Acaso no es tanto cuestión de insensibilidad como de indiferencia. La clase alta nazi, o al menos un sector de ella, era hipersensible a la música. Pero indiferente al sufrimiento ajeno y, más en concreto, al infligido por sus propios dirigentes, a los que habían aupado y concedido su pláceme. Siempre me chocó este aspecto de la sensibilidad. Como si quedara en una percepción ideal en su mente, pero no existiera para considerar las conductas hacia los que no eran como ellos. Esa dualidad, o doble moral, si se quiere, había sido una constante eclesiástica en las Iglesias de la Reforma y de la Contrarreforma. En ese sentido el nazismo no inventó moral alguna. La llevó a un extremo universal, como probablemente antes lo hiciese el brazo jurídico policial de la Inquisición. Pero ni un poder ni otro hubieran prolongado y alcanzado cotas tan altas de atropello sin la aquiescencia social, sin la complicidad de la población. Inhibirse por parte de los poderes públicos de hoy día de los diferentes Estados ante la barbarie suele justificarse por razones geopolíticas, cuando no comerciales. Mas las sociedades dan el visto bueno al crimen con su silencio colectivo. Pensando: a nosotros no nos pasa lo que a esos otros. Por ejemplo. O bien: Si nos involucramos puede ser peor. Justificaciones sobran, pueden encontrarse las que se quiera. Nuestra impotencia es un castigo. Nuestro silencio una condena. Nuestra pasividad es colaborar con la indiferencia.
lunes, 7 de abril de 2025
Dirección única. Indiferentes
domingo, 6 de abril de 2025
Dirección única. Criminales
sábado, 5 de abril de 2025
Dirección única. Iniciaciones
Susurradas, silabeadas, pergeñadas, trazadas, trabadas, reunidas, escritas. Por cuántos matices han pasado las palabras a través de la vida. Al principio fue un combate amable entre la oralidad y la escritura. ¿En qué instante se fraguan las palabras de un niño? ¿Por repetición? ¿Por imitación? ¿Por el sonido y su eco? Y de pronto llega un libro sencillo de iniciación donde el náufrago va a asirse al islote. El primer texto escolar llevaba un título sugerente: Silabario moderno. Rudimentario en contenido y en imágenes. Descripciones con contenido moral, doctrinario, simplón. De la religión y su moral, de la patria y su apropiación, y de la historia y su manipulación. A pequeñas dosis, mas contundentes. Pero para el niño la verdadera atracción residía en las sílabas. Era el reino de las sílabas. El niño se lo sabía de pe a pa. Estas, ¿son sílabas o palabras? ¿Solo se las reconoce como expresión pero no se las concede entidad independiente? ¿Qué papel jugaba el índice desplazándose de izquierda a derecha en cada renglón? Uno se pregunta ahora si la primitiva conciencia no empezó a manifestarse sino con el silabario. Con-cien-cia. ¿Cuándo escuchó por primera vez el niño el extraño término conciencia? Tienes que ser consciente de lo que haces, frase pétrea de su padre. O la otra de hazlo con toda conciencia, más imperativa aún. Decir conciencia quería decir responsabilidad. Tienes que ser responsable. Continuación de las otras expresiones, a la que el niño afirmaba por rutina y acatamiento, no por convicción. Hasta ese primer momento de la palabra -conciencia, como palabra, fue anterior a la asunción racional de su contenido- había habido otra clase de conciencias digamos biológicas, subconscientes: mamar, aprender pautas corporales, ir distinguiendo los alimentos, expresarse con las canciones, iniciar el caminar erecto. Solo el silabario podía permitir un salto y descubrir las palabras. Al año siguiente otro libro más avanzado, Mis primeros pasos. Y más tarde otro, Mis segundos pasos. El niño no se inició en el verbo con las palabras sino con las sílabas. Primitivo él. Primitivo todo.
(Y a estas alturas de la vida tantas letras leídas y escritas -no sé hasta qué punto interpretadas o expresadas- para al final ser sepultado por ellas. Sic transit la vida de las palabras)
viernes, 4 de abril de 2025
Dirección única. (R) evoluciones
jueves, 3 de abril de 2025
Dirección única. Trasposiciones
"Me he puesto una sonrisa. Todo es bello".
J.M.Fonollosa, Fifth avenue, Ciudad del hombre: Nueva York.
