La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







jueves, 11 de agosto de 2011

once de agosto


Dice por alguna parte Borges que la memoria y el olvido son igualmente inventivos. ¿Significa eso que todo lo que podemos conocer del pasado es invención? ¿Qué nunca podremos saber con meridiana claridad lo que fue, ni por qué ni de qué manera? Pero el olvido…si solamente, y ya es mucho, es olvido, ¿por qué se inventa también? ¿Eso quiere decir que el olvido no existe objetivamente? Y si se inventa, ¿es para combatir la posibilidad de que la memoria se reactive en estado bruto y nos descubra lo que no es engaño? Hay cierto conocimiento sobre la materialidad de las cosas del pasado, pero también tenemos la dificultad de conocer cómo se hilaron los pespuntes. Memoria y olvido se tantean permanentemente. Ese pulso continuo nos lleva a interrogarnos, no sé si sabia o neciamente. ¿Vivimos acaso de ficciones heredadas? Por supuesto, los acueductos antiguos existen, ruinosos o enteros, y los muertos deben estar por alguna parte, disueltos en las entrañas de la tierra o en esqueletos sumergidos, según las épocas y los agentes ambientales. Pero más allá de sus huellas, ¿qué tenemos? Llevo todo el día dándole vueltas al tema y no atravieso la pared invisible.




8 comentarios:

  1. He comprobado esto de forma personal en terceras personas.
    En cuanto a la mía, ya sabes que soy anotadora de emociones, que no necesariamente de acciones. Me da la sensación que las formas solo son formas y a ese mundo corresponden. Los olvidos... me lo estoy inventando sobre la marcha.... bien podrian ser como la materia oscura que aparecen entre las emociones, la memoria.... uff.... no se.... ¿quizas restos de formas, salvadas del agujero negro, en estado de deformación?
    Lo cierto es que cada cual ha de atravesar sus propias fronteras para tomar nota de la propia impotencia. Resultará un estupendo ejercicio para los neurotransmisores, seguramente; siempre y cuando uno no se hunda en la depresión de la supuesta toma de conciencia de la propia impotencia.
    Huy, no se si me he explicado, bueno al menos lo he intentado y de un tirón. Beso.

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  2. con Borges has topado, sin salida, y por eso lo leería y reelería eternamente.

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  3. Anotar emociones, Emejota, es más difícil y hondo que las puras acciones. Explican más de la vida y de los seres. Y comparto eso de que cada cual tiene que atravesar sus propias fronteras para tener conciencia de sus impotencias; muy de acuerdo.

    Gracias por expresar todas tus sugerencias, algo sobre lo que no me considero digno de esquivar ni de replicar.

    Buen viernes.

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  4. J.G. Y qué ddesconocido seguimos teniendo al gran Borges. Con que sólo nos centráramos en la lectura de su obra ya habríamos recorrido gran parte de la literatura, y acaso filosofía, del mundo.

    Gracias por pasarte, un abrazo.

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  5. Memoria y olvido constituyen el mismo hilo conductor, a partir de ahí entras en múltiples laberintos.

    Abrazos

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  6. Pues es verdad, Ataúlfa, o bien están constituídos por el mismo hilo conductor. Pero ese hilo, ¿sirve para algo dentro del laberinto?

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  7. Es cierto que el recuerdo, las partes de él que nos faltan, sin darnos cuenta las inventamos a nuestro antojo. Así, como quien gira la rueda del volumen, podemos girar y dar volumen a nuestra memoria. Podemos girarlo en sentido contrario y silenciarlo todo hasta el olvido.
    Aunque el silencio no es olvido, claro que no.

    Yo diría querido FAckel, que olvidamos para dejar espacio libre en nuestro pensamiento y seguir inventando nuestra memoria. Así me gusta a mí mirar hacia atrás, quitando y poniendo como en un tablero. Un hermoso tablero de hierba, de perfume a fruta, de tierra que he ido pisando hasta subir arriba de una montanha.

    Un beso

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  8. Bienvenida Inuk. Lo que planteas va por buen camino. Precisamente es lo que han hecho los historiadores del pasado cuando han escrito sus crónicas, que las inventaban en parte o resaltaban para satisfación de los príncipes.

    Me gusta el símil de la rueda del volumen y, en efecto, silenciar no es olvidar, pero...a base de silenciar durante mucho tiempo y teniendo en cuenta que las generaciones toman el relevo unas de otras, se acaba cayendo en el olvido. No es lo mismo conceptualmente, pero son fases del proceso.

    Respecto a tu afirmación de que olvidamos para dejar espacio...los neurólogos e invesigadores de la biología del cerebro dicen que la capacidad de éste aún está poco ocupada. No creo que el olvido sea sólamente una cuestión de mecánica espacial. Mi experiencia es que cada vez recupero más memoria de mi pasado, que busco claves e interpretaciones, que unas veces proyectamos lo que no hasido para completarnos una visión de nuestro relato personal y otras nos limitamos a lo justito. En este sentido procuro ser legal conmigo mismo y distinguir siempre loque recuerdo como fue y lo que proyecto porque me gustaría que hubiera sido. Todos esos elementos sensoriales que señalas en tu párrafo final...los valoro positivamente, aún existen muchas huellas y señales actualmente en zonas en las que he vivido que me hace recordar de manera refleja. El valor de los sentidos es tan espectacular como el de las ideas y el pensamiento.

    Un placer tu comentario.

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