestaciones.
Ay de quienes hoy con palabras aviesas y mañana con acerados estiletes fuercen el derramamiento como tantas veces sucedió.
Nota Bene: * 87 años: NUNCA MÁS.
lunes, 17 de julio de 2023
Jane
Eran los años en que se encendía una luz. Pero nosotros ya ardíamos. Todo llegaba tarde aquí. Pero cuando llegaba ¿quién se resistía? Las gramolas nos abrían al mundo más que los libros, que también. Y el mundo nos iba calando con lentitud porque cada uno de nosotros era tierra diferente. Todos teníamos celos del hombre del cigarrillo y rostro extraño. Pero acaso nos transformábamos imaginativamente en él porque las ensoñaciones, además de transgresoras, son gratuitas. Los oprobiosos de la moral, seguramente más lascivos que nadie, condenaban y anatematizaban aquel proceder en forma de música y de letra y de suspiros entregados procedentes de allende los Pirineos. Mas, ¿qué no condenaban aquellos, a los que la canción de Paco Ibáñez que nos invitaba a cabalgar deseó que fueran enterrados en el mar? Los de la pérfida moral desaparecieron -acaso solo se ocultaron, porque ahí siguen y volviendo a las andadas- y Jane permaneció a caballo entre nuestros oídos y nuestros labios. Si alguno dice que también en sus deseos ocultos probablemente no miente. Hasta hoy.
* Fotografía de Jane Birkin tomada de Girly Girl Magazine.
sábado, 15 de julio de 2023
No es lo que parece sino lo que fue o pudo haber sido
viernes, 14 de julio de 2023
Jeanne y el naufragio
Viernes 14. Mi amiga Jeanne enarbola la roja insignia, pero yo me fijo en sus cabellos aventados. Jeanne ha separado uno de los colores de los demás, y dice que es para recordar que todavía existe. Yo le digo: ¿el color o tú? Pero no me hace caso y sigue ondeando con el movimiento de su cuerpo una mezcla de nostalgia y esperanza. A mí ya no me empaña la visión aquello que esgrime de forma tan descarada, ágil y bailarina. Se lo comento. Si ha habido inteligencia en el sentimiento hay referencias que no se olvidan nunca, guiña con sus palabras. La inteligencia del sentimiento no siempre elige el camino razonado, replico. Todo ha cambiado tanto. Menos Jeanne o, mejor dicho, mi percepción de Jeanne. Me cautiva que ella misma se convierta en estampa, y recuerdo cuando me decía que yo era su estandarte. Hubo un tiempo, y eso ya pasó. Pobre de mí, tan náufrago desde entonces. Si la memoria es lascivia estoy perdido. Jeanne lo sabe, pero no le importa.
(Ilustración del historietista Yslaire de la serie Sambre)
jueves, 13 de julio de 2023
Te seguiremos leyendo, Milan
Cuando en el año noventa y tantos pregunté al círculo de amigos de Alena sobre un escritor moderno que vivía en París algunos ponían mala cara. O cara airada. Como diciendo: ese que se fue y no quiere volver. Aunque otros apostillaban: los burócratas tampoco le quisieron aquí. Milan Kundera me recordaba un poco el caso de Thomas Bernhard, tan enfadado con su Österreich, aunque por otras razones no menos severas. Aunque tan diferentes en sus estilos narrativos, me sentí muy acogido en la literatura de ambos. Creo que el valor de una novela reside en que te acoja, en que tú te traslades a ella y la habites. Bien como uno de los personajes, bien como el colectivo de voces y situaciones. Cada vez comprendo menos que una novela haya que leerla desde los parámetros de lector, con esa tendencia que tenemos a veces a intervenir y modificar sobre la marcha las ideas y la exposición de criterios, cuando no el estilo, que en una novela se reflejan. Pero esta opinión es tan personal como seguramente poco acertada. Naturalmente, también les cité a una eminencia como Franz K., al que la mayoría de aquel grupo le había leído poco y mal. Por supuesto, a todos les sonaba sobradamente el divertido Jaroslav, creador de las aventuras de un valeroso soldado, y no en vano más de una taberna de Praga llevaba su nombre, el del soldado de ficción. Yo aún no había descubierto al buen y genial Bohumil, tan diferente a todos los anteriores citados, y que posteriormente vino a intermediar en mi visión sobre los literatos checos más reconocidos. Tal vez era que en aquel ámbito de amigos de Alena no había cundido todavía un europeísmo más profundo, tal como lo entendemos ahora, pero citarles la novela de la insoportable levedad del ser fue para algunos una novedad, para los que la habían leído en edición francesa, para otros la manifestación de un desdén, para la mayoría desconocida. Sin embargo para mí fue la novela de la frescura y de las preguntas, en la que en cierto modo también me veía reflejado, no tanto en mi vida particular como en mi vorágine de tratar de interpretar el mundo rocoso que me rodeaba, y en esa novela percibí un estilo ajeno a localismos y transfronterizo total, una defensa de la constante búsqueda del hombre, debatiéndose entre orígenes y peregrinaciones. No he leído, ni mucho menos, toda la obra de Milan, y acaso este motivo funesto de su fallecimiento sirva de acicate para retomar lo pendiente. También recuerdo que La broma, por ejemplo, me arrojó con su sátira aún más luz sobre los años oscuros por los que el país de mis amigos atravesó. Y El libro de la risa y el olvido, tan peculiar como más incisivo si cabe acabó de seducirme. Que en sus ensayos de El arte de la novela reconociera a Cervantes como el fundador de la novela moderna me pareció de un reconocimiento superior. En definitiva, que a Milan Kundera, como a cada quisqui en su momento casual, no el que tiene señalado, como muchos conspiranoicos de tradición religiosa suelen decir, le tocó dejar de estar o de ser y no te cuento de escribir. Te seguiremos leyendo, Milan.
