domingo, 31 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 30




"El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?"

Luis Cernuda, de Lamento y esperanza.


¿Cuánto de nosotros muere cada vez que el otro, al que alguna vez hemos tratado, muere? (Frase tópico que suele repetirse con pretendida frecuencia salvadora) ¿Cuánto sigue muriendo en nosotros cada vez que nos enteramos de las muertes anónimas, espantosamente crecientes, que nos comunican a todas horas por los medios de comunicación? ¿Quiebra nuestro pensamiento cada vez que sabemos del fin de otros? ¿Arrojamos nuestras ridículas e incompetentes ideas al basurero de los detritos? ¿Regeneramos nuestra imaginación? ¿Abandonamos nuestra cómoda instalación personal cuando se nos dice de los desplazamientos de millones de individuos hacia las encerronas? ¿Seríamos capaces de cambiar nuestra ubicación por la de un moribundo, de aquel más íntimo del que incluso decimos que le queremos tanto? Nadie rescata a los muertos, ni siquiera la memoria. El ejercicio de ésta se desvirtúa poco a poco y se traiciona. No es cómodo reivindicarla en su manifestación más aproximada posible, se prefiere fantasear con ella. Se delega en los textos, en las imágenes, en los juegos pseudointeligentes. El hecho de la vida está anclado en cualquier punto de la alta e inextricable mar que es el caos. Los vivos, justificándose en sus ideas y en sus obras, permanecemos al pairo y no nos damos cuenta. Me pregunto si la muerte no será simplemente sino la propia mala conciencia. La inefable seguridad de que se ha vivido como nube, y el sueño ha sustituido al pensamiento. Probablemente Cernuda conociera los versos del poeta árabe Ibn al-Mu’tazz: "¿Acaso el mundo no es sino la sombra de una nube que, no bien el hambriento de sombra la anhela, se disuelve?". Creemos aprehender lo inaprensible. A la ficción que generamos le llamamos vivir. Que no nos sorprendan ni nos cojan desprevenidos los episodios que vamos escribiendo día a día. Un cierto grado de insolencia con la vida no viene mal. 



(Composición fotográfica de Francis Bruguière)


sábado, 30 de julio de 2016




Prefiero recordarte así. Tal como fuiste. Tal como fuimos.

(En nombre de otros tiempos en que éramos mucho más jóvenes y no cejábamos en ilusiones)




jueves, 28 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 29






"...encontraba cierto placer sensual en el manejo del lenguaje  -saboreando el peso y el gusto de las palabras, haciéndolas derretirse en mi boca como frutas-,  y ese placer desplazaba, 
en el orden de mis preocupaciones, los goces propiamente eróticos".

Michel Leiris, Edad de hombre.


Nada hay como un texto que ratifica alguna conducta de tu vida. Nada como pensar: a otros ya se les ha ocurrido, otros ya han pasado por las mismas sensaciones que tú pasas ahora. Cuantos más comportamientos que considerabas solamente tuyos ves que se reflejan en las narraciones de los escritores, más los tomas como pautas sagradas. Sientes entonces que la sacralidad no te llega desde principios abstractos ni desde ideas no comprobadas ni desde ansias febriles de no se sabe bien qué órbita que se te impone desde la infancia. Consideras sagrado comprender, por ti y por lo que relatan otros. Conocer y admitir que muchos de los acontecimientos íntimos no son solo cosa tuya, lo cual te libra de posibles complejos. Que muchas reacciones del hombre ante el mundo, y la naturaleza personal es el mundo más tangible que tienes, son compartidas por otros muchos individuos como tú, siempre en camino de hacerse para antes o después disolverse, sirve para que te sientas respaldado en el ejercicio de la vida. Esos márgenes de entender una ubicación, un resorte, una respuesta que te nace desde lo profundo y se alía en los oscuros túneles de ti, enlaza con tu misma sexualidad. Todo es necesidad de conocimiento, de saber lo propio y de utilizar lo exterior para afianzarte en el conocimiento de ti. La sensación del placer, adquiere así, dimensiones plurales, polimórficas, y los espacios de tu cuerpo, que son los de tu mente, se reconducen y, en modo más o menos sencillo o complejo, se armonizan e intercambian. Análoga sensación del goce por el contacto de otro cuerpo o sobre el propio tuyo se manifiesta con alegre hondura ante las palabras cargadas de significado pero también de construcción narrativa, esos juegos que por sí mismos te separan del contenido del relato para atraparte en la forma del como se cuenta. Pero también ante arquitecturas que se habitan, los paisajes que han devenido durante millones de años y que en su propio misterio te desborda, las tipografías que recrean alfabetos que paladeas, la música que se escurre entre las venas cuando la escuchas, las miradas que se fijan en el tránsito furtivo sobre otros seres de la calle, los lienzos que narran historias donde lo que te pierde es entender cómo las describen, las moras que comes junto a los zarzales. Vives la erotización de ti mismo a través del medio, de la que no sabes si es únicamente vehículo o acaso fin, razón de ser por sí misma de la existencia, y sin la cual tu esencia no se manifiesta y no queda compensada, por más objetos que te compres, más ideas a las que te adhieras o pongas en circulación, más lazos que establezcas con otros individuos para afianzar tu propia seguridad. Catas la sensualidad de los lenguajes múltiples que te esperan por doquier. Si aún creyeras en el mito de la divinidad sabrías a quién adorar.




(Ilustración de Manuel Boix)



domingo, 24 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 28




"La mayoría de los hombres preferirá siempre, a la verdad degradada por el vulgo
  -por ejemplo: dos y dos, igual a cuatro-  la mentira ingeniosa o la tontería sutil, 
puesta hábilmente más allá del alcance de los tontos".

Antonio Machado, Habla Juan de Mairena a sus alumnos.



El atardecer está desprovisto de nubes. Ahora sé que los colores del día son guiños caprichosos de la luz. La luz se extasía en sí misma, sin importarle el efecto que cause sobre nosotros. Siendo todo pasajero, pareciéndonos que se repitiera un paisaje análogo, sintiendo la certidumbre de que cuanto vivimos ya lo hubiéramos experimentado, ¿serán solamente guiños lo que nos quede por ver en adelante? Uno piensa que, en medio de la edad, la coyuntura y el lugar, nos hemos ido instalado en la broma, onerosa y burda, donde no cabe esperar demasiadas satisfacciones. La broma nos ha acompañado y nos ha envuelto desde hace más tiempo del que imaginamos. La broma es una soga que se trenza en torno a todos y que no se desata nunca. Nada se resuelve, nada tiene desenlace, nada se corrige, nada se endereza. La broma es una continua demora. Para qué va a servir que se invoque algo ejemplar, si todo el mundo se desentiende. Individuos e instituciones no afrontan las realidades y la espiral virtual se ofrece como entretenimiento, siendo como está al servicio del beneficio práctico de unos cuantos. Burla, bufonada, distracción. Rien ne va plus, lenguaje apto para esta sociedad casino que nos toca vivir. Aquí, ahora.



