martes, 29 de junio de 2021
Los beodos y el sabio
sábado, 26 de junio de 2021
Dos titulares, dos mundos, dos visiones
El macrobrote por un viaje de fin de estudios a Mallorca mantiene a miles de jóvenes en cuarentena en todo el país
Las sensaciones acerca de un caso y otro lo dejo al capricho de cada cual. La elección de los exabruptos también.
Heráclito de Éfeso: "Al necio deja estupefacto cualquier razonamiento".
miércoles, 23 de junio de 2021
Carta del anciano duumviro Apolonio Flaco a su amigo Claudio Festo a propósito de los poetas
Días inciertos los que nos tocan vivir, Claudio. Este estío seco y parco en novedades amenaza con arrastrarnos a todos a la abulia total. ¿O serán pensamientos funestos propios de mi edad?
Mi sobrino Valerio ha partido de viaje para honrar al poeta en su tumba. No volverá hasta dentro de unos días. Van a hacer entre varios orates de las letras como él una suerte de justas poéticas. La excusa es homenajear al poeta Publio, pero lo que pretenden es exhibir sus propias habilidades y festejar las virtudes y la benevolencia que proporciona la vida. Recurriendo además, supongo, a los placeres que el lugar y el instante les conceda. Esa confidencia me hizo antes de partir. Se mostraba agitado y no ha levantado cabeza del pupitre durante el último mes. Ha preparado un hatillo frágil en ropa pero abundante en escritos.
Todo su empeño es aprenderse las obras de los grandes y recitarlas allí donde le llamen. Hacer sitio en la memoria para las grandes escrituras es un modo de aprender para guiarte en esto del vivir, remata cuando le hago alguna observación. Me tiene mareado con sus citas. Tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a otros pueblos. Estas serán tus artes. Y a la paz ponerle normas, perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios. Al final yo mismo declamo por inercia versos de la gran gesta que nos transmitió el poeta Publio. Pues ¿a dónde no es capaz de llegar un cantor de las proezas de aquellos hombres legendarios que inauguraron la patria? ¿Cómo negar el valor de sus rimas? ¿Quién puede permanecer ajeno al relato de una epopeya fundacional? ¿O acaso se puede restar importancia a su tratado poético sobre el cultivo de la tierra y el cuidado del ganado, tan fundamentales para una sociedad que se precie de estar a la altura de las conquistas de sus próceres? Y así podríamos decir de otras obras del mismo vate a las cuales me es imposible llegar, porque mi vista cada vez se reduce más y el cansancio merma mis tiempos de lectura.
De ahí que me entusiasme el afán de mi joven sobrino. Aunque a veces le reprendo. Valerio, le digo, todo no consiste en empaparte de las palabras ajenas, por muy edificantes y precisas que te parezcan. ¿O crees que el poeta de tu obsesión, al que adoras como si lo hubieras tenido de maestro, habría escrito lo que escribió de no haber viajado, enriqueciendo su mente con aventuras y experiencias? Un hombre puede pasar a la historia por un solo libro. Pero ese libro no habría tenido acogida en el mundo si no hablara de la historia de los hombres. Un autor vale en cuanto hace de intermediario entre mundos desconocidos y el que habitamos. Un texto nos cautivará si quien lo escribe es cautivador. ¿O creías que la seducción es un arte que remite solo al enamoramiento? No hay arte si no hay fortaleza íntima en un hombre, porque en ella se ejercitan las capacidades y se fraguan las obras que merecen la pena.