* Milan Kundera falleció el pasado 11 de julio a los 94 años. Fotografía de Milan Kundera y su esposa Vera, de la AFP, tomada de la web de la revista mejicana Expansión.
lunes, 10 de julio de 2023
Aquellos juegos del desván
Recuerdo que un día Gemma me dijo: hoy vamos a jugar al miedo. Qué emocionante, dije yo. ¿Quién mete miedo primero? No, no, espera. Gemma me paró los pies. No digo jugar a meter miedo sino a sentir el miedo como si fuéramos nosotros el mismo miedo. No la entendí muy bien, pero Gemma era tan ingeniosa y tenía tales ocurrencias que si la dejabas hacer y le seguías la corriente tenías asegurado el entretenimiento. Ven, propuso, y yo seguí a Gemma al desván.
Apenas iluminado, aquel espacio sobrecogía. Vestidos de volantes y sombreros ahitos de polvo, sillas de anea, un biciclo roñoso, seguramente del abuelo de Gemma, una heladera, sacos de nitratos medio abiertas, latas de bencina, viejos y oxidados aperos de labranza, varias cajas mal cerradas que parecían vomitar cachivaches para mí ignotos. No me hubiera atrevido a subir solo aquí, dije, aunque estos sitios me atrapan. Es como viajar a otras épocas. No hemos venido a meternos miedo, así que no te preocupes, me tranquilizó la chica. Además todo lo que hay amontonado son objetos inanimados, como dice la tía Adelina. Pues a mí me parece que se mueven, insistí a riesgo de quedar como miedica. La otra le quitó importancia. Es la corriente del aire que se filtra por rendijas.
Gemma me llevó hasta un bidón donde se amontonaban panochas de maíz, unas botellas de tequila sin una gota y cartucheras vaciadas de la munición. Lo apartamos, y de detrás sacó varias máscaras. Son las del Día de los Muertos, clamé en una mezcla de estupor y resistencia a tocarlas. Que son solo máscaras, bobo, cortó Gemma. Elige una. ¿Esta? No, mejor esta. Y tomé una cara de diablo de ojos saltones y salpicada de verrugas. Sus colmillos estaban a punto de sorber las venas de cualquier víctima. Pues has cogido la que al ponértela te transforma en el peor de los miedos, rio mi amiga. ¿Cómo lo sabes? Me las he probado todas, reconoció. Me entró fácilmente. Pero como mi cabeza era pequeña y la máscara de tamaño adulto no se sujetaba bien Gemma buscó la solución. Te la apretaré con una cuerda. ¿Y tú?, dije mientras sentía cómo ajustaba el cerco sobre mi cráneo. ¿No vas a ponerte otra? Esta misma, dijo, y se colocó la de una calavera pálida que esgrimía una sonrisa sardónica. Y ahora, ¿qué hacemos? Ahora, y Gemma puso una voz imitando lo lúgubre, ahora nos quedamos quietos. ¿Quietos? ¿Sin decir ni hacer?, insistí. Quietos y silenciosos, sobre todo tú. Y esta vez habló con la lentitud y el tono de quien parece que va a entrar en trance.
Todo esto me asusta un poco, acerté a decir con escaso control. Pero ella siguió dándome instrucciones. Calla. No te muevas. Estás y no estás aquí. Cada vez estás menos aquí. Yo tampoco estoy. Ni tú eres Carlitos ni yo soy Gemma. Somos la careta en que nos hemos convertido. Siente como un satanás y yo como una difunta. Somos el miedo que nos invade desde estos personajes. Hemos perdido la cara que hemos tenido hasta ahora. En adelante solo van a vernos como una calavera o un lucifer. Gemma se quedó callada y siguió farfullando sin que yo la entendiera.