(Fotografía de Francesc Català-Roca)




viernes, 22 de julio de 2016

Anuncio (otro)




Soy de lo más divertido, créanme. Mi mecanismo de larga duración modelo Stars and Stripes les garantiza relajación frente a las emociones fuertes del año del Señor que llevamos. Y aún nos queda. Hagan girar a tope, pero delicadamente, mi cuerda con la llave incrustada en un costado y me pasearé tocando la campanilla. Seguidamente tendrá lugar mi invitación a que se queden en el mayor espectáculo del mundo. El leve movimiento foxtrot de mis pies, el tintineo de la esquila y mi aspecto rubicundo y sonriente les proporcionará paz y bienestar. ¿Que qué anuncio con mi porte de estilo años 30? La nueva era, amigos míos. La era Trump. Idóneo para nuevas generaciones que crecen sin enterarse de que la libertad no vale un peine precisamente. Adecuado también para viejas generaciones que han decidido clausurar voluntariamente la memoria anticipándose al proceso natural de las neuronas. Trump al caer. Por fin alguien que nos promete Ley y Orden urbi et orbe. Aunque solo de pensar en su manera de ejecutar el sacrosanto, si bien nada original ni bondadoso, principio se me salta la cuerda y ya no funciono.





miércoles, 20 de julio de 2016

martes, 19 de julio de 2016

Errores





Va saltando por el ribazo. Risueño, capturado por la euforia natural, no advierte que los juncos y zarzales son un brindis al vacío. Los pies se hunden de pronto en el falso piso, y la terraza se resquebraja bajo su cuerpo frágil. Se asoma con imaginación volátil y cae. En el descenso, que no es vuelo sino precipitación, no sabe dónde está y el instante se prolonga, como si no existiera transcurso alguno. Ausencia de pensamiento en ese breve plazo, huida de toda memoria. El impulso agita vertiginosamente su corazón ligero, pero leal. Las zarzas espinosas amortiguan la caída y una vez allá abajo se anonada. Luego, espabila. Siente el cuerpo como siempre, no sintiéndolo apenas. Para él, el cuerpo es algo que debe pasar desapercibido, y que en ocasiones envía mensajes quebradizos, pero que está. Los arañazos que le producen las púas de los escaramujos y zarzamoras duelen, pero él agradece la bondad de que le esperasen para recogerle en volandas. El rumor del río lanza un grito agudo de frustración, reclamándole en vano. Se levanta dolorido, cojeando, mira sus brazos y sus piernas, se palpa la barbilla. Hay rojas caligrafías sobre su piel. Suspira. Luego  hace un guiño burlón a la corriente oscura, mientras los gritos de los demás acuden, más alarmados que él mismo, hasta su presencia a salvo.  El error, subsanado por el azar, ratifica su vida.



(Fotografía de Lucy Nuzum)




sábado, 16 de julio de 2016

Vae victis!




Una fotografía del fallido golpe de estado en Turquía. Me sugiere de pronto una frase histórica: ¡Ay de los vencidos!  Luego se me ocurren otros pensamientos, pero el horror me hace callar. El hombre es un monstruo humano para el hombre, si se me permite la redundancia (No utilicemos la imagen del lobo como excusa, Mr. Hobbes)


(El pie de foto de El País dice literalmente: Civiles golpean en Estambul a soldados involucrados en el golpe.  GETTY IMAGES)



viernes, 15 de julio de 2016

Sangre contra la belleza




Una vez más los intolerantes fanáticos muestras con hechos su odio a la belleza. También a la humanidad. En su día arremetieron contra el placer de la audición musical, la libre elección hedonista y el asueto de ciudadanos en la sala Bataclán, París. Ahora contra el hermoso espectáculo de los fuegos artificiales de la noche del 14 de Julio en Niza. Eligen la concentración de masa humana para causar más daño físico y una fecha de celebración especialmente significativa para inferir más castigo moral. El espectáculo de los fuegos de artificio sobre el mar, durante el cual los vecinos de Niza y alrededores llenan el precioso Paseo de los Ingleses, es algo que no olvidas nunca. La gente de toda condición social, turistas y vecinos, en gran parte trabajadora, acude al disfrute con familias enteras. La simpatía se instala y no te sientes extranjero, porque a la gente le une un comportamiento humano que persigue la belleza y la comparte. El terror busca que olvides la hermosura de este tipo de cosas, de apariencia menor pero que los humanos cargan de un sentido con el se identifican. Mas busca incubar a su vez respuestas intolerantes en el contrario, salvo que la Razón se imponga. La estética no existe para esos malditos guerreros del pánico y de la irracionalidad, cuyas acciones están calculadas y forman parte, para ellos, de la propia dinámica de guerra. La humanidad no existe para las mentes enfermizas, cuyas motivaciones últimas hay que buscarlas en ideologías religiosas nefastas, en justificaciones políticas abominables, en intereses oscuros y ocultos que incentivan la mano criminal, en personalidades desquiciadas y enajenadas. Un cóctel de violencia contra el ejercicio de placer sencillo de los vecinos de una ciudad. Una vez más hay que lamentar y llorar. Nadie estamos libres de que la barbarie aceche nuestra propia carne.


(Foto capturada de internet)


jueves, 14 de julio de 2016

Qué bajo has caído, club





No, directivos solapados del Barça, no. No somos todos, ni por el forro, como en vuestro hashtag: #Todos somos Messi. Ese señor ha delinquido y ha sido condenado en un juicio, por lo tanto llámese al pan, pan y al vino, vino. ¿De verdad quieren que todos seamos como ese condenado o como otros personajes sospechosos de delito? El río revuelto solo lleva al no entendimiento y a tirar piedras contra nuestro propio tejado. Vamos por mal camino si gente normalita que se supone que paga impuestos cae en la frivolidad de apoyar campañas interesadas de un club de fútbol. ¿O tampoco los paga? ¿Quién genera las sombras de sospecha? Mal los forofos que tienen en lugar de cerebro un balón, del que obtienen cuantiosos beneficios directivos y jugadores, a més a més dels negocis d'uns i altres, mal los que corean al pastor como borregos. Un dato más de lo que huele a podrido entre Creus y San Vicente, entre Touriñán y Gata...Me duele en especial que esto pase en Cataluña, a la que tanto estimo. Esos comportamientos de grey, que consienten una politización malsana del fútbol, no traen nada bueno para nadie. La mierda en verano huele mucho más, oigan. Me pido la doble nacionalidad. Por supuesto no la de los que solo creen en una. Cuánto anhela uno ser español pero de otra España, en la que no quepan el clientelismo, la corrupción y la intolerancia. Una España metaporquería. Temo que sea pedir peras al olmo.



(Ilustración satírica de Guerra, titulada Tumor)


miércoles, 13 de julio de 2016

Juan Peña, El Lebrijano





Qué invocación. Qué himno. Qué propuesta. Qué aspiración.

Tuyas son las aguas de los mares, las tormentas, la tierra misma, el aire, y ya te ves al fin pájaro de las marismas.

Gracias, Lebrijano.



lunes, 11 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 27





"No pidas que los sucesos ocurran como tú quieres;
 tómalos gustoso como vienen y encauzarás bien tu vida."

Epicteto, Manual.