A veces le avasallo en exceso con esta clase de razonamientos paternales. Valerio entonces calla y con frecuencia disimula, como si los consejos ajenos, y él joven al fin y al cabo, fuesen un arma arrojadiza que hay que esquivar. Me parece, pues, formidable que Valerio se haya reunido con sus compinches de otras urbes, huyendo del clima tórrido que tenemos en la finca y, en general, en toda Pompeya. Mientras tanto trataré de no consumirme aquí de aburrimiento. A su vuelta desperezaré y recuperaré mi curiosidad, pues un anciano puede hallarse agotado pero siempre queda dentro un rescoldo de curiosidad. La curiosidad es el acicate del conocimiento. Y el saber gratifica con el goce más exquisito. Valerio es un gran estímulo para mí y anhelo su retorno. Pero si decidiera emprender periplos hacia nuevos mundos no me disgustaré. Pues sabré entonces que mis recomendaciones no habrán caído en saco roto. Fraterno Claudio, otro día te escribiré más. El día pesa y un misterioso silencio se va apoderando del entorno.
lunes, 21 de junio de 2021
Un verano más, un verano menos
Hoy el solsticio está aquí, seguiremos aproximándonos al sol para ir poco a poco otra vez alejándonos. Nada se para en el Universo. ¿Y mientras? Sucesión de veranos, relevo imparable de estaciones, caducidad de los propios años que vamos cumpliendo. Todo tiene hoy otra perspectiva, o bien su dosis de resignación, pero creo que aquellas tensiones y pulsiones que nos agitaban y nos daban vida no se han vuelto a repetir. Si acaso en algunos períodos juveniles más avanzados en que sin madurar del todo pretendíamos comernos el mundo. Como mucho construimos uno de ficción. Y valió. Llega hoy un verano más que también será un verano menos. Dualidad de la existencia. Mirémoslo con cierta añoranza y a la vez con humilde compasión. Por lo que nos va tocando.
sábado, 19 de junio de 2021
Leer a pequeñas dosis. Hoy llegando a Wallace Stevens
miércoles, 16 de junio de 2021
Pensando en mi abuela desde el Shinkansen
Me lo contó mi madre, a la que antes se lo había contado la suya. Mi abuela no había sido ninguna viciosa, ni aprovechada, ni intrusa. Al menos ella lo tenía claro. Si la tildaban de algo que iba contra las normas sociales mi abuela no se inmutaba. Aquel episodio de amor en los márgenes que mantenía con su amo, mi abuelo, había sido rompedor. Un amo al que había convertido en esclavo, nada menos. Extraña circunstancia. Increíble capacidad para humanizar a un hombre -¿no suena esto a paradójico?- cuya humanidad, hasta conocer a mi abuela, la sirvienta, había sido la dureza en los tratos comerciales, la sumisión a los funcionarios del Emperador, el apoyo a los ejércitos en sus aventuras, la apariencia en mantener la familia como símbolo de un poder que recubría y justificaba los otros poderes. Los que luego quebraron, qué ironía. Servir al amo era para mi abuela su trabajo. Mi madre me contaba que mi abuela había domesticado al salvaje. No estoy tan seguro. Si no lo logró del todo al menos lo llevó a un territorio muy específico en el que él era el sirviente.
Pensar en ello, por intermediarios, ahora me divierte. Y es uno de mis pensamientos escogidos mientras me desplazo de punta a punta en la Tokaido Shinkansen. Una manera de compaginar la velocidad de los días que me tocan vivir con el tiempo pretérito. El que yo reconstruyo imaginativamente. Aunque sé que mi existencia, concatenada a otra anterior, se la debo al día en que mi abuela expulsó de sus favores al amo para siempre.
Quien desee saber de qué va la historia, recurra a Chitón.
https://ehchiton.blogspot.com/2021/06/el-amo-esclavo-de-la-sirvienta.html
(Fotografía de Yuma Yamashita, tomada de Cultura inquieta)
lunes, 14 de junio de 2021
Fabulosa Eivør Pálsdóttir
viernes, 11 de junio de 2021
Arístides el fabulador
martes, 8 de junio de 2021
Los últimos ideales
De los ideales de viejos tiempos algo me queda. El último paquete de tabaco que fumó mi padre y que decidió abandonar, ya octogenario, no sé si por prescripción médica, por voluntad propia tras haber visto las orejas al lobo o porque ya no le sacaba gustillo a la elaboración. Sospecho que por esto último. Pues si algo acompaña a la ancianidad es el cansancio y el hastío. Y ya no cabe probar cosas nuevas de ninguna clase. Las mermadas fuerzas físicas solo invitan a resistir anodinamente.
