A través de mi fiel Eleutheros os hago llegar este mensaje. No me esperéis a la tertulia de la tarde. Tengo mal cuerpo. O bien la excesiva ingestión de vino, sin haber comido antes, o bien lo que ha cocinado Pelagia, cuya condimentación me resulta agria, o acaso por ambas razones, me siento pesado y con una tendencia bastante emética. Participad de vuestros entretenimientos amenos y debatid con libertad. Acaso descubráis que sin mi presencia os halláis más cómodos y menos censurados. Pues si bien soy hombre de palabras medidas y condescendientes también es verdad que mi edad avanzada y el talante severo que ofrezco algunos días no gusta a todos. No penséis que porque no soy proclive a extenderme en vuestras chanzas no participo del gusto por la ironía y el juego verbal. Prefiero dejar que las artes de la comunicación tengan aires juveniles y espontáneos, no obstante el riesgo de errar. Quien piense que por haber superado la juventud tiene más ordenados sus pensamientos y más controladas sus conductas peca de ingenuidad. Yo mismo me pregunto al levantarme cada mañana qué edad tengo, pues hay días que parezco un anciano desprovisto de esperanza y otros un adolescente dispuesto a aventurarme en lances. Solo cuando el cuerpo habla con voz autónoma, sea bajo un eco de dolor o desde la ensoñación del deseo, es cuando obtengo la respuesta.
(Fotografía de Lee Jeffries)

































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