Aspasia de Éfeso, que lo ha perdido todo menos su vida y su sabiduría, nos recita lo que ella llama fragmentos. Dice que la poesía es como el subsuelo: siempre en ebullición, siempre haciéndose. Lo que se escribe nunca se concluye. El texto que hoy parece cerrado mañana cae para sugerir uno nuevo. De modo tan sorprendente nos habla. No sabe nada de su amante tras la calamidad acontecida en la patria lejana y le invoca en lugar de llorar inútilmente:
Siento que tus pies se mueven
antes de que te pongas en marcha.
Dime: ¿vienes a por mí?
Nos asombra cómo relaciona sus sentimientos amorosos con la atracción por el universo que la sostiene:
Me reclama el vientre de la tierra.
¿Debo acudir a su llamada?
O bien este otro donde el vínculo es estrecho y enternecedor:
Si duermo y ella se despierta
yo me pongo solícita a su disposición.
Ella es la madre, el amante, el alimento, la voz.
¿Cómo podría demorar mi presencia con quien me acuna
y a su vez me muestra sin reservas su lenguaje travieso?
No dejamos de admirarnos por el ingenio literario de esta mujer experta, conocedora como nadie de las profundidades de la tierra y de los hombres. Aspasia, mujer frágil que responde al misterio extenso de la naturaleza con su peculiar entrega. Solo soy lo que la tierra quiere que sea, afirma convencida y rompedora.
(Fotografía de Ferdinando Scianna)




























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