(Al modo del Enchiridion

No digas nunca: me siento culpable de no haber hecho lo que pude hacer. O: me arrepiento de haber perdido aquel tiempo. O bien: si yo hubiera seguido aquel consejo. Ni siquiera digas: fui torpe, llegué tarde, no supe estar. Ni se te ocurra perturbarte al pensar: me siento frustrado por no haber tomado en mis manos lo que se me brindó y no supe aprovechar. Nunca sabrás qué vino contenía la copa que, en los momentos críticos de tu juventud, te fue ofrecida. ¿Y si su contenido era ácido? ¿Y si los taninos te hubieran envenenado? Piensa más bien en cuanto de grato ha habido en las situaciones que has conocido al desviarte de los caminos sugeridos por rectores y costumbres, y en lo que te han aportado. Hazte fuerte con el conocimiento que ha llegado a ti desde muchas sendas, y que sigue fluyendo jugoso. Agradece el encuentro con multitud de individuos de los que has aprendido, precisamente por ser diferentes todos ellos. Valora los afectos que en cada momento te han arropado y también te han modelado. Asómbrate cada día con las pequeñas sorpresas y no te dejes influir por lo que zahiere. Reconoce lo valioso que ha sido tener siempre cerca a personas que te han proporcionado seguridad y se han portado generosamente contigo. No te dejes espantar por las nefastas visiones del pasado, pues nunca quedaste labrado de una vez para siempre, sino que te sigues tallando día a día.






sábado, 9 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 26





"Por mi vida que la senda
no se ve, nos extraviamos".

A.S.Pushkin, poema Los demonios.


Pisamos un camino que exige un constante ejercicio de desbrozo. Solo hay un tiempo en el que se vive, de tal modo que, apenas se deja atrás el último espacio recorrido, la senda vuelve a llenarse de fronda espesa. Se nos oculta con rapidez el pasado, por las propias desfiguraciones que la memoria nos juega. Nos resultan imposibles de situar con claridad los pasos hacia adelante porque estos los damos en función de un cálculo cuyo resultado puede variar de un instante a otro incluso. Si tuviera que representar la historia del hombre individual -ciertamente aplicable también a eso llamado colectividad- imaginaría al hombre común como un ser esforzado y fatigado que no cesa en el ejercicio de desbroce de sueños, de recuerdos y de quehaceres cotidianos siempre inseguros y de una trascendencia relativa y  pasajera, por mucho contenido que se le quiera dar a estos. ¿Solo cabe, pues, un modo de vivir extraviados, como diría el poeta?   






jueves, 7 de julio de 2016

Misceláneas ingenuas de ayer a hoy




Hoy se inaugura esa carrera anual, que los nativos denominan encierros, en que una pequeña manada de toros y cabestros corren, seguramente despavoridos, delante de una masa de energúmenos vociferantes pertenecientes a la especie humana, poco bravos y sí extremadamente gregarios. Mucha suerte a unas y a otras reses.




Cuesta entender cómo algunas de las sociedades supuestamente más avanzadas y cultas del planeta pueden elegir para que les representen a cierto tipo de individuos. Un informe británico ha desvelado las mentiras en las que su premier incurrió, e incluso éste pretende entonar un cierto mea culpa. Por supuesto, ingenuo sería esperar que el comparsa español hiciera algo semejante. No perdamos las esperanzas. Aquella caja de los truenos de Irak se abrió y de aquella invasión esta oleada de terror creciente en la Mesopotamia y en tantos lugares del mundo.



Aunque el género humano, a través de sus culturas sofisticadas, convierte todo en juego, da igual que se trate de encierros, de guerras, de elecciones parlamentarias o de entretenimientos virtuales, hay actividades de apariencia inocente que suscitan sonrisas. Cuando lo simbólico polariza las manifestaciones de la naturaleza humana, reconduciendo pacíficamente la agresividad, la competencia, el valor y la medida de las propias fuerzas, da gusto. Es como si de pronto el mundo real se hubiera parado y todo resultara una ficción. 




La figura de un festivo personaje pamplonés llamado kiliki siempre me fascinó. En la infancia me espantó. Recibir los golpes de una verga de cerdo hinchada no causa daño alguno. Sin embargo, los rostros de los seres de cartón piedra y sus movimientos ágiles persiguiendo al público, infantil o adulto, pueden horrorizar a las almas cándidas. Los padres se empeñan en confrontar los temores infantiles a esas representaciones dieciochescas, en un intento de rito de superación o algo parecido. Algunos no lo logramos nunca. 




Pues eso: ¡Viva San Fermín! (Otro personaje, obispo según dicen, que han logrado que sea más importante que Pompeyo, el fundador de la ciudad en la época de Roma. No obstante, hoy día, salvo para sus fervorosos seguidores, apenas es un grito anual, otros dirán que invocación, y se ha impuesto como el reclamo de la fiesta pagana y del negocio de los mercaderes. No obstante, uno tiene su punto de reconocimiento y, principalmente, de riqueza de recuerdos)




miércoles, 6 de julio de 2016

Ya hemos conquistado Júpiter, señores





Algo venía oyendo desde ayer sobre una sonda llamada Juno, enviada por la NASA, que llega a Júpiter. Naturalmente llega a la órbita, pues ahí no es nada aproximarse lo máximo posible a otro planeta. Estos humanos son unos ciencios, que solía decir el viejo labriego de mi pueblo. Por supuesto, hay que estimar en grado sumo la ciencia y la técnica que, además de mejorar la existencia (otra cosa es el reparto de bienes, otra cosa es el uso de la ciencia para la destrucción), permiten que el individuo y las sociedades no sean pasto de la superchería y la religión, del oscurantismo, en una palabra. Pero...la ciencia y la técnica no garantizan por sí mismas librarse de la soberbia, ni de la vanidad, ni del enfoque épico. "Estamos allí. Estamos en órbita. Hemos conquistado Júpiter", dicen que dijo el jefe investigador de la agencia estadounidense. ¿No suena al viejo relato de la conquista del Oeste, llevada a cabo a sangre y fuego? Ay, no me quiero quedar con el golpe de euforia (que no es solo euforia, pues todos sabemos del orgullo de los poderosos de la Tierra) del señor de la NASA. Pero me hace gracia que este paso sin duda importante, aún tímido, del que todavía no sabemos qué fruto proporcionará a la agencia espacial, sea tomado como el todo. Ya está, ya han conquistado el planeta Júpiter, cuyo volumen, leo, supone el de 1.321 Tierras. Chicos listos estos de la NASA, sin duda. Y también que no tienen abuela.Claro que en nuestro planeta todo se vende: hasta las expresiones, o acaso como nunca las expresiones. 





lunes, 4 de julio de 2016

Nadie (de los nuestros) llora por Bagdad





Bagdad, Bagdad, ¿qué fue de ti?
¿En qué momento de la historia los tuyos no te quisieron?
¿Desde cuándo se conjuraron tus enemigos para impedir que vivieras en paz?
¿Por qué el dios de vuestras familias tornó en mano vengativa
y envió ángeles a que chocaran entre sí para impedir que durmieras segura?
¿Fue acaso aquel que creías benevolente un vengador 
desde el momento en que los profetas de la ignominia decidieron su rostro?
¿Qué fue de aquella otra tradición donde se reconocía
que el hombre se fundamentaba en el hombre
sin necesidad de una fe destructora?
¿En este fuego degeneraron vuestros oficios, se consumió vuestro saber,
se diluyó vuestro sentido del placer?
¿No será posible contemplar el Tigris
sino bajo el denso color de la sangre de tus hijos?
¿Qué has hecho para que los extranjeros que consuelan las desdichas
de otras ciudades del mundo 
no se acuerden de ti cada vez que el crimen se ceba en tus habitantes?