Ríndete. Ríndeme. Un intercambio de imperativos que solo el placer perseguido dota de significado. No te rindas. No me rindas. Un trueque de propuestas al que solo el dolor obliga como forma de resistencia. Una vez escuché la experiencia padecida por un hombre que, entregado al amor de una mujer, no obstante su enajenación voluptuosa, sintió el latigazo de un cólico renal agudo. Él mismo lo relataba con esta expresión: fue in situ. En aquel instante, ante la sorpresa de la mujer que no lograba explicar el salto de abandono de él, su chillido espontáneo y desmesurado, el hombre se debatió en el desconcierto. Estaba perdiendo el placer mientras no aceptaba el dolor, si bien este se manifestaba con el rostro más cruel, enloqueciéndolo. En ese preciso instante, contaba el hombre, se imponía a su vez otro dolor: el de temer perderlo todo. El de recelar de perderla a ella. Ese in situ me hizo pensar cuando me trasladó estas revelaciones. Dónde sucedía. ¿Era solamente un espacio? Dónde se ubicaba el instante. ¿Era apenas tiempo? ¿Qué clase de vínculo se había roto en el interior del hombre para que un cuerpo potente hasta entonces se alejase veloz de su propio cuerpo? Pues el dolor no deja de ser un alejamiento aunque uno no se lo quite fácilmente de encima, e incluso pueda ser un fiel pero maldito compañero durante años. Pues, ¿puede uno reconocerse en el dolor?
In situ es una frontera. Fijada pero no fija. Una ubicación que muta, que es capaz de traspasar el mundo de las emociones gozosas para concluir en las conmociones más perturbadoras. En apenas un momento.
Aquel hombre del que escuché su vivencia severa lo contaba como divertimento. Habían pasado muchos años de su peripecia biológica. Pero no dejaba de trasladarme un cierto estremecimiento su anécdota, aunque él produjera reacción hilarante en la concurrencia que le escuchamos con atención.
*Relieve escultórico de Juan Haro.
martes, 1 de abril de 2025
Dirección única. Desaprender, desprender
"¿Es que la razón no alcanza a demostrar que lo que tan ardientemente deseas o lo que tan exultante alegría te produce si lo alcanzas no es un bien, y que lo que te oprime y abate hasta el punto de hacerte perder el juicio no es un mal?"
Cicerón, Conversaciones en Túsculo, Libro IV.
Aprender a desaprender. La vida, un aprendizaje permanente. Siempre estamos aprendiendo; es instintivo. Nos mueve la curiosidad fundamentalmente. También el control de nuestros pasos. Buscando o no objetivos materiales que nos aporten beneficio. No todo lo que aprendemos nos gusta, por ejemplo el dolor. Pero toda manifestación nos viene bien para saber del valor de la vida, incluso el dolor. ¿O sobre todo el dolor? No se trata de olvidar lo aprendido sino de saber desaprender de lo vacuo y poco o nada necesario que se había quedado dentro de nosotros: obturándonos, limitando la entrada de lo provechoso, frenando estados de ánimo saludables, ocupando con la escasa entidad de lo insignificante estancias que podrían ser aprovechables, alejándonos del equilibrio, retorciéndonos en la carencia de la armonía. Entonces es cuando desaprender pierde una vocal para transformarse en desprender. Con pronombre adjunto. Desprendernos del peor bagaje. De lo superfluo que, sin embargo, tiene un peso muy gravoso. De la ira, la presuntuosidad, la falta de respeto, la abulia, la soberbia, el desinterés, la ignorancia, la falsedad, el feísmo, la agresividad, etcétera, ¿Cuánto de nuestro corpus de ideas rectoras nos sobra, muchas de ellas ya viciadas desde el primer instante en que las aceptamos? ¿Cuánto de resistencia y negación de lo otro o de los otros no hay que tirar por la borda? Aprender, por lo tanto, a ser unos desprendidos. Que no desocupados.
* Obra de Javier Marín.
lunes, 31 de marzo de 2025
Dirección única. Necedades
Reconocerse como necio es un primer paso para alejarse de la necedad. No se trata de ser sabios, sino de ser cuerdos. Y hacer del don de la cordura un ejercicio permanente de razonamiento. Solo este nos afina en nuestra personalidad de seres convivientes. Pasarnos la vida creyendo que sabemos algo, que podemos tener opinión sobre todo o sobre parte, juzgando a la ligera conforme a nuestros prejuicios e ideas mal fundadas, es necedad supina. Reconocernos en la necedad, o en cualquiera de sus sinónimos o categorías, ya es un paso para curarnos un poco de la imprudencia. La sociedad en general y la política como expresión de esta en particular no son sino proyecciones del hombre que está en el fondo de la cueva y cree que lo que ve reflejado al fondo es lo que existe. Pueden ser algo diferente si tú eres algo, poco o bastante diferente. Aunque algunos te prefieran que sigas siendo necio porque se te manipula mejor.
*Fotografía del escritor japonés Ryûnosuke Akutagawa, autor de La vida de un necio.
sábado, 29 de marzo de 2025
Dirección única. Cromatismos o Rothko
"Recordó una pasión que había sentido siete u ocho años atrás. Y, al mismo tiempo, descubrió que siete u ocho años atrás no conocía los colores"
Ryûnosuke Akutagawa, La vida de un necio.