Ignoro cuánto habría de tabaco y cuánto de viruta en las elaboraciones nacionales de aquella época. El paquete azul -denominado también caldo- era supuestamente de más calidad que otro con el mismo nombre pero con el papel amarillo en los cigarros. Se les llamaba cigarros porque, aunque se podían fumar tal cual, tenían su grosor y se abrían y se liaban de nuevo. De uno podían salir dos y conocí a un vecino droguero que sacaba tres y agotaba hasta que sus dedos no podían sujetarlos. No sé si para que cundiera más el fumeque o por tacañería.
Mi padre no fumaba ni continua ni compulsivamente. Tal vez por eso nunca padeció mal alguno de los que sentencia el tabaco. Extraía del chaleco su librito de Abadie, formaba un cigarrillo menos grueso que el original, pegaba con la lengua el borde del nuevo papel con una perfección asombrosa que yo jamás aprendí y lo encendía con el chisquero. Curiosamente él abandonó sus Ideales y yo persistí ingenuamente en otro tipo de ideales cuya toxicidad solo alcancé a percibir a medias. La palabra ideal, tan confusa como traidora, es una especie de despliegue en abanico que va generando una evolución que acaba siendo involutiva. Parte de un mínimo concepto de idea, se refugia en el pensamiento por lo tanto, mezclándose con otras ideas fijas, a veces meras ocurrencias, se metamorfosea en arquetipo o modelo y, he ahí el peligro, se sublima con la categoría de un corpus a imitar, a reproducir y en el que persistir obcecadamente con el supuesto objetivo de salvar el mundo, al menos el cercano, o bien preservarlo fanáticamente, aunque los hechos vayan por otro camino.
La gente se refugiaba en mi tiempo de infancia y juventud en sus ideales. No se decía este tiene ideas, yo tengo mis ideas. No estaba bien visto pensar, menos argumentar, y era un osado quien lo intentase. No estaba permitido expresar los propios criterios. Los ideales, para quien los tuviese, eran como dogma. Se aferraban a ellos, incluso desde varias generaciones anteriores. Cuando nos fuimos dando cuenta que lo importante era tener ideas para pensar y no ideales en los que creer empezamos a cambiar, si bien nunca lo hacías del todo. Si he guardado los Ideales tabaqueros es por tener un vínculo material con mi padre. Encontrar de vez en cuando el paquete en un cajón e imaginarme al progenitor en su trance de fumar es todo uno.
Ahora que lo pienso, ¿no tenía también trampa, como todo, aquella denominación de los cigarrillos? Recuerdo que había un café nombrado El ideal nacional y algún periódico encabezado como El ideal. Incluso la utilización pija de lo ideal para definir un objeto, un lugar o una situación fue cundiendo en la década rompedora de los 60. Si me hubiera hecho entonces mod en lugar de mantener aún ciertos ideales mi suerte probablemente hubiera sido otra. Pero algunos empezamos a creer en otro concepto no menos ladino, el de Utopía. Tener lo inalcanzable nada menos. Nada era utópico, no se engañe nadie. Las utopías -nuevo y más moderno formato de ideales- las tratamos de imaginar a base de otro ejercicio y término que se acuñaba: idealismo. Ya ves. De la misma matriz.