Empecé a sentirme extremadamente nervioso. Sudaba empapando aquel rostro de cartón piedra mal encajado. ¿Sientes, Carlitos, dijo de pronto, cómo habla el miedo? En ese momento noté que una mano apretaba con fuerza mi cuello desde atrás. Hice ademán de moverme, pero no podía. No reaccionaba como el chico ágil y escurridizo que todos conocían. Una asfixia sofocante aceleró mis latidos. Gemma, Gemma, grité. Pero ella no parecía dispuesta a socorrerme. Susurró con gravedad. Espaciando las frases. Formando ecos y altibajos. Alternando silencios. No puedes moverte porque el miedo no se mueve, es paralizante, dijo. El miedo permanece porque lo suyo no son las horas ni los días. El miedo puede cambiar de máscaras, pero sin perder su rostro verdadero, pues él no necesita enmascararse. El miedo te muerde las entrañas, pero no te las come, porque quiere también habitar en ellas. Hasta la muerte huye del miedo, porque sabe que no es tan fuerte como él. ¿Estás preparado para encarnarte en miedo?
Cada vez comprendía menos la retahíla de aquellas oscuras palabras. Me invadió la sacudida de un estremecimiento. Y de repente me oriné.
* Cuadro de Frida Kahlo.
sábado, 8 de julio de 2023
Los brindis de Minotauro y Dioniso
- Voy a ser sincero contigo, Dioniso. Evita en lo posible que los humores de las pasiones obnubilen tu pensamiento y limiten tus intenciones.
- ¿Lo dices por el licor de la copa o por el elixir del amor?
- Interprétalo como quieras. Ambos tienen sus riesgos. Y aunque parece que pueden producir placer no siempre son buenos compañeros, a pesar de la euforia que destilan.
- Tal vez se complementan, si bien sus tiempos no tienen por qué coincidir. Yo procuro más bien diferenciarlos, aunque hay quien piensa que me inclino más por la parra que por la hembra.
- Esa es la imagen que trasladas a los mortales.
- A los mortales, Mino, les gusta contemplarse en los dioses, conscientes como son de sus posibilidades, de sus aptitudes y de sus habilidades.
- También son conscientes de su impotencia en muchos aspectos, y sin embargo no por ello cejan en empeños que les superan, al menos al principio.
- Y en ocasiones logran sus objetivos, porque los humanos no se resignan e inventan herramientas y útiles que les proporcionan avances.
- A veces a un alto precio, Dioniso. Que sobre el caso ya me cuentan en detalle los que transitan mi casa.
- Un precio que tratan de soslayar o al menos de compensar con una desaforada entrega a los placeres, bebiendo como yo de cálices de vida pero que pueden ser de muerte.
- Un dios nunca teme morir.
- Pero los humanos saben matarlos si no son de su agrado.
- Hay que tener valor para afrontar las tentaciones de ambas copas y no sufrir las consecuencias de la merma. Porque la merma imposibilita degustar el verdadero jugo del placer.
- No es cuestión de valor, sino de abandono. Se trata de dejarse llevar. El vino y el deseo tiran como los bueyes del arado. Ni siquiera como divinidad uno es siempre dueño de sí mismo. Y las pasiones ciegan. Pero tú, Mino, debes saber bastante del asunto, ya que en ese encierro de por vida tu entrega desesperada y ansiosa a la belleza de la juventud es una condena narcotizante.
- ¿Me liberarías de esta condena si permito que Ariadna, cuya curiosidad le ha hecho detenerse aquí, salga antes de que sea demasiado tarde para ella y para mí?
- Mi condición divina, Mino, me permite negociar, si bien te recuerdo que nadie queda liberado por otro si no lo intenta él mismo.
- Podemos procurarlo. Aunque libre de mi destino tenga que afrontar la mortalidad del humano.
- Algo se te tiene que pegar de aquellos con los que tanto has gozado.
martes, 4 de julio de 2023
El verraco, que sigue ahí
Cuando pasaba de niño junto a la muralla me paraba siempre ante el verraco. Palpaba su lomo de granito. Hacía que me subieran a él. Me echaba a lo largo y sentía su frialdad en mis labios al darle un beso cariñoso.
El verraco no se inmutaba. No es que el granito sea inmutable; también tiene su desgaste. Pero la erosión de la nieve, el viento y los cambios de estación son lentos sobre la roca. Y las palpaciones o los besos de los niños reforzarían sus defensas, supongo. Lo que permanece del animal de piedra es su capacidad actual de representación. Aunque los humanos actuales no la necesiten si no es para interpretar lo que supuso en otra cultura.
La escultura o, mejor dicho, lo que expresaba, era toda una referencia doméstica en la pequeña ciudad. Eres más bruto que el verraco. Mira que si te portas mal te dejo que te coma el verraco. Haces menos caso que el verraco. Expresiones al gusto y necesidad de reprender de cada familia. ¿Sabría el verraco, por confidencias infantiles, cómo manipulaban su presencia?
Figura zoomorfa la denominan los técnicos de la arqueología y el arte. No sé por qué no se aplica el término a las miles de representaciones sobre el ser humano, parte también del zoo planetario. Supongo que es cuestión de nomenclatura y diferenciación. No sé si para entendernos o para aseverar, y asegurar, la superioridad, relativa, del individuo humano sobre otras especies.