El cuadro naranja y amarillo de Rothko me reconcilia con colores que antes no sabía apreciar suficientemente. Acaso porque no supe sentir. Estaban ahí fuera, a mi vista, pero su alteración -los colores en los cuadros de pintura, en fotografías, en manipulaciones de mensajes publicitarios, los simbolismos de la apropiación política o de la desvirtuación religiosa- me apartaba de ellos. Ahora me interesa sobre todo sentir un color. No solo percibirlo a través de un intermediario visual. En este sentido Rothko, que sigue siendo un traductor del color exterior a la falsedad de una representación, despierta en mí un retorno a la observación natural. Como en la primigenia infancia, cuando aún uno no tenía los sentidos ni la mente adulterados por una explicación impuesta.
La sensorialidad activada desde un color me libra de las adjudicaciones que se han hecho en el arte y sobre todo en la vida cotidiana con sus simbolismos. Me lo he propuesto con firmeza. Libra a los colores de su utilización, me he dicho, y sitúalos en un medio natural. Sin más. Rescata el limón, la naranja, la fresa, la castaña, el membrillo, la berenjena o el cielo raso limpiamente azul. Un amanecer y un ocaso proporcionan más filosofía que las palabras. O la congestión del cielo por un nublado de tormenta. O el océano, que solo es color en cuanto masa. De hecho, ¿no suelen cualquiera de estos estados dejarnos mudos, pero cargados no solo de sensaciones sino además de sentimiento?
Cualquiera de los frutos o medios naturales se desplegarán a su vez en matices, tonos, mezclas. Porque los colores no siempre se reconocen con fronteras definidas a la perfección; son dinámicos. Crecen o disminuyen. Se alejan o se acercan. Un sucedáneo de un paisaje interior: el bodegón. Un bodegón siempre me impactó. Como sustituto o notario del color allí donde este no se ve en plenitud. Un bodegón está muy aproximado a los sentidos. Pero hay tanto de fotográfico en él que prefiero contemplarlo como ejercicio de comparación con el elemento color en su estado primigenio. Un bodegón no me tienta para quedarme en él, sino para buscar los objetos cromatizados por él. Frutas, verduras, jarras, viandas, mantel.
Lo interesante de un color, sin que quede fijado por un pintor o un fotógrafo, es su capacidad aleatoria. Mutante, deslizante, indefinible. Según. Dependiendo también de la luz en permanente alternancia o del ánimo cómplice de quien mira. Ahora me explico por qué prefería elegir un caramelo con los colores amarillo y naranja de Rothko. Aunque el caramelo fuera también un artificio.
viernes, 28 de marzo de 2025
No aceptar la claudicación. Mensaje del poeta Mahmud Darwix a los palestinos
miércoles, 26 de marzo de 2025
Un poema para Hernán
Me recuerdan que el lunes 24 se celebró en Argentina el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Fue con una manifestación masiva en Buenos Aires. Y es que en esa fecha se cumplían 49 años del último golpe militar en Argentina, que instaló la dictadura de una Junta presidida por Videla que causó tantos crímenes. Hernán Eugenio González Soria, estudiante de Medicina de 20 años en Tucumán, hijo del poeta Juan González, fue secuestrado y pasó a ser uno de los miles de desaparecidos. Sus restos aparecieron hace pocos años en el Pozo de Vargas, en Tucumán, y fueron identificados junto a los de más de 150 personas. En cierta ocasión escribí un poema en su recuerdo que quiero traer ahora aquí.
*Dibujo de Inés González.
martes, 25 de marzo de 2025
Dirección única. Imprevisiones
A veces pienso cuál será la última palabra que pronuncie. Puede ser un simple ¡ay! perplejo o una blasfemia como reacción espontánea a un accidente letal que me pare para siempre. Puede ser una invocación a la madre (mi madre invocó a la suya) ante una desesperada soledad. Puede quedar simplemente en una palabra interior, recóndita, que nadie oirá y que otros llamarían silencio (mi padre y su silencio consciente) Charles Foster Kane, ya en su estertor desamparado en Xanadú, solo acertó a decir mientras se le caía de la mano la bola de cristal: Rosebud. Difícil prever la última palabra tras una vida de tantas palabras. Tampoco se trata de tener preparado un término y menos un texto de despedida. Mejor esperar a la ocurrencia final. Que la última palabra sea ingeniosa. Que me sorprenda a mi mismo. Que me salve del hartazgo. Que alivie el instante postrero. Quién sabe. Acaso pronuncie una palabra sencilla y curativa. Cuna, por ejemplo.
*Fotograma del filme Ciudadano Kane.
lunes, 24 de marzo de 2025
Dirección única. De celuloides y Hackman
"Me formaron para ser actor, no para ser estrella. Me formaron para interpretar papeles, no para tratar con la fama, los agentes, los abogados y la prensa".