Bagdad, yo te evoco desde mi impotencia.
Me indigno por los crímenes alevosos 
que la mano invasora convirtió tu cuerpo en mil llagas.
Me horrorizo con el desgarro que causan
día a día los asesinos de tu propia casa. 
Aborrezco la intolerancia de las facciones
que alientan el ojo por ojo y convierten a los inocentes
en víctimas de las peores alimañas.
Pero no basta.
Y mis palabras son lágrimas perdidas
que nadie bebe.

Algún día pasearé de nuevo por las riberas serenas
de tu esencia, Bagdad.
Te pediré perdón por el olvido de los míos.
Y sé que tú me acogerás.




(Imagen: Postal de los años 6o del siglo pasado)



sábado, 2 de julio de 2016

Aquellos estos árboles, 25






¿Vamos hacia una recuperación expresiva y caligráfica de las paredes? Sigo captando ejemplos por la calle.Tan pronto doy con una declaración amorosa como con una reivindicación de derechos. Algunas citas, de extremada contundencia. Veo en tal práctica una recuperación del alfabeto con sus infinitas posibilidades. Veo una conversión sintáctica de los materiales de una pared. Dados los límites que las instituciones políticas, sociales y jurídicas imponen, nada como el grito creciente de los muros, parecen decir algunas manos anónimas pero bien definidas. La vieja pintada nunca muere, como aquel rock. Nada muere cuando se actualiza. Todo perece cuando se calla. Nuestras ciudades no son de los eslóganes publicitarios comerciales, aunque campen con toda la cancha que se les da desde los ámbitos de la gestión pública. Los mensajes burdos o insulsos, habituales en tapias o fachadas, deben dar paso a los cabales, a los estimulantes, a los creativos. Expresarse con argumentos es siempre una llamada a eso tan desvirtuado llamado conciencia. Cuando uno lee, por ejemplo, "vivas nos queremos, basta ya de violencia machista", se llena de estupor. Que se haya llegado a estas alturas a la reivindicación de la propia existencia frente al crimen debería hacer meditar a los biempensantes y a los que ignoran con cierta alevosía lo que sucede. Que entiendan por qué se generan tal tipo de quejas. Las calles van recuperando su pedagogía de pizarra, que se creía obsoleta. Ya ves.




jueves, 30 de junio de 2016

La foto del error




En esta fotografía se ha producido un craso error. Concédanse 60 segundos para descubrirlo. Una vez transcurrido el tiempo, arriesguen interpretaciones.


Solución. El error de salir a la calle, desde su palacio episcopal, del jefe de la Iglesia Católica Española cuando hacía un alto la marcha ciclonudista que todos los años se celebra por estas fechas. Como diría el profeta, por su adusto rostro lo conoceréis. No obstante, su decisión habla a su favor. Afortunadamente, la calle es de todos, señor Blázquez.


(Fotografía tomada del digital http://ultimocero.com/noticias/2016/06/18/la-marcha-ciclonudista-cumple-diez-anos-pedaleando-en-pelota-picada-por-la-ciudad/ )



lunes, 27 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 24




"Desconoces la tierra
en la que cada día me hundo
y en la que nutro sílabas secretas."

Salvatore Quasimodo, Viento en Tíndari, de Aguas y tierras.



Condenados a la noche los hombres viven deslumbrados por débiles resquicios de luz. El humus que pisan hiede, pero no parece importarles el olor a lo muerto. Siguen presumiendo de ser animales de superficie, cuando solo se mueven por galerías subterráneas. Se arropan y se tientan entre sí, temerosos para explorar los caminos. Se entregan una y otra vez a las voces más ajenas, olvidando el aviso de muchos que les precedieron. Tanta reincidencia les pierde. La conducta de la costumbre y la satisfacción de lo perentorio les basta. Su objetivo es ganar un día más. Y en la hora oscura de la jornada, sin que sepan distinguir si hay alguna hora que no lo sea, buscarán la placidez ignorando, y a la vez asumiendo, que son de otros. Y sin embargo...



(Fotografía de Brassaï)


sábado, 25 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 23





"¿Ahora quién nos ha convocado así? ¿A quién tan grave urgencia le apremia? 
¿Es de los hombres jóvenes o de quienes son ya mayores?".

Homero, Odisea, Canto II.



Si estás, agradece que estés. Es lo que me digo a mí mismo con íntima cautela. Y no, no va la frase de zen ni de esotérico. Va de gratitud. Ese pensamiento me produce calma. O es la calma la que incentiva que se me ocurra tal simplicidad, no por sencilla menos constatable. Esta sensación de levantarme hoy con una cierta claridad, y no me refiero a ideas sobre el mundo ni sobre el hombre genérico, me proporciona una modesta pero inusitada alegría. Bagatelas, tal vez, suspiro. 

(Mientras las reglas el juego social evocan para hoy el discurso de la reflexión, que puede ser tan extenso en unos como baldío en otros, mi yo invoca el mero estado sensorial tranquilo. Confesaré que del asunto electoral en ciernes, del cual no sabe uno qué parte es suya y qué parte es ajena, o qué porción te hacen creer que te pertenece y cuánto de la tarta está siempre en manos de los mismos, poco espero. Creo que yo, y muchos como yo que venimos de cierto itinerario iluso, somos víctimas de nuestro excesivo entusiasmo del pasado, de las esperanzas cultivadas (nada hay más equívoco y perjudicial que cultivar con adoración la esperanza) y de un permanente estado de autoengaño sobre la supuesta política, la de la rectitud, acerca de la cual no nos hemos quitado del todo una cierta visión redentora, cuando no justiciera, que conduzca a los mundos mejores. Ya no más. Me quedo en los mundos sutiles)

Si estoy, agradezco estar. Por supuesto, nunca es tarde para desbrozar caminos de fronda que ocultan los malos bichos. Nuestro padre Odiseo (no hay como una figura literaria para reconocer en ella al padre) fue tentado por múltiples apariciones seductoras y conminado por otros tantos peligros con fiero rostro, y llegó al puerto de la calma. ¿No nos ha de pasar algo análogo a sus hijos, sometidos a monstruos de menor calibre y a seducciones más toscas de los humanos?



(Imagen de Chris Marker)


jueves, 23 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 22




"Y sin embargo, el encantamiento de la vida está intacto cuando se la vuelve a ver por primera vez".

Vergílio Ferreira, Pensar.