viernes, 4 de junio de 2021
Un apunte sensitivo sobre aquel cuento de Tokio
martes, 1 de junio de 2021
Un recuerdo fugaz del que se va y el que se queda
La tarde se había instalado en el crepúsculo. La marea creciente empujaba al silencio a los escasos paseantes. Todo quedó detenido, pendiente de una expectación que no era propiedad de los hombres sino de la luz que se resistía a extinguirse. Cogí la mano del niño y le hablé. No pienses en nada. Que la humedad te haga estremecer. Que la luminosidad que se filtra taciturna te proporcione una visión diferente. Que el oleaje parsimonioso te traiga voces lejanas. Esta es la hora fronteriza. Mañana no será otro día más. Nunca hay un día cualquiera. En cualquier momento llegará un alba donde solo te verás a ti mismo, pero diferente al que eras ayer. Te esperan días rayanos y te parecerá que en algunos de ellos eres un náufrago, sometido a vaivenes y sin saber dónde sujetarte. Pero será una percepción equívoca. Yo no estaré pero tu aprendizaje te dará el apoyo que yo no podré aportar. Yo también viví un crepúsculo agitado una vez y pasó la tormenta. La aurora trajo calor, claridad, quietud. Cuántas veces puede un hombre renacer es lo que más me entusiasma. Y el niño me habló a su vez. No te vayas. Pero debes saber que si te vas recordaré siempre este momento que permanece en el apretón de tu mano.
(Fotografía del Cais das colunas, Lisboa)
viernes, 28 de mayo de 2021
La mujer obscura
martes, 25 de mayo de 2021
Para morirse de risa o Saben aquel que diu...? (Presencia de Juan Muñoz en Oporto)
sábado, 22 de mayo de 2021
Cuando un abrazo es más auténtico y expresivo que las palabras
Tal vez esto nos falta en estos tiempos: acoger y ser acogidos.
Tal vez esto nos delata: que nos disociamos como especie humana, como si cualquiera de nosotros, o de nuestros hijos, no pudiera verse en algún momento en el lado opuesto al que estamos.
Tal vez esto nos vuelve miserables: no comprender al otro, ignorar su vida precaria, convertir al desdichado en enemigo.
Respecto a la manipulación de las imágenes y las barbaridades que se dicen por las llamadas redes sociales solo afirmar que es cosa de canallas. Maldito aquel que se preste a la perversidad. Sea individuo o partido político. Es el más canalla e ignorante que quepa en esta Tierra. Pero hace daño.
https://www.rtve.es/alacarta/videos/modo-digital/luna-voluntaria-cruz-roja-solo-di-abrazo/5909891/
viernes, 21 de mayo de 2021
Y ahora Francisco Brines
¿Quién dijo que llevamos una racha fatídica de desaparición de poetas? Y aunque así fuera, ¿no han quedado sus cuerpos y sus rostros entre las palabras que escribieron? ¿No sobreviven sus energías y sus emociones, sus quejas y sus disfrutes, sus extrañezas y sus descubrimientos? ¿No son sus poemas los verdaderos entes que respiraron por ellos, fecundaron por ellos, se alzaron y cayeron con ellos?
Francisco Brines, en La piedad del tiempo:
miércoles, 19 de mayo de 2021
Varado en un sueño que me llevaba lejos
martes, 18 de mayo de 2021
La obscenidad que cerca, maltrata y mata a los palestinos
Agamenón: Cuánta obscenidad en esto de Gaza.
El porquero: Y cuánta repugnancia por la complicidad y el silencio.
Agamenón: Al fin coincidimos en algo.
El porquero: Pero estemos o no de acuerdo entre usted y yo todo seguirá siendo obsceno y repugnante.
(Sin el permiso pertinente de Juan de Mairena)
Fotografía de Ashraf Abu Amrah para Reuters, tomada de dw.com
sábado, 15 de mayo de 2021
El adolescente que hablaba con los lares protectores
viernes, 14 de mayo de 2021
martes, 11 de mayo de 2021
Una carta inconclusa de la pompeyana Sabina a su apreciado Marco Tulio Obelio
domingo, 9 de mayo de 2021
Los libertos
jueves, 6 de mayo de 2021
Diálogo apócrifo de Don Quijote y Sancho Panza al pasar por Madrid
- ¿Pues no decía vuesa merced que de la pandemia íbamos a salir mejores?