Si la cita es de Gene Hackman, como leo por ahí, me quito el sombrero. Hay actores que son más que otra cosa estrellas. El estrellato es industria y comercio, aunque cuente la interpretación y pueda ser determinante para el objetivo de ganancia de los productores. Y hay actores en que sobre todo domina la calidad de la interpretación, a pesar de la industria, el comercio y la publicidad. ¿Hay actores que son solo estrellas y hay estrellas que son intérpretes de verdad? La historia del cine lo dirá y luego el criterio de la crítica. Pero la crítica es siempre tan interesada, es decir motivada e inducida por el beneficio crematístico de las voces de sus amos...
Me conformo al ver una película con sentirla, que es muy instintivo y a su vez contiene tanta racionalidad como el argumento a comprender. Una manera de sortear también la ideología expresa o subyacente. Si mi culo no para de moverse en el asiento mientras veo un filme, mala señal. La capacidad sensorial, o la sensibilidad, si se prefiere, es ansí.
sábado, 22 de marzo de 2025
Dirección única. Ociosidades
He soñado que era Jep Gambardella. No por sus saraos romanos, aunque sí por las vistas del Anfiteatro Flavio desde su piso. No por el reconocimiento que le dedicaban, sino por sus soledades elegidas. No por los amores agotados, pero sí por sus paseos ociosos. No por su elegancia dandi, más bien por su pausado andar. No por sus tertulias, sino por sus huidas cínicas. No por el ruido de la tribu decadente, sino por el rumor de las fuentes en su recorrido a través de las calles de Roma.
Como Jep Gambardella me he visto en sueños dando la espalda a Marforio, que no cesaba su cháchara. Escuchando la versión de este sobre el transcurso de los días y las gentes.
viernes, 21 de marzo de 2025
Dirección única. Caídas
"Batido en tierra y mar arrostró muchos riesgos".
Virgilio, Eneida, Libro I.
¿Caído? ¿Tú caído? Di más bien, cuando se dé el caso, que habrás sido derribado. Ante una fuerza mayor ¿cómo resistir su ley física? Evita tu propia caída por muy caprichosamente que algo dentro de ti te incite a ello. Nadie necesitará saber nunca por qué llega tu caída. Te bastas a ti mismo, protagonista y testigo, para saber en qué ha consistido ser un mortal.
*Escultura del frontón del templo de Afaia en Egina, en la Gliptoteca de Múnich.
miércoles, 19 de marzo de 2025
Dirección única. Sangrías
Mahmud Darwix. Como la flor de almendro o allende.
Ha sido un despertar ingrato. Los sueños oscuros, demasiado acosadores, aún roían la entraña. Las noticias de la radio hablaban un día más de crímenes. Oh, no de uno. De trescientos, de cuatrocientos. En la misma zona del mundo y de la mano de los mismos criminales. Sin respetar edades ni inocencias. Sin piedad, sin clemencia, ¿sin humanidad? ¿O acaso humanidad también es esto o sobre todo esto? ¿Siempre fueron así estos ejecutores sin indulgencia de la vida ajena?
¿Cómo leer los episodios de la larga historia del pasado sin dejarse uno influir por la ominosa barbarie? Mi horror como receptor de noticias es una bagatela al lado del horror sufrido en carne por otras gentes. Lo mío es a distancia, hoy por hoy. Y la culpa la tiene la sensibilidad que, dentro de mí, habita un rincón también humano, de otra clase humana, que me preserva. Pugno cada día para que el horror no se troque en odio. Y mucho menos la clase de odio que nutre a los asesinos. Que llega a activar venganzas y alimentar Estados. Paradojas. Perseguidos de ayer son verdugos sin compasión de hoy. No sé si en sus preceptos y textos sacros, tan utilizados como excusa, está registrada una cita: vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada a espada perecerán. Se ve que les trae al fresco.
*Figuras del frontón del templo de Afaia en Egina, en la Gliptoteca de Múnich.
martes, 18 de marzo de 2025
Dirección única. Lasitud
John Donne, La prohibición.
Te cansaste de esperar. Me harté de esperar. Esperar no es un verbo dirigido solamente al sujeto. También al objeto. Qué debimos esperar. Qué nos esperaba después. Por qué aquella espera que se demoraba. Qué situación anhelada puede ser posible tras un letargo que no entiende de conjugaciones verbales y menos de declinaciones pusilánimes. Una espera implica casi siempre una nube imaginaria de realizaciones a las que se aspiran. Si los hechos no acontecen, ¿no constituye la espera una frustración? Si lo que se obtiene no es lo soñado, ¿no se siente un desvanecimiento? No voy a ser víctima de las expectativas, dijiste. Yo tampoco de las indecisiones, repliqué airado. Tu cuerpo cerró con el mío el discurso. Ninguno de los dos quedó encerrado dentro del otro.
*Fotografía de Jean-François Jonvelle
lunes, 17 de marzo de 2025
Propuestas para una paz para siempre
Propuesta de artículos preliminares:
1. No debe considerarse válido ningún tratado de paz que se haya firmado con alguna reserva secreta sobre alguna causa para una futura guerra.
2. Ningún Estado independiente podrá ser adquirido por otro mediante herencia, permuta, compra o donación, sin importar que sea grande o pequeño.