En el cruce de la calle estrecha con la ancha se hacía la hoguera. La altura baja de las casas molineras proporcionaba a las calles una amplitud visual que hoy no existe. También un espacio donde contener el riesgo de una magnitud que no debía irse de las manos. El día había sido muy agitado. Los chicos del barrio pasaron toda la jornada sacando enseres desvencijados que se habían guardado para la ocasión. Aún se apuraban las últimas horas para recabar de vecinos o establecimientos sillas rotas, cestos de mimbre raídos, vasares de desecho o puertas carcomidas. El niño miraba desde el balcón la algarada que se traían unos y otros para el ritual. Mi barrio competía con el más próximo por la fiesta del fuego. No había cohetes ni fuegos de artificio, pero sí expectación. Al anochecer se prendía la pira. No hay nada que magnetice más a los humanos que la visión de las llamas. Los vecinos más osados azuzaban la fogata al menor síntoma de rebajamiento. Cuando la dimensión de aquel edificio de fuego había mermado y quedaba un diámetro, aún considerable, de brasas los adolescentes y jóvenes más ágiles saltaban una y otra vez sobre los restos del monstruo. Había algo de dominio del hombre sobre el elemento naturaleza. El niño creía que también de trampa. Al fin y al cabo el fuego tenía sus leyes, había devorado el ajado mobiliario y los pisos caóticos que se habían dispuesto se habían venido abajo. El niño descubrió el temor al fuego y la medida del hombre, adaptada a su propia capacidad de juego. En el cruce de la calle amplia con la calle más angosta de mi infancia permanecían rescoldos que se iban apagando con lentitud. Algunos permanecían contemplando la merma de aquella energía devastadora. Por la mañana la ceniza dibujaba un mapa pardo sobre el pavimento. ¿Implicaba aquella liturgia una serie de simbolismos que entonces no se nos explicaban? No sé en qué momento desapareció la tradición inocua de las hogueras por barrios. Supongo que con el salto de una miseria contenida a la condición de la humilde pero digna pobreza. Historia del país. Nunca ha querido el niño volver a contemplar las piras del solsticio recién estrenado. Pero la memoria de aquella hoguera deslumbrante y caprichosa permanece dentro de él como un tesoro que le invita todavía a hacerse preguntas.



(Fotografía de Carlos Pérez de Rozas)


miércoles, 22 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 21




"Ama a quien quieras con el corazón,
pero ámame, a mí solo, con tu cuerpo.

Nadie ama solamente un corazón:
un corazón no sirve sin un cuerpo".


J.M.Fonollosa, Park Street, de Ciudad del hombre: New York.


El campo de las metáforas no solo trastocó el uso del lenguaje. Estableció principios, sustitutos de conceptos, devaluó el sentido de la designación de cuanto se iba conociendo. En lo literario, también en la conversación ordinaria, queda todo muy bonito. Dan juego. Amplían la imaginación, sustituyen a veces lo real. A pesar de las metáforas, nos entendemos. Pero acaso debido a las metáforas, nos confundimos. Persisten esas dualidades pseudoconceptuales tipo cuerpo/mente, cuerpo/alma, sexo/corazón, etcétera, que la gente practica en un diálogo cotidiano tal si estuvieran enfrentados o, al menos, no vivieran en el mismo hábitat. Como si el cuerpo y sus manifestaciones padecieran una escisión permanente. En el océano de los creyentes religiosos la gran metáfora es Dios. A veces le ponen rostros. Lo normal es el maniqueísmo imperante, el uso ad hoc del concepto según le vaya a uno bien o no le luzca la vida, según quiera justificar unos actos o desear otros que no le son alcanzados. Dios sería únicamente una hermosa imagen si no tuviera como contraprestación la entrega y sumisión de la voluntad del individuo que cree en el concepto. Una metáfora sustitutiva, arrogante, que da idea de la debilidad del hombre. ¿La soledad de los hombres, que diría Sartre? Hasta dónde llegó la metáfora se condensa en el aparentemente antónimo Dios/Diablo, proyecciones. sin duda, de la sencilla división bien/mal que no es tan sencilla cuando el valor que se otorga a unos actos u otros se transmutan, muchas veces en lo opuesto, en función del interés ocasional del individuo o de la colectividad. El poeta Fonollosa, hablando del amor, fue pragmático e irónico. Sincero. Objetivo.



(Fotografía de Nobuyoshi Araki)


lunes, 20 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 20





"¿Por qué soy azotado con estrellas
en la desnuda noche iluminada?
Un ciego aroma viene y me embriaga
para que vuelva el niño, y ser el que era".

Francisco Brines. De La última costa.


Las vivencias con un sobrino de nueve años reverdecen mi propia personalidad a los nueve años. Tal vez por eso creo entenderlo mejor que otros. Puede que busque una proyección hacia atrás de mí mismo. Me miro en él como en un espejo, aunque no todos los objetos de fondo sean semejantes. O en un túnel del tiempo que me reclama con tranquila expectación. Yo hacía lo mismo, suelo decir a terceros. Su sentido del juego, su excitación constante ante la novedad, su capacidad de diálogo, su bondad a ratos, su picardía frecuente son una fuente continua en la que me parece beber de mis propias experiencias infantiles. No digo que su nerviosismo latente, que hace que todo lo toque y todo lo agite, no me saquen de quicio alguna vez que otra. Pero me entusiasma. Naturaleza bruta que se entrega para dar de sí y para sentirse receptivo. Y esa capacidad de indagación, que nunca sabes si es una pose y un puente tendido con el adulto, o un extremado interés por saber. De ahí las preguntas que un niño hace y que un adulto no sabe responder. Pero ¿acaso un adulto debe responder a todos y cada una de los interrogantes que le plantea un niño? La mayoría de las veces no sabemos responder correctamente. La mayoría de las veces damos respuestas convencionales, o simplemente salidas largas que aplacen para más adelante el razonamiento. De ahí que últimamente pienso que acaso sea más importante ayudar a razonar, iniciarlos, estimular el interés. Aunque un niño siempre desarma a un adulto, pues el interés parece crecer con él, sin que tenga un rector encima que le sugiera. Me miro en la imagen del sobrino de nueve años y me gusta creer que soy yo pero, eso sí, con una cierta superioridad sobre mí mismo. Como si su presencia de esta época complementara la presencia de mis nueve años en aquel tiempo y lugar tan diferentes. Oigo con frecuencia en el entorno: es que hoy los niños saben mucho, y esta opinión se refiere más a la vida cotidiana que a lo lectivo, por supuesto. Un viaje a mi propio pasado a través de una energía en acción de nueve años. Cierto que uno ha olvidado muchos detalles sobre el comportamiento cotidiano de mi niñez. Cierto que aquellas frondas estaban más prietas e inextricables que ahora. Cierto que el viento era más monolítico y menos vario, pero los márgenes sobre la interrogación acerca del mundo, de la vida, de uno mismo existían. Y eran muy ricos. Y más valiosos si alguien, cerca de ti, te escuchaba atentamente. Aunque de entonces viene también aquella afición por los cuentos  -¡le contaban tantos a uno para distraer respuestas!-  que han jugado un papel fundamental en la vida ilusionada que uno ha vivido. Las vivencias con mi sobrino, ¿son solo un método para repensarme? ¿Una suerte de resiliencia con que afrontar lo desabrido de la edad provecta? ¿Una carga lúdica que invita únicamente a disfrutar por disfrutar? La risa se instala entre ambos. Malo el día que uno de los dos frunza el ceño. Por cierto, ahora recuerdo que tengo que jugar al futbolín de verdad con él y enseñarle a hacer tirabeques con que liberar energía contra botes de latón.