Hago ficción, o deconstruyo las categorías, y fantaseo con llamar al sacerdote Gudea, por ejemplo, escultura zoomorfa. O al Apolo de Fidias, o al Pensador de Rodin, o a la Magdalena de Mena. Zoomorfos al fin y al cabo transmitiendo significados, creencias o utilidades. Y retrocedo al granítico verraco de Ávila, uno de los cientos de cerdos, toros o jabalíes colocados en las viejos territorios de los vettones con un objetivo probable de delimitación y marcación de zonas adecuadas de pastos y cría de ganado. O también para elevar el prestigio y la invocación de protección en las entradas a sus urbes y a sus oppidum, dotándolas así de un valor especial. Que aquellos ancestros los sublimaran y volcaran en ellos un sentido de reconocimiento, tal vez incluso de culto, acaso de tótem protector, no sería de extrañar.
Llevamos siglos viviendo y conviviendo de lo zoomorfo vivo. Utilizando al animal como medio de nutrición, de transporte, de arma, de industria y comercio, de compañía. Nada que precisar a mayores, salvo que nunca les estaremos suficientemente agradecidos. Los hechos han sido y son los que son.
Tal vez vuelva pronto a pasar mis manos por la superficie rugosa del verraco de Ávila. Quién sabe si al hacerlo tal vez me reconozca.
sábado, 1 de julio de 2023
El demiurgo celoso
Lo más presuntuoso de aquel personaje que se las daba de demiurgo, cuando no era sino un simple aprendiz imaginativo que jugaba a modelar la materia que se le pusiera al alcance, era repetirse interiormente: te voy a crear a mi imagen y semejanza.
Pero, ¿acaso conocía a fondo su imagen como para pretender recrearla en otra representación?
Serás un ser vivo cuando acabe, se decía una y otra vez a medida que esculpía el otro rostro. Tendrás tal expresión que aunque no sonrías los demás creerán que esbozas tics risueños. Que aunque no respires otros percibirán tu aliento. Que aunque gesticules se advertirán expresiones cambiantes. Que si no obstante mudo los demás creerán estar escuchando tu oratoria. Y que si bien no argumentes tendrás seguidores que alabarán tus discursos.
El artista ideal terminó la obra. La miró fijamente y, decepcionado, no pudo reprimir la desazón. Había realizado un trabajo arduo. Todo el empeño acababa ahora en incertidumbre. La estatua se asemejaba extremadamente a él mas no era él. Te he clonado, la dijo, pero pareces más perfecta y más bella que yo. ¿Y si te toman los demás por mí y me suples? Tuvo celos. ¿Y si te contemplan con ilusión asumiendo que yo soy tu obra y no tú la mía?
El soberbio demiurgo no había abandonado todavía sus herramientas. Dio varias vueltas en torno al busto. Luego se detuvo justamente a la altura de su nuca. La acarició con una de sus manos y la sintió cálida. Con la otra mano calculó una distancia fatal.
* Pablo Picasso. Grabado de la Suite Vollard.
miércoles, 28 de junio de 2023
Celebración de Ariadna y Minotauro
- ¿Y dices, Ariadna, que has tirado el ovillo y te has deshecho de Teseo porque te parece un aburrido?
- Digo que prefiero escucharte a ti, que tienes experiencia y sabes contar las historias, a soportar los impulsos de un joven pretencioso que solo deseaba acabar contigo para hacerse el héroe y que todas se arrojaran en sus brazos.
- Me halagas, Ariadna, porque si bien soy ya viejo me está reconfortando el generoso narrador de lo vivido que llevo dentro.
- Pero se supone, por lo que van cantando por ahí los vates ciegos, que apenas has salido de este recinto. ¿Cómo puedes haber adquirido tanto conocimiento?
- No siempre estuve aquí dentro y tuve mis correrías.
- Pero un encierro priva de seguir sabiendo más.
- Acaso no, porque parar viene bien para reflexionar, es decir, sacar conclusiones y valorar lo andado. Eso es saber más.
- ¿No corres el riesgo de pensar solo en pasado, Mino, y quedarte obsoleto?
- Por eso he absorbido cuanto me han transmitido los efebos y las doncellas que me fueron entregados a lo largo de este tiempo. La obsolescencia es un término que tiene que ver con la utilidad, y a mí ya no me preocupa lo útil sino que me entusiasma lo gratificante.
- Poco podrían saber ellos de la vida, tan jóvenes como inexpertos que serían.
- No creas, los había espabilados. Además muchos sabían contar la vida vivida por otros y yo siempre me interesaba.
- Te podían estar contando lo que les parecía, Mino. Todo fuese por quedar bien contigo y evitar tus desmanes.
- Primero, que quede claro que nunca cometí desmanes de ninguna clase y que siempre me plegué a sus deseos. ¿Que deseaban que accediera a ellos? Se lo concedía. ¿Que me tenían pavor y rogaban piedad? Les facilitaba la salida del laberinto de un modo secreto. Pero, ojo, esto no lo sabe nadie y no puedo dejar en evidencia al mito. Y segundo, ¿y qué si cuantas historias me relataban eran recreaciones o fantasiosas invenciones? ¿Acaso no es la vida de todo humano la aceptación de una narración ficticia?