3. Los ejércitos permanentes deben desaparecer totalmente con el tiempo.
4. No debe emitirse deuda pública en relación con los asuntos de política exterior.
5. Ningún Estado debe inmiscuirse en la constitución y gobierno de otro de forma violenta.
6. Ningún Estado en guerra con otro debe permitirse actos de hostilidad que haga imposible la confianza mutua en una paz futura, como la introducción de asesinos o envenenadores, la violación de la capitulación, la inducción a la traición, etc.
Artículos definitivos:
1. La constitución política de todos los Estados debe ser republicana.
2. El derecho internacional debe basarse en una federación de Estados libres.
3. El derecho cosmopolita debe limitarse a las condiciones de una hospitalidad general.
No, todas estas propuestas no son de mi cosecha. He copiado y he pegado. Se podrían actualizar y matizar hoy día, pero ¿no es de una modernidad y vigencia este texto de 1795? Lo escribió un pensador ilustrado y sabio de Königsberg llamado Inmanuel Kant. Sobre la paz perpetua (Zum ewigen Frieden. Ein philosophischer Entwurf) es el título del opúsculo que se puede encontrar editado en Alianza editorial, por ejemplo. Adjunto la obra porque no deja de maravillarme. En estos tiempos que nos necesitamos más europeístas que nunca y clarificar ideas y modificar favorablemente y en sentido progresista las Constituciones aquellas propuestas de Kant pueden tenerse aún como un faro.
domingo, 16 de marzo de 2025
Desde la Piazza del Popolo Michele Serra convocó a Europa
Emocionante la concentración en la Piazza del Popolo de Roma. Admirables organizadores y admirable población que acudió a la llamada del escritor y periodista Michele Serra a favor de una autoafirmacion de Europa. O simplemente a manifestar orgullo por ser europeos, en medio del vapuleo de los autócratas de fuera y de dentro. El obelisco Flaminio, si bien egipcio aunque Augusto se lo llevara a Roma, adquiría un carácter universal y reivindicativo. Cierto que en la convocatoria había cierta ambigüedad pero también pluralidad. ¿Dónde no las hay? En la concentración se manifestaba un afán por reivindicar una Europa siempre en construcción que algunos quieren destruir. Ante la precipitación de los recientes acontecimientos internacionales Serra había declarado: "...Queremos Europa, los europeos están aquí y nos gustaría que hubiera más Europa también (...) Me doy cuenta de que después de la polémica sobre el rearme el tema está muy candente, pero estamos tratando de no dejar que el escenario quede aplastado sólo por la cuestión guerra-paz porque también está la cuestión de los derechos”. Una vez más los italianos, que siempre parecen sumergidos en contradicciones que superan antes o después, nos tomaron a otros la delantera. ¿Por qué en España no puede haber ahora iniciativas de esta clase?
El texto siguiente es de Michele Serra:
"Somos muchos. ¡Viva!
sábado, 15 de marzo de 2025
Dirección única. Contemplaciones
Dime qué contemplas, viejo hombre. ¿Lejanías o cercanías? ¿Alzas los ojos a las estrellas o a lo alto de los páramos? Tal vez mantienes la vista perdida o bien has parado la mirada exterior para observarte a ti mismo. Aparenta tu cuerpo descansar pero acaso se sitúa en una tensión exigida por el objetivo que persigues, sea cual sea. Dime si consideras tu tiempo o imaginas el pasado. Si tratas de explicarte tu entorno o si dudas sobre el futuro. Fácilmente yo no acierte al opinar sobre tu postura. En un sentido soy un hombre de un tiempo muy posterior al tuyo. Pero solo en un sentido. He visto a muchos hombres en esa adecuación del cuerpo. Se les ha colgado nomenclaturas de toda clase. Que si filósofos, que si orantes, que si alumnos, que si pedigüeños. Que si sumisos. ¿Eres tú uno de estos? Esa aparente abstracción que muestra tu semblante la seguimos repitiendo hoy día, seis mil años largos después de ti. O yo soy muy antiguo o tú muy moderno. Ambos debemos ser el mismo individuo, por mucha pátina de culturas que haya acicalado el mundo estos últimos milenios. Y tanto tú como yo nos encontramos desnudos. Expectantes, mendicantes, perplejos.
* Escultura del llamado pensador de Tobyl u hombre que mira al cielo. Cultura botai. Kazajistán. Cuarto milenio a.e.c.
jueves, 13 de marzo de 2025
Dirección única. Pasados peligrosos
Más o menos todos hemos jugado de niños a la guerra. Más activos o más pasivos, e incluyo a las niñas que no entendían el juego de la guerra que nos traíamos, tal vez porque en ocasiones éramos muy brutos, tal vez porque no era un rol otorgado a ellas, pero a veces se sumaban en el papel que propusieran o se les designase. Aquellos juegos de la guerra podían ser más suaves, porque los gestos de las manos con fusiles imaginarios y los sonidos de las balas emitidos por la boca eran la pauta, o más duros, pues siempre había alguno que tumbaba al otro con cierta violencia pretendiendo ser fiel traductor de lo que veía en las películas de eso, de guerra. ¿Qué nos quedó de aquellos juegos lejanos? A algunos el olvido. A bastantes el gusto por los filmes bélicos. A muy pocos cierta repugnancia por las armas.
