.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 8 de agosto de 2011

ocho de agosto


Esa búsqueda del Edén. Ese fantasear con una naturaleza dócil al servicio humano. Esa viejísima obsesión con obtener un mundo feliz. Y la narración que, desde la transmisión oral más perdida en el tiempo, se manifiesta dual como sublimación y como conjuro. ¿Será que lo maravilloso es precisamente el relato? La capacidad para llegar en apoyo de los afligidos, en estímulo de los esforzados, en consuelo de los vencidos. Pregunta tonta: ¿en qué momento se produciría esa descripción paradisíaca que fue elaborándose y refinándose hasta adquirir categoría de mito? Pero qué importa. Es como preguntarse en qué momento el estómago humano empezó a adaptarse a unas plantas o a unas proteínas animales. La necesidad es la respuesta. El encarnizamiento, la dureza, la dificultad, el dolor, el padecimiento, la rendición impotente. ¿Cuántas manifestaciones humanas no exigían una elevación sobre sí mismas? El mito de un cielo donde la naturaleza se entendiera entre sí, donde el hombre conviviera con la naturaleza, donde la naturaleza vegetal, animal, tectónica o climática cediera para hacer el soporte del hombre lo más llano y pacífico posible, tiene su trampa. Hoy reviste el ropaje de la presuntuosidad humana. Del antropocentrismo más desafiante y cruel. Un poeta como Adonis lo sabe también. Mas un poeta puede ascender por las palabras y dejarse derribar por ellas. Ser humano. Inventar textos que respalden aspiraciones. Todavía el hombre sigue motivado con la idea del paraíso. ¿Cómo espera su plasmación? ¿Cómo una superación, una aspiración permanente, una construcción material, un futuro? El hombre vincula el mito con el tiempo. Tiene necesidad de creer que un día llegará. Por eso el poeta escribe, clama y alienta. Plagado de incertidumbre, desfigurando las palabras, convertido en profeta del desierto al que pocos hacen caso ya. O tal vez sí, y entonces la poesía se convertiría en arma de destrucción masiva. Hay muchos casos de energúmenos que fueron poetas, y ese ejemplo hace temer. Y la pervivencia del mito equívoco del Edén, que no queremos desactivar.

6 comentarios:

  1. A mi modo de ver realismo en estado puro, por tanto triste y doloroso. Pero..... alguien dijo que la tristeza y el dolor fueran malos... o buenos.... son la contrapartida necesaria de la alegría y el placer. Claro, estas cositas casi siempre se descubren conforme nuestra vida va avanzando... sobradamente. Es lo que hay, ni bueno ni malo, por tanto.... adaptación al canto y el dispositivo de supervivencia, con el que nos dota la vida como su mejor recurso, en marcha.
    Al leer la palabra Eden, sin pretenderlo me ha venido a la cabeza un pareado muy facilón, pero relacionado con el juego de contradicciones del que emerger la propia vida. "Eden siempre de va y ven, o vaivén". Beso.

    ResponderEliminar
  2. ¿O en busca del tiempo perdido, Emejota? Pero no sé si se trataba de eso la idea que consideraba en los versos de Adonis. El reclamo del Paraíso en la historia y en la individualidad.

    ResponderEliminar
  3. ¿Y si estamos en el momento de engendrar nuevos mitos? Ya sabes que el terror a la muerte es tan desmesurado en el ser humano, que tras el nihilismo habrá que creer en algo: ¿qué fórmulas nos propondrán?

    ResponderEliminar
  4. Los mitos no son invenciones directas de los poderes. Estos, como mucho, ofrecen modelos y productos. Los mitos son más bien sedimentaciones históricas dotadas de significados simbólicos. Están en crisis desde hace mucho tiempo. Pero claro, podrían engendrarse de nuevo, aunque soy escéptico al respecto. Los mitos, no obstante, no surgieron sólo en función de la muerte, sino de todo lo que naturaleza humana y social brindaba. Los mitos encarnaban y reproducían las luchas de los humanos con la naturaleza interior y exterior. Hay un libro interesante al respecto, si no recuerdo mal se titulaba EL PODER DEL MITO, y es la entrevista que para un programa televisivo realizaron al historiador de mitos Joseph Campdbell. A mi me gustó mucho y se trata de un mundo que hay que saber intepretar, porque es seductor y a la vez resbaladizo, pero creo que para nuestro acervo personal viene bien.

    ResponderEliminar
  5. Tengo prácticamente todas las obras de Joseph Campbell desde los aquellos años noventa. Me las bebí, ahora ya no podría citarlas como antes, pero el poso ahí está y los libros para buscar algo cuando resulte necesario, también. Me alegra saber que alguien por estos lares comparte gustos y aficiones.
    Ah y el nuevo vídeo tiene una melodía preciosa, en cuanto a la letra, gracias a la traducción, puedo decirte que es absolutamente sensible, pero la sonoridad del cantante vascuence no me acaba de convencer, (será que no estoy acostumbrada a escucharlo cantado) casi que prefiero escuchar cómo la tararea.

    ResponderEliminar
  6. Campbell era un erudito y sus obras siguen siendo fuente de consulta favorita para mí, va por rachas. Conozco un caso directo en que a un amigo querido que iba para sacerdote le regalé el citado "El pode del mito". Le influyó tanto que le ayudó a revisar su carrera y abandonó la trayectoria. La última vez que supe de él vivía con una mujer por tierras de antiguos infieles, jaj.


    Ciertamente, la voz de Mikel Laboa es peculiar, muy sensible, es letra y música, es cielo y tierra, es profundidad magmática y agua. No es fácil, pero acaba envolviéndote.

    ResponderEliminar