- De cualquier manera, Mino, lo que más me prende de ti es tu actitud reposada y el juego de tus palabras. Sea o no verdad cuanto dices, sabes decirlo, convirtiendo lo recreado en razonable.
- Es que lo razonable siempre es aleatorio, Ariadna. Dos que se interpelan se reclaman de tener razón, cuando acaso ninguno la tiene.
- Precisamente eso es lo que más admiro de ti. Teseo era tan seguro de sí mismo, de ideas tan fijas como simples, que apenas tenía imaginación para divertirme y escasa para saber amarme. Y tú, con tu hablar cachazudo, sin vehemencia alguna, sin solicitudes gravosas, consigues atraer no solo mi atención sino abrir la llaga de mis deseos recónditos.
- ¿Debo considerar lo que dices como un brindis a los buenos ratos?
- Considéralo como quieras, Mino. No he llegado al laberinto ni para torturarme ni para huir y menos para aspirar a presuntos mundos ideales, tan inalcanzables. Algo me decía que aquí dentro también hay disfrute y goce. Y si nos cansamos, ¿no podríamos utilizar esa salida arcana que has mencionado sin que nadie lo advirtiera?
- No planeemos, Ariadna. Estemos a gusto en este corredor de las edades, pues no otra cosa es un laberinto, y dediquemos a las divinidades de la contemplación y del placer las energías, convirtiendo en fortaleza nuestras flaquezas.
- Que sea como dices, Mino. Compartamos, pues, con entusiasmo el cáliz sabroso que conjura tanto la ignorancia como la discordia y el aburrimiento.
* Grabado de Pablo Picasso, perteneciente a la Suite Vollard.
lunes, 26 de junio de 2023
Y el toro se puso a pensar
jueves, 22 de junio de 2023
La Piedad, según W. Eugene Smith
"Mis fotografías
dicen muy suavemente…
Mira, tú; mira
esto y escucha…
Mira, tú; mira
esto y piensa…
Mira, tú; mira
esto y reacciona…
Y lo haces.
No porque te haya compelido a ello,
sino porque has reaccionado.
Mis fotografías, con urgencia,
pero suavemente, te mueven a
pensar y sentir.
Eso es lo que espero de ellas".
W.Eugene Smith
No es iconografía cristiana, aunque recuerde obras renacentistas y barrocas. Es conducta humana, más que imagen, que cualquiera puede reproducir pero de la que nadie debe arrogarse la propiedad en exclusiva. La piedad es una virtud universal compartida por unos e ignorada por otros. ¿Está a la baja la piedad? No lo sé, pero no lo creo. Sucede que con frecuencia la piedad es secreta. No miro a la piedad como exaltación de un culto sino como ejercicio de compasión. En este sentido la piedad no puede ni debe exhibirse alegremente, sino solamente llevarse a cabo bien en la intimidad o bien como una asunción colectiva que repare y corrija las abundantes prácticas de inhumanidad. Pero sobre todo es la piedad íntima la que sin alharacas ni manifestaciones publicitarias tiene lugar de ordinario en el silencio de muchas familias.
Estos pensamientos me han asaltado al observar de nuevo una fotografía del reportero gráfico W.Eugene Smith. Realizada entre 1971 y 1973, una de tantas de la serie que él y su mujer Aileen tomaron sobre la tragedia de Minamata, al sur de la isla de Kyushu, Japón, en colaboración con los vecinos. A principios de los años 70 una extraña enfermedad de tipo neurológico, con diversas y graves secuelas físicas, cuando no mortales, se extendió entre la población de Minamata, principalmente entre los pescadores. Pronto aquella gente empezó a sospechar de los vertidos que la empresa química Chisso Corporation arrojaba a las aguas donde los pescadores faenaban, elevando el nivel de mercurio hasta extremos fatales. Los habitantes se movilizaron con protestas y exigencias a la empresa para que detuviera los vertidos, pero la Chisso hacía caso omiso. Y las autoridades miraron para otro lado. W. Eugene Smith, que trabajaba para Life se enteró del asunto y se presentó allí, implicándose a fondo con los pobladores.
W. Eugene Smith fotografió muchas situaciones y muestras íntimas del padecimiento de personas, de las desdichas familiares y de la piedad humana desarrollada que, al fin y al cabo, se traduce como cuidados, atención, apoyo y en la medida de lo posible salvamento de la dignidad. No fue un camino de rosas ni para los habitantes de Minamata ni para Smith, que fue salvajemente golpeado por partidarios de la empresa química, la larga lucha contra Chisso pero la emisión de fotografías y su publicación causaron impacto y llevó a un cierto reconocimiento por parte de la empresa de la criminal práctica. Pero las indemnizaciones no tuvieron lugar en toda su extensión, mientras que las secuelas del envenenamiento no caducan nunca.