Pero a lo que no hemos jugado nunca, porque no parece ser interpretativo y nada ocurrente, es al hambre o, mejor dicho, a la hambruna. El hambre no es un juego. ¿Cómo podría jugarse a estar hambriento? En las guerras hay una épica, pero ¿en las hambrunas? Pienso en ello mientras hojeo una cartilla de racionamiento heredada de mi familia. Recuerdo lo que me contaba mi padre sobre las carencias de los años cuarenta del siglo pasado, esa década mortal de después del triunfo fascista. La cartilla aún traspasó el 1950 y mi padre solía decir: fueron peores los años de posguerra. El hambre no es juego. Hoy sigue presente en muchas zonas del planeta. Fue un agente activo en casi todos los siglos de la historia europea. Stalin condenó a Ucrania a una hambruna en la década de 1930 con el precio de cuatro millones de muertos, por citar un caso extremo. Mucho antes, Irlanda padeció entre 1845 y 1849 la gran hambruna denominada de la patata, causante de un millón de fallecidos y otro millón al menos de emigrantes. Ya digo, ejemplo.
En la calle Stephen's Green de Dublín hay un monumento recordatorio de aquel episodio trágico. Realizado en bronce por el escultor Edward Delaney el Monumento a la hambruna reproduce cuatro figuras de gente famélica. Escuálidos, abatidos, tirados unos por el suelo, otros manteniéndose dudosamente en pie, uno ofreciendo una cuchara a la boca de otro, todo el conjunto resulta estremecedor. Cuerpos en las antípodas de Los burgueses de Calais de Rodin si bien unidos ambos por el sufrimiento y la angustia. Estilísticamente las esculturas de Delaney son de una especie de expresionismo abstracto, pero por eso mismo me parece que se prestan mejor a representar algo tan patético como el individuo humano dominado y destruido por el hambre.
Que cada cual dedique un punto de reflexión sobre un tema que ignoramos en esta época de exceso alimentario. Sin olvidar que las guerras pueden traer el jinete del hambre, mientras los otros jinetes sonríen bárbara y sardónicamente.
miércoles, 12 de marzo de 2025
Dirección única. Exposiciones
No hay más rostro que el interior. El exterior es una máscara. Una fisonomía a cuestas. Una sobrecubierta que sirve para identificaciones nominales. Para ser distinguidos en el rebaño. No vemos lo que hay dentro de nosotros mirándonos al espejo ni cara a cara con los otros. Por mucho que nos disfracemos no habrá verdad. La cara de circunstancias que ponemos ante lo externo es la identidad aparente. Sirve para ser admitidos en ese naufragio llamado convivencia. ¿Hasta qué punto nos representa el juego que nos traemos para cumplir con los objetivos de supervivencia? Mas en el silencio de cada uno no hay imagen sino el bullicio de los sentidos. Donde la palabra introduce el índice y el corazón para comprobar si sentir y emocionarnos nos dotan de esencia. Afuera todo está revuelto, inseguro, indefinible, incierto. Se nos empuja a reconocernos en lo otro y en los otros. Vacilantes sobrellevamos el día a día. Crédulos de un sentido ascendente de la historia que suele quebrar. El camino ascendente es una quimera. Confuso y peligroso es vivir en una quiebra continua. Peor ignorar que esta existe, cual falla sísmica del acontecer. Habitamos burbujas tenidas ingenuamente por fortalezas. Pero las balsas de aceite pueden trocar en llanos en llamas. Cada nuevo tiempo nos pone a prueba, incluso arriesgamos el derribo de la casa interior que creíamos a salvo. Entonces nos exigiremos levantar otra morada. Deberemos exponernos y convendrá no perder la orientación. Si llegamos a tiempo.
* Escultura de Otto Freundlich destruida por el nazismo acusada de arte degenerado.
lunes, 10 de marzo de 2025
Dirección única. Lamentaciones
"¿Y la verdad que hemos perdido en los campos de batalla?"
Ümit Yasar Oguzcan, Un mundo para dos.