- Lo dije, pero ahora tengo luengas dudas. A la vista está, mi fiel Sancho, que salimos más torpes y sin propósito de la enmienda. Y que volvemos a caer en las mismas desventuras que durante siglos nos han perjudicado.
- ¿Y no fue vuesa hidalguía la que defendió que los hombres debían ayudarse en el infortunio, plantar cara a los canallas y procurar la caridad y la justicia con los desdichados?
- Mi buen Sancho, también farfullé que los molinos eran gigantes, las aldeanas nada menos que princesas, las ventas no otra cosa sino castillos, y que la cadena de galeotes penados lo era de inocentes, o que los pellejos de vino tornábanse en otros gigantes, por no olvidar que la virgen que llevaban los disciplinantes en procesión era una dama tomada cautiva por malandrines y que la gobernación de una ínsula estaba al alcance de cualquier patán.
- Mas yo le advertí a tiempo de sus acaso bienintencionados errores, mi señor Alonso Quijano, debido a los cuales así nos fue en la desdicha, por ver lo que no era y confundir culos con témporas.
- No sé si hubo yerro por mi parte con bondadosa intención, pero si era yo el equivocado, ¿por qué me seguiste a pesar de todo, Sancho? Si cuanto sale de boca de cualquier orate, predica un avispado, proclama un negociante o un profeta os ofrece un edén os lo creéis, ¿cabe culpar de ello exclusivamente a cada uno de esos bellacos? ¿Por qué no usa la humanidad la razón a tiempo en lugar de sacrificarla a la mera palabrería? ¿Por qué no guiarse por el sentido común que proporciona la madurez de la vida? ¿Por qué se sentencia el futuro a los encantamientos vanos que antes que tarde se diluirán como el humo? ¿Es que las gentes han olvidado que nadie proporciona techo a cambio de nada, ni concede por gracia mantas para cubrirse, ni garantiza el plato diario de gabrieles, ni da un ápice de libertad si no le vendes al menos una porción de tu alma?
(Escultura de Don Quijote y Sancho Panza en Alcalá de Henares)
martes, 4 de mayo de 2021
El señalado
https://ehchiton.blogspot.com/2021/05/la-mujer-que-se-quedo-en-blanco.html
(Retrato de Lusha Nelson a Peter Lorre durante el rodaje de la película Crimen y castigo en 1935)
sábado, 1 de mayo de 2021
El día que Billy Bragg ondeó su guitarra
Puedes estar o no de acuerdo con los principios que defendió Billy Bragg, dice Max, pero no puedes negar la energía que derrochan algunas de sus canciones. Algunas remueven mis pensamientos vivos de juventud. Max, los pensamientos de juventud son pensamientos muertos, le replico agrio. ¿Vive acaso aquello que envejece en el baúl de nuestra memoria? Los cementerios, por ejemplo, son objeto de memoria, pero todo ahí es estático. Solo el símbolo adquiere un papel vivificador, pero ¿a quién resucita el símbolo? Vaya, insiste un Max que desconozco hoy. Estás más tajante tú que yo. ¿No se suponía que tú eras el sensible y amable y yo quien viene siempre a traer problemas? Pues sí, estaba allí cuando Bragg enardeció al público con algunas canciones históricas, entre otras más de su cosecha. Entonces vivíamos más que nada de enardecernos. Una de las manifestaciones de la ilusión, del cultivo de mundos ideales, que llevaba su carga honesta y sincera. ¿No nos guiaban valores en los que hoy pocos se reconocen? No me arrepiento de ello, y sé que aunque estés desabrido conmigo tú tampoco te arrepientes. Hoy todo lo del pasado resuena como relato épico, Max. La resistencia y el esfuerzo por mejorar la existencia no prende como en otro tiempo entre la gente. Se supone que yo soy el eterno escéptico, dice Max burlón. Y no he venido a discutir con amarguras. Por eso te he traído el disco del recital de Billy Bragg. Siempre te ha gustado el ritmo irlandés, con esos ecos celtas que tanto os enajena a los individuos irredentos. Y aunque la letra te haga sonreír con ironía y desánimo sé que la entenderás. Porque a ti también te gusta volar a los tiempos en que todo parecía tener un justo sentido. Max no me deja opción y abro una botella de un Valbuena del 72 que guardaba por guardar. ¿Sabes, Max? Este vino tiene cuatro o cinco variedades de uva en sus entrañas. Las mezclas enriquecen.