Hay una película titulada El fotógrafo de Minamata, de 2020, dirigida por Andrew Levitas y con una interpretación muy notable de Jhonny Depp y el resto de elenco.
https://espai-marx.net/?p=9848
https://www.nippon.com/es/images/i00051/
lunes, 19 de junio de 2023
Concierto de Aranjuez, sublime cómplice y protector
Cuando yo me jugaba la juventud, que también la vida, dice Max, me refugiaba en los acordes melodiosos y sublimes del Concierto de Aranjuez, y no era ningún refugio nostálgico, de joven no sientes nostalgia de ninguna clase, era más bien como una capa protectora poner un casete a volumen elevado, para que eclipsara el rugido de una multicopista a todo trapo, y jugaba un doble papel, ahuyentaba el sonido enronquecido de las vueltas de aquel cilindro de tinta y hacía creer al vecindario que quien se alojaba en el piso era un melómano empedernido, además de un tipo normal, simpático con todos y condescendiente y amable en especial con las personas de edad, al que se le podía disculpar el sonido estruendoso porque eran las melodías de toda la vida, que a eso les sonaba a la mayor parte de los vecinos, sin tener ellos demasiado conocimiento de música, porque hoy era ese concierto del maestro Rodrigo, pero mañana podía ser un repertorio de coplas, esas cuyas letras tan bien recopiló años más tarde Vázquez Montalbán, y hasta en cierta ocasión de urgencias impresoras hubo que recurrir a las saetas sevillanas, que esas sí, ablandaban hasta los corazones más adictos al régimen, porque de este modo quién podía sospechar que un subversivo ocupase aquel piso de viviendas de empleados del Estado, a qué sedicioso, si bien pacífico, se le ocurriría poner a todo trapo saetas o coplas o a un Luis Mariano tan admirado, por ejemplo, y lo comprobé de buena tinta, pues en el edificio vivía un funcionario de gobernación que nunca sucumbió a la curiosidad morbosa, algo que jamás me expliqué, al que recogía puntualmente un coche oficial todas las mañanas, el hombre tan empeñado como estaba en escalar en los puestos de la delegación y no cayó en que lo habría tenido fácil de haberse entrometido algún día en mi ámbito, al que hubieran incluso premiado, pero mi tacto con su esposa fue siempre exquisito y prudente, y ella ponía de su parte, y tal vez lo que comentase aquella fiel, y ciertamente culta, esposa le otorgaba credibilidad, así que hoy, con los acordes iniciales del Concierto de Aranjuez en la audición de cámara a la que he asistido, no he podido por menos que dejarme embargar por una emoción olvidada, y con la memoria he revivido ciertas situaciones arriesgadas, incluso de pronto he sentido el latigazo de aquel miedo, la presura por detener todo, la máquina y el casete, y ventilar para que el espeso olor a tinta no infectara la nariz de quien llamaba inoportunamente a la puerta, y mi reacción de inquilino se demoraba temiendo lo peor, mirándome los zapatos, asegurándome de que los cordones estuvieran bien atados, por si había que salir a la carrera, y era de una lentitud gravosa aquel recorrido del pasillo hasta la puerta de entrada, escocido por el sudor evidentemente frío, la respiración agitada e imaginando lívido y ausente mi propio rostro, forzando el ascenso de la saliva, hasta gritar a distancia un voy, voy, así repetido, para llegar a la puerta y pensar que sea lo que quiera que sea, alea jacta est, que nos habían adelantado anecdóticamente al traducir la Guerra de las Galias, si bien la frasecita venía de después, de cuando lo del Rubicón, y paralizarme al ir a descorrer en última instancia el pestillo, dudando si hacerlo del todo, removidas las tripas por el pánico, fatigado por la angustia, sobrecogido por el estremecimiento, qué ridículo es el miedo, qué espantosa es la idea de estar cometiendo in extremis un error irreparable, qué cruel la convulsión ante la soledad y el abandono que se abrían bajo los pies, viéndote ya trémulo y desasistido en un futuro negro que se hacía presente, y a continuación el prodigio, un impacto emocional de otro signo, un golpe instantáneo de relajación, un suspiro sonoro al comprobar con regocijo contenido que quien llamaba se trataba sencillamente del revisor del contador de la luz o de un vecino que te pedía un favor o sencillamente un error de llamada, y luego cerrabas de nuevo, sin dar pie con bolo, silbando los acordes del Aranjuez, para proseguir la tarea resistente a medio hacer que tenía que ser entregada a una hora prefijada por razones de seguridad, y tú casi sin ganas de continuar, reblandecido por la tensión física recién padecida, pero repuesto y estimulado moralmente, una batalla ganada, de momento, te decías mientras conectabas de nuevo el concierto protector, al que nunca uno le estará suficientemente agradecido por su acción benéfica, por su arropamiento, y entonces sentarte ante la pila de folios impresos, contemplar la modestia de la edición, enardecerte con los mensajes de la misma que te parecía que también, en tu pequeña escala, hacían historia, sin darte cuenta aún de que sobre todo se hacía historia de ti mismo, y por un instante parar la mente, si es que el cerebro sabe de paradas, y dedicar una oración laica al bendito maese Rodrigo, y abandonarte al paseo por los desconocidos jardines de la localidad palaciega, sabiendo que la partitura, de apariencia neutral, había tenido mucho de beneplácito con la nueva situación del país cuando se compuso, pero sabiendo también que a la larga el arte se impone y trasciende a los bárbaros y la belleza acaba dando la espalda a estos, ¿no te parece?, dice Max, y yo: no estoy seguro.
