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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 28 de noviembre de 2014

Aquella macla de Oteiza



¿Tendrán las piedras un haz y un envés como las plantas? ¿Permanecen al emerger bajo las mismas formas que tuvieran antes en las profundidades? Si cambian, ¿qué las altera? Si se desgastan ¿qué ha hecho mella en ellas? ¿Las rasga la luz del sol de manera análoga a como las coloreaban las corrientes de otros minerales en el útero de la tierra? Sus geometrías, ¿para qué arquitecturas están pensadas? Sus apariencias ¿qué secretos compactos preservan interiormente? Sus volúmenes, ¿qué visión del mundo pretenden sostener? Sus vetas, ¿qué lenguaje de petroglifos espontáneos despliegan? Su abstracción, ¿qué mundos inconcretos sugieren? Y cuando evocan, ¿no traen sino el aroma de la humedad y el cálido ovillo de lo que existe bajo nuestros pies?



(Gracias a Francesc Cornadó por recordarme la piedra que tengo cerca
http://francesccornado.blogspot.com.es/2014/11/el-solido-indeformable-y-el-cuerpo.html )




10 comentarios:

  1. Hoy te llamó el poema y ahí está para gozo de todos tus lectores. Poesía eres tú. Y sobre el alma viva de las piedras, siempre viene bien aquella reflexión de Miguel Ángel ante un bloque de mármol: la piedra encierra todas las formas y es el escultor quien debe descubrirlas y elegir la que prefiere. Feliz jornada, con lluvia en los cristales.

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    1. No sé, José Luis, cada día que pasa me transmite más calor la dureza de la piedra que la suavidad fingida de los seres humanos. ¿O será mi propia fragilidad la que me hace ver las cosas de esta manera? Agradezco tu estímulo mucho, ya lo sabes. Feliz sábado lluvioso por esta áspera Castilla profunda.

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  2. Amigo Fackel, cualquier macla, cualquier geología acaba conviertiéndose en árido, disgregándose, como un cuerpo enamorado. El tiempo es el abrasivo universal.
    Un fuerte abrazo.
    Francesc Cornadó

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    1. ¿Será que en el polvo que produce la disolución de los cuerpos pétreos estará la sustancia emocional que nos salva, más allá de los estragos del tiempo y de los hombres? Un abrazo, Francesc. Ah, y gracias por estimular con tu post este otro.

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  3. Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh..
    Que bonitooooo...
    Y van...y se me ponen de acuerdo...y sacan el mismo autor de la obra petrea...
    Y casi la misma foto...¿ se han ido a tomar café sin yo saberlo ?
    Ohhh Francesc....o Fackel....
    Hoy es el dia de las rebajas en América....aquí, por lo que parece, es la del cuerpo petreo enamorado....
    No me encuentro bien....llevadme al bar.
    Salut

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    1. Nada de ponernos de acuerdo, Francesc lo sacó primero, yo no tenía previsto el mío. Simple asociación de ideas y ganas de vindicar la escultura que tenemos en mi ciudad y que casi todo el mundo la ignora. Pero ella y el alma de Oteiza permanecen, no lo dudes. Si me esperas al mediodía unos Rueda afrutados o unos Viña Esmeralda serán un buen acicate para el gusto y el apetito, jaj.

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  4. Cuántas preguntas y qué bien formuladas, con voz de poeta...
    Me siento chiquita y sólo puedo leer.
    Saludos.

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    1. ¿Chiquita tú? No me lo creo. Yo soy un gnomo, la grandeza es la escultura, por ejemplo. Agradezco no obstante que leas y que no te calles cuando discrepes, por supuesto, Mirella.

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  5. Una piedra, sin pulir ni atributos asignados por la mano escultora, tiene el poder y la energía de los mundos materiales. Tocarla, observarla y sentirla, me transforma por un instante en la propia piedra. Lo dice una que siempre las recoge allá donde va por primera vez.

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    1. Cierto, me pasa. Tengo tantas piedras por todas partes que te sorprenderías hasta dónde llegan. Las últimas que me traje del páramo de los Torozos contenían tantas oquedades que las hormigas estuvieron habitando dentro de ellas y paseando por mi casa hasta que o bien el precio del desarraigo o la carencia alimentaria acabó con ellas.

      Pero ojo, que modificar una piedra, eso que llaman pulirla y tallarla, o esculpir a mayores mantiene calor y genera valor añadido (no me refiero al económico, sino al esfuerzo y la imaginación humanas)

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