martes, 27 de abril de 2021
Contando pétalos
¿Qué haces tú con un clavel en la mano?, me preguntas. Cuento pétalos. ¿Los arrancas, por lo tanto? No, solo los separo levemente con el índice. Pero es muy difícil, todo lo fractal se registra con mucha dificultad, te vas a eternizar. No se me da mal y tengo todas las horas de la noche. ¿Con qué objeto haces eso? Me da calma. Pensé que te interesaba saber de cuántos pétalos se compone un clavel. No me interesa saber eso, sería como descifrar secretos y quién soy yo para invadir la espiral profunda de un clavel. Y cuando acabes, ¿qué harás con la flor? No lo he pensado. Tal vez la deje entre los dedos. Pero se ajará. También mis dedos. ¿No te asusta lo mustio? Si me asustase no me aguantaría. ¿Has visto alguna vez un clavel lacio? Otras veces, sí. ¿No lo tiraste? Los dejé por alguna parte, nunca se puede tirar una flor. Que pierda sus colores ¿no te apena? Me horroriza. Entonces no soportarás que los pétalos secos se vayan troceando. A veces pagino un libro y procuro que pétalos desmenuzados caigan entre las hojas. ¿Se te ocurre guardar una materia muerta? No, solo pretendo que se mezclen con una materia viva. ¿Con el papel y la tinta? No. Con las palabras.
domingo, 25 de abril de 2021
¿Qué hacías tú aquel día?
Helena no se atrevía a bajar hasta Rossio. Todo estaba quedo. Y nada pare más incertidumbre que el silencio. Como una partida de ajedrez los contrincantes estaban pendientes de los movimientos del otro. La partida ya estaba decidida, pero ¿quién de nosotros podía saberlo? No sé si es bueno que deambulemos como oscuras sombras por la calle, dijo Helena. Traté de tranquilizarla. Hay más gente a la expectativa, ¿no ves? Sí, pero ¿qué podemos hacer?, me replicó sesuda. Estamos como siempre, desposeídos de defensas, y arriesgar nuestros cuerpos ¿crees que es la mejor solución? No sé si las ansias reprimidas durante tantos años son el mejor recurso, Manoel. No lo son pero ayudan, dije para compensar sus cuitas, y debemos confiar en la eficacia de la revuelta. Me han dicho que hay guarniciones que no obedecen más que a los sublevados y eso pinta bien. Encomendémonos a ellas. Yo sé que Helena permaneció allí por mí más que por los acontecimientos. No sé si por una identificación con mis anhelos o por una actitud protectora. Lo percibí así, y me gustaba. Era como si me hiciera crecer, como si estar casi en la primera línea, a caballo entre partícipes y espectadores, sentenciara las ilusiones de nuestro futuro y las tradujera en algo diferente, como nunca habíamos conocido. Por Largo do Carmo vienen Joaquim y Mariana, seguro que ellos saben algo más. No podemos pasar, dijeron, la calle está cortada. Pero por quién, interrumpió azarosa Helena. A los cuatro se nos congeló el habla. Murmuraban los instintos en las vísceras de cada cual. Balbucían las sensaciones a través de las miradas. Nuestro movimientos se paralizaron. Fue en ese instante cuando agarré con avidez y sorpresa la mano de Helena y ella lo agradeció, apretándomela a su vez. Imaginaba que no eras tan duro, me susurró, y ¿sabes qué? Te prefiero frágil. La fortaleza debe estar en otra parte y tal vez tenemos que aprender. No supe qué decir y llegaron más compañeros. Todavía, tras haber transcurrido tantas décadas, algunos me preguntan: ¿dónde estabas tú aquel día? ¿Qué hacías? Y yo me sumerjo en un silencio melancólico.