(Fotografía de Nobuyoshi Araki)


sábado, 18 de junio de 2016

Bípedos





Somos bípedos desde hace tiempo. Bailando para otros bípedos. Esperando que nos coreen, nos jaleen, nos aplaudan. Nos dediquen bellas expresiones. Nos brinden palabras enaltecedoras. Nos susurren con ternura. Somos bípedos que devolvemos los gestos unas veces. O que nos enrocamos presuntuosos en la vanidad, urdida de modales pasajeros. Imagino lo henchida que tiene que estar la destinataria del mensaje. Póngase en masculino para ampliar el campo de posibilidades y equilibrar la dedicatoria. Este bípedo, que mira y se apunta muchos de los mensajes de la calle, no acaba de sorprenderse de las confesiones que pueden trasladar al transeúnte las palabras escritas en una pared. Algunas rompen la trivialidad ordinaria. El ejercicio declaratorio que se muestra aquí tiene visos de autenticidad. Aunque nunca se sabe. La publicidad se superpone con sus ardides tantas veces a la sinceridad cotidiana de los bípedos... Creámonos el mensaje, no obstante ese punto dulzón, elevado para los que tenemos las sienes albas. Disfrutemos de lo inocuo. Obviemos que pueda contener un ápice de inicuo. Veamos también otros tipos de amor, a citar: Vindicación de Sintaxis. Triunfo de Ortografía. Corrección de Caligrafía. No es poco para los bípedos. Aunque nada comparado con aquello de bajar de los árboles.


 (Nota Bene. Quién pudiera sumarse a los felices 19)



jueves, 16 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 19




"Como una mano en la hora de la muerte se crispa, 
mi corazón se encoge".

Robert Desnos, de A la misteriosa.



No hay muerte más inimaginable para un hombre que la de un pájaro.

¿Será esa la razón por la que desviamos con urgencia la vista del asfalto, cuando vemos  con lástima que al ave se le truncó el vuelo para siempre?

La desazón nos convoca inclemente. Corremos a apartarnos de nuestra propia, previsible, caída.





miércoles, 15 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 18





"Nunca tendré de nuevo
todo aquello que tan pronto perdí..."

Konstatino Kavafis, Días de 1903.



A escasos días del solsticio el golpe tajante de un cambio en el clima sorprende a los hombres y les distrae. Les hace dudar. ¿Debemos avanzar o nos quedamos donde estamos?, parece decirnos la jornada nublada, áspera, incluso fría. Probablemente cuanto llegue de ahora en adelante tendrá un efecto paraclimático. Tal vez tampoco ya sea normal. Tengo un amigo que echa la culpa de tanta incertidumbre a las manifestaciones variables y caprichosas de la naturaleza. Cuando le señalo que es como responsabilizar a nuestra madre o justificar nuestras ineptitudes con quien menos culpa tiene me da la razón. Pero insiste con un elevado grado de acritud: necesito hacerlo para no tener que odiar a los hombres.



(Actor Toshirō Mifune)


lunes, 13 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 17





Nada hay imperecedero. Pero algunas situaciones, rostros, acontecimientos que alguna vez fueron, hoy todo ello meras imágenes al fin y al cabo, siguen gravitando dentro de nosotros a medida que pasan los años. Todo tuvo su tiempo y los espacios fueron ocupados, siquiera fugazmente, y concedimos valor y consistencia, sin advertir que del mismo modo que llegaban a nuestras vidas iban a ir diluyéndose poco a poco. De todo lo que fue queda un poso nostálgico, pero cuanto tuvo de tangible nos hizo ser felices. Eso aún nos proporciona satisfacción. De todo lo que pudo ser aún revolotean los pájaros exóticos que no llegaron a habitar junto a nosotros, aún nos estremecen los cantos oceánicos que mecieron sueños de calado, aún nos emociona el lenguaje de los pequeños gestos que se interrumpieron a mitad del camino. Cuando la longevidad, ay de mi grito risueño, haga todavía su guiño definitivo, resonarán a la desesperada los acordes de algo que una vez pudimos nombrar. Pero también sonreiremos desde nuestros labios amoratados, instigados por una latente ingenuidad, imaginando por ejemplo el calor que nunca llegamos a fijar en nuestro calor. Es lo que tiene seguir siendo un candoroso y sensual irredento de por vida.




sábado, 11 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 16





"La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada".

Sören Kierkegaard




Haz y envés de un envase cualquiera. Metáforas, y algo más, de la cara y cruz de una vida, aunque no de cualquier existencia. Aquella imagen, no estoy seguro de si se trataba de la cara principal o de la opuesta, de un paquete de cigarros que ha quedado para testimonio de la longevidad (y no voy a ser modesto: de la mía, espero) Por qué tenía las características de una especie de acta notarial no lo sé. Que el usuario sentía la necesidad de dejar constancia de su particular declaración de cese de uso está fuera de dudas. Un símbolo, dejar escrito: dejé de fumar en tal fecha a la salida del hospital...Una resolución que no fue por indicación facultativa. Acaso el rigor de un hombre ordenado, tal vez un capricho, quién sabe si una manera de demostrarse a sí mismo de lo que se es capaz a cualquier edad, incluso avanzada.  Es curiosa la vida de los seres humanos. Unas décadas antes él, cualquier otro, yo mismo, hubiéramos pregonado a los cuatro vientos que hemos hecho tal cosa o visitado tal lugar o encontrado con una persona significada o adquirido un objeto que nos deslumbraba. La vuelta, el envés, del tiempo nos susurra otro tipo de mensajes. Dejé de hacer...dejé de creer...dejé de tomar...dejé de acercarme a...Certificamos poco a poco que abandonamos prácticas que nos parecían eternas, conductas que pensábamos que jamás cambiaríamos, gustos que ya no degustamos, sueños que no nos privan, amores que ya no amamos, complicidades que se viven de otras maneras. Vivimos para creer (y desear y pugnar por mantener) y vivimos para descreer (y olvidar y librarnos de las competencias y de lo subsidiario que nos incordia) ¿Cambiamos con los años? Cambiar no explica nada. Prolongamos el campo de nuestras posibilidades, las que nos proporciona el pecho pero también el dorso. Vivimos en dos direcciones. La conciencia de cuál de las dos prima en cada uno de nuestros espacios y horas nos hará más serenos. Vivimos con el peso de lo de atrás y con la incertidumbre de lo de delante. Tengámoslo claro. Evitará que aquella teoría de la angustia de Kierkegaard nos aniquile estúpidamente.



jueves, 9 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 15





"A mi padre, quien a los 84 años aún no fuma".

Dedicatoria de Guillermo Cabrera Infante en su libro Puro humo.



