La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







domingo, 5 de junio de 2016

Aquellos estos árboles, 13




"Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca".

Rosario Castellanos, Destino.



¿Porque no sabemos alimentar aquello que una vez el azar puso en el camino de nuestra necesidad? Matamos el amor carne, el amor afecto, el amor memoria, el amor convivencia, el amor amistad, el amor entrega, el amor conocimiento, el amor esfuerzo, el amor salud...Al hablar así uno parece un siniestro personaje teológico elevando y reduciendo todo al amor. ¿Matamos por apropiación, por cansancio, por suplantación, por abandono, por superación en definitiva? Obsesiva persecución de un ser nuevo que sustituya al anterior dentro de nosotros, al que considerábamos agotado. Insistente ejercicio en que dos Yo se atraen y se repelen, utilizando para ello cuantas personas y situaciones nos rodean y a través de las cuales buscamos una afirmación siempre inconclusa. Pero no, no todo es amor, ni siquiera muchas cosas que creemos, más que pensamos, como amor no son sino meras pinceladas de probarnos en nuestra condición. Damos vida solo a lo que odiamos, insiste la poeta mejicana. Otros poetas hablan de la muerte del amor como hablan de la muerte del dios o de la muerte de la civilización. Nada muere porque acaso nada se engendra conforme a nuestras íntimas apetencias personales. Aquella voz, aún la recuerdo, que escuché en cierta ocasión decir: ¿es que hubo alguna vez una creación del amor?, resuena como desnudez, se instala como negación. Nos ocupa como conciencia, esa gran herramienta en un continuo acontecer y hacerse. Salvamos lo que odiamos porque no soportamos el vacío. Amor y odio necesitan alimentarse mutuamente dentro de nosotros. Etcétera. ¡Basta! El hombre sensato que me circunda, que entra y sale de mí confuso o ilusionado, tira de esta piel neuronal. Pide que me deje de conceptos abstractos, convencionales, vagos. A los poetas, susurra, no hay que hacerles caso. Como no hiciste caso a todos los demás clérigos y brujos que desde el principio de los tiempos inventaron palabras y órdenes huecas donde apenas se reconocía al hombre.




(Fotografía de René Groebli)



11 comentarios:

  1. No comparto esa idea de matar lo que amamos, me parece demasiado destructiva. Si no puedes amarlo déjalo ir, que encuentre a quien sí lo pueda amar como se merece. Creo que el amor es generosidad ante todo.

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    1. Rosario Castellanos lo veía de otro modo, y hace pensar. Y ya sabes cómo son los poetas: sus juegos de palabras no deben tomarse como una guía de perfección precisamente. Pero nos hacen meditar.

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    2. Ando muy escasa de meditación últimamente.
      Y para encima la poesía es algo que tengo pendiente, sin duda he sido muy osada al opinar sobre lo que desconozco.
      Algún día sacaré tiempo para leer poesía y para meditar, eso espero. Un saludo.

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    3. La poesía es una expresión más, puede gustar o no, tampoco es oro todo lo que reluce. También es una expresión que cuesta, muy subjetiva tanto en lo que anhela expresar como en la forma que adquiere. En el caso de esa poeta mejicana habla con conocimiento de causa, a mí me gusta mucho, te paso un enlace donde viene una pequeña selección:

      http://amediavoz.com/castellanos.htm

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  2. "...aquello que una vez el azar puso en el camino..."
    No creo que haya casualidades, hay causalidades. Las casualidades son causas que buscamos, aunque no nos demos cuenta, y cuando tropezamos con ellas decimos que es una casualidad.
    Y si, matamos por apropiación, de tal manera que si vemos que lo vamos a perder preferimos dejarlo morir.
    Somos así, siempre hemos sido así. El hombre es un ser complejo y frágil. Miedoso y en parte aburrido.
    Tiene existencia, pero no la agradece. Tiene el don de vivir, pero se cree le pertenece. Vive de regalo y no se da cuenta.
    Sólo el tiempo pone todo en su lugar.
    Dejemos que pase.
    Salut

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    1. Casualidades y causalidades no son incompatibles, yo las veo de la mano prácticamente siempre. Es la visión humana las que las excluye o las acepta. De acuerdo en lo que dices en los modos de ser humanos, pienso que algunos nos sacan de quicio, pero son modos de ser y de actuar muy apasionantes. Además por mucho que discrepemos o le demos vueltas no puede ser de otro modo el humano. Y no obstante se ha refinado, según tiempo, circunstancias, posesión o carencia, y unas veces respeta sus propias reglas de juego y otras no. Pero el precio de nuestra vida individual es tener que tirar para adelante con los pros y contra de las manifestaciones humanas, bien de cada vecino o de la colectividad.

      Dejemos que acontezca.

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  3. Matar o dejar morir es lo mismo. Tengo la sensación de que a lo largo de nuestra existencia dejamos que se mueran muchas ilusiones, amistades, proyectos etc y nuestro interés comienza a nutrir nuevas expectativas.
    Matamos lo que tiene vida, lo que tiene vida puede mantenerse vivo, mutar o morir.
    No van desencaminadas las palabras de la poeta.
    Un saludo

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    1. Acaso es que no acertamos. Nadie tiene seguro nada para toda la vida. Pero solo es una sospecha o una deducción por lo que voy viendo. La evolución del individuo tiene una trayectoria desconocida. Importante no arriesgar la salud mental. Vivir es generar dudas, pero no por eso perecemos.

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  4. yo me he rendido ante la sabiduría, porque a medida que voy viviendo, mi mente consciente recopila un conocimiento y mi subconsciente trata de ubicarlo -casi sin éxito- en los recuerdos
    me he preguntado muchas veces, en mi ignorancia supina, ¿será que la estantería es pequeña? o cada momento que vivo, otro momento muero
    un abrazo

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    1. Los recuerdos pueden ser una fuente inagotable de conocimiento...si aplicamos un método. El de establecer un puente entre lo vivido en el pasado y nuestra capacidad de comprensión del presente. No hay magias, tampoco sabidurías elevadas. Solo reencuentro con uno mismo, sospecho.

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  5. http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=vozvia.php&wid=14&show=vozvid&p=Rosario%20Castellanos

    En ese enlace se puede escuchar cómo la poeta recita y seguir el texto escrito.

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