(Homenaje a los 47 años del 25 de abril de 1974. Fotografía tomada del blog http://www.aja.pt/ )
sábado, 24 de abril de 2021
Tres eran tres, y siguen siendo
A veces los escritores recónditos (que no lo son) emergen. Se interesan por palabras ajenas que en tantas ocasiones harán suyas, divertidas pero sesudas, graves pero cuyo tono rebajan, comentan, pues, ponen el dedo en la llaga y, al final, a veces, se toman las cosas a chufla. ¿Qué otra cosa puede hacerse en esta vida sino relativizar y observar el mundo con sana distancia? ¿Qué hay más meritorio que cultivar y mantener a los amigos de verdad? ¿Qué más purificador que buscar réditos de los talentos del pensamiento y la escritura? Miquel Cartisano, Francesc Cornadó y José Florencio Martínez (ríe quien sabe) pillados en un día de emersión desde sus propios líquidos literarios. Larga vida. Sanguínea y letrada. Por cierto, esta fotografía es de un Sant Jordi de hace siete años. Hoy estarán más jóvenes todavía, que yo lo sé.
jueves, 22 de abril de 2021
Con él crecí (vísperas del Día del Libro)
Así es. Lo guardo como oro en paño. Lo leíamos en clase. El ejercicio de la voz era tan importante como la lectura en solitario. A través de la entonación teníamos que dar sentido al texto. En el tono estaba la medida de la comprensión de lo leído. Otras veces había que escribir un dictado según iba el maestro leyendo pausadamente. El vocabulario, aunque la adaptación había reducido términos difíciles o simplemente desconocidos, no era un obstáculo. Al final de cada capítulo había aclaración de vocabulario y fraseología, más sugerencia de prácticas gramaticales, lo cual hacía una edición bastante aceptable. El cuerpo de las aventuras y desventuras de los personajes se mantenía vivo. A mi favor la abundancia de ilustraciones de un tal Manuel Huete, que interpretaban la obra con un dinamismo y expresividad inmejorables, al estilo de los mejores tebeos de aquella época. Basta con observar la portada adjunta. Y eso ayudaba mucho. Si a otros compañeros los sucesos del caballero de la Triste Figura y su escudero les producía risa a mí siempre me apenaban. ¿Por qué me afectaban las desdichas ajenas? Cosa de la cultura emocional de uno probablemente. Lejos estábamos en aquel tiempo de comprender las dimensiones propuestas por el autor y nos quedábamos simplemente con una lectura lineal. A pesar de ello siempre he sentido su poso. Un poso que remuevo cuando leo y releo a saltos -El Quijote es una novela con novelas o, si se prefiere más sencillamente, con relatos- y que me hace comprender claves de la vida ahora que mi experiencia vital anda avanzada y, en cierto modo, me siento más quijotesco, que no quiere decir ni más loco ni más irracional ni más fantasioso. Bueno, miento, a la fantasía no se puede renunciar nunca -tal vez solo en ese in extremis que es el estertor, como hizo Don Quijote- porque es una tabla de salvación. Una imaginación controlada acaso, pues ya se sabe que la alocada constituye un problema neurológico que se nos escapa. ¿Y si a la muerte hay que combatirla con armas de figuración sin que la conciencia del fin sea un impedimento? Tal vez no queda otra.






