Ahí ha quedado, en algún cajón de casa, con la fecha del último cigarro fumado. Cuando el fumador tenía apenas ochenta años y le quedaba aún década y media de vida. El tabaco, aquel tabaco, nunca le quitó la salud. Le interfirieron otras cosas, sin que tampoco pudieran con él. La guerra, el hambre, salir adelante, sacar a flote al resto de su familia original, la enfermedad lenta y progresiva de su mujer, la muerte de los hermanos, alguna de ella más injusta que otras. O yo mismo, las preocupaciones que le causé, por ejemplo. En realidad, él soportó cualquier clase de avatar con una buena materia orgánica. Y tesón, mucha tesón, hay que tener fuerza de voluntad era una de sus frases favoritas, para no dar margen a que los elementos pudieran con él. ¿Que emocionalmente sufría alteración? Naturalmente, era su temple. Pero su cuerpo, nunca excesivo ni en altura ni en peso, estaba señalado para resistir. ¿Fumar? Una práctica que hora no se ve. Jamás vi fumar con fruición, otros dirían estrés o ansiedad, a mi padre. Lo suyo era un acompañamiento medido, como la copa pequeña de coñac tras las comidas, o el faria ocasional. ¿Era lo suyo fumar? El caldo tenía más de liturgia que de veneno. Abrir el cigarro original, deslizar su contenido en un papel nuevo extraído de un librillo Abadie o Zig-Zag, darle la forma y la capacidad a su gusto, redondear con los dedos las puntas del cigarro, echar mano del chisquero, poner el cigarro en ignición. Segundo ritual práctico: inhalaciones lentas, bocanadas humorosas, evitar la menor estancia posible del humo en los pulmones. Cierto que no creo que la labor de aquellos Ideales tuviera los venenos que hoy tiene el más miserable cigarrillo. Acaso no todo fuera tabaco tabaco y ya se sabe, en tiempos peores la adulteración de los productos sería una tentación para los fabricantes. ¿Por qué fue siempre tan fiel a la labor del caldo? No lo sé, alguna vez una fugaz escapada a uno de los cigarrillos nacionales, canarios, que se iban imponiendo en el mercado moderno. Muy fugaz. Medir la vida, ¿secreto de longevidad? Saber quitarse a tiempo lo que el cuerpo dice que no precisa. No despilfarrar. No miserear tampoco, pues además de saludable puede ser sabio vivir armónicamente solo con lo necesario. El paquete de caldo que me encuentro de vez en cuando al desencajonar objetos me ayudan a desempolvar memoria. La memoria no es tabaco. Se la puede relegar a un cajón, obviamente, como esos cigarros. Se la puede volver a prender, la tentación de comprobar qué sabor atrapamos de nuevo. Lo que no sé es si inhalar memoria resulta más sano. ¿O depende de cómo la fumemos?




  


martes, 7 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 14





"Si es real la luz blanca
de esta lámpara, real
la mano que escribe, ¿son reales
los ojos que miran lo escrito?

De una palabra a la otra
lo que digo se desvanece.
Yo sé que estoy vivo
entre dos paréntesis."

Octavio Paz, Certeza.



De una orilla a otra, somos el río, formado de más aguas. Canalizado y, en ocasiones, para nuestra sorpresa, desbordándose. Nuestra fijación se ha acostumbrado a la dirección de su curso. Pero en esa mirada se extravía el horizonte, del mismo modo que nos abandona cuanto quedó atrás. Recuerda: somos aún aquellos niños observando la vía del tren. Sin retroceder y creyendo que avanzamos. A pesar de nuestra mirada la confluencia ajena nos hace erráticos y ella se muestra más lejana. Olvidamos con frecuencia que, en realidad, no vamos a ninguna parte. Las gotas de las que estamos hechos se han vuelto más líquidas, ¿o se han evaporado?, tras cada impulso imperceptible de la corriente. La dirección temporal, efímera,  oculta el verdadero sentido de la marcha: el que nos permite navegar entre dos riberas. Entre dos márgenes blancos. Donde ni escribíamos antes de ocupar la página ni donde jamás volveremos a emborronar después. Sin embargo, yo sé que estoy ahí...Aquí.





domingo, 5 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 13




"Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca".

Rosario Castellanos, Destino.



¿Porque no sabemos alimentar aquello que una vez el azar puso en el camino de nuestra necesidad? Matamos el amor carne, el amor afecto, el amor memoria, el amor convivencia, el amor amistad, el amor entrega, el amor conocimiento, el amor esfuerzo, el amor salud...Al hablar así uno parece un siniestro personaje teológico elevando y reduciendo todo al amor. ¿Matamos por apropiación, por cansancio, por suplantación, por abandono, por superación en definitiva? Obsesiva persecución de un ser nuevo que sustituya al anterior dentro de nosotros, al que considerábamos agotado. Insistente ejercicio en que dos Yo se atraen y se repelen, utilizando para ello cuantas personas y situaciones nos rodean y a través de las cuales buscamos una afirmación siempre inconclusa. Pero no, no todo es amor, ni siquiera muchas cosas que creemos, más que pensamos, como amor no son sino meras pinceladas de probarnos en nuestra condición. Damos vida solo a lo que odiamos, insiste la poeta mejicana. Otros poetas hablan de la muerte del amor como hablan de la muerte del dios o de la muerte de la civilización. Nada muere porque acaso nada se engendra conforme a nuestras íntimas apetencias personales. Aquella voz, aún la recuerdo, que escuché en cierta ocasión decir: ¿es que hubo alguna vez una creación del amor?, resuena como desnudez, se instala como negación. Nos ocupa como conciencia, esa gran herramienta en un continuo acontecer y hacerse. Salvamos lo que odiamos porque no soportamos el vacío. Amor y odio necesitan alimentarse mutuamente dentro de nosotros. Etcétera. ¡Basta! El hombre sensato que me circunda, que entra y sale de mí confuso o ilusionado, tira de esta piel neuronal. Pide que me deje de conceptos abstractos, convencionales, vagos. A los poetas, susurra, no hay que hacerles caso. Como no hiciste caso a todos los demás clérigos y brujos que desde el principio de los tiempos inventaron palabras y órdenes huecas donde apenas se reconocía al hombre.




(Fotografía de René Groebli)



viernes, 3 de junio de 2016

No se puede uno fiar ni de su papá



No se puede uno fiar ni de su papá, ya digo. Te descuidas un poco y a la primera de cambio, zas, te la juega. Aunque el que juega eres tú, o eso has dicho. Y la palabra jugar tiene varios significados, así que uno puede acogerse libremente a cualquiera. Te despistas un poco y tu padre te la envaina con Hacienda. Por supuesto, vosotros habéis sido buenos chicos, acaso papá-Hacienda os ha mirado con malos ojos. Que no, que no se puede confiar en los papás. Ah, aquella figura sublime, respetuosa y respetada, protectora y ejemplar, ¿que fue de ella? No puede uno confiar ya en la divinidad-papá, los Reyes Magos-papá, en el pensamiento-papá, en el Estado-papá, en las emociones-papá, en la sociedad-papá. Antes habría que matar al padre, versión freudiana o lacaniana, a elegir, y haber crecido. Un hombre que crece es algo más que generar semen en sus vesículas oportunas o ser un habilidoso del balón, por ejemplo. Por supuesto, cotizar y declarar fiscalmente lo que corresponde también denota calidad de adulto. Pero ya se sabe que eso es propiedad de los obreros y empleados a nómina clara y concisa, porque no nos escapamos por ningún lado. Yo no quería, fue mi papá, fueron otros que nos aconsejaron mal (entiéndase que muy bien pero que no salió bien la jugada, la fiscal no el pase a gol) Déjenme ser jocoso para aliviar la irritación. Todavía está por estallar la burbuja futbolera. Pero claro, si nos van a decir desde los clubes que la culpa era del papá...