* Lo siento, el vértigo por el recuerdo de aquel tiempo me ha llevado a expresarme con el vértigo de las palabras. Escribo esta ocurrencia pensando en aquellos que alguna vez supieron del paciente valor de la resistencia voluntariosa por mantener en la brújula, a pesar de todos los vientos y todos los oleajes, la orientación del Norte. Es necesario evitar la deriva hacia las rocas, porque rota la embarcación el naufragio puede arrancarnos la vida.
(Fotografía tomada de la Memoria del Archivo de la Universidad Complutense de Madrid)
viernes, 16 de junio de 2023
Escribir para que haya alguien al otro lado
"Escribo porque yo, un día, de adolescente, me incliné ante el espejo y no había nadie. ¿Se da cuenta? El vacío". Dicen que esto le respondió la escritora mexicana Rosario Castellanos a un periodista ante la estereotipada pregunta de por qué escribe usted. La respuesta, nada convencional, sobrecoge. ¿Confesaba así la poeta una circunstancia de carencia de identidad en la adolescencia o ya hacía relato de sus primeras pulsiones literarias porque no podía admitir el vacío y la inacción?
Tal vez escribir sea situarse ante el vacío. No tanto el literal de quien apenas tiene experiencias de vida cuanto el del que siente la necesidad de enfrentarse, a cualquier edad, con la mentira y la vaciedad de todos los cuentos que le han ido contando. Sin embargo, cómo nos han nutrido todos los mitos e historias hasta metamorfosear nuestra identidad. Ignorándonos y obligándonos a preguntarnos si no habremos sido, o somos, otros.
Ya me lo dice con sarcasmo Max. Mirémonos en el espejo, antes de que el desgaste o el óxido lo enturbie del todo y no nos deje reconocernos en él. Quién sabe si nunca será tarde para hallar la imagen perdida.
miércoles, 14 de junio de 2023
Guten morgen, gute nacht
"...deja que al fin yo por siempre en tu fondo el silencio recuerde".
Der Archipelagus. Friedrich Hölderlin
Alguna vez fue. Y se quedó en la bruma. El saludo, antes que el alba, llegaba atravesando el continente a través del teléfono. Guten morgen, mein mann. La voz acogedora sostenía la suavidad de la madrugada apenas iluminada por las farolas del parque. El chapoteo de unos pies sobre la nieve llegaba a los oídos del hombre desnudo. ¿Entendió alguna vez ella que el hombre, en los riesgos de la pasión, era la desnudez rotunda que se acercaba al abismo? Cómo se cubría de calor la piel del hombre en la llamada desde la lejanía. Ella: Ich werde arbeiten, voy a trabajar, y están cayendo sobre mí los copos como si fueran tus palabras. Enardecido sobrecogimiento a este lado de la otra voz. Él: yo estoy ahí, mi nombre es nieve. Alguna vez pudo ser. Pudieron retenerse las madrugadas. Pudieron encontrarse los alientos. Pero la bruma ocultó las voces y diluyó las presencias. Y sepultó el anhelo entre las hojas de un cartapacio con los retratos que la mujer dibujó de sí misma.
lunes, 12 de junio de 2023
Ensimismamiento
Ensimismamiento. Ese estado breve en que se impone una ausencia sobre lo inmediato. En que nos abduce un recuerdo pretérito, de satisfacción o de rechazo, o nos imaginamos un acontecimiento, anhelado o temido, que aún no ha llegado. En ese instante la mente abandona nuestra presencia, relega los quehaceres, aplaza las intenciones. Hay algo de mística en esa fuga que nos hace navegar a través de un oleaje desordenado. Mirando abstraídos hacia el cielo o concentrados en el horizonte o absortos en el ángulo de una habitación, ¿percibimos imágenes reveladoras que escapan a nuestro discurrir? Ese punto embelesado no nos devuelve lo perdido y no nos consigue lo que pretendemos. Ni siquiera, probablemente, nos aporte una dirección clara. Esperamos sin esperanza. Intentamos recuperar lo que no es ya retentivo. Nos entregamos, endulzados por la perplejidad, a la vacuidad del momento. Hay una sustancia de la Sibila perdida en cada uno de nosotros, que nos concede el don de interpretar el pasado pero nos niega la claridad del porvenir. Jamás saldremos de la incertidumbre.