Hay muchas citas latinas que aún usamos con frecuencia. Unas en nuestros coloquios cotidianos. Otras en los términos jurídicos o filosóficos. Estos tiempos revueltos, si es que alguna vez no lo fueron, están actualizando ambas sobremanera. Si vis pacem, para bellum es una de ellas. Siempre me llamó la atención porque no acababa de entenderla, y sospecho que sigo igual. ¿Cómo es eso de que si quiero paz tengo que prepararme para la guerra? ¿Va a ser verdad que son dos términos antitéticos y no me había enterado? Si sigo un discurso que responda al interrogante me pierdo en la nebulosa donde no distingo entre ficciones. Prepararme para la paz va a tener un precio, en mi condición de vida actual, en la repercusión económica, en la discordia política, incluso en la salud mental y lo que es ya más funesto, en mis principios morales. La otra expresión es aquella tan breve como acongojante: Vae victis! Traducido: Ay, de los vencidos. Ampliado sería: ay lo que les espera a los que no resulten vencedores en una guerra, el coste de la rendición, el balance de sangre y fuego, la destrucción y ocupación de su territorio tradicional, lo que perderán en todo o en parte de su sistema de vida posterior, los años venideros de dificultades que acaso no les permitan recuperarse.
No hay como la precisión concisa de nuestra lengua madre. Lo que entrañan siete palabras. Ambas expresiones latinas, antes excepcionales pueden convertirse en habituales ahora, dada la situación que parece avecinarse. Y van vinculadas. Se podrían pronunciar seguidas antes de echar la moneda al aire porque solo las separa una línea frágil que puede ser sobrepasada por decisión de alguno de los poderosos de la Tierra e incluso casi por azar. Y lo peor: ¿contará con el apoyo incondicional y cómplice de millones que presumen de ser ciudadanos, es decir hijos de la civilización?
Así que ante este si vis pacem...que nos proponen y para evitar un vae victis, ¿qué puedo hacer?
domingo, 9 de marzo de 2025
Dirección única. Fáunicas
viernes, 7 de marzo de 2025
Dirección única. Evanescencias
"He soñado tanto contigo que ya no es tiempo sin duda de despertar".
Robert Desnos, de A la misteriosa.
Arrecia el oleaje. El pecho, enervado por las acechanzas del reposo. La cabeza, caída a desigual postura. Brazos y piernas, flotantes. El cuerpo ha muerto para el día y se ha entregado al despropósito. Allí dentro, territorio incontrolable, transcurso sin horas, todo es posible. La recuperación y la pérdida. La palabra y el silencio. La rendición y el deseo. La agitación y el olvido. Una maraña de personajes que se entrecruzan con un orden que el soñador no controla. Los paisajes se superponen. Las actividades adoptan el vértigo de la conciencia despierta. Las fantasías se disfrazan de mundos reales. Los tiranos se dulcifican y el sumiso confraterniza con ellos. Los muertos desfilan como activos y simpáticos vivientes.
De pronto un miedo, uno cualquiera, porque las clases de miedo se embozan haciéndonos creer que los sujetamos, planta cara y el cuerpo se estremece. A medida que el miedo crece y aprisiona, el perímetro del soñador se encoge. Privado de pensamiento crecen las sensaciones. Y un ente mecánico activa los múltiples reflejos que producen entumecimiento. Las manos que agarrotan las sábanas, la pesadez del decúbito, la contracción retorcida de la postura fetal, el crujido de las mandíbulas apretadas, la baba deslizante, el sofoco de una respiración virulenta, los labios resecos, unos gemidos indescifrables que nacen de las vísceras.
Bruscamente todo parece detenerse y retornar a su armonía anterior. Pero nada será igual. La evanescencia de la noche nunca devuelve entero al Jonás devorado.
*Francisco de Goya. El sueño. National Gallery of Ireland. Dublin
jueves, 6 de marzo de 2025
Dirección única. Onírica
Juan González, del poemario El grito en el cielo.
Hay noches que entras en mis sueños -¿o sales de ellos?- y me perturbas. Tienes rostro, emites voz, ejercitas gestos, y aun así te desconozco. Y al despertar, me siento reclamado. Por quién, a través de dónde, en qué dirección mirar. Se han cerrado las horas de la oscuridad, pero sigo sin ver. Y las sensaciones que aún laten en mí proceden de ese ámbito que ha sido espacio nebuloso. Han transcurrido todos los tiempos, y permanezco varado en el bajío de uno de ellos. Tal vez existías antes del sueño y no te había admitido. Otra noche más has sido vengativa conmigo. Acaso por lo que no pudo acontecer sino en lo etéreo. Tú, némesis castigadora, me harás exclamar, pues, víctima de tu despecho: ¿dónde está tu victoria más allá de lo onírico?
*Pintura de William Blake
martes, 4 de marzo de 2025
Dirección única. Abluciones
El hombre abre los ojos. Hace un movimiento agitado para echar hacia atrás sus cabellos. Observa en su entorno. Agita las brasas para que la languideciente hoguera no colapse. Se estira mientras observa el sueño de los otros acompañantes. Gira la cabeza hacia el rincón donde permanecen, bien protegidas, las últimas reservas de despensa. Por inercia comprueba el pequeño ajuar doméstico y el arsenal de caza que tiene que revisar. Cuchillos que debe aguzar, buriles cuyos perfiles conviene inspeccionar con frecuencia, raederas de diminutos dientes afilados, puntas de flecha desmochadas que habrá que modificar, núcleos de pedernal que deben tallarse lentamente hasta lograr sus lascas, bifaces perfeccionados de tamaño adecuado. Comprueba que los huesos de animales están suficientemente secos como para labrarlos y hacer de ellos punzones, azagayas, arpones, percutores. No conoce la prisa pero no ignora que no debe caer en el desabastecimiento.