(Imagen tomada al albur de internet)




martes, 31 de mayo de 2016

Aquellos estos árboles, 12




"Vivimos muy a gusto, cada cual en su absurdo, como peces en el agua y no nos percatamos nunca más que por accidente, de toda la estupidez que contiene la existencia de una persona razonable. No pensamos jamás que lo que pensamos nos oculta lo que somos".

Paul Valéry, Monsieur Teste.



Peces en el agua de una pecera, sin duda. Cierto que la vida de algunos individuos parece desarrollarse en vías fluviales amplias y algunos hasta creen que navegan por océanos. Pero solamente es proyección de sus deseos insatisfechos que tratan de domeñar exhibiendo realidades ficticias. Que la pecera sea más grande no significa que surquemos mares. No es que reste importancia a los pensamientos, cada cual está muy en su derecho de cavilar y establecer conclusiones. Ojala lo practique. Pero puestos a ello valoro los flashes de asombro de una persona antes que las afirmaciones siempre relativas de los discursos extensos mientras me aparto por sistema de los precipitados. Entre estos últimos son muy conocidos los que pronuncian cuantos pretenden descubrirnos nuevos mundos sobre el viejo, sean profetas que no denuncian, clérigos que no creen, publicistas que agobian,  o políticos que no hacen política. No es que apruebe cualquier modalidad de filósofos, pero sus vastas y confusas trayectorias me abruman. No doy la talla para esa clase de pensamiento ordenado en cuyo desarrollo no sabe uno si se acerca o se aleja del conocimiento. Huyo de quien me da como axioma comprobado y establecido lo que mañana puede quedar desvalorado por nuevas indagaciones y certeros descubrimientos. Descubrir es una dinámica, nunca un lugar y menos una idea, no digo ya una creencia. Y me pregunto, no obstante, que cuando alguien ofrece un cuerpo de interpretaciones que parece coherente y no exento de poderosos razonamientos si nos está hablando del hombre. Porque las realizaciones del hombre suelen ensalzarse o sobredimensionarse, mientras el individuo concreto queda a merced del vidrio de su propia pecera. Salvo que el hombre quede reducido a eso mismo, a lo que ha hecho tribalmente, a lo que se denomina Historia, a la construcción de formaciones sociales y sistemas productivos. Pero el hombre singular y único no existe. ¿Hablamos del mismo ser humano cuando citamos al del Paleolítico o al de nuestros días? Ahora mismo, en nuestro mundo, ¿hay un solo ser humano cuando los sistemas de vida son tan distantes? En fin, lo nuestro debe ser vivir como peces a gusto, mientras dure, se me dirá. Ese afinamiento temporal y limitado que nos haga creer que controlamos la situación, cuando en realidad apenas trazamos círculos nerviosos y repetitivos al colear. Mientras alguien no rompa la pecera...




(Fotografía de Hebert List)


  

viernes, 27 de mayo de 2016

Soy un significante en cuestión




Nos están acostumbrado a tantas necedades que acabaremos todos necios. Si escuchamos. A cada frasecita imbécil (no por decirla un listillo con cierto ingenio deja de ser imbécil)  propongo reírnos un buen rato y continuar como si nada. Coraza contra la falacia de las palabras. Ya sabemos que no existen los trabajadores, menos la clase obrera, tampoco la izquierda ni la derecha, por lo visto ya ni el Estado, los bienes públicos son tragados por la privatización y se nos sigue contando que son de todos,  todo ciudadano es un emprendedor, qué decir sobre la Política...¿eso qué es?, y cualquier día nos descubren que el pensamiento ya no es tal y que el individuo se diluye y se llama la diezmillonésima parte de gente. Por ejemplo. No me pregunten de ahora en adelante si creo o no en Dios, primero porque me pareció siempre una pregunta tramposa y para mí ya hace décadas que sobra. Segundo porque la gente da respuestas falsas. Ahora el tacticista de turno va y me dice que podemos responder que Dios es un significante en disputa. Con lo fácil que era responder que Dios era Amor, no te digo el Creador, no te cuento que nuestro Padre. Al menos los secuaces tradicionales de la religión ofrecían nombres mitológicos o con toque jungiano de fácil asimilación y que proporcionaban una cómoda dependencia, aunque no hubiera nada que entender. Porque lo inexistente no se entiende, aunque sí la propiedad de nombrarlo. Debe ser el problema de los significantes. Pues bien, visto lo visto no me llamen ni por mi nombre ni por mi heterónimo ni por mi condición humana ni social ni por el blog. Digan simplemente el tipo ese de la meseta significante en cuestión. Me hace sentir robot pero me libera de tantas responsabilidades. Como lo de Dios para muchos. Como lo de la Política para los necios. Pero aquí todo sigue igual.

Por supuesto, yo aquí no expreso ideas ni opinión ni tengo criterio alguno. Solamente soy una brizna de hierba que se deja agitar por el aire. O una mosca cojonera que salta, sin motivos naturalmente.


Para el que no esté al loro, y sin mayor animadversión:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/05/26/catalunya/1464295280_216489.html



miércoles, 25 de mayo de 2016

Aquellos estos árboles, 11





"Déjame huir y volver a tu tiempo.
Veámonos de nuevo donde siempre".


Aunque el poema de Gabriel Ferrater iba dirigido a una mujer  -se trata de un poema confesión- estos versos me parecen parte de un diálogo del Yo. Del dual Yo en el que nos agitamos. Esas paradas abstraídas del día que solemos tener, un reencuentro con alguien del pasado al que creímos extraviado para siempre, unas fotografías que no cesamos de contemplar  -de hablar con ellas-  o simplemente una disfunción corporal que dice estos son tus límites, propician la invocación. En este caso invocar supone también evocar. Un ejercicio a través del cual se intenta reconocer algo que quedó atrás con la intención de recuperar en su simple fugacidad mental. En la presunción de huir del presente se nos antoja una deleitosa práctica, algo que compensa la vorágine y el desajuste de nuestro seguir siendo cotidiano. No importa si el recuerdo zarandea vivencias gratas o desdichadas, pues todas nos condujeron a una mayor comprensión de nosotros mismos. Cierto que en lo agradable nos cebamos, porque nos hace querernos, y lo malogrado lo desechamos, simplemente porque nos hace sentir ridículos. Pero es curioso que tanto cuanto cundió como cuanto se frustró convergen en la carencia. Somos herederos de la posesión y también del despojo. Ese veámonos de nuevo donde siempre es, a ciertas edades, más humilde, y yo lo traduciría en un sencillo veámonos de nuevo: tu yo y tu otro yo, tu cuerpo aún respetado por la edad y tu cuerpo ya maltrecho en alguna de sus facetas. Por cierto, el poema de Ferrater se titula Tiempo atrás. Y aunque la expresión suene a hace décadas y tenga su valor preciso, ¿no es también tiempo atrás la tarde o  la noche anterior en que se agotó algo más de nosotros? 




(Fotografía de René Groebli)