Me estoy dando cuenta de que los espectáculos me interesan cada vez menos. Ya viene de atrás, pero me sigo apartando de ellos, o no siento necesidad de ellos, y sé que llegará un momento en que viviré en ese mínimo del yo y mi circunstancia. Sobre mi yo tendré dudas, obviamente, pero al ser tangible y llevarlo encima, estar en él, ser él, -siempre habrá un yo que tenga apetitos, curiosidad y dolores- lo aceptaré ineludiblemente. Es mi Yo, me diré; me dará más o menos satisfacciones, pero también me aporta la condición sin la cual no (no es posible nada) Sobre mi circunstancia es difícil prever. Será singular o plural, pero esa sensación de que se irá reduciendo no me la quita nadie. Al menos la circunstancia aparente, la que te ven otros. Porque tú puedes vivir tus propias circunstancias elegidas, por ejemplo, a través de la lectura. Los espectáculos, como expresión de una participación en las magnas circunstancias no me interesan apenas. No solo para participar directamente, puesto que para dar alimento, goce y abrigo al Yo no necesito participar de los mismos. Es que tampoco me atrapa hacerlo de manera virtual: eso de poner el televisor para ver fútbol o programas de diversa caracterización melodramática, y entregarles a los mercaderes mediáticos mi tiempo, mi pensamiento, mis sentidos. Ni siquiera me atrae formar parte de la recepción de noticias, factor sobre el cual mi interés se encuentra bajo mínimos. Ya sé que hay otro concepto que se llama acontecimiento, devenir que llaman otros. Un concepto asaltado por las bandas de los promotores de espectáculos, pero a los que difícilmente estos pueden reducir. ¿Pueden acomodar a sus criterios el hambre en Somalia, la violencia contra la mujer, la falta de respeto a los derechos humanos en multitud de Estados, la destrucción de empleo por el feroz proceso de reconversión productivista que se lleva a cabo, por poner unos pocos ejemplos más o menos sonados? Pueden, naturalmente; las falsas conciencias viven en el autoengaño y en la catequesis generalizada de la mentira. Pero, los acontecimientos son los que son, como son y por lo que son, por mucho que los porqueros purpurados o el mismísimo Agamenón digan lo que les plazca. Por mi parte, llevo estos días leyendo y gozando a Valle Inclán y bebiendo, a ratos, cerveza rica. ¿Es mi espectáculo o mi acontecimiento?
(El dibujo es obra de Erika Kuhn, http://obraerikakuhn.blogspot.com/ )
