Avanza hacia la boca de la oquedad. Mira el amanecer, aún frío. Se despereza. Puede ser una distensión biológica como la de cualquier otro animal. Puede ser el paso a una celebración al sol, que se insinúa todas las mañanas desde el mismo punto. Su pensamiento entonces es simplemente la admiración. Con esta acompaña el agradecimiento. Espera mucho de aquel astro que es misterio para él, pero sobre todo supervivencia. Todo lo contrario a su gran enemigo, las tinieblas. Cada gesto hacia la bondad de la naturaleza lo considera una compensación por su parte. No sabe que es ya un ritual, pero la sinceridad arropa sus gestos que son compartidos por los demás miembros de la tribu.
Sale, tiene ya suficiente luz para caminar ladera abajo. Va vigilante, aguzando el oído, distinguiendo sonidos, rumores, crujidos. El rocío deja resbaladizo el suelo herboso, pero las callosidades de sus pies obran como sujeción. No patina, no cae, si quiebra un poco su cuerpo sabe enderezarse con energía. Es una bajada a saltos medidos, en ocasiones agarrando pequeños arbustos a los que sabrá también dar un uso.
Ha llegado al borde de una corriente de agua ante la que se detiene. Como hizo antes frente al sol dedica su tiempo a contemplar el flujo veloz, caudaloso. No solo mira. También se deja deslumbrar. Le parece tan acogedora aquella agua veloz como generosa. Mira con satisfacción y gozo los peces saltarines que no cesan. De pronto se arrodilla. Es una función anatómica para llegar con comodidad al correntío. Pero entre este y él hay una correspondencia. Habla con el río como antes lo hiciera con el sol. Con miradas, ademanes, voces guturales tenues. Como en otros momentos lo hará con animales o plantas o cualquier otro individuo de su especie que llegue a su lado y le dé y le permita dar.
El racheado paso de las aguas apenas le permite observarse con nitidez, pero sabe buscar un remanso, junto a la orilla. Allí se agacha, ve reflejada su imagen. Se sonríe y se perturba. Luego se moja la cabeza, la sumerge incluso. Bebe. Necesita sentir su ablución fuera y dentro de su cuerpo. Con el agua entra más naturaleza en la propia. Eso le parece. Empapa su torso. Se siente más vinculado a cuanto hay fuera de él. Hasta el aire ligero que seca su humedad lo recibe placenteramente. Participa de la vida, tan llena de intercambio. Su instinto es también, o sobre todo, conciencia. Ignora los conceptos y las palabras, pero no las sensaciones y lo que estas impulsan dentro de sí. Extrañas reacciones que le dejan alegre, con iniciativa, esperanzado. Sacude su cabeza. Hunde sus manos fibrosas y curtidas en el uliginoso cieno. Siente entonces pleno su despertar.
lunes, 3 de marzo de 2025
Dirección única. Extinciones
domingo, 2 de marzo de 2025
Dirección única. Suplantaciones
Tiempo de máscaras por ser las Carnestolendas. ¿Solo en este tiempo? ¿Y si los verdaderos rostros humanos son los que nos brindan las máscaras? Caras en las que se manifiestan lo que somos. Aquella es la ocultación. La de al lado el engaño. La de más allá el abandono. La otra el despecho. Aquella que asoma a medias la traición. Hay una que casi desaparece que se llama insolidaridad. La que se mueve un poco la desvergüenza. La encogida es la insidia. La que sonríe el cinismo, que suele mutar en hipocresía. La regordeta se trata de la ambición. La de atrás la venganza. Y una muy ostentosa es la crueldad. ¿Sigo?
No, la verdadera máscara no es lo que nos sobreponemos jocosa o asustadizamente. Es lo que exhibimos con tez, facciones, piel tersa o arrugada, miradas, gesticulación móvil, sonrisas o llantos. Lo que está debajo es lo que mueve los hilos. Instintos y máscaras se combinan en este juego de la cuna a la tumba.
Y en esto, se dirá, ¿es que no hay máscaras bondadosas ni felices ni entusiastas ni gozosas ni biempensantes ni...? ¿Y si las máscaras más atroces, por ignorar a todas las demás, son las de pesimista u optimista?
*Fotografía de Inés González.
sábado, 1 de marzo de 2025
¿Por qué se ha colado este tío por aquí?, se pregunta Bart
- Lo siento, Bart, es que este tío se cuela por todas partes.
- ¿Cómo los piojos por las costuras?
- Mira a ver lo que te responde el pobre Zelensky.


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