(Sibila, obra de Alonso Berruguete. Museo Nacional de Escultura de Valladolid)
sábado, 10 de junio de 2023
Aproximación a un poema geométrico del todo
Aproximación a un poema geométrico del todo
miércoles, 7 de junio de 2023
Del escondite al esconderite
martes, 6 de junio de 2023
Sobrevivir
domingo, 4 de junio de 2023
No solo es cuestión de cabeza dura
viernes, 2 de junio de 2023
El maniquí articulado a la solana
Caminamos siempre sobre el filo de la navaja. O por el perfil del acantilado. O junto al límite. Lo sospechamos pero preferimos ignorarlo. Elegimos imaginar que el cuchillo afilado no corta, que los bordes rocosos son seguros, que el límite es ilimitado. Pero de vez en cuando una interferencia en la vida nos recuerda que somos frágiles y que nuestra extrema ignorancia aumenta la debilidad. Y esa interferencia que puede llegar desde el exterior, en alguna de sus innumerables formas, incluidas las del cuerpo social, o desde el interior del cuerpo físico del que dispone cada cual, pone en la balanza por un escaso margen de tiempo si se nos permite la continuidad o se nos concede el acabamiento. Somos necios con nosotros mismos y harto estúpidos en la trabazón colectiva. Claro, que siempre quedará un heraldo negro que vocee: sálvese quien pueda. ¡Al estiércol con él! Voy a ponerme a la solana. Como elegante maniquí.
domingo, 28 de mayo de 2023
Agitata da due venti, Vivaldi por Cecilia Bartoli
jueves, 25 de mayo de 2023
Diario de Egon. Malas caras
Malas caras a mi retorno. Vera y Anja han dado por hecho lo que no he comprometido. Puedes hacer lo que quieras, eres el jefe, me espetó esta de modo turbulento, pero ¿no te bastamos nosotras? Vera, más templada, pero no con menos ceño, se dejó caer sibilina. Ya sé que no tienes por qué consultarnos, pero una deferencia con nosotras no habría estado de más. ¿O acaso no valoras nuestro esfuerzo? Anja, ya salvaje del todo: ¿Siempre carne más joven para tus lápices afilados, Egon? ¿Has visto en esa de Praga una flexibilidad superior a la nuestra? ¿O es que te apasionan últimamente los cuerpos a medio hacer? Silencio por mi parte. El artista es él, Anja, dijo Vera sin ánimo de zanjar aquella muestra de agresividad a dúo. Pero no el amo, y si prescinde de nosotras o nos deja en segundo plano ya pagará las consecuencias. Las chicas de última generación muerden más y aceptan menos, dijo con una mirada afilada, mientras sujetaba por la cintura a su compañera.
Me pareció fuera de lugar este acoso verbal y salí impetuoso del taller. No he vuelto a pisarlo en todo el día. Lo que más me molesta es que vuelen las noticias falsas y que los incautos las tomen como verdaderas.
(Dibujo de Egon Schiele)
martes, 23 de mayo de 2023
Diario de Egon. Dimes y diretes
Nada he escuchado en Praga que no hubiera oído antes en mi ciudad. Opiniones divergentes, controvertidas, sobre mi obra. Como en cualquier otra parte. No me cabe duda que la asistencia más numerosa se ha sentido atraída por ver a mis mujeres desnudas. Más que las formas de sus mujeres, que son perfectas y exultantes, me comentó un crítico, resultan sumamente interesantes y seductores los movimientos de que las dota. Eso resalta el potencial erótico. ¿No ve nada más?, le repliqué un tanto hastiado de que solo llamase la atención el retrato de las modelos. ¿No le interesa indagar en cómo los perfiles de un cuerpo pueden ser compatibles con colores, por ejemplo? ¿Y tampoco ve sentido en mis autorretratos? ¿No le interesa saber cómo un hombre se está descomponiendo permanentemente ya sea mostrando sus movimientos o adelgazando sus extremidades o simplemente incidiendo en miradas perturbadoras? El crítico me dio la espalda y volvió hacia la zona donde los cuadros de mis modelos recababan, como un espectáculo de feria, el entusiasmo general. Aquella conversión en mirada pornográfica de lo que solo pretende ser por mi parte una exaltación de la sana desnudez de los cuerpos, y por lo tanto de la justa verdad de estos, me abatió un poco. Aunque no cabe esperar otra cosa de las mentes tradicionales y obsesas. Por supuesto, ha habido excepciones que han sabido prospectar con más inteligencia en mis intentos. Usted parece torturarse cuando se representa a sí mismo, me comentó un joven estudiante de arte y oficios. Pero creo que dibujar a la mujer le redime. Le sonreí, presa de cierto asombro. Usted, joven, le contesté afable, no puede saber aún cuán larga mano tiene la tortura que nos inflige la visión del mundo y de los individuos. Pero aun cuando uno no puede escapar de ese destino sí debe buscar paliar los sufrimientos más íntimos. El joven estaba por el debate. ¿Quiere decir que un artista debe sufrir para lograr una obra meritoria? Me quedé pensando pero abrevié. Quiero decir que si el artista al dibujar tiene que bajar a los infiernos no debe dudar. Los abismos están dentro de nosotros y entregarse a la ejecución de la obra si no salva al menos hace la vida llevadera. Solo cabe esperar redención de uno mismo.
(Dibujo de Egon Schiele)




















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